Nota autora: He aquí -por fin- el último capítulo de esta historia. No alcancé a subirlo antes del 8...lo siento. Por cierto, ayer fue mi cumpleaños^^ muchas gracias a todos aquellos que me saludaron n.n (estoy más vieja D: jajaja) y a los que me dedicaron hermosos regalos :)
*Descubrí que comparto cumpleaños con Alucard jajajaja
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Capítulo final
Lichtgestalt (criatura de luz)
La preciada sangre de Integra fluyó por su garganta mediante tragos largos. Sus colmillos sujetaron la carne débil y comenzó a extraer de sus venas lo que restaba del deseado líquido carmesí. Los sellos se debilitaron al punto de romperse completamente. "Eres libre, Alucard". Integra Hellsing estaba muerta.
Cuando su boca la soltó, sus brazos se negaron a dejar ir el cuerpo inerte entre ellos, y su cabeza oscura se mantuvo apegada a la clavícula ensangrentada. La habitación comenzó a volver a su estado de normalidad.
Las paredes estaban manchadas de sangre y agujeros de balas perdidas, los cuerpos destrozados de los soldados adornaron el piso y pintaron de rojo las baldosas. De pie en medio de la masacre, los tres miembros restantes de la Organización miraron la escena con horror.
Alucard se levantó del suelo, llevando consigo el cuerpo de su Maestra colgando lánguidamente entre sus brazos. Miró a la draculina y a los dos hombres sin decirles nada. Su rostro era serio otra vez, sin la sonrisa irónica siempre presente. Dio un paso al frente, y desapareció en una nube de sombras.
Seras dio un gritito. Por su rostro redondo corrían lágrimas y sus ojos habían vuelto a ser azules.
—¡Maestro! –su mano se estiró tratando inútilmente de aferrarlo, pero ya no había nadie con ellos.
Se giró confusa para mirar a sus compañeros, Pip parecía estar en un estado mayor de confusión, no solo por lo que acababa de pasar, sino por el hecho de estar allí. Por su parte, Walter dio media vuelta y echó a correr escaleras arriba.
—W...Walter… ¿A dónde vas? –Oh, pero claro. Lo más seguro era que fuera a la habitación de la Sir. Allí también debía estar Alucard.
Jaló a Pip de una mano y lo llevó con ella. Esto era realmente importante, más tarde tendría el tiempo para dejar salir su emoción por verlo junto a ella de nuevo. Ambos corrieron por el pasillo hasta la tercera planta.
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Integra estaba tendida en medio de su cama una vez inmaculada, con el cabello en desorden por la almohada y sus ropas ensangrentadas. A su lado, Alucard estaba acomodado en una orilla con las manos puestas sobre la blusa, desabrochándosela.
Cuando Walter entró en la habitación, dio un bufido de asombro mezclado a la indignación, pero antes de que sus cables se movieran, la voz dura del vampiro cortó el aire.
—No es lo que te imaginas, shinigami.
El otro entrecerró los ojos, pero guardó sus armas antes de acercarse.
—¿Y de qué se trata entonces? Estás desnudando el cuerpo de Sir Integra, que quieres que…
—¡Maestro! –una voz chillona los interrumpió, Seras apareció en la puerta, y su semblante cambió radicalmente cuando vio la situación. Miró a los hombres confusa con sus dos grandes ojos abiertos en asombro–. ¿Q...qué están haciendo?
Alucard dio un suspiro fatigado, pero sin dejar lo que hacía. La blusa rota de Integra se abrió, dejando ver el cuerpo maltratado de su dueña. Estaba un poco fría al tacto, y la sangre había manchado su piel canela. Su busto se reveló protegido por la tela blanca del brasier, pero no fue en él que se fijó Alucard esta vez. Fue en la herida que había justo ahí, entre sus costillas, y en el clavo que aún estaba enterrado a ella.
Estaba un poco torcido, y era seguro que la punta al menos había alcanzado parte del corazón. Los cuatro pares de ojos se posaron en eso…bueno, tres pares y medio para ser exactos. El vampiro trazó con un dedo el contorno de la herida, frunciendo el ceño, como si analizara algo. Luego, alargando una de sus uñas, cortó a la mitad la tela del corpiño, y levantó la voz para hablarles a sus compañeros.
—Sería mejor si no miraran ahora.
Pip dio un respingo involuntario y se volvió, Walter se movió desde donde estaba, alejándose; y Seras se levantó en una posición recta, desviando los ojos.
Apartó la prenda y expuso totalmente su torso ante sus ojos. Sus pezones una vez sensibles ahora estaban opacos, al igual que el resto de su cuerpo. Con una mano, agarró el clavo y lo tiró con fuerza, sacándolo del lugar. Quedó un vacío en el pecho, mostrando los músculos rotos. Lo siguiente que hizo, fue tomar su propia mano y encajar en ella sus colmillos, rompiéndose la muñeca. Toda la sangre que brotó corrió hasta la herida abierta y se confundió con la carne. Acto seguido, tapó con una sábana su pecho desnudo y observó sus rasgos. Tenía que decirlo, Integra se veía hermosa con el halo de la muerte cubriendo sus mejillas. Le dio una especie de paz que no había visto desde hace tantos años en ese rostro afilado.
La voz de Seras volvió a sacarlo de sus pensamientos.
—Ma…maestro. ¿Está…muerta? –la pobre muchacha miraba ahora el cuerpo inerte de su Ama con sus grandes ojos de venado asustado, sin atreverse a moverse.
—Sí…pero en ella está volver a la vida.
—¿Cómo? Pero si ella ya no era…ustedes dos…
—El Clavo de Lombardía, ¿Verdad? –Walter soltó la incógnita que le había estado dando vueltas desde hace un momento en la cabeza–. Por eso le diste tu sangre.
Alucard sonrió de medio lado.
—Una vez más, tienes toda la razón mi estimado shinigami. Pero ahora solo resta esperar, y veremos cómo se desarrollan las cosas.
Seras parpadeó sin comprender del todo la extraña conversación, hasta que una mano vino a posarse sobre su hombro, y ella gritó al reconocer al capitán Bernadotte de pie a su lado. ¡Por Dios! Se había olvidado completamente de él con tantas preocupaciones.
Su chillido llamó la atención de los otros dos hombres, que dirigieron la mirada hacia la pareja. El vampiro casi se rió al verlos de nuevo.
—Por lo que veo, te la has arreglado para volver, capitán –dijo dirigiéndose hacia el mercenario, que estaba con actitud perpleja.
—¿Cómo…cómo pasó esto? –Seras se repuso inmediatamente, recorriendo el cuerpo del francés con sus manos, comprobando que realmente estaba allí y que no se trataba de otro de sus sueños.
Pip se rió ante su toque, atrapando sus manos entre las suyas un instante.
—Mignonette, no tengo ni la menor idea, pero estoy aquí –la sonrisa que siempre estuvo en sus labios, volvió una vez más, e hizo que la rubia casi se estremeciera al verla.
—¿Maestro? –Seras se volvió hacia su Amo, en busca de respuestas.
Alucard se levantó y caminó hacia ellos. Se quedó observando a Pip con ojo crítico.
—¿Qué pasó exactamente en la habitación donde estaban?
—Pues bueno…no lo recuerdo. Solo sé que de pronto comencé a sentirme mal, y Pip ya no estaba conmigo. Cuando desperté, él estaba allí, y luego…umh…matamos a todos los soldados…
Alucard sonrió; por su parte, Walter se adelantó al grupo.
—Uno de ellos recitó una especie de hechizo. Eso fue lo que hizo que Seras perdiera el conocimiento, y bloqueó mis capacidades por un tiempo –explicó escuetamente.
—¿Hechizo? Ya veo –Alucard se rascó la barbilla con el pulgar–. Eso solo puede significar una cosa. Jeff tenía planeado ponerlos fuera de combate, por eso la hechicería. Eso hizo que tus últimos poderes adquiridos te abandonaran, y como el último que habías "ingerido" fue el capitán, fue él quien te dejó. Claro que no contaban con que su alma aún tuviera conciencia propia…a decir verdad eso ni siquiera yo me lo esperaba, creí que ya lo tendrías como una parte más de tu cuerpo –arrugó el ceño, analizando–. Y por supuesto creí que ya habrías consumido muchas otras almas. En cierto modo, es algo decepcionante…
—¡Maestro! –la draculina arrugó la nariz incómoda, gesto que solo hizo reír al nosferatus.
—El tener solo un alma en tu interior, y mejor dicho…al permitir que esa alma conservara su autonomía dentro de ti fue lo que permitió que el espíritu de Bernadotte se separara de tu cuerpo, y tuviera existencia propia.
—¿Eso quiere decir que estoy vivo, otra vez? –Pip no podía dejar de considerar eso extremadamente extraño.
—Sí y no. Estás aquí entre nosotros, pero ya no estás vivo. Eres como un espíritu terrenal.
—¿Cómo qué?
—Un espíritu terrenal. Inmortal. Te vez como cualquier humano, pero en esencia solo eres un alma.
—¿Y por qué se ve como si tuviera un cuerpo…no lo tiene? –Seras lo volvió a tocar, tratando de comprobarlo.
—Tiene y no tiene. Eres un espíritu ahora capitán, y como espíritu puedes tomar la forma que desees. Y como tu subconsciente recuerda tu antiguo cuerpo, ese fue el modelo que tomaste para imitar. Así como estás ahora, puedes considerarte casi como un humano normal…con la diferencia que no morirás nunca.
Pip subió las cejas hasta la línea del cabello, a su lado Seras apretó más su mano. Por fin, lo tenía de vuelta con ella. Si no fuera por la situación delicada de Sir Integra, ella habría llorado de felicidad.
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Cuando Seras y Pip abandonaron la habitación, Alucard se acercó a su antiguo camarada. Éste estaba sentado a un lado de su señora mientras sostenía entre su regazo una de sus manos ya frías. Se quedó mirando la escena por un tiempo, Walter parecía estar recordando algo mientras acariciaba con suavidad aquella mano pequeña entre las suyas callosas.
—Debí haber estado allí para protegerla –su voz sonó con una extraña melancolía.
—Tampoco lo sabías…
—Si tratas de decirme que no fue mi culpa estás equivocado. Sí lo fue. Fue exactamente como ese día, hace años. La dejé sola cuando ella más me necesitaba.
—Pero me encontró a mí, y la salvé.
—¿Será igual esta vez también, Alucard?
El aludido se encogió de hombros: —Es lo que espero. Pero la decisión final solo puede estar en ella.
Walter suspiró: —Alucard, nunca me has preguntado por qué volví de nuevo a Hellsing.
El otro hombre lo miró, mientras se sentaba al otro lado de la cama: —¿Por Integra, o me equivoco?
Asintió con la cabeza:
—Cuando los traicioné, no fue a ella, sino a su padre, y a la Organización en ese entonces. Quería medirme contigo y ver si podía derrotar al monstruo –Alucard sonrió casi tétricamente–. Quería absolutamente demostrar mi verdadero poder ante los ojos de los demás. Con Arthur nunca pude hacerlo, y cuando te selló, yo solo me volví más viejo. Pero cuando nació Integra, todo eso comenzó a cambiar. Fue como un pequeño rayo de luz que vino a iluminar mi vida oscura de venganza. Ella ha sido lo más cercano a una hija que he tenido, y juré que la protegería como tal. Luego tú volviste a hacer tu entrada en la vida de tu nuevo Maestro, y aunque mis rencores asomaron a la luz, se vieron aplacados por su propia luminosidad. Ella fue capaz de hacerme ver las cosas de manera distinta. Hasta que Millennium volvió a aparecer, y me reclutaron entre sus filas. Lo más doloroso de volver con ellos, fue saber que tendría que dejarla. Pero eso fue reemplazado por la sed de venganza que tenía contra ti, y creo que fue eso lo que me cegó de nuevo. Cuando te vi desaparecer y dejarla sola, así como lo han hecho todos en su vida, no pude soportarlo de nuevo. ¿De que servía mi tan ansiada venganza, si iba a perder a la persona más importante que había encontrado en la vida? Me di cuenta de que la amaba, siempre la había amado. Y no, no la clase de amor que estás pensando. La amo como si fuera mi propia descendencia, porque pasó más tiempo conmigo incluso que con el mismo Arthur; porque me contó sus problemas de adolescente a mí antes que a su padre, porque compartí con ella esos momentos que estaban destinados a compartir con la madre que nunca tuvo. Porque ella es mi hija, la que nunca tuve pero que el destino se encargó de otorgarme. Volví a Hellsing solo por ella, y no esperaba que me perdonara, pero lo hizo. No puedo verla morir ahora. Los padres nunca deberían ver morir a sus hijos.
Los ojos grises del shinigami estaban más opacos de lo habitual. Alucard lo miró sin decir nada. Él también amaba a Integra, aunque de una manera bastante especial. Sabía que su tipo de amor distaba bastante del amor que Walter le profesaba, del amor que esos dos se tenían. Lo de él era algo inexplicable, extraño en sí mismo porque el ya no era un humano. La admiraba porque la consideraba su igual, y esa admiración fue dando paso a algo más, primero al deseo por su sangre exquisita y luego al deseo por tenerla completamente para sí. Integra era de él, y él era de ella. Por eso no podía permitir que se fuera dejándole solo. Ambos estaban unidos por los lazos del destino.
Walter volvió a hablar.
—Lo único que lamento, es no haberle cortado la cabeza a Island con mis propios hilos.
—¿No lo mataste? –Alucard se volvió hacia él impaciente. El otro negó con la cabeza:
—No, quizás la señorita Victoria o el capitán lo hicieran. La verdad con el desorden del momento no me fijé.
El vampiro arrugó el ceño. Si Walter no lo había matado, solo quedaba Seras…o tal vez el mercenario. Si no, eso quería decir que ese imbécil se había escapado.
—Tengo que hablar con Seras –se hizo humo hacia las habitaciones de la planta baja.
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Pip y Seras estaban trabajando en ordenar los cadáveres que quedaron luego de la masacre del sótano. Junto a un grupo de soldados propios de la Organización, y a los antiguos gansos salvajes que habían sobrevivido a la guerra contra Millennium –que se mostraron jubilosos cuando vieron a su capitán de vuelta- y que ahora ocupaban el puesto de tenientes, recogieron los restos y se dispusieron a limpiar el lugar. Alucard llegó hasta ellos y miró las extremidades amputadas de los torsos, buscando uno en particular. Reconoció la cabeza cercenada del que estaba sosteniendo la ballesta, y la aplastó bajo el peso de su bota, haciendo que los ojos saltaran de las órbitas. Buscó a Seras con la mirada, estaba al lado de Pip discutiendo sobre algo.
—¿Alguno de ustedes mató a Jeff?
El mercenario se dio media vuelta al escucharlo:
—Precisamente de eso estábamos hablando. Yo no recuerdo haber matado más que a soldados, y Seras tampoco recuerda haber visto al noble.
Alucard arrugó la frente: —Eso quiere decir que el maldito se escapó.
—Ma…lo siento, Maestro –se disculpó Seras bajando la mirada a sus botas.
Alucard les dedicó una sonrisa maníaca.
—No hay nada que sentir. Es mucho mejor así –luego pareció dudar unos segundos, hasta que su boca se abrió más amplia, si eso podía ser verdad–. Oh, y está justo donde lo quiero. Avísame si Integra da señales, voy a salir a dar un corto paseo –y sin más, volvió a desaparecer.
—¿Señales? ¿Acaso espera que reviva? –Pip miró escéptico el lugar desde donde había desaparecido el vampiro.
—Yo que sé, pero de mi Maestro puede esperarse todo –respondió la chica, y luego se volvió hacia sus compañeros para darles órdenes.
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Jeff miró con desconfianza el pasillo oscuro que se abría ante él, tenía que atravesar un callejón de mala muerte antes de llegar a la calle donde se suponía lo esperaba la limusina. Unos botes de basura estaba pegados a las paredes sucias, acá algunos trozos de diarios, allá las tuberías de un edificio. Dio un suspiro pesado, se levantó la chaqueta hasta la barbilla y se dispuso a caminar. Debía darse prisa, en cuestión de horas se padre se enteraría de los sucesos, y la Reina…no quería estar allí para cuando eso pasara. O peor aún, para cuando Alucard lo buscara.
Sus zapatos hicieron un ruido sordo contra el empedrado mientras avanzaba a paso rápido. Unos cuantos metros más allá podía vislumbrar la débil luz de un farol nocturno. Tan solo unos minutos más, y se vería libre. Pensó con amargura en los hechos acontecidos. Él no quería matar a Integra, nunca estuvo en sus planes. Al que quería asesinar de una vez por todas era a ese hijo de puta del vampiro, pero el muy imbécil del soldado había errado el tiro. ¿Por qué razón la rubia se había interpuesto entre él y su objetivo? No podía ser verdad las sospechas que tenía, ¡Ella en verdad prefería a ese monstruo antes que a nadie! ¿Lo amaba? Y ahora estaba muerta, había dado la vida por un ser tan miserable que ni siquiera poseía una propia. Apretó los puños al saber que ese amor jamás sería para él. Entre sus planes estaba casarse con ella, de una u otra forma la joven tendría que terminar acostumbrándose a su presencia, engendrarían hijos y él sería un Hellsing. Había planeado una vida normal a su lado, y sin el maldito vampiro rondándolos. Pero ahora, todo había tomado un rumbo radical, sobre todo para él.
Apuró el paso. La Corona seguramente lo tildaría de traidor, y ya sabía lo que les deparaba a los traidores: la horca. Lo mínimo que podría obtener era el exilio, pero si el vampiro lo pillaba era obvio que terminaría muerto. Por eso mejor irse antes.
Unos metros más allá, se paró en seco cuando vio, sentada junto a un banco viejo, a una chica de unos 13 años vestida completamente de blanco. Su largo cabello negro le caía por los hombros y por la frente en forma de flequillo, tapando sus ojos. Parecía estar jugando con un perro.
Iba a pasar de largo, pero algo le llamó la atención en la chica. ¿Por qué estaba tan sola? Parecía estar cantando algo, y ni ella ni su vestimenta parecían encajar con el lugar tan sucio.
—¡Hey! –llamó– ¿Qué haces aquí? No es bueno andar sola a estas horas, puedes encontrarte con bandidos en las calles.
La niña siguió tarareando su cancioncilla feliz de la vida, mientras su pequeña mano enguantada subía y bajaba por la cabeza lustrosa del animal a su lado.
—¡Oye niña! ¿No me oíste?
La cara angelical de la muchacha se giró para mirarlo, y sus facciones le parecieron hermosas. Ella le sonrió.
—Estaba esperando a alguien.
—¿Aquí? ¿Y sola?
—Sí, pero mi espera ya ha terminado –diciendo eso, se bajó de un saltito del banco y se paró frente a él, con su mascota a su lado.
Island miró hacia todos lados para ver si venía alguien, al no ver a nadie se volvió hacia ella.
—Yo no veo a nadie, ¿Segura que no te has perdido? –el que estaba perdiendo tiempo valioso era él, pero por alguna extraña razón no podía simplemente irse y dejar a la chica sola, algo se lo impedía terminantemente.
Ella volvió a sonreír, pero esta vez sus rasgos angelicales y hermosos se transformaron cuando aparecieron los dientes puntiagudos y brillantes.
—Está justo frente a mí…. ¿O no, Island? –su tono se hizo grave, el de un hombre adulto.
Jeff retrocedió horrorizado. Esa voz… no podía ser otro que…
—¡Alucard!
—Perfecto, así que ya me reconociste –el vampiro frente a él continuó acercándose, aún en su forma de adolescente, hasta dejarlo atrapado contra la pared opuesta–. Pensabas que te sería fácil escapar de mí, ¿Verdad? Déjame decirte que me has subestimado, humano idiota. He venido a darte el castigo que te mereces por meterte con lo que no te pertenece. Nunca debiste haberte acercado a Integra.
El hombre sudó gotas frías por la espalda. Estaba seguro de que ésta era su muerte inminente.
—Vas…vas a… ¿¡Matarme!?
—¿Qué otra cosa esperas? Lamentablemente, tengo otras cosas importantes que debo hacer, y que requieren de mi presencia inmediata.
Jeff casi dio un suspiro de alivio, pero el vampiro aún no terminaba de hablar.
—Eso no quiere decir que no te presente a mi mascota. Conoce a Basquerville, espero que se hagan muy amigos los dos –sonrió de una manera macabra antes de dar un paso al lado, y dejar a la vista al perro del infierno. El enorme can con la cabeza llena de ojos rojos y los colmillos goteando baba por entre las fauces abiertas. Un hedor de inframundo golpeó la cara de Jeff, olía a muerte.
El terror tomó vida en su rostro: —¡Noooo!
Pero fue tarde, el animal se abalanzó sobre su indefensa presa, enterrándole las fauces y desgarrándole los miembros.
Alucard se rió mientras se alejaba a pasos calmados, detrás de él quedaron los gritos desesperados y los gruñidos y mordidas de su perro. Un gran charco de sangre ocupó el lugar en donde una vez estuvo arrimado el hombre. Lo único que quedó de él, fue su maletín de cuero negro apoyado a un lado del banco.
"La próxima vez, piénsalo muy bien antes de meterte con lo que es mío –sonrió el vampiro volviendo a su forma normal–. Oh espera…de veras que no habrá próxima vez". Una carcajada gutural retumbó en la oscuridad de la noche, amortiguada por el ruido del tráfico nocturno de Londres.
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—¡Maestro! ¡Maestro! –Seras gritó en su cabeza, hecha un mar de confusiones–. ¿Dónde está, Maestro?
—Podrías dejar de ser tan bulliciosa, chica policía. Desde aquí puedo escucharte perfectamente.
La draculina dio un salto cuando oyó la voz justo a sus espaldas, no había sentido a su Amo regresar cuando ella aún trataba de contactarlo por telequinesis.
—Maestro…Sir Integra, ella…despertó –una genuina sonrisa abrió sus labios cuando dijo la noticia, sonrisa que fue imitada por el vampiro, pero con un resultado no tan inocente.
Oh, ya era hora. Y en dos segundos, había desaparecido de nuevo. Seras parpadeó confundida cuando se vio sola.
—¿Acaso nunca va a utilizar las puertas? –corrió escaleras arriba.
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Entró en la habitación y vio la figura rubia sentada sobre la cama. Walter estaba de pie cerca de la ventana. Cuando le vieron aparecer, el shinigami salió discretamente por la puerta abierta, cerrándola tras de sí y dejando a la pareja observarse entre ellos.
Alucard avanzó hasta la cama, mirando con curiosidad a la dama, esperando por su reacción. Y ésta vino en la forma de una pregunta directa.
—¿Qué hiciste?
Sonrió. Así era ella, siempre directa y escueta para sus cosas. Con parsimonia, caminó hasta el borde y tomó asiento junto a su lado.
—Arrebatarle a la muerte lo que me pertenece –acercó una mano para tocarle las hebras sueltas de su cabello.
Ella agudizó la mirada, solo para darse cuenta de que ya no necesitaba sus lentes. Un descubrimiento mísero en consideración de que aún estaba viva, siendo que la habían asesinado horas atrás.
—Alucard –advirtió–. Deja de rodeos y explícame de una vez por todas, qué diablos significa esto. ¿¡Por qué no estoy muerta!?
El vampiro dejó de lado la sonrisa y su cabello, mirándola seriamente esta vez. Tenía una larga cadena de hechos por explicar, bastaba ver cómo reaccionaría ella ante la información. Pero estaba tan cerca de conseguir lo que por tanto tiempo había anhelado.
—Integra, ya no estás viva. Pero tampoco muerta.
Su respiración se hizo un poco más pesada ante la confirmación. Tragó saliva involuntariamente.
—¿Por qué no? El clavo debió matarme. Tú mismo bebiste mi sangre, mi vida se fue entre tus fauces, ¿Por qué ahora puedo…? ¿Por qué sigo acá?
—¿Recuerdas lo que ocurrió con Anderson? –su voz sonó casi conciliadora–. El Clavo no lo mató, sino que le concedió nuevos poderes, convirtiéndolo en un monstruo de Dios.
Ante la mención de la palabra «monstruo» Integra se tensó. No podía…
—¿Voy a convertirme en un monstruo…? –su corazón rogó por una respuesta negativa, algo con lo que su razón no parecía estar de acuerdo.
Alucard negó con la cabeza: —Anderson se convirtió en uno, porque en el fondo eso era lo que él quería. Abandonó voluntariamente su humanidad para pelear en iguales condiciones contra mí, sin saber que siendo un humano hubiera podido derrotarme. Pero tus motivos fueron diferentes, no abandonaste tu humanidad por nada, solo lo hiciste para salvar la "vida" de otro. Yo en este caso.
Integra se sintió un poco extraña. Escucharlo así sonaba algo embarazoso, y hasta tonto. Ella le había salvado la vida a un no-muerto. Y nada menos que al mismísimo Drácula. Genial. Y aun así, no se arrepentía. Pero la duda en su cabeza amenazaba con crecer a cada segundo.
—Entonces, ¿Qué soy? –balbuceó–. No puedo ser un vampiro porque ya no soy virgen.
—Existe una excepción a la regla… –Alucard lo dijo como si nada, pero a medida que avanzaba en la frase, los ojos azules de Integra se fijaron en él desmesuradamente abiertos, y su voz se fue apagando hasta acallarse.
—…¿¡Qué!? –su vampiro guardó silencio. Ella cerró los ojos y giró la cabeza lado a lado de forma brusca–. No me digas que… ¡No me digas!
Alucard puso las manos sobre sus hombros y la mantuvo quieta en un agarre suave pero firme contra la cama.
—Integra –su voz sonó segura–, ya prácticamente no tienes sangre en tu organismo, la que no perdiste por la herida, me la bebí yo. Ya no eres una humana normal, estás muerta. Pero tampoco eres un monstruo. El Clavo hizo que tu organismo se detuviera, esperando la "orden" para ver en qué ibas a evolucionar. Y ella llegó cuando decidiste unirte a mí para la eternidad, y me aceptaste como soy.
Sus ojos volvieron a abrirse, y levantó la cabeza para mirarle fijamente. Los orbes rojos le dirigieron una mirada determinada.
—¿Soy un vampiro? –se las arregló para decir sin ninguna turbación visible.
Pero él volvió a negar: —No. Solo sigues…existiendo. Ese fue tu deseo después de todo.
Frunció el ceño.
—No entiendo. ¿Mi deseo?
—El Clavo puede conceder la inmortalidad, y el don de convertirse en lo que deseas. Pero como tú, en el momento de recibirlo, no tenías nada planeado salvo evitar que me matara, te quedaste solo con la inmortalidad y no te convertiste en nada.
Integra guardó silencio, mas luego una duda vino a carcomer sus pensamientos.
—Entonces, ¿Por qué bebiste de mí? Si se supone que soy inmortal.
Alucard le regaló otra de sus sonrisas, esas que delataban que algo se traía entre manos.
—Porque tú me lo pediste. Y porque gracias a ello te hice más fuerte.
Le explicó el proceso: el Clavo solo le concedió una inmortalidad relativa, pero al "donar" su sangre voluntariamente al vampiro hizo que su lazo de unión fuera aún más estrecho. Sin saberlo, pasó a formar parte esencial de su ser. Pero faltaba una parte importante para que ambos estuviesen completos: que Integra bebiera de él.
Una vez completado el proceso, ella llevaría su sangre corriendo por las venas, y él llevaría gran parte de la de ella. Sin embargo no se convertiría en una vampiresa, solo se haría más fuerte. El clavo concediéndole la inmortalidad, y la sangre los poderes.
Abrumada, Integra preguntó qué clase de poderes, y quedó asombrada cuando supo que obtenía todos los de un vampiro ordinario, pero sin el efecto de vampirizarse. Se alejó de él, bajándose de la cama y caminando hacia la ventana.
—Esto no está bien, no puedo…
—Solo tienes unas horas –Alucard habló detrás de ella, llamando su atención–, el efecto no es duradero mientras no tomes una decisión. Si no quieres hacerlo, tu cuerpo morirá.
Ella no dijo nada.
—¿Integra?
—Déjame sola –apoyó la cabeza contra el frío cristal y cerró los ojos–. Necesito estar sola…por favor.
Comprendió que era un momento delicado. No todos los días estas en el limbo de la inmortalidad y la mortalidad. Pero ella tomaría la decisión correcta, tenía que hacerlo.
Se desvaneció de la cama.
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Luego de ordenar y limpiar el desastre, los soldados se retiraron a los cuarteles. Los antiguos gansos aun no podían creer que el capitán estuviese de vuelta. Pero desde que habían llegado a trabajar para la Organización, podían esperarse todo tipo de cosas sobrenaturales. Y ésta sería una más de ellas.
Una vez solos, Pip abrazó a la chica por la espalda.
—¿No es alucinante todo esto? –sonrió un poco.
—Sí –la draculina se dio vueltas en sus brazos, alejándose un poco para mirarlo–, solo espero que Sir Integra termine bien.
—Así va a ser. Ya sabes lo extraños que son esos dos, Alucard jamás dejaría que ella se fuese.
La chica estuvo de acuerdo con eso último. Y con lo primero también, nadie podía negar que fueran una pareja extraña.
—Ahora –la voz de Pip cambió un poco–, hay algo que he querido hacer desde hace tiempo.
—¿Huh?
Seras vio como la cabeza del mercenario se acercó un poco, sonriente, y la mano grande se apoyó por debajo de su barbilla. Un beso, casi como esa primera vez, casi.
—¡Lo sabía! –él se echó a reír cuando se separaron, tomándola de la cintura para acercarla más–. Sabía que este sería mejor aún que el primero. Y los siguientes lo serán aún más.
No pudo evitar sonrojarse, pero a la vez estaba radiante, no podía negarlo. Ese era Pip, su Pip, y estaba con ella de nuevo, en "cuerpo y alma". Le devolvió el abrazo.
Una mano firme fue a posarse sobre la falda en su trasero.
—Y eso fue lo segundo que quería hacer.
Seras silbó como un gatito. Allí estaba de nuevo, ese francés pervertido no iba a cambiar nunca. Levantó el puño para darle un golpe en la cara, pero él la abrazó una vez más, estrechándola contra su pecho, donde su pequeña cabeza se perdió entre la bufanda.
—Disculpa, pero tenía que hacerlo. Hace tanto tiempo que no podía tocarte como ahora.
Quizás nunca iba a cambiar, pero a pesar de todo, ella se había acostumbrado a él, y lo quería así.
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Trató de pensar las cosas fríamente. Aquello se había salido completamente de su control, y era la hora de que ella lo aceptara por fin. Aunque lo negara, ella amaba a ese nosferatus, no con un amor común entre las parejas comunes, no. Era un sentimiento que solo alguien como ellos podían compartir. Porque eran tan iguales y tan diferentes a la vez, no podía haber sido de otra manera.
Y ahora, habían llegado a esto. Una sola decisión, y su mundo cambiaría para siempre. ¿Aceptaría la oferta del Conde, y se quedaría junto a él? ¿O preferiría morir aferrándose a sus antiguas creencias?
Se sentó en el borde de su cama y sacó un cigarrillo del velador. Sonrió. Estaba segura de lo que haría. Llamó al vampiro telepáticamente.
..
Alucard sintió la voz en su cabeza, y sus nervios se agitaron sin saberlo. Apareció en la habitación de Integra, y la vio sentada fumando. Se veía muy decidida. Se preguntó que iba a pasar en los próximos minutos.
Integra le hizo una seña para que se sentara a su lado.
—¿Estás lista? –la impaciencia ganó y tuvo que preguntarlo.
Ella asintió con un movimiento de cabeza, Alucard esperó por la respuesta.
—Voy a unirme a ti.
La sonrisa de gato Cheshire no puedo haber sido mayor, y luego pasó a una mueca de verdadera alegría inhumana. Se acercó a ella, quedando a pocos centímetros de su rostro moreno.
—¿Estás segura, Integra? –su voz ronca envió escalofríos a la columna vertebral de la rubia, quien asintió.
—Dije que estaría contigo en la eternidad, y voy a cumplirlo. Resultaría infantil de mi parte no reconocer lo inevitable.
La sonrisa del vampiro se volvió casi melancólica cuando le apartó los mechones de la cara y le alzó la barbilla.
—Prometo que no te vas a arrepentir. Ya vas a ver, Maestro. Vas a ser increíble.
Integra cerró los ojos, y suspiró:
—Entonces, ¿Comenzamos?
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Alucard apartó la corbata roja atada a su cuello, y se desabrochó un poco la camisa, dejando este libre a la vista de Integra. Con una sonrisa pegada a la boca, llevó un dedo al lugar y cortó la piel utilizando el largo de sus uñas. Cuando éstas se retrajeron, el líquido rojo fluyó fuera de la piel, manchando de carmín ese cutis blanco.
—Ahora Integra, bebe de mí.
Integra estaba segura de que el ritmo de su corazón había aumentado por lo menos unas 5 veces…hasta que se dio cuenta de que éste ya no latía. Le iba a costar acostumbrarse a ello. Se acercó, sin despegar la vista de la los hilillos de sangre que comenzaban a correr por la clavícula del hombre ante ella.
Solo beber, y su mundo cambiaría para siempre. Decidida, lo hizo.
El vampiro hizo una mueca de satisfacción cuando los labios fríos de Integra se posaron sobre su cuello, y la lengua salió tímidamente a probar de su sangre. Luego, la boca se cerró junto a la herida, y la sintió succionar poco apoco.
El solo hecho envió ondas de un placer extraño por su espalda, y se estremeció. Cerró los ojos en éxtasis mientras se dejaba drenar. Ese momento culmine en donde Integra –por fin- se unía a él en su mundo de eternidad. Lo había anhelado desde que ella era apenas una adolescente, había cambiado sus ansias de venganza y libertad por tenerla a ella. Y allí estaban ambos. Juntos.
La chica chupó un poco más, y luego pareció dudar. Para evitar que desistiera, le cruzó un brazo por detrás de la espalda, y la otra mano sujetó su nuca, manteniéndola en la misma posición.
—Más –jadeó contra su oído–, bebe más, no te canses.
Integra tragó saliva, mezclada con la sangre que emanaba del cuello vigoroso del vampiro, la cual ella estaba succionando lenta pero segura. No era un sabor tan desagradable a fin de cuentas. Sentía cómo su propio cuerpo respondía al hecho volviéndose más vital. Después de un minuto, decidió que ya estaba bien, y su boca se separó de la garganta pálida de Alucard. Ambos quedaron mirándose de frente, ella ligeramente sonrojada, y él con una sonrisa pícara pintada en la cara.
—Eres perfecta –fue lo único que dijo antes de que sus manos se cerraran entre sus cabellos, y la boca llegara a reclamarla en un beso profundo, con un leve sabor metálico. Sangre.
Los dedos de Integra se cerraron sobre la camisa abierta del vampiro, y respondió el beso, inclinándose hacia él. Lo había hecho, se había unido a Alucard para ser su compañera en la eternidad. Para ser su Condesa.
Por fin, fue libre para elegir su destino, y ella elegía este.
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El vampiro se estiró de espaldas sobre la cama, con una rodilla flexionada mientras sostenía sobre sí a la chica, cuya cabeza quedó descansando sobre su pecho y sus piernas entre las suyas. Aprovechó para acariciar la espalda y los cabellos rubios.
—¿Alucard? –su voz se oyó como un susurro, luego de minutos sin utilizarla.
—¿Si?
—¿Cómo es eso de la "excepción a la regla"?
Oh oh. Hubo un segundo de silencio, y las manos dejaron de acariciar. Las sospechas de la mujer aumentaron.
—Alucard… –insistió, levantando la cabeza para mirarle.
—Pues… –pareció dudar levemente–…hay algo que no te dije. (¡Lo sabía! Ese vampiro idiota siempre se llevaba algo escondido) Efectivamente, hay una excepción a la regla de las vírgenes. Una persona puede convertirse en vampiro sin serlo siempre que se cumplan una serie de condiciones para ello.
—¿Cuáles? –ahora esa voz era una orden.
—Que haya sido desflorada por el vampiro que la convierta, que éste sea un auténtico nosferatus, y que no haya tenido contacto con nadie más que él. A esto se suma que el vampiro debe ser completamente libre y, lo más importante, que la persona a convertirse esté absolutamente de acuerdo.
Integra estrechó los ojos a él. Todo se cumplía a cabalidad.
—¿Cuándo pensabas decírmelo?
Alucard sonrió.
—Cuando se presentara la oportunidad, lo más probable sería una vez que envejecieras.
Ella arrugó la nariz algo ofendida.
—¿Y qué te hace pensar que te hubiera aceptado?
—No lo pensé, estaba seguro –los brazos se movieron para acercarla más–. Era mucho más fácil suponer que una vez anciana, por fin dejarías atrás todas tus incógnitas y remordimientos, y me aceptarías como tal. Ese era el momento perfecto.
—Eres un maldito oportunista –la joven siseó contra su cuello, pero sonrió.
—Lo sé. Pero soy tu maldito oportunista.
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La Reina se mostró asombrada cuando Integra reveló los sucesos pasados por culpa de Jeff, y del plan de éste para asesinar al vampiro. Los veteranos de la Mesa Redonda mostraron su disgusto, sobre todo Island que se llevó el golpe de su vida al descubrir los planes de su propio hijo. Para nadie fue un secreto que su desaparición se debía al mismo Alucard. El pobre viejo renegó de su sucesor, y pidió las disculpas pertinentes a la líder. Integra sabía que no podía culpar al padre por los errores del hijo, además Sir Hugh siempre le había demostrado confianza.
De los demás miembros cómplices no se supo más. No sabían quiénes eran, hasta que abandonaron el país y no volvieron jamás. Demasiado temerosos por las represalias, a pesar de ser solo autores casi intelectuales.
Tampoco fue un secreto la nueva condición de Integra. Ella decidió contárselo a su Majestad porque, por fin, se sentía completamente libre de todo. No más deberes ni imposiciones sociales, no más reuniones para ordenarle que se casara…no más nada. Ella era de ella, y podía hacer con su vida (o no-vida ahora) lo que se le diera la real gana. Y había decidido estar con Alucard, le importaba un comino la opinión de los demás.
A pesar de todo aquello, le prometió que seguiría siendo la defensora del país, porque ese era el legado de su padre, y porque el deber lo llevaba en la sangre Hellsing.
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Años después, cuando la actividad vampírica cesó por completo en Inglaterra, la "familia" Hellsing decidió que ya era hora de irse del país. Habían vivido allí por siempre (excepto Alucard y Pip) y necesitaban nuevos rumbos en sus vidas ahora eternas.
Había nuevos reyes en el trono, y estos conocían demasiado la historia como para oponerse. Además, no había motivo para ello. Así entonces, con ataúdes y cigarros empaquetados (ataúdes de los dos vampiros, y cigarrillos de los otros tres), los cinco integrantes se marcharon un día de la vieja Inglaterra. ¿Destino? Era más que obvio: la anhelada Rumania.
Sería irónico volver al castillo de Drácula, tomando en cuenta que todos allí habían tomado nuevos rumbos en sus vidas, y cambiado. Por lo mismo, construyeron su residencia en una de las hermosas colinas de la región, lejos de las grandes urbes y en la tranquilidad de la zona rural.
Seras quedó maravillada del lugar: la suave colina despedía multitudes de verdes en todas sus tonalidades, y corría a perderse en un valle angosto, en donde se asentaba un pueblo pequeño. Las casas eran pintorescas, con sus techos de tejuelas y sus iglesias con altos campanarios. Las calles fueron hechas de piedra pulida firmemente unidas, dándola la apariencia de una ciudad sacada del medioevo, pero modernizada.
Hicieron una casa grande, con más torres y menos estructurada que la antigua mansión inglesa. Guardaron lugar para un establo y cuidaron caballos. Integra se encontró sorprendida de que una simple acción como cabalgar le trajeran tanta alegría a su vida inmortal. Siempre le habían gustado los caballos, sin embargo cuando eres líder de una Organización caza vampiros las 24 horas del día, los 7 días a la semana, realmente no te queda tiempo para hacer ese tipo de cosas.
El patio fue amplio y manchado de colores relucientes, gracias a la experimentada mano de Walter con la jardinería. ¿Había algo que ese mayordomo no sabía hacer? En el verano se cuajó de árboles con frutos brillantes colgando de sus ramas, frutos que los chicos del pueblo de vez en cuando subían a buscar, acompañados por el amable shinigami y una alegre Seras que revoloteaba entre ellos como una adolescente más.
Otras veces bajaron al pueblo en busca de algo que comprar. Pip y Seras visitaron con constancia la escuela y los chicos, también se hicieron ayudantes del hospital local ya que ambos tenían expertos conocimientos en primeros auxilios y esas cosas (fue allí donde podían conseguir parte de la sangre de transfusiones después de todo); Walter se hizo amigo de los vendedores y de sus hijas, que lo miraban embelesadas cada vez que él llegaba por algo a las tiendas, y corrían a buscar las cajas de té y otras especias que ya sabían él iría a comprar; Integra y Alucard se dedicaron a caminar por ahí y conocer a las gentes.
A pesar de que nunca fue muy social, la joven Hellsing se encontró encantada en aquel pueblo pintoresco metido prácticamente en medio de las montañas, y con sus habitantes tan cálidos.
Durante los meses de invierno, las nevazones dejaron una amplia alfombra blanca en el patio que fue utilizada como cancha de esquí por los habitantes de la casa. Era fácil adivinar de quién eran las figuras de ángeles con cabellos en puntas dibujadas en la nieve, y los muñecos de nieve con exuberantes pechos que aparecían de vez en cuando, antes de que una molesta draculina los derribara y corriera tras su creador para atraparlo.
Llegó el verano una vez más, y los colores inundaron los días. Walter acompañó a un grupo de jóvenes que amablemente pidió su colaboración para alguna "obra social"…aunque más parecía picnic al aire libre (tampoco es que fuese algo nefasto acompañar a un grupo de lindas chicas a pasar la tarde junto al río), y la pareja dispareja estaba dando vueltas en el patio, en compañía de un grupo de chicuelos de todas las edades.
Integra se apoyó en el borde del balcón, y contempló la escena que se desarrollaba allá abajo. Al parecer jugaban una guerrita de bombas de agua…y todo decía que el equipo de Pip iba a vencer al de su novia todavía novata en asunto de estrategias de guerra.
Sonrió, antes de que unos brazos largos llegaran a tomarla por la cintura y la apegaran a un cuerpo firme y alto. Se recargó contra él.
—¿Has pensado… –la pregunta vino de repente– qué va a ser de nosotros cuando pasen muchos años más?
Alucard guardó silencio un momento, antes de agacharse a besar furtivamente la piel canela de su cuello.
—Integra, ¿Conoces el significado del yin-yang?
La rubia ladeó un poco la cabeza: —¿La luz y la oscuridad?
—Exactamente. Es lo que nosotros somos. Yo soy la oscuridad, y tú eres mi luz. No existimos sin el otro, y ambos tenemos algo del otro en nuestro interior. Tú eres la luz que ilumina mi mundo de tinieblas, y me guías lejos de caer en esa oscuridad eterna. Eres la única capaz de rescatar lo poco que queda de mi alma. En cambio, yo soy la oscuridad que apareció en tu vida y te mostró el otro lado del mundo. Eres luz, pero eres una guerrera también, por mí te internaste al mundo de las batallas y las guerras, y terminó gustándote. Por eso, también tienes en tu interior ese punto de oscuridad, representado por mi presencia. Nos complementamos. Yo no existo sin ti, y tú no existes sin mí…así como la luz no existe sin la oscuridad, y viceversa. Y cuando llegue el día en que tengamos que abandonar este mundo, lo haremos juntos, como siempre.
Se giró y lo miró directamente a los ojos rojos por un momento, antes de volver a sonreírse.
—Realmente tienes un buen uso de las palabras cuando quieres, Conde.
El vampiro se rió, y la apegó más hacia él.
—Solo contigo, Condesa –la besó–. Ahora, ¿No deberíamos aprovechar que el mayordomo no está y que esos infantiles están ocupados allá abajo, y pasar a cosas más importantes?
Ella le dio una sonrisa pícara: —¿Tú crees?
—Se me ocurren algunas muy interesantes que podríamos hacer en la habitación, por ejemplo.
Y sin esperar respuesta, la levantó en sus brazos y se metió con ella en el interior.
Mientras tú vivas, yo viviré también.
Eres la criatura de luz, en cuya sombra me he convertido.
FIN
'o~o'
...
*Lichtgestalt es una canción de Lacrimosa. No se adapta al capítulo porque tiene un tinte más oscuro, y creo que decidí terminar la historia de forma suave y tranquila..creo xD (Pero me parece una canción ideal para crear un shot de esos dos^^)
(No sabía si matar o no a Jeff, mi lado más "humano" me decía que no, creo que hasta me había "encariñado" un poco con el personaje jajaja...no me odien por ello XD Pero estoy casi segura de que todas estarán contentas con su muerte, o me equivoco?)
Nota: Oh por los dioses, al fin lo he terminado! :') A veces hasta creía que iba a perder el interés antes de llegar al final (suelo perder el interés rápido u.u), pero...aquí estoy!
Conocí a gente maravillosa a través de esta historia :) y eso es lo que más rescato. Algunos aparecieron al principio, y luego no nos "vimos" más, otros lo han hecho hace poco y a sido un placer leerlos. Y hay otros que han estado desde siempre acá, y eso se agradece un montón, de veras.
Ahora, si ya llegamos hasta acá, y en consideración de que es el final... ¿Te importaría dejarme tu opinión al respecto? Me gustaría saberla, obvio! Si lees la historia, debe haber algo que al menos quieras comentar (ya sea bueno o malo). Piensa que tu voz es importante para los autores^^ y nos ayuda bastante. Además, será la última vez que debas hacerlo, no es algo tan difícil n.n
Gracias por todo el apoyo chicas/os ...me sacaron muchas sonrisas a lo largo de todo esto! :D
(Una "listita" de todos aquellos que pasaron por los review una vez (ya que no puedo responder a todos):
-Celtica Rous, R. Malina Westerna, Panakeias, Mayra Niimura, abrilius, sthefany naturely, Aimee715, chiclosa, monitaa, troublemaker, mary carrasco, ChaneKiin.n, Zak, lince12, Vilma, ana - integra hellsing, creepysaru, Guest, AnDy-93, AngelOscuro07, Artemisa275, Alexandra Romance, Sessha Jazmin, VanillaFlower, Motoko Draculia, yuuko-uzumaki, VladTurunen, laura19g, andreadark, serena hellsing, Chiara Polairix Edelstein, SaTaNaLy, andersonforever, Asdf, kuchi7, vanian22, Riux, TaniaElric, DannTagleRdz, Integra'sFan, Mary, Maru-Li Tsukiyomi, LunaGabrielle ...creo que no se me escapó nadie: GRACIAS :)
*Como esto ya se alargó, no comentaré los review anteriores. Además creo que las dudas se aclararon acá. Responderé personalmente sus comentarios ;) y para los que no tienen cuenta..les mando un abrazo anticipado :D jajaja
Saludos!