Bueno, se que tardé demasiado en hacer la continuación pero la inspiración y la escuela me matan x_x, pero no por eso les dejaré sin el seguimiento de la historia. gracias a los nuevos lectores y espero que les guste lo que viene.


Aquel enorme individuo se acercó a su cuerpo causando una sensación de intranquilidad que viajaba por su espalda a forma de una corriente eléctrica, era un poco más bajo de lo que lo había podido apreciar en su mente cuando se presentó ante él pero la mirada firme y penetrante, que parecía que podía mirar más allá de su mente lo ponía inquieto, a cualquiera lo haría por que a nadie le gustaba sentir que podían ver sus secretos, que podían ver su verdadera conciencia. No apartó sus ojos de aquellos, por que por más incomodidad que sintiese al tenerlos mirando más allá de sus ojos de color esmeralda, hurgando en sus pensamientos actuales, se sentía atraído a mirar más y más el color tan inusual que portaban los ojos del demonio.

– ¿y? ¿Cuál será tu deseo? – había demasiada cercanía entre ambos, un paso al frente que daba y el inglés retrocedía hasta quedar atrapado entre el otro y una banca.

Había pensado de manera cuidadosa que era lo que pediría a ese sujeto, tomando en cuenta todas las advertencias que le había dado y esas reglas, no le gustaban pero no había nada que pudiera hacer para cambiarlas, además, como si no fuera demasiado complicado pensar en algo que no trajera algo malo después de que se cumpliera. Tenía la respuesta en la lengua pero se distraía demasiado mirando el rosto entre apacible pero intimidante de Ivan, como había deseado que lo llamará en ese mundo.

– Deseo entender las runas escritas en el libro y de cualquier libro o pergamino que se me entregue – a fin de cuentas, aquello no podría traer una consecuencia después o al menos no se lo imaginaba.

El silencio se tornó total después de que terminara su petición lo que lo puso alerta. En un movimiento inesperado, demasiado rápido las manos del otro ya estaban sobre sus ojos ejerciendo una presión leve. Volvía a arder, a mucho menor cantidad a cuando había hecho la desgraciada marca sobre su brazo pero ardía bastante y considerando la zona en la que estaba aplicando, con más razón. Juraría que sus globos oculares estaban a nada de explotar, punzaban.

Como un movimiento de protección instantánea, sujeto los brazos del otro para apartarlo pero este no se movió de su lugar hasta segundos después, que para el inglés parecieron terribles y torturantes horas. Ivan sonreía como desgraciado, su trabajo había quedado bien, cualquier cosa que el inglés leyera a partir de ese momento lo entendería a la perfección como si fuera una de sus lenguas nativas. Y mientras se estaba sintiendo bien por su trabajo perfecto, el inglés maldecía horrores el ardor que quedaba en sus ojos cuales tallaba repetidamente para que desapareciera junto con la ceguera momentánea con la que contaba.

Mientras recuperaba la vista, el demonio se dedicaba a examinar a mejor detalle la apariencia de su nuevo "amo". Delgado, de altura un poco menor a la promedio en esos lugares de la tierra humana, cabello que no era bien cepillado de un color rubio dorado, piel un tanto pálida pero no más que la suya (que, era como si nunca hubiera visto la luz del sol y en parte así era) y por lo que había podido apreciar tenía ojos de un color verde bastante atractivos. Era una criatura bastante atractiva, lo que le ponía a preguntare como es que nadie lo seguía, por que todos susurraban y se alejaban de él cuando pasaba. Su mundo no era muy diferente a este en cuanto la apreciación de la estética, apenas un poco distinta pero no mucho. A cualquiera con el físico de ese humano enfrente suyo en alguno de los círculos sería asediado día y noche por todo aquel que quisiera estar a su lado como una potencial pareja.

– No veo diferencia alguna – la protesta del inglés no se hizo esperar, sacando de sus cavilaciones al demonio negó con la cabeza junto a una pequeña risa grave que no fue mucho del agrado del otro.

– Claro que no ves ninguna diferencia, solo podrás ver los resultados cuando leas alguna de las partes con runas del libro o un pergamino – pasó su mano sobre la cabeza del otro como un gesto extrañamente amigable que no fue bien aceptado por Arthur, se estaba tomando demasiada cercanía con él. Ivan dejó su cabeza en paz pero había atrapado al otro entre la pared, él y sus brazos, estaban a casi nada, el ambiente frío de esa habitación destrozada se había convertido en una pesada atmosfera pesada y caliente. Tomó a la fuerza su barbilla, esos ojos verdes lo miraban directamente, desafiantes – o, ¿quieres que agregue algo más a tus ojos humanos? –

Al inglés le crispaba los nervios ese solo hecho y de tomar conciencia de cuan cercanos estaban sus rostros. La sensación de que en su estomago algo se revolvía e intentaba salir escalando por su esófago y rasguñando sin piedad para poder trepar era fuerte, todo por la cercanía de Ivan – No hay necesidad ahora de que lo hagas… – masculló, alejando esa mano de su barbilla insistiendo en volver a recuperar su espacio personal.

Estaban demasiado cerca, casi a esos momentos en que él… No, aquello había acabado hace bastante tiempo. No le dejó nada más que un mal sabor de boca y una lucha constante para demostrar que no era solamente algo como eso. Aun así, no había movimientos, ninguno de los dos estaba dispuesto a moverse del lugar de donde estaban. Mientras el demonio se mostraba confiado, con una sonrisa que le revelaba al menor el que estaba haciendo eso por que podía sentir la incomodidad que tenía. Quería golpearlo en el rostro para ver si de esa forma quitaba la ingrata mueca pintada en su blanco rostro.

Se hubieran quedado ambos en silencio por un largo rato, mirándose como hipnotizados, mostrando quien sería el que sedería en ese juego involuntario en el que habían caído de la nada, pero gracias a la casualidad, pasos rápidos seguidos de alguien estrellándose con la puerta de la habitación en la que estaban abriéndose de manera estrepitosa hicieron que ambos dejaran de observarse, sin moverse mucho más que las cabezas para observar al cuerpo que había colisionado tan violentamente con la puerta. Era alguien que Arthur conocía y bastante bien, por lo mismo su rostro pareció tomar una mueca extraña y tragar en seco. En contrario de Arthur, Ivan parecía no verse tan sorprendido con el humano que había entrado de esa forma a la habitación aunque pudo ver algunas similitudes entre ambos.

La persona en cuestión era un rubio poco más grande que el inglés pero no lo suficiente para Ivan, aún le sacaba más o menos cabeza y media de altura. El cabello estaba más ordenado hacía a un lado a excepción de una curiosidad en él, un mechón de cabellos que permanecían elevados contra cualquier ley de la gravedad que pudiera tener ese mundo. Tez bronceada, ojos azules y una cara de idiota, al menos al juicio del enorme demonio. Se tomó su tiempo para recuperar el oxigeno que había perdido por estar corriendo hasta chocar contra la entrada y hablar entre jadeos apenas levantando la mirada.

– Arthur, oí lo de… -jadeo- que te …-otro jadeo, ¿qué no podía regularse de una vez? Aquel humano empezaba a tornarse demasiado irritante para Ivan – llegó un rayo. ¿Qué demonios pensabas cuando fuiste a la azotea? Se que te gusta, pero, c'mon, estaba el cielo atiborrado de nubes y … - las palabras que siguió sacando de la boca como vomito al demonio no le importaron, se alejó de Arthur (que no lo había hecho ni aunque el otro entrará de esa manera), adentrando sus manos a la chaqueta que traía puesta. No le interesaba seguir oyendo lo que sea que el otro reclamara a su amo.

Por otro lado, mientras el demonio se daba el lujo de juzgar y hacer sus propias teorías sobre el humano que estaba ahí, Arthur había cambiado su rostro de sorpresa por uno más parecido al de bronca. Lo conocía, claro que lo hacía, era su molesto e hiperactivo primo. Apenas notó cuando el demonio se había retirado, estaba más concentrado en intentar interpretar las palabras que salían como una corriente rápida del otro rubio, lo que le estaba provocando un dolor de cabeza. Residuo del pequeño incidente con la invocación.

– Alfred… - No había resultado.

– Y pudo haberte matado, Yo estaría triste. Bueno, no tanto a como cuando perdí mi número especial 1 del comic de Capitán América pero estaría triste –

– Alfred… – repitió, hablaba demasiado rápido como para que lo notara.

– ¿Y qué sería de mi si no haces mi tarea? ¿Qué no piensas en mí? ¡Eres un terrible primo! Pero como el héroe esta aquí hare que te arrepientas y ... –

– ¡Alfred! ¡Cierra la boca que harás que me explote la cabeza! – al alzar la voz al menos llamó la atención del otro que parecía querer proseguir con su intento de regaño y consolación.

Alfred no solo de calló cuando le escuchó, si no que pareció que su vista se aclaró mejor para poder observar que su primo no estaba solo en esa habitación. Había un enorme sujeto con él, ¡Tan grande como un maldito mastodonte! ¿Qué hacía él con ese grandote? No le daba una buena espina, no conocía a ese sujeto, mucho menos había entablado palabra con él, pero si había algo en el que Alfred confiaba para juzgar a la gente era ese sentimiento suyo tan heroico del que hablaba. Claro que muchas veces le decían que no se dejara guiar por prejuicios, no juzgar un libro por su portada, pero lo ignoraba.

– ¿Quién es tu amigo? ¡Arthie, pensé que habías dejado de hacer eso! – recriminó, eso le llamó la atención al demonio que hasta ahora había estado ignorando la situación para pasear por el salón destruido.

Arthur gruñó, ¿Cómo es que seguía pensando en que él hacía eso? – No lo hago, you jackass. Solo quería hablar un rato a solas con él, me estresa la gente que hace bulto afuera e Ivan tiene cierto pánico a este lugar nuevo – la mentira del inglés ofendió al demonio, pero fue ingeniosa para persuadir un poco a Alfred.

Pareció dudar un poco, pero Alfred no tenía muchas razones como para no creerle a su primo – ¡Okey! – y como siempre, sonrío de manera amplía lo que causo cierto alivió en Arthur por que eso demostraba que le había creído. Mucho tiempo conociendo a ese niñato como para saber si le creía o no - ¿Y cuál es el nombre completo de Ivan? ¡Hey dude! No tienes por qué temerle a la escuela, ¿acaso vienes de educación en casa?¿De donde eres? –

El inglés no respondió nada, apenas sabia el nombre de pila que el ruso había decidido ponerse pero no un nombre completo. No pensó mucho más en otra excusa pues el más alto se había adelantado – Ivan Braginsky, Se pronuncia Ii-van, no Ei-van. Vengo de Rusia y solo no me gustan las personas – el inglés parpadeo, ¿Lo habría tenido planeado?

Alfred hizo una ligera mueca como de asco – ¿Ruso? ¡You are a commie! – señaló, todo ruso era un comunista, cualquiera que viniera de un país perteneciente a la antigua unión soviética a su vista era un comunista tosco, bruto y mal perdedor que solo deseaba imponer su sistema maligno. Un alma demasiado nacionalista.

Resopló un poco, poniendo los ojos en blanco ante tan deducción del humano – Da, claro, como digas… er –

– Alfred F. Jones, F es por Fucking-Awesome, y te tendré vigilado – Glorificó su nombre y advirtió al otro que no mostró más que una mueca por esto. Arthur sintió las ganas de golpear a este y no se contuvo.

– La verdad es que F es por Fitzgerald, y tú deja de actuar como un idiota, ¿quieres? – No encontraba como soportaba a ese rubio todos los días, por que prácticamente sus familias vivían a nada y entre sus madres había una comunicación terriblemente grande.

Alfred solo gimoteo al ser golpeado en la cabeza – No estoy siendo un idiota, solo le advierto a tu amigo comunista que lo estaré vigilando – y volvió a hacer un signo de estarlo vigilando, algo que Ivan no apreció mucho pues miraba por la ventana rota como la lluvia seguía cayendo tan pesada. Había algo anormal ahí y esperaba que no fuera lo que creía. – Hey, ¿me estas escuchando? –

Arthur se alejó de Alfred, acercándose con cuidado especial al otro – Ivan, ¿pasa algo? –

Tardó en reaccionar, girando apenas la cabeza para sonreír como si nada – Es solo que me gustan las tormentas –

Y un enorme rayo cayó sobre la tierra en ese instante, causando estruendo no más grande como el que había impactado con el techo de la escuela, el que había traído a Ivan.

…|Space|…

5 minutos antes…

Las calles o la mayoría de ellas en la ciudad se habían convertido en un lago con agua furiosa, parecía que esa lluvia no tendría fin alguno y ahogaría a cada persona como un castigo por algún tipo de pecado mortal que condenara a todos.

Con la poca ayuda de su chamarra, había alguien cruzando por las ya desiertas calles húmedas buscando lugares que le cubrieran un poco. Entre maldiciones y chasquidos de lengua se aventuraba a seguir corriendo en dirección a su casa, pero el camino se la hacía largo pues muchas ya estaban demasiado inundadas e imposibles de cruzar. Estaría rodeando un área bastante grande para poder llegar a su casa y le empezaba a poner de malas.

– Scheiße*… – aunque hacía el esfuerzo para no mojarse,itly casi todo su cuerpo ya lo estaba. Después de un rato se harto y pateo charcos en muestra de su desesperación – Tenía que pasar esto ahora que el grandioso yo salió de la cárcel – de las veces en que su escape de la escuela había sido exitosa ( que esas ocasiones eran muy pocas ) le había caído tremendo aguacero encima.

No había más que hacer que empezar a trotar, buscar refugio algunas cosas y seguir hacia donde iba. La escuela y su casa ya estaban a la misma distancia, por nada del mundo volvería a esa prisión ya que había avanzado tanto. Desde el último rayo que e había visto, que fue el que casi dio comienzo a esa lluvia sin fin, no había caído otro, lo cual le resultaba un poco extraño. Cada vez que avanzaba un poco más, esa lluvia se estaba volviendo más pesada y con vientos turbulentos, una escena digna de ser descrita como una advertencia a la humanidad o la llegada de algo desconocido, para quien caminaba, no era más que una maldita maldición sobre él. Hubo un momento en el que no podía avanzar más, el viento estaba en dirección contraría hacia la que el caminaba y la lluvia también era un factor importante que le frenaba.

– Es como si me jalara de nuevo al viejo edificio, tsk, debí quedarme con Francis o Tony – murmuró con cabreo pues esas condiciones del clima le tenían hasta la coronilla. Se imagino a sus amigos dentro de una, por primera vez en su visualización de la escuela, cálida sala de clase, haciendo bromas a los incautos… Tenía mala suerte. Y antes de que el agua le siguiera cayendo y el viento intentando hacer caer para que se mojara aún más de lo que ya estaba, decidió ocultarse al margen de una puerta. El agua ya no llegaba tanto a él, podría esperar a que la lluvia se calmara un poco – pero se ve como si no quisiera detenerse –

Sus ojos rojizos observaban la calle gris inundada y la lluvia implacable caer contra el suelo provocando un sonido bastante fuerte que no le dejara escuchar mucho, pero no había demasiado que oír en esos momentos. Cerró los ojos a la par de que recargaba su cabeza con la pared, deseaba que se detuviera un poco, la lluvia y viento fuerte seguían siendo el fondo en su solitaria plegaria. Lo repetía, ante las necesidades de llamar a algo que detuviera esa condenada lluvia decía por favor, que era tan inusual en él que lo hiciera.

Por favor, solo un poco. Detén la lluvia un poco… solo un poco

Y después, todo se detuvo. El sonido del aire salvaje y la lluvia sin piedad había sido removido por el absoluto silencio. No sonidos de goteo, no de gente que celebraba que ya se había detenido, ni siquiera de insectos como los grillos. Absoluto y abrumador silencio. Abrió sus ojos, casi escéptico por haber logrado que se detuviera solo para abrirlos en grande al ver que no había parado, se había congelado como si alguien hubiera pausado el tiempo.

Su cuerpo se volvió casi de piedra, no podía moverse por el asombro de ver aquella escena – esto es… imposible – poco a poco y con temor, sacó su mano fuera del rango que lo cubría de la lluvia y toco una de las gotas que se apartó con un simple golpesito.

Luego no solo fue su mano, se aventuró a caminar en el tiempo detenido apartando las gotas de lluvia y después de un rato miró al cielo encontrándose con que no era él lo único que podía moverse. Arriba de él, saliendo del cielo, partiendo las nubes como un destello de extraña luz violeta, se acercaba a él y cada vez que tomaba más cercanía todo el mundo volvía a volver a tener su velocidad normal. Jadeo, apartándose de aquello justo cuando chocó contra el suelo y todo volvió a la normalidad provocando un sonido como si una bomba cayera sobre la ciudad, tan fuerte como el primero que había caído hace unas horas. Con una fuerza de impacto que la onda hizo caer y podría jurar, que la tierra rebotó como una pelota de goma.

– ¡Scheiße! ¡¿Qué demonios? – se giró para mirar el lugar donde había caído el relámpago donde debería haber un enorme cráter o una huella de quema, pero no había más que una figura blanca. Parecía una persona, una mujer más concretamente. La lluvia se había vuelto más tranquila pero no demasiado, mojaba su piel desnuda y un par de las más hermosas alas emplumadas – ¡Alas! –


Scheiße* = Mierda en Alemán.

A que ya saben quien es el que esta debajo de la lluvia, ahora solo adivinen quien es la que ha caído de la nada! :D