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Nota: Este fic ha sido editado, porque una Fan de Rice me ha denunciado. No habrá muchos cambios, solo nombres y una de otra cosa minúscula. Después de todo, solo uso los vampiros y la historia es toda mía ñ.ñ
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Un Ángel entre Vampiros.
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Disclaimer: Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner BROS. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno. Me olvidé de ponerlo antes, pero Eriol Hiiragizawa tampoco me pertenece, todo lo que reconozcan del mundo de CCS son de las geniales CLAMP.
Sumario: La noche de Halloween de 1981 Vernon Dursley se encontró con que habían abandonado un bebé en su puerta. Cuando descubrió que era su sobrino fenómeno, sin importarle la suerte del pequeño, lo abandonó en el parque más cercano. Esa misma noche, León Le Rond vagaba por Little Winning y un llanto de bebé llamó su atención. ¿Como será la vida de Harry Potter viviendo entre vampiros? ¿Podrá este ángel ganarse un lugar entre los Inmortales?
¡¡¡Les presento al tierno chibi-Harry!!!
Parejas: Lancelot Leuchtenberg/León Le Rond, Esteban Englert/Darío Zallio, Lucius Malfoy/Remus Lupin, Atón/Rodolphus Lestrange y para el futuro, ya verán X3
Aclaraciones: El fic contendrá embarazo masculino, muchos personajes OOC (sobre todo Harry) y es un Universo COMPLETAMENTE Alternativo. Por cierto, si no se entiende el lenguaje bebé, por favor avísenme. XD
Aclaraciones de lectura:
-Letra normal: dialogo, relato.
-Letra en cursiva: pensamientos de los personajes.
-N/A: notas de autora.
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Capitulo 1: Mí Ángel.
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Caminaba enfurruñado, ni siquiera sabía donde se encontraba. Bueno… en realidad si sabía que estaba en Londres, pero no sabía donde exactamente. La verdad que ese lugar era grotesco, casas todas iguales y jardines asquerosamente bien arreglados y una tranquilidad que lo ofuscaba. Viviendo con quienes vivía y como vivía, la tranquilidad era muy poco común entre ellos.
No debería estar tan enojado después de todo. Las peleas con su pareja eran muy comunes, pero hoy especialmente no tenía ganas de estar ni a dos metros de Lancelot. Así que se fue más lejos que pudo… el barrio de…Privet Drive, de eso se acordaba. Bufó enfadado y se dejó caer en unos de los bancos de ese pequeño parque. Miró hacia el cielo, era una noche hermosa y despejada. Tal vez debería ir por un trago y unirse a la celebración de esos extraños seres que eran los magos… ya que estaban de fiesta porque el temido Lord Voldemort había sido derrotado. Se alegraba por eso, ese hombre era muy fastidioso y estaba matando sus fuentes de alimentación.
Suspiró y se revolvió su cabello negro azabache. Se cruzó de brazos y esperó unos momentos hasta que su enojo se disipara, no era muy común verlo enojado, pero hoy se dejaría llevar por la rabia. Después de todo, a pesar que la pelea había sido algo tonta, él tenía derecho a sentirse enojado. Volvió a gruñir enfadado.
Estaba pensando en una dulce venganza en contra del rubio cuando un llanto de bebé lo distrajo de sus maquiavélicos planes.
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.:.Antes de eso.:.
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Los Dursley se caracterizaban por vivir de acuerdo a las normas de la clase social a la que pertenecían, nada perturbaba su pequeña burbuja de correcto vivir. Para el resto del barrio ellos eran los mejores en cuanto a etiqueta inglesa se tratara. Nunca estuvieron en boca de nadie para ser criticados por alguna falta y tampoco lo provocaban.
Así que, cuando esa noche de Halloween, Vernon Dursley salió de su casa para meter su carro en la cochera, lo sorprendió ver una pequeña canasta a sus pies. Su sorpresa aumentó cuando vio lo que traía. Era nada más y nada menos que su… sobrino. El hijo de esos anormales familiares de su esposa. La única mancha en su prestigiosa y correcta familia.
No se lo pensó, tomo la canasta y salió a escondidas de la casa. Rogando porque ni Petunia ni algún vecino lo vieran llegó hasta el pequeño parque de Privet Drive. No sintió pena ni remordimientos de dejar al bebé de apenas un año y un mes en ese lugar, ni le importo el saber porque estaba allí (había ignorado la nota que traía). Solo le interesaba que nada perturbara su paz. Sonrió satisfecho cuando encontró unos buenos matorrales que escondían a la perfección la cesta y volvió a su casa. Enseguida se olvidó del problema, ese niño anormal no era nada suyo y no tenía porque hacerse cargo de él, sea lo que sea que le haya pasado a sus padres.
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.:.Tiempo actual.:.
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Parpadeó agudizando sus incrementados sentidos. El llanto era de un bebé que pedía atención. Miró alrededor, no había ninguna casa cerca, así que el llanto no podía venir de alguna de ellas, porque se oía como si viniera de dentro del parque. Sin dudar otro minuto más se levantó del banco y caminó en dirección del sonido. Llegó hasta unos matorrales bastante espesos y rebuscó entre ellos. Allí vio una canasta, el llanto de bebé venía de allí.
Su corazón se encogió cuando pudo ver lo que las mantas celestes ocultaban. Era un pequeño niño de no más de dos años, su carita estaba completamente empapada por las lágrimas y chupaba de vez en cuando su dedo con ímpetu. Tenía hambre sin duda y estaba sucio, por el olor que despedía.
-Tan pequeñito…- murmuró con una sonrisa tonta en sus labios. Se agachó para tomarlo en brazos.
Y León Le Rond supo que estuvo perdido en el momento en que el pequeñito hizo un puchero y escondió su cabecita en su pecho, agradeciendo su atención.
-¿Qué voy a hacer contigo, pequeño?
Con el pequeño niño en brazos se mordió el labio inferior, era obvio que no podía dejarlo allí a su suerte. No, claro que no. Pero tampoco podía llevarlo a su casa, sabiendo muy bien que un humano no sería bien recibido entre ellos, menos si era un bebé.
-Pero no puedo dejarte solito.
Miró la cesta y rebuscó en ella, suspiró cuando encontró una nota. La leyó con avidez y sus ojos se abrieron como platos al comprobar quien era el bebé que tenía entre sus brazos.
-Harry Potter…
Antes de llegar a ese sórdido barrio escucho los que los magos aclamaban a los cuatro vientos. Que Harry Potter había derrotado al Señor Oscuro, que ahora era llamado el niño-que-vivió y que también estaba huérfano. Pero… si la nota iba dirigida a sus parientes, ¿porque el niño estaba en ese parque? Acaso… no eso sería muy cruel. Nadie podría desentenderse de un bebé tan pequeño y abandonarlo a su suerte en ese lugar. ¡Era su familia!
Olfateó al niño que se estaba quedando dormido en sus brazos y pudo percibir un olor. Era de un humano común, un muggle… pero eso no demostraba nada. Haciendo algo de lo que seguro iba a arrepentirse en el futuro, agarró la cesta y camino a paso decidido hasta Privet Drive numero 4.
Un hombre muy gordo lo recibió y su cara palideció cuando pudo notar al bebé en sus brazos.
-Ese mocoso no es nada muestro.- gruñó Vernon.- Déjelo donde lo encontró o llévelo a la comisaría. No lo vuelva a traer aquí.- y le cerró la puerta en la cara.
La indignación de León creció junto con su ira y volvió a tocar el timbre. Una decisión firme en su mente. El hombre gordo volvió a abrir con su cara transfigurada por el enojo.
-Me quedaré con él.- siseó.- Pero antes…- conectó sus verdes ojos con los del hombre hasta que lo hizo entrar en trance.- Olvidarás esta reunión y que me has conocido a mí o a Harry Potter.
Satisfecho con el asentimiento del robusto hombre, sonrió y caminó calle arriba. Si iba a cometer la locura de quedarse con ese bebé tenía muchas cosas que comprar.
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Entro a una gran farmacia de turno y buscó enseguida todo lo que iba a necesitar.
-Esta mamadera de Winnie-pooh es hermosa.- sonrió soñador y la chica que atendía el local lo miró embobada, si que era hermoso ese hombre.
-¿Necesita que lo ayude?
León la miró sin perder su sonrisa.
-Quiero que me digas que es lo que necesito para poder atender a mi bebé.- vio a la chica mirar al bebé con sospecha.- Su madre acaba de dejármelo de sorpresa y no tengo nada en casa. Así que debo comprarle todo nuevo.
Uso un poco de su poder vampirice para que la chica le creyera sin hacer muchas preguntas.
-Claro, acompáñeme.
Así, León se surtió de las cosas necesarias (y no tan necesarias) para el pequeño Harry. Esa farmacia era enorme y muy completa, por lo que pudo comprarle algo de ropa y hasta juguetes al niño. La chica era tan amable que incluso se ofreció a cambiarle el pañal (algo a lo que el vampiro prestó atención, porque no tenía idea de cómo se hacía) y hasta le proporcionó agua caliente para que le prepara una mamadera de leche.
Contento con todas las cosas para su nuevo… hijo, León se vio en otra encrucijada. ¿Cómo le hacía para entrar a la Mansión con el bebé sin ser visto?
-Mierda…
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Dos días habían pasado y la Orden del Fénix estaba frenética. Por más que buscaron por todo los lugares posibles, no daban con el paradero de Harry Potter.
La familia Dursley había asegurado que ningún niño fue encontrado en la puerta de su casa. Ellos no sabían nada y tampoco parecía interesarles. Desde eso momento se inició una búsqueda frenética del niño, pero hasta ahora no había señales de él.
-¿Qué haremos, Albus?
-No lo sé, Remus.- suspiró cansado.- Esto es algo inesperado, no había rastro de él en todo el vecindario. Esto me hace pensar que él que se lo llevó no era un muggle.
-¿Pudo haber sido un Mortífago?- gimió Minerva.
-No… ellos no pueden acercarse a ese barrio.
-¿Entonces…?- preguntó irritado Severus.
-Seguiremos buscando… es lo único que podemos hacer.
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-.En otro lugar.-
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León frunció el ceño al sentir algo húmedo en su cara. Abrió los ojos y una sonrisa tierna se formó en sus labios. El pequeño bebé estaba sobre su cara mirándolo con esos hermosos ojos verdes esmeraldas, la humedad se debía al pequeño hilo de baba que colgaba de su boquita.
-¿Ya has despertado?- susurró incorporándose en la cama que compartía con el pequeño. Su ataúd fue dejado de lado, porque allí no podía dormir junto a Harry. El bebé era muy inquieto como para dormir en un lugar tan reducido.
-¡Tete!- chilló Harry sonriente.
-Ssshhh…- se apresuró a silenciarlo mirando alarmado a la puerta. El no se explicaba como en esos dos días no había sido descubierto. Ciertamente estaba recibiendo ayuda divina, porque siendo esa casa habitada por más o menos diez personas, era un milagro que no hayan descubierto su pequeño y travieso secreto. Tal vez se debía a que pensaban que él todavía estaba enojado con Lancelot por lo de su última pelea y por eso lo dejaban en paz. Que equivocados estaban… si de eso ya ni se acordaba. Harry tomaba todo su tiempo como para estar pensando en ese idiota que no se merecía todo el amor que le profesaba.- ¿Quieres tu leche, Harry?- sonrió y acarició los azabaches cabellos- Enseguida te la preparo.
Se levantó y estiró sus extremidades. Sonrió tiernamente al ver como el pequeño se llevaba un dedo a la boca y bateaba en busca de su oso de peluche.
-Enseguida vengo.- murmuró antes de salir de la habitación.
Caminó sigiloso hasta llegar a la cocina y suspiró aliviado al comprobar que estaba vacía. Claro, siendo ellos chupa sangre, ese lugar de la casa siempre estaba deshabitado. Pero Máximo solía tener la costumbre de tomar café. El decía que su parte humaba se lo reclamaba. La verdad es que León no lo entendía, si supuestamente Máximo era un vampiro de pies a cabeza. Tsk, debe estar chocheando.
Puso el agua para que hirviera mientras sacaba la mamadera del bolsillo de su bata junto con el pequeño tarrito de leche. El agua estuvo enseguida y procedió a mezclarlo todo.
-¿Qué haces?
Dio un respingo al oír la voz. Estaba tan concentrado que no prestó atención a que alguien se acercaba. Volteó con un visible terror en sus ojos, más se alivió al ver de quien se trataba. De todos, ella era la que menos podía sacarle en cara si llegaba a descubrir su secreto.
-Nada, Jazmín, ¿Por qué lo preguntas?- sonrió.
Vio a chica enarcar una ceja.
-Porque tienes una mamadera con leche en tus manos.- dijo como si fuera lo más obvio del mundo.
El moreno sonrió inocentemente.
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-Por los reyes, León. ¿Cómo es que lograste entrarlo sin que lo notáramos?
-Eso mismo quisiera saber yo. Está aquí desde hace dos días.
Los ojos de la pelirroja se abrieron como platos mientras veía como el bebé se acunaba mejor en los brazos del mayor y chupaba de su mamadera con avidez.
-Es hermoso.- sonrió tiernamente.- ¿Qué piensas hacer con él…?
-¿Tú que crees…?- la miró a los ojos.
-No, León.- negó con la cabeza.- No puedes siquiera pensarlo. Tú ya tuviste esa experiencia en el pasado y bien sabes todo lo que pasó. No puedes conservarlo.
-Se que aquello fue mi error.- masculló.- Pero no volverá a suceder. Con Harry será diferente…
-Pero…
-Escucha lo que voy a decirte.- suspiró.- Antes que todo… ¿tú sabes que existen magos en este mundo, verdad?
La chica asintió frunciendo el ceño, solo entonces el moreno comenzó con su relato. Media hora más tarde Jazmín necesitó sentarse para poder digerir todo lo que su amigo le acababa de contar.
-Harry Potter. ¿Harry Potter… el niño-que-vivió?
-El mismo.- sonrió apartando la mamadera vacía. El niño bostezó y se retorció para que León lo dejara en el piso, fue gateando hasta llegar a sus juguetes nuevos.
Jazmín se agachó hasta llegar junto a Harry y levanto un poco su flequillo. Allí estaba la cicatriz en forma de rayo.
-Aún así, no puedes quedarte con él. Sigue siendo humano… ¿o es que piensas…?
-No.- dijo rotundamente.- El seguirá siendo humano. Y por favor entiéndeme, estoy enamorado y no puedo abandonarlo. Si yo estaba en ese lugar era por algo, los Dioses me enviaron a este ángel y no voy a separarme de él.
El chica suspiró, cuando León se ponía en ese plan no había manera de convencerlo. Además, Harry era una hermosura y se alegraba de que el moreno sea tan tozudo.
-Te ayudaré entonces.
-Gracias.
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Increíblemente, Harry ya llevaba viviendo un mes entero entre tanto vampiro sin que ellos se percataran. Entre León y Jazmín se repartían el cuidado del bebé. Cuando León debía compartir su tiempo con los mayores ella lo cuidaba y también cuando Lancelot requería de él para sus encuentros amorosos. Aunque Louis evitaba por todos los medios acostarse con su pareja, porque sabía que todos pensaban que él estaba algo raro. No dudaba que Lancelot quisiera sacarle la causa de su comportamiento durante el sexo, que era cuando su mente estaba débil. Así que mantenía la ley de hielo en ese sentido. Se aferraba a la última discusión para darle justificatorio a su negación, pero sabía que no podría hacerlo por mucho tiempo.
Terminó de bañar a Harry y lo vistió con su disfraz de conejito. Ese trajecito le encantaba y su bebé vestido de un conejo celeste prácticamente lo hacía babear. Lo acunó por unos minutos hasta que se quedo dormido y decidió bajar a la reunión de ese día.
Llegó al Salón y todos lo miraron, sus expresiones sin duda mostraban que cada vez estaban más intrigados por su actitud. Obviamente, su sonrisa boba lo delataba en esos momentos. Reforzó sus escudos mentales y borró su sonrisa.
-Ya estás aquí.- murmuró Lancelot.
-¿No te encontraste con Darío? Lo mandamos a buscarte.- dijo Esteban.
Sus ojos se abrieron como platos y dio media vuelta para correr hasta su habitación, sin importarle que todos lo miraran sorprendidos. Más no pudo seguir más allá, Darío lo mirada con los brazos cruzados y el ceño fruncido desde el principio de la escalera. El normalmente semblante pálido de León se volvió más blanco.
-¿Qué es lo que pasa?- preguntó Máximo enarcando una ceja.
-Acabo de ver algo… impactante, durmiendo en la cama de nuestro amigo.- comentó el vampiro con cuerpo de adolescente, terminando de bajar la escalera.
-¿Cómo?- espetó Lancelot frunciendo el ceño.
-Ya diles, León.- se escuchó que decía Jazmín.
Todas las miradas recelosas pasaban de ella a León y viceversa.
-¿Decirnos que?- preguntó tranquilamente Alelí.
-Tengo un hijo…- espetó solo para ver las caras asombradas. Eso lo hizo adrede, obviamente, sonrió y comenzó con su relato.
Las reacciones fueron variadas. La incredulidad al saber que fueron burlados por un mes entero fue la que más abundo, pero ciertamente nadie estaba contento al saber que tenían un inquilino humano… un mago, mejor dicho.
-No puedes quedarte con él, lo sabes… y no voy a cambiar de parecer.- siseó Lancelot con los ojos entrecerrados.
-Lo que tú no quieres es que él viva con nosotros. Y no puedes decir que no puedo quedármelo, su tío prácticamente me lo regaló, Harry no tiene a nadie más que a mí.
-El no es tu problema, entrégaselo a algún mago. Estoy seguro de que muchos se sentirían dichosos de criar al "niño-que-vivió"- comentó Máximo.
-Yo lo hice mi problema. Y si me prohíben vivir con él en esta casa… me voy.
-¿Serías capaz…?- preguntó Esteban incrédulo.
-Si.- miró directamente a los ojos de Lancelot.- Si me obligan a elegir me quedo con él. Yo tengo donde vivir y con que mantenerme.
El vampiro lo miró claramente enfadado. ¡¿Como se atrevía a retarlo de esa manera?! ¡El era su creación! ¡Y lo amenazaba con hacerlo de lado por un maldito mocoso!
-¿Puedo verlo?- preguntó Ángelo con una sonrisa divertida y un brillo pícaro en sus ojos. Toda esa situación lo divertía sobremanera. No era muy común ver a León retar a Lancelot.
-El está dormido ahora.- gruñó.
-No voy a hacer ruido. Por favor…- hizo un puchero.
-Está bien, vamos.
-Yo tambien voy.- dijeron Máximo y Esteban al unísono.
Lancelot crispó sus labios y se levantó dispuesto a seguirlos. Por muy enojado que esté, la curiosidad lo mataba. Quería ver quien era ese mocoso por el cual su amorcito lo cambiaba.
Llegaron hasta la puerta de la habitación y una ligera alarma se prendió en el corazón de León al ver que ésta estaba entreabierta. Sus sospechas se vieron tenebrosamente confirmadas cuando, al abrirla del todo, vio la cama vacía. Entró precipitadamente y buscó como loco ante la mirada sorprendida de los otros vampiros. Definitivamente, Harry no estaba y su peluche de "Kero" (de Card Captor Sakura), que era su favorito, tampoco estaba.
-¡¿Por qué dejaste la puerta abierta?!- chilló León fulminando con la mirada a Darío.
-Eh…- se removió incómodo en su lugar al notar la furia en esos ojos verdes.
-Tranquilízate, León. Vamos a buscarlos todos juntos. ¿Cómo es el niño?- dijo Esteban.
-Es moreno de ojos verdes y esta vestido de conejo.
-¿Conejo…?
-Si, él…
-Por favor...- bufó Jazmín.- ¿Quieren dejar las estupideces? ¿Cuántos bebés aparate de Harry viven en esta casa?- el vampiro dueño de la pregunta y los demás tuvieron la decencia de ruborizarse.- Hombres.- chistó.
-¡Bueno! ¡Vamos de una vez!- dijo León a punto de entrar en un colapso nervioso.
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Lancelot caminaba enfadado buscando al mocoso. El tenía muchas cosas más divertidas que hacer en vez de andar buscando a ese mago. Pero el sentir la desesperación y, sobre todo, ver el terror en los ojos de su pareja ante lo que pudiera pasarle al niño lo hicieron tragarse sus objeciones e ir en busca del bebé.
La verdad es que dudaba que estuviera allí, en el sótano, pero no estaba demás buscar en ese lugar. Su primera pista fue encontrar un peluche amarillo con dos pequeñas alitas en la espalda. Parecía ser un gatito y como nunca lo había visto antes, supuso que era del mocoso.
Se paró en el centro del lugar y agudizó la vista. Una risita y un bultito en el rincón más oscuro llamaron su atención. Caminó hasta allí y lo vio. Ahí estaba Harry Potter. El niño levantó su mirada y sus ojos se conectaron. Sin despegar su vista se agachó para tomarlo en brazos. El mismo sentimiento que embargara a León cuando lo cargó por primera vez se apoderó del Príncipe de los Vampiros. No podía negarlo, ese mocoso tenía algo que te hacía enamorarte de él a primera vista.
-¡Tete! ¡Ham, ham!- chilló Harry retorciéndose en los brazos del rubio.
-No te entiendo, bebé. Vamos con León para que me traduzca.- susurró con una sonrisa tierna en sus labios. Así pues, con niño extraviado y peluche alado, subió hasta llegar al salón.
No bien puso un pie en el lugar un vendaval moreno le arrebató su preciada carga. Parpadeó confuso, no lo había visto venir.
-¡Oh, Harry! ¡Harry! ¡Estaba tan asustado!- murmuró estrechando hasta la casi asfixia al pequeño travieso.
Harry empezó a gruñir nada contento con el apretado abrazo al que estaba siendo sometido.
-León contrólate, lo estas asfixiando.- habló divertido Ángelo.
-¡Oh, lo siento! ¡Es que estaba tan preocupado! ¡Jamás vuelvas a hacerme una cosa así, Harry!- reprendió.
Más la sonrisa tierna y esos ojitos verdes inocentes hicieron olvidar todo su enojo.
-¡Papi! ¡Hady tete!
-¿Quieres tu leche? De acuerdo, vamos por tus cosas a la habitación y te la preparo.
Abandonó el Salón ignorando olímpicamente a los desconcertados habitantes de esa casa.
-¿Papi…?
Continuará…
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Notas de Uko-chan¡¡¡Hola!!!
Ahora será solo un fic con Vampiros, más Harry Potter. XD
¡¡¡Gracias Angeli por betear este fic!!!
¡¡¡Nos leemos!!!
Atte: Uko-chan!
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Este capítulo ha sido editado para seguir las reglas decretadas por Rice.
Si se les hace un lío, Lancelot sería Lestat y no es un príncipe de los Vampiros, sino un Noble de alto renombre. Louis pasó a ser León... me pareció perfecto para él que es una mamá gallina XD
Armand/Daniel son Esteban/Darío en el segundo chap explico su historia y Khayman es Atón. A las gemelas y Jesse les he puesto nombres de flores y he reinventado su historia. Alelí (Maharet) es madre de Jazmín (Jesse) Al igual que Gabrielle que ahora es Graciela (como mi mami!) y es hermana mayor de Lancelot ñ.ñ
Si te sientes con ganas de decirle algo a la denunciante, al igual que yo, su nick es Juneau Minnet, en ffnet.
Y agradezco a mi beta por ayudarme a encontrar nuevos nombres y apellidos para estos personajes. Es divertido editar XD PERO si se les hace complicado, ustedes imagínense que son los personajes de Rice y ya. Nadie podrá denunciarlas por usar su propia imaginación X3
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