Mi primer Fic KiKasa como protas! Soy tan malditamente feliz por ello, que siento que lloraré de la alegría TTwTT No diré nada más y se los dejare a su sabio criterio.

Disfruten la lectura


Chapter I.

El despertador que estaba sobre la cómoda a un lado de su cama, comenzó a tocar aquella molesta y ruidosa melodía, sacando abruptamente a Kasamatsu Yukio del mundo de los sueños, e indicándole el fastidioso inicio de su aburrido y rutinario día.

De pronto, el repetitivo sonido cesó, haciendo que el azabache se encogiese en su cálido lecho, pensando que quizás podría seguir durmiendo unos minutos más. Sin embargo dicha idea solo duro un par de segundos al darse cuenta de un pequeño detalle, el aparato se había apagado, mas él no había sido la causa.

- Buenos días enano dormilón~ - le saludó una alegre y cantarina voz, haciéndolo gruñir por lo bajo - llegarás tarde a clases si continuas comportándote como un vago – le reprendió algo divertido.

Se cubrió la cara con las mantas, convenciéndose fervientemente de que aun estaba medio dormido, pues estaba más que seguro de que vivía solo desde que inició la universidad, por lo que era imposible que alguien le llamara con una voz tan irritante.

- ¡Le-ván-ta-te! – ordenó arrebatándole despiadadamente las cobijas, despertándolo de una vez por todas, y de muy mal humor hay que agregar.

- ¡Que ya estoy despierto maldito imbécil! – Se incorporó fulminando duramente al sujeto a los pies de la cama - ¡Ahora devuélvemelas que hace frío! – trató de abalanzarse sobre aquel rubio, pero antes de poder siquiera tocarlo, este desplegó unas enormes y hermosas alas blancas, elevándose del piso y esquivándolo con gracia.

- Suerte para la próxima pequeñín~ - dijo burlonamente, pero al no darle mucha importancia a su entorno por estar sacando de quicio al azabache, su cabeza dio de lleno contra el techo, cayendo bruscamente sobre la cama – eso duele – sollozó sobándose el chichón que se había formado por el duro golpe.

- Así que no te bastó con ser malditamente ruidoso y meterte con mi altura – tronó sus nudillos, luciendo extremadamente atemorizante para la brillante y ahora, aterrorizada y adolorida criatura – sino que ahora vas y dejas un agujero en mi techo – se levantó rápidamente de la cama, pegando su cuerpo a la pared más cercana – espero que estés preparado para las consecuencias estúpido pájaro.

- E-espere so-solo un segundo, no lo hice con malas intenciones, solo quería despertarlo – vio como Yukio se aproximaba con aura asesina, ignorando cualquier excusa que le lanzara – a-además le he dicho que no soy un ave, sino un ángel, y-y no querrá ser maldecido por golpear a tan pura y noble criatura – mas hizo oídos sordos, tomándolo del cuello de su prenda.

- Alguien tan descarado y pervertido como tu, que no tiene escrúpulos al espiarme mientras estoy en el baño, no tiene derecho de llamarse puro o noble – le reprochó con ligera ironía – y aunque seas un maldito ángel o lo que sea, creo que puedo correr el riesgo – sonrió maliciosamente, mandándole escalofríos al rubio, que solo se cubrió el rostro con ambas manos, ya que al estar contra la pared, sus inmensas alas no tenían la libertad necesaria para moverse y escapar de aquella tétrica situación.

Cualquier persona normal quizás al ver a tan brillante y egocéntrica criatura alada revoloteando por su habitación, habría actuado con mayor recelo e incluso habría salido corriendo sin pensárselo dos veces, pero para Kasamatsu el que aquel ser emplumado estuviese fastidiando sus ya no tan tranquilos y rutinarios días, no le era algo completamente nuevo ni extraño, pues aquella situación había comenzado a vivirla desde hace ya un mes completo.

Flashback

Caminaba completamente exhausto por las transitadas y bulliciosas calles del centro de Tokio, sintiéndose cada vez mas irritado con cada paso que daba, cuestionándose por qué aquel día la diosa de la fortuna había decidido darle la espalda, teniendo lo que se conoce comúnmente como un muy mal día.

A pesar de ser 24 de diciembre, sus amables profesores lo habían elegido como fecha limite para hacer entrega de todos los reportes que habían asignado durante el semestre. Cuando finalmente se habían dignado a liberarlo, su bendita motocicleta no arrancó, por lo que tuvo que optar por regresar a casa caminando, ya que no le quedaba ni un maldito centavo al haber perdido su billetera en quien sabe que momento.

Lo único que deseaba era llegar a su hogar para descansar y acabar con tan fatídico día, pero los tumultos de gente que se formaban en las concurridas calles solo atrasaban su paso, alimentando la furia que en él crecía.

No podía comprender el por qué las personas se colocaban así de eufóricas en un simple día de fiesta. Él vivía solo y le era completamente indiferente aquel asunto de comprar miles de cosas inservibles para gente que seguramente jamás las utilizaría, simplemente por el hecho de regocijarse en su propio ego al creer que lo hacían por amabilidad y cariño.

No es que fuera un asocial que estaba en contra de toda festividad y no convivía con la humanidad, pero nunca vio aquella celebración como algo importante o mágico, quizás para los niños seria una época especial, pero para Yukio era todo lo contrario, era una festividad que le disgustaba, que le guardaba un enorme rencor.

Estaba sumido en sus pensamientos, recordando si tendría algo para comer en casa, cuando algo llamo abruptamente su atención. El sonido de una explosión y gritos aterrados llegó hasta sus oídos. Luego una multitud de gente despavorida corrió hacia su dirección, empujándolo y casi botándolo al piso. Con dificultad logró hacerse a un lado, buscando exhaustivamente el porqué del pánico.

Lo primero que pudo visualizar fue el humo de un enorme camión que se había estrellado en la entrada del centro comercial, pasando a llevar el enorme pino decorado que allí había, y el cual comenzaba a balancearse peligrosamente. Por suerte el lugar ya había sido totalmente evacuado… o eso creyó.

En medio de ese desastroso accidente yacía una pequeña de no más de cinco años, mirando en todas direcciones, llamando por una mamá que no daba señales de estar cerca. El terror lo llenó cuando contempló que los últimos cables que sostenían al árbol navideño se cortaban, inclinándose en dirección a la niña. Sin dudarlo corrió dando enormes zancadas, empujando a la niña para que no fuese aplastada por el gigantesco pino.

- "Que ironía, morir bajo un pino navideño en la víspera que tanto detesto" – pensó casi divertido tirado en el piso, ya incapaz de moverse, sintiendo aproximarse el inminente final.

- ¡YUKIO!

Un desesperado grito rompió sus pensamientos mientras se entregaba a los fríos brazos de la muerte, para luego sentir que efectivamente algo, o mejor dicho alguien, lo envolvía en un cálido abrazo, haciéndolo rodar por el piso, y sacándolo de allí antes de ser aplanado por el dichoso árbol.

Desorientado y aturdido, abrió los ojos perezosamente, viendo el enorme objeto tumbado a su lado y no sobre él, un poco más allá a la pequeña que no paraba de llorar, un poco sucia por la caída al ser empujada, mas completamente ilesa. Inconscientemente sonrió, aliviado de que al final todo resultase bien.

Un suave sollozó atrajo su atención, el cual claramente no era el fino y desesperado de la pequeña, este se oía aun más cerca, como si estuviese alguien encima llorando. Unas cálidas gotas cayeron en sus mejillas, despertándolo de una vez de su trance y haciéndolo girar el rostro, sorprendiéndose al cruzar la mirada con la cristalizada y dorada del rubio sobre él.

- Menos mal – trataba de secar las lágrimas que sin control descendían por su fino y pálido rostro – no sé que hubiese hecho si algo malo llegase a pasarte – sonrió con amargura, hipeando de vez en vez – te suplico que no vuelvas a darme un susto así – se restregaba los ojos con torpeza, ordenándose a calmarse pues nada malo le había ocurrido.

Kasamatsu simplemente quedó perplejo, no comprendía su reacción, estaba seguro que no conocía a ningún rubio tan hermoso como él. Pero al verlo llorar con tanta tristeza, no pudo evitar que su corazón se contrajera dolorosamente dentro de su pecho. Incorporándose levemente, estiró su mano lenta y tímidamente, colocándola sobre aquel sedoso y dorado cabello, revolviéndolo gentilmente.

- Estoy bien, así que deja de llorar – este lo miró al sentir el repentino contacto en su cabeza, y Yukio le sonrió para darle un poco de tranquilidad.

- Como me dices que no llore cuando estuviste a punto de morir frente a mis ojos – le regañó disgustado – siempre eres tan malditamente impulsivo e imprudente, terminaras matándome de un infarto uno de estos días – se quejaba como si lo conociese de hace años, haciéndolo sentir incómodo, pues estaba seguro de que no era así – pero estoy feliz de que estés a salvo – esbozó una dulce y aliviada sonrisa, avergonzando al azabache que ya no podía soportar más la situación.

- Se que esto se oirá raro después de todo esto pero…- se rascó lo mejilla, desviando la mirada nervioso antes de enfrentarse a la dorada del chico - ¿nos conocemos o algo así?

Lo contempló unos instantes en silencio y confuso, luego su mirada cambio repentinamente a una de indignación, intimidando un poco a Kasamatsu al no saber el porqué de su molestia.

- ¡Por supuesto que si, soy tu...! - calló repentinamente, frenando toda queja y llanto, luciendo impactado por un hecho que acababa de notar – t-tú… ¿pu-puedes verme? – arqueó una ceja ante la obviedad de su pregunta.

- ¿Acaso no debería? – cuestionó burlón, extrañado de la confusión del sujeto.

- Pues no – respondió colocándose de pie, mirando con terror en todas direcciones, como si hubiese pasado algo muy malo – un humano no debería ser capaz de ver a su ángel guardián – murmuró pensando con desesperación en que hacer.

- Creo que en vez de preocuparte tanto por un desconocido, deberías ir a chequearte esa loca cabeza tuya – espetó desganado también levantándose.

- No eres ningún desconocido Kasamatsu Yukio – dijo serio, plantándose firmemente frente suyo – y mucho menos estoy loco.

- ¿Có-cómo sabes mi nombre? – Sonrió altivo, disfrutando secretamente aquel semblante de absoluto pánico - ¿Quién rayos eres?

- Mi nombre es Ryouta, y como dije antes, soy tu sensual ángel guardián – y antes de que Yukio pudiese decirle algo, golpearlo y demandarlo por acoso y demencia, el auto proclamado ángel extendió un par de enormes, blancas, esponjosas y bellas alas, congelando al reacio azabache - ¿me crees ahora? – preguntó con sarcasmo, pues por la expresión estupefacta del sujeto, las dudas que le rondaban seguramente no serian ya acerca de su identidad.

Fin Flashback.

Masajeó con fuerza su entrecejo mientras que con la otra llenaba una taza con café, esperando que el amargo y caliente líquido lograra quitarle no solo el sueño, sino también el intenso dolor que martillaba su cabeza tras la temprana discusión con el rubio ángel, quien ahora estaba acomodado en el sofá de la sala, abrazado fuertemente a sus piernas, sollozando ruidosamente.

Acomodándose silenciosamente a su lado, le ofreció la otra taza que había llenado, esperando pacientemente hasta que Ryouta finalmente la cogió al sentir el inminente peligro si seguía ignorando al temperamental azabache.

- Quieres dejar de estar enfurruñado, es molesto – le dio un sorbo a su café, empezando a componerse poco a poco – deberías estar feliz de que no golpee tu feo rostro.

- Te enojas demasiado rápido senpai – refunfuñó observando el oscuro líquido – no entiendo como un enano como tu tiene una fuerza tan bruta, y mi rostro no es feo.

- Creo que no reflexionaste en absoluto sobre tu comportamiento anterior – aseveró mirándolo de reojo, frunciendo ligeramente el ceño, seguramente nunca dejaría de burlarse de su altura y carácter, sin importar cuantas veces lo castigara por su osadía.

- Pero que te gusten las cosas dulces definitivamente es un punto a favor – halagó esperando calmarlo aunque fuera un poco, finalmente dándole un sorbo al azucarado brebaje – hace resaltar ese lado tan lindo y adorable que tienes, senpai – un tierno sonrojo involuntario adornó las mejillas de Kasamatsu, haciéndolo reír entre dientes.

- Deja de decir tantas babosadas idiota – intentó concentrarse en terminar su café, apaciguando así la vergüenza que le provocaban aquellas típicas palabras del ángel, las cuales aun no estaba acostumbrado a oír.

- No tienes que apenarte – con su índice comenzó a picar suavemente una de sus mejillas – solo estoy señalando lo obviamente lindo que es senpai – apartó su dedo con un suave golpe, sintiendo sus cara aun arder.

- M-me he estado preguntando esto hace rato, pero por qué sigues insistiendo en llamarme senpai – cambió bruscamente el tópico, esperando así poder dejar de ser avergonzado por el rubio – ni siquiera eres humano, y estoy seguro de que eres mucho mayor que yo, aunque seas tan malditamente infantil – Ryouta llevó ambas manos a su rostro, mirando con terror al azabache.

- Dice que a pesar de mi innegable belleza luzco mucho más viejo que usted… - murmuró verdaderamente estupefacto.

- ¿Insinúas algo estúpido canario?

- Absolutamente nada.

- ¿Entonces?

- Pues toda la gente que te rodea te respeta mucho y siempre te llaman senpai… así que yo también quería intentar llamarte así ya que también te respeto y admiro – juntaba sus índices de manera inquieta, rehuyendo de la mirada del azabache - ¿no puedo? – alzó la vista con temor, acumulándose las lagrimas en la comisura de sus ojos, amenazando con caer ante el mas mínimo rechazo, no dejándole otra opción al acorralado Kasamatsu.

- Ha-haz lo que quieras – cedió ya sin ser capaz de mirarlo directamente, enternecido y molesto por el gesto manipulador del ángel.

- En verdad eres muy lindo – estiró su mano con intenciones de acariciar el sonrojado rostro de Yukio, mas este se levantó del sofá, dirigiéndose a la entrada y cogiendo su bolso que estaba tirado ahí.

- Lo que sea, yo me largo – se colocó sus zapatillas, listo para marcharse y huir de la vergonzosa escena que seguiría, sin embargo Ryouta fue más rápido, estando parado ya detrás de él cuando abrió la puerta.

- Ten cuidado y que tengas un muy maravilloso día, senpai~ - le despidió con una brillante sonrisa que deslumbró al azabache.

Solo fue capaz de agitar su mano, apenado de que la excéntrica criatura siempre lo despidiera o le diera la bienvenida con tan enorme y gentil sonrisa, como sí fuese lo más normal del mundo. Pero por muy embarazoso que fuese todo eso, el sentimiento de tener a alguien esperándole no era del todo desagradable, es más, llenaba su pecho con una cálida y agradable satisfacción y alegría.

- Tan adorable~ - masculló embobado una vez estuvo solo en el departamento.

Pero rápidamente esa enorme expresión de júbilo pasó a ser una de amargura, contemplando aquella mano que nuevamente había fallado al querer tocar la suave y tibia piel del terco y temperamental sujeto, que lo traía completamente encantado.

- Me pregunto cuanto durará esto.

Era feliz, de eso no había duda alguna, el chico lo había aceptado demasiado rápido que incluso aquella convivencia parecía un sueño, pero sabía que dicha felicidad no duraría por siempre, no cuando había roto las reglas cuando torció el destino de Kasamatsu, solo era cuestión de tiempo para que el peso de las consecuencias de sus actos comenzaran a caerle encima.

- Muy bien – golpeó su rostro con ambas manos, alejando tan deprimentes pensamientos, pues de nada servía preocuparse por algo que todavía no sucedía – será mejor que yo también me vaya – y dicho esto, abrió la ventana más cercana, saltando fuera y alzando majestuosamente el vuelo, dirigiéndose velozmente hacia su destino.


No se preocupen si no entendieron ni madres, porque ese es el chiste xD Pero tranquilos que me aseguraré de resolver todo, a no ser que olvide aclarar una u otra cosa, pero lo dudo :)

Muchas gracias por darle la oportunidad y paciencia, que quizás tarde pero actualizare, se los prometo ^^

Nos leemos en la próxima
bye bye