Naruto no me pertenece.

Advertencias: Probablemente OoC.


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El chico nerd

Capítulo 2

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El balón botó una vez, lentamente, luego otra más rápido, y cada vez más y más rápido. El sonido provocaba eco en el auditorio, y las zapatillas deportivas rechinaron contra el piso especial que utilizaban para una cancha de baloncesto. Ino abrió un poco los ojos, claramente sorprendida ante la velocidad del aquel chico de tercero. No era la primera vez que lo veía, por supuesto, como su novia asistía a sus prácticas cada tres veces por semana, pero siempre terminaba admirando el talento de Yahiko para el básquetbol. Parecía bailar en una gran pista mientras esquivaba a sus oponentes, aunque nunca se lo diría directamente porque Yahiko respondería que no es ese tipo de chicos que saben bailar.

Y entonces, su novio encestó en un gancho perfecto. Se burló de sus contrincantes imaginarios (porque ya todos se habían ido excepto él) y sonrió satisfecho por su jugada. A ella le encantaba su sonrisa y cómo sus colmillos sobresalían cuando lo hacía, y él la miró contento y orgulloso. Ino respondió a su gesto, y con los ojos celestes parecía decirle, ¡Hey, lo lograste!

Yahiko levantó la pierna derecha al aire, señalando su tenis negro con rojo. Ino carcajeó, feliz. Él siempre hacía lo mismo en cada uno de sus juegos, como una especie de cábala de buena suerte, algo que solamente entendían los dos, que era de ellos y de nadie más.

Comenzó cinco meses atrás, casi al inicio de las actividades en los clubes escolares, Yahiko e Ino se conocieron gracias a ese par de tenis cuando Ino salía muy molesta de su club de teatro, marchando tan ferozmente que por accidente pisoteó uno de los famosos tenis del muchacho, que estaba cambiándose el calzado en ese segundo. Inmediatamente se formó entre ellos una especie de aura siniestra, en donde se dedicaron una mirada de pocos amigos. Lo que ambos desconocían era que, desde ese momento, también se creó una chispa que los conectó perfectamente.

Y al día siguiente se repitió lo mismo. Cada vez que se encontraban, los zapatos parecían sufrir graves consecuencias, como si los tenis de Yahiko estuvieran destinados a la desgracia por parte de Ino. Y sucedió así hasta que de alguna forma terminaron como novio y novia. Yahiko quería muchísimo a Ino, y ella a él.

—¡Hey! —saludó él, acercándose sudoroso hasta las gradas—. Estás aquí.

—Como siempre —sonrió divertida—. Como todos los jueves por la tarde.

Él rodó los ojos. Iba a besarla, mas ella interpuso la palma de la diestra enseguida.

—¿Qué?

—Estás empapado de sudor.

Yahiko hizo un gesto de no entender. Luego la jaló fuerte del brazo y la juntó a su cuerpo, abrazándola por la espalda. Ino se sonrojó un poco, pero sintió las gotas pegajosas escurriéndose por sus hombros.

—¡No, tonto! —hizo un esfuerzo por alejarse—. ¡Suéltame!

—Ni loco, preciosa —rodeó su cintura con ambas manos. Con todas las malas intenciones, restregó su cabello rojizo y mojado en el cuello de ella.

—¡Ahh! ¡Asco! —se quejó, pero después rió.

Yahiko le hizo compañía. Amaba ver a Ino feliz, sobre todo cuando él era quien provocaba esas sonrisas. Y con esa idea en mente, Yahiko comenzó a repartir múltiples cosquillas por todo el vientre, provocando que la rubia pataleara y estallara en carcajadas que llenaron todo el gimnasio. Afortunadamente se encontraban solos, de lo contrario alguien ya les hubiera pedido guardar la compostura. Todos en el instituto sabían del romance de la despampanante chica de primero con el deportista de tercero, pero siempre existían los envidiosos que no desaprovecharían cualquier situación para meterlos en problemas. Así que pasado un minuto, Yahiko la soltó y la dejó respirar.

—Tengo hambre.

El pelirrojo se pasó una toalla por el cabello. Entonces ella lo contempló con ganas. La camiseta, húmeda por el sudor, se le pegó al cuerpo y dejaba ver los músculos de sus brazos y abdomen. No es que fuera un chico de lo más musculoso, pero definitivamente tenía un cuerpo bien trabajado.

—Tú siempre tienes hambre —mencionó como si se tratara de la pura verdad, porque Ino estaba convencida de que así era—. ¿No deberías cuidar tu alimentación, o algo así? Eres un jugador.

—Hago la dieta del baloncesto —entrelazó los dedos con ella, empezando a caminar rumbo a las puertas—. Cada bocadillo a mi boca es como una canasta, y se duplica por dos.

—Supuse que dirías algo como eso. No tienes remedio —suspiró, derrotada—. Igual creo que deberías hacer una dieta de verdad. ¡Así como la hago yo!

—No necesitas hacer dietas, eres perfecta tal como eres, Ino —besó la palma de su mano y ella asintió contenta—. Vayamos por un sándwich de carne cuando termine de ducharme. Yo invito.

—¡Eerr! No creo poder…

—¿Qué pasa? ¿Dije algo malo? —la observó, confundido.

—No. En realidad Kakashi-sensei nos dejó un estúpido trabajo por llegar tarde a su clase. Sin mencionar que apenas pude terminar el maldito informe que Shikamaru me pidió.

—¿Nos? —elevó una ceja—. ¿A ti y a quién más?

—Ah… No importa —bufó, de pronto enojada.

Yahiko se detuvo en seco, provocando que Ino también lo hiciera y casi tropezara. El mayor se tomó un segundo para mirarla fijamente, como si intentara escudriñarla de pies a cabeza.

—Sí importa. Dime.

Ella se mordió el interior de la mejilla.

—¡Te digo que no importa! Deja de complicar las cosas —caminó, dejándolo atrás.

—¿Complicar las cosas? —repitió, frunciendo el ceño—. No sé de qué rayos estás hablando. ¿Por qué actúas así?

Ino se giró para encararlo, juntando las cejas con la nariz. Oh, no. Yahiko no iba a ponerse a hablarle de esa manera, y le importaba lo mismo si fuese tres años mayor o cuatro o los que fueran, él iba a respetarla.

—Si revisaras tu celular de vez en cuando… o al menos los mensajes que TU novia te envía, sabrías de qué rayos estoy hablando.

Casi le gritó, con un tono de voz demasiado furioso, el que siempre usaba cuando tenían una discusión de esas que eran muy tontas y que luego arreglaban con un par de besos. Normalmente era Yahiko quien incitaba todo, o eso aseguraba Ino. Su novio era demasiado celoso y cada vez le costaba más soportarlo. Así que continuó caminando, con la frente en alto. Al diablo con Yahiko.

—Qué… ¿Un mensaje? —susurró, con la mirada perdida en la silueta de Ino avanzando hacia la salida.

De soslayo descubrió a su novio dejando caer al suelo la pesada maleta, donde solía llevar su muda de ropa y cosas de higiene. Lo vio buscar su celular en cada uno de los bolsillos, hallándolo en la parte delantera, y justo cuando encendió la pantalla, lo primero que apareció fue el mensaje que le había mandado en donde, en resumen, le explicaba lo que había ocurrido esa mañana.

Quizás con eso, Yahiko se sentiría culpable, y con razón.

Él corrió hasta ella, deteniéndola por el codo con el brazo que tenía libre mientras que con el otro sujetaba la maleta por el hombro. Ella lo examinó de reojo.

—Lo siento —inquirió con seriedad. Ella dejó que continuará, no lo iba a perdonar tan fácil—. ¿Uchiha Sasuke?

Y con esas dos palabras, Ino olvidó que estaba enojada.

—¿Lo conoces?

—Ahm. No, no propiamente. Conozco a su hermano Uchiha Itachi.

—¿Sasuke tiene un hermano? —se asombró más por el hecho de que en verdad no tenía ninguna idea sobre Sasuke en sí, y le hacía sentir increíblemente mal saber que ha sido su compañero desde hace muchos meses y apenas había conversado casi nada con él. Eso la molestaba.

—Sí —y posiblemente su novio descubrió que estaba pensando en él, pues frunció ligeramente el ceño—. De cualquier modo, ¿Uchiha no es el chico que quedó en tercer lugar en las olimpiadas de matemáticas?

—Sí, pero eran olimpiadas de ciencias.

—Sí. Como sea —hizo una pausa breve, tomando su mano para retomar la caminata y salir de la sala. Ino no puso objeción. En cuanto ingresaron al patio, un pequeño rayo de luz la iluminó, haciendo que sonriera. Yahiko no estaba usando suéter, se preguntó si tendría frío, aunque seguramente su cuerpo seguía caliente gracias al entrenamiento. ¿Eso no lo haría resfriarse? Iba a preguntarle, pero el rostro severo de su novio mirándola no lo permitió—. ¿Y desde cuándo lo llamas por su nombre? No sabía que era tu amigo, nunca lo mencionaste.

Ino se estremeció.

—¿Por qué te interesa si decido llamarlo por su nombre o por su apellido?

—¿Estás enojada?

—¡Por supuesto que sí! —soltó su mano y avanzó más aprisa. Desistiendo de ofrecerle su bufanda—. No me busques ni me llames, estaré ocupada toda la tarde.

En cierta forma, él tenía razón. Es decir, Sasuke era su compañero pero no eran lo suficientemente cercanos. Claro que no lo somos, pensó. Mucho menos cuando se había percatado de su existencia justo ese mismo día. No tenía ningún derecho para llamarlo por su nombre. Razonó en ello.

El pelirrojo se quedó inmóvil y lo escuchó gruñir. Y lejos de ir por ella y aclarar las cosas, regresó al auditorio.

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¡T-E-M-E!

Sasuke apretó con mucha fuerza los párpados, cerrándolos hasta el tope.

—¡Oee, teme!

Al azabache le dolió la cabeza.

—¡Temeeee!

Quiso ignorar esa fea voz, pero fue imposible. Llegaba hasta lo más profundo de sus oídos y los taladraba.

—¡Teme!

Sintió que le picaban con algo en la espalda. Abrió los ojos, mostrándolos completamente llenos de ira.

—Hmp, ¿qué demonios quieres, idiota?

—Creí que estabas dormido —el chico rubio sonrió.

—Lo estaba, hasta que un inepto me despertó —ladeó la cabeza—. ¿Qué es lo querías, dobe?

—¿Yo? —se apuntó a sí mismo—. ¡Ay, pero sí nada! Creo que molestar.

Sasuke bufó ruidosamente, y su acompañante soltó una enorme carcajada.

—Es que hacía rato vino Ino-chan a buscarte.

Sasuke se paralizó, pero trató de no demostrarlo. La mención de Yamanaka provocaba un sentimiento de vacío en medio de su vientre. No debería existir ninguna razón para que la rubia y él estén relacionados, nada como para que la chica popular del instituto tome la libertad de buscar al chico más antipático en todo el mundo. Y, sin embargo, si Naruto decía la verdad, ella había ido hasta la biblioteca a preguntar por él. Y terminó odiándose, porque estaba seguro que de todos los lugares en la preparatoria, la biblioteca había sido la primera opción; la primera y la única.

—Se veía como ansiosa —declaró el rubio, regresándolo a la realidad.

—¿Y para qué me buscaba?

—¿Ah? No me lo dijo —entornó los ojos en el título del libro que el dobe estaba leyendo. Icha Icha-algo. Y Sasuke chasqueó la lengua. Naruto no dejaría de ser un pervertido, donde lo cacharan con algo así en el colegio podrían hasta expulsarlo.

—Idiota.

—Pero prometió conseguirme una cita con Sakura-chan, ttebayo —movió sus cejas rubias hacia arriba—. Aunque Ino-chan también es muy linda y muy agradable. Lástima que no es mi tipo de chica ideal.

Sasuke masajeó la coronilla en su melena, irritado.

—Ino-chan es muy voluptuosa, tampoco es que sea un nivel exagerado, pero a mí más bien me gustan sin tanto por delante, como Sakura-chan.

Sasuke viró los ojos. Naruto era muy consciente de que Sakura estaba saliendo con el presidente de su club, casualmente amigo del novio de la rubiecita, pero poco le importaba meterse en ese asunto. Se recargó una vez más sobre la mesa de madera, pensando en otras cosas, como por ejemplo, por qué Yamanaka estaba buscándolo y para qué. En tanto, su ruidoso amigo seguía hablando y haciendo ademanes con las manos.

—No te hagas el desentendido, teme. Da la impresión de que Ino-chan está interesada en ti, ttebayo.

De nuevo, el hueco en el estómago lo atacó sin reservas, y escuchó desde el interior a sus intestinos crujir. ¿Cómo podría estar ella interesada en él? Si apenas y lo había notado, y eso que ya llevaban casi la mitad del curso juntos.

—No seas estúpido. Serás doblemente dobe.

Se levantó del asiento y miró el reloj en la pared. Hace más de hora y media que las clases habían terminado, incluso hasta había entregado a Hyūga el reporte por haber llegado tarde. Después de pensarlo, optó por hacerlo, ignorando los intentos de Naruto por convencerlo de ir a la librería. Y aunque Sasuke se negó, no pudo evitar que su amigo se quedara con él en la biblioteca escolar.

Y como cada jueves, no tenía ninguna actividad pendiente para su club, así que ahora se disponía a ir a casa para tener ese merecido descanso por el cual anhelaba desde que despertaba.

—¿A dónde vas?

Sasuke no respondió y se despidió moviendo la mano.

—¡Oye, no me ignores! —se quejó haciendo un mohín—. ¡Espero que a tu bicicleta se le ponche una llanta y te deje en una situación embarazosa!

—Sí, sí. Lo que sea para ti también.

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Sasuke notó la cabellera lacia y rubia ondeando tras el barandal de la entrada. Y antes de seguir avanzando, tragó saliva, aferrándose al manubrio de la bicicleta, muy tentado a dar la vuelta. ¿Acaso estaba esperando por él? El sólo pensarlo lo ponía de mal humor, porque seguramente ella estaba ahí aguardando a que su novio terminara su entrenamiento y nada más. Aunque parecía que aquella molestia rubia no era el tipo de chica que esperaría por alguien, sino más bien es el tipo de chica que hace que alguien espere por ella mientras se pinta las uñas.

Así era Yamanaka Ino, estaba seguro, y no necesitaba conocerla a profundidad para comprobar sus suposiciones.

Decidió que iba a seguir caminando con normalidad, sin subirse todavía a la bicicleta. Cuando atravesó la entrada, apresuró sus pasos. Ni siquiera regresó la mirada un par de milímetros para cerciorarse si se trataba de ella o no.

No obstante, cuando dio tres pasos cruzando la puerta, fue Yamanaka quien lo hizo girar.

—Uchiha, ¿te vas sin mí?

El aludido enmudeció, fijando completamente sus oscuras pupilas en ella, sin saber qué responder.

Sí se trataba de Yamanaka Ino, después de todo.

—Tenemos tarea, ¿recuerdas? —dijo ella.

Y todo funcionó mejor en su mente. Algo dentro suyo decía "ah, conque era eso". Se percibió aliviado y capaz de volver a respirar. Pensó que esa rubia endemoniada elegía muy mal su combinación de palabras, si seguía expresándose de esa forma podría ser capaz de generar un problema muy peligroso para su vida… tal vez una guerra.

—No tenemos que hacerla juntos.

—Claro que sí. Kakashi-sensei fue muy claro cuando dijo que quería uno de todo por los dos.

—Pensaba hacerlo por los dos.

—¿Cómo?, ¿sin mí? —se desilusionó y él aprobó en silencio—. Pero el castigo es para los dos. Eso me incluye.

—Deberías agradecerme por darte la oportunidad de irte a divertir y…

—¡Eres un cretino de lo peor!

¿Me dijo cretino? Sasuke no respondió, se quedó mirándola.

—Quizás seas un chico inteligente, pero eres muy maleducado —eso no le agradó a Sasuke. Su madre lo había educado bien. Después, vio a Yamanaka suspirar y contener el aire por diez segundos. Sí, los estuvo contando. Y como si nada hubiese pasado, sonrió tomándolo del antebrazo—. Vamos a hacerlo los dos, ¿sí?

A Sasuke le brincaron los órganos.

—No es necesario...

—No te estoy preguntando, es una orden, Uchiha. ¡Ah! Eres como el duende del cuento de blancanieves, el gruñón, Uchiha-gruñón.

Él levantó una ceja. Detestaba cuando alguien le ponía apodos, por eso no permitía que nadie se enterase de sus gustos otakus. Rápidamente consiguió apartarla y liberarse de su agarré y de la calidez que tanto lo disgustaba. Entonces ella separó los labios poco a poco.

—¿Es que te caigo mal, Uchiha?

Él abrió ligeramente los ojos. Por supuesto, no esperaba una pregunta tan directa.

Guardó silencio un momento para pensar bien su respuesta. Era un hecho que Yamanaka no le caía mal, que más bien se trataba de todo lo contrario. Pero tampoco podía decírselo así como así, ni mucho menos decirle que prefería mantenerse alejado porque cuando estaban demasiado cerca le provocaba sensaciones a las cuales no podía encontrarles una explicación coherente, justo como ahora. Ladeó la cabeza para que el cabello le oscureciera la cara.

—No me agrada que me toquen.

Contestó, no era toda la verdad pero tampoco era una mentira.

—Ah, lo lamento. No lo haré más si no te gusta —rió con tranquilidad—. Pero aún así, pienso que debemos hacer el trabajo de Kakashi-sensei juntos. Sé que no soy especialmente tan lista como tú, pero habrá algo en lo que pueda ayudar.

Sasuke notó la determinación brotar de cada una de sus cuencas celestes, consiguiendo que se rindiera al fin. Yamanaka no le estaba dando opción, así que lo mejor era aceptar y comenzar con la tarea cuanto antes y poder librarse de su presencia lo más rápido posible. Cualquier cosa era mil veces mejor que continuar conversando sin sentido.

—Hmnp.

—No insistas más, Uchiha. Acepto trabajar contigo.

—Hmn.

—Te digo que sí.

—Hm.

—¿Qué dices? ¿Que me invitas a tu casa para hacer la tarea?

—¿Qué? Oye, esper…

—¿Que prepararás pequeños emparedados para mí y jugo de manzana?

—Yo no dije es…

—De acuerdo. Vayamos ahora.

Sasuke no entendía de dónde había sacado todas esas ideas locas, pero no quiso preguntar.

—Eres rara.

Le declaró y ella contestó que , risueña.

Y no teniendo alternativa, le indicó con un gesto de cabeza que se sentara en la parte trasera de su bicicleta, mas ella negó.

—¿Podemos ir a tu casa a pie? ¿No es muy lejos?

—¿Por qué?

Uchiha miró atentamente el sonrojo cubrir las mejillas de la chica. Eso la hacía adquirir un semblante adorable que Sasuke aborreció. Tuvo que desviar la vista hacia otro lado.

—Yahiko se molestaría si subo a la bicicleta de otro hombre.

Sasuke no dijo nada, como siempre, sólo asintió para ignorar el sabor amargo que le ocasionaba aquello.

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Sin saber cómo lo logró, había conseguido que Sasuke dijera más de dos palabras durante todo el trayecto. Tampoco es que se hubiese vuelto parlanchín, pero al menos sí le había sacado unas cinco palabras, o quizás fue únicamente imaginación suya.

Sasuke le dijo que podían llegar a su casa caminando, pero hacerlo les tomaría más de media hora, pues el camino era extenso y con bastantes subidas y bajadas. Quizás por eso le preguntaba constantemente si no prefería ir en la bicicleta. Y mientras más avanzaban, más sentía pesados los pies. Subirse a la bicicleta de Sasuke resultaba una idea muy tentadora, aunque parecía extraño que de pronto él se pusiera tan insistente con eso, de igual forma le parecía muy tierno. Probablemente el cansancio la estaba poniendo muy mal, porque de cerca, Sasuke lucía bastante atractivo.

Definitivamente, a la próxima lo pensaría mejor antes de hablar y haría que Uchiha fuera a su casa, que quedaba mucho más cerca.

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Ya era muy tarde cuando finalmente llegaron a casa de Sasuke, faltaba poco para que el cielo se tornara violeta, así que tendrían que darse prisa para terminar con la estúpida tarea.

Y como si todo fuera parte de un sueño, los dos ya se encontraban sentados alrededor de una pequeña mesita en la habitación de Sasuke, el lugar en donde nunca imaginó que estaría, observándolo todo con suma curiosidad. Le resultaba fascinante el cómo todo estaba perfectamente ordenado y cómo los muebles encajaban cuidadosamente con todo. La cama estaba en medio; al lado izquierdo se encontraba un clóset; enfrente estaba un escritorio, una televisión y una consola de videojuegos. Las paredes pintadas de un color azul grisáceo sin ninguna decoración extra; lo único que pudo distinguir fue el reloj con forma de esfera Jedi sobre una pequeña cómoda.

Se sintió extraordinariamente feliz, probablemente no muchas personas tenían la oportunidad de pisar el dormitorio del genio de ciencias, Uchiha Sasuke.

—Tu mamá es muy linda —le dijo.

—Hnm. Sólo ignórala.

Él sacó unos cuadernos y unos libros de su mochila y los puso sobre la mesa.

—No, es en serio. Es tan amable y encantadora, y se ve tan joven.

—Así es con todo el mundo, no te sorprendas.

Eso le sonó a Ino como: no eres única. ¿Acaso se había equivocado y en realidad Sasuke sí había llevado más personas? ¿Una novia, quizás?

—Creo que le caí bien —tanteó el terreno antes de preguntarle.

—Supongo. No está acostumbrada a convivir con mujeres.

La idea de la novia se evaporó y eso la alivió, quién sabe por qué.

—¿Porque sólo son tu padre, tu hermano y tú?

Sasuke frunció el ceño y no respondió. Ella soltó una risa nerviosa.

—Hay que empezar.

—Puedes hacer la presentación. Ahí hay unos marcadores...

—Uchiha, sé hacer mucho más que una simple presentación con colores y corazones —tomó entre sus manos un libro de pasta gruesa—. Yo haré lo de historia, puede que no lo parezca, pero soy muy buena recordando fechas y hechos importantes —sonrió.

Sasuke contempló esa sonrisa por un momento, perdido en su semblante completamente alegre. Luego, desvió la mirada, pero ella sí lo notó y eso le provocó que sonriera todavía más.

Y como él no se opuso, empezaron a realizar cada quien uno de los ensayos.

A pesar de que Ino no estaba acostumbrada a largos silencios, el silencio entre ellos, en especial, no se sentía tan asfixiante. Era agradable.

Los minutos corrieron como agua de río.

A veces Ino estiraba los brazos. Otras veces chocaba las piernas con las de Sasuke de manera involuntaria. Luego, cuando se daba cuenta ya estaba observando a Sasuke detenidamente, como si quisiera grabarse cada una de sus facciones, hasta el más mínimo detalle. Contempló su nariz de perfil y pensó que era muy bella; sus ojos estaban moteados de gris; su cabello lacio adquiría una tonalidad de hebras azules con el reflejo de la luz.

A veces, Sasuke era quien levantaba la vista y la veía a ella también, entonces se quedaron mirando fijamente por largo rato, sin decir absolutamente nada. Sasuke tenía unos ojos muy hermosos, y sin ninguna razón comenzó a sentirse nerviosa, hundiéndose de nuevo en la tarea.

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Para Sasuke era casi una tortura estar tan cerca de Yamanaka, le provocaba cosas muy desagradables. Las piernas de ella chocando con las suyas continuamente estaban por volverlo loco.

Y la tortura duró más de una hora. Ya tenían los dos ensayos, más el último que Kakashi había pedido sobre la clase que perdieron. Al final, ya había oscurecido y la luna se posaba clara en el cielo.

Yamanaka estiró los brazos hacia arriba y bostezó con los ojillos brillosos.

—Será mejor que regreses a tu casa —le dijo, ocultando un bostezo.

—¡Siiíp! Será lo mejor —movió la cabeza a los lados—. Oye, Uchiha, ¿te gusta Star Wars? Lo digo porque vi tu reloj.

Se encogió de hombros, dándole a entender que sí.

—¿A ti te gusta? —le preguntó, no por curiosidad, sino porque de pronto decidió que la rubia no era tan molesta.

—No lo sé, jamás he visto ni una sola película.

Él gruñó.

—¡Vaya! Uchiha-gruñón regresó.

Sasuke se puso de pie, acomodando, disimuladamente, sus extremidades. Le dolía un poco la pierna izquierda, y sentía como si miles de hormigas estuviesen subiendo. Vio a la chica hacia abajo.

—Yamanaka, no pienses que somos amigos. No quiero tu amistad, ni nada que ver contigo.

—¿Eh? No somos amigos —repitió—. Pe-pero…

—Ve a tu casa. Te ofrecería llevarte en bicicleta, pero solamente subes en la de tu novio.

Capturó la muñeca de Ino y la jaló para que se levantara. Ella no desistió, se notaba la confusión en sus labios, y en cómo lo interrogaba con la mirada.

La condujo a la puerta, donde no dejó que su madre se despidiera de ella. Ya había tenido mucha Yamanaka para un solo día, lo mejor era deshacerse de ella lo más pronto posible.

—Eres muy grosero, Uchiha —habló quedito, sobándose la muñeca.

No contestó. Cerró la puerta en su nariz y subió corriendo a su habitación.

No quería relacionarse con ella. Para nada.

No quería imaginar un mundo en donde ella sintiera algo por él.

Continuará.


NA:

Capítulo editado.

Creo que ahora las cosas ya están mas congruentes, espero.

Gracias a quienes comentaron el primer capítulo: Espiritu Salvaje, Hibari-sempai, paosu, Inochan-Uchiha, TaeHan, Clary, Dafne Uchiha,

Muchas gracias por leer.