Disclαimer αpplied.
Responsabilidαdes
VI
Por el cαmino lαrgo
(I)
Al principio, cuando llegó por primera vez a aquella tierra, Amestris no le gustó. Sentía cómo la energía de cientos de personas se arrastraba bajo sus pies, y aquella sensación desagradable aún la recordaba después de varios años.
May Chang le sonrió a la niña de pelo negro recogido en dos coletas que se echó a correr cuando la vio, soltándose de la mano de su madre. Era la primera vez en casi dos años que la veía e incluso así parecía recordarla.
—¡Bienvenida, tía May! —exclamó la niña llena de alegría y la abrazó.
—¡Aphril! ¡Estás enorme!
La madre de la niña se acercó a ellas con una pequeña sonrisa aleteando en sus labios y la saludó con una breve reverencia.
—Bienvenida, princesa. Su Excelancia la espera —dijo Riza, y May pudo ver en el fondo de los ojos de la mujer un «nosotras hablaremos más tarde».
Durante el gobierno del führer Grumman y principios del de Mustang, el embajador de Xing había sido el viejo Shaoran Xi, mientras que ella se dedicaba a entrenar a Alphonse Elric en el arte de la purificación y colaboraba con Amestris en algunas ocasiones, como la vez que adiestró a unos enviados del ejército en técnicas de regadío para Ishval. Sin embargo, casi siempre se mantenía al margen, mientras terminaba de forjar una estrecha relación con Alphonse que a la postre los llevaría a contraer nupcias. Hasta el día en el que Xi decidió retirarse a vivir el resto de su vejez en su tierra natal, y el emperador decidió que ella sería la nueva embajadora.
El tiempo hizo que las relaciones con su hermano y con el resto de los clanes en general mejoraran, por le aceptó el cargo sin ninguna queja. Y ahora se encontraba de vuelta en Amestris, la tierra de su Alphonse, y tan cargada de recuerdos.
El fürher la recibió en el despacho de su casa, y ni siquiera lucía el uniforme que le correspondía a su cargo, sino que llevaba un traje oscuro y corbata, casi como un civil. La saludó y la invitó a sentarse en uno de los sillones de cuero frente a su escritorio.
—Perdone la informalidad, princesa —se excusó—, pero como puede ver es domingo y no quería dejar de recibirla solo por ser fin de semana.
—No se preocupe, Su Excelencia. Llegué a buen tiempo porque así pude ver a Aphril. —Sonrió—. A Alphonse le encantará saber lo bien que está.
En el rostro de Roy Mustang se dibujó una sonrisa que May reconoció como de orgullo.
—Cumplió seis años hace un mes. Acero y su familia estuvieron aquí esa vez.
May lo sabía; Winry les había escrito para comentarles la novedad poco después, y Alphonse se había encargado de enviarle un regalo por correspondencia.
—Por ahora es mi invitada, princesa. Cuando el señor Xi desocupe la casa del embajador podrá instalarse ahí junto con Al. En unos días será la ceremonia de entrega de mando frente a toda la ciudad.
—Muchas gracias, su Excelencia —contestó ella levantándose del sillón y dedicándole una reverencia a Roy—. Alphonse llegará mañana y le hace saber que está sumamente agradecido con usted.
Roy, sin embargo, negó suavemente con la cabeza.
–No, princesa. Quien está agradecido soy yo —y antes de que ella pudiera replicar, añadió: —. ¿Recuerda el Día Prometido? Aquel día usted estaba buscando la piedra filosofal en medio del caos y a Riza le cortaron el cuello. Se estaba muriendo. —Parecía que a Roy le costaba recordar aquel día—. Entonces tú… usted detuvo la hemorragia y ella abrió los ojos.
»Renunció a la oportunidad de obtener la piedra para salvar a una inocente que se estaba muriendo. Gracias.
Se le había formado un nudo en la garganta. En aquel entonces actuó por impulso, porque no quería ver morir a nadie, y porque la habían criado para entender el valor de una vida. Así se lo dijo al fürher, pero este volvió a negar con la cabeza y caminó hasta la ventana de su despacho. A través de ella se podía ver a Aphril corriendo detrás de un perro viejo que, a su vez, parecía perseguir a una mariposa.
—Veo que no entiende, princesa. Aquel día hizo algo extraordinario por mí. Si usted no hubiera curado a Riza yo no sería capaz de ser tan feliz como lo soy ahora. Mire —señaló a Aphril, que era recogida por su madre del pasto donde había caído—: esto es gracias a usted.
El nudo en la garganta era cada vez más grande. Le dedicó una nueva reverencia a Roy y pidió permiso para retirarse a sus habitaciones.
—¿Cómo es que nunca lo había pensado así? —susurró para sí.
Y pudo jurar que, como a los doce años, las lágrimas se le deslizaban libremente por las mejillas.
—*—
Un país militarizado desde el momento de su nacimiento era uno muy difícil de corregir. La milicia estaba tan naturalizada en el pueblo, que si un destacamento militar no existía en una ciudad, por más pequeña que esta fuera, era un pueblo casi fantasma, ilegal. Incluso para el mismo Roy pensar en una democracia era extraño. Sin embargo, sabía que era lo correcto.
El viejo Grumman había empezado el trabajo con el congreso, dándole suficiente poder como para tomar decisiones importantes para el país, pero siempre acompañado del poder de fürher. Ahora, con Grumman retirado, era su tarea continuar con la democratización del país.
—Será un proceso largo, señores —les dijo a los miembros del consejo—. Amestris tiene cuatrocientos años y cincuenta millones de habitantes. Entrar en el corazón de tantas personas y desarraigar a la milicia será probablemente lo más lento y difícil de lograr.
—¿Por qué desmilitarizar el país en primer lugar, señor? ¿No perderá poderes usted también? ¿Qué va a pasar con la milicia entonces?—preguntó el general Odair, y Roy estuvo a punto de lanzar un suspiro. El viejo general parecía haberle cogido algo de tirria desde su fallida elección como fürher y no perdía oportunidad de ponerle el palo a la rueda.
—No se trata de una cuestión de poder, general Odair. Si llegara el día en el que tuviera que renunciar para que otra persona elegida por el pueblo ocupara mi lugar no dudaré ni un segundo. No es por poder que llegué hasta aquí.
»Su Excelencia Grumman empezó el proceso desde el mismo momento en el que asumió el cargo. La pacificación y democratización de este país lo hará uno de los países más modernos de la región.
—Somos el país más moderno de la región, señor. La ingeniería y la alquimia son ciencias avanzadas en todo el continente —objetó Odair.
—Pero no a nivel político. Si lo piensa bien sabrá que vivimos en una especie de dictadura militar afianzada durante el régimen de King Bradley. —Listo, había puesto en palabras lo que nadie quiso decir pero que todos sabían. Hubo un murmullo incómodo entre los miembros del consejo. Roy calló, paciente, esperando que pasara el efecto de sus palabras.
—¿Y la milicia? —volvió a insistir Odair—. ¿Piensa echar a perder cientos de años de tradición militar?
—En absoluto, señor. La tradición militar que menciona se mantendrá, solo que esta no tendrá el poder absoluto como hasta ahora. La milicia será respetada como lo que siempre debió ser: un ente creado para proteger a los ciudadanos.
»Creo que el primer paso es llamar a elecciones en las cinco grandes ciudades. Durante años las ciudades han sido regentadas por militares. Estoy seguro que los ciudadanos de bien están perfectamente capacitados para ocupar las alcaldías, es un primer paso. Con una buena campaña es posible. Si se tiene éxito en las grandes ciudades, podrá ser posible imitar el sistema en las ciudades pequeñas donde la cultura militar está más enraizada. Me gustaría saber sus opiniones antes de presentar el proyecto de ley al congreso.
Y los murmullos volvieron a tomar lugar en la estancia.
—*—
Gran parte de su vida se le iba en redactar documentos o firmarlos. Desde que la guerra terminó, su trabajo había sido prácticamente de escritorio. Esto, por supuesto, había cambiado un poco después que asumió el mando de la reconstrucción de Ishval y era el primero en supervisar las obras que allí se realizaban.
El trabajo burocrático le aburría, y en el pasado se había dedicado a procrastinar de no haber sido por ella y su insistente mirada sobre él, mirada que ahora sentía clavada en su nuca.
—¿Riza? —preguntó. Era de noche y tenía encendida la lamparilla de su escritorio mientras que tenía la máquina de escribir frente a él. Riza llevaba consigo una bandeja con un juego de té.
—¿Qué haces? —preguntó—. Es tarde.
—Redacto el proyecto de ley para llamar a elecciones en las grandes ciudades —contestó—. Con esto y la depuración de las filas militares estaremos bien para ser mi primer año.
—¿Crees que funcione?
—Con una buena campaña de información a la población, sí. —Bostezó y se llevó la mano a la boca—. Tomará tiempo y presupuesto. ¿En qué me metí cuando le prometí a Acero convertir a este país en una democracia?
Riza sonrió y le ofreció una taza de té.
—Creo que lo harías incluso si no se lo hubieras prometido, ¿verdad?
—¿Acaso soy tan predecible, Hawkeye?
No hizo falta respuesta. En realidad siempre había sido un buen jugador desde los tiempos en los que se disputaba la silla de poder. Sin embargo aquellos que lo conocían bien podían ver a través de él con claridad, y Riza era una de ellas. Se preguntó quién más aparte de ella y el viejo de Grumman eran capaces.
Y precisamente la voz de Grumman le susurraba al oído un viejo consejo:
«Que nunca te vean venir.»
—Vuelve a estar en la luna, señor —lo llamó Riza de vuelta a la Tierra—. ¿Qué te pasa?
—Solo recordaba un consejo que me dieron hace mucho tiempo, y pensaba que debería empezar a aplicarlo.
—Hazlo, Roy —apoyó Riza—. Después de todo es tu primer año y todavía te falta mucho. ¿Qué sigue después de esto?
—El departamento judicial recibió denuncias de abuso de poder y tráfico de influencias en la milicia. Hemos decidido que para completar la primera parte de la purga se investigue cada caso y se lleve a juicio a los perpetradores. Mucho me temo que parte de mi consejo también está metido en ello.
—¿Ellos sospechan que están siendo investigados?
—Breda y Falman están trabajando en ello sigilosamente, y al parecer es una cadena enorme. Quiero que te unas al equipo de investigación. Reúne información sin que nadie sospeche. ¿Entendido, teniente coronel?
Ni siquiera estaba llevando el uniforme, sino un viejo pijamas que Roy reconoció como suyo y una manta sobre los hombros, pero se veía altiva y orgullosa al encuadrarse ante él.
—Cuente con ello, señor.
Permanecieron un momento más en silencio, solo con el sonido de la máquina de escribir que Roy golpeaba con sus dedos con movimientos cada vez más lentos, demostrando su cansancio progresivo.
—Esto último y voy a la cama, Riza. Espérame, por favor.
—Solo una última pregunta, señor —dijo ella.
—Dime, teniente coronel.
—¿Qué sigue después de esto?
—Tratados de paz con los países vecinos, especialmente con Drhacma, seguir con la política de inclusión del pueblo ishvalita, regularizar a los alquimistas estatales, continuar con la purga… —Tragó un poco de saliva antes de continuar— E investigar y llevar a juicio a los miembros de la milicia acusados de crímenes de guerra. Pero supongo que eso ya lo sabías, Riza.
—*—
Hacía un buen día en la fortaleza de Briggs, así que decidió salir a la cima a contemplar el cielo despejado, las montañas y la nieve. Antes había pensado que la nieve y la montaña eran los únicos colores del paisaje, y le gustaba creer que todo estaba definido con claridad, pero el fallecido capitán Bucccanner le había hecho ver que el cielo sobre sus cabezas era de color azul y, sin saberlo, le abrió una nueva perspectiva.
—¡Señora! —llamó su joven asistente que se acercaba a ella corriendo. Olivier se giró a mirarlo y vio que llevaba algo en la mano derecha.
—¿Qué pasa, Keys? —preguntó.
—Le ha llegado este sobre desde Central, señora —contestó el asistente.
—Lo leeré ahora. Gracias, Keys.
Y mientras se marchaba el joven militar, se dispuso a abrir el sobre marrón que tenía el sello rojo de «confidencial» grabado en él. Adentro habían dos cartas con la firma de Mustang —se negaba a llamarlo «fürher» a menos que fuera estrictamente necesario—. En el primer sobre había una carta que le enviaba saludos y le preguntaba la situación en el norte, pero lo que más le llamó la atención fue la posdata:
«Le pido que no abra el segundo sobre hasta que le llegue la orden pertinente.»
—¿Pero qué estás tramando, Mustang? —preguntó. Y en ese instante el viento le revolvió los cabellos y llevó sus palabras hacia las montañas.
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¿Se merece un review?
Bitácorα de Jαz: soy un desastre con los plazos de entrega. En serio creo que debería aplicar a mi vida las 5 S (?).
El proceso democrático es largo, y puede que ni Roy ni su generación lleguen a ver los resultados de su trabajo, y es bastante duro. Pero se hace lo que se puede con lo que se tiene a mano, porque los cambios bruscos también pueden generar problemas a corto y mediano plazo. Nosotros salimos de una dictadura hace veintinueve años y les juro que los vestigios quedan.
Me imagino que el gobierno de Amestris antes de Grumman fue una especie de feudalismo militarizado (pero puede que esté equivocada), es decir: Central, una ciudad grande/provincia y a su vez ciudades pequeñas regentadas por militares, así que con algo tan simple como un llamado a elecciones se puede empezar el proceso C:
Lo de May y Roy lo necesitaba [corazones].
»Historia Calamitatum.
»Dulce Locurilla.
»Saraa (no con ese cuchillo ;_;).
»Mor.
»Sajonia-Weimar.
»leezluntz.
»LunosA
¡Muchísimas gracias por sus reviews! Voy a contestarlos en breve. ¡Palabra! (L)
¡Jajohecha pevẽ!
1 de mayo de 2018, martes.
