Capítulo 1 - - - 4 días
4 días. 4 días sufriendo. 4 días sin dormir. 4 días que parecieron años. Esos fueron los días en los que Sherlock estuvo más insoportable en toda su vida, incluso más que con el caso Baskerville. Esos días fueron los 4 días en los que Sherlock no tuvo ningún caso.
"Me aburro…" susurró desde el sofá, como siempre, tumbado en su adorado sofá de cuero.
"Y, ¿qué quieres que haga?" respondí cansado. Por fin encontraba un programa interesante y ya me estaba molestando. No esperaba una respuesta pero… en fin, es Sherlock.
"¡Qué me aburro!" gritó levantándose de su letargo y saltando al suelo "¡John! ¡John! ¡John!"
Suspiré cerrando los ojos, esto iba de mal en peor. Se dedicó a pasear por la habitación, como hacía siempre, frutado, frutado porque su cerebro se pudría sin ninguna cosa que hacer, porque necesitaba hacerlo, necesitaba analizar hasta el último poro de alguna piel para sacar sus más oscuros secretos. No me molestaba, es más, me fascinaba. Nunca había conocido una persona con esa capacidad intelectual y aun no la he conocido. Pero ese día… esos malditos cuatro días.
"Preferiría morir…" y se sentó en el sillón que estaba frente al mio y me miró.
Me miró con esos ojos que temía. Juntó las palmas de sus manos y se inclinó hacia mí. Intenté concentrarme en la televisión pero era demasiado tarde. Esa mirada me ponía nervioso, muy nervioso. No me importaba que le echara esa mirada a los demás, a quien quisiera, incluso a Harry. Pero a mi no. No tenía ningún secreto que esconderle, él ya lo había descubierto todo de mi, incluso que llevaba ya tres meses sin echar un polvo. Simplemente no me gustaba que me mirara de esa forma.
"Pues puedes ir haciéndolo, Sherlock" le miré cansado a lo que me contestó levantando las cejas en señal de pregunta "Es tu culpa, no te quejes de que no tienes ningún caso, has denegado todos los casos que te propusieron los clientes, ¡incluso los de Lestrade!" le grité moviendo las manos en señal de desaprobación.
"¡Esos no son casos!" se echó hacia atrás bruscamente en señal de desesperación "La mujer desaparecida: ¡Por supuesto que no se había fugado con ningún amante! Estaba la mar de contenta con su hija en alguna playa perdida… Las notas de suicidio que acosaban a aquel estudiante: ¡por el amor de Dios! ¿Cómo van a ser mensajes del más allá? El caso de Lestrade de hace tres días: no necesité ni que me acabara de contar la historia para saber que aquel collar lo tenía el novio de su nieta" se giró de nuevo a mi y enfocó sus ojos en mi, esta vez de forma sincera "¿No lo ves, John? ¡Esta vida es la mar de aburrida sin un asesino en serie!"
Preferí dejarle con sus frustraciones y salí a la calle a tomar un poco el aire, no se si realmente se creyó la excusa de que iba a por leche. Caminé por las calles radiales a la nuestra, pasé por Angello's y este me saludó desde dentro, con una sonrisa entre felicidad y "como te pille sin Sherlock te enteras de lo que es un italiano" Al final estuve casi dos horas merodeando sin rumbo alguno, descubrí algún que otro sitio escondido que podía ser interesante visitar: una tienda de arte que vendía sus propios cuadros y un pequeño restaurante francés en la entrada de un callejón. Pero, ¿para qué? ¿Con quién iría? ¿Con Sherlock? Me reí ante mi propia pregunta… Sherlock.
Al volver al piso pasé al supermercado a comprar leche, no quería darle razones para volver a echarme la mirada. ¿Alguna vez habría mantenido alguna relación sentimental con alguien? La respuesta llegó sola cuando entre a la casa y le pillé en medio de uno de sus "experimentos" en los que, esta vez, solo estaba diseccionando un pulmón, un pulmón humano. Dejé la leche en algún rincón de la cocina, ni me atrevía a meterla en la nevera.
Como era de esperar, ni se había dignado a preparar la cena. Suerte que sobró algo del estofado que la señora Hudson nos llevó la tarde anterior.
"Mmmm" gruñó cuando le quité el pulmón de las manos y lo volví a meter en la nevera.
"Tienes que cenar algo, y no me vale la excusa de tu cerebro porque ahora no tienes nada en qué pensar" me adelanté a aclarar ya que empezaba a abrir la boca para rebatirme.
"No tengo hambre, nunca tengo hambre, pensaba que ya lo sabías" me acusó con la mirada "Solo necesito beber tazas de té al día y comer un sándwich para almorzar. ¡No se donde va a parar toda la comida que engulles por esa boca!" y se cruzó de brazos en señal de victoria, había ganado, siempre lo hacia.
"Tú veras" dije derrotado, no se podía discutir con este hombre. Pero… un momento, ¿eso había sido un alago? ¿Había dicho que tenía buena forma? ¿Por qué me hacia preguntas tan estúpidas si sabía que todas las respuestas eran NO?
Acabé de cenar y tiré su comida a la basura, como otros tantos días y me coloqué en mi sillón predilecto con el portátil sobre mis rodillas. Hora de actualizar el blog.
Por supuesto, no había ocurrido nada interesante en esos cuatro días pero los insistentes comentarios me urgían a actualizarlo, a poner cualquier cosa. Pensé en poner la disputa de la cena, decirle a todo el mundo que Sherlock Holmes no come, pero no era tan malo. O también podía poner que estaba aburrido y mataba el tiempo disparando contra la pared o diseccionando cualquier cosa que encontrara por la morgue y Molly le robara para él. Pobre Molly, cuanto debía de sufrir por él. Enamorarse de un hombre que no puede sentir emociones… Y hablando del rey de Roma, parece que se cansó del pulmón y empezó a sacar tubos de ensayo y botellas con líquidos de colores. Esto prometía ser peligroso así que aparté el portátil sin haber escrito nada aún y me dirigí a la cocina. Me senté en frente suya y observé todos sus movimientos, la delicadeza con la que tomaba los tubos, la suavidad con la que vertía el disolvente en la mezcla… Podría estar horas mirándole hacer eso y él ni se inmutaría, cuando se metía en su trabajo nadie podía distraerle, ni si quiera yo.
Entonces sonó el móvil, le había llegado un mensaje, pero claro, él ni lo oyó. Me moví de la silla y me coloqué detrás de él. Pude ver que tenía el móvil en el bolsillo de la chaqueta. Metí mi mano en el bolsillo y lo cogí. Se movió incomodo ante la acción pero no le presté la menor importancia. Leí el mensaje, era una clienta, una mujer que le citaba al día siguiente en un café para hablar sobre un nuevo caso. Suspiré, otro caso tirado a la basura, fui a borrarlo cuando me lo quitó de la mano.
Mensaje recibido: Hoy a las 20.47
Soy Troian Northman, visité tu página y estoy interesada en contratar un detective privado. Café Club, mañana 9.30
Sonrió nervioso y se guardó el móvil en el bolsillo de nuevo. Seguramente sabía algo que yo no supe, que conocía la remitente, que sabía ya de que iba la cosa, que la combinación de palabras le había dicho que este caso sería interesante, peligroso. Se levantó y se dirigió a su habitación, pero antes de cruzar la esquina de la cocina se giró.
"Ya no tienes de qué quejarte" me sonrió "¡tenemos un caso!"
Hola a todos, este es mi primer fic de Sherlock así que no disparen muchos tomates. Espero no tener muchas faltas y que les guste.
Si es así, ya tengo algunos capítulos más :)
Intentaré subir frecuentemente pero no prometo nada, ¡todo depende de ustedes!