[N/A]: Hace mucho tiempo que no juego al WoW, pero hoy, escuchar la BSO de la Lich King me inspiró una idea para un pequeño one-shot cursi. No es nada serio, sólo un fic cortito, pero supongo que sentía la necesidad de escribir algo mono. Dedicado a mi hermana, que es la mejor curandera del mundo.

Renuncia de responsabilidad: World of Warcraft, taurens, trolls, tuskarr y los lugares mencionados son propiedad de Blizzard.

Rainsong and Piticli son nuestros personajes.


Rainsong abrió los ojos de repente, se puso tensa y su cola se agitó nerviosamente. Había estado a punto de quedarse traspuesta, pero algo la había hecho espabilarse de nuevo.

Miró a su alrededor. Todo seguía en orden. Bueno, todo lo en orden que se podía estar, teniendo en cuenta que se encontraba en esos momentos viajando (debería decir 'navegando'?) a bordo de una de las enormes tortugas marinas con los que los Kalu'ak habían sido bendecidos.

La ruta desde Kamagua hasta Kaskala era larga. A diferencia de sus parientes terrestres, la tortuga no era lenta, pero la distancia era importante, y no había demasiado con lo que entretenerse durante la travesía, a parte de admirar el paisaje. Las auroras boreales brillaban en lo alto, reflejándose en los blancos icebergs que flotaban a la deriva en aquellas aguas. Inspirando profundamente el aire frío y puro, esbozó una fugaz sonrisa, deleitándose con la belleza inconquistable y salvaje del hemisferio septentrional.

Al otro lado del barco (tortuga, se recordó a sí misma), el jinete de tortugas estaba frotando y limpiando una zona del caparazón donde se había asentado una colonia de percebes. El gran reptil emitió un gruñido ronco y agradecido en respuesta a las atenciones. La bestia cumplía con su trabajo, y los hombres morsa con el suyo. Y todo estaba en paz. Los Kalu'ak eran un pueblo modesto y desprendido. Vivían en armonía con la Naturaleza. Sólo cazaban o pescaban lo que necesitaban para sobrevivir, y jamás desperdiciaban un sólo pedazo de sus capturas. Cuero, huesos... todo tenía algún uso para sus pequeñas tiendas, armas o ropas. En ese aspecto se parecían mucho a los tauren, y Rainsong había quedado encantada con ellos instantáneamente.

Otro ligero movimiento cerca de su flanco izquierdo la sacó de sus cavilaciones, e identificó lo que la había hecho espabilarse hace un rato cuando había estado a punto de quedarse dormida.

Piticli, su mejor amigo troll.

Aún era muy joven, y no muy musculoso a pesar de ser un troll, pero era muy valiente en compensación. Además era un sacerdote excelente, muy diestro en las artes de la curación, y siempre estaba ahí para Rainsong, la cual, debido a su trabajo, tenía una tendencia muy poco saludable a resultar herida. La tauren era una guerrera fuerte, curtida en el campo de batalla, especialista en mantener a sus aliados a salvo, pero, por muy dura que fuese, Rainsong no era invencible. El troll y la tauren habían formado equipo en incontables ocasiones, disfrutando de los beneficios de la mutua protección y de la compañía, y ahora, Piticli era como un hermano para ella.

Piticli se estremeció de frío en su sueño, arrebujándose en la pequeña manta que había logrado tejer con algunos trozos sueltos de tela que habían encontrado en su última misión. Su piel azul pálida había tomado un tinte violáceo debido a las bajas temperaturas.

Rainsong suspiró. En contra de sus consejos, Piticli había insistido en ir a Rasganorte para ayudarla en sus misiones. Los taurens tenían pocos problemas en climas fríos. Su gran tamaño era ventajoso, así como sus cuerpos cubiertos de pelaje. Por si fuera poco, durante las pocas semanas que había pasado en el continente septentrional, su pelaje se había hecho más denso, adaptándose al frío extremo de esos parajes. Pero su compañero troll estaba escasamente preparado para ello. Su raza estaba mejor adaptada a las junglas y desiertos.

Con mucho cuidado, se inclinó sobre el pequeño y tembloroso troll, trayéndolo hacia su regazo y lo envolvió en sus brazos. Piticli dejó escapar un suspiro de alivio, todavía dormido, acurrucándose contra el calorcillo que irradiaba la enorme tauren, escondiendo su cara entre el pelaje y murmurando algo incomprensible. Al poco tiempo, el troll había dejado de temblar, y su cuerpo había recuperado su temperatura normal.

Rainsong sonrió para sí misma y resopló, el aire cálido formó una pequeña nube de vapor de agua que flotó en el aire fugazmente antes de ser arrastrada por la brisa.

Piticli se movió un poco en sueños, y Rainsong lo acercó contra sí inconscientemente.

Ahí fuera, el mundo era peligroso, y estaba segura de que el futuro les guardaba muchos retos. Pero en ese momento, en ese preciso instante, todo estaba en paz. Su curandero estaba a salvo. El cielo era hermoso. El aire era puro.

Todo era perfecto.


[N/A]: Gracias por leer.