Nota de Autora:
¡Im back, bitches! Realmente estoy emocionada por volver a mi pequeño rincon de viñetas olvidadas. Habia creado esta idea desde hacia tiempo ya pero hoy me di el empujoncito necesario para terminarla de corrido. Les recomiendo leer esta nota de autora antes de leer la viñeta:
Esta historia tiene su origen en, claro, la canción de Ed Sheeran "Small Bump", sin embargo, recuerdo que la primera vez que la escuche fue en casa de una compañera de la facultad que estaba pasando por un proceso de depresión cronico y todas mis compañeras habiamos hecho causa comun y fuimos a su apartamento. La encontramos en un estado deplorable y tuvimos que tener mucha paciencia con ella porque habia perdido a su hijo. Aborto involuntario. Y el chico, para variar, desaparecido en el espacio. Recuerdo que nos contó la historia, que nos dijo que era lo que habia pasado y, en su momento, quise escribirle algo. Lo hice, sin embargo, es un escrito algo más personal que se lo regale enteramente a ella y, de todas maneras, quise contar su versión de los hechos, de alguna manera. De eso ya hace un año y medio. Y hoy, despues de terminar ya la universidad, me encontre con dos amigas de la facultad y recordamos todas nuestras aventuras y buenos momentos; tambien, claro, la noche en el apartamento de mi compañera. Nunca, jamas, llegas a superar la perdida de un hijo, asi sea no nato, sigue siendo parte de ti y solo personas como ella son lo suficientemente fuertes como para salir adelante.
Es por eso que le dedico esto a ella, esperando que, este donde este, el pequeño angel que nunca conoció a su madre la cuide desde donde quiera que esté.
DISCLAIMER: Bleach no me pertenece, escribo esto por mera diversión y sin fines de lucro.
Pequeño latido.
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"Entonces puedes descansar conmigo, con tus pequeños pies. Cuando estés medio dormido voy a dejarte justo frente a mí, un par de semanas, así puedo mantenerte a salvo. Porque fuiste un pequeño latido de cuatro meses, luego arrancado de la vida. Tal vez fuiste necesario allí, pero nosotros aún desconocemos el por qué." — Ed Sheeran.
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La casa se encontraba en penumbras, ningún sonido se escuchaba de fondo, ni siquiera las pequeñas goteras que cualquier suburbio japonés pudiese tener en su defectuosa cocina. Las sombras coloreaban las partes más brillantes conforme los días pasaran y, al mismo tiempo, la luz del sol por las mañanas intentaba revitalizar lo que alguna vez fue de ese lugar. Y allí, sentado en ese pequeño y sucio sillón se encontraba él, mirando hacia la nada mientras el reloj cucú de la cocina repiqueteaba constantemente sobre la misma hora. Esa que no habia cambiado con el paso de los años. Él aún se preguntaba cómo es que las cosas habían dado ese giro de trescientos sesenta grados en cuestión de meses, como es que una relación de años se podía romper a pedazos en tal solo unos pequeños momentos.
Durante mucho tiempo caviló la posibilidad de simplemente dejar que el argumento de ella le convenciera porque tenía razón. Demasiada. No estaban listos, quizás, nunca lo estuvieron. Pero algo a lo que habia estado dando vueltas eran a las palabras que latían en su cabeza todos días desde esa fatídica noche en la que todo su mundo, ese frágil castillo de papel que habia construido con tanto esmero, se habia derrumbado por completo, dejando solo pena, dolor y algo más en sus corazones.
Nunca supo en realidad que fue lo que hizo tan mal en la vida para merecer eso y, en esos momentos, está demasiado cansado para rememorar todos los pecados que habia tenido. No, estaba harto de eso, de tener que vivir en ese pasado horroroso con los relojes cucús a todo dar y el olor a incienso por toda la casa.
Esa que habían comprado para criar a su pequeño.
Sonríe tristemente mientras baja la cabeza y la coge con ambas manos, cerrando los ojos en el proceso. Habían pasado ya dos años de eso pero seguía doliendo como la primera vez e incluso peor. Porque ahora estaba solo en la inmensidad de ese lugar, en la totalidad de sus recuerdos.
Rukia Kuchiki había representado muchas cosas en la vida de Kurosaki Ichigo. Desde su amiga, su compañera de batalla, el soporte de su vida por decirlo de algún modo romántico. A pesar de las batallas, de la guerra, de la casi destrucción de la sociedad de almas, se dijo que nada de eso afectaría por completo la amistad que ambos tenían, que valoraban con lo más profundo de su ser. Claramente, se equivocaron, las últimas batallas sí que cambiaron sus vidas y también sus perspectivas. Casi ver morir a Rukia en esa batalla para derrocar a los Quincys le dio al shinigami sustituto una nueva visión de lo que sería su vida sin la pequeña Kuchiki: No solo la sensación de completo vació. La soledad, la pérdida, un dolor un poco más profundo del que sentiría si perdiera a otra persona, casi idéntico al que sintió cuando su madre murió solo que… diferente. En muchos sentidos.
La recuperación de la shinigami fue lenta y algo tortuosa pero pudo recobrar las fuerzas lo suficientemente rápido para retomar sus labores como teniente del treceavo escuadrón, con la total supervisión de Ichigo por supuesto, quien se quedó a ayudar a la reconstrucción de la sociedad de almas porque tenía un deber para con ellos. Nadie lo sospechó realmente, quizás Inoue se dio cuenta en algún momento pero no comentó nada, pero la verdadera razón de su larga estadía fue cuidar de Rukia, saber que comía, que descansaba todas las noches. Que estaba a salvo. Él confiaba plenamente en sus habilidades como luchadora pero seguía preocupándose por ella. Y Rukia, claramente, no se quedaba completamente atrás.
Su amistad y relación se estrechó mucho más con el pasar de los días que, de la noche a la mañana, se convirtieron en meses y, cuando menos se dio cuenta, Ichigo habia pasado ya un año en la sociedad de almas con visitas esporádicas al mundo de los humanos. Pronto, la sociedad de almas comenzó a hablar, más que nada la sociedad de mujeres Shinigamis quien, para variar, comentaban sobre la larga estadía de Kurosaki en el Sereitei pero, sobre todo, sus constantes visitas al treceavo escuadrón y a la mansión de los Kuchiki.
Pronto, las cosas comenzaron a esparcirse por sí solas y fue cuando Byakuya se enteró de lo que estaba "sucediendo" que las cosas se complicaron. Sin saberlo, el monarca de los Kuchiki había hecho de celestino en la relación de ambos lo cual jamás dejo de recriminarse en su larga existencia.
El reloj cucú sigue tronando como siempre mientras él espera pacientemente, recapitulando sus memorias, intentando descubrir en qué momento se jodió todo por completo. Qué fue lo que ocasionó que tuviese que regresar a esa casa en Hokkaido para recordar cosas que ya no estaban a su alcance.
Habia perdido el derecho de tenerlas hace muchísimo tiempo.
Y el tiempo es intransigente, uno solo en el espacio. Lo perdido, lo estará; lo único que queda, son las emociones.
Un par de hilos aquí, otro par por allá y Rukia Kuchiki tenía pretendientes como si fuese mercancía navideña en una subasta el mismo 24 de diciembre. A Ichigo, por supuesto, no le sentó nada bien; a Rukia, menos. La chica despachaba a todo o simplemente no hacía caso de lo que decían y simplemente les respondía un arisco "No me interesa" para luego seguir con sus labores de shinigami. Ella era una luchadora, un soldado, no un maldito juguete para mostrar en exhibición. Por supuesto, Nii-sama jamás podría haber hecho algo así, no, fueron la sociedad de mujeres Shinigamis, esas espías del mal que habían confundido la preocupación y amistad de Ichigo con algo más. Sin embargo, ni todo su temple pudo evitar que uno de los pretendientes se colara a la mansión Kuchiki casi a medianoche e intentara aprovecharse de la situación. Claro, su hermano, como siempre, se dio cuenta a tiempo y casi mando a matar al tipo, haciendo que este corriera por su vida ante las amenazas del heredero Kuchiki.
No, nadie tocaba a su hermanita de esa manera. Jamás.
No obstante, el pobre chico sí tuvo un destino fatal. Cuando Ichigo Kurosaki se enteró fue el fin del mundo, o de la vida social, para ese pobre, pobre shinigami. Se le reportó como desaparecido durante dos semanas y, cuando lo encontraron, casualmente en el distrito 68 del Rukongai, solo podía repetir una y otra vez "Nunca más". Él pobre habia debido de sufrir una larga agonía. Por supuesto, nunca nadie supo que era lo que habia ocurrido realmente; sin embargo, podía verse a Kurosaki caminando por el Sereitei con Abarai, comentando felizmente sobre una misión especial de la que se sentían completamente orgullosos.
Rukia no tardó en enterarse de lo sucedido por Renji, obviamente (El chico no podía resistirse a contar todo lo que sabía con un poco de presión en los lugares correctos), y fue la primera pelea monumental que tuvieron ambos. Ichigo reclamaba, Rukia furiosa, lo mandaba a volar. Muchas cosas ocurrieron al mismo tiempo en esa semana. La primera fue la pelea entre ambos shinigamis, la segunda fue que Renji desapareció misteriosamente y, cuando regreso, dijo haber estado de vacaciones en alguna playa montañosa (claramente, el borra memorias de Chappy no habia funcionado correctamente). Lo tercero fue la declaración estrepitosa de Byakuya sobre el destino de la heredera Kuchiki. Lo cuarto fue la contra declaración de la heredera, desmintiendo y negándose a casarse por conveniencia. La quinta fue el fogoso beso que se dieron Kurosaki y Kuchiki en pleno Senkaimon, con la posterior declaración de su relación a Byakuya. Las noticias corrieron durante todas esas semanas y, de pronto, el Sereitei se vio invadido de los antiguos ryokas, felicitando a Ichigo y requiriendo su presencia en el mundo humano, con la compañía de su novia, claro.
Durante mucho tiempo, Renji pensó que la relación entre ambos no duraría lo suficiente como para ser seria.
Se equivocó.
El hombre se frotó las manos mientras veía las sombras del atardecer de Hokkaido caer sobre la madera roída de la casa, haciendo que todo se vea demasiado tétrico para su gusto. No se suponía que debía de ser tétrico, se suponía que ese lugar estaba construido precisamente para que la luz llegase a todos los rincones de la casa, para que todo estuviese iluminado de la manera más bella y celestial posible.
Su pequeño se lo merecía. Ella se lo merecía.
¿Por qué habia cambiado todo tan drásticamente? No valía la pena seguir torturándose con ese tipo de preguntas, no era lo que necesitaba en esos momentos. Miro su reloj de pulsera. Faltaba todavía una media hora para su llegada y sentía no podría evitar caer de rodillas, abrazarla y rogarle, rogarle, regresar a lo que tenían. A lo que aun podían hacer. Suspiró, hubiese sido un sueño muy bueno.
Rukia e Ichigo fueron felices lo que su relación duro, que fue mucho tiempo en el mundo humano y solo un segundo en el Sereitei. No eran como las parejas normales, esas que se acaramelaban a cada momento, que se besaban en plena vía pública o demostraban su amor al mundo de maneras soeces. No, ellos eran más amigos que pareja. Sí, sonaría extraño pero esa mezcla entre la amistad y el amor que se tenían se complementaba perfectamente. A la vista de todos, seguían siendo Kuchiki y Kurosaki, los buenos e inseparables compañeros de peleas y pullas; en su dormitorio, eran Rukia e Ichigo, amantes, enamorados, una pareja que se besaba fogosamente hasta que no habia nada de por medio más que piel, sudor y semen. E incluso, momentos después de esa intimidad, seguían siendo los amigos de siempre. Matsumoto pensó que era por eso, esa combinación entre esas dos cosas, lo que hacía que esa relación funcionase correctamente.
La primera vez que los vio juntos, en una fiesta que dio el primer escuadrón, fue cuando corroboró por qué Orihime no habia podido ganar la partida. No solo era amistad o amor lo que los unía. Confianza. La entera confianza que tenían el uno en el otro hacia que la amistad y el amor fluyera libremente entre ambas almas. Y, si se concentraba un poco más, podría ver claramente como el reiatsu de ambos se entrelazaba en forma de lazos inseparables, como si todo hubiese estado destinado a ser. La mujer de grandes pechos sonrió. Sí, definitivamente eran el uno para el otro.
Muchos cuestionaron el liderazgo de Byakuya ante la noticia pero él no los tenía en cuenta. Al inicio, claro, se enojó. Muchísimo. Persiguió a Kurosaki por todos sus terrenos, amenazando con castrarlo por ello; sin embargo, al igual que Matsumoto, no pudo evitar ver que lo que tenían ambos era real. En algún punto del tiempo, lo aceptó e incluso, un día épico, soltó una leve risa ante un chiste hecho por el hombre en cuestión.
Ese día fue reconocido como fiesta nacional en el Sereitei y alabaron a Ichigo durante mucho tiempo por ello.
La percepción de ambos no cambio mucho, entre su relación, las tareas en el Sereitei. Todo era monótono.
Hasta que, un día, Ishida llegó a la sociedad de almas y le comentó que su padre habia tenido un accidente de auto. Habia sobrevivido y estaba bien pero tenía fracturada la pierna. El chico, preocupado por la salud del viejo, fue a verlo, encontrándolo completamente eufórico por verlo. Se alegró muchísimo de ver que seguía teniendo la misma energía que siempre. Fue cuando vio a Tatsuki Arisawa, esa compañera de escuela que tanto habia querido, que pensó dos veces en regresar al Sereitei.
La chica estaba furiosa, no solo por no avisarle de su larga estadía ni por enviar ninguna postal, sino por haber entrado en una relación sin tomar en cuenta los sentimientos de otras personas. De los vivos, dijo ella. Fue allí cuando el chico supo de los sentimientos de su compañera Orihime quien, al parecer, habia ido a Tokio a seguir con su vida. Se enteró que Keigo estaba prometido con una americana y que Mizuiro se encontraba en un viaje de reconocimiento espiritual. Jamás hubiera pensado que el mujeriego de su amigo se convirtiera a la religión budista pero el mundo era así de raro. Chad habia regresado a México durante una temporada para regresar con una pequeña esposa y un lindo y regordete pequeño con mofletes rosados llamado "Ruichi". Tatsuki, por otro lado, estaba trabajando en el dojo que los habia tenido como estudiantes a ambos y estaba concursando de campeonato en campeonato. Pronto lograría entrar a las competencias internacionales.
Fue allí, con todo lo que sus amigos habían logrado y vivido, que se planteó la posibilidad de regresar. Que realmente se planteó la posibilidad de vivir su vida en el mundo humano. Las reticencias de Rukia cuando le comento de eso, fueron enormes. Le dijo que ella no podría vivir mucho tiempo en ese lugar, que se convertiría en humana y él, por otro lado, no le veía lo negativo al caso.
Fue allí que se ocasiono su segunda gran pelea, esa en la que estuvieron separados por dos meses en los que Rukia estuvo en el Sereitei e Ichigo se mandó a mudar al mundo humano. Dos largos meses en los que Ichigo recibía noticias de la chica por medio de Renji diciéndole que, ahora que ya no estaba, los malditos pretendientes la rodeaban pero que ella, fiel a su poder espiritual, habia mandado a volar con una explosión de Kidoh a casi medio grupo de hombres avariciosos, haciendo que su novio se enorgulleciera de ello pero que, al mismo tiempo, se entristeciera. Le gustaría que Rukia viese las ventajas de vivir en el mundo humano. Tenían una vida más allá de las misiones, del papeleo, de la monotonía. Cada día era una nueva aventura y él lo descubrió en los múltiples trabajos que tuvo en esos dos meses, pequeños pero útiles. Fue entonces que Tatsuki le convenció de entrar a estudiar medicina para apoyar a su padre.
Y él no lo pensó dos veces porque, si podía ayudar, lo haría. Su familia no podía estar más unida pero su relación se estaba desgastando.
Fue al tercer mes que recibió una carta de Rukia disculpándose y despidiéndose a partes iguales, diciéndole que no era su intención alejarlo de una vida que, claramente, tenía que disfrutar. Que ahora era libre.
Libre y los calzones de su padre, le haría entrar en razón a la buena o a la fuerza.
La shinigami habia visto la perspectiva humana en esos dos meses sin Ichigo. Visitó varios lugares con su gigai y comprendió de lo que su novio se estaba perdiendo. Él tenía una vida allí, un lugar al cual regresar. Estaba vivo. Ella no. Y aunque le dolía completamente lo que iba a hacer, debía hacerlo. Era lo correcto. No podría mirarse al espejo nuevamente si Ichigo no vivía lo que le habia tocado vivir. Quizás, en otra vida, ellos pudieran estar juntos. Fueron esas sus palabras en la carta que le envió, rompiendo formalmente con él.
Lo que no se esperó por completo fue el alboroto que armó la llegada de Ichigo a la mansión Kuchiki, exigiendo hablar con ella. Logró calmarlo y decirle que habia comprendido lo que le estaba pidiendo y que no se preocupara. El chico no la dejo terminar su gran y profético argumento cuando la beso fogosamente en los labios y le susurró algo que jamás le habia dicho en todo lo que llevaban de relación.
—Te amo.
Fueron esas palabras, el sentimiento con el que se lo dijo, el brillo intenso en su mirada lo que la hizo convencerse de sus propias emociones. De lo realmente grande que era su amor por ese hombre. Fue en ese momento que comprendió que lo seguiría y apoyaría hasta el fin del mundo.
Y se lo dijo, de muchas maneras.
Se frotó la barba naciente mientras recordaba lo que ella le habia dicho ese día y esos momentos, esas palabras sonaban vacías y sin sentimientos.
¿Realmente habría querido decir eso o solo era la emoción del momento?
Quizás nunca lo sabría, no lo sabe con exactitud. Lo único que conoce en esos momentos es el vacío, la soledad y la destrucción de sus propios ideales.
¿De qué servía una vida sin las dos cosas más importantes que habia tenido?
Se replanteó volver al inicio nuevamente.
Esta vez podría hacerlo bien.
Lo haría bien.
El Sereitei se enteró del naciente amor de la pareja del año y decidió apostar sobre su futuro. Todos perdieron, claramente, porque nadie se esperaba que la heredera Kuchiki, siempre atenta a sus labores y a su escuadrón, dejara su puesto de trabajo para mudarse a vivir al mundo humano, ¡Y con la bendición de Byakuya, cojones! Nadie se lo esperó. Su partida ocasionó papeleo intenso y varias visitas al cuarto escuadrón donde Isane tuvo que prepararle en conjunto con Kurotsuchi un gigai especial. El más especial de todos, ese que durara los años humanos completos, que envejeciera con ella. Era una tarea ardua pero que, al cabo de unos seis meses, logro estar terminada. En esos meses, tanto Ichigo como Rukia habían mantenido lo que muchos llamaban una "relación a distancia", yendo del Sereitei al mundo humano y viceversa. Se llamaban con frecuencia, lograban encontrarse los fines de semana mientras Ichigo le mencionaba las carreras que podría escoger cuando estuviese allá abajo.
Un día soleado de agosto, Rukia Kuchiki bajó a la tierra como una humana. Urahara se encargó por completo de sus actas de nacimiento, de los certificados de estudios tanto de bachiller como de instituto. Ahora, le quedaba a ella saber que estudiar. Y lo habia decidido.
La escuela de artes quedaba muy cerca de la facultad de medicina y ambos podrían verse seguido. Compartieron apartamento, las labores domésticas. Incluso adoptaron un perro al que bautizaron Kon 2.0. El Kon real les lloró durante semanas cuando se enteró pero fue gracioso. Su estadía en Tokio fue sublime, desde las visitas constantes de Inoue y su nuevo novio hasta los paseos por la gran ciudad.
Rukia los recordaría como los cinco mejores años de toda su existencia.
La graduación fue otro tema. Tanto Byakuya como Renji pujaron bastante para ir y tuvieron éxito. Las dos personas más importantes para la chica estaban presentes en ese gran día que, para ellos no significaba mucho, pero para ella lo significaba todo. Ichigo estuvo muy agradecido de poder ver a su familia y amigos ese día. Él lo recordaría por la pequeña sonrisa que le dedico Byakuya al ver como su hermana disfrutaba y vivía, por primera vez, lo que era ser humana. Los logros tan vacíos que las personas podían obtener. ¿Qué sería de ellos sin sus metas? Solo seres vacíos que vagarían por la inmensidad del mundo.
La búsqueda de trabajo fue más fácil para ambos. Ichigo regresó a Karakura para ayudar a su padre con la clínica y Rukia lo hizo con él, consiguiendo un trabajo como profesora de arte en el antiguo instituto donde se habían conocido. Compraron un departamento en el centro de la ciudad para no molestar a su padre, aunque todos los domingos cenaban en familia. Algunos días, Renji comía con ellos, otros Byakuya. Incluso Kiyone, la ahora teniente del treceavo escuadrón, la visito un par de veces, comentándole los chismes del Sereitei y sobre el papeleo matutino. Y Rukia, por primera vez, no renegaba de la vida humana, de hecho, le parecía fantástica.
La monotonía se alzó en ambas vidas, haciendo que los días fueran meses, que los meses se convirtieran en años y así, en poco tiempo, ya tenían conviviendo más de diez años juntos, entre el tiempo en la universidad y su regreso a Karakura, por supuesto, y no aparentaban más de 35 años cada uno. La genética con la que habían hecho los gigais era casi perfecta. Esa era la palabra clave en todo, la que ocasionó que todo se derrumbara en cuestión de segundos.
Casi.
El reloj cucú se detuvo abruptamente, dando por finalizado ese intercambio de retumbes, haciendo que el silencio sonara aún más en ese lúgubre cuarto vacío, solo rodeado de cosas materiales. Cosas que nunca jamás volverían a ser usadas y dejarían una huella en ese lugar. Quizás alguien más las utilizase y siguiese con su vida, así como ellos lo habían hecho.
Volvió a ver el reloj. Faltaban diez minutos ahora y sentía que el escozor de las lágrimas picaba en sus parpados, rogando por salir por completo. Rogando por un poco redención, de perdón. Él necesitaba el perdón de ella, lo ansiaba porque sentía que, de alguna manera, todo habia sido su culpa. Todo por su estúpida obstinación.
Fue una tarde fría de noviembre en que el tema salió a la luz, más que nada porque ese día Inoue cumplía su sueño más ansiado: Se casaba. Con Rukia y Tatsuki como sus madrinas de honor, todo fue de lo más hermoso. Esa tarde de noviembre, la pequeña ex shinigami vio a Ichigo jugando con el segundo hijo de Ishida, ese que se parecía tanto al padre y que no pasaba de los cinco años. Quizás fue una reacción de los instintos humanos del gigai, quien sabe, pero, de pronto, sintió el gran deseo de tener algo con ella, no supo qué hasta que Inoue en pleno discurso, dio la gran noticia: Iba a ser mamá.
El tema de la boda fue fácil de abordar, ya hasta Mizuiro, el nuevo monje tibetano, les habia dicho que los astros reclamaban su unión en matrimonio y no fue difícil hacerse a la idea. Habia llevado diez años siendo humana, las perspectivas cambiaban constantemente. Así que, un día, Ichigo descubrió a Rukia hablando con sus hermanas acerca de bodas, vestidos y esas cosas. El chico no era idiota por lo que organizo una pequeña pedida de mano, de todas maneras, era tiempo, ¿no? Ya tenían mucho tiempo juntos, tanto en el mundo humano como en el Sereitei. Solo faltaba dar el paso.
Así que el 14 de enero, en la fiesta de cumpleaños de Rukia a la que asistieron tanto Byakuya como Renji, Ichigo pidió la mano de la pequeña shinigami en matrimonio. No se arrodillo no porque no quisiera, sino que su prometida se lo habia prohibido. Para ellos, las reglas no aplicaban totalmente. La boda, por supuesto, se llevó a cabo una tarde de primavera, por la quincena de abril y, a pedido de Rukia, se hicieron dos ceremonias, una en el mundo real y otra en el Sereitei. Ella quería compartir ese día con su hermana también, aunque no la hubiese llegado a conocer.
Siendo el señor y la señora Kurosaki, comprar una casa compartida era más sencillo; sin embargo, mientras Ichigo quería algo pequeño, Rukia pensaba en grandes jardines donde un pequeño, o dos quien sabia, jugara con las flores, las mariposas. Fue por finales de octubre de ese año que la tercera gran pelea entre ambos se llevó a cabo, la primera de muchas.
Niños. Hijos. Ichigo no se lo habia planteado a conciencia pero, cuando Rukia le mencionó el tener uno, todas sus alertas sonaron sobre su cabeza y se lo negó por completo. En ese momento no tenían mucha estabilidad económica porque a Rukia la habían despedido e Ichigo tenía que correr con casi todos los gastos, por lo que un niño no vendría nada bien al panorama. La discusión paso de pequeños resentimientos a grandes gritos que terminaron en lágrimas de parte de la shinigami quien se sintió completamente devastada ante el hecho de no poder tener un hijo y todo porque el niño tenía miedo de no darle lo que se merecía.
Esas peleas continuaron durante meses y, ocho meses después, Rukia simplemente no pudo más que gritarle unas cuantas verdades mientras tomaba el primer tren a Tokio, donde Orihime la recibió en su nuevo pequeño hogar. La separación que tuvieron esta vez fue de solo un mes. Un tortuoso mes donde Ichigo se planteaba todas las posiciones posibles para poder tener un niño sin arruinar su economía actual. Si alguien le hubiese dicho con anterioridad que estaría planteándose la posibilidad de tener un hijo hace quince años, hubiese reído a carcajadas. Sí, lo ansiaba, no lo negaba pero con la economía, los gastos. Fue su padre, sabia y loca cabra, que le metió un par de huevos a su hombría y le contó cómo fue su vida luego de tenerlo a él. La clínica salió de la nada, se creó con lo más básico y no fue como si hubiesen pasado penurias pero hacían lo que podían. Todo llegaba con el tiempo. El dinero no era importante; su relación, ese amor que se tenían, lo era. E Ichigo lo comprendió.
Cuando toco el timbre de la casa de Inoue se llevó una sorpresa al ver que su esposa no estaba allí, que al parecer había conseguido una entrevista de trabajo en una sala de arte en Hokkaido y que le habia llamado esa misma tarde para decirle que tenía trabajo. Ichigo no estaba enojada; por el contrario, sería más sencillo ahora. Sin embargo, si estaba algo dolido por la falta de comunicación de su esposa, por lo que, tomando el primer vuelo a Hokkaido, llegó a la sala de arte y ellos le dijeron el hotel donde se hospedaba la señora Kurosaki.
Encontrarla en el parque frente al hotel fue una total sorpresa; no lo fue verla mirando a los niños jugar sobre los columpios, raspándose las rodillas. Esa imagen, Rukia abrazada a un pequeño, Rukia cargando a su hijo, jugando con él, dándole de comer, sintiendo que todo lo que habían pasado valía la pena le hizo tomar su decisión. Si ella aun quería, él lo aceptaría. Estaban juntos en eso. Siempre lo estuvieron.
La reconciliación fue fogosa y completamente ruidosa para mala suerte de la habitación 109 que tuvo que escuchar todo. Ambos sabían que todo valdría la pena. Siempre valdría la pena. Así que comenzaron a intentar crear una pequeña vida.
Su pequeño hijo.
Para hacerlo, tuvieron que recurrir a Urahara nuevamente y este les comunico con el cuarto y doceavo escuadrón que, sorprendidos por la petición, decidieron aceptar su petición. Fue Isane la que le dio la mala noticia, esa que le destruyo el mundo entero.
El gigai era casi perfecto. Casi.
No tenía la opción de procrear activamente; no sin riesgo de aborto, al menos. Y eso no era lo peor: Si lo hacía, tener un bebe, esto podría afectar las particular espirituales de Kuchiki, haciendo que su alma quedara débil y ella tendría que regresar a la Sociedad de Almas por tiempo indefinido, al menos hasta que todo estuviera en orden. Las probabilidades eran un 70% de 30% de acertar, de poder llevar el embarazo de forma normal.
No tuvieron que pensar mucho, en realidad. Aceptaron el reto, de todas maneras, habia un 70% de que el feto se desarrollara de forma normal. Tendrían a su bebe sí o sí. Así que se lanzaron sin consultar a nadie, ni siquiera a un médico del mundo real. Decidieron que lo harían porque querían un pequeño, una parte de ellos en el mundo.
Y quizás fue ese optimismo o ese 70% de aceptación lo que hizo que, al segundo intento, Rukia diera positivo en la prueba de embarazo.
La hora dio exacta en ese momento. Cinco de la tarde.
Ella nunca llegaba tarde. Aunque, quizás, por ser él, lo haría esta única vez.
Era muy probable que sintiera esa misma reticencia de encontrarse en ese lugar tanto como él, pero era necesario.
Lo era si ambos querían salir adelante.
Las primeras semanas de embarazo fueron difíciles tanto para Ichigo como para Rukia porque, al parecer, ellos eran de esas parejas tan unidas que compartían los síntomas. Cuando Rukia vomitaba en el inodoro, Ichigo lo hacía en el lavabo de la cocina. Cuando a Rukia le daba antojo de fresa, Ichigo compraba un pastel para los dos. Cuando a Rukia le ponía emotiva algo y soltaba un par de lágrimas, Ichigo ya lloraba como desquiciado junto a ella. Casi todos se burlaban de ello, sin embargo, ambos estaban que rebosaban de felicidad, ¿qué mejor regalo que ese para su pequeño bebe?
Luego de las pastillas para calmar los síntomas, las cosas fueron más calmadas y fue al tercer mes que Rukia comenzó a plantear la idea de una casa nueva, allí, en Hokkaido. Ichigo no dudo ni un minuto y se reunieron con una señorita de bienes raíces con la que hicieron un trato en un dos por tres. En dos semanas, los esposos Kurosaki tenían una pequeña pero acogedora casa de campo en los límites de la ciudad, ni muy lejos, ni muy cerca. Lo justo para poder tener un gran jardín delantero y trasero y un pequeño estacionamiento para dos autos. La casa al final de la hilandera, la llamaban los vecinos, donde una adorable pareja joven vivía y esperaba a su primer hijo. Donde una pequeña vida daría color a las vidas de todos los vecinos. Rukia incluso convenció a Inoue y a su esposo para mudarse a ese lugar recóndito. Ichigo, por otro lado, se encargó completamente de la decoración.
El cuarto mes fue un caos, entre los trabajos de ambos, Ichigo habia conseguido uno como jefe de área de un hospital cerca de la casa, y Rukia trabajaba medio tiempo en la galería, con los cuidados respectivos por supuesto. El caos llegó cuando la chica decidió que sería buena idea ir comprando los utensilios para el bebe. Ichigo amobló el cuarto y comenzaron a pintarlo juntos con la ayuda de Inoue, quien se mudó a la calle de la hilandera, con sus dos hijos y su esposo, encantada de poder tener cerca a sus amigos del alma. Como no sabían si iba a ser niño o niña, decidieron comprar colores neutros como el amarillo o el lila, que servía para ambos sexos y pintaron un enorme mural con arcoíris, estrellas, conejos y muchos caballos alados en las paredes. Para el quinto mes, con la panza más grande, Rukia pudo disfrutar de las primeras patadas del bebe. Cuando Isane le dijo que podría comenzar a hablarle, a cantarle y que él le escucharía, Rukia entró en éxtasis.
A veces, Ichigo se quedaba hablando horas con el bebe mientras ella fingía que dormía, otras veces, él veía como su esposa se sentaba en la mecedora que habían comprado para el cuarto del bebe, ya montado completamente con estrellas, montones de peluches, juguetes, corralitos, y le cantaba canciones que nunca habia escuchado. Quizá de esas que se sabía de sus años mozos en el Rukongai. Otras veces, ambos comenzaban a cantar desentonados canciones populares mientras acariciaban la pequeña pancita que seguía creciendo cada día más.
Rukia a veces se sorprendía cuando sentía las patadas. Una vida estaba creciendo en ella. Una noche, Ichigo comenzó a hablarle al pequeño, diciéndole que, así fuera niño o niña, sacaría los ojos de su madre porque lo habia soñado. Habia soñado con un bebe de ojos oscuros y cabello intensamente naranja que tomaba su pulgar con sus pequeños dedos y sonreía desdentados. Rukia no pudo evitar llorar mientras la imagen mental se recreaba en su mente. Su bebe, su pequeño hijo.
Al sexto mes, Inoue ayudo a Rukia con la ecografía del bebe y por fin supieron el sexo. Era una niña. Ichigo estuvo eufórico y comenzó a llenar el cuarto de más cosas, pequeños peluches, muñecas de trapo, volvió a pintar el cuarto para que sea de un suave rosado en el techo y el azul cielo recorriera todas las paredes. No combinaba, claro que no, pero el mural arreglaba todo; además, pintaron con pinturas fosforescentes algunas estrellas y conejos en el techo, así, cuando apagaban las luces, todo se vería iluminado como si fuera un cielo lleno de estrellas. Su hija crecería viendo las estrellas.
Fue a mediados del sexto que comenzaron las contracciones. Contracciones que no deberían de llegar, no al menos hasta el octavo mes. Eran leves y Rukia no les hacía mucho caso, no hasta que comenzaron a dolerle realmente y fue entonces que decidieron ir a ver a Isane. Ella les comentó lo que ya temían: Riesgo alto de aborto. No es un lugar idóneo para el desarrollo de un feto. No es una vida. Sin embargo, temieron aún más cuando Inoue obligo a Rukia a ir al ginecólogo humano y, cuando este le dijo que el niño no se estaba desarrollando como era normal, tuvo miedo.
Ichigo recordaría el 6 se septiembre como uno de los peores días de su vida.
El día en que Rukia perdió al pequeño bebe.
El hombre escuchó las ruedas de un auto recorrer la grava del estacionamiento y las luces iluminaron parcialmente la sala, haciendo que él achicase los ojos para no quedarse del todo ciego. Cuando las luces se apagaron, supo que habia llegado el momento.
Las contracciones llegaron en la noche, como a las once, fue cuando estas se volvieron realmente malas que Rukia tuvo que levantarse e ir al baño porque necesitaba vomitar, lo que sea. Sin embargo, apenas se levantó de la cama, vio que todas sabanas estaban manchadas con sangre. No habia vuelto a ver sangre desde la guerra con los Quincy y le aterró porque esta vez tuvo que proferir un grito anormal ante el dolor abdominal que sufría. Ichigo, quien habia estado lavando la loza, al escuchar a su esposa, corrió a la habitación. Cuando la vio, con su pijama cubierta de sangre, se paralizó por completo, sin embargo, espabiló ante lo que sucedía. Estaban perdiendo al bebe.
Cogió a su esposa como el día en que se habían casado y la llevo al auto. No supo a cuanto le piso el acelerador y realmente no le importo. Llego a emergencias gritando como un energúmeno, pidiendo que le cedieran una sala de operaciones; sin embargo, uno de los doctores de guardia le dijo que, por ser familiar de la paciente, debía de sentarse en la sala de espera. No podría colaborar con el proceso. Para ese momento, Rukia estaba completamente desmayada y la sangre seguía brotando por todos lados.
Fueron las cinco horas más largas de su vida y, cuando finalmente el doctor salió, la expresión en su rostro le impidió moverse completamente. Escuchó palabras vagas como "aborto accidental", "mal desarrollo del feto", "trauma dentro del útero" y cosas relacionadas a eso. Cuando le dijo que podía entrar a ver a su esposa, Ichigo no reaccionó. Simplemente se levantó del asiento, fue al parking y condujo hasta que la gasolina se le acabase, rodando por toda la ciudad como un alma en pena. A la mañana siguiente, cuando fue a ver a su esposa, ella ni siquiera le dirigió la palabra, solo se quedó viendo a la nada mientras sostenía un pequeño trapo sucio y susurraba "bebe". La semana paso rápidamente, Inoue estuvo al lado de la pequeña shinigami y, si tuviera que dar gracias a alguien, seria a ella de su recuperación. Rukia fue hablando más con el transcurso de las semanas que estuvo internada, hablaba con Ichigo de cosas triviales como los programas de TV o cosas sobre el papeleo del Sereitei.
Cuando le dieron de alta y regresaron a casa, fue que todo se empezó a desmoronar a pedazos. Ichigo nunca le pregunto pero supo por Inoue, quien le pregunto personalmente al médico que la habia atendido, que Rukia tuvo la oportunidad de ver al feto a la hora de la cesárea. Claro, el bebe habia estado muerto desde ya unas cuantas horas y tenían que sacarlo antes de que la paciente sufriera más daños. Dijo que tuvieron que anestesiarla por completo porque no paraba de gritar el nombre que le iba a poner a su bebe. Quería a su bebe de regreso.
Quería su vida de regreso.
Hubieron días en que simplemente se decían "Hola" en las mañanas y "Buenas noches" a la hora de dormir, como días en los que Ichigo se levantaba por los llantos que salían de la habitación de al lado, que era la de su pequeño bebe. Jamás habia escuchado a Rukia llorar de una manera tan horrible como aquella y no tuvo el valor de ir a decirle que todo estaba bien. Porque no estaba bien, le dolía, muchísimo. No podía verla a la cara sin pensar en su hija.
Quizás ese fue su error, no estar allí para ella cuando más lo necesitaba.
Los meses pasaron y con ello, las peleas se iban intensificando. Fue una tarde de abril, el aniversario de su boda, en que Ichigo le recriminó el no haber podido fecundar al bebe. Fue la primera vez en que el hombre sintió el verdadero reiatsu de la Kuchiki sobre él, la primera vez que pelearon en serio, con espadas y todo, porque ella salió de su gigai, convirtiéndose en shinigami y comenzó a atacarlo como si fuera su peor enemigo. Y él, en auto defensa, comenzó a pelear.
Destruyeron medio bosque y las explosiones no pasaron desapercibidas. Sin embargo, cuando terminó todo, cuando Rukia estaba demasiada cansada para seguir peleando, solo lo miró de una manera en que jamás se hubiese imaginado que lo haría: Con verdadero rencor. Y fueron esas palabras que salieron de sus labios, lo que marcaron su total ruptura.
—Fue tu culpa. Tú me arrastraste a este mundo. Yo quería seguir siendo shinigami y tú, egoísta, maldito, bastardo, me convenciste. Te odio, todo es tu culpa. ¡Todo es tu culpa! ¡Devuélveme a mi hija!
Rukia no regresó a casa esa noche, ni las siguientes. E Ichigo no la busco.
No podía, no después de lo que habia dicho. Tenía razón. Él la habia condicionado a venir al mundo humano, a vivir con él porque era demasiado egoísta como para no dejarla ir, para no perder lo único que en realidad le importaba. Paso un mes, luego dos. Al cuarto mes, Rukia regresó a casa, habia estado viviendo con Inoue, y fue allí cuando le arrojó a la mesa unos papeles que le dieron mala espina desde el inicio. Se quedó frio cuando leyó el documento por completo.
Divorcio.
Sin embargo, él no intento negociar, ni siquiera se inmuto y solo asintió mientras ella se sentaba frente a él y comenzaba a darle sus condiciones: La casa se la podría quedar él, de hecho, le dejaba todo a él porque ella regresaría a la sociedad de almas. Su hermano la requería con motivo de urgencia y no regresaría. No en un buen tiempo. Él acepto todo, sin decir una sola palabra. No tenía nada que decir. Ella estaba en lo correcto, la habia jodido.
Firmaron. No necesitaron abogados porque ellos podían saltarse ese tipo de normas, siempre se las saltaron. Quizás ese fue el precio de su decisión. Rukia empacó esa misma noche las pocas pertenencias que quería llevarse y, con una pequeña mochila en la mano izquierda y un boleto a Karakura en la derecha, ella le dedico las últimas palabras.
—Adiós, Kurosaki.
No reaccionó cuando la puerta se cerró suavemente, ni tampoco cuando el reloj cucú de la cocina dio las doce de la noche, ni tampoco cuando el teléfono comenzó a sonar estrepitosamente. Solo reaccionó cuando tuvo que subir al segundo piso y vio el cuarto de su bebe.
Del pequeño que podría haber dormido en ese lugar.
Destrozó todo. Desde la cuna, la mecedora, el corral, los juguetes, las muñecas, pintarrajeo las paredes, rompiéndolas con demasiada fuerza mientras lloraba y gritaba. El dolor habia llegado para quedarse. Esta vez para siempre.
La puerta se abrió suavemente, de la misma delicada forma en la que se habia cerrado la última vez que ella estuvo allí. El hombre volteó y la vio, quedando prendado de su belleza. Para él, ella siempre seria el amor de su vida, su compañera, su mejor amiga.
Tragó saliva.
—Rukia.
Ella jugueteó con sus manos mientras el viento hacia soplar su cabello, más largo de lo normal.
—Ichigo.
El silencio, atronador y peor que mil bombas atómicas, se instaló entre ambos. La distancia prudencial era adecuada y se sentía la tensión de ambas partes. Por un lado, Rukia deseaba terminar con eso de una vez por todas, no quería estar de nuevo en la presencia de Ichigo. Dolía demasiado. Aun dolía, a pesar de los dos años que ya habían pasado. Por otro lado, Ichigo estaba a punto de suplicar porque, diablos, la mujer con la que ahora salía no era nada, absolutamente nada, comparada con ella. Ella siempre sería la única.
—¿Comenzamos?
El hombre asintió con la cabeza mientras le pedía que tomara asiento con la mano. La mujer se sentó en un sillón particular y él en el mismo lugar en el que habia estado filosofando durante casi una hora, a su lado, habían unos papeles que necesitaban la atención de ambos.
—¿Sabes por qué estás aquí, no? —preguntó el hombre.
Ella asintió.
—Quieres vender la casa y, como estaba a nombre de los dos, incluso con el divorcio, tenías que tener mi firma.
Él repitió la acción de la morena.
—Necesito el dinero. —murmuró.
Rukia se mordió el labio.
—Orihime me lo contó, no te preocupes.
Ichigo soltó una risa sarcástica.
—Inoue ha dejado de hablarme, así como casi toda mi familia y mis amigos.
La muchacha tragó saliva.
—Lo sé, lo siento mucho. No deberían.
—Ellos no opinan lo mismo.
—No deberían, Ichigo, porque es una bendición. Enhorabuena.
—No lo digas.
—Tengo que hacerlo. —Respiró profundamente— Felicidades por el nacimiento de tu primogénito, me alegro muchísimo por ti. Estoy segura que es una mujer asombrosa.
Fue en ese momento en que el chico se levantó del mueble.
—No lo es… nunca nadie será como tú, lo sabes.
—Quizás, —la voz le tembló— pero debemos vivir con el precio de nuestros errores, Ichigo. No puedo estar contigo, no así. Quizás, en otra vida…
—¡No! —Gritó— ¡No quiero! Yo… no quiero.
—¿No quieres a tu hijo?
Él chasqueó.
—No es eso. Jamás podría no amarlo, es solo que…
—Desearías que fuera de otra manera.
Él asintió. Ella se mordió el labio mientras le daba vueltas al anillo que tenía en su dedo anular.
—¿Sabes que me voy a casar, verdad?
—Sí, —escupió sin sentimiento— y realmente no te entiendo. ¿Ahora aceptas matrimonios por conveniencia?
—No tenía otra opción y no digas, —interrumpió la diatriba de su ex esposo— que si la tengo. Tu sabes que no. Jamás podría volver a enamorarme de alguien, te amo demasiado como para traicionarte de esa manera.
—Rukia… —susurró con voz débil— podemos, ¿intentarlo? ¿Por favor?
Y quería rogar, en serio que sí, pero los ojos acuosos de la shinigami hicieron que desistiera de su intento. Del último intento.
—No, —pronunció débilmente— porque no soportaría perderlos una vez más, a ti y a Homura. No podría. No puedo. No lo soportaría.
—¡Nos has perdido a ambos, maldita sea! ¡Pero podemos, aun podemos!
—¡¿Y qué harás con tu hijo, Ichigo?! ¡No puedes simplemente quitarte esa responsabilidad!
—No la amo, si es a lo que te refieres. Ella lo sabe.
Rukia jadeó.
—¿No estabas viviendo con ella?
Él rio sarcásticamente, con la tristeza impregnada en todo su ser.
—Lo dejamos hace tres meses. Le he sido infiel más veces de las que quisiera aceptar. Senna no se merece eso.
—No, no lo hace, ¿por qué lo has hecho? No eras así.
Los ojos de Ichigo refulgieron.
—¿En serio tienes que preguntar el por qué? Creo que lo puedes adivinar tu misma, eres lista.
Rukia bufó.
—No puedo hacer nada, Ichigo. —Observó los papeles sobre el mueble— ¿Podemos firmar eso de una vez?
El chico asintió, cansado, agotado emocionalmente pero a la vez, lleno de vida. Ver a Rukia o simplemente hablar de ella tenía ese efecto. Ichigo le pasó los papeles y ella, con bolígrafo en mano, los firmó sin reticencia, cuando se los devolvió, Ichigo tenía la mirada perdida y firmó. Dejo los papeles a un lado y no se dirigieron la mirada durante un tiempo.
Rukia fue la que rompió el hielo.
—La boda será en un mes, —murmuró— realmente me gustaría que fueras.
Él se froto el rostro con las manos.
—¿Lo dices en serio? Solo te arruinaré el día
—No, no lo harás.
—Lo que hare será gritar en plena ceremonia que estoy en contra de la unión y muy probablemente te rapte y te haga cambiar de opinión.
La muchacha sonrió, divertida.
—Sería un gran espectáculo. Nii-sama estaría furioso.
—Ese bastardo…
—Solo estaba preocupado. Yo estaba muy débil cuando regresé al Sereitei, mi reiatsu era casi inexistente. Unas semanas más aquí y posiblemente hubiese muerto.
Y esa era la peor parte de todo, que lo entendía. Entendía porque Rukia no podía estar con él pero, aun así…
—Es mejor que me vaya —murmuró, levantándose. No podía seguir en ese lugar ni tampoco en su presencia.
Ella bajo la cabeza, mientras intentaba no mostrar su dolor, su decepción.
—Sí, se hace tarde.
Ambos se levantaron al mismo tiempo y, sin nada más que decir, hicieron una pequeña inclinación con la cabeza.
—Ichigo.
El chico sintió un último escalofrío placentero ante el suave susurro de la voz de su ex esposa.
—Rukia.
Y ella también lo sintió. Huyendo de las emociones, la muchacha se dirigió a la puerta, la abrió y, así como la última vez que la dejó, la cerró suavemente, sin hacer ni un solo ruido, sin dejar que los clavos chillen ante la falta de aceite. Ichigo volvió a quedarse solo en la inmensidad de la casa y, minutos después de escuchar el rugido del motor del carro de la shinigami, el salió, cerrando la puerta como la última vez que estuvo en ese lugar tan lleno de recuerdos.
El ronroneo de su Toyota duro hasta el pequeño apartamento donde vivía la mujer con la que habia tenido su hijo, no la consideraba más que una chica más en la lista de las mujeres que habían pasado por él. Luego de las recomendaciones para cuidarlo, Senna se fue al turno del hospital y él se quedó cuidando al pequeño bebe que gorjeaba alegremente al ver a su padre entrar a casa.
Aun dolía, lo haría hasta su muerte, pero ese pequeño milagro allí, saltando sobre sus piernas, valdría todo el sufrimiento del mundo.
Quizás, algún día, Rukia también experimentaría lo mismo nuevamente y, quizás, cuando ese día llegue, él pueda regresar a sus brazos. No sabía cuándo ni cómo, pero él esperaría lo que tendría que esperar.
Quizás, algún día.