3. Náufragos

Luna yacía recostada sobre el manto de arena de una isla, a la orilla del mar. El ir y venir de las olas comenzó a despertarla.

El calor del sol y la sal del océano picaban en su cuerpo. Sentía un fuerte ardor en la garganta y una horrible sensación de que vomitaría en cualquier momento. Exhausta y acalorada, los huesos le parecían más pesados de lo normal, y sus manos se enterraban en la arena en busca de frescura.

Entreabrió levemente los ojos, pero la luz del sol era muy violenta para permitirle ver. Esperó unos minutos e intentó incorporarse. Tosió repetidas veces haciendo convulsionar su cuerpo, encerrando su cuello entre sus manos con la esperanza de calmar el malestar que la atormentó una vez el agua fue expulsada de su garganta.

Sentía que los órganos iban a escapársele por la boca.

Se recostó boca abajo esperando tranquilizarse, pero el calor del sol la mareaba. Levantó la vista y divisó el frondoso bosque que se extendía a sólo unos metros de ella. Esperanzada, haciendo uso de su escasa fuerza, gateó a la sombra del árbol más cercano, derrumbándose al apenas llegar.

Durmió unas horas más.

Al despertar, sintió que ya era capaz de poner a trabajar su mente.

¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado?

Imágenes distorsionadas de la noche anterior se repetían en su mente junto a una dolorosa jaqueca. Había caído al agua durante la tormenta al intentar rescatar su mochila. Recordaba a Bell gritando su nombre por sobre las voces de los demás, y el frío húmedo de una mano entrelazarse con la suya.

"Todo saldrá bien, tranquila".

¡Kaoru! ¡Kaoru se había lanzado en su rescate!

Se sentó de sopetón y sacudió su cabeza intentando hacer memoria. ¿En dónde estaba ahora? ¿Estaba bien?

El estómago le dio vueltas por el movimiento brusco, y volvió a caer de espaldas. Pequeñas lágrimas se amontonaron en sus ojos, y la estremecedora culpa le dejaba un mal sabor en la boca. El chico había arriesgado su vida por ella, y ahora estaba perdido. Sollozó y se volteó de cara al suelo.

Respiró intentando calmarse. Tal vez estaba bien, tal vez había logrado volver a la nave y estaba con vida. Volvió a respirar profundamente y logró mantener la mente en blanco por algunos minutos. Una vez relajada, se levantó.

La cabeza le taladraba, pero debía sobrevivir. Buscar comida o agua, y resistir todo lo que su capacidad le permitiera. Por su padre, por los chicos, y por Kaoru.

Tenía que vivir.

Sin atreverse a adentrarse demasiado en el bosque, exploró todo lo que pudo cercano a la playa. No había un solo árbol que tuviera alguna fruta, no había ni un pequeño lago, ni un diminuto río. Nada, el lugar estaba totalmente inhabitable.

Comenzó a hacer un hoyo en la arena en busca de agua, dos golpes a la tierra, y unos sonidos cerca la alertaron. El movimiento de las hojas de un alto arbusto la aterrorizó, y corrió detrás de un árbol. Lo único que tenía como arma, era ese triste pedazo de madera que estaba usando para cavar. ¿Así terminaría?

Se aferró al pequeño tronco y dejó de respirar esperando que no la encontraran. La fuerza con que sostenía su intento de arma la estaba incluso lastimando, pero no pudo detenerse a pensarlo. Pasaron varios eternos segundos, y nada sucedía.

Tomó una bocanada de aire armándose de valor para enfrentar a su adversario, y asomó la cabeza en busca de su objetivo. A punto de salir corriendo a desafiarlo, divisó una conocida silueta inspeccionando su pobre hoyo en la arena. La inútil madera resbaló de sus manos al piso, y el chico se volteó sorprendido.

—Luna —susurró.

Antes de lograr decir algo más, el cuerpo de la chica se estrelló contra el suyo. Enterró el rostro en su hombro, y lo humedeció completamente con sus lágrimas. Él sonrió débilmente y le devolvió el abrazo.

—Todo saldrá bien.

XxXxX

—¿Aún nada? —preguntó el más alto, inquieto.

El marcianito, que había estado intentando comunicarse con la líder del grupo, negó tristemente. Pronto anochecería, Shingo había estado al volante todo el día, y ahora el rubio ocupaba su lugar. El resto esperaba ansioso tener pistas de los extraviados, pero aún intento tras intento, el más chico no lograba ninguna conexión.

Bell pateó la mesa, disgustado e intranquilo, chasqueando la lengua. Adam se retrajo instintivamente del susto, y Sharla fue a tranquilizarlo.

Menori se puso de pie disgustada.

—Bell —regañó.

El chico la miró con la intención de enfrentarla, pero se calmó al divisar al niño angustiado.

—Lo siento mucho Adam —dijo más tranquilo acercándose al pequeño—, discúlpame.

Adam se refregó los ojos para detener las lágrimas que amenazaban con caer y se separó de los brazos que lo contenían.

—Tranquilo —serenó. Colocó sus manitos en el rostro de Bell, y le dedicó su mejor intento de sonrisa—. Sé que está viva, es sólo no puedo comunicarme, pero está viva, lo sé —alentó.

El otro sonrió.

Todos se mantenían en silencio pensando que hacer. A pesar de las consoladoras palabras del más joven, aún tenían que encontrarla, y no sabían cuánto les tomaría aquello.

Adam se paró de golpe interrumpiendo las cavilaciones de los chicos.

—¡Puedo sentirla! —gritó y comenzó a reír de felicidad—. ¡Están juntos! ¡Y están cerca!

XxXxX

La noche había caído y el cansancio los llevó a recostarse a ver las estrellas a penas estas empezaron a hacer aparición. Habían pasado todo el día buscando algo de comida o agua, incluso algún intento de refugio, y estaban exhaustos. Su único hallazgo fue un arbusto con frutas que nunca antes habían visto. Discutieron un largo tiempo si era inteligente comerlas, pero al final el hambre y la sed les tomaron partida.

La fruta se veía bien, jugosa y nutritiva. Kaoru aseguraba que no tenía nada venenoso y Luna insistía en que al menos debían alimentarse con algo. Y no pudieron resistirse, y la fruta ganó, y ganó de más.

Estaban mareados, recostados en la arena, y habían perdido algo de sentido común. Por la mente del chico cruzó la idea de que se había equivocado con la fruta, pero se burló de ello y no dijo nada, pensó que incluso era divertido morir así. Luna cada tanto giraba sobre sí misma riendo y contagiando al otro. Se detuvo de repente, y él la miró interesado, preguntándose porqué su entretenimiento había sido anulado.

—El mar me asusta cuando está tan tranquilo —soltó ella de repente, observando el océano.

—¿El mar? ¿Tranquilo? Cuando está furioso debería asustarte.

—Bueno, creo que ambas formas asustan un poco ¿Verdad? —la frase quedó en el aire mientras fijaban su vista en el manto de estrellas sobre ellos. El chico comenzó a contarlas, perdiéndose al llegar a tres, pues eran demasiadas, estaban demasiado juntas, y eran todas iguales. No sabía si ya las había contado y se frustró.

—Luna —la chica giró el rostro hacia él, quien mantenía la vista fija en el cielo—, ¿Cuántas estrellas crees que hay en el espacio? —preguntó calmadamente.

—No lo sé… ¿Mil? ¿Cien mil? Un millón... ¿Quién sabe? —suspiró.

—Sin contarte a ti —dijo con una sonrisa de lado.

—¿Crees que soy una estrella? —rió.

—No, pero hablo de la luna.

—Ah, la luna no es una estrella.

—No, no lo es —unos minutos de silencio pasaron entre ellos en lo que Kaoru volvió a hablar—. Aun así es hermosa.

—¿Más que las estrellas? —preguntó ella levemente en desacuerdo.

—Sí, sobre todo la luna llena —soltó, en un tono melancólico.

—¿Crees que soy hermosa cuando estoy llena? —interrogó sin estar segura de cómo llegó a esa deducción. Él rió.

—Cuando estas contenta, Luna. La luna del cielo es la llena —ella se sonrojó y fijó su vista en la brillante y enorme luna que ocupaba tanto espacio en el cielo. Luego en los tantos pequeños puntitos blancos que la rodeaban y brillaban por sí solos.

—Entonces… ¿Cuántas estrellas hay?

—Novecientas noventa y nueve mil novecientas noventa y nueve —respondió el moreno muy seguro de sus palabras, pues sólo había restado una del millón, era lógico. Ella se mareó con tantos nueves, y él trató de esclarecerle el asunto—. Te desconté a ti.

—Ah —realmente no había entendido nada.

Hubo un momento largo de silencio en el que se perdieron admirando el nocturno cielo. Luna volvió a girar sobre si misma terminando acurrucada sobre el chico. Él la abrazó y rió. La arena que Luna había recogido con todo su cuerpo le hacía cosquillas.

—Kaoru —llamó.

—¿Hn? —respondió distraído. Estaba pensando que estaba cómodo, y que era una sensación que había sentido antes. Entonces recordó que durmieron juntos hace unos días, y se sintió orgulloso. Y luego quiso golpear a Bell.

—¿Y cuántos granos de arena crees que haya en esta isla?

—No lo sé… el triple, supongo.

—¿No deberían ser menos que las estrellas?

—Tal vez.

La chica cerró los ojos intentando dormir, pero él la llamo nuevamente.

—Dime —respondió ella, adormilada.

—¿Qué piensas de Bell?

—¿De Bell? —Kaoru asintió—. Es un buen chico —resolvió, sintiéndose grandiosa de poder definir a una persona. Tal vez debería dedicarse a algo relacionado con eso.

—Hm… —el otro estaba pensativo—. ¿Pero me quieres más a mí, verdad?

—Por supuesto —contestó la chica de inmediato, sintiendo que hablaba con un hijo o un estudiante. Tal vez debería ser profesora o algo así.

—Bien —agregó él, inflando el pecho. Ella rió y sintió ganas de besarlo. Pensó que una madre no siente esa necesidad por un hijo, y desechó la idea anterior. Y también decidió que no quería ser profesora.

—Kaoru —llamó con la idea de contarle su gran descubrimiento, él se giró a verla y ella olvidó lo que iba a decir.

—Dime —dijo él.

—¿Podrías besarme?

—¿Quieres que te bese? —preguntó extrañado— ¿Por qué?

—Bueno —la chica comenzó a divagar buscando una respuesta. Casi había olvidado la conversación hasta que recordó que ella ya lo había besado a él—. ¡Me lo debes! —dedujo orgullosa— Yo te he besado a ti y ahora tú tienes que hacer lo mismo.

—Ah —qué lógica aplastante. El moreno se acomodó mejor para llegar a la boca de la chica. La observó un momento, ella parecía expectante y ansiosa, y sonrió—. ¿Por qué no? —escapó de su boca antes de juntarla con la contraria.

Luna lo recibió contenta rodeando el cuello del muchacho con sus brazos mientras él abrazaba su cintura. Rodaron un poco en la arena y rieron. Kaoru se sentó de golpe arrastrando a la líder con él.

—¡Espera! —casi gritó— ¡Yo te besé primero! —recordó. La chica lo miró extrañada aún colgada de su cuello— En la cueva, mientras dormías. Luego tú me besaste para salvarme la vida —habló esta vez más bajo. Recordando el momento con dulzura—. Y por último, te volví a besar ahora —dijo esta vez con fingida galantería—. Entonces, tú me debes a mí.

Ella no se quejó, no dio tiempo a ningún tipo de respuesta o razonamiento, y sorprendió al moreno estampando su boca con la de él. Kaoru no pudo evitarlo y estalló en carcajadas. La chica frunció el ceño.

—Un momento —interrumpió las risas del chico— ¿Cómo sé que no me mientes? Esto no es justo, ahora tienes que besarme.

Y así se entretuvieron por el resto de la noche. A base de excusas baratas y unos adormecidos cerebros.

XxXxX

—¿Registraron toda la isla? —preguntó Shingo una vez el grupo se encontró junto a la nave.

—Sí, no hay rastro de ellos —respondió Sharla desanimada.

—Aún nos quedan algunas islas pequeñas cercanas al lugar de la tormenta —señaló Chako mostrando el mapa desde su base de datos.

—Bien, partiremos mañana. Está anocheciendo y debemos recolectar comida. Al amanecer nos dirigiremos a la próxima isla —ordenó Menori, la líder temporaria elegida por el grupo.

—¡Sí! —respondió el resto del para luego dirigirse a Orión a descansar. Menori se detuvo en el camino, pensativa. Abrumada.

Sólo Howard notó que la chica no avanzaba y retrocedió en su búsqueda.

—¿Que sucede Menori? —preguntó al alcanzarla— Vamos a descansar —agregó, tomando su mano con la intención de arrastrarla hacia el resto, pero ella se rehusó a caminar.

—Espero estar haciendo bien —susurró acongojada. Más para sí misma que para el chico. Howard la miró desentendido—. Ellos pueden estar muriendo de hambre en estos momentos, o de frío. Tal vez estén peleando por sus vidas contra alguna criatura —enumeró, cada vez más nerviosa—. Tal vez deberíamos seguir buscando y luego preocuparnos por la comida. Estamos perdiendo el tiempo. Tal vez ellos… —enmudeció al sentir al rubio abrazarla. Sorprendida y sonrojada, reparó en que hace mucho tiempo que necesitaba un abrazo. Más calmada, le correspondió.

—No debes preocuparte —cortó el silencio el millonario, sin alejarse de la muchacha—. Estoy seguro de que ellos están bien. Hemos gastado tiempo y energías buscándolos y la comida comenzará a escasear si no hacemos algo. Debemos tomarnos un momento para recolectar, o puede que se acabe antes de que lleguemos al continente —se separó un poco de la muchacha—. Además, si ellos estuvieran en una situación peligrosa, Adam no estaría tan feliz —la chica levantó la vista para ver como el marcianito se alejaba cantando tomado de la mano de Sharla—. Está muy contento ¿Verdad?

La chica sonrió, no se esperaba ese gesto de Howard. Realmente se sorprendió de lo mucho que había madurado. Logró levantarle el ánimo e inspirarle confianza en cuestión de segundos.

—Gracias Howard —dijo algo sonrojada.

—No hay de qué —sonrió él. Rompiendo el abrazo, se volteó a ver a Adam, pensativo—. En verdad está contento —observó—. ¿Qué estarán haciendo esos dos?

XxXxX

Kaoru se removió incómodo por la luz del sol que comenzaba a asomarse desde el océano, golpeándolo en el rosto. Había tenido un sueño realmente extraño. Lo único que recuerda es una abrumadora cantidad de colores destellantes en constante movimiento que lo mareaban. No recordaba haber tenido, nunca, un sueño cómo ese.

Un leve movimiento a su lado le recordó que no estaba solo. Había dormido, otra vez, con la líder del grupo. Sonrió. Se incorporó lentamente y un taladrante dolor de cabeza lo atormentó.

Gruñó. No sabía a qué se debía este dolor. Intentó razonar qué había hecho la noche anterior, pero nada. Absolutamente nada se le venía a la mente. Nervioso, comenzó a repasar los acontecimientos que recordaba.

Había despertado en esa isla luego de saltar al océano en busca de Luna. Había recorrido la isla adentrándose en el bosque sin hallar nada de agua o comida. Encontró a la líder quién lloró en sus brazos por largo tiempo. Volvieron a la playa, registraron la mochila de Luna, y encontraron cuchillos, un poco de agua y dos frutas.

¡La fruta!

Recordaba haberse sentido mareado después de comerla, y… nada. Tenía la mente en blanco luego de comer eso. Aunque le había quitado el hambre.

Su compañera comenzó a despertar. Con esfuerzo, levantó la vista y se encontró con los ojos del chico. Le sonrió tiernamente.

—Buenos días Kaoru —susurró. Inmediatamente un fuerte dolor la invadió y se llevó una mano a la cabeza en el desesperado intento de calmar esa sensación—. Me duele la cabeza —se quejó.

—A mí también —comentó el piloto—. La fruta estaba mala… ¿Recuerdas algo de anoche?

Luna intentó reconstruir su memoria, pero sólo logró provocarse más dolor.

—Nada —respondió frustrada.

—Estamos igual —explicó él. Se puso de pie lentamente. Molesto, notó que estaba débil y tenía náuseas. Bufó y le tendió una mano a la chica—. Debemos buscar comida —señaló.

—Y agua —agregó Luna. Y resolvieron adentrarse en el bosque.

Luego de haber caminado por horas, empezaron a encontrar unos pocos árboles con frutas. Las guardaron en la mochila y siguieron adentrándose allí en busca de agua. Pasado un rato decidieron regresar ya que no había ni lagos ni ríos. Para su suerte, tampoco habían animales peligrosos rondando la zona.

Llegando a la playa, comieron un par de frutas y bebieron un poco de agua para luego sentarse a observar la belleza del atardecer.

El sol se veía radiante y enorme. Y reflejaba hermosos tonos anaranjados, rojizos y amarillos, era bellísimo.

—¿Sabes? —inició la chica— Cuando era pequeña, mi padre solía decirme que la naturaleza era la belleza más grande del universo. A excepción de mí —rió—. Decía que yo era lo más hermoso del mundo —añadió, nostálgica.

—Pues… estoy de acuerdo con tu padre —murmuró el chico volteándose hacia ella.

La chica se preguntó si se referiría a la belleza de la naturaleza o a que ella era lo más hermoso del mundo. Pero no quiso averiguarlo. De todos modos, la sensación de calidez no desaparecería. Se giró a verlo, y ambos sonrieron.

Miraron de vuelta el gran sol que se escondía en el horizonte, y lograron ver la silueta de un barco acercándose a la isla.

Kaoru, dejándose llevar, tomó la mano de la chica, y las entrelazaron instintivamente. Volvieron la vista al otro, rendidos ante la intensidad de sus miradas, sonrojados, comenzaron a acercarse mutuamente.

—¡El barco! —se interrumpieron. Observaron el océano desde dónde, efectivamente, Orión se aproximaba a su encuentro. Incluso escucharon a Howard gritando a lo lejos "Los veo, ahí están ¡Los veo!".

Ambos sonrieron realmente aliviados olvidando por un momento lo que estaba por suceder un instante atrás. Luna saltó a sus brazos y Kaoru la giró por los aires mientras ambos reían llenos de felicidad. Lo habían logrado. Habían sobrevivido. Se habían salvado.

Continuará

Buenas...

Lo sé, no tengo perdón. Fue demasiado tiempo desde la última vez. ¡Más de tres años!
Es sencillamente increíble.

Pero bueno, entre los últimos reviews que recibí, prometí continuar antes de febrero. Y estoy cumpliendo!
No sé si alguien realmente esperaba esta continuación, pero bueno, aquí está. Espero que les haya gustado!

Lo único que soy capaz de prometer, es que no voy a abandonar la historia. Aunque me lleve diez años terminarla, la continuaré. No tardaré tanto tiempo igual xD

Quiero agradecer todos los reviews que fuí recibiendo. Me hicieron muy feliz :)

Para los guest...!

Xindy: Hola Xindy! Que tal? Bueno, he tardado, lamento no haber cumplido con tu pedido. Pero bueno, no la abandonaré! Ojalá sigas por ahí. Gracias por tu review!

Guest sin nombre xD: Gracias!

Agafgag: Jajaj, aquí la contii! Gracias por el review!

LucyVelenoeSiero: Hola Lucy! Qué tal? Gracias por tu review! Al fin he actualizado, si sigues por ahí, aquí está la conti! :D

En el siguiente episodio, "Algo es algo": Luna está deprimida. El grupo le organiza una fiesta sorpresa. Luna y Kaoru recuerdan cosas ¿Qué pasa con Bell y Kaoru? ¿Y Menori y Howard? No se lo pierdan! (Cap 39 de la serie)

Gracias a todos por leer y comentar! Hasta el próximo cap!

Saludos!

Magu ~