Titulo: En este pequeño pedazo de mundo.

-Palabras (Según el Word, sin notas):4743

Pareja:Alfred/María Usa/Venezuela

Resumen (Cap 2): Afuera seguía lloviendo. Pero eso no les importaba a ninguno de los dos. Porque en estas pequeñas, estrechas cuatro paredes. Podían mirarse con amor. Y decirse aquellas palabras que tanto habían guardado. Alfred/María (Usa/Venezuela). Hetalia y Latín Hetalia

Disclaimer: Ni Hetalia ni Latín Hetalia me pertenecen, creo que usted ya lo sabía *bufido*.

Notas:¡Segundo Capitulo de Amar!¡Yay!*lanza papelillo* ¡Con Lemon incluido ¡Doble Yay!*lanza cohetes*

¡ES EL PRIMER LEMON ALFRED/MARÍA DE TODA LA HISTORIA! ¡MI SER FELIZ! xD.

Advertencia: LEMON. REPITO. LEMON. ¡Por mi esta bien! Y supongo que usted también, a menos que usted ame demasiado a nuestro comandante (usted sabe lo demás) o sea un gringo muy racista y no este de acuerdo con lo que pasa en este fic (Esto ultimo va para lo dos lados), si es así, le pediría que se de media vuelta y valla por la salida mas cercana -u-.

No soy alérgica a los comentarios, así que usted puede señalar sus opiniones, felicitaciones, sugerencias para mi mejore en ortografía y narración y lanzar los tomatazos que guste, eso si, solo critica constructiva.

¡Hey! ¡Si no te gusta el Alfred/María!, no se meta conmigo. Porque yo tengo un lanzallamas. Y María también tiene un lanzallamas. Y Alfred también. Todos tenemos lanzallamas. xD. Si no te gusta no estarías leyendo esto, para empezar.

Ahora si…lea en paz (ha ha)

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

La fuerte lluvia seguía cayendo.

Y ellos aun se besaban.

María enredo una de sus manos en los dorados cabellos de Alfred, pensando en cuanto adoraba aquel tono de rubio en particular, y lo siguiera haciendo si no fuese por una repentina cuestión que cruzo por su cabeza.

Alfred frunció un poco el ceño al ver que la morena rompía el contacto a medio beso, obeservandola levantarse con algo de dificultad y ver a su alrededor.

Pero la pregunta que salio de los labios de la chica le hizo olvidar lo anterior, y le desconcertó igualmente.

-¿Como vamos a regresar?-

-...-

Recordando el hecho de que estuvieron corriendo sin control por media hora, dentro de un espeso y engañoso bosque, ademas de que María se valió de las mil y un maneras para perderse de la vista de Alfred en el camino, la lluvia ya debió haber borrado cualquier pista que les ayudase, y estaban en medio de la oscura noche.

Mierda... Alfred se quedo perplejo, de hecho, podría apostar que sus lentes se deslizaron un poco por el desconcierto.

Bueno, estaban perdidos.

-Que arrechera con esta lluvia...-Se quejo María como por tercera vez en los últimos diez minutos, totalmente empapada de pies a cabeza mientras caminaban por el bosque en busca de un lugar para pasar la noche.

Ahora si se había cansado de sus zapatos, y no importa lo hermosas que fuesen esas sandalias de tacón, en estos momentos prefería llevarlas en su mano a que siguieran torturándole los pies, ya estaba en su limite.

Ademas...Se había doblado el tobillo.

Había ocurrido en el momento en que se deslizo la tierra y ella cayo como una idiota. El movimiento llevo a su pie en un angulo incorrecto y el daño se agravo aun más debido a sus zapatos de tacón, y el estar forzando a su pie ahora caminando no estaba ayudando a nada.

No le había dicho nada al rubio, y tampoco quería que lo supiese, tenia un presentimiento de lo que sucedería a continuación, así que iba detrás de él para que no se diera cuenta de su estúpido cojeo y de su aun más estúpido dolor de tobillo.

La sensación del barro metiéndose entre los dedos de los pies llego a ser extrañamente reconfortante para la morena, y disimuladamente los movió un poco en busca de mas frescura y algo de descanso.

Tenia suerte de que Alfred no parecía darse cuenta de lo que sucedía alrededor suyo la mayor parte del tiempo.

-...-Alfred por su parte no respondió nada, concentrado en sus alrededores en busca de un techo donde resguardarse cuando noto un charco en el suelo. Era uno de esos que solían confundir si no ponías atención, tan turbios que no sabias cuan profundos eran hasta que metías el pie y caías en ellos. Con cuidado, el ojiazul lo rodeo caminando y prosiguió con lo suyo, hasta que...

-¡Au!...-Un grito femenino le hizo voltear hacia atrás alarmado.

Cuando viro la vista, ahí estaba María Miranda de la Coromoto Paez Bolívar, reina universal dos veces seguidas, una de las portadora de más coronas a la belleza en el mundo, en el suelo bañada de barro.

La primera reacción del rubio hubiese sido reírse e ir a recibir su cachetada y ayudar a limpiarle, pero la expresión de terrible dolor en el rostro de la morena, y la forma en que se tenia del tobillo en el suelo no hicieron más que llenarle de preocupación, por lo que camino sobre sus pasos y fue rápidamente a atender a su morena.

-¿Que sucede Mary?...¿Te lastimaste?-Pregunto el rubio preocupado, incandose a su lado y moviendo sus manos, a lo que la morena trato de moverse un poco, pero los intentos por ocultarlo fueron en vano cuando en uno de sus tanteos, Alfred apretó su tobillo.

Un grito agudo escapo de sus labios, y el rubio salto por su reacción, aunque su vista se volvió a dirigir a la zona entre sus dedos.

-Te doblaste el pie...-

El tobillo estaba rojo, inflamado de gran manera, caliente, y Alfred frunció el ceño al notar que para llegar a ese estado, la cosa debió ocurrir hace un rato atrás.

-¡Esto ya lleva un buen rato lastimado!-

-¡No es eso!, es solo que...-No hallo que decir, por lo que cerro la boca y retiro la mirada en otra dirección, era demasiado obvio.

-¿Por qué no me dijiste nada antes?-Interrogo el rubio molesto.

-¡Por que sabia que te pondrías así!-

El rubio se llevo la mano a la cara por la actitud de la morena, sacudió un poco la cabeza en busca de una solución y en un movimiento rápido, rasgo parte de su camisa roja que aun estaba seca. Se coloco frente a la morena tomando su tobillo, no sin queja, y le vendo con cuidado.

María le veía reojo los movimientos del trapo rojo envolviéndose alrededor de su esguince, antes de formar un nudo al frente, y los dedos blancos le acariciaren con cariño.

Como diciendo: No pasa nada, lo importante es que estés bien.

La vista de María seguía en otra dirección, hasta que la posición en cuclillas que tomo Alfred le hizo re-dirigirla, y le vio extrañada.

-Vamos, súbete a mi espalda-Le dijo el rubio con una enorme sonrisa.

Quedo perpleja por unos momentos ante la sugerencia, hecha con esa sonrisa a la que María no sabia como negarse, y el rubio movió un poco sus manos para que se diese prisa.

-Estoy llena de barro ¿Sabes?...-Soltó.

-No me importa...La lluvia va a limpiarte de todas maneras...vamos, sube...-Le respondió.

-...-

.

.

.

Con algo de vergüenza, la morena se acomodo en la amplia espalda del ojiazul, deslizando ambas piernas en sus brazos, y enredando los propios en su cuello. Oculto su rostro en su hombro cuando finalmente se elevo, y comenzaron a caminar nuevamente bajo la tenue lluvia.

Los ligeros chapoteos que se levantaban por el paso de Alfred sonaban entre la espesura del bosque, mientras ambos enfocaban su mirada en algún sitio en particular, mientras las gotas caían de sus cabellos.

Tal vez era el momento, pero ninguno de los dos dijo nada, María dejo de quejarse por la lluvia que seguía cayendo, y Alfred estaba pendiente de donde caminaba.

-...¿Recuerdas...-Una pregunta rompió el silencio, mezclado con las gotas de lluvia-...aquella noche... cuando me caí del árbol?-

Alfred dio un respingo al escucharle, antes de relajar la mirada.

¿Como no iba a recordarlo?

-...Yes...también estaba lloviendo...y jugábamos al escondite con los demás...-

-...Itzel estaba contando...yo corrí...y tu me llamaste desde la copa de un árbol...-Le siguió María con el relato.

-...Yo te ayude a subir...y nos quedamos allí el resto de la tarde porque nadie podía encontrarnos...-Alfred soltó una baja sonrisa, antes de continuar.

-...Al final, cuando iba a anochecer, baje del árbol, y cuando te esperaba...-

-...Me enrede con mi vestido y resbale...-

Alfred guardo silencio, y le dejo seguir.

-...Y me hice tantos raspones, por todos lados, me sangraban, me ardían. Y los demás se habían ido ya a casa creyendo que ya estábamos ahí... Me costaba moverme...

...Y tu me cargaste...todo el camino de vuelta...-

El sonido de la lluvia cayendo le siguió en el silencio, y María oculto su rostro en el hombro del rubio, frotando su frente contra el.

La imagen de dos niños bajo la lluvia empezó a difuminarse, mostrándolos ya adultos en la misma situación.

-...Incluso ahora...me estas cargando de vuelta otra vez...-Susurro, bajando de repente el tono de su voz, como si estuviese a punto de sollozar.

Alfred siguió guardando silencio.

-Gracias...por estar siempre para llevarme de vuelta, Alfred...-

Y en ese momento, apretó los labios, antes de dar una sonrisa melancólica, y responder.

-No hay de que, María-

Porque...

Incluso cuando quieren que niegue todo...

...Cuando quieren que oculte mis sentimientos

...Y quieren hacerme olvidar lo que siento por ti...

...Mi corazón salta y dice ¡Hey! ¿Que hay de mi?

¿Acaso lo que yo quiera no tiene importancia?

-¿Mm?...¿Que es eso de ahí?-Soltó la morena con curiosidad levantándose ligeramente por sobre el hombro de Alfred, quien elevo la vista para también ver que era.

Allí, a cinco metros de distancia, había una vieja cabaña de madera. Se notaba que tenia un tiempo sin ser habitada, las ventanas se notaban polvorientas al igual que el suelo, y podía verse desde afuera cortinas desgarradas, pero el techo lucia en buen estado y la estructura les serviría para protegerse del frió esa noche. Tal vez a su dueño no le molestaría que pasasen una noche allí.

Ambos se observaron emocionados y fueron al lugar rápidamente, subiendo las escaleras que crujieron bajo su peso a causa de los años.

-Quédate aquí un momento...-Le dijo Alfred bajándola de él lentamente antes de entrar forzando la puerta con una patada, comprobando si algún animal no había decidido pasar la noche allí también.

Con cuidado, tomo un palo que se encontraba en el suelo con algunos escombros y camino con sigilo, analizando lo que había a su alrededor, que no era muy grande, pero se escondía un poco por la oscuridad.

Noto un estante en una de las esquinas, con algunas conservas y enlatados, lo abrió con el palo en busca de alguna serpiente, la más grande de sus preocupaciones.

Más allá, había una chimenea de metal, lo que lo hizo suspirar de alivio, con algo de leña y un par de rocas...

Pero su atención fue redirigida unos metros más allá, cuando una superficie acochada le dio la bienvenida y su vista se ilumino, no pasarían mal la noche...una cama.

Se encontraba cerca de la chimenea, lo suficiente como para brindar algo de calor, pero no tanto para que alguna chispa incendiara toda la casa. Alfred rodó un poco la cama y alzo el colchón para ver si no había ninguna criatura escondida.

-Alfred ¿Que fue eso? ¿Es seguro entrar?-

El rubio echo una ultima ojeada, y sacudió un poco el colchón antes de responder.

-¡Cuando quieras, Mary!-

Un paso desigual se hizo oír, avanzando al interior de la cabaña.

-¡Te dije que no me llamaras Mary! Guau ¡No esta nada mal!-Soltó la venezolana viendo a su alrededor, antes de que el rubio pasase por su lado a la salida.

-¿Qué haces?-Pregunto con curiosidad la morena.

El rubio arrancando con ferocidad la madera de la baranda y juntarle con los escombros del suelo no hicieron más que confundirla.

-Enciendo un fuego...-Le respondió el rubio tomando cuanto pudo en sus brazos y vaciarlo en la chimenea, antes de correr afuera por algunas rocas secas, encontrándolas revisando bajo la escalera y regresarse.

La morena veía todo con curiosidad, algo inquieta al ver que Alfred hacia lo posible para que pasasen la noche y ella estaba solo ahí parada, necesitaba hacer algo para no sentirse una inútil en medio de todo esto.

Movió sus ojos por toda la habitación, y noto algo en la ventana, un trozo largo de alambre.

Tal vez podría usarlo para tender su ropa mojada frente a la chimenea, y así tuviesen algo seco que ponerse mañana.

Dejo caer sus zapatos al lado de la chimenea y se dispuso a hacerlo, mientras el rubio no paraba de frotar las rocas, rogando por alguna chispa que se creo al cabo de unos segundos, encendiendo la madera por completo al cabo de unos momentos. En un parpadeo, toda la habitación ya estaba iluminada por la luz proveniente de la chimenea.

-¡Jaja!¡Mira, Mary, fuego!¡I am a Hero!-Grito el rubio feliz.

-Mm...Si, tienes razón-Dijo la morena, ignorando el pronunciar de su nombre, por esta vez, y dándole una sonrisa a Alfred.

-Hay que comer algo...-Soltó luego de unos segundos, dirigiéndose al estante y sacando algunas latas y conservas antes de regresar a la cama, extendiéndole un frasco de conserva al rubio.

-Mm, Hey, no tenemos abrelatas para eso...-Le señalo el ojiazul, apuntando con su dedo la lata de carne, que no incorporaba las tan famosas ``Abre-fácil´´.

-¿Y quien dice que hace falta un abrelatas para abrirla?-Le pregunto la morena con una sonrisa de medio lado.

-So...¿Como piensas abrirla?-Alfred hacia lo suyo destapando la conserva, que sonó con un ``Pop´´, parecido a los frascos de compota.

La pregunta solo hizo ensanchar la sonrisa de María.

.

.

.

Al cabo de unos segundos, podía verse a la morena frotando con rapidez la parte superior de la lata contra la superficie de arcilla donde posaba la chimenea, dándole un vistazo de vez en cuando antes de volverla a raspar.

Alfred, por su parte, veía a la chica como si se hubiese vuelto loca.

No le dijo nada para evitar que se fuera en contra de él, tal vez se había golpeado la cabeza cuando se cayo, o algo de agua se había metido en sus oídos e inundo su cerebro, así que decidió ignorarla, pero al cabo de unos momentos, le comió la curiosidad.

-...¿What the fuck are you doing?-Pregunto.

La morena estaba increíblemente inmutable a lo que dijo, y raspo la lata un poco más, luego pareció satisfecha y se levanto, colocando la lata en la pared y sosteniéndola desde abajo.

-Ya vas a ver, gringo, ya vas a ver, quiero que des un golpe aquí-María no le llamaba ``Gringo´´ a menos que sintiese que ella tenia la razón o iba a ganarle en algo, así que se bajo de hombros y decidió confiar viendo al sitio que le señalaba la morena, al costado de la lata, y golpeo.

De repente, la tapa de la lata salio disparada, volando en cámara lenta ante los ojos perplejos de Alfred, con los ángeles cantando Aleluya! en en fondo, cayendo con un tintineo al suelo.

La lata ¡Ha sido abierta! Música celestial aquí por favor.

-¿C-Como hiciste eso?¡Tienes que enseñármelo!-Grito Alfred emocionado, observando la carne de la lata y comprobando que no había sido un espejismo.

María elevo la nariz orgullosa por su logro, si Alfred hacia fuego con un par de rocas, entonces ella abriría una lata solo con las manos.

-Bueno, solo hace falta raspar el borde de la lata...-Dijo, tomando la lata restante, de atún con verduras-Contra algo duro para llegar cerca de la tapa...-Siguió, haciendo la demostración.-Y darle un golpe al lado para abrirla-

-Me lo enseño un señor que atendía en una playa de La Guaira...-Agrego la morena como un comentario.

Alfred lucia fascinado, así que le extendió la lata para que lo hiciese por si mismo y, al cabo de unos momentos, otra tapa de metal volaba por los aires, y se dispusieron a comer en el suelo frente a la chimenea. Usaban los dedos, ya que no había cubiertos en ningún lado, y tuvieron especial cuidado al comer de las latas, aun afiladas en los bordes.

Los lentes del rubio yacían ahora en el suelo, de frente a la chimenea.

Hablaron de cosas sin importancia, e hicieron aquello que no pudieron y que los llevo a esa situación: Hablar, saber de la vida del otro, como los trataba la crisis económica, evitaron tocar el tema de sus jefes para evitar cualquier roce.

Ellos, simplemente no se llevaban bien, algo que podría considerarse normal.

De no ser que por eso mismo Alfred y ella terminaban pagando las consecuencias.

María pensaba silenciosamente, masticando lentamente su atún con vegetales.

Una sonrisa escapo de sus labios, al notar que, solos en este pequeño pedazo de mundo, podían hacer lo que quisieran sin que nadie los juzgase, podían amarse el uno al otro.

...Amar...

Debe ser increíble...Que tu y yo ante todos seamos incapaces de pensar en el amor.

Pero ahora, en estas pequeñas, estrechas cuatro paredes.

Podemos mirarnos con amor, sin ser juzgados.

Sin que las opiniones, ideales, de una persona intervengan.

Observaban el fuego bailar en la chimenea, lo que les hizo recordar que debían secarse la ropa.

Y el tenerla puesta no ayudaba mucho.

-C-Creo, que debemos poner la ropa a secar...-Soltó el rubio.

María, a su lado, estuvo a punto de escupir su atún, recobrando la compostura luego de unos segundos.

-Tienes...razón...

...P-Pero, como nos las tenemos que quitar, nos damos la vuelta y luego nos cubrimos con la sabana-Anuncio la morena, rosada de vergüenza, haciendo a Alfred sonreír.

.

.

.

-¡N-No mires!-Le grito la morena, desatando su vestido, y el rubio rió divertido.

-¡Ok!-Le afirmo.

...Pero eso no quería decir que se lo juraba.

Aflojando su corbata negra, el rubio echo una ligera mirada por encima de su hombro, mirando como la tela del vestido se deslizaba delicadamente de los hombros de la morena, dejando al descubierto la suave piel ahí, y amenazando con descubrir su espalda y haciéndolo poco a poco, viéndose muy bien la combinación de su piel morena con el tono dorado del vestido. La tela estaba húmeda, y se pegaba al cuerpo de la ojiverde como una segunda piel, a cada curva perfecta de su anatomía, sus piernas, su trasero...

-¡No estas mirando!¡¿Verdad?!-Pregunto la morena, ajena a todo mientras seguía desvistiéndose, el pudor, ella aun lo tenia.

-No...-Mintió el rubio, antes de volver la mirada a la pared frente suyo, con una sonrisa traviesa mientras se desabotonaba la camisa y se quitaba el cinturón.

El sonido del cierre bajándose inundo la habitación más que nada, estremeciendo a la morena, quien no pudo evitar voltear a ver un segundo.

El rubio seguía de espaldas, como debía ser, retirando el cinturón de su pantalón, provocando que su espalda desnuda se contrahace bajo su piel blanca, brillando todavía húmeda por el agua de la lluvia, los músculos de sus brazos moviéndose, fuertes, tonificados. María recordó momentáneamente que ella estuvo apretada entre esos mismos brazos, y acostada sobre aquella espalda.

Aquello le hizo sonrojar y volvió la vista de nuevo al frente.

Con cada prenda que retiraban, la iban colgando en el alambre a su lado, cerca de la chimenea, incluyendo la ropa interior.

La primera en terminar fue María, y su brazo se disparo a tomar la sabana y envolverse con ella, por lo que Alfred tuvo que arreglárselas con la almohada, hasta que se acostaron en la cama y la morena acepto darle un poco de sabana.

Así que, ahí estaban, el uno frente al otro, con María apretándose la sabana al pecho mientras le veía desde abajo con vergüenza.

La ultima vez que se habían visto desnudos fue...

Ellos estaban en casa de...Viendo una película sobre...

Y entonces...

Los trozos fueron suficientes como para hacerse una idea de lo que paso. En algún momento de su vida...

Ella ya lo había hecho con Alfred.

.

.

.

De hecho, habían sido muchos momentos...

.

.

.

¡Que cosas había hecho con su vida!¡Dios Santo!

Pero aun así, pensó. ¡Aun así era tan vergonzoso!

.

.

.

Se sentía avergonzada, molesta, y con ganas de patear al rubio, que solo estaba ahí enfrente suyo en la cama con su sonrisa de feliz cumpleaños, como si el hecho de que con solo deslizar esa sabana podrían verse totalmente desnudos no le afectara en lo absoluto.

María lucia como un gato asustado, con su rostro rojo y sus cejas arqueadas al igual que su espalda, al igual que si estuviera a punto de lanzar un zarpazo y huir. Tal vez había heredado eso de Lovino.

María podía ser adorable y no darse cuenta de ello, Alfred pensó.

Oh, pero el sabia eso muuy bien, María podía verse adorable de muchas... maneras. Había tantas cosas, que podían llevarla a ese estado, insospechables y a la vez tan obvias, y de que el rubio era único de tener conocimiento. Un ejemplo muy bueno seria halar el rizo en el lado izquierdo de la cabeza de la ojiverde, que solía generar reacciones, para Alfred, maravillosas. Una sonrisa curvo sus labios ante ese pensamiento.

Pero de repente, aquel pensamiento fue remplazado por otro. Ya sabes, cuando piensas en una cosa y luego recuerdas algo, como un rayo.

-¡¿Q-Qué haces?!-María lanzo un gritillo, observando con horror como el rubio hurgaba debajo de la sabana, halando de su pierna.

-Hay que cambiarte la venda...esta mojada ¿No es así?-Soltó el rubio, sacando le la pierna luego de unos segundos, y tanteando la tela húmeda y comprobando que estaba cargada de agua.

-Bueno si...pero...-María le observaba de nuevo, desatando con cuidado la venda para evitar hacerle más daño, y lanzar lo hacia el tendero improvisado.

El sonido de parte de la sabana siendo rasgada lleno la habitación, antes de que el ojiazul se dispusiera a colocar la nueva venda.

-¿Sabes porque me moleste cuando vi que tenias el tobillo lastimado desde antes?-Pregunto Alfred de repente, girando un poco su vista hacia la la morena, extrañamente sonriente mientras colocaba la venda.

María le vio unos segundos, tratando de olvidar el hecho de que su muslo estaba un poco expuesto por la posición, antes de responder.

-...¿Por que...No te lo dije antes?-Más que una pregunta, era una afirmación.

-Mm...Bueno, si...-Dijo el rubio, cerrando un poco los ojos a con una sonrisa antes de seguir-...Pero, más que eso...Estaba enojado conmigo mismo—esto ultimo desconcertó a la morena, y se arriesgo a preguntar...

-...¿Pero por qué?...- Alfred se concentro en hacer un nudo, entrelazando las telas lentamente.

Tu eres lo más importante para mi...

...Cualquier daño...

...Cualquier herida...

Elevo el pie de la morena hasta la altura de su rostro con cuidado, observando que todo estuviese perfecto. Debido al movimiento, María había terminado acostada por completo en la cama, una vista que le pareció maravillosa.

-...Because...Yo no me di cuenta antes...-

La morena abrió los ojos sorprendida, y Alfred alzo la cabeza en su dirección.

...Incluso la más pequeña...

...Solo quiero ayudarte a sanarla...

El amor volvió a inundar los ojos del rubio.

-María...

...Tu eres lo más importante para mi...-

Alfred apretó sus labios en la venda.

.

.

.

Aquello había arrancado el aliento de María. Sus ojos verdes se redondearon en shock.

Un extraño calor comenzó a invadirle, y no era de la chimenea.

.

.

.

...Pero si en mis manos estuviese, las evitaría a toda costa...

...Porque eres lo más importante para mi...

Lentamente los labios de Alfred se fueron arrastrado por la pierna de la morena, haciendo una pausa en su rodilla, donde dejo un beso húmedo. Siguió subiendo, en una serie de besos suaves y cálidos hasta la cara interna del muslo.

Demostrando sus palabras.

Como si cada palmo de su cuerpo, era para él un templo de adoración.

Alfred puso sus rodillas en el colchón, deslizándose con ellas ligeramente.

Se acercaba cada vez más, retirando de a poco la sabana, encendiendo la anticipación en la morena, y una sensación de ansiedad.

María vio como las manos de Alfred se unieron a sus rodillas sobre el colchón, y se detuvo a cuatro patas sobre ella, la luz azul de sus ojos brillando a la luz de la chimenea.

Un muy bajo susurro cruzo el aire.

-María...si quieres que me detenga...-

Y una respuesta inesperada.

-Sigue...-

Y siguió...

Poco a poco, Alfred se arrastró hacia María.

Alfred extendió su mano y tiró de la sabana de la morena, dejando al descubierto su cuerpo lentamente.

Observando cada centímetro, rozo con sus dedos la piel, estremeciéndola.

Presionando su cintura, con sus yemas explorando el hueso de la cadera, delineando con la mirada la curvatura de sus senos.

Sus ojos cruzándose, bañados por la luz del fuego.

Como a una obra de arte.

Finalmente, los labios cálidos de Alfred tocaron a los de María, presionando sus labios rojos a abrirse con lentitud, la lengua lentamente deslizándose en su camino en la boca.

Cuando Alfred le beso, María se sintió como si estuviera en una caída libre.

Toda su fuerza de voluntad fue quitada de ella, en menos de un segundo.

Y no tardo en responder.

Sonidos de besos húmedos, leves jadeos, cálidos gemidos.

Toqueteo la piel de Alfred, firme bajo su tacto, paseando sus palmas por su pecho y rozando los botones caramelo. Sus manos se deslizaron más atrás, a su espalda, caminando con la punta de sus dedos el sendero me marcaba su columna y apretando sus caderas para acercarle así.

Los labios se pasearon lentamente por su cuello, y una agradable calidez invadía su vientre.

Como la primera vez en años.

La sensación de la respiración del rubio en su cuello, envió pequeños hilos de deseo por su espalda delicada, cuando los dedos fueron a apretar y tantear los pezones color vino, enviando pequeños temblores a través de su cuerpo.

-Eres hermosa ...-María sintió como los dedos de Alfred rozaban con las yemas la cara interna de su muslo, tanteando por encima de su vientre, torturándola un poco más, para después enfrentar su torso con las dos carnes ya sensibles en su pecho.

Envolviendo sus manos en los cabellos dorados, bajando a su nuca y aferrarse de sus hombros fuertes.

-Bésame Alfred...-Le pide.

Y él la complace.

Un gran fuego se enciende, y se va alimentando con la pasión, la necesidad, y se esta volviendo poco a poco en un incendio.

María jadea, el sudor formando una capa fina en su cuerpo. El pecho le sube y le baja descontrolado.

Alfred, encima suyo, esta en las mismas condiciones, como tratando de contener la llama en su interior.

Pero ninguno de los dos puede, ni quiere.

Se habían perdido en las sensaciones, así como en los sabores de ambos mezclados.

Necesitan más contacto.

Necesitan sentirse .

Querían al otro, todo de él.

Estar inmersos, tan profundo que nadie sería capaz de decir dónde termina uno y comienza el otro.

Enredo sus manos en el suave muslo, alzándolo y pasándolo alrededor de su cintura.

La ardiente hombría hace contacto con su humedad femenina.

Durante todo este tiempo había estado descuidando sus propias necesidades, y el dolor se había vuelto demasiado evidente.

Una descarga eléctrica los hace estremecer.

Querían ya.

María arquea su espalda al sentir a Alfred entrando en ella con fluidez, preciso, y un gemido escapa de sus labios.

Rodeado por el calor embriagador.

Dan inicio a los movimientos.

La cama gruñe con cada movimiento de su pelvis.

Y su melena morena se enreda en las sabanas.

El sudor les cubre, de un brillo perlado.

-A-Alfred...-Le llama, llena de éxtasis, llena de él, arqueándose por más.

Los únicos sonidos eran los de su respiración haciendo estragos, la carne golpeando contra la carne, todo con la lluvia de afuera y la chimenea, y sus gemidos.

-María...-Le dice de vuelta, besando su rostro, sintiendo los impulsos viajando en él.

-Aaa...Ahhmm...-Gemían, cerrando los ojos de placer mientras sus boca se abría con suaves sonidos.

Se fundían con el otro.

Se perdían en su estructura.

E iban al paraíso.

Alfred envolvía su torso con sus brazos, impulsándose para llegar a su interior.

-Alfred...m-más...rápido-Ruega, apretando sus hombros.

Aumenta la fuerza y la velocidad.

Asciende el calor.

Él mismo jadeaba, sintiéndose envuelto deliciosamente por la morena debajo suyo, aferrándose a su brazo, encontrándose sus cuerpos con cada golpe.

-¡A...Alfred!-Grito, revolviéndose en las sabanas, apretando los parpados, con su intimidad que palpita alrededor del rubio.

-Ma...ría...-Jadeo, mordiéndose el labio, ambos estaban cerca.

Sabia que no iban a aguantar más tiempo.

Las embestidas se volvieron irregulares, sin control, el tono de los gemidos se hizo más alto e inundaba cada rincón.

Apretó con fuerza la sabana debajo suyo, sintiendo el orgasmo venir, su vientre se contrajo.

-María...-Pronuncio él nuevamente, acercándose a su rostro, ya en el borde, antes de estrellar sus labios a los otros. Las paredes palpitan a su alrededor de su miembro y le aprietan, ya no puede más.

El gemido de los dos murió en el beso, derritiéndose.

Ambos cuerpos cedieron, y Alfred se dejo caer sobre ella, con cuidado de no aplastarla con su peso.

Le abrazo fuertemente, jadeando aun.

Se coloco a su lado, y ambos se miraron fijo unos segundos.

-Te amo...-Dice el rubio, respirando agitado.

Alfred le mira, con amor.

Y ella se da cuenta...

Que cada mirada que recibía de este hombre, María estaba tan feliz de recibirla.

Incluso ahora que él está diciendo que le ama, María ya sabe del amor que le profesa.

Y que le corresponde.

Poco a poco tomando la mano de Alfred, María le alzo y coloco en un simple beso en los labios de Alfred y le susurró:-Yo también te amo-

Afuera seguía lloviendo.

Pero eso no les importaba a ninguno de los dos.

Porque en estas pequeñas, estrechas cuatro paredes.

Podían mirarse con amor.

Y decirse aquellas palabras que tanto habían guardado.

En este pequeño pedazo de mundo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Nota:Yay! Lemon finalizado! ¡Espero que haya valido la pena! Porque odio el lemon sin argumento o porque sí, y ahí esta el resultado ¡Más de 4000 palabras! No hice a María la dominante, soy más bien de las que piensan sobre partes iguales, ya saben RETROALIMENTACION, tu me das y yo te doy. Ademas, quería que fuese un lemon dulce, como la primera vez en años. Comenten y díganme lo que piensa acerca de ello :D

Lo de abrir la lata raspándola es cierto!, inténtenlo cuando se pierdan en una selva y no tengan nada en la mano para abrirla, xD con una superficie lo suficiente dura para raspar la lata bastara. Me lo enseño un señor que atendía en Playa Los Ángeles en La Guaira, era un dato que quería poner en el fic. ;3

La retroalimentación es amor, por favor no me maten de hambre y denle clic al sexy botoncito de ahí abajo :3