LAS DOS CARAS DE LA MONEDA
Los ojos le escocían te de tanto llorar. Casi había llegado a su habitación.
Lo único que quería Kagome era llegar a su cuarto y refugiarse en algún lugar donde nadie le molestara y así poder llorar en paz.
Entró en su habitación pero no estaba vacía. Sango estaba sentada en el sofá estudiando japonés. Cuando vio a su amiga tan afligida se levantó de golpe para ir a consolarla.
-¡Kagome! no me digas que…
La chica del pelo azabache asintió sin más y su amiga no necesitó saber nada más.
-Tranquila…
Se sentaron las dos en el sofá y Sango la acunó acariciándole el pelo.
Estuvieron un buen rato calladas. Kagome solo lloraba y Sango estaba allí para ella.
-Kagome, me duele verte así. No sé cómo debo actuar en este tipo de situaciones, yo…
La aludida levantó la cabeza y se secó las lágrimas con las mangas de la camisa.
-No tii...tienes que decir nada Sango. No es culpa tuya…- dijo a medio llanto.
-Está bien. Sé que esto te duele así pues me voy a callar y voy a permanecer a tu lado todo el tiempo que necesites.
La chica asintió.
-Gracias Sango, eres una buena amiga.
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En el mismo momento en los caminos del campus…
Inuyasha seguía pal plantado justo donde lo había dejado Kagome.
El chico no entendía nada. Hacía solo unas horas había estado con su chica en su habitación dándose besos y haciéndose caricias y ahora ella lo había mandado a la mierda y le había partido la cara.
Le escocía la mejilla. ¿Por qué estaba Kagome así? Él solo sabía que la había visto muy afectada por algo que, por lo visto, tenía que ver con él.
No sabía qué hacer. Llevaba todo el día pensando en su novia y en el momento que pudiera estar con ella a solas otra vez y ahora todo había dado un giro devastador. ¿Debía ir a buscarla? ¿Debía preguntarle directamente a ella lo que le pasaba?
Inuyasha se sentó en un banco y dejó caer la cabeza hacia atrás. Se tapó los ojos con los brazos.
-¡Eh, tío! ¿Qué haces aquí?
El aludido levantó la cabeza.
Era Miroku.
-¿Qué haces aquí sentado? ¿No deberías estar con tu chica haciéndoos mimitos y todas esas cosas de las parejas?- dijo su amigo en un tono irónico.
Inuyasha bufó frente a la salida de su amigo.
-No creo que Kagome sea ya mi novia.
-¡¿Qué?! ¿¡Pero que le has hecho ya?! ¡¿Te la has intentado tirar y ella te ha rechazado?!
-Miroku esto es serio por favor. No sé qué hacer. Esta mañana estábamos bien y ahora cuando me la he encontrado… Estaba llorando y me ha dicho que soy un desgraciado y me ha abofeteado.
Su amigo se puso serio. Miroku podía ser de la broma pero veía que su mejor amigo necesitaba apoyo moral.
-Vaya… Así que, ¿no sabes lo que le has hecho?
Inuyasha negó con la cabeza.
-Pues sí que estás mal. Las chicas se molestan por nada, ¿estás seguro de que no le has hecho nada?
-¡No Miroku! ¡Estoy seguro! ¡No la he visto des de esta mañana!
-A lo mejor se ha molestado porque no ha sabido de ti des de la mañana.
Volvió a negar.
-Lo dudo. Kagome no es de esas. Además parecía algo gordo. Estaba llorando cuando me la encontré.
Miroku le dio una palmada en la espalda a Inuyasha.
-Vaya tío cuando una tía llora es porque es serio.
-¡Eso no me ayuda Miroku! Necesito saber qué debo hacer ahora. Hace muy poco que hemos empezado a salir y no la quiero perder ahora.
Su amigo asintió. Ninguno de los dos habló.
-Bueno si no sabes qué le has hecho lo mejor será que vayas a buscarla y te disculpes de todo lo que has hecho.
Inuyasha le miró interrogante y un poco perdido.
-¿De qué tengo que disculparme? ¡Ni siquiera sé lo que he hecho mal!
-Eso da igual. Ya lo sabes, lo que debes hacer siempre ante todo es disculparte. Se lo que sea lo que hayas hecho.
Asimilándolo, el chico se levantó del banco.
-Sí, voy a hablar con ella. Seguro que todo ha sido un mal entendido. Gracias Miroku. Cuando quieres, das consejos muy útiles.
Su amigo sonrió frente a esa afirmación.
-Ya sabes que soy un experto con las chicas…- dijo pícaro.
-¿No puedes evitar meter esa coletilla siempre, verdad?
-No, es parte de mi forma de ser.- añadió encogiéndose de hombros.
El chico lo miró, negó con la cabeza y se encamino dubitativo hacia la habitación de su hasta ahora, novia.
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Al cabo de un rato en la residencia de las chicas…
Inuyasha casi había llegado a la habitación de Kagome. Estaba nervioso. El último encuentro que había tenido con su chica había sido casi apocalíptico, o al menos esa era la percepción que tenía él.
Llegó. No picó inmediatamente. Oía voces dentro. Supuso que Kagome debía estar con Sango. Tenía que pensar en lo que le iba a decir. ¡No sabía por qué estaba enfadada Kagome pero era su culpa!
Tomó una gran bocanada de aire, picó, espero e intentó tranquilizarse.
Al cabo de poco, Sango entreabrió la puerta y sacó la cabeza. Al ver quién era el misterioso visitante cambió la cara.
-Hola Sango, ¿está Kagome?
Sango lo miró con odio y eso le asustó.
-¿Qué haces tú aquí? ¿Acaso no le has hecho ya suficiente daño?
Inuyasha se quedó atónito. No estaba entendiendo nada.
La chica salió al pasillo y cerró la puerta fugazmente.
-Pero Sango verás, ha habido…
Sango le puso la mano delante, interrumpiéndole.
-No Inuyasha, no hay peros que valgan. No voy a meterte la bronca porque no soy quién. Sin embargo soy amiga de Kagome y tú te has portado como un verdadero cabrón con ella.
El chico intentó interferir. Quería decirle a Sango que era un mal entendido. Que él no había hecho nada. Que tenía que hablarlo con Kagome.
-Sango espera…
Le volvió a cortar.
-No espérame tú Inuyasha. Tú puedes salir con quien te plazca, que para eso eres libre, pero primero deberías haber cortado con Kagome, al menos le debías eso y no que se enterara por terceras personas de que estabas saliendo con…
-¡Sango yo no…!
Sango se abalanzó sobre él y le tapó la boca.
-Ni te atrevas a excusarte. No tienes derecho a defenderte. Te ha calado listo. Te vio, bueno no sola ella si no que todo el campus va lleno con el chisme.
Inuyasha intentó liberarse de la mano de la chica pero esta lo estaba agarrando muy fuerte.
-Y no te equivoques. No sabes las ganas que tengo de partirte la cara ahora mismo pero no soy yo a quien le corresponde decidir si debo hacerlo porque te aseguro que después de ver como esta mi amiga, no saldrías vivo de esta.
El chico se liberó y agarró a la chica por las muñecas para evitar que le aprisionara otra vez.
-Sango, escúchame, todo ha sido un malentendido, yo nunca…
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Dentro de la habitación…
Kagome intentaba escuchar lo que estaba pasando allí fuera pero no lo lograba.
Sango había salido sin decirle nada y no sabía con quien estaba hablando aunque solo había dos opciones. O Miroku había venido a hablar con ella o Inuyasha estaba allí.
La chica del pelo azabache se estremeció al pensarlo. Era muy probable que después de su encuentro la hubiese seguido.
Ella seguía muy consternada pero en el fondo sabía que debía hablarlo con él. Debía dejarle claro que ella no era un juguete con quien divertirse cuando la otra chica no estuviese disponible.
Pensar en todo eso hizo que dejara de llorar.
Fue entonces cuando oyó a su amiga gritarle a alguien. Tenía que salir, ya fuera para enfrentarse a Inuyasha o ayudar a su amiga con quien quisiera que fuese la persona con quien se estaba peleando.
Se levantó de la cama y abrió la puerta.
La escena que vio Kagome fue muy chocante. Inuyasha tenía agarrada a Sango por las muñecas y esta lo fulminaba con una de las miradas asesinas más temibles de su repertorio personal.
Al ver a la chica salir de la habitación, Inuyasha soltó a Sango de golpe y se acercó a ella.
-Kagome.
Inmediatamente Sango recuperó posición y se colocó frente a Inuyasha.
-¡Déjala en paz Inuyasha!
Sin embargo, la aludida paró a su amiga.
-No Sango tranquila. Estoy bien. Déjame hablar con él.
Su amiga la miró preocupada.
-¿Estás segura?
La chica asintió y luego su amiga entró de nuevo a la habitación pero no sin antes volver a fulminar a Inuyasha con la mirada.
-Kagome, no entiendo nada. ¿Qué he hecho? ¿Estás bien? Yo no…
Inuyasha estaba desesperado. No sabía de qué iba todo eso.
Ignorándolo, Kagome empezó a caminar hacia el vestíbulo.
-Vamos.
El chico la siguió hasta una de las salas comunes de la residencia.
Kagome le hizo pasar y luego cerró la puerta tras de ella.
-Kagome lo siento. No sé qué te he hecho. Llevaba todo el rato queriendo estar contigo y…
La chica le interrumpió.
-¡¿Qué llevabas todo el rato queriendo estar conmigo?! ¡¿Cómo tienes la poca vergüenza de venirme con esas Inuyasha?! ¡Eres un cerdo!
La interrupción de Kagome había dejado K.O a Inuyasha que estaba totalmente perdido. No tenía ni idea de a que venían todas esas acusaciones. Lo único que quería era poder abrazar y besar y acariciar a su novia.
-Kagome, ¿de qué hablas?
El chico se levantó del sofá donde se había sentado e intentó coger de la mano a su chica, pero esta dio un paso atrás.
-¿Qué te pasa? ¿Por qué estas tan rara?
La chica del pelo azabache le dio una sonora bofetada en toda la mejilla izquierda.
-¡¿Cómo te atreves a fingir que no sabes de qué te hablo?! ¡¿Te crees que soy tonta, verdad?! ¡¿Creías que nunca me enteraría de que te ves con Kykio?!
La ira se había adueñado de Kagome. Había dejado las lágrimas atrás. Todo ese dolor que había sentido, ahora se había transformado en rabia.
Por otro lado, Inuyasha no sabía cómo dominar la situación. ¡Era absurdo que Kagome creyera que estaba con Kykio!
-¿¡Con Kykio?! ¡Yo no estoy con Kykio! ¡Yo estoy contigo! ¡Solo contigo Kagome!
Kagome volvió a pegarle.
-¡No lo niegues! ¡Lo vi con mis propios ojos!
-¿Qué? ¡Eso es imposible! ¡Yo no he estado con Kykio!
Se acercó otra vez a su chica.
-¡No te acerques!- dijo ella retrocediendo.
-Kagome créeme, yo no he estado con Kykio.
Iba aproximándose a ella cada vez más y ella iba retrocediendo, hasta llegar a un punto que quedó apoyada en la pared, completamente acorralada.
Inuyasha la tenía atrapada. Le cogió la cara entre las manos.
-Kagome, yo… solo estoy contigo, solo quiero estar contigo.
La chica lo miró con odio y le volvió a propinar una bofetada.
-¡Joder deja de pegarme!
El chico intentó agarrarle las muñecas ya que ella había empezado a darle golpes en el pecho para que se apartara.
-¡Déjame! ¡No te quiero ver! ¡Te odio Inuyasha! ¡Eres la peor persona del mundo!
Kagome no dejó de forcejear pero empezó a perder fuerzas cuando la ira fue abandonando su cuerpo y la tristeza fue ganando terreno. Llegó un punto que ya no tenía fuerzas y dejó de batallar para dejar paso a un llanto lleno de tristeza y dolor.
-Kagome no, por favor no llores.
Inuyasha abrazó a su chica intentando que dejara de llorar pero ella lo apartó.
-Nunca pensé que me harías esto Inuyasha. Deja de fingir por favor. Ya lo sé ahora. Lo nuestro se ha terminado.- dijo entre sollozos.
El chico le levantó la cara y le secó las lágrimas.
-No digas eso. Te juro por mi vida que no he estado con nadie más que contigo Kagome.
La chica se sorbió la nariz.
-Eso es mentira. Te vi en la sala común con ella.- dijo de un modo casi imperceptible por culpa de los gimoteos.
Entonces Inuyasha comprendió cómo había llegado todo a ese punto.
-¡Kagome no! Lo que has visto no era lo que parecía. Kykio es mi amiga y estaba dolida por algo y yo la consolé, nada más.
Kagome le miró expectante.
-¿Y por qué corre el rumor de que tú y Kykio estáis liados?
El chico se encogió de hombros.
-No lo sé. Yo solo sé que es contigo con quien quiero estar. Solo pienso en ti. Solo existes tú.
La miró enternecidamente mientras le acariciaba la mejilla con el pulgar.
La chica del pelo azabache estaba hecha un lío. No sabía que creer. Por un lado estaba el tema del chisme y por otro lo que había visto. Ella quería creerlo a él pero ese abrazo no era un abrazo amistoso, además había notado la química que había entre ellos. Bajó la cara para evitar que la mirara a los ojos, sin embargo él le agarró de nuevo la barbilla con delicadeza y le volvió a subir la mirada.
-Kagome Higurashi, te quiero. Es pronto para decirlo pero necesitas oírlo. Te quiero. Para mí solo estás tú. Me paso el día pensando en ti, queriendo estar contigo y nunca tengo suficiente con el rato que paso a tu lado, siempre quiero más, mucho más. Pararía el tiempo cuando estoy cerca de ti. ¿Entiendes? Solo existes tú. Mi mundo entero empieza y acaba contigo. Te quiero Kagome.
La chica se quedó estupefacta. Inuyasha le acababa de declarar su amor con la declaración más bonita y dulce que había oído jamás. Se había quedado sin palabras. Él la miraba atento y ella no emitía ningún tipo de señal.
-Kagome di algo. Ya no sé que más hacer, te juro por mi vida que yo no estoy con…
-Inuyasha para, te… creo.
El chico por fin respiró hondo.
-Gracias a dios.
Se acercó a ella intentando besarla pero ella lo rechazó.
-Lo siento Inuyasha no puedo. He dicho que te creo pero… es que yo…
Inuyasha se apartó rápidamente.
-Ya veo. No me crees, ¿verdad?
-No, es decir, sí, es que yo… Inuyasha yo quiero creerte pero hay tantas cosas que indican lo contrario y lo que vi…
-No tranquila, lo entiendo. Perdona por haberte molestado hasta estas horas. Me… voy.
El chico bajó la cabeza y salió de la habitación sin mirar a Kagome y con la clara idea de que su relación con ella había terminado por mucho que a él doliera. Si ella no confiaba en él, la relación no tenía futuro.
Por otro lado, Kagome se quedó plantada en la sala común mirando como Inuyasha se marchaba.
Se sentó en el sofá y rompió a llorar. Había jodido su relación con Inuyasha por sus inseguridades. Inuyasha le había dicho que la quería y ella no había respondido. No le había dicho nada. Le había rechazado.
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En otro lado de la residencia…
Sango se había cansado de esperar a Kagome sentada en la habitación así que había decidido salir a buscar a su amiga. No tenía ni idea de donde podía estar, su residencia era enorme así pues tendría que empezar a dar vueltas.
Los pasillos estaban desiertos. La mayoría de chicas ya estaban en sus habitaciones.
La chica iba merodeando sin rumbo por la residencia pero de repente algo le llamó la atención.
Una de las puertas estaba entornada y se podía escuchar la conversación que estaban teniendo unas chicas.
Sigilosamente, Sango se acercó a la puerta y se quedó allí escuchando. No es que fuera una fisgona si no que algo de lo que había oído mientras pasaba por delante le había despertado el interés.
-El plan ha salido perfecto. A estas horas esos dos ya habrán cortado.
Esa voz de pito, aguda e irritante pertenecía a Kagura.
-Bueno Kagura que esperabas, me he implicado personalmente. Se pensaba esa mocosa que podría llegar al campus y arrebatarle a Kykio su Inuyasha.- dijo una voz infantil y suave que pertenecía a Kanna.
Habían tendido una trampa a Kagome y la habían usado a ella para hacer que su amiga e Inuyasha rompieran. Todo encajaba. El desconcierto de Inuyasha, el chisme, el abrazo de Kykio…
Sango salió corriendo de allí. Tenía que encontrar a Kagome antes de que hiciera lo que se proponía hacer.
Recorrió toda la residencia a la velocidad de la luz sin embargo no encontró a Kagome por ninguna parte. Al final decidió volver a su habitación.
Su amiga se encontraba sentada en el borde de la cama mirando hacia la nada.
-Kagome… te he estado buscando.
-Se acabó.
Sango se acercó a ella y se sentó a su lado pero sin tocarla.
-¿Qué ha pasado?
La chica del pelo azabache tomó una gran bocanada de aire.
-Le dije que quería terminar y que le había pillado con Kykio y él…- un sollozo hizo que la chica parara de hablar.- él lo negó, no paró de negarlo… y luego… luego me dijo que… que me… me quería…
Sin poder soportar más la angustia Kagome rompió a llorar.
Sango se quedó perpleja. Esa situación se había ido de madre y tenía que decirle a Kagome que todo había sido una trampa de Kykio y sus brujas.
-Kagome espera…
Kagome siguió hablando entre sollozos.
-Y yo no supe que decir… me quedé callada… me dolía tanto… y luego siguió disculpándose pero yo le dije que le creía aunque no fuera así y… me intentó besar pero era superior a mi… no podía besarle… y todo se acabó… se marchó…
El llanto impidió que Kagome siguiera hablando. Apoyó la cabeza en el hombro de su amiga y luego ésta la abrazó.
-Sango, lo he jodido todo… Inuyasha se fue con Kykio porque yo no quise hacerlo… soy estúpida…
-No eres estúpida Kagome, Inuyasha…
La chica le volvió a interrumpir impidiendo que le dijera la verdad.
-Inuyasha me dijo que me quería por pena… ¡le doy pena Sango!
Kagome estaba realmente destrozada. Al verla así su amiga no pudo más y se levantó bruscamente de la cama.
-Kagome Inuyasha te quiere. No lo dijo por pena. TE Q-U-I-E-R-E.
La chica del pelo azabache la miró atónita, con los ojos enrojecidos y completamente abiertos.
-¿Qu..qué?
Sango se arrodilló para quedar al nivel visual de su amiga.
-Inuyasha te quiere. No está con Kykio. Todo ha sido un plan ideado por esas… por Kanna y Kagura para separarte de Inuyasha. Él no te ha engañado.
-¿Cómo?
Kagome se tapó la cara con las manos. Un remolino había empezado a crecer en su estómago. Inuyasha se lo había repetido cientos de veces que no la estaba engañando pero ella no le había creído. Le había dicho que la quería.
-Sango, dios, Inuyasha me lo dijo pero yo no le creí. Lo he estropeado todo.
-No digas eso Kagome. Inuyasha te ha dicho que te quiere. Sigue queriéndote ahora mismo.
-No lo creo Sango. Tendrías que haber visto como me miró cuando le rechacé. No va a querer verme otra vez.
Sango le acarició la espalda a modo de consuelo.
-Seguro que si hablas con él todo se arreglara. Cuando ha venido a buscarte parecía muy preocupado. Siento haberme portado mal con él. Cuando le acusé de haberte puesto los cuernos intentó decírmelo pero no le dejé…
-¿Qué voy a hacer? Sango yo… yo le quiero… sé que es pronto para eso pero lo que me hace sentir Inuyasha es tan fuerte… nunca me había sentido así, con nadie. Él saca lo mejor de mí, le quiero y ahora todo se ha acabado.
Sango la abrazó.
-Kagome, no sé qué decirte. Habla con él. Dile todo esto. Seguro que tiene arreglo.
La conversación entre las dos amigas terminó allí. Sango se fue a la ducha y Kagome se quedó sentada en la cama reflexionando.
El corazón le dolía y aunque tenía unas ganas tremendas de llorar, de sus ojos no salía ni una mísera lágrima.
Debía pensar como arreglaría todo ese malentendido con Inuyasha.
"Tendrías que haberle creído des de un principio y ahora no estarías así. Eres estúpida Kagome."
En su mente no podía parar de oír esa segunda voz que le repetía una y otra vez lo estúpida que era y así pasó un rato hasta que cayó exhausta en la cama.
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A la mañana siguiente…
Kagome se despertó antes de que el despertador sonara con una jaqueca de mil demonios. Había pasado una muy mala noche. Había soñado con Inuyasha y con Kykio.
Tenía que levantarse e ir a buscar a Inuyasha. Debía aclarar las cosas con él y debía hacerlo antes de que empezaran las clases. Por suerte era viernes y las clases no empezaban hasta las diez.
Se levantó de la cama sigilosamente con cuidado de no despertar a Sango y se fue al baño. Se dio una ducha rápida, se puso el uniforme y salió de la habitación.
Eran las ocho de la mañana y había poca gente dando vueltas por el campus. Los estudiantes aprovechaban las horas de sueño como si fuesen de oro, sin embargo ella sabía, o esperaba saber bien, que Inuyasha no era de esos así pues no debería estar durmiendo y a esas horas solo podía haber un sitio donde pudiera estar.
Con cierta indecisión y un gran nudo en la boca del estómago, la chica del pelo azabache se encaminó hacia el gimnasio de los chicos.
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En el gimnasio de los chicos…
Inuyasha llevaba medía hora en el gimnasio trabajando. Casi no había podido dormir en toda la noche, se la había pasado pensando en Kagome. No se podía creer el giro que habían dado las cosas en tan solo un día.
Siguió con el ejercicio intentando quitársela de la cabeza. Le dolía mucho pensar que se había terminado, que ya no podría abrazarla, ni besarla, ni acariciarla, ni mirar esos ojos achocolatados tan preciosos… Sacudió la cabeza y cerró los ojos para deshacerse de esos pensamientos. Estaba solo. El gimnasio estaba silencioso, solo se oía el ruido que hacían los pesos de la Peck Deck* al chocar entre ellos.
De repente algo perturbó el estado de concentración del chico. Levantó la cabeza y miró hacia el espejo que tenía enfrente. Inmediatamente se vio atraído hacia el reflejo de esos ojos marrones que tanto conocía y que le miraban con cierto temor.
-Inuyasha…- dijo Kagome con voz insegura.
Seguidamente el aludido desvió la mirada y siguió con el ejercicio.
Al ver que la ignoraba, la chica se puso enfrente de él, sin embargo Inuyasha siguió sin mirarla.
-Inuyasha para. Quiero hablar contigo.
Paró la máquina pero siguió sin mirarla.
-¿Qué quieres Kagome?- dijo sin ánimo.
La chica del pelo azabache tomó una gran bocanada de aire.
-Inuyasha lo siento. Debí haberte creído. Siento todo lo de ayer. No hablaba en serio. Pensé que me habías engañado y yo no sabía qué hacer… todo apuntaba a que tu…
-Kagome para. Todo esto no tiene ningún sentido. No tiene sentido que sigamos con esto no si tu no confías en mi.
-¡Pero Inuyasha yo confío en ti!
-Eso no era así ayer por la noche.- añadió abatido.
-Inuyasha por favor. ¡Lo siento! ¿Vale? Debí creerte pero hace muy poco que nos conocemos y tú tienes cierta… fama con las chicas y Kykio es preciosa y cuando os vi juntos me di cuenta de que todo encajaba…
Una lágrima resbaló por la mejilla de la joven. Inuyasha apretó las manos y desvió la mirada. Estaba haciendo grandes esfuerzos para no recoger esa lágrima con el pulgar y luego acariciarle la mejilla y decirle que ella era la única importante para él.
-Kagome, ¿no te das cuenta de que nada de esto habría pasado si tú confiaras en mí? Yo no puedo estar con alguien que no confía en mí. Si yo te digo que no estaba con ella tú tendrías que haberme creído por muy confusas que estuvieran las cosas.
El chico cogió la toalla que colgaba de la máquina e hizo ademán de marcharse. No podía seguir tan cerca de ella sin cogerla en brazos y besarla como si fuera la última cosa que pudiera hacer.
-¡Inuyasha, espera! ¡Te quiero!
El aludido se paró en seco. Se giró y miró a la chica que ahora le brillaba la mirada.
-¡Te quiero! Cuando ayer me dijiste que me querías yo me bloqueé, no sabía que decir, quería decirte que yo también te quería pero no podía… Sé que debería haber confiado en ti pero soy una persona insegura y tu eres el chico más deseado del internado y eres guapo y listo y… y yo solo soy… yo.
El chico no pudo retenerse más. Se abalanzó sobre Kagome cogiéndola completamente por sorpresa y la besó. La besó como nunca lo había hecho. La besó con amor y delicadeza pero también con pasión, mucha pasión. Ella se agarraba en los musculosos bíceps de chico para no perder el equilibrio.
Siguieron besándose, cada vez con más ferocidad. Inuyasha la cogió por la cintura y la apoyó contra el espejo. Ella le pasó la mano por el pelo y se lo agarró, haciéndole soltar un gruñido.
El chico empezó a subir la mano por el muslo de la chica, acariciando esa piel tan blanca y exquisita a la vez que le besaba el cuello.
Los dos estaban perdidos en el momento. Todo eran besos y caricias. Sus respiraciones estaban aceleradas y las mentes turbias.
Entre respiros Inuyasha habló.
-Kagome, te quiero, eres la única persona con la que quiero estar. Nunca te engañaría.
La chica del pelo azabache le besó el cuello.
-Yo también te quiero Inuyasha.
Sus labios se unieron de nuevo. Kagome le agarraba la cara con las manos mientras que él la agarraba con fuerza por la cintura. Volvieron a perderse en los labios del otro. Pero entonces Inuyasha paró y se separó un poco de ella pero sin dejar de cogerla.
-Kagome eres una chica preciosa, amable, ingeniosa, inteligente… la lista es infinita. No hay razón por la cual un hombre no quisiera estar contigo. No eres menos que yo. Ni mucho menos que Kykio. Soy yo el afortunado de poder estar a tu lado. Pero para que esto funcione tienes que confiar en mí.
La aludida se puso colorada y él le dio otro beso pero solo fue una simple rozadura de labios.
-Prométemelo.
Tímidamente Kagome asintió.
-Te lo prometo.- dijo la chica poniéndose extremadamente roja.
-Me encanta cuando te pones colorada.- señaló Inuyasha con una gran sonrisa.
Después de ese comentario Inuyasha no consiguió nada más que poner a la chica aún más roja si eso era posible. El chico sonrió y la besó tiernamente.
-Aunque me gustaría quedarme aquí contigo todo el día tengo que ir a ducharme y tú tienes que ir a clase.
Inuyasha bajó a Kagome y ella lo miró fingiendo un mohín.
-Tú también tienes que ir a clase señorito. Puedo esperarte.
Repentinamente él la agarró de la cintura y la atrajo hacia él.
-Afortunadamente señorita yo no tengo clase hasta las once no como tú que entras a las diez. Así que vamos, vete antes de que llegues tarde.
Kagome sonrió risueña, se colgó del cuello de su perfecto novio y le dio un beso largo y profundo.
-Te quiero Inuyasha.
-Y yo a ti preciosa.
Se dieron dos besos cortos y la chica salió del gimnasio bajo la atenta mirada de su novio.
NOTA: Bueno y esto es todo! Este capítulo me ha quedado muy largo en comparación a los otros y tengo que decir que sigo muy insegura de como se ha desenvuelto la historia sin embargo he decidido públicarlo porque aunque hace relativamente poco que actualizé creí que no era justo dejaros a tod s con la duda de que iba a pasar con Inuyasha y Kagome porque la cosa había acabado mal en el capítulo 10!
Bueno pues eso espero que os haya gustado!
Seguid leyendo! Prometo actualizar tan pronto como la inspiración me llegue!
Besos,
Jezabella Swan
