Hey, friend..

-Pásame las papas.

- Nop, son mías- dijo el muy maldito de mi mejor amigo, volteando el tarro de pringles en su boca.

- Maldita sea Cullen! Eres un hijo de… momento Claire no merece eso ella no tiene la culpa de tener un hijo como tú, desgraciado.

Edward estaba partido de la risa en el sofá individual de la sala de mi casa al lado mío, tenía los ojos cerrados y la boca llena de papas. Me puse en cunclillas en el sofá y me prepare para saltar sobre él y recuperar mis preciadas papas.

El seguía riendo por lo cual no se dio cuanta sino hasta que estaba sobre el con mis piernas a cada lado de su cuerpo y mis brazos estirados sobre su cabeza tratando de alcanzar la mano en la cual tenía el tarro de pringles originales.

-Suéltame Swan bájate de encima, estás loca joder. – Edward no paraba de reír, ya había pasado la comida que tenía en la boca pero hablaba con dificultad por mi peso sobre su abdomen y claro está por sus carcajadas.

- cuando me des mis papas ladrón, vienes a mi casa, te sientas en si sofá, respiras mi aire, vez mi televisión, te acuestas en mi cama y ahora te comes mis papas!

- Todo eso lo hago porque tú me dejas hacerlo querida.- maldito, el era un maldito, se estaba burlando de mi.

- Pues ya no podrás hacerlo más, dame mis papas y te largas de mi casa! O te hecho a patadas.

- Uy estamos agresivas hoy, será que estás en tu periodo Swan? Porque eso arruinaría nuestra diversión.

-jajajaj, tan chistoso el niñato no? Dame las papas, tengo hambre y no hay mas comida! Porque alguien ya se la acaba, algún día te volverás una bola de grasa y tus "amiguitas" ya no te querrán y perseguirán como animales en celo.

- Lo que tu estas es celosa, ya sabes solo tienes que pedírmelo.- no podía ver su cara porque estaba recostada en el respaldar del sofá con la mitad de mi cuerpo encima del suyo y la otra colgando, pero sabía que estaría con una sonrisa torcida en su perfecto rostro, el cual tenía ganas de golpear.

- Nunca Cullen, tal vez en tus sueños húmedos pero nunca te pediría eso.

- Lo harás Swan lo harás a su debido tiempo, nadie se puede resistir a mí.

Diciendo esto, me entrego las papas, me cogió de la cintura y me sentó en su regazo; yo me recosté en su pecho y comencé a comer papas felizmente.

-Ya estas feliz?- asentí contenta con mi boca llena de papas- No sé porque soy tu amigo, estás loca.

Le di un golpe en el hombro cuando dijo esto, pase la comida de mi boca y le respondí en un tono altivo.

-Existe una razón mí estimado Cullen y tú y yo la sabemos a la perfección.

-SI? Cuál es? Porque yo enserio no lo entiendo?- tenía una sonrisa juguetona en sus labios que eran una tentación divina, que trataba de llevarte al paraíso y al infierno en menos de un minuto, era algo difícil de resistirse pero yo tenía que, no podía mostrar esa debilidad conocía a mi mejor amigo sabia que podría pasar y no quería arriesgarme; si ok me atraía qué más da.

-Elemental Señor Cullen, lo que sucede, pasa y acontece es que ud posee sentimientos profundos y muy fuertes hacia mi persona, en otras palabras mas sencillas y mundanas ud me ama y no podría vivir sin mi…

Los dos comenzamos a reír al mismo tiempo, podía sentir las vibraciones de su risa dado a mi posición que para ojos de los demás seria inapropiada pero para nosotros era natural, nos conocíamos desde hace solo tres años cuando yo tenía quince y el diecisiete, el es hijo de el socio de mi papa por lo que cuando nos mudamos a Portland donde mi padre había fundado un hospital junto al padre de Edward nos conocimos y desde entonces éramos inseparables, bueno lo mas inseparables que se puede ser contando el hecho de que el llevaba dos años en la universidad y yo apenas entraba.

Estábamos solos en mi casa, mis padres estaban cenando con los de el y por alguna razón Esme, su madre, había insistido en el hecho de que los dos pasáramos la noche juntos viendo películas o cualquiera de esas cosas que suelen hacer las personas. Otra cosa que se me había olvidado mencionar era el hecho de que nuestras madres tenían esa extraña obsesión de que los dos fuéramos pareja, ok el me atraía y me gustaba mucho pero no estaba segura de si lo nuestro pudiera ser, dado el hecho de que Edward es un maldito Playboy.

-Oh Señorita Swan, no sabe lo mucho que me duele tener que desilusionarla pero no me queda otra opción que ser sincero con ud, tengo que decirle con mucho pesar en el alma que no poseo que ud está confundiendo las cosas puesto que es ud la persona que está loca e irremediablemente enamorada de mi.

- No seas ridículo Cullen.

- No lo soy y además se cuanto me desea querida tal vez no lo quieras admitir y probablemente no me cumplas el sueño de que me pidas y me ruegues que, ya sabes te haga el favor pero se que quieres y te aseguro que a mí la idea no es que me desagrade del todo.

Sus manos comenzaron a subir por mis costados hasta llegar a mi cuello, yo simplemente lo miraba a los ojos llenos de lujuria que quemaba en él y que a la misma vez quemaba en mi ser, la lujuria, ese deseo incontrolable que desata los instintos más primitivos de las personas, los hace mostrase tal como son y los puede hacer caer en lo más hondo de un abismo o levantarlos de entre las cenizas y darle fuerza para vivir y satisfacer el deseo.

Su boca rozo con la mía, un roce insignificante pero que hacia recorrer una corriente eléctrica por todas mis extremidades, un roce que era más que todo una invitación y una prueba de lo que seguía.

Sus labios volvieron a los míos y atacaron de una forma en que denotaba la necesidad de saciar una sed incontrolable, por mi parte me encontraba en la misma situación, con la misma necesidad salvaje y primitiva que no prestaba atención a ningún tipo de razón, ley o moral; una necesidad que solo se preocupaba por ser saciada de la forma que fuera y por el método que resultara más placentero y efectivo.

Mis manos recorrían su pecho disfrutando de lo que pudiera ser ofrecido atravez de esa molesta capa de tela que separa mis manos de su piel y que separaba a la vez sus manos de mi piel, volví a tomar la posición que había adoptado hace pocos instantes mientras trataba de arrebatarles las papas que en este momento estaban tiradas en el piso entre el sofá de tres puestos y el sofá individual en el cual nos encontrábamos, puse una pierna a cada lado de su cuerpo y moví mis caderas de forma en que pudiera recibir algún tipo de alivio rozándome contra aquel bulto que se erguía tratando de escapar en el pantalón de Edward, yo llevaba un simple Short de tela cómodo que en estos momentos consideraba lo más molesto e inoportuno que pudiera existir. El beso seguía aumentado en intensidad hasta que Edward bajo sus labios, encontrando su camino por mi mandíbula bajando por mi cuello hasta llegar a mi clavícula la cual mordió provocando que un gemido audible y lleno de placer saliera de mis labios, pude escuchar como Edward reía entre mi clavícula mientras sus manos se encargaban de alzar mi camisa blanca y sacarla tirándola en algún punto de la sala a la vez que yo desabotonaba los botones de su camisa y la resbalaba por sus anchos hombre dejando al descubierto su torso que siempre había deseado desde la primera vez que lo vi sin camisa. Sentí como sus manos se ubicaban debajo de mis muslos los cuales envolvió a su cintura antes de levantarse del sofá conmigo alzada y se dirigió a las escaleras sin dejar de besarme, estaba vez fue mi turno para bajar hacia su cuellos donde me detuve y mordí, chupe lamí y bese hasta que lo hice gemir a él también, sonreí triunfal cuando sentí como dejaba de subir las escaleras, deteniéndonos a mitad de camino y me empujo contra la pared antes de bajar su cabeza a mis senos los cuales de forma hábil libero del sostén que llevaba puesto hace tan solo 15 segundos, la forma en que me besaba y acariciaba mis pechos me dejaba fuera de mi misma, sin ninguna cordura y gemía de forma des controlable a la vez que mis manos se enredaban y jalaban aquel cabello cobrizo que envidiaba y me tenia loca.

Comencé a mover mis caderas de nuevo de forma desesperada buscando algo de fricción que calmara un poco mi necesidad que me estaba consumiendo por dentro, Edward gruño fuerte después de unas cuantas rozadas que cada vez iban subiendo la velocidad, al parecer Edward no soporto mas puesto que me alejo de la pared y siguió su camino escaleras arriba hacia mi habitación en la cual el ya había estado muchas veces pero nunca antes de esta forma.

No podría decir como abrió la puerta puesto que estaba muy concentrada en sus labios sobre los míos y una de sus manos que acariciaba mis senos, resultaba increíble el equilibrio que el poseía y la fuerza para sostenerme con solo una mano.

Sentí como me recostaba en una superficie acolchada que supuse era mi cama, se distancio un poco de por unos segundo en los cuales puede aprecia su cuerpo de cintura para arriba desnudo, sus ojos que ahora eran color negro en vez de verde oscuro y su cabello mas despeinado de lo usual por mis manos; vi también como desabrochaba su pantalón y antes de bajarlo sacaba de el una bolsita color plateada la cual supuse era el condón, luego bajo sus bóxers dejando expuesto y libre a su erguido, grande y magnifico miembro el cual al verlo solo pude soltar un lamentable jadeo , el solo sonrió abrió la bolsita del condón con los dientes y en menos de medio minuto ya estaba de nuevo sobre mí, desabrochando mi short y bajándolo junto con mis bragas en un solo movimiento. En ese momento paro, y miro directamente a mis ojos, en su mirada pude ver la duda y que estaba tratando de pedir mi permiso y mi consentimiento para seguir, yo simplemente lo bese, incapaz de hacer algo más. El entendió mi mensaje y se posiciono en mi entrada lentamente, entrado de forma cuidadosa hasta llega al himen que estaba intacto, volvió a mirarme y se inclino a besarme mientras entraba por completo. Trate ahogar el gemido de dolor pero no pude evitar aruñar su espalda dejando marca, después de unos segundos de quietud el dolor seso por lo que le indique a Edward con un movimiento de cadera que siguiera, después de unos segundos ya me tenia gritando su nombre y en menos de lo pensado llegue a mi primer orgasmo, claro que el aun no había terminado, siendo todo un Dios del sexo me hizo acabar dos veces mas antes de el venirse y caer rendido a mi lado.

Los dos estábamos jadeantes en la cama, uno junto al el otro abrazados tratando de recuperar el aliento.

-Wow eso fue increíble- dije yo entre jadeos.

- Si lo se, soy increíble- dijo Edward riéndose.

- ajajajajaaja tan chistoso.

- tu lo acabas de admitir, además ya lo comprobaste por ti misma.

- ok ok listo y esto en que nos deja?- eso era algo que en serio teníamos que aclarar

- Mmmm no se tu que dices?

-Amigos con derecho?- sip solo eso necesitábamos

- Claro, asi podrá repetir todas las veces que quiera Señorita Swan, se que es difícil cansarse de mi.

-Oh ud siempre tan modesto Señor Cullen.- dije haciendo que los dos riéramos despreocupadamente.

- Entonces ahora que quieres hacer?

-pues la idea de repetir no esta mal- dije sonriendo maliciosamente.

-Como desee Señorita Swan- dijo el antes de besarme de nuevo.