**Hola a todos! Siento muchísimo la tardanza, pero ahora estoy empezando el curso en el instituto y no tengo mucho tiempo. Y bueno... eso es todo. Muchísimas gracias a todos por leer y por las reviews. Espero que os guste la conclusión. One Piece es propiedad de Eiichiro Oda.


- Buenos días, Robin. – le contestó la pelirroja mientras se sentaba a la mesa al lado de la morena, seguida de cerca por un inquieto Luffy que se sentó a su vez a su lado.

Sus nakama la miraron con sorpresa. Zoro envainó de nuevo su katana y volvió a su asiento malhumorado debido a la pelea. Sanji bajó el pie y pasó de una expresión sorprendida a una de absurda felicidad a la vez que revoloteaba alrededor de la pelirroja. Nami le ignoró por completo, la navegante observaba inquisitiva por el rabillo del ojo a su capitán, quien se mostraba un poco nervioso. Chopper se sentó también tras ayudar a Usopp, ahora recuperado por completo del golpe.

- ¡Nami-swaaaan! ¡Qué alegría que te encuentres bien como para venir a desayunar con nosotros! ¿Qué te apetece tomar? ¡Te prepararé lo que quieras! – canturreó el cocinero.

- Pervertido. – murmuró el espadachín con irritación, pero nadie llegó a oírle.

- Gracias, Sanji, pero no tengo hambre. – contestó la navegante. Usopp, Chopper y Sanji la miraron con ligero asombro. Les extrañaba que después de un día tan agotador la pelirroja no quisiera degustar un delicioso desayuno.

- ¿Cómo te encuentras, Nami? – preguntó con cautela Chopper.

- Perfectamente. – respondió ella con una sonrisa.

- Entonces, ¿ya no estás enfadada con Luffy? – inquirió el tirador.

- En absoluto. Ya está arreglado.

- Oi, Luffy, ¿y qué hiciste para que te perdonase tan fácilmente? – se mofó Usopp con malicia. El aludido le miró algo confuso y con un leve nerviosismo para después pasar sus ojos al cocinero. Tras una mirada asesina al tirador por la insinuación detrás de aquel tono socarrón, Sanji se centró en él sin cambiar su expresión ni un ápice. Pero después el rubio se fijó en el repentino sonrojo de la navegante debido a la risita burlona de Zoro, quien ya había reparado en aquello.

- ¡Oh, no, no, no! ¡Tú! ¡Cacho de goma! ¿Qué narices… por qué tardaste tanto en aparecer por aquí con Nami-san? ¡No te habrás atrevido! ¿Nami-san? – el cocinero parecía un torbellino, vociferando una acusación tras otra con una mezcla de confusión y rabia que arrancó una risa gutural a Zoro. El espadachín se divertía como un crío con todo aquello.

- ¿Sanji-kun? – le llamó suavemente la pelirroja, aún sonrojada.

- ¿Si? – preguntó el rubio con adoración, interrumpiendo su arranque de histerismo.

- ¿Puedes servirle algo de comer a Luffy? Me parece que está hambriento, no ha desayunado.

El cocinero abrió tanto la boca que su cigarrillo cayó al suelo, donde Usopp se apresuró a apagarlo de un pisotón sólo por si acaso. Sin embargo, al ser por su querida pelirroja, cumplió la petición a regañadientes y le puso delante al famélico capitán un plato con un apetitoso desayuno. Luffy le brindó a Nami una mirada de eterno agradecimiento y comenzó a comer a velocidad vertiginosa.

- ¿Y cómo sabes que no ha desayunado, si acabas de entrar a la cocina? – preguntó Zoro, siguiéndole por una vez el juego a Usopp. El tirador le miró sorprendido y después le dedicó un guiño cómplice que el espadachín recibió con una perversa sonrisa. Nami suspiró y cubrió sus encendidas mejillas con las manos, pero eso no sirvió para disimular su turbación.

- ¡Bueno, ya está bien! – intervino Sanji arisco. – ¡Dejad de cuestionar a mi pobre Nami-san, que seguro que se encuentra cansada!

- Oh, cállate, ero-kukku. – rezongó Zoro. – Resígnate de una vez a morir solo.

- ¡Asqueroso marimo de mierda! – bramó enfurecido a la vez que dirigía una patada a la cabeza del espadachín. Zoro esquivó el golpe por poco y sonrió torvamente. – ¡Repite eso!

- ¿Quieres pelea, cejas rizadas? – le provocó con la mano en la empuñadura de una de sus katanas.

- Oi, dejadlo ya. – intervino Luffy, que ya había terminado de comer. – Fui a despertar a Nami y le llevé algo de comer, por eso no tiene hambre, y le dije que no había desayunado. – explicó sin darle importancia. Malhumorados, el cocinero y el espadachín se sentaron a la mesa en silencio. Sin embargo, Usopp le ojeó con sospecha.

- Pero aún no sabemos por qué te ha perdonado tan fácilmente.

- Shishishishi supongo que le gustó mi beso de buenos días. – comentó con una sonrisa de oreja a oreja. Sanji escupió de lleno su café sobre Usopp, que salió de su estupefacción con un aullido de susto. Robin rió divertida y los demás miraban a Luffy completamente boquiabiertos, incluyendo a una sonrojada navegante que pasó de la sorpresa a la vergüenza y de ahí al enfado. Dirigió una mirada psicópata al moreno que se encontraba a su lado y se rascaba la nariz pensativo. – O también puede ser que arreglé el daño de los mandarinos. – soltó sin darse cuenta de la perplejidad de sus nakama. Un furioso puño impactó de lleno en su cabeza, tirándolo de la mesa. Nami le miraba aún con rabia y se sopló los nudillos.

Luffy se incorporó en el suelo con un quejido y se recolocó el sombrero mirando con reproche a la navegante, pero en cuanto cruzó su mirada con la de la chica, quien parecía realmente furiosa, cambió de expresión y le sonrió avergonzado pero con descaro. Acto seguido sus nakama reaccionaron y se vio alzado bruscamente por Sanji. El cocinero empezó a sacudirle agarrándolo del chaleco a la vez que vociferaba colérico. Zoro reía a carcajada limpia y Robin también sonreía divertida contemplando la escena, mientras que Chopper miraba primero a Usopp con curiosidad y luego paseaba sus ojillos de la sonrojada Nami al capitán.

- ¡No me lo puedo creer! ¡Cómo te has atrevido, cacho de goma! ¡No es posible! ¡Me niego a creer eso! ¿Cómo te atreves a decir algo así de Nami-san? – gritaba Sanji casi rojo de furia.

- Vaya, así que vosotros dos, ¿eh? – se entrometió Zoro con malicia, provocando una risita en la arqueóloga y una mirada iracunda del cocinero. El espadachín rió ante el espectáculo y ladeó la cabeza. – ¿Lo ves, ero-kukku? Ya no tienes nada que hacer.

- ¿Entonces Nami le perdonó porque Luffy le dio un beso? – preguntó Chopper a Usopp, resguardándose después tras la espalda del tirador ante la mirada asesina de la pelirroja.

- ¡Pues claro! ¿No te lo había dicho? Ya había notado algo entre ellos dos. – respondió él con suficiencia, ganándose para ambos un puñetazo que les dejó en el suelo por parte de una furiosa Nami.

- ¡Tú cállate, marimo de mierda! ¡Esto no va contigo!

- Oi, Sanji, ¿puedes soltarme? – preguntó con cautela Luffy, mareado por las sacudidas. El cocinero le escudriñó con rabia y le dio una tremenda patada que lo lanzó contra la pared violentamente. Usopp chilló y se levantó del suelo para ponerse delante de Sanji.

- ¡Ten cuidado con mi barc… – no llegó a terminar la frase porque de otra patada, el cocinero lo despidió por los aires.

- No es el momento adecuado, narizotas. – argumentó el rubio.

- ¡Ya basta! – gritó Nami, deteniendo la situación.

- ¿Nami-swan? – la llamó suavemente Sanji. – Por favor, dime que es una broma.

- Aunque lo fuera, eso es asunto mío y de Luffy, no vuestro. Así que ya está bien.

- ¿Aunque… lo… fuera? – balbuceó Sanji, repitiendo las palabras de la pelirroja. – Entonces… – al comprender, el cocinero abrió los ojos como platos para caer después en cuclillas en un estado de profunda depresión. – Pero… ¿pero qué tiene él que no tenga yo? Mi querida Nami-swan, ¿por qué? – se lamentaba mirando al suelo desconsolado.

- Oh, por el amor de…– murmuró Nami para sí entornando los ojos, escéptica ante el drama del rubio.

La navegante salió de la cocina dando grandes zancadas para sacarse de encima el repentino enfado por la falta de delicadeza de Luffy. Sin perder tiempo, el capitán se levantó del suelo con una sonrisa dirigida a sus pasmados compañeros y la siguió a la proa del Merry. Curiosos, sus nakama se asomaron a la puerta de la cocina para espiar, incluso Zoro no quitaba ojo del capitán que justo acababa de alcanzar a su compañera pelirroja. Por su parte Sanji lloriqueaba a voces su desgracia, no obstante también se asentó junto a la puerta, aún deprimido, para saber qué ocurría. Nami y Luffy charlaban en la proa del Going Merry, el capitán con expresión arrepentida y la navegante furiosa con los brazos cruzados sobre el pecho. Finalmente Nami le sonrió y Luffy subió de un salto a su asiento especial, tendiéndole la mano a la pelirroja como la otra vez. Nami se sentó de nuevo al lado de su capitán, quien sin dudarlo se inclinó hacia ella con la mano en su hombro atrayéndola hacia él, y la besó con determinación, ambos ajenos a los demás acechándoles desde la cocina. Sanji comenzó de nuevo a llorar a voces mientras que el resto sonreían alegres. Zoro emitió una risita burlona y le dedicó a su alicaído compañero una mirada maliciosa.

- Chúpate esa, ero-kukku.