Advertencias: Los personajes le pertece a Konomi sensei. No a tí, ni a tí y muchos menos a tí. Ningun Karupin fue dañado en la producción de ese fic. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Cualquier parecido a un adaptaplagio es al propósito. No nos hacemos responsables por daños colaterales o efectos secundarios. Se recomienda no consumir liquidos durante el trasncurso de este fic.
El Duque Grecoromano.
El es un billonario grecoromano turco inglés, especialista en marketing y ginecología. Uno de los más famosos en el ramo. En sus ratos libres corre autos "chocones" en la esquina de tu barrio.
Ella es una supermodelo, intelectual rayando en lo "nerd" del asunto, aburrida de la vida. Se levanta una mañana y se pone a pensar acerca de la fragilidad del ser y la insoportable levedad de la vida urbana. Traicionada por el hombre a quien amaga, decide irse por la vida e inscribirse en una escuela-convento en donde sólo se admiten varones.
Pero cuando a él se le acabaron las moneditas para los autos chocones, decidió volver al colegio porque le dijimos que es un niño genio. Porque sigue en el colegio y es especialista en marketing y ginecología.
Es así como la historia empieza.
Capítulo 1: Concierto Gatuno
No iba a comportarse como una niña de kindergarten y echarse a llorar si no le dejaban reviews o le decían que copiaba novelas de Diana Palmer, se dijo Sakuno a sí misma. Había decido dejar su vida pasada y dirigirse a un convento. Había consultado su decisión con sus primos, Momoshiro y Ann, dueños de la peluquería de tu barrio. Ellos se habían opuesto a su decisión de que los abandonara por irse a pasar el resto de su vida a un convento. Lógicamente si ella se iba no iba a haber quien les limpiara la casa. Pero ella testarudamente insistió en emprender su aventura el camino hacia el Dorado, o lo que sea que se presentara en el camino.
El motivo principal de porque había decidido huir era evidente. Su novio la había dejado plantada en la noche de bodas por irse con su mejor amiga, Tomoka.
No era justo lo que había sucedido, cuando Tomoka llegó al pueblo ella le tendió la mano pero, su nueva amiga se le subió hasta el codo. No solamente le robó el amor de su prometido, si no toda su ropa interior. Pero eso había quedado atrás y no iba a tropezar con la misma piedra. Ya no quería saber nada con la vida, ni los hombres, ni la ropa interior. Había decidido ser libre como el viento e ir hacia donde este la llevara. Con sus maletas de piel de morsa se subió al coche que robó anoche, a un tipo tan listo como ella que iba a ligar.
No estaba segura de hacia donde dirigirse, ni si se había acordado de apagar la cocina antes de partir. Su intención inicial era irse en busca del mar, para ahogar sus penas. No sabía para quedaba el mar, porque ella no conocía la capital. Pero desafortunadamente era demasiado despistada y terminó encaminada hacia las montañas. No sabía bien como de pronto llegó a Italia.
No era culpa de su ineptitud y escaso coeficiente intelectual, era culpa del extraño auto. Ese sujeto Arthur Weasley había dejado sus documentos y artefactos extraños dentro del auto. En el asiento de atrás daba bote un extraño palito que al agitarlo lanzaba chispitas y al apuntarlo hacia ella de pronto olvido donde estaba y que estaba haciendo sentada en el auto.
Entonces tuvo que detener el auto, no sólo porque no recordaba hacia donde iba, sino porque en el descuido había aplastado a alguien.
De inmediato se bajó para ver que es lo que había sucedido. Afortunadamente el auto estaba a salvo, no era más que un rasguño en el chasis. Suspiró aliviada. Entonces se fijó de inmediato si la persona atropellada seguía viva. Si era así tendría que aplastarla bien, para que muriera y no pagar hospitalización. No había llevado mucho dinero, al menos eso creía, sólo para sus vacaciones.
Desafortunadamente su auto se había quedado sin combustible. Entonces iba a tener que empujarlo para acabar de arrollar al peatón. Cuando estaba a punto de hacerlo el sujeto, de hermosos ojos ambarinos extraños para un italiano, abrió sus bellos labios finos y crueles y le dijo.
"No me mates maldita sea."
Entonces ella se detuvo. El sujeto era bastante atractivo y quizá podría ayudarla a recuperar su pasado, memoria, ropa interior y ayudarla con el combustible.
…
Estaba soñando que andaba solo y triste por el camino, que la luna era de queso y de pronto caía la noche y lo aplastaba. Y estaba muy pesada. Abrió los ojos y lo que tenía encima no era Karupin.
Era una mujer. Hubiera preferido que fuera la luna de queso, ya le estaba dando hambre. Al parecer ella estaba tratando de medirle la temperatura.
"Bájate de encima mío."
"Eto… Eto… tienes fiebre…"
Respondió la desconocida colocando una toalla higiénica fría sobre su frente. Estaban ambos dentro de un auto, en el asiento de atrás y a través de la ventana pudo notar que era de noche.
Ella se levantó de encima suyo apoyando sus rodillas sobre las joyas de la familia. El joven trató de incorporarse pero al hacerlo se dio contra el techo del auto. Volvió a caer adolorido sobre el asiento, aplastando los objetos extraños que había bajo su cuerpo. Podía sentir como la tapa de los libros se le incrustaba en las costillas y jurar que uno de esos libros le mordía el trasero.
Pero no importaba nada, tenía que salir de ese lugar a como de lugar, esa mujer era muy extraña.
"Me voy a mi casa."
Anunció levantándose nuevamente.
"Voy contigo."
Ella debía estar loca o ebria.
Llevar a su castillo a una desconocida que lo había atropellado no era una buena idea.
Aunque podría ser ventajoso. El castillo que le pertenecía a su familia, en el cual había vivido toda su vida, en donde antes había habido una escuela de magia y hechicería, pero como les subió la renta y no quisieron pagar tuvieron que ser desalojados, ahora iba a ser usurpado por la malvada de su cuñada. Una mujer angurrienta y vil que había engatusado a toda su familia, y hasta la mascota. No contenta con ello también le robaba las moneditas que le quedaban para jugar en los autos chocones. Había logrado que para que él pueda heredar el castillo tuviera que casarse. Afortunadamente pudo hacer unos cambios en el testamento, no fue difícil, corrupción hay en todos lados.
Entonces decidió irse de castillo, para vivir su vida y no dejar que la vida lo viva. Y ahora estaba en la parte trasera de un auto con una mujer sentada encima de él. Hubiera preferido que fuera Karupin.
Ella tenía mirada de cachorrito muerto. No, no tanto como eso, más se parecía a las ranitas que abría en sus clases de física nuclear. Como cuando lo miraban y casi parecían decirle.
"No me mates maldita sea."
Ah, esa frase se le había quedado en la cabeza.
"Soy una ranita mística y si me dejas vivir te concederé un deseo. Puedes escoger entre salud, dinero o amor."
"!Dinero! Dinero!"
Así que elegí el dinero. Por eso no tengo ni amor, ni salud y ahora me tengo que buscar una incauta y encima me atropellan. Pensó
Pero esta mujer, podía servirle de algo. Quizá la maldita asesina podía ayudarlo a conservar su castillo. Sino siempre podía disecarla.
"Hn. Mi castillo es ese de allá. Llévame y dejaré que te quedes. Karupin te hará un espacio en su litera."
"Yeeeeee." Dijo ella saltando de nuevo sobre él.
"Pero el auto no tiene combustible."
"Ni modo, vas a tener que empujar." Le dijo él.
"Esta bien."
Entonces ella recogió del suelo del auto el extraño palito que lanzaba chispitas y al agitarlo de casualidad el auto empezó a moverse, despacito cuesta abajo, por la colina de Pony. En el camino iba arrollando a unos cuantos huérfanos del hogar de Pony. Ella alcanzó a bajarse de un salto y pudo notar que el auto tenía una tuerquita enorme en el techo y esta giraba. Se quedó extasiada contemplando como aquel carro de juguete iba rumbo al precipicio.
…
Por lo menos la extraña mujer lo había dejado en paz por un rato. En el hospital podía estar tranquilo y en paz. Pero de pronto otra vez ahí estaba ella. Parada en la puerta con una estola de piel nueva, que al verla le recordaban a su amado Karupin. Olía a Karupin. Sabía a Karupin.
"No Karupiiiiinnnnnnnnn."
"¿Te gusta? Tu cuñada me la regaló por atropellarte."
"No… Karupin no."
"Dice que si termino e atropellarte me da la cola y las patitas de la suerte. ¿No es linda tu cuñada?"
"Nooo Karupin, no. Con razón no venía a visitarme."
"Lo malo es que ahora voy a necesitar una cartera que haga juego. Pero no importa… ¿Cómo te sientes?"
"Mataste a Karupin, ahora tendré que matarte a ti. Colgaré tus trenzas en el parabrisas de mi auto chocón."
"No, si yo no lo maté. Fue tu cuñada, a mi me lo dieron así."
"Nooooo Karupin. Ahora no tengo quien me arañe cada vez que me arañe."
"Yo, yo." Gritó ella.
"Ahora no tengo a nadie a quien acariciar."
"Yo, yo."
Insistía entusiasmada.
"Ahora no tendré a quien mandar a que lo esterilicen."
"Yo… No."
"Nooo… Karupin."
Continuará…
AN: ♫ Que lastima se termino el capitulo de hoy ♪ pronto volveremos con mas si nos dejas muchos reviews ♫