Luna Escarlata

Summary:Los Cullen se marchan de Forks, abandonando a Bella. Los Volturi se han enterado que una humana sabe el secreto, y que el clan que se lo ha dicho la ha dejado sola, sin intenciones de convertirla… Y ningún humano que sabe sobre la existencia de su especie puede vivir.

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Capitulo Uno

Saliendo del letargo

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Octubre

Noviembre

Diciembre

Enero

Luego de tantos meses pareciendo un zombie, vuelvo al mundo de las personas vivas. Me he dado cuenta que es estúpido de mi parte sumirme en la depresión y preocupar y entristecer a Charlie, y todo por un vampiro. Un vampiro que fue mi primer amor, pero un error. Después de todo no es natural que una presa y su cazador estén juntos, aunque el cazador tenga una dieta "vegetariana".

Es estúpido.

Todo el amor que una vez sentí por los Cullen, el dolor que sentí con su partida… ya no existe. Cualquier sentimiento que tuviera por ellos se esfumo, ya no me interesa saber que están haciendo o si se encuentran bien. Para mí ya no existen, en especial Edward.

Si aún no me fui de Forks, este pequeño pueblo donde casi nunca se asoma el sol, es por Charlie, mi padre. Porque él ya sufrió mucho en el pasado cuando mi madre lo dejo y me llevo con ella. La loca de mi madre. La que actúa más como una adolecente que como una adulta. Yo la quiero como es, pero por momentos me enoja como abandono a mi padre tan fácilmente, y como me separo de él.

Nunca le dije a nadie, pero siempre desee que mis padres no se separaran. Aunque eso es lo normal ¿no? Siempre quise tener a Charlie cerca de mí, de niña, aunque a medida que crecía ese deseo se iba atenuando.

Suspire y mire mi casa una última vez para asegurarme que no me olvida nada, y salí directo hacia mi Chevy. Hoy iba a hacer una pequeña visita a las tiendas de Port Angels.

Mi primer paso hacia mi regreso a la vida.

…o.O.o…

¡Dios! ¿Quién diría que un cambio de imagen tomaría tanto tiempo? ¡Me tomo horas encontrar la ropa adecuada! Fue un calvario, nunca me iba gustar comprar ropa.

Y lo peor fue subir todas las bolsas a mi cuarto y no caerme en el camino. Como odiaba ser tan torpe al caminar.

Pero ahora que ya me había dado una relajante y refrescante ducha me sentía mucho mejor.

Bien, Isabella. Ahora a vestirse y ordenar todo —dije en voz alta.

Me vestí con un conjunto nuevo, me seque un poco el cabello para luego dejarlo suelto y me puse a ordenar.

Saque toda la ropa que tenía en mi armario y la deje sobre la cama. Comencé a guardar la ropa nueva en el ropero y me fije que iba a conservar de mi vieja ropa. No fue mucho lo que conserve, solo algunos jeans y unas pocas musculosas que tenía.

Al terminar me sentía, por primera vez en mucho, mucho tiempo, satisfecha conmigo misma.

…o.O.o…

Al día siguiente era lunes y llegar al colegio tan cambiada, con ropa diferente y una actitud más sociable y positiva, hizo que todo se sorprendieran y me miraran como el primer día de clases.

Trate de ignorar la incomodidad que me producía ser el centro de atención y seguir con normalidad mi día. Aún seguía siendo tímida con los desconocidos, pero con Ángela, Ben, Mike, Connor e incluso Jessica me mostré más sociable. Es decir que me porte más como un ser humano con todos mis conocidos a excepción de Lauren.

No iba a tratar de hacer una amistad con alguien que hablo –nada disimuladamente– sobre mí. Muy mal de mí.

Cuando llegue a casa limpie y cocine, y cuando llego Charlie me di cuenta que noto mi cambio y se alegro por ello, tanto que estuvo más conversador de lo normal.

Y su felicidad también me puso contenta a mí.

…o.O.o…

Ya era sábado por la noche. No había tenido que ir a trabajar a la tienda de los Newton, por lo que no tuve que soportar educadamente el renovado e insistente coqueteo de Mike.

Por costumbre que adapte estos días me puse un poco de maquillaje, muy levemente, y salí del cuarto para ir a la cocina y hacer la cena a Charlie.

A medida que bajaba la escalera mi instinto —que hasta el momento nunca hizo acto de presencia en mi corta vida— me alerto de que algo estaba yendo mal. En vez de ir a la cocina me fui a la puerta de entrada despacio y tan silenciosamente como pude. La abrí, e iba a salir cuando una voz me detuvo.

—¿Isabella Swan?

Era una voz muy armoniosa, que me producía el deseo de ir hacia donde procedía tan melodioso sonido. Y, seguramente, me hubiese quedado viendo hipnotizada a la persona que hablo.

Si no fuera porque ahora sabía quiénes eran los únicos que podían tener una voz así… vampiros.

Eche a correr de manera automática, pero hice una mala elección porque en vez de ir hacia donde hubiera personas —testigos de mi muy posible muerte— me adentre al bosque que está detrás de mi casa.

Maldije mientras corría por ser tan estúpida, y a la vez agradecí porque todavía no me caía. Cuando me empezó a faltar el aire ya estaba muy adentrada en el bosque, me detuve e inhale grandes bocanadas de aire, tratando de recuperar rápido el aliento.

—¿Cansada?

Me tense al oír nuevamente a la voz, pero se dice que la mejor defensiva es una buena ofensiva así que…

—Sí, un poco. No todos tenemos supervelocidad, y la suerte de no necesitar respirar. Tienes mucha ventaja.

—Oh… pero si estoy respirando… tu aroma es tan delicioso y apetecible —para probarlo inhalo y exhalo sonoramente—. Exquisita

—Te agradezco que encuentres tan delicioso mi aroma, pero ¿podría saber que haces aquí y quien eres? —indague mirándolo directamente. Hasta el momento había evitado mirarlo.

Lo primero que note fueron sus ojos rojos, lo que dejaba bien claro que su dieta era a base de sangre humana. Lo segundo es que la ropa que llevaba puesta era toda negra. No le quedaba mal, solo denotaba más lo pálida que era su piel. Y lo tercero que me percate es que como cualquier vampiro… era hermoso.

Odiaba su perfección.

—Soy parte de la guardia de los Volturi…

—¿Los que mandan entre los vampiros? —interrumpí con genuina curiosidad, después de todo no sabía mucho sobre ellos.

—Los que mantienen el control entre los de nuestra especie —corrigió—. Y mi nombre es Alec.

—¿Y por qué estás aquí?

—Pues… nos han notificado que el clan Cullen ha contado el secreto a una humana. Y viendo que sabes perfectamente lo que somos no me cabe ninguna duda.

—¿Y? ¿Qué tiene que lo sepa? No se lo contare a nadie —prometí "Y nadie me creería", agregue para mí. Mientras hacía la promesa, retrocedía. Alec se había estado acercando a medida que hablaba.

—No hay pruebas que confirmen eso. Por eso me mandaron para matarte —comento como si hablar de mi muerte fuera lo mismo que charlar del clima, un tema no muy importarte—. Ah… y lo siento —se disculpo con fingido pesar.

Cuando dijo aquellas palabras sentí que chocaba contra algo. Puse mis manos y sentí la textura del tronco de un árbol contra mis palmas. Pero luego sentí que me ardía levemente la palma izquierda y me quise golpear por ser tan idiota.

Me había raspado y eso provoco que saliera solo un poco de sangre. Y estaba frente a un vampiro.

¡Maldición!

Vi como Alec aspiro, y como sus ojos se oscurecían. Entreabrió sus labios y se vieron sus colmillos. Trague el nudo que se formaba en la garganta, no iba a llorar.

En un movimiento que no pude ver por lo rápido que fue, Alec tomo mi muñeca y lamio la pequeña herida. Sus ojos se oscurecieron aún más y se dispuso a lamerla otra vez, pero yo tire de mi mano para que me dejara. Era un intento inútil, ya lo sé, pero no quería morir, no ahora.

Sorpresivamente Alec me miro, soltó un gruñido y me presiono contra el árbol con su cuerpo.

—No te resistas Isabella. Es inútil. Si no te opones te matare rápido e indoloramente ¿Qué prefieres? ¿Sufrir o no sufrir? —demando saber en voz baja, con su rostro a escasos centímetros del mío.

Lo mire con furia, deseando tener su fuerza para darle una buena bofetada.

—Hasta hace unos días te hubiese dicho que me mataras, pero ahora peleare hasta que no pueda más.

—Interesante —murmuro para sí—. ¿Por qué querías morir antes? —pregunto con lo que creo que fue genuina curiosidad. No pude evitar hacer una mueca.

—Por una estupidez.

—¿Cuál? ¿Cuál fue tu error?

—Confiar en los de tu especie —respondí sin poder, ni querer, reprimir el odio con el que dije mis palabras.

Por unos momentos que me fueron eternos, él me miro a los ojos. No sé que vio en ellos, pero le gusto. Dejo mi muñeca y puso sus brazos, uno a cada lado de mi cabeza.

—Me caes bien para ser una humana…

—¿Gracias? —dije sin saber si tomarme eso como un alago.

—… y por eso —continuo como si yo no hubiese hablado— voy a hacer que no te duela cuando te asesine.

—¿En serio? ¿Cómo? —pregunte con sarcasmo.

—Tengo un don, uno que te deja vulnerable pero que hace que no sientas nada.

Una sonrisa amarga se formo en mi rostro. Hace una semana no sentía nada. Cerré mis ojos, me pegue más al árbol y suspire resignada. Ya no podía hacer nada. No solo tenía sus sentidos más desarrollados, más fuerza y velocidad, sino que además tenía un don. Fantástico…

Espere paciente a que algo ocurriera, pero como aparentemente lo que tenía que pasar no sucedía… abrí mis ojos.

Alec me miraba como si fuera un bicho raro, pero a la vez algo valioso. Y eso era confuso. Me miraba sin pestañar y entre más lo hacía más profundo se hacía el ceño de su frente.

—¿Qué pasa? —interrogue ya incapaz de seguir soportando su escrutinio.

—¿No sientes nada? Algo raro, quiero decir —negué con la cabeza— Tienes un don —anuncio.

—Creo que sí —dije sorprendiéndolo—. Edward —prácticamente escupí su nombre y él lo noto, su ceja alzada me lo indicaba—, no podía leerme el pensamiento, era como la excepción a su don.

—Interesante… —se quedo pensativo durante bastante tiempo. Yo había hecho el amago de irme, pero fue inútil. Era como una roca pesada, inamovible. Lo único que conseguía al intentar escapar era que me presionara cada vez más contra el árbol. Nuestros cuerpos estaban pegados, separados solo por nuestras ropas. No pude evitar notar lo bien que se amoldaba mi cuerpo al suyo—. Bien, lo decidí: te voy a convertir —declaro finalmente y estaba segura de que mi boca estaba abierta.

—¿Qué? —masculle sin poder salir del todo de mi estupor. Su declaración había sido tan sorpresiva…

—Te voy a convertir. Al principio no te dolerá… después sentirás que te estás quemando viva. Mmm… pero primero quiero hacer algo.

Si antes estaba confundida y sorprendida ahora lo estabas más. Alec se apoyo aún más en mí y después me beso. Al inicio fue un roce de labios, pero luego tiro levemente de mi labio inferior rosándolo con sus colmillos y causando que sangrara un par de gotas, que él succiono gustoso.

Entreabrí mis labios y el introdujo su lengua en mi boca. Y me beso tan ferozmente que no pude evitar compararlo con los besos que había compartido con Edward. Besos que en su gran mayoría eran muy castos.

Me deje llevar por el beso y mis hormonas, y rodee su cintura con mis piernas y su cuello con mis brazos. Alec gruño y puso una mano en mis muslos y otra en mi cuello, para hacer más profundo el beso.

Finalmente tuve que separarme para respirar, aunque me había costado un poco separar nuestras bocas. Creo que Alec no se daba cuenta que yo si necesitaba oxígeno.

Él descendió desde mi boca hacia abajo y cuando llego a la vena de mi cuello la lamio, lentamente, y me hizo estremecer. Volvió a soltar un gruñido más animal que el anterior… y me mordió.

Grite ante el inesperado dolor, pero luego se apaciguo. Sentí como bebía de mí, pero extrañamente no me molestaba.

Poco a poco fui entrando en la inconsciencia por la pérdida de sangre, pero antes de cerrar mis ojos para una larga siesta, creo que Alec me hablo.

—Eres tan exquisita Isabella, solo permíteme tomar un poco más y luego te transformare —prometió con voz ronca.

Y creo que le respondí que hiciera lo que se le diera la gana.

Después todo fue oscuridad.