Título: Tributo.
Autor: Desert Rose [Fleur du Desert].
Personajes: Sasuke Uchiha | Sakura Haruno.
Clasificación: Mayores de 18 años.
Género: Romance| Drama| Misterio.
Advertencias: Lenguaje soez| Lime| Lemon.
Publicaciones: Fanfic. Es | Fanfiction | Wattpad.
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◦ ❁ ◦ ❖ ◦ Avisos y aclaraciones ◦ ❁ ◦ ❖ ◦
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Esta historia se encuentra ambientada en un universo alternativo al de la serie original creada por Masashi Kishimoto. Aun así, trataré de conservar las actitudes y personalidades de los personajes tal cual; reservando el llamado OoC solo para casos y situaciones absolutamente necesarias.
En lo que respecta al tiempo y espacio en el cual se desarrolla el siguiente fanfic. He de avisar que está inspirado en la cultura y costumbres de los indígenas de América del Norte, cuyos nativos, lucharon valientemente durante cuatro largos siglos contra los invasores extranjeros… por allá del siglo XV al XIX.
Como ya dije me inspiré en dicha cultura; sus ritos, costumbres, etcétera. Pero como los personajes principales —ni ningún otro, cabe mencionar— no "encajan" con la fisionomía propia y característica de los indígenas de la región; me vi obligada a crear un universo alterno a ése en el cual solamente se mantendrá el sistema socio-económico de tribus, clanes y aldeas dirigidas por un "gran jefe" o cacique.
Gracias a películas como "Danza con lobos" "Spirit", "Pocahontas" y otras tantas del género Western; la mayoría se puede dar una idea de cómo se vivía en aquel tiempo.
Decidí también mezclar algunos elementos de la cultura japonesa; por lo cual los nombres de los países y aldeas se conservarán tal cual se muestran en NARUTO; así que no se extrañen si se hace mención de dichos lugares con toda la naturalidad del mundo. Lo mismo ocurrirá con los nombres de los clanes y familias ya que se mantendrán tal cual.
Así mismo, algunas de las técnicas o "jutsus" se conservarán, especialmente "las líneas de sangre" de los distintos clanes; pero con la gran diferencia de que solo unos cuantos serán capaces de usar dichas habilidades, más como una especie de "don divino" en lugar de un talento o poder nato.
Referencias sobre algunas palabras "raras" que se utilicen, así como datos curiosos, siempre serán al final del capítulo.
No me queda más que decir salvo ¡Disfruten la lectura! =)
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◦ ❖ ◦ ❁ ◦ Prólogo ◦ ❖ ◦ ❁ ◦
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Ofrecida como tributo para premiar grandes proezas de batalla; ella, de apariencia exótica y misterioso pasado, había sido rebajada a ser la esclava sexual de un guerrero bruto sin corazón.
Aun sin tener esperanzas de un futuro mejor, no existía otra cosa en su mente que no fuese escapar de tan cruel destino, pero para su desgracia, su nuevo amo tenía otros planes.
—… yo sé que es tradición que los hombres de mi aldea tengan cuantas mujeres deseen— dijo él, tan directo y sincero como solía ser —, pero— Sus negros ojos se posaron en los verdes de ella, con inusual intensidad—… contigo calentando mi frío lecho, juro por mis antepasados, que no necesito a nadie más.
Aunque quizá, con el paso del tiempo, el fuego de ambos corazones, se uniría en un solo palpitar; formándose una llama, tan grande y hermosa, como el mismísimo Sol.
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─── ◦ ❁ ◦ ❖ ◦ Tributo ◦ ❖ ◦ ❁ ◦ ───
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~ Dedicado a todas las chicas hermosas del "lado oscuro", quienes hacen mis horas en Facebook, mucho más divertidas e interesantes… y al dueño de mis latidos, DJM. Ya que si no fuese por su gran ayuda, esta historia jamás hubiese visto la luz. ~
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◦ ❖ ◦ ❁ ◦ Capítulo 1: Inesperado regalo ◦ ❖ ◦ ❁ ◦
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Los personajes de NARUTO no me pertenecen. Son propiedad y obra de Masashi Kishimoto.
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Los obscuros ojos de Sasuke Uchiha contemplaron con cierto alivio el claro situado justo en medio de aquel espeso bosque; el cual marcaba —como si de un mapa natural se tratase— el camino hacia su aldea. Konohagakure no Sato.
Tenía la certeza de que aunque le arrancasen los ojos de sus cuencas, todavía a tientas hallaría el camino a casa. Ajustó la cinta roja que rodeaba su frente, ya que los largos mechones de alborotado pelo azabache —así como el par de plumas de águila que se encontraban cosidas en éste—, no le permitían tener una vista lo suficientemente clara de su alrededor.
El relinchar de su imponente caballo negro lo sacó de sus divagaciones.
—Tranquilo, Sombra — dijo en un susurro, dirigiéndose al animal mientras le acariciaba el lomo para calmarlo —. Falta poco para llegar.
Un breve vistazo a sus espaldas le hizo recordar la situación en la que se encontraba pues decenas de miradas se posaban en él a la espera de sus indicaciones.
—Sigamos—. Ordenó, haciendo uso de su grave y fría voz, poniéndose en marcha al igual que el resto de los presentes.
La sangre seca de sus heridas, la pintura de guerra totalmente corrida de su rostro, sus rasgadas ropas, así como el cansancio y dolor de su maltrecho cuerpo, no se comparaban siquiera a los daños que había sufrido el resto de la tropa en aquella feroz lucha. Después de todo, enfrentarse a Orochimaru "La serpiente blanca", acérrimo enemigo de su tribu y clan, no era un asunto que debía tomarse a la ligera en absoluto.
Cien valerosos guerreros de Konoha —incluyéndole— habían emboscado el campamento provisional de aquella escurridiza serpiente con la maestría y habilidad de los más experimentados combatientes. Ya agradecería debidamente al flojo —pero inteligente— Nara Shikamaru por su casi perfecta estrategia de asalto. Y decía casi, porque como en toda batalla… siempre hay grandes y tristes pérdidas.
Ahora solo regresarían ochenta y cuatro de los cien. Dieciséis valientes hombres de su tribu no volverían a ver la preciosa luz del sol jamás. Ellos ya no danzarían en las ceremonias de la aldea, tampoco cazarían, no lucharían… nunca volverían a abrazar a sus mujeres y, mucho menos, tendrían la oportunidad de ver crecer a sus pequeños hijos.
Un suspiro pesado se escapó de sus finos y resecos labios.
Eso que aún no contaba a los muertos del clan aliado. Los Harogomo también habían perdido a muchos de los suyos; pero si Orochimaru estaba muerto ya, entonces, había valido la pena cada gota derramada de la sangre de sus compañeros y aliados caídos.
Él mismo se había enfrentado a esa serpiente en una feroz lucha que llegó a su fin cuando logró atravesar el corazón de éste con una de sus afiladas cuchillas. Una herida mortal sin duda alguna. Y aunque el muy maldito había logrado escapar al golpe final —gracias a la oportuna intervención de su fiel sirviente, Kabuto—, solo un verdadero milagro de los dioses podría salvarle. Lo cual dudaba terminantemente.
Dos días enteros habían transcurrido ya desde aquel acontecimiento, ése era el tiempo que tenían viajando desde La tierra de los campos de arroz, a La tierra del fuego… lugar en el que estaba ubicada su preciosa aldea.
Al término de la batalla, su padre —el gran jefe de la tribu—, dividió a su ejército llevándose con él a los muertos y heridos graves; así como también el botín de guerra consistente en armas, animales, hermosas pieles, joyas de valiosas piedras pulidas, e inclusive comida.
Con tan solo echar un vistazo al terreno supo enseguida que ni Fugaku o la caravana habían pasado por ahí. Seguramente — y conociendo a su sabio padre— éste decidió cortar camino para ganar algo de tiempo. Ya fuese para sepultar a los guerreros con los debidos honores o para atender mejor a los heridos pues, ahora que lo recordaba, el chamán también había resultado lastimado y en esas condiciones tan deplorables lógicamente no era de mucha ayuda.
Solo pedía a los espíritus que todos estuviesen bien.
En lo que respectaba a la pequeña tropa que lo acompañaba —no más de quince hombres—, solo se habían detenido un par de veces para descansar un rato y comer, o para que los caballos bebiesen agua y se alimentaran también. Tenía la seguridad de que si no hubiesen hecho tales paradas habrían llegado medio día antes a Konoha.
— ¡Eh, Sasuke! —. Le llamó una voz desde su izquierda volviéndolo a sacar de sus cavilaciones.
El pelinegro rodó los ojos rogando paciencia infinita a los dioses. Solo una persona —además del torpe de Naruto, y su respetable padre— se dirigía a él con tanta confianza.
— ¿Qué quieres, trucha?—masculló con su típico tono apático, provocando en el aludido una mueca de indignación al escuchar tal sobrenombre.
—Mi nombre es Sui-ge-tsu—silabeó con enojo ante el mutismo del joven pelinegro—, aunque te cueste más, Sasuke. —Recalcó lentamente para que —según él— el Uchiha lo captara mucho mejor—. No seas cruel conmigo.
Sasuke sonrió ladinamente.
—Yo no tengo la culpa de que tu animal guardián resultase ser un pez—dijo él con calma, dando en el blanco del ego del pobre muchacho de ojos violeta—. En todo caso, culpa al chamán. Quizá por su avanzada edad no oyó bien a los espíritus y te dio al guardián equivocado.
Suigetsu se encogió de hombros con despreocupación. Se le acababa de ocurrir algo para contraatacar a ése arrogante que tenía por lider.
—Puede ser—Concedió el de pelo blanco solemnemente, guiando su caballo para estar a la misma altura que el de Sasuke—. Pero, aunque lo dudes, me gustan los peces—Aclaró en tono sobrado—. Son listos, rápidos y les encanta el agua igual que a mí.
El ojinegro arqueó una ceja incrédulo y pese a ése gesto, el chico prosiguió con su parloteo sin siquiera inmutarse:
—En cambio el halcón—masculló, haciendo un mohín y entrecerrando los ojos con cierta envidia al ver tatuado dicho animal en el hombro izquierdo del muchacho de cabello color azabache (ya que era bien sabido en toda la tribu que el animal guardián de Sasuke Uchiha era, precisamente, un halcón) —. Si le quitas las garras, su aguda visión y sus preciosas plumas, ¿qué queda? Una gallina flaca que si no se pone lista se convertirá en mi almuerzo seguro. Así que, en mi opinión, no son tan geniales y majestuosos después de todo, ¿o tú qué opinas, compañero? —preguntó luego de haber soltado tan tremenda parafernalia mientras una mueca de satisfacción se formaba de a poco en su faz al estar completamente seguro de que Sasuke no tenía un solo argumento en contra.
Por supuesto, dicha victoria contra Sasuke solo podía existir en sus sueños.
El aludido lo escrutó con detenimiento. Suigetsu mostraba su típica sonrisa burlona y confianzuda de dientes picudos —los cuales había limado desde muy pequeño ya que, según las costumbres de la familia Hozuki, tal cambio de apariencia hacía ver a los guerreros más amenazantes y temibles en batalla. Objetivo que, por supuesto, de vez en cuando el peliblanco conseguía, ya si no por su "pinta amenazante", sí por su enorme hacha (de la cual no se separaba ni para dormir) —. A decir verdad era un tipo fuerte que había logrado grandes cosas en muchas batallas. No podía demeritarle eso por nada del mundo. Era de esos hombres locos por pelear y expertos en cortar cosas. El problema con él consistía en que era tan bueno causando desastres… que a la hora de arreglarlos solía ser un torpe de primera.
El joven de obscuros cabellos negó con la cabeza, mientras poco a poco una sonrisa arrogante se dibujaba en su boca.
—Yo opino que— comenzó a decir, ganándose el completo interés del chico de pupilas violeta—… Estás totalmente mal, Suigetsu—. El muchacho dio un respingo sin comprender.
— ¿Yo?—Se señaló con el dedo, totalmente intrigado y extrañado. — Pero, ¿por qué?
Sasuke no demoró más de tres segundos en responder.
—Número uno — dijo, usando el dedo índice de su mano derecha para señalar su primer punto—: Los halcones son animales muy astutos e inteligentes. Número dos —. El dedo corazón fue el siguiente que usó —: Eres bueno manejando esa hacha gigante, pero eres un puto asco con las flechas y los dardos… por lo cual dudo mucho que puedas matar a un halcón en pleno vuelo. Número tres —Apuntó ahora con el anular—: Los halcones son expertos cazadores. Sus alimentos favoritos son ratones, liebres, serpientes y por supuesto… peces—. Suigetsu entrecerró sus ojos mirándole con desdén —. Y número cuatro—Señaló con el meñique a la par que un resoplido de satisfacción se escapaba de su boca—: No es que a los peces les guste el agua—. Explicó serio —. Por si no lo sabías, el agua es su único medio de vida. Así que si se llega a sacar a un pez de ahí… se muere. Tan simple como eso, Suigetsu.
Cuando el Uchiha acabó con su explicación, las risas medio contenidas del resto del grupo no demoraron en oírse reverberando como ecos a su alrededor.
Y después de haberle dicho sutilmente a su compañero que era un idiota, Sasuke azotó a su negro corcel con el fuete, haciéndole galopar tan rápido como le daban las patas; después de todo pasando la siguiente colina —que marcaba el final del bosque— se encontraba, tan apacible como siempre, su hogar.
El muchacho de picudos dientes se quedó en el mismo sitio —junto con el resto de la tropa— observando el avance de Sasuke. Segundos después la gran mayoría de estos espabilaron y comenzaron a avanzar acelerando el paso de los animales que jineteaban.
Así pues, el chico de pelo blanco se quedó completamente solo en medio de aquel camino analizando las palabras del pelinegro. Al poco rato Suigetsu Hozuki captó la indirecta: ¡Lo habían llamado estúpido y él ni enterado!
— ¡Oye!—gruñó molesto, haciendo correr a su caballo para unirse al resto de los guerreros—. ¡Sasuke! ¡Cabrón, me las pagarás!
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Justo como él pensaba los estaban esperando.
Pudo ver a la gente de la tribu apenas cruzó a toda carrera el sendero en medio de aquellas praderas y campos repletos de cultivos, los cuales actuaban como una especie de barrera visual para proteger el enorme asentamiento humano que era Konohagakure no Sato. Docenas de tipis y cabañas se alzaban orgullosas en aquel lugar. Prueba evidente de la prosperidad y abundancia de los suyos.
Al oír el galope —tanto de Sombra, como del resto de los caballos—, muchas de las personas que se encontraban trabajando las tierras dejaron sus labores de lado para al menos saludar, agitando las manos en el aire, felices por la prontitud de su regreso.
Pocos metros faltaban para llegar a la entrada de la aldea y, ahí, al final del camino pudo divisar a su padre, Fugaku Uchiha. A su alrededor una buena cantidad de aldeanos se agrupaban de a poco, todos ellos a la espera de sus familiares y amigos para recibirles con los brazos extendidos.
El pelinegro bajó de su corcel inmediatamente. Teniendo cuidado de que Sombra no aplastara a los pequeños niños que, emocionados, comenzaban a reunirse a su alrededor. Era un caballo demasiado temperamental y detestaba ver su espacio vital invadido por otras personas, en especial desconocidos. Solo él era capaz de dominar el mal carácter del equino. Una vez que se aseguró de que no habría peligro para los pequeños que andaban por ahí, le quitó el cabestro y la silla de montar, dándole una palmada en la grupa e indicándole con aquella acción que era libre de trotar por los alrededores.
El negro caballo entendió enseguida y se alejó de aquel sitio, desapareciendo de su campo visual a los pocos instantes.
Notó como Suigetsu y el resto de los muchachos llegaban también perdiéndose entre los saludos y atenciones de sus familiares, amigos y conocidos. Todos ellos eran héroes de guerra. Los halagos, admiración y respeto estaban más que garantizados en ése momento y no pudo más que sentirse, hasta cierto punto, en paz.
Sasuke dirigió su mirar hacia un punto —específicamente hacia su derecha— encontrándose con unos ojos negros bastante parecidos a los suyos.
El rostro de expresión severa de Fugaku era algo que él conocía demasiado bien; por lo cual, aunque el semblante de su padre no cambiara ni un ápice, sus ojos eran un caso distinto. En ellos podía ver la mezcla de orgullo y alivio que sentía en ese preciso instante a presenciar el regreso de su hijo menor.
Luego de deshacerse de los aditamentos de su caballo —indicándole a uno de los niños que los fuese a dejar en los establos—, Sasuke caminó hacia su progenitor con calma hasta que finalmente se plantó frente a él.
—Padre—. Le saludó respetuosamente con una leve inclinación de cabeza.
Fugaku Uchiha esbozó una diminuta sonrisa, apoyando ambas manos en los fuertes hombros de su vástago.
—Me alegra que ya estén aquí—. Exhaló de forma leve, liberando a Sasuke de su agarre—. Comenzaba a preocuparme por su demora.
—No tiene razones para preocuparse, padre—Aseguró en tono adusto—. Somos los guerreros más fuertes de la aldea, es solo que hicimos un par de paradas para comer y descansar un poco, de ahí nuestra tardanza.
—Entiendo—. Asintió girando sobre sus talones y emprendiendo camino rumbo al centro de la aldea; lugar en el cual se ubicaba su fastuoso tipi. Sasuke le siguió el paso enseguida colocándose a su lado.
—Nosotros llegamos ayer por la mañana—. Comenzó a relatar Fugaku—. Seguro notaste que tomamos un atajo. Las cosas se complicaron bastante, he de decir.
El pelinegro menor dio un imperceptible respingo.
—Acaso, ¿murió alguien más? —cuestionó sin tratar de sonar alterado, sin embargo, a duras penas lo consiguió—, ¿cómo está Naruto?
El jefe lo miró fijamente de forma indescifrable, provocando que Sasuke se inquietara mucho más.
—Padre, ¡no me diga que…!
—Calma. Todos están bien. Descansando y recuperándose de sus heridas en sus respectivas casas—. Le explicó tranquilo, mientras el muchacho suspiraba con gran alivio al confirmar que su mejor amigo estaba sano y salvo en medida de lo posible—. Yo me refería a otra cosa.
Sasuke lo miró sin entender de qué iba el asunto.
— ¿Cuál? —preguntó, con evidente inquietud. Luego de un suspiro agotado, Fugaku respondió a su hijo:
—El olor a mortandad de los cadáveres y la sangre de los heridos comenzó a llamar la atención de los animales salvajes de la zona—comentó serio—. Temíamos un ataque y en el deplorable estado en el que se encontraban la gran mayoría, seguro hubiésemos sucumbido ante la menor de las amenazas. De ahí surgió la idea de cortar camino—. Fugaku resopló dirigiendo su negruzca mirada al azulado cielo de esa fresca mañana de finales de primavera—. Los guerreros muertos ya fueron sepultados con los debidos honores y ritos, los heridos ya han sido debidamente atendidos y mi fuerte y valiente hijo, junto con el resto de la tropa, ya están de vuelta en casa. Estoy contento por ello.
Una sensación sobrecogedora se apoderó del pecho de Sasuke al oírle decir a su padre "mi fuerte y valiente hijo". Sonrió a la par que una melancólica expresión aparecía en su rostro. Hacia bastante tiempo que esperaba oír algo como eso de los labios de su progenitor, tanto, que esas palabras ahora parecían ser parte de aquellos tiernos anhelos de infancia. Aun así no podía negar que se sentía feliz de tener el respeto y reconocimiento de Fugaku Uchiha.
—Gracias, padre.
—No tienes porqué agradecer, Sasuke—. Le aclaró, mirándole de soslayo —. Mataste a Orochimaru vengando con ello la muerte de tu honorable hermano prácticamente sin ayuda de nadie—Inhaló aire con lentitud—. Eso es, sin duda, una gran proeza de combate. Te mereces eso y más, ¿entiendes la magnitud de lo que eso significa, verdad?
El pelinegro lo miró sin comprender del todo a lo que se refería.
Al notar que su hijo lo observaba a la espera de una explicación, sonrió negando levemente —aunque jamás lo dijese, Sasuke a veces le parecía tan ingenuo como cuando era un niño pequeño e intentaba atrapar peces arrojándoles piedras—. Secretamente fascinado con el recuerdo, instantes después señaló con su índice derecho el tocado de plumas de águila que adornaba, majestuoso, su cabeza.
—No puede ser—susurró Sasuke bastante sorprendido con el gesto, sin poder creérselo de todo. Fue su padre quien terminó por revelar la inaudita sospecha:
—Ayer en la noche hablé con los sabios y consejeros—. Le explicó el Uchiha mayor a su hijo—. Todos estuvieron de acuerdo. Así que hoy, al caer la noche y después del banquete de bienvenida, recibirás tu propio tocado de plumas el cual te hará acreedor del respeto de los hombres más importantes de la tribu— Fugaku se pasó una mano por la sien, ése dato estaba de más, puesto que Sasuke ya sabía lo que aquello significaba—. Bueno, todos los guerreros recibirán sus respectivos honores, pero el tuyo será el más importante.
El azabache no podía estar más sorprendido. Recibir un tocado de plumas era el más grande honor para un guerrero. No podía estar más orgulloso de sí mismo que en aquel momento.
—No sé qué decir—articuló a duras penas el joven.
Fugaku bufó con expresión cansada.
—Ya lo dirás cuando llegue el momento—. Le aconsejó escueto—. Piensa que ahora todos en Konoha, tribus y clanes aliados te reconocerán más que antes. El clan Uchiha estará más alto de lo que ya está gracias a ti. Itachi estaría muy orgulloso.
Una expresión de tristeza vaga, profunda y permanente, apareció en el rostro de Sasuke al escuchar el nombre de su fallecido hermano mayor: Un hombre de principios morales muy altos. Excelente hijo y buen hermano. Un guerrero honorable y valiente que dio su propia vida para proteger a su aldea y a todo lo que él amaba.
Orochimaru le había arrebatado la vida de la manera más cruel y despiadada que podía existir, pero ahora —gracias a él— su verdugo había muerto. Itachi Uchiha había sido vengado y eso era lo verdaderamente importante para él —puesto que hiciese lo que hiciese su hermano jamás volvería—, se repitió a sí mismo mientras una mueca serena —y hasta cierto punto, reflexiva— se dibujaba poco a poco en su faz.
—Sí, él estaría muy feliz—susurró componiendo una sonrisa pequeña.
Segundos después, el semblante del jefe de la aldea cambió abruptamente; pues de parecer pensativo y melancólico… pasó a ser en exceso adusto.
—Hay algo más—reveló el hombre con voz seria, deteniendo su andar en seco. Sasuke le miró con el ceño contraído y también se detuvo a la espera de la dichosa revelación de su padre. Sería un verdadero hipócrita si dijese que el tono empleado en las palabras de éste no le intrigó de verdad.
Al darse cuenta de la atención que el joven Uchiha le dedicaba, por fin, se decidió a hablar:
—Es un regalo de la tribu aliada. Específicamente de los guerreros del clan Harogomo que lucharon junto a ti. Una especie de tributo para honrarte por tu gran hazaña al matar a Orochimaru, liberándolos así de uno de sus más poderosos enemigos.
El muchacho de azabaches cabellos resopló para luego sonreír con cierta sorna. No entendía porque Fugaku se había puesto tan serio por un tema como aquel. Un tributo del clan aliado no era una novedad en absoluto. Formaba parte de un antiguo acuerdo, de hecho.
—Hn, ¿eso era todo? —. Hizo un gesto de obviedad con la cabeza, pasando por alto la mueca excesivamente seria de su progenitor—. Y, ¿se puede saber qué es? —preguntó Sasuke a la expectativa.
Seguro era un brioso caballo salvaje —de esos que tanto abundaban en las praderas de aquella tribu—. «Sombra se pondrá muy celoso» pensó y sonrió al imaginar a su orgulloso caballo tratando de ignorar al nuevo y magnifico animal. Pero igual tenía más opciones, por ejemplo, un nuevo arco y flechas fabricados con las ramas del árbol sagrado… inclusive una decena de suaves pieles de bisonte u oso.
Nada en la faz de la tierra lo preparó para oír las palabras que salieron de la boca de su padre:
—Es una mujer—. Le aclaró secamente Fugaku a la espera de la reacción de su hijo. Una que (sabía de sobra) no le iba a gustar.
Efectivamente, a los pocos segundos, el aludido cerraba los puños con bronca frunciendo el ceño molesto y sin poder asimilar del todo lo que había escuchado. ¡¿Una jodida mujer?! ¿Con qué derecho le imponían a él una mujer que ni siquiera conocía y que, probablemente, ni siquiera le gustaría? No tenía palabras para expresar su obvio descontento. Además, ya había dejado en claro a su padre ése peliagudo asunto del matrimonio tiempo atrás, pero no estaba de más recordárselo… por si lo había olvidado, claro.
—Ya habíamos hablado de esto, padre. Yo no deseo una esposa todavía—. Le recordó con acidez, mirándole fríamente—. ¡¿Cómo pudo aceptar algo como eso?!—Reclamó, ya exaltado.
El jefe detuvo cualquier tipo de conjetura incorrecta de su hijo con un simple gesto de su firme mano y se posó frente a éste con una mirada intimidante y gélida en todos los sentidos. Sasuke tuvo que cortar su furioso paso lejos de él y se limitó a otearlo en silencio.
—Si te tranquilizas y me dejas explicar de qué va todo el asunto, seguramente podrás entender el por qué.
Dicho aquello, Sasuke entrecerró los ojos intentando serenarse. A los pocos segundos, cruzó ambos brazos sobre su pecho y torció la boca en una tensa línea a la espera de la dichosa explicación. Más le valía a su padre que fuese algo vital e importante. Él jamás se prestaría a un jodido arreglo matrimonial solo porque sí.
—Es cierto que el clan Harogomo te ha dado una mujer como regalo— Sasuke se crispó al oír aquello y bufó con enojo—, pero no para que sea tu esposa. Ella más bien será como tu esclava. Mejor dicho… una esclava sexual.
Al escuchar las palabras de Fugaku, el Uchiha menor no pudo ocultar su gran incredulidad. Tanto así que, su antes tensa boca, se encontraba ligeramente entreabierta.
— ¿E-esclava sexual?—repitió, sin poder creérselo de todo y se pasó una mano por el cabello con pesadez, mientras miraba a su padre con los ojos más abiertos de lo normal al percatarse de su semblante imperturbable—. No… no puedo creer que los Harogomo hayan caído tan bajo como para tributar con una persona—. Negó sintiendo pena ajena—. Peor todavía, que una mujer de su aldea haya aceptado algo como esto. Es un acto denigrante.
Fugaku Uchiha suspiró.
—No pertenece a su tribu—aclaró con suma parquedad—. Ésta joven era parte de las decenas de esclavas que estaban con Orochimaru en el campamento que emboscamos hace unos días.
Sasuke dio un respingo y rememoró con incredulidad los hechos repitiéndose a sí mismo que eso era imposible. Él mismo se había asegurado de que sus guerreros liberasen a las mujeres —y niños— y que asesinaran a los subordinados fieles a los ideales de Orochimaru que se encontraran en su camino. Exceptuando a Kabuto —quien escapó con el cadáver de su amo antes de que alguien pudiese siquiera tocarlo—. Era más que evidente que, o los Hagoromo habían encontrado a la mujer antes… o sus subordinados no habían cumplido a tiempo con sus indicaciones.
—Así que esclava de esa serpiente—Inhaló lentamente un poco de aire fresco, para aclarar sus ideas—. Eso explica muchas cosas, pero ella debió haber huido al igual que el resto de los esclavos de ése maldito, ¿por qué se quedó? —cuestionó suspicaz, sabiendo que no obtendría una respuesta concreta ni de él… ni de nadie.
Sorpresivamente, su padre le explicó todo con lujo de detalle:
—No es que no haya querido huir… sino que no pudo hacerlo—Comenzó a relatar Fugaku ante un expectante Sasuke—. Según me contaron los Harogomo que la encontraron, ella se encontraba apartada del resto de las esclavas, en una tienda contigua a la de Orochimaru—Reveló—. Tienes razón al decir que muchos huyeron al bosque, pero ella no lo hizo porque estaba atada de pies y manos—. Ante aquello, Sasuke elevó una ceja haciendo evidente su creciente curiosidad. Su padre prosiguió sin inmutarse—. A pesar de su penosa situación parecía demasiado entera, como si estar privada de su libertad fuese lo más normal del mundo. Fue algo extraño que la mujer dudase en ir con nuestros aliados, aun después de que ellos le habían prometido libertad, pero luego de unos instantes aceptó la ayuda brindada y les siguió dócilmente—. Fugaku suspiró—. Poco después de haber emprendido el viaje hacia acá, una pequeña tropa de cinco hombres de aquel clan logró interceptarme dejándola a mi cuidado, ofreciéndola como un regalo para ti mientras me contaban todo lo que yo te estoy diciendo ahora.
Al final de tal relato, el pelinegro solo atinó a exhalar con expresión reservada.
—Es una historia de verdad fascinante—dijo Sasuke a su progenitor en tono cansado—. Aun así no debiste aceptarla, padre. Yo no quiero ni necesito a una concubina… o lo que sea.
—No tuve opción—Fugaku masculló rígidamente y el joven lo miró sin entender—. Si no lo hacía el antiguo acuerdo con los Harogomo se hubiese quebrantado renaciendo con ello viejas disputas. Fue un asunto meramente político, hijo—. Le explicó—. Míralo por el lado amable. Ahora tienes una mujer a tu completa disposición cuando lo desees y ella ya no tendrá que sufrir más la crueldad y maltrato de Orochimaru. Los rumores de las barbaridades que les hacía a sus esclavos y sirvientes no es algo que se diga solo porque sí. La muerte de tu hermano es una prueba irrefutable de ello.
Sasuke cerró los ojos por un breve segundo, rememorando todo aquello. Claro que lo sabía. Y siendo franco, esa mujer —esclava o no de esa bestia—, tenía suerte de seguir con vida.
—Tiene razón—Se masajeó la sien con una de sus manos. De momento, no tenía más opción que honrar aquel pacto. Ya vería lo que sucedería después y si acaso podía zafarse del lío sin afectar a ninguna de las partes involucradas—. ¿Al menos, ella ya está enterada de su situación? —preguntó con suma seriedad.
El hombre asintió.
—Aunque tenía ya una vaga idea—aclaró, refiriéndose a la chica—. Me encargué de hacerle saber sus obligaciones acá personalmente—dijo Fugaku en tono adusto—. Fui claro y directo con ella, pero hay algo que debes saber…
Sasuke le miró expectante a la espera de… lo que fuese. Estaba seguro de que ya nada le sorprendería en lo que quedaba del día.
—No es como las otras esclavas—. Reveló con una media sonrisa bastante inusual que, sin duda, captó su atención—. Para empezar, usaba finas ropas… unas que no correspondían a las de un simple sirviente. Parecía una mujer con ciertos privilegios entre las tantas que poseía esa serpiente. Además, tiene una mirada demasiado altiva y un fuerte carácter—. El pelinegro escuchaba cada palabra con sumo interés—. Ya verás tú mismo de lo que hablo cuando la tengas en frente—. Recordó un detalle de pronto —. Por cierto, ella no habla. O al menos, eso parece pues nunca llegó a responder nada de lo que le pregunté.
Al poco rato ambos llegaron a la tienda del gran jefe; la más grande y adornada de todas las que se encontraban en el centro de Konoha. Antes de poner un pie dentro, la sosegada voz de su hijo le hizo detenerse en el umbral:
— ¿Es bonita al menos?—cuestionó el muchacho refiriéndose a su regalo. Después de todo lo dicho respecto a esa mujer, no podía negar que sentía cierta curiosidad por saber aquel insignificante dato.
Fugaku lo miró de reojo, mientras una diminuta sonrisa socarrona aparecía en sus labios.
—Muy hermosa. Aunque exótica le describe mejor— declaró en un tono ambiguo que no hizo más que aumentar su interés—. Ya tendrás la oportunidad de tenerla después de la ceremonia. He mandado a algunas mujeres de la tribu a que la arreglen para ti. Dudo mucho que te lleves una decepción, Sasuke—. Le aseguró con un gesto de su mano—. Volviendo a lo importante, tú solo preocúpate por lavarte, cambiarte esas ropas rotas, comer y descansar. Nos vemos en la noche, recuerda que debes…
Empero, Fugaku no completó su frase pues algo llamó su atención por completo.
—Por si no aguantas la curiosidad, ahí va ella—. Le oyó decir al Uchiha mayor, señalando un punto a espaldas de su hijo con un gesto de su fuerte barbilla.
Movido por su incipiente interés Sasuke giró el rostro enseguida, pero lo único que alcanzó a observar con sus ojos ónices fue a un grupo de aldeanas —que él conocía bastante bien— entrando a la tienda de la sabia anciana Koharu, seguidas por una singular criatura de larguísima y brillante melena rosada la cual, por cierto, se encontraba de espaldas a él… evitando con esto poder apreciar alguna ínfima parte de su rostro.
Incrédulo —y por un brevísimo instante también fascinado—, solo pudo admitir para sus adentros que nunca había visto algo como aquello en lo que llevaba de vida. Y si bien era cierto que aún no conocía la faz de su inesperado regalo, de que era exótica… sin duda lo era.
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❖ ◦ ❁ ◦ Continuará ◦ ❁ ◦ ❖ ◦
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Bien, el primer capítulo de esta historia ha llegado a su fin. ¿Qué les pareció? Ojalá cumpla sus expectativas. =)
Conforme avance la trama, se irán revelando varios secretos. He de decir, que la llegada de "la singular criatura de melena rosa" a la aldea, es el detonante principal de esta historia. Así como el misterio de su pasado, y por supuesto… el avance del SasuSaku.
Pues, como pudieron leer en el prólogo/resumen de la historia… para que Sasuke Uchiha llegué a decir algo como eso, falta… y mucho.
Ya habrán notado que no está muy contento que digamos, con su regalo. Y de momento, por simple cortesía y respeto —así como para evitarle problemas innecesarios a su padre y a Konoha— accede a tomar a la peli rosa como su esclava. Claro, podría cambiar de parecer, pero eso dependerá de cómo se desarrolle su encuentro con la chica. ;)
Por el momento, creo que el primer capítulo ha cumplido su cometido. =)
¿Merece un review? =)
Hasta la próxima, que espero yo sea el martes. Haré todo lo posible por actualizar ése día.
Atte. Desert Rose/ Fleur du Desert
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◦ ❖ ◦ ❁ ◦ El rincón de la sabiduría de Rose ◦ ❁ ◦ ❖ ◦
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Chamán: También conocido como angatok —así que no les extrañe si llego a usar este término— ocupaba un puesto muy importante dentro de la tribu. Los chamanes, eran tanto masculinos como femeninos, y proporcionaban protección al individuo, a la comunidad y actuaban como mediadores entre los seres humanos y el mundo espiritual.
Usaban su poder y sabiduría, para curar heridas y enfermedades, atraer la caza, controlar el tiempo, y localizar a la gente o las propiedades que se perdían.
Animal guardián/animal de poder: Hablar de este término, es adentrarse a las creencias religiosas de los nativos de la región.
Se dice que todas las cosas del universo tienen espíritu y vida. Las rocas, la tierra, el cielo, las aguas, las plantas y los animales.
Todos ellos, son diferentes expresiones de consciencia, en reinos y realidades diferentes. Y todas las cosas del universo saben de su armonía con todo lo demás.
Excepto el hombre.
De todas las criaturas del universo, sólo nosotros no comenzamos nuestras vidas con el conocimiento de esta gran armonía.
Así pues, nuestro espíritu puede llegar a ser completo mediante aprender a buscar y a percibir, aprender sobre nuestra propia armonía con todos nuestros hermanos del universo.
Cada uno de nosotros tiene un animal particular como su guardián personal. Los animales personales de poder, son los espíritus protectores que nos ayudan tanto en nuestra vida cotidiana como en nuestra búsqueda espiritual de armonía. Estos animales de poder son comúnmente un reflejo de tu yo más profundo, y también representan las cualidades que necesitas en este mundo, pero que con frecuencia están ocultas u oscurecidas.
El animal guardián, solía ser asignado nada más al nacer, o cuando se cumplía la mayoría de edad, ya sea por la persona más sabia de la tribu —generalmente ancianos— o el chamán.
Son muy variados, dependiendo de la tribu, pero van desde lobos, osos, águilas, halcones, zorros, perros, caballos, ciervos, búhos, serpientes, cuervos, ranas y… peces. —Como al pobre de Suigetsu—
Tipi: La palabra Tipi proviene del término Lakota "lugar para vivir". La tradición marca que, la tienda debía levantarse orientada siempre al Este, el punto del horizonte por donde despunta cada día el sol.
Para cada Tipi se usaban una docena más o menos de pieles, originalmente hecha de pieles de animales como el bisonte —o búfalo— y cada piel requería varios días de trabajo. Primero se les quitaba la grasa y la carne y luego se secaban al sol, se raspaban y se aclaraban.
Permitía a sus usuarios aislarse de las inclemencias del clima y conseguir un hogar cálido en invierno y fresco en verano. Un tipi podía ser levantado o desmontado en menos de dos horas por dos mujeres.
Fuete: Otra forma de referirse al látigo.
—Fecha de reedición: 28/02/2019, 10:12 p.m.