CARTMÁNCULA
PRÓLOGO.
El año: 1463.
El Imperio otomano amenazaba con extenderse por toda Europa; nadie parecía lograr detener el aterrorizante avance del rey Stanhet II. No obstante, había un reino pequeño, Valaquia, de pasado turbulento dado los constantes golpes de estado, pero gobernado por un hombre de mano de hierro.
Su nombre era Vladericus II Cartmánculya El Empalador ó simplemente Cartmáncula.
Aquél hombre era de complexión corpulenta, de ojos cafés oscuros, cabello castaño y muy apuesto. Era famoso por tener un carácter tan jodido que mandaba a empalar a todos aquellos que provocasen su furia así como por ser un brillante estratega militar.
En ese año estaba la batalla que cambiaría el rumbo de la historia de Europa; Cartmáncula había ofrecido que su ejército se una al del rey Kennius Corvinus para acabar con la amenaza de Stanhet II.
Antes de irse para la batalla, fue a la capilla del castillo para que le otorguen sus bendiciones los representantes del clero ortodoxo y despedirse con tristeza de su amante, la hechicera Scottia, quien le había dado amuletos para la buena suerte.
No obstante, había alguien que no quería que fuera a la guerra por miedo a que lo mataran. Alguien de quien se despediría con mayor tristeza que para con Scottia. Dispuesta a dar su vida por la de él, Kylebeta, la princesa judía con la que se había comprometido, lloraba inconsolablemente al enterarse que su amado príncipe se marchaba rumbo a la muerte.
- ¡Por favor, no te vayas! – le suplicaba de rodillas la joven pelirroja con lágrimas en los ojos - ¡Te matarán! ¡Por Dios, te lo suplico! ¡Haré lo que quieras!
Cartmáncula, en respuesta a su súplica, le dio un tierno beso en los labios, a lo que Kylebeta le correspondía con entusiasmo.
Kylebeta era una mujer sumamente bella, dulce y tierna; Cartmáncula la amaba con todas sus fuerzas a pesar de no demostrárselo y de que no le simpatizara mucho los judíos.
Fue al campo de batalla, en donde peleó salvajemente contra los turcos.
Al ver que había triunfado, un extraño presentimiento le impulsó a retornar al castillo a toda velocidad. No obstante, al entrar al castillo, vio a toda la corte rodeando el altar de la capilla.
Algo había pasado durante su ausencia... Y lo que más temía yacía ante los ojos del Empalador: Ahí, ante el altar, yacía el cuerpo inerte de Kylebeta, con una daga enterrada en el vientre.
Había sido asesinada.
- ¡NOOOOO! – gritó el hombre con lágrimas en los ojos mientras se arrojaba sobre el cuerpo inerte de su amada.
- Lo lamento mucho, mi señor – le decía el obispo Maximilianev -. La encontramos tirada en el río…
- ¡KYLEBETA! – y dirigiéndose hacia el sacerdote, gritó: - ¡¿QUIÉN FUE EL MALDITO QUE LO HIZO? ¡¿QUIÉN? ¡TRAEDME AL MALDITO HIJO DE PERRA QUE LE HA HECHO ESTO A MI KYLEBETA!
- Fui yo – respondió una voz.
Cartmáncula se volvió.
Y por un instante no podía creer de quién provenía aquella voz.
En medio de los presentes se hallaba Scottia, quien con una sonrisa añadió gélidamente:
- Sí. Fui yo.
Cartmáncula tomó su espada y la blandió lleno de furia contra Scottia.
- ¡MALDITA PERRA! – gritó.
Sin embargo, Scottia le detuvo con un poderoso hechizo que hacía que la espada saliera volando hasta clavarse en la pared.
Cartmáncula, sin miedo, confrontó a la malvada mujer y le reclamó:
- ¡¿Por qué? ¡¿Por qué ella? ¡¿POR QUÉ?
Scottia, sonriente, le respondió:
- Ella era un estorbo para mis planes. Oh, sí. Lo admito: Te seduje porque quería el trono de Valaquia para mí y para nadie más. Quería el trono para honrar a mi padre.
- ¡TU PADRE ERA UN TRAIDOR!
- ¡Pero al menos no se la pasaba matando gente, pendejo! Tu ira te ciega, mi buen príncipe… Pero el amor lo hace más de lo que uno piensa. ¿O acaso creíste que no me había dado cuenta de cómo mirabas a esa putita judía?
El príncipe no soportó más y se abalanzó encima de ella; la mujer, con astucia, empezó a pronunciar estas palabras:
- Vampiro inmortal eres e inmortal serás. Caminarás sin rumbo por la historia de la humanidad viviendo únicamente con la sangre de los seres humanos por toda la eternidad.
Un grito.
Muchos corazones encogidos.
Una terrible transformación: De hombre a muerto y de muerto a no muerto...
He deambulado por más de cinco siglos buscando algún modo de hallar la paz eterna y tratar de evitar transmitir la terrible enfermedad del vampirismo a los inocentes.
Todo parecía estar perdido…
Hasta que te encontré, Kyle.