Disclaimer: Todo el mundo sabe que Harry Potter y Co. pertenecen a J. K. Rowling (aunque Sirius y Remus se pertenecen uno al otro xD). Este fanfic, en cambio, es mío; enterito, desde la primera palabra hasta la última. Y sobra decir que lo escribo con muchísimo gusto y sin ningún ánimo de lucro.

Warnings: Slash (relación entre chicos)

Nota de la autora: Las palabras cursivas que están entre comillas son pensamientos. Las palabras que son solo cursivas enfatizan una idea.


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Algo más que sólo amistad

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Sentimientos

"¡No!, las bromas no sirven para casos como estos. Y lo sabes. Necesitarás algo mil veces mejor para hacerle sonreír siquiera un poco. Piensa, Sirius… ¡Piensa! ¡Que eres un merodeador, carajo!".

Se esfuerza, pero por más que lo intenta Sirius no encuentra palabras. Mientras observa a Remus preparar su maleta, se pregunta si habrá palabras capaces de borrar la tristeza de esa mirada; teme que no y siente un vuelco horrible en el corazón. Remus, con los ojos hinchados y rojos pero ya secos, sigue preparando su equipaje en silencio. En silencio guarda una muda de ropa interior en su maleta junto con una camisa blanca, un par de calcetines negros y un traje sastre del mismo tono. Sirius sigue mirándolo desde el umbral del dormitorio sin saber qué hacer ni qué decir.

La madre de Remus agoniza en un asilo benéfico de Londres y él debe partir en el próximo tren para estar con ella en sus últimos momentos. ¿Qué se le dice a un amigo cuando la única familia que le queda está por marcharse para siempre?

Frustrado consigo mismo, Sirius contiene un resoplido. No le gusta ver a sus amigos sufrir. Y mucho menos a Remus, que se ha convertido en mucho más que sólo un amigo para él. Sobretodo después del complicado incidente con Snape y el sauce boxeador. Y es que tras aquella oscura y difícil experiencia (tras el dolor y la enorme decepción de Remus, tras todo lo que Sirius padeció al ser incapaz de librar la fría y dolorosa distancia que el herido licántropo puso entre ambos, y la posterior reconciliación que llegó de la mano del propio Remus para salvarle de convertir su vida en un infierno) Sirius entendió, no sólo que estaba enamorado del joven hombre-lobo con la fuerza de mil soles, sino que comprendió que a Remus odia verlo sufrir. Odia eso con toda la fuerza de su ser. Y además entendió también que, si hay algo que odia un poco más que eso, es Uno: Ser él el causante de ese sufrimiento, y Dos: No saber qué hacer para consolarle.

Para fortuna y desgracia de Sirius está vez no es él quien hace sufrir al licántropo; si se tratara sólo de él -de su manía de protegerle, de su actitud posesiva o de su cabezonería- sabría qué hacer para aliviar el corazón del lobo, pero se trata de una situación externa que está fuera de su control y él se siente perdido, completamente desesperado, al no saber cómo consolarle.

"¿Qué hago, Rem?" se pregunta a sí mismo con desesperación mientras observa a Remus ir y venir por la habitación con esa calma silenciosa y ese semblante pálido y demacrado "¿Qué puedo hacer para aligerar un poco tu tristeza?".

La respuesta le llega como un chispazo y, en un impulso arrebatado, Sirius se pone en movimiento. Se acerca a su baúl con paso firme e imitando a Remus comienza a preparar su propio equipaje.

—¿Qué haces? —pregunta Remus en voz baja al verlo meter un par de calcetines y varias prendas más en una maleta.

—Me voy contigo.

—Pero, Sirius…

—No hay pero que valga. Y no me hables de que debo quedarme por las clases o de que necesito la autorización de los profesores —le corta Sirius colocando un par de dedos sobre sus labios cuando Remus intenta replicar de nuevo— Tú eres más importante que todo eso. Eres lo más importante para mí y no voy a dejarte solo, ¿entiendes?

Remus lo mira fijamente con los ojos un poco más abiertos de lo normal debido a la sorpresa.

—Lo siento —musita Sirius con presteza al darse cuenta de que sus dedos siguen presionando los labios del licántropo.

El animago aparta los dedos rápidamente reprendiéndose mentalmente por permitirse tocarlo así, pero Remus sigue mirándole. Los ojos ambarinos están rojos e hinchados, sin embargo, Sirius distingue un ligero brillo de alegría en ellos cuando Remus asiente con la cabeza.

—Entonces, si quieres acompañarme…

—¡Sí quiero! —interrumpe el animago.

"¿No lo entiendes? Iría hasta el fin del mundo por ti" piensa Sirius, pero eso, por supuesto, no lo dice.

—Ya te he dicho que no voy a dejarte solo.

—Sí, lo has dicho —la voz de Remus es apenas un susurro— También has dicho que soy lo más importante para ti.

"¿Lo he dicho en voz alta?... ¡Estúpido bocazas!" piensa Sirius reprendiéndose a sí mismo "¿No aprendiste tu lección con el asunto de Quejicus y el sauce boxeador? ¡Carajo, está claro que tienes un gran problema con callarte la boca!".

Lo había dicho en voz alta. Sin ser consciente de ello, Sirius le ha revelado a Remus lo importante que es para él y ahora no puede volverse atrás.

—Sí, también he dicho eso… Tú me importas mucho —acepta Sirius.

Remus, sin apartar sus ojos de los grises, sonríe levemente ante la afirmación de Sirius y el corazón de éste da un vuelco de alegría al verlo porque lleva días sin verle una sonrisa y esa, aunque leve, es la sonrisa más Remus que ha visto. Es casi invisible, pero también es honesta, sincera y luminosa.

—De acuerdo. Si vas a venir conmigo necesitarás algo de ropa… —dice Remus con calma mostrándole una corbata oscura.

—No hay problema —acepta Sirius sintiéndose aliviado de que Remus no profundice más en el tema del nivel de importancia que tiene para él— Si me falta algo lo conseguiré en cuanto lleguemos a Londres.

—Bien —concuerda el licántropo con voz tranquila, mirándolo aún a los ojos.

Permanecen así, sólo mirándose sin decir nada más, y Sirius empieza a pensar que tal vez Remus no ha pasado del todo por alto su revelador comentario porque lo mira de un modo un tanto diferente. Sirius percibe fácilmente la tristeza y el dolor que afligen a su amigo con solo mirar sus ojos de miel, pero también logra percibir un fuerte sentimiento de agradecimiento y afecto en ellos. Y ante esa mirada Sirius se siente indefenso y completamente perdido.

"Por favor, no me mires así" ruega Sirius en su mente "No me mires así o no respondo de mí".

Sirius ruega y suplica porque, desde que aceptó sus sentimientos por Remus, ha tenido momentos en los que ha deseado soltarle todo lo que siente por él. Ha tenido momentos en los que ha fantaseado hasta lo absurdo con él —apasionadas fantasías en las que lo devora a besos y caricias hasta que el lobo se olvida de su nombre y de todo lo que no sean ellos dos—, y también ha tenido momentos en los que, como ahora, ha sentido el loco y desesperado impulso de lanzarse sobre él y comerle la boca sin mas. Y, si Remus no deja de mirarle como lo está haciendo, sabe que no será capaz de contenerse un segundo más.

Los ojos de miel siguen prendidos de él y Sirius está a punto de ponerse a temblar de ansiedad. Remus está a centímetros de su cuerpo; aun sostiene la corbata entre sus manos, y Sirius siente las rodillas débiles y el corazón latiendo a mil cuando el licántropo parpadea un poco sin dejar de mirarlo con los ojos cargados de toda esa tristeza mezclada con tanto afecto.

"No me hagas esto, Remus, porfavorporfavorporfavor… Merlín sabe que últimamente no he cometido mas que insensateces contigo; no me orilles a cometer una mas".

Aferrándose con toda su alma a ese pensamiento, Sirius intenta dominarse. Le cuesta demasiado, pero lo intenta. Ha decidido que todos sus deseos y fantasías sólo quedarán en eso porque, después de haber pasado por el asunto de Snape y el sauce boxeador, no va a cometer de nuevo el estúpido error de fracturar su amistad con Remus. No, no va a provocar que se aleje otra vez porque sencillamente no podría soportar estar lejos de él. Va a callarse la boca y va a pensar primero en Remus antes que en sus propios deseos.

Así que, en un esfuerzo sobrehumano por controlar las incesantes ganas que siente de confesarle sus sentimientos y comérselo a besos, Sirius se muerde los labios con fuerza y en un suspiro profundo deja escapar todo el aire que ha estado reteniendo. Los alborotados latidos de su corazón se apaciguan un poco y es entonces cuando consigue apartar levemente la mirada. Al hacerlo, durante un minúsculo segundo, sus ojos grises se topan con el equipaje a medio terminar que aguarda sobre la cama de Remus.

Indignado consigo mismo, Sirius se pregunta "¿Cómo carajo se te ha pasado por la cabeza declararte justo en medio de la situación delicada en la que se encuentra Remus?... ¡Serás imbécil!". Sin pensarlo más rompe por completo el contacto visual y se gira completamente para dirigirse a su baúl.

Remus deja escapar un ligero suspiro de desencanto mientras sigue con la mirada su andar apresurado. Lo ve metiendo cosas en su improvisada maleta y, cuando le escucha decir que tendrá todo listo en un minuto, el licántropo se vuelve hacia su propio equipaje y guarda la corbata oscura entre las demás prendas tratando de ignorar el acelerado latido de su corazón.