Lost Canvas y Saint Seiya son de Shiori Teshirogi Y Masami Kurumada.

Nunca fui buena, para escribir finales. Pero ustedes opinen que tal quedo.

Al fin, justicia.

-El auto registrado con esa patente-Sorrento se presentó con una planilla- pertenece a una mujer…-Manigoldo y Saga prestaron atención a la sonrisa de triunfo que se formó en los labios de Sorrento- pero a que no adivinan, quien fue su anterior dueño.-Les tendió las planillas. Saga se las arrebato de las manos.

Nombre: Grifo, Minos Josep

Los ojos de Saga, releyeron una y otra vez el nombre. Sentía el corazón palpitarle a gran velocidad, nunca antes creyó que se encontraría con semejante información.

-Kanon… debió de haber notado que le perseguía y debió de anotar la matricula…-El joven se apoyó en una de las mesas de trabajo.- Kanon siempre fue de leer libros policiales y todo lo allegado. Quiso enviarme el mensaje, pero le fallo y no lo logro… Hace 10 años, ese mensaje le hubiera salvado la vida…

-Ahora, puedes darle justicia a su muerte.-informo Manigoldo, el fax comenzó a sonar y tomo la hoja- De laboratorio… El ADN encontrado bajo las uñas de Ángelo, fue verificado con las fuentes de base de datos…

-¿Y?-preguntaron los otros dos. Manigoldo les mostro la hoja. Había dos graficas que mostraban los puntos de coincidencia- Cuando le pasaron por los archivos militares… Coincidió con alguien.

-Grifo…-soltó Sorrento, cuando leyó el resultado- 99,9% de compatibilidad. Ya tenemos una segunda prueba…-una sonrisa se formó en los labios del chico- Ya lo tenemos… Tenemos al asesino…-De los ojos de Saga, comenzaron a caer lágrimas. Luego de 10 largos años, tenían al asesino de su hermano.

-Te… tenemos que llevar… eso a fiscalía… para que el juez nos…nos… de la orden.-informo Saga, que no daba más de su emoción.

Oficinas del ejército, Una hora después.

-¿Mayor Minos Grifo?-pregunto un policía, Minos miro al hombre que interrumpía su café.

-Sí.-dijo secamente, su secretario y cualquier otro que estuviera cerca le miraban curioso.

-Nos tiene que acompañar.-le dijo el hombre en un tono helado. Minos controlo sus facciones y asintió sumiso.

-¿Se puede saber la razón?

-Por asesinato de 12 personas. Once civiles y un militar-le dijo el policía, en un tono sumamente helado.- ¿satisfecho?-Todos comenzaron a rumorear a su alrededor. Minos no era capaz de creer lo que escuchaba.

-¿Qué ha dicho?-pregunto tratando de controlar su voz.

Hospital.

-Camus…-Saga miro al chico, que se refregaba las vendadas muñecas con aire ausente.- ¿Camus?-el joven le miro, para hacerle entender que le escuchaba.

-Hijo…-Degel miro al chico.- ¿crees que puedas hacer lo que Saga te pide…?-el chico asintió, sin pronunciar palabra alguna. Saga coloco cinco fotos delante de Camus, el chico tomo solo una apenas el joven la deposito frente a él.

-Es él.-le dijo, pareciera que esos dos monosílabos costaran ser pronunciadas. Saga miro la foto del Mayor Minos Grifo y evito que se formara una sonrisa de triunfo en sus labios. Ángelo, había dicho que no recordaba el rostro de la persona que le había atacado. Que no había prestado atención en ese momento. Pero el chico, había ayudado mucho al realizar ese pequeño rasguño. ADN, bajo tres uñas del chico. Una prueba irrefutable.

Sala de interrogatorio, Departamento de investigación. Tres horas después.

-¿Crees que puedas?-Por primera vez, desde que había tomado el caso, su jefe pareció caer en la importancia sentimental que este tenía para Saga.- es el presunto asesino de tu hermano…

-Podre hacerlo, no se preocupe.-informo Saga, mientras le indicaba a Sorrento que le siguiera.

Interior de la sala de interrogatorio.

Minos permanecía de lo más tranquilo, con un semblante ligeramente aburrido. Vio entrar al gemelo y al otro detective. Por poco y se le escapa una risa llena de burla. Una de sus posibles víctimas de antaño, le atrapo.

-Ante todo-Saga le miro- le informo, que las pruebas en su contra son irrefutables. Sabemos, que fue usted.

-¿Esa es la forma que usan ahora para romper el hielo?-pregunto el hombre sereno.

Laboratorio.

-La mancha oscura que encontraron. Era saliva reseca-informo la encargada de laboratorio, mientras le tendía el resultado a Manigoldo- fue difícil, pero aparte de ADN había rastros de Diazepam.

-Esa es la droga que mezclo en su bebida…-informo el hombre, mientras ojeaba el resultado.-gracias…

-De nada-la joven vio al criminólogo retirarse.-Ojala que sirva para atrapar al perro-murmuro la joven.

Interior de la sala de interrogatorio.

-¿Y?-Minos miro a Sorrento y Saga, el militar tenía las muñecas esposadas- ¿Acaso quieren que les aplauda?

-¿Disculpe?-Sorrento intercambia una mirada con Saga- ¿Qué quiere decir con eso?

-Me atraparon… Lo reconozco-Miro a Saga a los ojos- yo mate a tu hermanito…-sonrió con ligera burla, mientras Saga apretaba el puño.- Y de no ser por que Kardia comenzó a llevar a Milo, a las oficinas, tu hubieras seguido su mismo camino…-El joven le miro estupefacto- sí, lo que estás pensando es correcto.

-Venias planeando el asesinato de Milo… ¿desde que era un niño?-Minos amplio su sonrisa- ¿Por qué?

-¿Acaso no viste el color de ojos de Kardia?-los hombres se miraron no entendiendo la pregunta- Nunca escuchaste que el alma, se expresa a través de los ojos…

-¿Lo mataste por que tenía el color de ojos de Kardia?-pregunto Sorrento, no siendo capaz de creer lo que oía.

-¿De que color son los ojos del detective Géminis?-le pregunto con una ladina sonrisa a Sorrento.

-Verdes.-informo el joven automáticamente.

-Estás equivocado.-le dijo Minos, con una expresión seria – sus ojos son Jade. Se los agrupa erróneamente con los verdes. Pero el color correcto es jade.-Sorrento miro las fotos de las víctimas, mirando atentamente a los ojos de estas. Se notaba las diferentes gamas de colores.

-Por qué… Les hizo eso…-Sorrento miro a Saga, que había cerrado los ojos.

-Para ver sus almas… Ojos de colores anormales, almas anormales…-comento el hombre como si fuera lo más sencillo del mundo.- ni te imaginas como se veían esos ojos… Siempre brillaban, hasta que un momento, se apagaban los brillos y bueno…-hizo un gesto como si restara importancia al final de la oración.

-Les matabas… ¿Por qué sus ojos no "brillaban"?-Saga le dedico una mirada llena de rabia.- ¿Por les elegiste?

-Porque tenían el mismo color de ojos que sus padres.-informo con una tranquila sonrisa.- es más difícil secuestrar un adulto, que un adolescente-embozo una sonrisa burlona.- por qué crees que fui por los hijos, en vez de por ellos. Los chicos, eran más fáciles.

-¿Acaso los padres te hicieron algo?-pregunto Sorrento, tratando de controlar su timbre de voz.

-No. En teoría NO.-informo burlón- En la práctica, SÍ.

-¿Qué?-pregunto Saga, quien sentía la sangre hervirle.

-Había un chico, Albafica Pisco, era de mi interés… -embozo una helada sonrisa.- le convencieron de dejar el ejército, porque se sentía intranquilo, por causa de un instructor.-Los hombres contuvieron la sorpresa- tenía unos ojos de un azul cobalto… Difíciles de encontrar…

-¿Por eso… secuestro, torturo y mato a esos chicos?-Pregunto Sorrento, que veía los nudillos de Saga ponerse blanco por la fuerza que ejercían sus puños cerrados- ¿porque sus padres convencieron a un chico de dejar el ejército?

-No, les mate. Por qué me aburrieron. –Informo con total calma, como si estuviera hablando del clima- Quería ver sus almas, expresarse a través de sus ojos… Cuando esa posibilidad, se volvía nula… Tenía que desecharlos, como las pequeñas basuras que eran.-Sorrento sujeto a Saga, que se lanzó sobre el interrogado. Ya había escuchado bastante, si le volvía a ver mover esa lengua viperina le asesinaría.- Tú hermano… ¿Cómo era que se llamaba?-fingió hacer memoria, mientras Sorrento amedrentaba las intenciones de Saga.- ¿Kanon?-pregunto, con fingida duda. Ver como alteraba al detective era sumamente placentero- que chiquillo tan hermoso… Me arrepentí luego de matarle.-informo sereno, Saga se lo quedo mirando desconcertado ¿Se arrepentía de haber matado a Kanon?- me arrepentí… de no habérmelo llevado a la cama antes de enroscarle tres veces la soga…-comento con total tranquilidad. Saga, volvió a ser sujeto por Sorrento. El más chico, de estatura, temía que el otro ahorcara al prisionero.- o si… toque a tu hermanito, varias veces…-comento con una amplia sonrisa- tenías que verlo gimotear como niña y gemir al mismo tiempo… -los ojos de Saga fueron poblados por una inmensa rabia.- No lo torture, solamente, esos siete días… Fue una bonita experiencia, tu hermano era un pobre crio virgen… Les estuve vigilando por mucho tiempo…-informo con una amplia sonrisa. –sin duda, debí haberlo hecho mío antes de matarle…

-Bastardo…-gruño Saga entre dientes, mientras dos policías entraban y le hacían salir. Dado que ponía en riesgo la vida del interrogado. A pesar que, los policías, preferían que le matara a golpes. No podían darse ese placer.

-¿Toco a otras de sus víctimas?-pregunto Sorrento, en ninguno de los informes forenses. Figuraban los abusos… Tal vez, estos pasaron desapercibidos para los médicos.

-Si-se pasó la lengua lascivamente, por los labios- Defteros Géminis, Shun Kido, Aioros Sagitarius, Hyoga Cignus y Milo Escorpión… -al pronunciar el ultimo nombre amplio su sonrisa libidinosa- fue una lástima, que Milo todas esas veces estuviera inconsciente… -Sorrento atravesó con la mirada al sujeto.

-Qué pena, que no exista la pena de muerte en este país…-soltó el joven, antes de comenzar a salir.

-Qué pena, que no seas hijo de ninguno de ellos-comento Minos, mientras cerraba los ojos- te veías muy bien en las fotos que te saque de crio…-el joven se detuvo- Eras compañero de los gemelos, admito que te tuve como opción… Pero solo, como opción de sexo de fin de semana…-el joven, sintió que la sangre se le helaba- te veías muy bien con tu uniforme escolar… Varias veces, mientras vigilaba a tus amigos… Fantasee que te lo quitaba y luego te poseía… No importaba el lugar, lo único que importaba… Era verte...

-Cierra el pico-fue lo único que dijo Sorrento, cortando con el palabrerío de Minos, antes de salir de ese lugar.

Despacho de Saga.

Sorrento entro al despacho de Saga, vio que este le daba varias caladas nerviosas a un cigarrillo. Tomo el paquete de cigarrillos, del escritorio, saco uno y lo encendió. Saga le miro un tanto sorprendido. Si había algo que Sorrento odiaba, eso era el humo de cigarrillo.

-¿Qué sucedió?-Pregunto en un tono preocupado…

-Nada.-dijo el hombre cortante- nada, paso… SOLO QUE QUIERO ROMPERLE LA CARA AL INFELIZ.

-Ya pagara…-Saga le miro- con todo lo que hay en su contra… Lo pagara. Además ha confesado ser el asesino.-Saga apago el cigarrillo- ojala, que le maten en prisión… No le importo, matar a esas personas… Lo hizo porque así se le antojo. Todo, porque nuestros padres convencieron a un chico de dejar el ejército… -Miro a Sorrento con ojos llorosos- les mato, porque sus ojos eran iguales a los de nuestros padres… Les mato, porque para él matarles era como matar a nuestros padres.

-Mato a esos padres, cuando mato a esos chicos…-susurro Sorrento.- Solo mira a Kardia, no se ha derrumbado porque es fuerte… Pero, por dentro está muerto. Murió, cuando su hijo lo hizo.

Casa de Saga.

Luego de ese agotador día, Saga por fin llego a su morada. Había vivido toda su vida en ese lugar. Su padre, se había mudado, pero él siguió en esa casa. Ahora, ese lugar se le hacía inmensamente grande para él solo. Luego de comer, sin mucho entusiasmo, cada porción de comida le sabía a cenizas y la bebida le parecía agua estancada. Decidió darse una ducha, para tratar de espantar la tenebrosa información que recibió ese día.

Luego de la ducha, que solo sirvió para que su mente le atormentara, se acercó al botiquín del baño y saco un pequeño frasquito naranja. Se metió una pastilla en la boca y le trago con un poco de agua. Esa noche, no quería soñar… No quería escuchar a su cabeza, no quería escuchar a nadie. Se acercó a su cama y se dejó caer en ella. Al poco tiempo, su mente dormitaba.

-Saga. Gracias. Pronto seré libre…

El hombre abrió los ojos de golpe, se sentó en la cama y prendió la luz del velador. Estaba solo, no había nadie más en esa habitación. Observo su aliento, este formaba vapor cuando abandonaba la seguridad de sus labios. "Cuando hace frio, en una habitación, ellos están presente"… ¿Kanon estaba ahí?

-Perdóname, aunque digas que no mi culpa, perdóname… Por tardar en obtener la justicia… Perdóname, por hacerte esperar tanto.-El hombre se dejó caer en la almohada.-Perdóname, por estos diez años de espera…

Dos meses después.

-El jurado. ¿Puede leer su veredicto?-pregunto el juez, en un tono helado. Minos, permanecía sumamente calmado en el banquillo de los acusados.

-Sí, su señoría.-informo el presidente del jurado.

-Proceda-ordeno el juez.

-Con respecto al secuestro, privación ilegítima de la liberta, tortura, abuso y posterior asesinato del soldado Defteros Géminis. Se encuentra al acusado culpable.

Base.

Defteros caminaba entre las camas, en las barracas, vigilando el sueño de los jóvenes cadetes. Cuando sintió que alguien le llamaba a sus espaldas. El joven se dio vuelta lentamente, mientras una pequeña sonrisa se formaba en sus labios.

Tribunal, Palacio de Justicia.

- Con respecto al secuestro, privación ilegítima de la liberta, tortura, abuso y posterior asesinato de Shun Kido.-volvió a recitar el hombre- este jurado encuentra al acusado: Culpable.

Plaza.

Shun se columpiaba despreocupadamente, en uno de los tantos columpios esparcidos en esa plaza. Para la gente, ese columpio siempre se movía solo. Hubiera o no viento.

-Shun…

El chico miro sobre su hombro, respondiendo el llamado, para luego levantarse de lugar donde por diez años había permanecido esperando.

Tribunal, Palacio de Justicia.

- Con respecto al secuestro, privación ilegítima de la liberta, tortura y posterior asesinato de Shiryu Librias.-volvió a recitar el hombre- este jurado encuentra al acusado: Culpable.

Casa de los Librias.

En una casa, con diseño oriental, un joven permanecía sentado bajo un cerezo. Desde hacía años, el joven mantenía esa postura de meditación. Escucho como una calmada y armoniosa voz pronunciaba su nombre. Levanto la mirada respondiendo al llamado.

Tribunal, Palacio de Justicia.

- Con respecto al secuestro, privación ilegítima de la liberta, tortura y posterior asesinato de Shura Capricornet.-comenzó el hombre el hombre- este jurado encuentra al acusado: Culpable.

Sala de Esgrima, Club.

Shura observaba el silencioso salón donde por años había practicado Esgrima. La gran mayoría de sus buenos recuerdos, se hallaban entre esas cuatro paredes. Detrás del cristal de una espaciosa y muy abastecida vitrina, se encontraba el último trofeo ganado y una foto suya. Su padre, quien enseñaba en ese lugar, había colocado la foto con aprobación de todos los practicantes y autoridades. Escucho que alguien pronunciaba su nombre. Miro por última vez la vitrina y el lugar que tan buenos recuerdos había presenciado, y otorgado, para luego acudir al llamado.

Tribunal, Palacio de Justicia.

- Con respecto al secuestro, privación ilegítima de la liberta, tortura y posterior asesinato de Aioros Sagitarius.-comenzó el hombre el hombre- este jurado encuentra al acusado: Culpable.

Casa de Sagitarius.

Aioros miro por última vez a sus familiares, su hermano menor, se había visto obligado a quedarse en la casa y observar el juicio por la televisión. Solo pasaron unos micro segundos, entre las palabras y el estallido en llanto del (ahora no tan) pequeño Aioria que se hallaba sentado en el sillón.

-Por fin pagas, hijo de puta.-soltó el adolescente entre llanto. Aioros sintió que le llamaban, miro hacia la puerta de entrada y acudió a está respondiendo el llamado.

Casa de Saga.

Su presencia, ese día no era necesaria en el tribunal. Por lo cual había decidido mirarlo todo desde su casa. Sentado cómodamente en el sillón de dos cuerpos, Saga observaba la televisión y escuchaba con aire ausente las sentencias y veredicto. A su lado estaba sentado Kanon, a pesar que no le pudiera ver. Saga sentía la presencia de su hermano, la había comenzado a sentir apenas el aire se enfrió.

-Ya eres libre…-susurro Saga, cuando el presidente del jurado anuncio el veredicto con respecto a la muerte de Kanon.

-Siempre seremos hermanos… Te quiero y te voy a extrañar… Nos veremos, de nuevo… En algún momento.-susurro Kanon, antes de acudir al llamado que provenía desde el umbral que daba acceso a la sala.

De los ojos de Saga, cayeron lágrimas… Había escuchado esas palabras. Su padre, sentado en un sillón individual, se levantó de su asiento y acudió junto a su hijo mayor.

-Ya, Kanon… Ahora descansara.-le susurro Aspros, a su hijo mayor. Quien se desarmaba por las lágrimas, al igual que su padre.-por fin, descansara…

Casa de Milo.

Cada vez, que se pronunciaba esa palabra. Los jóvenes, quienes se habían visto atrapados en el plano de los vivos. Escuchaban el llamado, que les llevaría al fin al descanso eterno.

Degel, Camus, Ángelo, Manigoldo y Kardia miraban el televisor. Esperando escuchar la única sentencia que realmente era de interés para ellos. Kardia no había querido ir al tribunal, no podía estar en el mismo lugar que ese sujeto. No luego de enterarse que había abusado de Milo. Aparte de matar a mi hijo, te atreviste a tocarle… Perro infeliz, ojala que te las corten en prisión. Pensó el hombre, mientras miraba la televisión.

- Con respecto al secuestro, privación ilegítima de la liberta, tortura, abuso y posterior asesinato de Milo Escorpión-comenzó el presidente del jurado, para luego hacer una pausa que les pareció eterna.- este jurado encuentra al acusado: Culpable.

Ángelo miro a Milo, quien estaba sentado junto a los pies de su padre, dado que todos los sillones estaban ocupados.

-Ya es hora de que descanse…-susurro Manigoldo, mientras se levantaba y ponía una mano en el hombro de Kardia. Como señal de absoluto apoyo. El hombre, sintió los ojos anegarse de lágrimas. Su hijo, por fin dejaría de ser un alma en pena. Por fin, tendría el merecido descanso…

-Ángelo….-El chico miro a su amigo, eso no paso por alto a los restantes hombres. Ángelo vio que su amigo se levantaba y miraba algo en el umbral de la sala. –Ni la muerte, es capaz de acabar con nuestra amistad… Amigos, por toda la eternidad.-Milo le regalo una sonrisa a su amigo.-Manigoldo… gracias…

-Amigos, por toda la eternidad -repitió Ángelo, para luego largarse a llorar. No quiso mirar atrás, cuando Milo pasó a su lado respondiendo un llamado que solo él había escuchado. Su amigo, al fin descansaría en paz… Se iría, pero siempre serian amigos. Milo, siempre viviría en sus recuerdos. Recuerdos que siempre atesoraría.

Fin.

Perdonen, por no describir todas las escenas de la lectura del veredicto. Me pareció que sería muy repetitivo y por eso describí el juicio hasta ese punto...

Espero que el final haya sido de su agrado. Y antes que me preguntes, la condena máxima es reclusión perpetua. En otras palabras, el Minos de esta historia, fue condenado a 12 cadenas perpetuas. Una por cada víctima.

Gracias a todos por leer y seguir esta trágica historia.

Lobunaluna.