La TARDIS había vuelto a hacer un alto en el camino en la Tierra. Era una de esas ocasiones en las que Rose necesitaba volver a casa, saber, que al menos los siguientes años, todo lo que ella conocía, estaba en su sitio.

Habían vuelto a Cardiff, allí donde una vez estuvieron el doctor, el capitán Harkness y ella, cuando la tierra había estado a punto de ser destruida, otra vez. Al doctor también le gustaba la tierra al igual que esos años, todo parecía sencillo cuando la humanidad apenas conocía la existencia de cualquier tipo de especie alienígena, todos eran felices en su ignorancia.

Al abrir la puerta de la nave, la luz del sol estuvo a punto de cegarlos a los dos. Eran un día precioso, luminoso y muy soleado, algo extraño para la ciudad. Pero a Rose le gustó, estaba cansada del último planeta que habían visitado, siempre lloviendo, con un cielo tan triste, todo gris. El solo le animaba.

"Es bueno estar en casa." Rodeó el brazo del doctor y sonrió, aspirando los viejos aromas tan conocidos por la chica. "Un puesto de comida rápida, el ruido de los coches, un parque cercano. Todo está bien."

"Pensé que preferirías ir a ver a tu madre y a Mickey, hace mucho que no los visitas."

"No se, supongo que me apetecía pasar un tiempo a solas contigo, sin extraterrestres que quieren destruir el mundo, ni madres que intentan saber todos detalles de los meses que no me han visto y que no hace más que preguntarme que es lo que hay entre nosotros dos."

"¿Se trata entonces de una cita?" Dijo un doctor más que sonriente. Jamás habían hablado del tipo de relación que tenían, que eran realmente, que los unía e impedía que estuvieran alejados el tiempo suficiente para echarse de menos. Simplemente estaban juntos y eso era todo lo que importaba. Hasta ese momento.

"¿Una cita? ¿También lo llaman así en el resto del universo? Entonces podría decirse que si. Vamos, dime donde me vas a llevar, estoy deseando pasar unos días agradables y tranquilos con mi doctor favorito. Vaya, nunca pensé que diría esto."

Pero el doctor no llegó a contestar, tan sólo se volvió hacia ella, tomando la mano de la chica entre las suyas y tras sonreírle de nuevo, mostrando esos hoyuelos que derretían a Rose, abrió la boca para decir algo, pero no llegó a hacerlo, el grito que los dos escucharon, proveniente de no muy lejos, hizo que el momento de tranquilidad se rompiera en mil pedazos.

"¡Rose!" los recién llegados, se volvieron hacia la voz. Ninguno de ellos se lo podía creer, realmente lo estaban viendo, el capitán Jack Harkness estaba vivo y en Cardiff. "Gracias a dios que te encuentro, ¿Dónde está el doctor?, necesito vuestra ayuda. En realidad, él la necesita."

Jack corrió hacia ellos y entonces se dieron cuenta que no estaba sólo. Había otro hombre con él, aunque no parecía tener muy buen aspecto. Estaba semiinconsciente, recostado sobre el hombro del capitán y apenas podía mantenerse en pie.

"Jack ¿eres tu verdad? ¿Qué estás haciendo aquí, que le ha pasado?" Rose miró al otro hombre, no le había visto nunca, pero sintió que tenía que ayudarle, algo le decía que Jack sentía algo muy grande por él, no recordaba haber visto al capitán con una expresión tan asustada como esa desde que lo conocía.

"No hay tiempo para eso. ¿Dónde está el doctor?" Jack se volvió hacia el doctor, pero como era de esperar no lo reconoció. Sin embargo, cuando le sonrió, el capitán no lo pudo creer. "Vale, no entiendo nada, ¿Por qué tengo la certeza que ese hombre es el doctor?"

"Porque lo es."

"Lo soy Jack y por cierto, gracias por aquel beso de despedida, me gustaría repetirlo algún día." Jack lo recordaba bien, pero parecía que hiciera una eternidad desde ese día.

Porque en realidad así era, había pasado mucho tiempo desde entonces, de atrás adelante en el tiempo, de un momento a otro, hasta que se había establecido definitivamente en Cardiff. Era tan distinto el Jack de entonces al que ahora miraba al doctor.

Entonces tenía un fuerte sentimiento, que no sabía como denominar, pero que estaba entre el respeto y el amor, hacía Rose y el doctor. Los quería a los dos, nunca hubiera podido decidirse por ninguno de haber tenido que hacerlo.

Pero Jack había cambiado, su larga vida le había cambiado y la gente a la que había conocido le había cambiado. En sus brazos tenía a una de esas personas y perdida en alguna parte de la cuidad tenía a otra.

"Jack…" Murmuró el hombre que sostenía. Este apoyó la cabeza sobre su hombro y con dificultad, abrió lentamente los ojos. Le costaba mantenerse consciente y por mucho que lo intentaba, no era capaz de dejar de temblar.

"Ya está, tranquilo, te voy a llevar a un lugar seguro." Para sorpresa de Rose y del doctor, Jack besó al otro hombre en los labios; pero había algo distinto en ese beso, que lo hacía diferente al que les había dado a ellos.

El sentimiento era otro, el cariño era otro, el amor, era compartido. "Ianto, ¡Ianto!" Gritó Jack cuando el hombre, que aparentaba bastante más joven que él, se desplomó en sus brazos, totalmente inconsciente. "Vamos, aguanta mi…"

Levantó la cabeza hacia el nuevo doctor al que tan sólo reconocía por la intensidad de su mirada. "Déjanos entrar en la TARDIS, él necesita descansar." Sin darse cuenta, mientras dijo eso, acarició la mejilla de su compañero, definitivamente había algo más que una fuerte amistad entre Jack y el joven desconocido.

"Entrad." El doctor iba por delante, pero a Jack no le hacía falta guía en la TARDIS para saber moverse. Por mucho tiempo que hubiera pasado desde la última vez que había estado allí, Jack conocía perfectamente las partes importantes de la nave, que una vez había sido su casa.

Llevaba en brazos a su joven acompañante, se movía más rápido, aunque la culpa de eso era el miedo a perderle. Rose iba justo detrás de él, observando todos sus movimientos con curiosidad.

Lo veía tan diferente. Poco quedaba ya de ese timador rebelde con el que se lo había pasado bien y nada más. Ahora la chica veía un hombre responsable, atento con el hombre al que quería, cariñosos y cuidadoso al dejarlo sobre la cama en la que el capitán había dormido tiempo atrás.

"¿Te puedo ayudar?" Le preguntó la chica, acercándose a él despacio para no molestarle.

"Creo que si, la nave sigue teniendo el radar de rastreo de personas ¿verdad?" Rose asintió en silencio, no comprendía nada, pero escuchar hablar a Jack de una forma tan alterada le daba a entender que estaba realmente preocupado. "Ten, usa esto para buscar a su dueña, puede que esté herida o en peligro, pero encontradla, por favor."

Rose miró lo que tenía entre las manos, lo que el capitán le había entregado. Era una chaqueta de cuero y en ella había restos de sangre. "Jack, dime que os ha pasado."

"Rose por favor, haz lo que te he pedido, encuentra a Gwen Cooper, perderla a manos de esa cosa ya ha sido bastante mal, no quiero pensar que lo siguiente que sepa de ella sea por una esquela."

Jack volvió a centrarse en el hombre al que había llamado Ianto. Le acariciaba el rostro con tanto cariño, le iba quitando la ropa a su maltrecho cuerpo con tanta delicadeza, definitivamente, Jack quería a ese hombre. Rose se preguntó si alguna vez la quiso a ella así.

Al volver al control de mandos donde estaba el doctor, la chica tenía muchas preguntas en la cabeza, supuso que las mismas que el propio doctor, pero este parecía siempre tan sereno, tan seguro de todo, que no se atrevía a lanzar ninguna al aire, tan sólo le dio la chaqueta y le dijo lo que le había pedido Jack.

"Ha cambiado mucho." Dijo por sorpresa el doctor. "Y su novio es mono, aunque no pensaba que ese fuera su estilo. Creo que todos son su estilo, pero son de una noche. No creí que Jack fuera de los de "hasta que la muerte nos separe". ¿Crees que se habrán casado?"

"No, no lo creo, Ianto es muy joven, no imagino que quiera comprometerse tan pronto. ¿Lo habría hecho Jack con uno de nosotros? Comprometerse en refiero. No son más que divagaciones, lo único cierto, es que el capitán Harkness se ha hecho un hombre maduro y parece feliz, siempre y cuando un extraterrestre no le estropee la fiesta."

Al escuchar el sonido del radar de rastreo, el doctor regresó al mundo que había fuera de su cabeza. Se volvió hacia Rose sonriente, la chica sabía lo que eso significaba sin ninguna duda. "La hemos encontrado, espero que esa chica sea importante para Jack, porque está rodeada de… no se que son pero son más de uno."

"¿Pero está viva verdad?" Le preguntó ella.

"Si, al menos de momento, aunque su señal no es muy fuerte, espero que aguante hasta que podamos rescatarla. ¿Te ha contado algo de ella? O mejor aún ¿Te ha contado algo?"

La sonrisa en el rostro de Rose desapareció de improviso. "Está muy preocupado por su compañero, la verdad es que ese chico, Ianto, no tenía muy buen aspecto, pero Jack lo está cuidando con esmero."

- o -

Jack le había quitado a Ianto la ropa sucia de sangre. Allí había sangre de todos, propia de Ianto, de Jack, aunque sus heridas ya habían sanado y de Gwen. Mientras se ocupaba de su compañero, pensó en su amiga.

La había tenido que dejar allí, a merced de esas criaturas, sin saber si estaría viva. Se sentía fatal por eso, pero Ianto estaba mal, herido, hecho polvo, si se quedaba allí por mucho tiempo, su compañero hubiera muerto seguro.

Se lo quedó mirando, era la primera vez, desde que su novia Liza, había estado a punto de matarlo, que le salvaba la vida, aunque todavía no estaba seguro si saldría de esa. Estaba mal, la caída a ese pozo helado no tenía que haberle sentado nada bien y el golpe en cabeza, con suerte, tan sólo le causaría una leve conmoción.

Pero no dejaba de temblar, seguramente por el frío, pero posiblemente también por ese golpe. Levantó con cuidado el cuerpo de Ianto y lo abrazó, susurrándole al oído, como si no deseara que nadie más escuchara sus palabras, aunque estaban completamente solos en la sala.

"Todo esto ha sido culpa mía, pero no voy a permitir que te mueras, no voy a dejarte ir, ¿me oyes? Te quiero, aunque no te lo haya dicho muy a menudo y quiero tenerte a mi lado por siempre."

"Tengo… frío." Fue toda la respuesta de Ianto, pero a Jack no le importó que no le hubiera escuchado, estaba dispuesto a repetírselo, a decirle que le quería las veces que hiciera falta.

Lo volvió a tumbar y cogió el intercomunicador que enlazaba toda la nave. "Doctor, dime que no te has desecho del baño que te instalé en aquel planeta de aguas termales, Ianto necesita entrar en calor."

"Segunda planta como siempre." Jack estaba a punto de colgar el intercomunicador, cuando volvió a escuchar la voz del doctor. "Estamos aquí para lo que necesites, no tienes que hacer esto solo."

"Doctor, vosotros fuisteis los que me disteis por muerto, me abandonasteis y durante mucho tiempo os odié por eso pero todo aquello está muy lejos y viendo donde he llegado, casi os doy las gracias. Pero no os metáis en mi lucha, nadie os lo ha pedido. Es mi vida, no la vuestra."

Jack ayudó a Ianto a ponerse en pie, aunque de nuevo, echó todo el peso de su cuerpo sobre le capitán. "Tu lo has pedido, desde el momento en el que me has pedido ayuda y me has rogado traer a tu amigo al interior de mi nave."

"No quiero tu caridad doctor." Jack se paró en seco. "Si tengo que bajarme ahora mismo y hacer esto solo."

"¿Queréis parar de una vez los dos? Parecéis dos críos y hay gente en peligro. Jack cuida de tu amigo, el doctor y yo estamos rastreando la señal de tu compañera para saber exactamente donde se encuentra, en cuanto sepamos algo, te lo diremos."

Todo se quedó en silencio tras el rapapolvo de Rose, pero al chica tenía razón, las redencillas personas, tendrían que esperar, el doctor y ella tenían que encontrar a Gwen antes de que fuera tarde y él tenía alguien a quien cuidar. El tiempo apremiaba y él solo no podía hacerlo todo.