No es que sea muy común que un hombre se embarace… Bueno, no. Para ser honestos, no es ni común, ni natural que un hombre se embarace. Pero bueno, en el mundo de los Winchester's, nada es lo común.
Empecemos donde la historia de lo no-común inició.
Dean Winchester ha sido cazador, tanto de demonios, vampiros, fantasmas y demás, desde que tiene memoria. Es un donjuán con las mujeres. Es guapo, muy bien formado. Con ojos verde preciosos, y un cabello rubio cenizo muy bonito. Unos labios tan bien esculpidos que uno pensaría siquiera que es real. Dean tiene un hermano menor, al que adora; Sam.
"Sammy" como él le llama, es un muchacho con mucha desgracias acarreada en su vida, pero de entre toda, su hermano. No por que no lo quiera, si no, por que él mismo piensa que lo decepciona incontables veces. Lo que Sam no sabe, es que Dean lo ama, a pesar de todos los errores que comete. Ambos son muy diferentes, en todos los aspectos. Sam a pesar de ser el hermano menor es mucho más alto que Dean tiene ojos más oscuros, y una sonrisa que a veces oculta la gran tristeza que carga desde hace muchos años. Así es Sam.
Ahora, el que une esta historia. Castiel…
¿Qué no sabe uno, sobre este ángel?
Castiel no sabe mucho de la manera en como un humano se comporta, no conoce lo que los sentimientos humano son capaces de hacer. No sabe lo que es realmente el dolor, lo que es realmente amar, lo que es realmente llorar.
Claro, Castiel lo conoce en modo ángel, pues ser un ángel y un humano, obviamente… no es lo mismo.
Todo comenzó después de tratar de encontrar al último de los ángeles que cayó del cielo.
— Dean… Déjame hablar con él. — Tenía varias heridas. Ser un humano, no era para nada lindo. Era semejante barbaridad. Lo peor, es que en el transcurso de esos meses, Castiel había experimentado algo que no había experimentado. Esa cierta atracción y preocupación por el bienestar de Dean.
— Bien, pero no dejes que es hijo de puta te engañe, Cas. Por que si no, tendré que meterle mi cuchillo por la garganta… — Le miró con una clara señal de preocupación. Pero dejó que Castiel entrara.
Todos estaban dentro del bunker. Tenían en una sala, malherido al ángel, y en otra, muy bien asegurada a Metatrón. Castiel entró sin miedo, pero afuera del cuarto, estaban Dean y Sam, preparados para cualquier cosa.
— ¡Oh! Cas, ¿Qué tal la vida como humano?
— Metatrón, te lo pediré una última vez… Regresa a mis hermanos al cielo, o te entregaremos a Crowley o Abbadon, ellos más que nadie te están buscando.
— Es curioso, Castiel. Que primero quisiera encerrarlos al cielo, y ahora quieras ayudarlos a todos.
— Eso no tiene nada de curioso.
— Pero, lo que es peor, es que ahora hagas trato con demonios. ¿Es que a caso no quieres tu gracia también?
— No es lo que yo poseía lo que busco.
— Me harté de esto. — Dijo, Dean en un susurro a Sam, ya habían esperado lo suficiente, y no esperaría ni un minuto más.
Dean, siempre ha sido de los que van directo a las amenazas, y esa vez no fue la excepción. No es de sorpresa, que después de un charla "amena" con los Winchester's, Metatrón accediera, no tan fácil, a regresar cada ángel al cielo. Pero había una condición. Se llevaría al cielo en una semana a Castiel.
La Semana empezó tranquila. Sam sentía la tensión entre Castiel y Dean ese lunes, así que desesperándose, decidió salir a comprar víveres. Dean lo miró de reojo. Estaban frente a la T.V.
Castiel había recuperado parcialmente su gracia, pero solo para que cuando Metatrón llegara fuese más fácil llevárselo.
— ¡Hombre por favor! Esto e estúpido.
— Pensé que era tu programa favorito Dean, es el del hombre de...
— ¡Eso no Castiel! — Le interrumpió, inclinándose hacia adelante, llevó tres dedos al puente de la nariz y se masajeó. Castiel sin razón, agachó la mirada como si hubiese sido regañado. — No quiero que te lleven, ¿Entiendes? Debe haber otra manera en que puedas… quedarte, ya sabes.
— Tampoco quiero irme, Dean. — Alzó la mirada. Un cosquilleó vibró en su interior, se sintió bastante bien escuchar a Dean decirle eso. — No quiero dejarte.
— Whoa... Tampoco estoy diciendo eso. — Miró a la T.V, frunciendo el ceño — A lo que me refiero, es que, no es justo que te tengan que llevar. Ya muchas veces te he abandonado, y no quiero hacerlo ahora.
— Jamás me has abandonado, Dean.
— Maldita sea, Cas. — Rodó los ojos y se recostó sobre el respaldo del sofá. Rendido. Cas se sintió mal, no le gustaba hacer enfadar a Dean, y mucho menos, tener que abandonarlo. Pero era un ángel, y este había ido su error. Tenía que enmendarlo.
Al siguiente día, Dean no quiso hablar con Castiel. Trataba de evitarlo.
Sam había encontrado varios casos en periódicos, pero Dean no quería siquiera cazar, no quería salir. No quería irse y que cuanto regresaran, Castiel ya no estuviese allí. No se lo perdonaría.
Los siguientes días fueron iguales, hasta el sábado en la noche. Sam estaba dormido en su habitación. Castiel estaba en el sofá, mirando las luces. Cada día que pasaba su gracia iba regresando poco a poco. No necesitaba dormir ya, pero ese insistente sentimiento no se iba. Era molesto, por que esos días miraba a Dean, y sonreía como colegiala al verlo entrar pero una punzada le invadía el corazón cuando saludaba a Dean y este solo lo ignoraba y se retiraba. Era un dolor demasiado profundo. No podía soportarlo.
El sonido de la cocina lo trajo a la realidad, se asomó por encima del sofá; era Dean. No sabía si quedarse allí o ir a la cocina a tratar de hablar con él. Decidió lo segundo.
— Dean…
— ¡Demonios, Cas! — Le volteó a ver, se había asustado. Y rodó los ojos, cerrando el frigorífico,
— Mañana me voy…
— Ya lo sé… — Miró la botella de cerveza que había sacado. Había perdido la cuenta de cuanto bebió esos días. De verdad que había sido bastante.
— ¿Por qué me has evitado?
— ¿Evitarte? ¿Por qué te evitaría? — Seguía sin mirarlo, pero esta vez, tenía fruncido el seño.
— No lo sé, Dean…
— Entonces no digas estupideces. — Levantó la vista y miró a Castiel. Era la primera vez que lo había visto tan mal. Tan… roto. Se mordió el labio inferior y a duras penas, dejó el alcohol en la mesa, acercándose a él. — Ya hombre… — Le puso una mano en el hombro, tratando de consolarlo. — No es un adiós… ¿O sí?
— No se si me permitan volver.
— Tienes que volver, te necesito... Te necesitamos.
— Así no funciona allá arriba, Dean, cuando esté allá, las órdenes las dará mi padre.
— ¡Carajo, Cas! — Lo soltó y se dispuso a ir a su habitación, pero Castiel le tomó por la muñeca, fuerte. No quería que se marchara, no esa ultima vez. Sabía que Metatrón aparecería cuando meno lo esperasen.
— No, Dean… Por favor…
— ¿Qué quieres que haga, Cas? No puedo hacer nada, y verte marchar, es igual o peor que fallarte como siempre.
— Dean… Tengo que decirte algo.
— ¿Algo? ¿Algo más?
— Tengo sentimientos por ti, Dean. No sé que son… Pero desde que soy humano, los tengo… y no puedo deshacerme de ellos…
— Bueno… Es normal me aprecias, eres mi amigo…
— ¿Entonces… Tienes estos sentimientos por mí? ¿Eso es la amistad?
— ¡Claro que sí, Joder!
— Entonces, mi amistad hacia ti, es muy fuerte… — Se fue acercando lentamente, como si por un imán estuviese siendo acercado. Tragó saliva y miró directamente a los labios del rubio, como dos gota de algo prohibido de lo que quisiese beber.
— Oye, Oye… ¿Qué est- — Pero fue interrumpido. Castiel no era lo que digamos muy reservado. Todo lo hacía sin pensarlo mucho. Y besar a Dean, fue una de esas cosas. El ojiverde quiso retirarse pero para ser honestos, ya había tenido tantas ganas de hacer eso desde que había salido del purgatorio. Correspondió el beso con intensidad, tomándolo por la nuca.
De un momento a otro, ya estaban en la habitación de Dean, quitándose la ropa con agilidad. Dean por que estaba desesperado por tocarlo y Cas, tratando de recordar lo que hizo el repartidor de pizza.
Pero cuando las cosas se pusieron más serías, y tenía a Dean tocando esa parte, que incontrolablemente cuando era un humano se erguía cuando quería, no sabía que hacer más que gemir su nombre ronco al oído. Era como estar en el cielo. Tocar las nubes. Era como ver el paraíso o aún mejor.
Luego, cuando do dedos intrusos comenzaron a invadir su entrada, se estremeció. Aferrándose sobre los hombros del rubio. Arqueó la espalda y caderas. Se acostumbró pronto, claro que ahora que era ángel podía sentir menos dolor. Sin previo aviso, el miembro de Dean se introdujo en él.
Era un vaivén de puro antojo y placer. De una hambre infinita de cuerpos inexpertos, tanto uno virgen, tanto el otro que jamás había probado estar con otro de su sexo.
Las embestidas se volvieron salvajes, y constantes. Estaba tocando ese punto exacto en la "vasija" que tenía por cuerpo Castiel, juntando que con la mano Dean no había parado de masturbarle.
Lo llenó por completo. Habían llegado al orgasmo, y de un momento a otro, se habían quedado dormidos.
El día llegó y Dean despertó. Tenía una estúpida sonrisa hasta que volteó hacia un lado. Ya no estaba. Frunció el seño y se levantó, colocándose la ropa de la parte de debajo de su cuerpo y salió corriendo.
— ¿Cas? ¡Cas! — Lo buscó por todas partes, hasta que lo gritos despertaron a Sam y se encontraron en la biblioteca, Sam miró a Dean con confusión mientras Dean lo miró con horror y tristeza al mismo tiempo.
Castiel se había ido.
Continuará~