Capítulo 3
Lovino irrumpió en la cocina, con ferocidad. Tiró una bolsa de harina en un banco y se giró para ver con ojos fieros a Feliciano. Feliciano soltó un pequeño chillido, dando un paso hacia atrás y agarrando los tomates contra su pecho. Lovino podía dar tanto miedo cuando se lo proponía.
– ¿Qué era esa irritante melodía que has estado tarareando toda la maldita tarde? – Preguntó Lovino, irritado.
Feliciano se rascó la cabeza. – ¿Eh? Ah... – Él apenas se dio cuenta de que había estado tarareando suavemente "Auf Wiedersehen, Sweetheart" desde que habían salido de la cantina. Se encogió de hombros. – No es irritante, es muy bonita – de inmediato comenzó a tararearla de nuevo mientras colocaba los tomates en el frutero donde correspondía y que, lamentablemente, estaba vacío.
– Es estúpida. Para. Para ya.
– Pero Lovino… – Se quejo el menor.
– Tienes que empezar a tomarte las cosas un poco más en serio. Feliciano – mascullo Lovino, usando un tono tan condescendiente como frustrado – No puedes simplemente pasar de las reuniones importantes por estar sentado y cantando junto a la radio. Esto no es un juego. ¡Tienes que ser serio, como el abuelo y yo! – Lovino pegó un respingo cuando Roma entró en la habitación tras él y le dio una palmada en el hombro
– ¿Qué es todo eso que oigo acerca de ser serio? – Preguntó Roma mientras colocaba la bolsa de las naranjas sobre la mesa – No hagas caso a tu hermano, Feliciano. Él es demasiado serio como para su propio bien ¡Además, tienes una hermosa voz, al igual que tu abuelo! – Lovino abrió la boca indignado, pero Roma alzó las manos y dijo – Prueba con esta... – antes de comenzar a cantar una interpretación de La Donna e Mobile de Verdi, su "canzone" favorita. Feliciano rió sonoramente, aplaudiendo con deleite mientras se unía al canto. Lovino, a su vez, se tapaba sus oídos y frunció una mueca de fastidio.
*"La donna è mobile,
Qual piuma al vento,
Muta d'accento — e di pensiero."
– ¡Abuelo, no seas ridículo! – Lovino se alejó de ambos, con aires de indignación – ¡Lo digo muy enserio!
Feliciano rió nuevamente, y tanto él como su abuelo comenzaron a cantar más fuerte, mientras que poco a poco iban acercándose a Lovino
"Sempre un amabile,
Leggiadro viso,
In pianto o in riso, –è menzognero."
– ¡BASTA! – gritó Lovino. A medida que continuaban cantando, Roma agarro una de las ollas de cocina y la coloco sobra la cabeza de Lovino. Se acerco, acorralándolo desde un lado, mientras que Feliciano se aproximaba por el otro, ambos cantando tan fuerte como les permitían sus pulmones mientras que Lovino parecía estar empezando colapsando de la rabia, echando humo por las orejas, mientras trataba encarecidamente de no estallar en carcajadas al mismo tiempo – ¡Quiten! ¡Basta! ¡Déjenme en paz! ¡Ambos están locos, no lo aguanto más, me marcho de esta familia de una vez!
Feliciano y Roma, sin dejar de cantar, persiguieron a Lovino que había escapado de la cocina, dirigiéndose hasta la sala, donde el de inmediato se detuvo en seco, quedándose en silencio. Feliciano alzo la vista para encontrar a Antonio, su cómplice e informante español, en el umbral de la puerta, en el borde de la puerta, sonriéndole a Lovino con diversión. Este se puso completamente rojo y, sacándose la olla de la cabeza, miro con ceño fruncido al español- ¿Qué estas mirando, bastardo?
– ¡Antonio! – Exclamo Roma con alegría, cruzando la habitación y abrazando al joven de cabellos oscuros – ¡Ah, gracias a Dios! ¡Tenia la esperanza de que te veríamos pronto!
– ¡Saludos, Roma! ¡Es bueno verte! – Antonio parecía agotado y andaba sin arreglar, pero su sonrisa era amplia y genuina, como siempre. Él era un hombre amigable y siempre traía algo cada vez que los visitaba, lo cual era bastante frecuente últimamente
– ¡Antonio! ¿Me trajiste un regalo? ¿Eh, eh, lo hiciste? - preguntó ansiosamente Feliciano, corriendo hacía Antonio y saltando alrededor de él con entusiasmo. Antonio rió y acaricio el pelo de Feliciano. Lovino solo contemplaba la escena con el ceño fruncido, cruzado de brazos en la puerta de la cocina.
– ¡Por supuesto, Feli! Esta vez tengo para ti…. – Antonio hizo una pausa dramática antes de meter la mano en la gran bolsa que llevaba colgando del hombro. Feliciano esperó impaciente antes de que Antonio le diera su regalo, que resultó ser un balón de fútbol. Feliciano abrió la boca, asombrado, agarrando con alegría el balón de las manos de Antonio.
- ¡Sí! ¡Perfecto! Perdí la que tenía, bueno, de hecho Lovino la perdió y ha sido imposible conseguir otro. Además he querido uno últimamente porque… - Feliciano sintió un agudo dolor en su cráneo cuando Roma le golpeo en la cabeza – Vee ~ Quiero decir…eh… ¡Gracias, Antonio!
– No hay de que, Feliciano. ¡Y también tengo algo especial para Lovino! – Lovino tan siquiera se movió, quedándose donde estaba y mirándolo de mala gana desde la otra punta de la habitación.
– ¡Lovino, querido! – Dijo Roma – Deja de ser un pequeño bastardo maleducado y ven aquí.
Lovino cruzo la estancia de mala gana, con los brazos cruzados sobre su pecho y el rostro contraído en una mueca agria. Antonio volvió a meter la mano en su bolsa, sacando un pequeño objeto de color rojo, lanzándolo en el aire y mostrándoselo a Lovino. Este simplemente lo miro unos instantes
– ¿Un puñetero tomate?
Roma, un tanto molesto, le asesto un golpe en la cabeza – Cuida tus modales, jovencito.
Lovino se frotó la cabeza y miró a su abuelo – ¿Por qué querría yo un entupido tomate? Feliciano compro una cesta llena hoy…
– No seas maleducado y coge el tomate.
– ¡No quiero el tomate!
– ¡Que cojas el puñetero tomate, Lovino!
Lovino gruñó, agarrando la fruta de la mano de Antonio e inmediatamente frunció el ceño, claramente confundido. Sus ojos buscaron los de Antonio, quien simplemente le regalo un guiño.
– Antonio, mil disculpas – dijo Roma extendiendo las manos – Amo a mis nietos mas que nada, pero pueden unos pequeños y malditos malcriados a veces…
Antonio se rió, palmeando la espalda de Roma – Por favor Roma, no tienes por que disculparte. Debería ser yo el que lo hiciera por tardar tanto en regresar. Las rutas de viaje se han vuelto demasiado difíciles en los últimos meses.
Roma hizo un gesto con la mano, restando importancia a las palabras del español –Por supuesto, lo entiendo ¿Supongo que tienes información para mi, cierto? - Antonio asintió y sacó un montón de documentos de su bolsa. Roma lo llevó a la mesa central, al mismo tiempo que Antonio se sentaba y comenzaba a colocar los papeles. Ambos, con urgencia, comenzaron a analizarlos, hablando con urgencia. Una vez más, Feliciano se aburrió, dejándose caer en el sofá a lado de la escalera, lanzándose el balón de futbol de mano en mano. Tras unos segundos, llego Lovino dejándose caer pesadamente en el sofá, junto a él. Feliciano se inclinó a coger el tomate, pero Lovino fue más rápido y se lo quito, dejándolo fuera de su alcance.
– ¡Lovino! – Se quejó Feliciano – Déjame ver… ¿Qué es? En realidad no es un tomate, ¿verdad?
– No – murmuró Lovino, mirando fijamente el fruto rojo en su mano – Es duro, como si estuviera hecho de cristal o algo así – Lo agito en su mano, escuchando un traqueteo en su interior – Creo que se puede abrir, pero no sé como.
– ¡Oooh! – Murmuro Feliciano, fascinado – ¿Y por qué te daría Antonio algo tan fantástico como eso?
– ¿Fantástico? ¡Ni siquiera sé lo que es! – Lovino llevó el objeto con forma de tomate a su oído y lo agitó de nuevo, frunciendo el ceño – ¡Estúpido bastardo español! Esto me va a volver loco…
Feliciano se encogió de hombros, y de nuevo se centro en el balón de futbol, mirando de vez en cuando en dirección a donde estaban sentados el abuelo Roma y Antonio, discutiendo a media voz. Se preguntaba que consecuencias traería esa información esta vez y a quienes involucrarían de su alrededor. Algunas frases a medias llamaron su atención, como "Planificación de un aterrizaje", "aviones alemanes estacionados en la cercanía" y "necesitamos recopilar mas información sobre este asunto", pero la mayoría de información solo le paso de un oído a otro, escapando de su mente y comprensión. Feliciano rezaba para que pasara lo que pasara no afectara ni hiriera a su abuelo, o a Lovino, o a Antonio. O a Ludwig. Cerró los ojos un instante y, cuando los abrió, se dio cuenta de que Antonio miraba en su dirección y le guiñaba un ojo a Lovino. Este puso los ojos en blanco, con el ceño fruncido y aparto la mirada, enojado, pero una pequeña curvatura apareció en el borde de sus labios. Feliciano ladeo la cabeza y entrecerró los ojos mientras lo miraba, ¿Qué estaba sucediendo? ¿A que se debía aquello?
Tan solo unos minutos mas tarde parecía que los asuntos de Roma y Antonio habían terminado. La reunión había sido bastante corta, y Feliciano esperaba que aquello fuera una buena señal. Roma y Antonio intercambiaron documentos y cuando se levantaron, Feliciano y Lovino fueron a reunirse con ellos. El español recogió su bolsa del suelo y metió los papeles en ella de forma desordenada – Voy a estar en el pueblo unas cuantas semanas, Roma. Así que te mantendré informado.
– Sí, sí. Siente libre de visitarnos siempre que puedas, amigo mío, ¡Nuestra casa es su casa!
– ¡Por supuesto que lo haré! – Antonio sonrió al decir esto, mientras se lanzaba a abrazar con fuerza a Feliciano – ¡Cuídate mucho, Feli!
– ¡Visítanos pronto, Antonio!
Antonio asintió y se volvió hacia Lovino, haciendo que este retrocediera. El ibérico volvió a reír, inclinándose hacia delante y susurrando algo en el oído que hizo que Lovino abriera los ojos desmesuradamente y que su cara se tornara un color rojo brillante. Cuando Antonio se retiro volvió a mirar al italiano con una mezcla de felicidad, alegría y algo que Feliciano no supo bien que era. Roma se acerco y, rápidamente, agarro el brazo de Antonio y se dirigió hacia la puerta principal con él, donde beso un poco forzado sus mejillas en señal de despedida – ¡Hasta la próxima! Ahh… Y Antonio, dime, ¿Puedes cantar?
– ¿C-cantar? Si, ¿Por qué? – Preguntó curioso el español.
–Porque si vuelves a mirar así a mi nieto, voy a castrarte y no podrás volver a hacerlo jamás.
Los ojos de Lovino se abrieron aun mas, abriendo la boca en señal de protesta – ¡Abuelo! – Exclamó en tono alto y vergonzoso.
La cara de Antonio palideció como una hoja en blanco hasta que Roma se echo a reir con ganas, estrepitosamente. Antonio suspiro aliviado y se sumo al cabeza de familia.
–No, no – Farfullaba Roma dando palpadas en la espalda de Antonio – Pero ahora, enserio…– Dejo de reír, fulminándolo con la mirada – Lo digo en serio. Muy en serio
La sonrisa de Antonio volvió a fallar, desapareciendo – Si… Bueno… Nos veremos pronto, Roma
– ¡Claro que si! – Roma sonrío, feliz, despidiéndolo con la mano. Pero cuando los ojos de Antonio se volvieron a fijar en Lovino, Roma hizo un movimiento de cortar algo por debajo de la cintura. El español se apresuro a despedirse y salir de la casa. Roma se quedo unos segundos mirándolo, para después girarse para sonreír a sus nietos. Lovino seguía con los ojos muy abiertos y la boca con un rictus de angustia. –Entonces… – Dio una palmada, riendo alegremente de nuevo – ¿Quién quiere pasta para cenar?
– ¡Ooh, ohh! – Exclamo entusiasmado Feliciano, corriendo en dirección a la cocina
– Lo repito. Renuncio a esta familia… – murmuraba Lovino mientras arrastraba los pies, siguiéndolo
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Feliciano caminaba lentamente por el angosto camino hacía el roble, sin saber si Ludwig estaría allí o no. Él había dicho que iría, y Feliciano esperaba desesperadamente que lo hiciera, pero no podía estar seguro. Se sentía extrañamente seguro del soldado alemán, como si supiera de el por completo, como si lo conociera de toda la vida, pero tenia que recordarse a si mismo que solo había hablado dos veces con él, y que era poco probable que Ludwig tuviera pensamientos similares sobre él. Después de todo las dos veces que se habían encontrado había sido por pura casualidad ¿Podía estar seguro de que Ludwig aparecería cuando él se lo había pedido? Apretó fuertemente la cesta entre sus manos, esperando que al pasar por el roble no tuviera que caminar solo hasta el mercado igual que cada día. Pero mientras se preparaba lo peor, miro de reojo al árbol, sintiendo un torrente de alegría cuando distinguió que había alguien parado a los pies del mismo. El corazón de Feliciano salto en su pecho y comenzó a correr el poco camino que lo separaba del roble.
– "Buon pomeriggio", Ludwig! –saludó en alto, sin aliento, pero con su voz alegre, salvaje.
Ludwig asintió. Tenía las manos atrás de su espalda, parado derecho y alerta, bien vestido en su inmaculado traje gris. No sonrió, pero sus ojos parecieron brillar. "Guten tag" Feliciano"
– "Guten Tag" – repitió Feliciano – ¿Buenos días?
Ludwig volvió a asentir – "Sehr gut."
Feliciano frunció el ceño – Eso no lo entiendo
Ludwig curvo sus labios ligeramente hacia arriba – Significa "muy bien"
Feliciano sintió que su estomago iba a estallar de felicidad – Grazie!
–No hay de que.
– No, no – dijo Feliciano, negando con la cabeza, –Tienes que decir 'prego' – Ludwig se limito a asentir– ¡Dilo, Ludwig!
– Oh, eh…
– ¡Dilo!
– "Prego"! – gritó Ludwig como si estuviera respondiendo a una orden, retirando la mirada casi avergonzado
–"Sehr gut! ¿No es esto divertido, Ludwig? – Feliciano metió la mano en su cesta, sacando el balón de futbol que Antonio le había dado – Un amigo mío me regaló este balón. ¿Quieres jugar? – Dejo caer la cesta en el suelo y avanzo unos pasos hacía Ludwig. Una vez más, este parecía un poco confundido y perdido.
– ¿Cómo dices? ¿Quieres jugar futbol? Pensaba que lo que querías eran clases de lengua.
Feliciano sonrió, encogiéndose se hombros –"Giochiamo a calcio"– Ludwig parecía sentirse algo incomodo con su presencia. Pero quizás con el futbol... Bueno, Ludwig solía jugar futbol. Le gustaba el futbol. Quizás se sentiría más cómodo si pasaba el tiempo pateando el balón. Feliciano aun no podía creer la brillante idea que se le había ocurrido para que el alemán se sintiera más cómodo. Sonrió, mientras se pasaba el balón de mano en mano – ¡Muéstrame lo bueno que eres!
Ludwig alzó una ceja con escepticismo – No creo que estés a mi altura.
Feliciano sonrió ligeramente – Ya veremos – Rápidamente dejo caer la pelota a sus pies y la pateó con todas su fuerzas hacía Ludwig, el cual apenas pudo atraparlo cuando esta volaba en dirección a su pecho, haciéndole retroceder unos pasos antes de recuperar el equilibrio, tosiendo entrecortadamente. Miró a Feliciano, con una expresión tan sorprendida como impresionada. Feliciano esperaba con aprensión mientras Ludwig abría y cerraba la boca, como pensando una buena respuesta, pero se detuvo, desviando la mirada hacia el balón. Feliciano engranajes de su cerebro conectando y decidiendo cual seria su siguiente paso. Después de unos momentos, el alemán dejo caer la pelota al suelo mientras se quitaba cuidadosamente la chaqueta, doblándola y poniéndola en el suelo.
– Muy bien entonces "Lass uns Fußball spielen"
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Hasta ahora, Feliciano no estaba muy impresionado. Dejo caer el balón hasta su rodilla, luego a su tobillo, y finalmente lo elevó un poco antes de patearlo constantemente hacia Ludwig, quien estaba tratando de defender el roble que les servia como portería. Feliciano levanto los brazos y grito, efusivamente – ¡Otro gol para los italianos! Esos son 6 goles a mi favor, Ludwig. ¡Vee~ Voy ganando! ¿De verdad es cierto que jugaste al futbol en Alemania?"
Ludwig frunció el ceño y pateó el balón de vuelta hacia el italiano – Lo hice. Pero no como portero.
– ¿Y por qué dejaste de jugar? – Preguntó Feliciano, sofocado, mientras corría a atrapar la pelota– ¿Qué pasó?
Ludwig hizo una pausa y se pasó una mano por el pelo, el cual le caía en los ojos. El corazón de Feliciano latió más rápido por aquel gesto. De alguna forma lo encontraba adorable – La guerra pasó. Y yo me uní a la Lutwaffe.
– Luttwafe es la fuerza aérea – Dijo Feliciano con orgullo. Estaba casi seguro de que seria capaz de hablar alemán fluido en poco tiempo. Ludwig asintió, y casi sonrío.
– "Sehr gut."
– ¿Qué te gusta más? ¿El futbol o volar? – Feliciano retrocedió poco a poco, lanzando el balón en el aire y volviéndolo a atrapar. Ludwig se detuvo de nuevo. Él siempre parecía pensar sus respuestas antes de darlas, Feliciano se había dado cuenta de ello. Era una estrategia inteligente, se dijo a si mismo.
– Ambos son muy diferentes
– Pero escogiste volar en vez del futbol– espetó Feliciano inquisitivamente. Ludwig se movió, claramente incomodo.
– Elijo mi país antes que el futbol.
– Ludwig, ¿No sería maravilloso si en vez de luchar, pudiéramos mejor jugar futbol? Imagínalo. Alemania, Italia e Inglaterra podrían tener un equipo en lugar de un ejército y solo podríamos jugar partidos para saber quién gana. Así no tendríamos que ir por ahí, disparando y matando gente. Ludwig, ¿Por qué no podemos hacer eso? – Ludwig lo miro, con una mezcla de sorpresa, diversión y tristeza, todo al mismo tiempo. Feliciano volvió a preparar el balón, una vez más – Aunque si tú estuvieras en el equipo de Alemania, no creo que fueran capaces de ganar – Pateo el balón con fuerza.
– Oh, ¿Eso crees? – Para sorpresa de Feliciano, esta vez Ludwig pudo atrapar el balón y de inmediato se acercó a Feliciano, fulminándolo con la mirada. El castaño abrió los ojos y retrocedió casi inconscientemente – Ponte junto al árbol – Feliciano estaba seguro que Ludwig no tenia intención de dar miedo, pero en aquel momento, era fácil ver que era un oficial. Negarse no parecía una opción.
– Esta bien… eh… Sí, señor – Feliciano corrió hacia el árbol, dándose media vuelta sólo para ver a Ludwig jugando con el balón. Tirándolo en el aire, atrapándolo con la punta de sus dedos, dándole giros, de ahí pasándolo a través de sus hombros, para luego atraparlo con su otra mano. Feliciano lo observaba con la boca abierta, completamente fascinado.
– ¿Te crees mejor portero?
– ¿Cómo dices? – Feliciano ladeo su cabeza mientras continuaba observando, asombrado. Ahora Ludwig hacía girar el balón en su rodilla. ¿Cómo diantres hacía eso?
– ¡Veamos si puedes detener uno de mis goles, italiano! – Ludwig hizo un par de malabares con el balón entre sus piernas. Lo lanzó al aire para luego patearlo tan fuerte que paso volando por encima de la cabeza de Feliciano, estrellándose contra el árbol. El italiano estaba casi seguro de que su corazón se había detenido durante unos instantes. Ludwig sonrió – ¿Cuál fue la frase que usaste antes? Oh, sí… ¡Otro gol para los alemanes!
Feliciano aun no encontraba fuerzas para moverse – Por favor, no me mates
– Vamos, Feliciano" dijo el rubio mientras recuperaba el balón y la colocaba en su posición inicial – ¡Hace un segundo estabas mucho mas seguro y confiado!
– ¡Eso era antes, cuando no temía ser decapitado por un balón! – Ludwig se alineó, listo para lanzar el balón de nuevo hacia el árbol. Feliciano levanto las manos sobre su cabeza, gritando "Dio mi salvi!", cuando Ludwig volvía a golpear con fuerza el árbol.
Cinco goles más aterrizaron contra el roble y Feliciano estaba seguro de tres cosas, Uno- él era el pero portero de toda Italia. Dos- muy pronto habría un agujero atravesando su árbol favorito. Tres- Cuando Ludwig sonreía, era la persona mas hermosa del mundo entero – Creo que uno más y gano, ¿cierto? – preguntó Ludwig mientras se preparaba para el séptimo gol. Feliciano decidió que ya era suficiente.
– De acuerdo, ya basta – corrió hacia Ludwig y le quito el balón de una buena patada.
Ludwig sólo parpadeó, confuso, y lo miró con sorpresa – ¡Oye, eso va contra las reglas!
Feliciano sonrío desafiante, pero con inocencia – A veces es divertido romper las reglas, Ludwig. Además… ¡Vee~ No puedes ganar si no tienes la pelota! – Feliciano se echo a reír alegremente, alejándose del árbol y corriendo hacia el campo. Miró hacia atrás, casi esperando que Ludwig se hubiera quedado quieto, y estuviera observándolo a lo lejos. Pero comprobó con sorpresa que Ludwig corría en su dirección, siguiéndole el juego. Su corazón comenzó a bombear demasiado rápido, la cabeza le daba vueltas. Se sentía feliz y mareado, todo al mismo tiempo. Feliciano siguió corriendo, dejando el balón fuera de su alcance, y rió con energía cuando Ludwig le dio alcance y, con un rápido movimiento, se las arregló para quitarle el balón. Ludwig empezó a sonreír ampliamente, una sonrisa sincera y única, la primera que había visto salir Feliciano de sus labios con total naturalidad, dejando al italiano completamente sin aliento. El lapsus en el que se encontraba fue suficiente para que Ludwig le arrebatara el balón por completo y se burlara de él.
– Tendrás que hacerlo mejor que eso, Feliciano.
Feliciano sonrió y fue tras él. Corriendo y riendo, la hierba, empapada, les rozaba las piernas a la altura de los tobillos. Enseguida alcanzo a Ludwig y en un salvaje, inesperado y glorioso momento sus piernas se enredaron y ambos cayeron al suelo sin aliento, riendo. El balón voló, aterrizando sobre la hierba, pero ambos la olvidaron. La risa de Ludwig era profunda, pero de alguna manera muy diferente a su tono de voz cuando hablaba. Era tan maravillosa que el estomago de Feliciano sintió un vuelco de felicidad. Era casi como si Ludwig se hubiera liberado de todas sus restricciones, liberándose y dejándose ver como era realmente. Casi sin aliento, pero sin dejar de reír, Feliciano se dio la vuelta para quedar cara a cara con Ludwig, solo a unos centímetros de distancia. Sin duda su aspecto era tan diferente ahora, su cabello despeinado cayendo sobre sus ojos y su camisa se había arrugado de rodar por la hierba. Sus profundos ojos azules se encontraron con los de Feliciano, quien no desvío la mirada. Durante un largo instante, se sintió como si el tiempo se hubiera detenido mientras estaban así. Sus risas fueron, poco a poco, desvaneciéndose, hasta que Feliciano solo podía oír el sonido de sus respiraciones. Un dolor desconocido le atravesó el pecho, y tardo unos segundos en darse cuenta de la razón: Quería extender la mano y tocar a Ludwig. Lo ansiaba tanto que casi era doloroso. Y justo cuando Feliciano alzo su mano casi sin pensar, Ludwig desvío su mirada, dando un suave suspiro – "O, verdammt".
– ¿Hum….? – Preguntó Feliciano, aprovechando el momento para bajar la mano y tratar de controlar su respiración y tenerla bajo control ¿En qué había estado pensando? ¿Qué había estado apunto de hacer?
– Oh, no es nada. Solo que…. – Una expresión de vergüenza cruzó el rostro de Ludwig mientras se sentaba sobre la hierva – Veras… Traje algo para ti y…
– ¿En serio? – Interrumpió Feliciano, excitado, con el estomago contraído por los nervios mientras se sentaba también, a su lado – ¿Qué es? ¿Qué me trajiste? Vee~ ¿Es un regalo? ¿Me va a gustar?
– No es mucho. Por favor, no te entusiasmes – Feliciano casi rompe a reír ¿Ludwig acababa de ruborizarse? El rubio metió la mano en su bolsillo, sacando una maltratada barra en un envoltorio igualmente maltratado, tendiéndoselo al italiano – Mmm… Creo que lo aplasté. Perdona. En todo caso…ten. Espero que te guste el chocolate.
Feliciano no podía creerlo. Tuvo que aguantar para no pegar pequeños chillidos de emoción mientras tomaba la barra – "Cioccolato"! ¡Vee~ No he tenido chocolate desde antes de la guerra! ¿De dónde sacaste esto?"
Ludwig se miraba las manos, con las mejillas teñidas de un rojo adorable. Tan alto y fuerte como era, y aún así se las arreglaba para parecer un niño pequeño – Nos enviaron un poco entre nuestros suministros de esta semana. No me gusta mucho, así que pensé…
– ¡Gracias, Ludwig! "Danke", "Grazie"! – Feliciano abrió de inmediato el envoltorio, dándole un gran mordisco. Sus ojos se cerraban ante el delicioso sabor del chocolate, inundándole los sentidos. Aquella era una de sus comidas favoritas y había sido simplemente imposible de conseguir desde hacia años. Trató de saborearla lentamente, ya casi había olvidado lo que era el sabor del chocolate. Probarlo de nuevo era asombroso. – ¡Mmm, esto es asombroso! El chocolate alemán es buenísimo, incluso mejor que el italiano ¿No quieres? – Feliciano abrió los ojos al notar que Ludwig lo estaba mirando, con intensidad y sus mejillas rojas. El alemán tosió, desviando la mirada hacia otro lado.
– No, gracias.
El castaño se encogió de hombros – Muy bien. Aunque, ¿Te importa que guarde un poco para Lovino? A él le gusta mucho el chocolate también, y creo que le haría feliz poder volver a probarlo. Esta de muy mal humor últimamente, y necesito algo con lo que ponerlo contento y feliz… Creo que Antonio lo hace feliz pero no creo que quiera admitirlo ¿No es eso extraño? – Feliciano le dio otro bocado a la barra mientras que Ludwig se pensaba su respuesta.
– ¿Quien es Antonio?
– Es amigo nuestro. Es español. Fue él quien me dio el balón de futbol. Y a Lovino le dio un tomate de vidrio y luego miró a Lovino de forma extraña y mi abuelo amenazó con castrarlo –
Ludwig se sorprendió, abriendo los ojos de par en par – Amenazó con…
– Castrarlo. No estoy muy seguro de lo que eso significa, creo que tiene algo que ver con el canto… Ludwig, ¿Cómo dices chocolate en alemán?
Ludwig parpadeó un par de veces con expresión de pánico en la cara – "Schokolade"
–"Schokolade" – repitió Feliciano – ¿No es gracioso que suene casi igual? Chocolate, "cioccolato", "shokolade". Nunca hubiera imaginado que traías chocolate en tu bolsillo. Me gustaría tener algo que darte, pero no tengo nada interesante en mi bolsillo… – Feliciano realmente deseaba tener algo que poder ofrecerle a cambio. Sólo para estar seguro hurgo sus bolsillos, encontrando un trozó de alambre, y una pequeña y maltratada margarita roja que había recogido antes – Muy bien, Ludwig. Puedes tener esto – Feliciano le tendió la flor y Ludwig la tomó con gesto vacilante – Flor en italiano se dice "fiore"
– Hum… – dijo Ludwig, mirando con perplejidad la flor – "Grazie" – El rubio frunció el ceño, apartándose el pelo de la frente con impaciencia. Después miró a Feliciano con una expresión confusa – ¿Por qué…eh…? – Él parecía como si no estuviera seguro de lo que quería preguntar – ¿Por qué quieres aprender alemán?
En realidad, Feliciano no estaba seguro. Nunca había pensado en ello antes de conocer a Ludwig – Porque… eh…– -Era una excusa para volver a verte- Trató de pensar mas rápidamente – Porque… yo… – Pero no podía... –… Quería verte de nuevo – Terminó en voz baja. Feliciano nunca había sido bueno mintiendo.
– ¿Puedo preguntar por qué? – Los ojos de Ludwig se mantenían firmemente fijos en la flor, mientras la giraba entre sus dedos.
– Me gustas – Feliciano nunca había sido bueno para pensar antes de hablar.
– Pero… – Ludwig se detuvo durante un instante, obviamente pensando en sus próximas palabras, como siempre hacía. Negó con la cabeza, pero una pequeña sonrisa se dibujo en sus labios – Tú también me gustas, Feliciano.
Feliciano le dedico una amplia sonrisa. No podía recordar cuando había sido la ultima vez que se había sentido tan inmensamente feliz. Esas cinco palabras eran las mejores que había escuchado nunca. Pero entonces, Ludwig suspiró y miró hacia arriba, atrapando la mirada de Feliciano con esos ojos demasiado azules.
"Aunque esta probablemente no sea una buena idea."
Feliciano iba a preguntar por qué, pero se detuvo. Sabía perfectamente el por qué – No. Probablemente no lo sea. Pero no me importa…
Ludwig alzó las cejas, sin apartar los ojos – Eres diferente a cualquier otra persona que haya conocido nunca.
– Escuchó eso mucho. Es… ¿Es algo malo?
Ludwig hizo una pausa y negó con la cabeza, lentamente – No. No es algo malo en absoluto – El silenció se hizo presente entre ellos, y Feliciano miró al suelo, sin dejar de sonreír para si mismo. Ludwig se aclaro la garganta, enderezándose y ajustando el cuello de su camisa – Pido disculpas…
– ¿Por qué? – preguntó Feliciano confundido.
– Yo no…quiero decir… – Ludwig tomo aire profundamente, terminando de arreglar su cuello – No estoy acostumbrado a hablar tan abiertamente. Jamás he hablado así con alguien antes…Y por favor, no te ofendas, pero no debería haber pasado toda la tarde jugando futbol contigo, no es un uso aceptable de…
– ¿Te gustaría que te cante una canción, Ludwig?
Fue cuestión de segundos que Ludwig dejara de hablar, quedando en silencio con una mano aun en el cuello de su camisa y la otra apretando la pequeña flor roja. Despacio levantó la mirada poco a poco hasta Feliciano – Dices unas cosas más extrañas…
Feliciano se encogió de hombros – Eso también me lo dicen bastante. Pero parecías molesto, y cuando Lovino esta molesto, yo siempre le canto una canción. A veces se enoja y me grita, pero otras veces también lo hace sentir mejor, aunque él no lo diga. Entonces, ¿Te canto una canción?
– Sí – dijo Ludwig, claramente sorprendido por su propia respuesta – Es decir… ¿Por qué no? – Ludwig h cia girar el tallo de la flor entre sus dedos. Feliciano sonrío mientras miraba las manos de Ludwig. Tan grandes y fuertes, pero agarraban la flor con sumo cuidado. Hizo una pausa por un segundo para inhalar profundamente y comenzó a cantar.
*"Tutte le genti che passeranno, (Y toda la gente que pase)
oh bella ciao, bella ciao, bella, ciao, ciao, ciao.
Tutte le genti che passeranno,(Toda la gente que pase)
Mi diranno «Che bel fior!»" (Me diran «¡Qué Hermosa flor!»)
Feliciano callo unos segundos, dudoso, preguntándose si cantar una canción revolucionaria para un alemán era una buena idea. Pero si Ludwig reconocía la canción, o la letra, no lo demostró. Él sólo miraba intensamente al italiano, con expresión indescifrable. Feliciano continuó.
"E se io muoio da partigiano, (Y si yo muero como partidista)
o bella ciao, bella ciao, bella, ciao, ciao, ciao.
E se io muoio da partigiano,
tu mi devi seppellir." (Tú me deberás enterrar.)
Feliciano paro de nuevo, y se preguntó si debía detenerse. Pero Ludwig pareció notarlo y dijo en voz baja "Sigue "Y Feliciano así lo hizo.
"E seppellire lassù in montagna, (Y entierrame alto en la montaña)
o bella ciao, bella ciao, bella, ciao, ciao, ciao.
E seppellire lassù in montagna,
sotto l'ombra di un bel fior." (Bajo la sombra de una bella flor.)
Feliciano canto la cancion a un ritmo muchisimo mas lento de lo que la habia escuchado nunca, de manera suave y tranquila que la ruidosa versión de la familiar melodía. Las palabras parecian tan diferentes ahora, cuando las cantaba despacio, suavemente; en vez de gritándolas salvajemente mientras bailaba en una sala llena de gente. Ludwig escuchaba en silencio, aun cuando Feliciano canto la ultima estrofa en voz tan baja que casi parecia que pudiera perderse con la brisa.
"È questo il fiore del partigiano, (Y esta es la flor del partidista)
o bella ciao, bella ciao, bella, ciao, ciao, ciao.
È questo il fiore del partigiano,
morto per la libertà." (Quien murió por libertad)
Las últimas palabras acabaron muriendo en su boca. Feliciano no se atrevía a mirar a Ludwig. Esto se había sentido tan diferente a cuando lo cantaba con Lovino, o con el abuelo o con cualquier miembro de la Resistenza. Se sitió como si le estuviera mostrando una parte de su alma a Ludwig. Era maravilloso y atemorizante al mismo tiempo. Sólo después de un largo silencio, Ludwig respondió en voz baja – ¿Qué era eso?
Feliciano tragó saliva en exceso - Sólo una pequeña canción italiana.
– ¿Y sobre qué trata?"
Feliciano se mordió el labio pensando como describirla. La opresión… la muerte… la libertad. Entonces volvió a mirar las manos de Ludwig y lo que sostenían – Trata…. Trata sobre una flor… – Feliciano se obligó a mirar a Ludwig, y quedó inmediatamente traspasado por su mirada. Ludwig lo miraba como si nunca en su vida lo hubiera visto antes y como pudiera seguir mirándolo así para siempre.
– ¿Qué es 'Bella ciao'?
– Significa 'adiós, hermosa' – Feliciano se sitió liberado cuando Ludwig finalmente aparto la vista. Estaba sin aliento. Miro hacia arriba, notando que el cielo se volvía de un claro color rosa y el sol se ocultaba tras unas pequeñas nubes teñidas de naranja. De repente se sorprendió de cuánto tiempo había pasado – Nos hemos quedado hasta demasiado tarde – farfullo, esperando que su voz no se escuchara tan débil como la sentía – No he podido ir al mercado. El abuelo se molestara…
– Pido disculpas por distraerte, y retrasarte – Ludwig dejo escapar un profundo suspiro, cerrando los ojos. Casi parecía que estuviera luchando consigo mismo.
– Por favor, no te disculpes. Prefiero haber estado contigo aquí – Y era cierto. Feliciano no podía recordar la última vez que se había sentido tan lleno de felicidad, solo jugando al futbol, riendo, cantando y mirando al cielo oscurecerse lentamente, poco a poco, acompañado de una suave y perfumada brisa.
Un subido y estremecedor rugido rompió el la quietud de la tarde. El familiar sonido de explosivos hizo eco en las montañas. Todo parecía detenerse alrededor de ellos. Sólo el lejano e intermitente estruendo de las bombas perturbaba el silencio. Las nubes dejaron al sol salir, y Ludwig abrió los ojos, mirando directamente a Feliciano. Esta vez ninguno de ellos se molestó en desviar la mirada. Cómo si toda la tarde sus ojos hubieran sentido una necesidad hacia los del otro. La brisa fresca de la tarde soplaba gentilmente entre ellos y Feliciano tenia la sensación de que si no se movía pronto, puede que nunca mas pudiera hacerlo y se quedaría para siempre allí; sentado en campo abierto, y mirando fijamente los azules ojos de Ludwig. Pero entonces, Ludwig rompió el silencio – Me tengo que ir…
Feliciano suspiró, decepcionado. Por supuesto, sabía que Ludwig tendría que irse en algún momento. Pero se dio cuenta de que no quería que él se fuera. No quería que lo hiciera – Te veré mañana, ¿no?
Ludwig solo mantuvo la pausa durante un segundo – Sí, me veras
– Oh, bien… – Respiro, un poco más tranquilo, Feliciano. Los ojos de Ludwig seguían mirándolo y el pecho de Feliciano se sintió extrañamente apretado. Se sentía feliz de poder ver a Ludwig de nuevo mañana, aunque al mismo tiempo lo invadía un extraño sentimiento de nostalgia. Era demasiado confuso. Lo único que quería era abrazar a Ludwig y no dejarlo ir. Tragó saliva con dificultad y se obligo a dibujar una sonrisa – "Auf wiedersehen, sweetheart" – Ni siquiera se dio cuenta de que lo había llamado "cariño"
– "Bella, ciao" – Ludwig se levanto rápidamente, colocando la flor en su bolsillo, y se perdió en el sol de la tarde, deteniéndose brevemente en el roble para recoger su chaqueta. Feliciano solo se sentó, paralizado. Su corazón latía desbocado y su mente pensando a toda velocidad ¿En verdad Ludwig lo había llamado hermoso
.
Feliciano estaba tumbado mirando el techo, incapaz de siquiera de pensar en dormir. Su mente volaba a un sinfín de pensamientos, maravillosos y terribles, bellos y aterrantes. Y todos y cada uno de ellos eran sobre Ludwig. Era tan extraño sentirse así, algo que nunca había sentido antes, pero de una manera totalmente familiar. La quietud del cuarto casi lo asfixiaba, roto solo por el rugir del viento soplando fuera de la casa y la respiración irregular de Lovino. El cuarto era grande, pero siempre podía oír el cambio en la respiración de Lovino cuando este quedaba dormido. Era obvio que su hermano seguía despierto en su cama, en el lado opuesto de la habitación
– ¿Lovino?
– ¿Hmm?
Feliciano retorcía la sabana entre sus manos – ¿Qué piensas de Antonio?
Escucho como claramente la respiración de Lovino se intensificaba, cosa que oculto rápidamente con una tos – ¿Por qué diablos me preguntas eso?
– Bueno, No… ¿No te gusta?
Lovino resoplo con sorna – ¿Gustarme? ¿Ese bastardo español? ¿Por qué demonios tendría que gustarme?
– Bueno, a mí me gusta y al abuelo también. Y pensé que a ti también. Tal vez incluso un poco más que a nosotros… – Feliciano esperó en silencio la respuesta de Lovino.
– Pues no es así.
– Ah. Esta bien, entonces – El silencio se hizo presente en la habitación de nuevo. Feliciano se quedo quieto, escuchando el sonido de su hermano dando vueltas en la cama. Espero el tiempo suficiente para que la ira de Lovino se calmara un poco – ¿Lovino?
– ¿Qué? – Mustio Lovino, sonando frustrado.
Feliciano conocía a su hermano. Sabía cuándo estaba mintiendo, cuando estaba exagerando, y cuando trataba de ocultar la verdad diciendo todo lo contrario, que era exactamente lo que estaba haciendo ahora – ¿Alguna vez has pensado en decirle a Antonio que… no te gusta? –Lovino no respondió, solo se podía oír su respiración – ¿Lovino?
– Duérmete de una vez, Feliciano – Feliciano asintió con la cabeza tratando de centrarse en el sonido del viento, retorciéndose entre las sabanas, mientras sus pensamientos aun seguían veloces en su cabeza. Espero pacientemente hasta que creyó oportuno que había pasado suficiente tiempo. – ¿Lovino?
– Por el amor de dios, ¿Qué coño quieres, Feliciano?
– ¿Te gusta Antonio, y quieres decírselo, pero te preocupa lo que puede pasar cuando lo hagas? No es que te culpe, el abuelo Roma amenazó con castrarlo y eso, pero tal vez… quizás si tú le explicaras…
– Feliciano – Murmuro Lovino, con un tono mucho mas calmado esta vez. Feliciano miró hacia la cama de su hermano, pero sólo podía distinguir el contorno de su espalda iluminada por la tenue luz de la luna que entraba por la ventana – A veces tenemos sentimientos que nunca seremos capaces de expresar. A veces tenemos secretos que se deben permanecer como tales. A veces... – Lovino se detuvo, conteniendo la respiración – A veces hay cosas por las que simplemente no vale la pena correr el riesgo
Feliciano no respondió. Cerró sus ojos y reflexionó sobre las palabras de Lovino. Era cierto. Nunca sería capaz de expresar lo que sentía; lo confuso que se sentía, y a la vez maravillado. Atemorizado, pero emocionado al mismo tiempo… Sentimientos que lo alteraban y confundían cuando estaba con Ludwig – simplemente mirándolo, hablándole, sentado a su lado o pensando en él. Y cierto, tal vez algunos secretos deberían quedarse así. ¿Quién sabía lo que Ludwig pensaría si supiera la profundidad de todo lo que Feliciano sentía y quería? ¿Si supiera que Feliciano deseaba tocarlo, abrazarlo, tenerlo lo más cerca posible y nunca dejarlo ir? Feliciano se enfrentaría rechazo, al ridículo… y a mucho más. Ludwig era un soldado alemán. Feliciano un miembro de la resistencia. El riesgo era enorme. La tortura, la ejecución, la destrucción de su familia y de toda la resistencia. Lovino estaba en lo cierto. ¿Cómo podría eso valer la pena?
Pero detrás de los parpados, Ludwig era lo único que podía ver… Arreglando su cabello con impaciencia, retirándolo de sus ojos; sonriendo cuando marcaba un gol; mirándolo intensamente con aquellos ojos más azules que el mismo cielo. Confundido y con los ojos muy abiertos, pensando en un uniforme enemigo sonriendo y riendo en la hierba empapada. Todo en lo que Feliciano podía pensar era en Ludwig. Todo lo que quería era estar con él.
Si Ludwig no valía la pena el riesgo, entonces no había nada que lo valiera
Continuara...
Notas del Autor: "La donna é mobile "es de Giuseppe Verdi' Rigoletto '
"Giochiamo a calcioo" Juguemos al futbol; "Lass uns Fußball spielen" = Vamos a jugar
"Dio mi salvi!" Dios me salve
Notas traductora: ¡Dios, me siento un ser horrible! ¡Tarde demasiado en actualizar! u.u Lo siento de veras, pero a mi parecer, este es uno de los capítulos mas densos -del principio- y me costo demasiado. Además, de que a pesar de tener vacaciones, no puedo estar todo lo disponible que me gustaría.
¡Intentare ser mucho mas constante! ^^
En cuestión a los Reviews, ¡ Muchísimas gracias! Los responderé uno por uno, como se debe (: ¡Gracias por dejar comentario, y espero que la traducción no decepcione!
¡Gracias a todos y un abrazo enorme!