SINOPSIS: Cuando Syaoran abre los ojos, sabe que algo muy gordo ha debido pasar durante la noche para que desde la cocina de su casa (Bueno, eso de "su casa" es algo relativo, puesto que NUNCA la ha visto antes) se escuche la chillona vocecilla de su prima avisándole de que su desayuno está listo (Y lo que es peor: añadiendo un "mi amor" al final). Al parecer ha cumplido 23, y vive en Hong-Kong de nuevo. Pero lo último que él recuerda es atrapar a Sakura en sus brazos después de confesarle que lo amaba.
¿Se trata acaso de otra carta de Clow que no sabían que existía? ¿O tal vez algo mucho peor? ¿Se habrá olvidado Sakura de él y de los sentimientos que les unían?
Esta es una historia que escribo en otra página de fics anterior a esta ( aunque tengo que decir que el diseño de esta me fascina mucho más *-*) y quería traerla aquí también ^^ Me lo pasé muy bien escribiéndola, y me encantaría que a ti también leyéndola :D
Capítulo 01
Meilin observaba a su primo desde la ventana. Desde que volvió a Hong-Kong, pasaba sus días en el jardín, mirando a ningún sitio en particular. Solo le había podido sacar que al final sí que se declaró a Sakura, pero éste colgó antes de poder preguntarle nada más. Al parecer no le había dado ni tiempo a la chica para responder. Seguramente aquella pregunta rondaría ahora por su cabeza, "¿qué me respondería a mi declaración de amor?"
—Eres un idiota, Syaoran —su primo ni siquiera se giró—. Deberías haber dejado que te diera una respuesta.
— No estoy para tus tonterías, Meilin.
— ¿¡Tonterías!? Llevas una semana sin moverte de ahí, y estoy segura de que es por que piensas demasiado en Kinomoto —se acercó, apoyándose en la misma valla que él—. No me gusta verte triste.
Su rostro era casi inexpresivo, pero ella le conocía demasiado bien. Sabía que cuando se ponía así, es que estaba o muy arrepentido, o muy preocupado. Y en este caso estaba claro que era la primera. Lo escuchó suspirar.
— Ella también se sentía atraída por Tsukishiro como yo, por culpa de su magia—habló, sin mirarla—. Pero en realidad no era la persona a quien amaba de verdad. Si hubiese esperado, ella no habría conseguido responder, por que estaría tan confusa como yo entonces.
— ¿Y? Tampoco has querido escribirle, Syaoran.
— No quería obligarla a saber qué es lo que siente por mí en realidad.
Meilin abrió mucho los ojos.
— ¡No seas tonto, Syaoran! Lo que te pasa es que tienes miedo a que te diga que aunque Tsukishiro no es la persona a la que de verdad ama, a ti te ve como a un buen amigo. No eres muy bueno mostrandole tus sentimientos a los demás, y eso definitivamente te entristecería demasiado.
El chico no dijo nada. Su prima le conocía demasiado bien. Nunca se había sentido de aquella forma, y era todo muy confuso para él. Su personalidad algo solitaria lo había protegido un poco de tener que interaccionar con la gente, y no entendía por qué de un momento a otro, una niña distraída y algo torpe le daba la vuelta a todo lo que conocía, y lo ponía patas arriba. No hubiese sabido qué cara poner si ella finalmente le decía que no podía corresponderle. No querría tener que volver a Tomoeda nunca más, solo por evitar verla.
— Ay primo, eres demasiado cabezota —sonrió ella, incorporándose de nuevo—. Supongo que me tocará a mí ahora daros un empujoncito.
Y se fue, dando saltitos por el jardín. Como si tramase algo realmente vergonzoso para él.
La Meilin que había a su lado en el avión no parecía la misma. Ni siquiera sabía si ella tenía o no un trabajo en ese mundo tan extraño, pero había decidido coger un avión esa misma mañana y desparecer de Hong-Kong junto a él. Nadie le creería si decía lo que estaba sintiendo en aquel momento. Y dudaba de que su prima lo ayudase como aquella vez.
— Tienes suerte de que me dieran unos días libres en el trabajo, Syaoran— le dijo, algo crispada—. No me gustaría tener que perderlo por este arrebato tuyo tan raro. Me gusta lo que hago.
— Lo siento, de verdad—murmuró él, mirando por la ventana—. Pero necesito ir.
La chica suavizó su mirada, agarrando con fuerza una de su manos. Estaban heladas.
— Siempre me has contado todo, cariño, y me asusta un poco que algo te preocupe y no hayas querido abrir la boca en todo el trayecto hasta aquí. Creía que yo era capaz de tranquilizarte.
Syaoran la miró, completamente serio, a los ojos. En aquel mundo paralelo, además, ella le escuchaba con comprensión (y lo que era más sorprendente aún: él confiaba en ella). Tal vez por que sin Sakura en sus vidas ellos acabaron cumpliendo el compromiso de matrimonio que había desde niños. Tal vez incluso le hubiese dado tiempo a enamorarse de ella también. Quien sabe.
— Si te lo cuento no me creerías, Meilin.
— Pueba a ver. Nunca se sabe —le sonrió, acariciando la palma de su mano con los pulgares—. Sabes que nunca me he reido de ti por absurdo que fuese lo que ibas a decir.
"¡Nunca se ha reido de mi! Esto sí que es nuevo en Meilin..."
— Yo no soy... el Syaoran que crees que soy.
— ¿Eh? —definitivamente, ella no esperaba escuchar eso. Lo miró con ternura— ¿Y qué Syaoran eres entonces?
— Es algo largo de explicar pero... tú y yo habíamos roto nuestro compromiso antes de que terminase el curso, porque había encontrado a la persona... ya sabes—no quería tener que romperle el corazón a aquella Meilin también. Aunque se sorprendió de que ella solo asintiera y siguiera animándole con la mirada a hablar—. Te pusiste de acuerdo con Daidouji y viajamos a Japón con la excusa de un festival que organizaba la ciudad de Tomoeda. Aunque en realidad queríais... dejarnos solos o algo así.
El calor se le subió a las orejas, recordándolo. Era demasiado evidente que Daidouji y su prima querían matarle de un ataque al corazón.
— ¿Dejaros solos a quiénes?
— A... a Sakura y a mí.
la chica abrió mucho los ojos, tomada por sorpresa.
— Por eso preguntabas por ella esta mañana...
— Sí. Algo así. Deberíamos haber despertado en casa de Daidouji, haciendo planes todos juntos antes de volver a Hong-Kong. Yo no tengo 23 años, Meilin.
Notó como si ella se congelase de repente, y perdiera el color en las mejillas. Aquella Meilin no era la que él estaba costumbrado a ver, y desde luego habría podido llegar a enamorarse de alguien así. Era increiblemente parecida a Sakura. Quitando, claro está, el color de sus ojos, y su pelo y... bueno. El resto de cosas. Ahora ella se enfadaría y no le dirigiría la palabra en todo su viaje a Japón.
— Nunca me has dado motivos para dudar de ti, Syaoran — susurró ella, escondiendo su mano en su propio asiento—. Así que no veo por qué debería hacerlo ahora. Pero no sé cómo ayudarte en esto.
— Yo tampoco —admitió él, escondiendo sus manos tras su cabeza, con aparente tranquilidad—. Si esto no terminase nunca...
— Seguro que es magia o algo así— le interrumpió, intentando darle ánimos. Aunque su voz claramente le decía que era ella la que necesitaba consuelo justo en ese momento—. A mi Syaoran le brillaban los ojos por las mañanas, cuando entraba. Y eso es algo que no cambia de la noche a la mañana.
Unos labios se posaron sobre su frente, y la luz le dio de cara cuando empezó a reaccionar. Ya no estaba en su cama, estaba claro, aquella era mucho más dura y fría. Se sentía extrañamente ligera bajo aquellas sábanas, y sin dudas, alguien estaba su lado, por que no dejaba de reír en voz baja y de acariciarle el pelo con la nariz. Lo primero que Sakura vio al abrir los ojos fueron unos mechones plateados que se agitaban encima de su cabeza. Estaba desnuda.
Su cara empezó a tornarse roja, como si una olla con agua pasase de cero a cien grados en un segundo. Tiró de sus sábanas con fuerza, desconcertando a su acompañante.
— ¡Yukito!
— ¿Qué? ¿Una pesadilla? — ¿¡Una pesadilla!? Quería que la tierra se la tragase. Él tampoco parecía haber dormido con demasiada ropa encima, aunque ahora llevase un traje con corbata y todo— Touya te está esperando en el salón. Decía algo de un viaje a Italia... ¿Estás bien? —quitó algunos mechones de su mejilla, con cuidado—estás pálida, Sakura...
— ¿Q-qué hago aq-qui? —el chico abrió los ojos tanto que sus cejas se escondieron bajo su flequillo. Ella estaba realmente asustada de él— ¿¡Y por qué no tengo ropa!?
— Bueno, esa es una pregunta interesante de responder — se rió, saliendo de las sábanas como si tal cosa, y caminando en dirección a la puerta—. Será mejor que te vistas pronto, sabes que tu hermano es algo impaciente, y me culpará a mí de que su hermana no duerma bien por las noches.
Y se fue.
El sitio donde había despertado era muy acogedor, aunque ella se sintiera fuera de lugar en aquel momento. Era un papel completamente blanco el que cubría las paredes, aunque del suelo salían una especie de finos tallos llenos de flores de cerezo. Había dos puertas más, cada una a un lado de su cama, cerradas. Ésta tenía un gran dosel blanco sujetado por unas estructuras de madera oscura, como si fuese la cama de una princesa. Pero había un problema que a ella le preocupaba todavía más que estar desnuda. Y es que no sabía donde debía estar su ropa.
— ¿Yu...Yukito? —preguntó con un hilito de voz, y la cabeza del chico apareció en la rendija de la puerta— ¿D-donde está mi ropa?
— ¡Vamos, Sakura! Nos mudamos aquí hace dos años...
"¿¡D-dos años!? ¿Entonces no debe ser la primera vez que él... me ve así?"
— Por favor... —murmuró, a punto de llorar. El chico lo notó.
— Al fondo —respondió, soltando un gran suspiro— la puerta de la derecha es tu vestidor.
— Al parecer Kinomoto también se casó hace poco tiempo con un hombre algo mayor que ella. Nos envió unas fotos de su luna de miel en Italia.
Syaoran reaccionó, desviando su mirada de los campos que estaba viendo a través de la ventanilla. Si él no había visto a Sakura como a alguien especial, tal vez Yukito, siendo la forma adoptada de Yue, se hubiese enamorado perdidamente de la que iba a ser su futura maestra. Aunque al final él se llevase todas las cartas. Había algunas cosas que debía preguntarle a él, pero no cabía duda de que ahora Sakura ya no se apellidaba Kinomoto.
— Tsukishiro — dijo él, despreocupadamente—. Tampoco hay tanta diferencia de edad.
— Ese, ese mismo. Te enseñaría alguna, pero quisiste borrarlas todas, por que decías que ocupaban demasiado espacio, y que tampoco era una persona demasiado valiosa para ti.
— ¿Yo dije eso?
— Bueno... no. El otro Syaoran.
Él le sonrió levemente. Al parecer sí que se estaba tomando en serio su historia.
— Estoy seguro de que hay alguna foto en mi móvil —murmuró, más para sí que para ella—. Aunque fuese poco valiosa para mí siempre tendría una foto suya, para poder reconocerla de nuevo. Era mi rival.
Sí, al principio lo era. Incluso recordaba su primer encontronazo con ella en el recreo. Su hermano había saltado la valla que los separaba y se había puesto en guardia enseñando sus puños. Desde aquel momento se había ganado todo su odio por mucho, mucho tiempo.
—¡Aquí está!
No le costó demasiado encontrarla. La foto estaba hecha en la Fontana di Trevi (la fuerte de los deseos), de noche, iluminados únicamente por los focos que sobresalían del agua. Ella besaba la mejilla del chico con los ojos cerrados, mientras él sonreía como era característico en él. Algo le aprisionó el corazón. ¿Y si ella realmente no era su Sakura, y vivía felizmente casada con él? ¿Y si era el único que no debería estar en ese lugar?
— Hacen buena pareja, ¿no crees?
— Bueno, sí. Pero él es demasiado alto para ella —Meilin notó cierto resentimiento en su voz—. Ya no estoy tan seguro de querer verles.
— ¡Oye! Ya que hemos viajado hasta aquí no puedes echarte atrás solo por miedo. Si esto es cosa de algún tipo de magia, ella querrá verte también.
Ahora fue Syaoran quien la miró con sorpresa en los ojos. Ella estaba realmente segura de lo que decía.
— Pero...
— Quiero recuperar a mi Syaoran, eso es todo— dijo, como para excusarse, dedicándole una pequeña sonrisa— Tal vez esa criatura alada lo haya notado también, y sepa como devolver todo a la normalidad.
Syaoran se hundió todavía más en su asiento, abatido: "Eso espero..." pensó, cerrando los ojos. No entender nada de lo que pasaba lo ponía realmente nervioso.