Dios otro fic en tan poco tiempo, estoy sorprendida de mi misma xD He descubierto que si escribo las ideas que tengo en el mismo instante en el que vienen a mi mente -asi sea en una servilleta- soy capaz de terminar en tiempo record, porque luego me bloqueo y todo se queda en la carpeta de pendientes u.u
En fin, respondiendo al llamado (?) de murderdn se me ocurrio esto. Es un UsxShota!Uk y bueno, que les puedo decir... que dificil es escribir lemon! Porque como habran notado, en mis historias no existe o es apenas una leve insinuacion .-. Asi que por esta ocasion lo deje en lime, que de todos modos me cuesta u/u Ustedes decidan si vale la pena o no xD
*se larga a trabajar en Bartender*
Gracias por leer
Alfred F Jones, 24 años medico practicante, futuro héroe de débiles y desvalidos. Alto, rubio, ojos azules, apuesto, inteligente y sobre todo modesto; en esos momentos se encontraba enfrentando la situación mas difícil de su vida.
-Alfred, estas enfrentándote a la situación mas difícil de tu vida pero tu puedes salir adelante, vamos eres fuerte, eres un héroe! – Este era nuestro hombre en cuestión dándose ánimos a si mismo mientras temblaba agazapado en un rincón de la sala de su casa revolviendo sus cabellos por la ansiedad-
-Eeeeeey payaso estas ahí? Se te murió la única neurona que te quedaba?- habló cierta personita parada frente a él, dándole golpecitos en la cabeza con una revista enrollada
-Waaah, aleja ese objeto del mal de mi!- el mayor manoteaba desesperado como si su vida dependiera de ello.
-No seas idiota, se supone que eres un hombre no? O me dirás que nunca viste una de estas? Es solo una revista…-
-No es solo una revista. Es LA revista! – respondió señalando dicho objeto acusadoramente - Arthur tienes 13 años, para empezar que diablos haces tu viendo… viendo… re-revistas pornográficas!- exclamó poniéndose de pie de golpe arrebatándosela de las manos al menor para arrojarla al suelo y hacer ademan de pisotearla.
-Idiota no hagas eso, Scott me matara si sabe que la tome de su habitación!- reclamaba el menor tratando de detenerlo.
Arthur Kirkland 13 años, estudiante de secundaria. Mediana estatura, cabello rubio, ojos verdes, espesas cejas. Terriblemente cínico, encantadoramente sarcástico… y atrozmente precoz.
Bueno, no podría esperarse menos de un prepuber viviendo con cuatro libertinos hermanos mayores sin supervisión paterna y/o adulta. El tío Francis que los visitaba de vez en cuando contaba como poco menos que nada, de hecho él era el responsable de mucha de la mala influencia que recibían.
Ese fue el principal motivo que llevo a Alfred a invitar a su pequeño vecino a pasar tiempo en su casa desde que Arthur tenia 9 años; con lo que ya lleva 4 autoconvenciéndose de que lo suyo era simplemente un gesto de amabilidad a un niño falto de un verdadero hermano que lo cuidara y no una enferma fijación a su esbelto cuerpo, sus hermosos ojos, su sensual acento británico o sus gruesas cejas (aun tiene la marca de la mordida que recibió la primera vez que intentó tocarlas), todo esto morbosamente acentuado y multiplicado por mil por la llegada a la adolescencia del menor.
Había hecho esfuerzos sobrehumanos para evitar que el pequeño fuese victima de sus bajos instintos cuando se sentaba a su lado a ver una película y se quedaba dormido sobre su hombro, cuando forcejaban infantilmente peleándose por alguna cosa y ambos terminaban en el suelo con Alfred sobre el cuerpo de Arthur, cuando el menor se paseaba descaradamente por su casa con solo unos bóxer y una camiseta mal puesta de las veces que se quedaba a dormir ahí cuando los vagos de sus hermanos lo dejaban solo en casa.
Él había podido sobrevivir a las constantes amenazas de que se le parara –el corazón- por todas estas cosas y ahora ese mocoso sinvergüenza venia con tanto descaro a pedirle… a pedirle eso!
-Enséñame a masturbarme- le había soltado de golpe instalándose en el sofá, su anfitrión yéndose a sentar frente a él. Alfred tuvo que correr a buscar un pañuelo con el cual detener la hemorragia nasal que pudo acabar con su vida.
-Pero de que demonios estas hablando Arthur?- gritaba el rubio mayor con la cara completamente roja, intentando desesperadamente apartar los malos pensamientos de su mente – Como se te ocurre venir a pedirme algo así? Porque yo? Que tus hermanos no te hablan al respecto? Esa clase de cosas no se enseñan. Otra vez, porque yo? – su voz se fue apagando a medida que hablaba, encogiéndose en su sitio. El menor alzo los hombros despreocupadamente.
- Tu crees que esos bastardos se tomarían la molestia de explicarme algo? Además si les digo, son perfectamente capaces de hacérmelo ellos mismos – a Arthur le entraron escalofríos – Escuché de alguien en la escuela que era bueno ver una revista pornográfica mientras lo hacías, pero ya lo intente y no pasa nada extraordinario, debo estar haciendo algo mal – dijo como si nada agitando frente a Alfred la revista que llevaba en las manos, quien había pasado del rojo a casi morado.
-Todavía no sé que tiene que ver todo eso conmigo- murmuro Alfred desviando la vista tratando de calmarse. Con el rabillo del ojo miró como ahora era Arthur el que se mostraba apenado, frotándose las manos y con un lindo sonrojo apareciendo en su rostro.
-Bu-bueno, pues tu eres doctor y eso así que no veo e-el problema. Te conozco hace mu-mucho tiempo… y al menos te preocupas por mi más que los infelices de mis hermanos… me has ayudado varias veces… Y- y porque eres tan idiota que no serias capaz de hacerme algo malo! Y pu-pues a nadie le-le tengo tanta confianza y… y tu… bueno, creo que tu me… - Arthur se detuvo asustado de si mismo por todo lo que dijo y lo estaba apunto de decir, levanto la vista para encontrarse con unos ojos azules que lo miraban brillantes de emoción. Trato de corregirse inmediatamente– Co-como nunca te he visto con novia de seguro lo haces con tu mano todos los días, debes ser un experto! – termino gritando y respirando agitadamente.
Con todo e insultos, Alfred estaba enternecido. Arthur de verdad lo veía como alguien en quien podía confiar y ahí estaba el con sus morbosos pensamientos. Aunque lo de que lo hacía con su mano fue demasiado… si supiera en quien piensa en esas ocasiones… No, no Jones reacciona, reacciona! Después de esto como castigo autoimpuesto ayudará a las enfermeras de su turno a cambiarle los pañales a la gente de la sala de la tercera edad. Si, eso estará bien para distraer su mente un laaargo rato. Suspiró pesadamente para ordenar sus ideas poniéndose de pie sonriendo, acercándose al menor para despeinar un poco sus cabellos amistosamente.
-Arthur estoy muy contento de que confíes en mi tanto como para decirme esto, pero esas son cosas que debes aprender por tu cuenta. Se trata de conocer tu cuerpo, lo que te hace sentir bien y lo que no. Es algo muy personal que no puedes compartir con nadie más, a menos que sea la persona con la que hayas decidido estar, lo comprenderás cuando crezcas un poco mas-
El chico frunció el ceño.
Ahí estaba de nuevo, ese gesto que tanto odiaba Arthur. Esa expresión que ponía Alfred cuando le hablaba como a un niño pequeño, como a un hermano menor. Idiota. Quien no comprendía era Alfred! Porque él no era estúpido, Arthur estaba seguro de lo que quería.
Quería a Alfred, esa era la verdad, él era la única persona con la que quería estar, lo ha sabido desde hace tiempo. Pero si no era posible que lo viera de la manera que deseaba, al menos debía poder consolarse a si mismo en las noches que despertaba agitado por haber soñado con el. Retirarse derrotado con la cola entre las patas otra vez no era una opción, su orgullo no se lo permitía. Era ahora o nunca, le demostraría de una vez por todas que no era un niño ni tampoco su hermano menor. Mientras tanto Alfred, quien le había dado la espalda para volver a sentarse en su sitio frente al menor, seguía con su monologo.
-… cuando encuentres a una linda chica y no sepas como actuar, entonces el héroe podría darte algunos consejos y así….- las palabras murieron en su boca ante la escena que tenia enfrente, menos mal que el sillón estaba justo tras de él o habría ido a dar al piso. Pues Arthur se había deshecho de sus pantalones con todo y ropa interior, procediendo a abrirse la camisa sin sacársela, sentado descaradamente con las piernas semiabiertas – No es necesario que me expliques, con que veas como lo hago y respondas si o no a si estoy haciéndolo bien es suficiente. No tienes que hacer nada, solo observa –
Los ojos atónitos de Alfred clavados en su cuerpo le habían hecho sentir un tirón en su miembro, sentía el rostro caliente y empezaba a agitarse sin hacer nada aun. Con un 30% de morbo y un 70% de vergüenza, llevo su mano hasta el centro de su pecho, bajando lentamente por su estomago, su ombligo hasta llegar a su entrepierna que empezaba a sentirse dura. Un pequeño gemido salió de la boca de ambos rubios ante este acto y deliciosos escalofríos recorrieron el cuerpo del menor. Cuando lo intentó en la soledad de su cuarto no se había sentido ni la mitad de intenso, esas mujeres de papel con exuberantes cuerpos no provocaban en su ser lo que la sola mirada de Alfred estaba haciendo, no podía imaginar como sería tener sus manos recorriéndolo. Una nueva descarga de placer lo abrumó ante este pensamiento.
El mayor por su parte parecía haberse perdido en un rincón de su mente. Debía reaccionar, debía irse o hacer que Arthur se detuviera, de lo contrario ya no sería capaz de controlar sus actos. Pero es que tenerlo ahí enfrente por su propia voluntad, tocándose sin dejar de mirarlo con ese rostro sonrojado y la boca entreabierta era como uno de sus muchos sucios sueños vuelto realidad.
El pequeño ojiverde había perdido el poco pudor que le quedaba y ahora sostenía su miembro con ambas manos, frotándolo fuertemente – Aah , así Alfred? Se-se siente genia-l aaah Lo-lo estoy haciendo bien, verdad? – le hablaba entre gemidos ese delicioso ángel de la perdición.
Su perdición.
Porque si, estaba oficialmente acabado. –Si Arthur- le respondió el mayor con la voz ronca cargada de excitación – lo estas haciendo muy bien- esas palabras provocaron que en un impulso el menor se apretara demasiado fuerte, sacándose a si mismo un gemido de dolor. Detuvo sus movimientos un instante, cerrando los ojos para tratar de calmarse un poco y cuando los abrió de nuevo tenía al objeto de sus deseos acuclillado frente a él, con una expresión que nunca antes había visto en su rostro aniñado. Tembló.
-Eres un chico impaciente, si lo haces tan descuidadamente puedes hacerte daño tu mismo- decía suavemente Alfred, quien entrelazó su mano con la de Arthur y ambas regresaron a su miembro. Al sentir el contacto de esa mano grande y caliente no pudo evitar arquear la espalda y soltar un fuerte gemido – A-Alfred, Alfred- murmuraba sin cesar ante la tortuosa lentitud con la que era acariciado.
-Ahora estar mejor verdad? Dime Arthur, dime que sientes cuando te toco?- El menor apretó fuerte los ojos mientras no podía dejar de gemir. Por primera vez en todo el tiempo que llevaban conociéndose caía en cuenta de que la persona con la que se encontraba, ese que con sus cuidados y sus infantiles risas despertó sentimientos tan intensos en su interior y a quien había provocado tan descaradamente era un adulto, no solo un adulto, otro hombre. Un hombre más alto, fuerte, con una vida, con más experiencia y comparado con eso el solo era un niño que no sabía nada de nada. Que pretendía con todo esto? Echarle en cara sus acciones a Alfred –acciones que él había desencadenado- y obligarlo quedarse junto a el?
Alfred nunca querría amarrarse a un mocoso petulante y molesto nada más para complacer sus caprichos de enamorado. Solo se encontraba caliente por la carne gratis que le pusieron enfrente, nada más. No se dio cuenta que comenzó a llorar hasta que la mano del mayor se posó gentilmente en su rostro, acariciando sus mejillas borrando el rastro salado que brotaba de sus ojos.
-Te quiero- le soltó profundamente emocionado - Te quiero tanto mi hermoso niño… esto… esto esta mal… no soportaría el hacerte daño, no quiero que sufras por mi culpa- Alfred le rodeó la cintura con ambas manos atrayéndolo a su cuerpo y escondiendo la cara en el hombro del menor quien no pudo moverse un milímetro. Que se supone debía hacer? Reír? Llorar? Golpearlo por ser tan imbécil y no decírselo antes? Arthur nunca había sido bueno expresándose con palabras así que decidió hacerlo con su cuerpo. Se acomodó sentándose en el regazo del mayor que jadeó sorprendido. Arthur tomó el rostro de Alfred entre sus manos y poso un beso simple, puro y casto en sus labios.
-Arthur… tu- pero no fue capaz de decir nada mas, pues el menor había desabrochado con rapidez sus pantalones y ahora su pequeña mano se encontraba sumergida en el calor dentro de estos.
Quizá sus movimientos eran torpes e inexpertos, pero Alfred se sentía en el cielo, nunca imaginó ser capaz de sentir algo así. Tomó con algo de desesperación la nuca del chico para pegarlo a él y comenzar a pasar la lengua por sus labios, delineándolos y mordiéndolo suavemente. Arthur gimió, momento que aprovecho el mayor para internarse en esa carnosa cueva virgen devorándolo por completo mientras que seguía siendo acariciado dentro de sus pantalones.
Cuando el menor se separó jadeando en busca de aire, Alfred bajo sus bóxer lo suficiente para dejar libre su miembro, Arthur se sintió un poco intimidado por la diferencia con el suyo pero se olvidó nuevamente de todo cuando Alfred tomó otra vez su mano para frotar juntas las erecciones de ambos, intercambiando besos rabiosos cuando sus jadeos se los permitían.
El ojiazul termino por recostar suavemente al pequeño en el suelo, mientras él se colocaba entre sus piernas, Arthur tembló levemente nervioso, podría ser que Alfred lo… -un beso sobre su frente interrumpió sus pensamientos - no lo haré – la voz de su compañero se coló en sus oídos, tranquilizándolo – aun es muy pronto para eso, pero debemos terminar lo que empezamos- dijo mientras dejaba un camino de besos por la oreja, el cuello y el pecho del menor terminando de ahogar sus suspiros con su boca mientras su mano seguía trabajando y su cadera empujaba de cuando en cuando la de Arthur que ya se sentía en su limite, arañando la espalda de Alfred por encima de la camiseta.
Ambos terminaron con un sonoro gemido, Alfred de se echó a un lado apretando a Arthur contra su cuerpo a pesar de la pegajosa sensación del semen de ambos que cubría el vientre del menor, quien se aferró a al cuello del otro enterrando el rostro en su pecho. Alfred no quería hablar, temía romper la magia del momento, pero no pudo evitar susurrar en medio de un suave suspiro –que será de nosotros a partir de ahora?-
Se rio un poco de si mismo, como podía estarle preguntando eso a un niño?
No obtuvo respuesta, porque Arthur ya se encontraba profundamente dormido.
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-De acuerdo, esperaré una hora, una hora mas y si no da señales de vida iré a verlo así tenga que atravesar la jauría de hienas que tiene por hermanos- este era nuestro hombre –nuevamente- dándose ánimos a si mismo –otra vez- Luego de la perturbadora –y hermosa, alucinante y excitante- experiencia que tuvo con su pequeño vecino, Alfred no estaba muy seguro de como debía actuar de ahora en adelante. Cuando se despertó un par de horas mas tarde se encontró totalmente solo y cubierto con una manta que el menor pudo haber bajado de su habitación… si es que de verdad estuvo ahí; paso otro par de horas mas tratando de disuadir si todo se trato de un sueño o si fue real. Pero de eso ya hace un día completo, con 8 horas 23 minutos y 14 segundos sin que "su" pequeño diera señales de vida, dejándolo incapacitado para comprobarlo.
Se encontraba en medio de sus dilemas existenciales cuando el timbre se deja escuchar, se dirigió mecánicamente a abrir la puerta y lo que encontró lo dejo frio en su sitio, pues enfrente suyo estaba nada más y nada menos que el culpable de su tormento… acompañado por sus cuatro hermanos. El mayor de todos, un pelirrojo con cara de estar sufriendo los embates de la "cruda" realidad, descaradamente le arrojó encima el humo del cigarrillo que estaba fumándose.
Oh Shit
-Ey yanqui- dijo a modo de saludo - Como eres tan buen vecino y creo que tienes algo de tiempo libre para desperdiciar venimos a pedirte un pequeño "favor"-
-S-Si, seguro- contestó Alfred apartando el humo de su cara - y para qué negarlo- algo –bastante- amedrentado también.
-Sucede que mis hermanos y yo tenemos que salir de viaje para… bueno, para algo que a ti no te importa- hablo el Kirkland mayor, siendo apoyado por el resto quienes asentían con la cabeza – así que no podemos cargar con equipaje extra –dígase el mocoso- Y como el renacuajo dijo que prefería morir de inanición encerrado en casa que venir contigo, decidimos encargártelo a ti, digamos por uhm… un mes.
-Qué?- grito chico con los ojos desorbitados, volteando a ver al menor que estaba con la vista baja y el rostro sonrojado.
- Por supuesto no será gratis, eres libre de emplearlo de la manera que se te antoje para que desquite su estadía aquí- dijo el pelirrojo inocentemente sin sospechar la cantidad de probabilidades –no muy sanas- que pasaron por la mente del americano en esa fracción de segundo.
-Veo que no tienes ninguna queja, bueno entonces nosotros nos vamos y tu renacuajo no vayas a echarle picapica en las bolas cuando duerma, tampoco quemes la casa que ya no tendrías donde quedarte cuando salgamos a atender "nuestros asuntos"- terminó con un empujón al menor haciéndolo entrar a la casa, quien vio con indiferencia como todos se trepaban al auto y arrancaban enseguida. Espero unos instantes, pero en vista de que Alfred no reaccionaba cerró la puerta el mismo y comenzó a caminar hacia la sala.
-Estoy perdido, estoy perdido- Es lo único que pudo decir Alfred una vez que fue capaz de reaccionar.
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