Otra historia para Solitudely, esta es la segunda. Gracias por los comentarios en mi anterior fic, espero lean este también. Estos personajes no son míos, nada de Hetalia lo es.

- Estados UnidosxInglaterra.


La camisa se despoja levemente del cuerpo en sumisión, Inglaterra está aturdido y se sorprende al ver que la imagen borrosa no le recuerda del todo a la muchacha de los labios color cereza. Entrecierra los ojos, son descuidos mínimos pero siente el acto demasiado brusco para ser una señorita, se marea.

Concentra su visión lo más que puede, el último trago de ese desconocido no debió aceptarlo, más que borracho se sentía drogado, la camisa abierta de par en par, apenas veía unas marcas color cereza en su pecho, un gruñido mortífero y los dientes clavarse con ímpetu y rencor sobre el níveo cuerpo manchado en besos color cereza, la lengua parecía doblegar su curiosidad, eso no parecía una chica, las manos que le apresaban con una corbata no podían serlo, los dedos que se consumían dentro suyo tampoco.

Eso no es un fetiche de muchas señoritas, aunque ha conocido a un par de ellas que gustan de ese juego. El inglés se retuerce con fuerza, la señorita de labios color cereza no está, ahora hay dos dedos en su parte posterior, las caderas le tiemblan, distingue vagamente un hotel de mala clase con una de las lámparas que cuelgan del techo averiada, las sábanas son color café y parece haber secreciones que no son las suyas.

Y entra un dedo más, las mejillas sonrojadas y él gimiendo como una bestia, las caderas chocando, sabe que no es una señorita al sentir el roce de caderas, es duro y le golpea por debajo de sus testículos que están expuestos. Se siente indefenso y preocupado, pero incapaz de hacer algo. Es algo similar a una violación, pero no del todo, es como un abuso sexual.

—Bastar-do... maldito, no era nece-sario esto, no lo era, nunca lo fue...

La voz es de un hombre, le suena familiar, siente las piernas levemente abiertas y como entra en su interior, grita y gime, el muchacho es más brusco, no se detiene, y siente una lágrima en su mejilla que no es suya.

Es tibia y cálida, lo único dulce que ha sentido en toda la noche.

Y es cuando ve en el muchacho algo familiar, los ojos azules como el cielo, el cabello oro, la piel semi-bronceada, los músculos contrayéndose.

Estados Unidos.

Y lo recuerda, él sale con esa nación, son novios, son amantes, son felices... y por un arrebato se acostó con una chica, una de cabello café largo irregularmente sedoso y de labios color cereza. Había engañado a su amante, lo había hecho, y el americano sólo busca borrar a esa mujer de aquel cuerpo que debería ser sólo suyo, pero no lo logra, no se siente único. Porque el norteamericano nunca hubiera engañado a su gran amor, pero este lo hace y lo seguirá haciendo cuando esté molesto. El estadounidense lo sabe, sabe que el amor que dice tener el inglés por él es tan frágil y condicional como unos labios cereza de un barato y usado pintalabios.


Perdón por este fic, sinceramente no soy de fics tan alegres, además, estas situaciones pasan. En fin, espero a alguien le haya agradado. Buenos días, buenas tardes o buenas noches a todos nuevamente, siempre depende de a qué hora has leído esto.