¡Buenas a todos! Este es el segundo fic de Cazadores de Sombras que escribo y lo estoy haciendo con mucha ilusión. Espero actualizar rápido pero mi musa es muy inconstante, jeje.

Disclaimer: Ninguno de los personajes de Mortal Instruments me pertenece. Si así fuera, el 90 por ciento de las escenas las protagonizarían Alec y Magnus y el resto Simon e Isabelle xD

Advertencias: Universo alterno. Contiene slash (relaciones chico/chico), escenas subiditas de tono (lemon para que nos entendamos) y probablemente non-con. El rating general es T, pero se avisará en los capítulos que pueda sobrepasarlo.

Aparecen personajes de la trilogía Los Orígenes (Will, Jem y compañía), pero no hay spoilers significativos por el hecho de ser un universo alterno xD


- BRUJOS, NEFILIM Y OTROS MONSTRUOS -

Prólogo

Él es un niño, una ser que no levanta más de un metro del suelo. Él es una visión de mejillas sonrosadas y ojos rasgados, de cabello negro como la noche y sonrisa radiante como la luz de mil estrellas.

Pero es un demonio –uno hermoso, eso sí- lo que ve cuando se mira al espejo. Y su padre –su propio padre- se lo recuerda cada vez que se quedan solos.

Él es el que vive entre lujo y medias verdades, entre sonrías frías de piedra y conspiraciones de meretrices. Él se duerme en el regazo de una mujer que no es su madre, en los brazos de las muchas beldades que han calentado el lecho de su padre y señor.

Él es el que se desliza bajo la cama cuando oye las botas de su padre recorrer el pasillo, rogando, implorando a los Ángeles y Demonios que nunca escuchan que pase de largo y no se detenga. Él es el que se estremece cuando la puerta casi sale de sus goznes, cuando la voz emborrachada de odio aúlla su nombre ―¡Magnus!― como si pretendiera destrozar sus tímpanos. Él es el que suplica cuando la mano se cierra sobre su tobillo y le arrastra fuera de su escondite.

Él es el que llora cuando el cinturón cae sobre su espalda desnuda, reventando vasos sanguíneos y reduciendo la piel a jirones. Él es el que grita cuando sus costillas ceden y el sabor a sangre le inunda la boca. Sólo es un niño y ya ansía la muerte –desesperadamente-.

Él es el que gimotea cuando se queda solo, el dolor palpitando en cada centímetro de su cuerpo y las lágrimas escaldándole las mejillas. Él es el que se acurruca en el suelo, tiritando de frío, porque no tiene fuerzas para llegar hasta la cama.

Él contempla su reflejo y son los ojos del demonio los que le devuelven la mirada, de un verde venenoso contaminado de una innata maldad. Se cree un monstruo, se cree merecedor de aquel tormento, y a la vez espera impaciente el día en el que todo acabe y ocupe el lugar que le corresponde por nacimiento.

"No confíes en nadie… Jamás. Ellos te traicionarán –todos- cuando tengan la más mínima ocasión. Esperarán verte tropezar, querrán ver cómo te desmoronas para deleitarse en tu desdicha… No confíes en nadie. Jamás"

Sonríe, presa de un sádico consuelo, mientras la sangre se le escurre entre los labios.

Algún día será respetado, pero de momento se conforma con soñar.