No puedo creer que por fin voy a subir esta historia, estoy tan feliz ^^

Primero que nada gente, felices Pascuas. Espero que coman mucho chocolate :E

Segundo, acá les traigo este nuevo proyecto que hace bastante tiempo atrás empecé a escribir, pero por esas cosas de la vida no podía retomarlo. Pero acá está, el primer capítulo de esta historia que personalmente me conmueve hasta las lágrimas, y espero que a ustedes les pase lo mismo.

No me queda más nada que decirles, sólo espero que les guste :)

PD: El mundo de Naruto no me pertenece, es obra y gracia de Masashi Kishimoto.

Disfruten.


1- Cambio drástico.

Unas lágrimas de dolor se desprendieron de sus ojos verdes. Él era demasiado brusco.

Espero caricias tranquilizadoras, y palabras dulces que la reconfortaran de aquella dolorosa intromisión.

Pero jamás llegaron.

Y ella entendía, Sasuke jamás había sido cálido ni considerado, así que tal vez estaba esperando demasiado… o su esperanza era demasiado grande y ciega.

Sintió aquellas frías manos recorrer su débil anatomía, para luego aferrarse a sus caderas. Los pozos oscuros y viles del Uchiha miraron fijamente sus jades asustados…

Y sin nada de compasión, la embistió.

El dolor seguía, punzante, y a él no parecía importarle. Su vaivén empezó frenético, sin un poco de sutileza.

Ella cerró sus ojos y mordió su labio inferior. No quería gemir, el dolor se tornaba insoportable. Ni quería ver esa ausente mirada carente de emoción en ese preciso momento, o jamás podría olvidarla.

Sintió aquella boca, que más de una vez la había rechazado, atrapar uno de sus rosados pezones, torturándolo.

La excitación fue mezclándose con el dolor, opacándolo poco a poco. Pero su reconstruido corazón latía contento… al menos un poco.

Mordió más fuerte su labio sin dejar salir un suspiro placentero, cuando una vez más la brusca intromisión del morocho la golpeaba.

Entonces sintió la agitada respiración del Uchiha en su oído, haciéndola temblar.

-Sakura…- jadeó excitado. –Quiero… escucharte gemir…- le dijo roncamente mientras seguía con su caliente vaivén.

Pero ella no quería. Algo dentro se lo impedía, obligándola a sellar sus labios. ¿Su inconsciente? Tal vez…

Entonces Sasuke se alejó, mirando fijamente sus jades cristalinos. Y ella pudo ver, en esos opacos ojos negros, esa mirada que la cohibía. Él estaba enojado y decidido.

Profundizó el agarre en las caderas femeninas, tanto que sus uñas casi se clavaban en ellas. Y su vaivén se hizo más rápido, más salvaje… con total lujuria.

Y como si fuera poco, la besó. Estampó sus fríos labios contra los de ella, reclamándolos en un beso hambriento.

Oleadas de sensualidad golpeaban su cuerpo. El calor dentro de ella era abrasador. La excitación llegaba a límites insospechados. El éxtasis estaba cerca…

Pero ni un solo gemido salía de su garganta. Aquella parte de su aparato psíquico que no se lo permitía, no parecía tener intenciones de ceder.

Un par de embestidas más, bruscas y fuertes, y los espasmos del clímax recorrieron ambos cuerpos.

Sintió algo cálido llenarla por dentro, al mismo tiempo que Sasuke se tumbaba lentamente sobre ella todavía sin salir de su intimidad.

Las respiraciones agitadas y rápidas era lo único que se escuchaba en la habitación, aparte del sonido de sus corazones latiendo desenfrenados en sus oídos.

Vio al morocho tomar la sábana celeste, testigo de aquello, y tapó ambos cuerpos cansados.

Ella pensó que él se recostaría a su lado, dándole la espalda. Pero no. El Uchiha se quedó dormido encima de su pecho, que ahora más calmado, subía y bajaba con tranquilidad.

Sus manos temblorosas subieron, y una de ellas acarició tímidamente la gran espalda masculina; mientras la otra tocó suavemente aquel rostro que dormía pacíficamente.

La mano que estaba en su espalda pasó a acariciar castamente las hebras negras del cabello del Uchiha, como siempre había querido hacer.

Entonces las gotas saladas del llanto empezaron a caer por sus ojos verdes.

Se sentía realmente estúpida. Uno de los momentos más importantes de su vida, ahora era un amargo recuerdo.

Quería que su primera vez fuera con Sasuke. Pero también quería que él fuera suave y dulce. Quería algo especial y memorable como cualquier mujer querría…

Quería que la amaran. Y lo que sintió, lo que sentía, estaba muy, muy lejos de eso.

Su corazón volvía a romperse por alguna razón, y las lágrimas no tenían fin. Su alma parecía vacía, y su pecho se oprimía dolorosamente.

Nada de eso avecinaba nada bueno…

Y con esos últimos pensamientos, se quedó dormida.

Todavía con la ciega esperanza, de que al otro día, él estuviera ahí.

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El cuerpo que estaba sobre ella se levantó, despertándola. No sólo sentía la ausencia de aquél fuerte cuerpo, sino también un vacio dentro suyo al cual se había acostumbrado.

Abrió lentamente sus ojos jades y pudo ver al morocho de espalda a ella, terminando de cambiarse.

-Sasuke…- lo llamó suavemente, sentándose en la cama, cubriendo su desnudez.

El Uchiha giró lentamente para mirarla, con su fría y brusca mirada.

-Hmp, no quería despertarte.- le dijo, lo que parecía ser una rara disculpa.

-Tengo que irme.- avisó con voz firme. –Será mejor que vuelvas a dormir, todavía es temprano.- comentó sin inmutarse.

-Pero Sasuke, lo de anoche…- musitó apenada la chica, mirándolo con ojos suplicantes.

Entonces divisó en los labios del morocho una sonrisa de lado, egocéntrica.

Se acercó a ella lentamente, y se sentó a su lado en la cama.

Una de sus frías manos tocó su enrojecida mejilla, mientras la mirada con esos oscuros y viles ojos.

-Lo de anoche fue fantástico, Sakura…- le dijo con voz sensual, todavía con aquella sonrisa.

Lo vio acercarse, y toda su anatomía tembló.

-Lástima que no me dejaste escuchar tus gemidos…- le susurró al oído, tan tentador.

-S-Sasuke…- suspiró ella, sintiendo esos helantes labios besar su caliente mejilla.

Luego su mandíbula, buscando sus labios que temblaban levemente.

Y los encontró. Besándolos sin sentimiento alguno. Simplemente por el hambre de besarla.

Ella se abrazó al cuello níveo masculino, y las lágrimas comenzaron a descender por sus ojos cerrados.

-S-Sasuke… no te vayas…- le imploró ella, mirándolo suplicante.

Entonces una nueva sonrisa se formó en aquellos desabridos labios. Entre burlona y orgullosa.

-Tengo que hacerlo.- dijo seguro. –Mi familia me espera.- contó sin problema.

Sus ojos verdes se abrieron sorprendidos ante tales palabras, y las saladas gotas brotaron en masas.

-S-Sasuke… ¿qué…?- musitó atónita, buscando una respuesta en esos pozos negros.

La sonrisa del Uchiha se ensanchó más.

-A Karin no le gusta que esté tanto tiempo fuera.- comentó con esa gélida tranquilidad que lo caracterizaba.

-Y francamente, quiero estar con mis hijos. Es importante que aprendan lo que es ser un Uchiha desde pequeños.- explicó sin inmutarse por la reacción de ella.

-S-Sasuke…- musitó tristemente, mirándolo con dolor. Ese dolor que volvía a crecer en todo su devastado ser.

-Sólo vine a hacer unos tratos con la Hokage, escuchar el discurso de Naruto una vez más…- comentó el morocho.

Tomó el delicado mentón femenino, y le dedico una caricia un tanto falsa.

-Y vine a comprobar qué tan mujer te habías convertido… Sakura…- susurró su nombre, sonriendo un poco más.

Un sonoro 'crack' se escuchó dentro de ella. Su corazón volvía a romperse en diminutos pedazos, cual cristal roto.

No pudo decirle nada. Sólo lo miró con esa enorme tristeza, que provocaba esas cascadas de agua salada que desprendían sus enrojecidos ojos verdes.

-Siempre fuiste tan llorona…- comentó algo molesto Sasuke, borrando inútilmente las lágrimas de las femeninas mejillas.

-¿No era justamente lo que hicimos anoche lo que siempre quisiste?- le preguntó con obviedad.

Pero ella no podía hablar. El nudo en su garganta se lo impedía.

-Tsk…- masculló enojado el morocho.

Tomó el rostro de su ex compañera de equipo, y besó sus labios de la manera más suave y 'dulce' que podía.

Pero eso no disminuiría el gran dolor en su alma. Ni la tristeza de su ser. Todo lo contrario, sólo le causaba un aumento ininterrumpido de esos horrendos sentimientos que albergaban en ella.

Se separó de ella, porque sus pulmones así lo exigían. Y la miró fijamente a los ojos.

-No voy a decirte lo que queres escuchar, ni tampoco voy a quedarme con vos.- le avisó con seguridad.

-Pero tene la certeza de que algún día vas a gemir para mí, Sakura…- le dijo con determinación, susurrando una vez más su nombre.

Le regaló una de sus típicas sonrisas, y acarició una vez más sus húmedas mejillas. Mientras ella lo miraba derrotada.

Se levantó de la cama y se alejó de ella, desapareciendo por la puerta de su habitación que poco a poco era iluminada por los débiles rayos del Sol.

Dejándola con un gusto agridulce en la boca. Un dolor punzante en su corazón. Una amarga tristeza. Y la compañía de la fría soledad.

Mientras que sus ojos verdes veían una y otra vez su gran espalda alejarse.

Y lo único que pudo escuchar entonces, fue su propio desgarrador llanto.

-Sakura…- la voz de su mentora la sacó de sus lejanos pero vivos recuerdos.

Levantó lentamente su mirada, posándola en los ojos cafés de la rubia.

-Tu embarazo es de unas cinco semanas…- contó seriamente la Hokage.

Ella simplemente asintió con la cabeza, ya lo sabía. Era médico, y mujer, obviamente lo sabía.

Las lágrimas se acumularon en sus ojos verdes, y trató de esconderlas bajo su flequillo rosado.

-Sakura, ¿quién es el padre?- le preguntó Tsunade, suavizando el tono de su voz.

Pero no podía hablar, ella no tenía una pareja.

Se sentía tan sola. Todos estaban en alguna misión, y ahora más que nunca necesitaba el apoyo de alguien.

-Sakura, ¿quién…?- iba a preguntar una vez más la rubia, pero un fuerte 'puff' y una nube de humo se lo impidió.

-Ummm… Tsunade-sama, mi informe.- comentó aburrido el exasperante shinobi.

-¡Kakashi! ¿¡No ves que estoy en algo importante!- exclamó con ira la Hokage, señalando a su alumna.

Su vaga mirada siguió el brazo de la mujer, encontrándose con su ex alumna, quien intentaba ocultar sus perladas lágrimas debajo de su flequillo.

-Sakura, ¿estás bien?- le preguntó al acercarse a ella.

Entonces los ojos verdes de la pelirosa miraron a su vago ex sensei, y no pudo evitar abrazarlo fuertemente y llorar desconsolada en su cálido pecho.

-K-Kakashi…- musitó con dolor la pelirosa, sintiendo los brazos del peligris reconfortándola en un suave pero fuerte abrazo.

-Sakura…- murmuró él, acariciando la pequeña espalda femenina.

Por otro lado, la vena en la frente de Tsunade latía con fuerza.

-¡Así que fuiste vos!- exclamó la rubia, sin aguantar más. -¿¡Cómo pudiste, Kakashi!- le preguntó indignada.

El Hatake la miró sin entender a qué se refería. Él recién volvía de una misión bastante larga y agotadora, encontrándose con su ex alumna llorando desconsoladamente y a la rubia Hokage con una mirada asesina para con él.

Qué alguien le explicara qué pasaba.

-¡No me mires con esa mirada, vago!- rugió Tsunade. -¡Fue tu alumna! ¡Esto es imperdonable, Kakashi!- contó enojada.

Y la rubia mujer siguió lanzando improperios a diestra y siniestra para él, como si hubiera cometido el crimen más grande y atroz del mundo.

Se separó un poco de la muchacha que lloraba en su pecho, para poder mirarla a los ojos y encontrar alguna respuesta.

-¿Qué está pasando, Sakura?- le preguntó serio y con un tinte de preocupación.

Pero la pelirosa no podía calmar su llanto, ni decirle palabra alguna.

-¿¡Cómo tenes el tupé de preguntar algo así!- exclamó con ira la 5ª Hokage. -¡Está embarazada, Kakashi!- le dijo la rubia.

Entonces el vago ojo negro del Hatake se abrió sorprendido… Sakura… su Sakura… la mujer que amaba y que estaba seguro jamás le correspondería… estaba embarazada.

Miró a su ex alumna porque necesitaba que ella le confirmara aquello, y sólo así podría creerlo.

Los ojos verdes, casi rojos por el llanto, de la pelirosa lo miraron con tristeza y dolor mientras asentía débilmente con la cabeza.

Entonces sintió como el mundo se le venía abajo. Despedazando aquella pequeña, diminuta esperanza de que ella tal vez, algún día, por esas cosas del destino le correspondiera.

Ahora no tenía nada. La poca esperanza que tenía se había esfumado, dándole paso a una gran angustia sobre su corazón.

-Voy a matarte…- la voz de Tsunade lo sacó de sus pensamientos. –Juro que voy a matarte, Kakashi…- dijo amenazante la rubia.

Con pasos decididos y rápidos se acercó a él, pero antes de poder siquiera tocarle una sola hebra de sus plateados cabellos, Sakura se puso en medio.

-¡No!- exclamó la pelirosa entre sollozos. –Él no es… el padre…- musitó débilmente, mirando a su maestra.

Y un ensordecedor silencio se formó en el consultorio donde estaban. Sólo se podía escuchar los sollozos de Sakura, la respiración tranquila de Kakashi, y los nudillos de Tsunade.

-Entonces… ¿quién es?- preguntó entre dientes la Hokage, mirando a su discípula.

La kunoichi bajó un poco la cabeza, mirando al piso. Sus lágrimas se perdían en su mentón y caían de lleno contra los mosaicos del suelo.

Un fuerte nudo se había forma en su garganta, y lo único que podía hacer era llorar y llorar, puesto que las palabras no podía salir de su boca.

Hizo un intento sobre humano por hablar, porque algún día iba a decírselos… y estaba segura que el pequeño bebé sería igual al Uchiha.

-S… S-Sasuke…- musitó al final, sintiendo un horrible dolor con sólo nombrarlo.

-Es hombre muerto…- escuchó la fría voz de Tsunade, cargada de enojo y furia.

Escuchó los pesados pasos de la rubia alejarse, y luego la puerta azotarse violentamente al salir.

Fue entonces que colapsó. Cayó al piso sobre sus rodillas, apoyando las manos en el piso, llorando sin descanso.

Kakashi rápidamente se arrodillo a su lado, odiaba verla así… esa no era Sakura.

-Sakura, tendrías que tener más cuidado… puede hacerle mal al bebé.- comentó con voz tranquila, pero seria.

Y entonces sintió cómo ella se tiraba a abrazarlo. Sollozando amargamente contra su oído, apretando el agarre fuertemente.

-N-no te vayas… n-no me dejes sola, Kakashi…- le rogó con dolor la pelirosa.

¿Cómo iba a poder dejarla? Habría que ser un desalmado para eso.

Sus brazos se cerraron alrededor de la pequeña espalda de la pelirosa, acariciándola suavemente para tranquilizarla.

-No te voy a dejar, Sakura…- le dijo con calma. –Nunca voy a dejarte…- susurró en su oído.

Aunque le doliera. Aunque viviera con una enorme angustia y amargura por no ser correspondido, él jamás la dejaría.

Estaría siempre a su lado, para lo que ella lo necesitara. No importaba si era para llorar, para reír o contarle sobre algún nuevo amor… él siempre estaría ahí para ella.

Aunque por dentro sintiera su corazón romperse lentamente como sentía en ese preciso momento.

Dejó que Sakura se desahogara completamente, hasta que por fin dejo de escuchar su llanto y de sentir las lágrimas empapando su hombro.

Se alejó un poco de ella y la miró, divisando sus hermosos ojos verdes totalmente rojos por tanto llorar.

Borró con sus pulgares los rastros de lágrimas que quedaban en las suaves y rosadas mejillas de la pelirosa, y luego la ayudó a ponerse de pie.

Ella se sentó en la camilla de la habitación, y él simplemente se quedó parado enfrente de ella.

No sabía qué decirle… aunque no había mucho para decir. Ella estaba embarazada de Sasuke y el Uchiha ya tenía una familia propia según le había contado Naruto.

Sabía que Sakura se sentía totalmente destrozada. El dolor y la tristeza que sentía debían parecerse al suyo… pero sólo podía suponerlo.

-Kakashi…- escuchó la débil voz de su ex alumna llamarlo.

-Ummm…- musitó él, mirándola.

-¿Q-qué voy h-hacer ahora…?- preguntó con la voz quebrada la pelirosa. –É-Él… ya tiene s-su familia… y-y…- musitó tristemente, sintiendo como las lágrimas volvían a juntarse en sus ojos.

-Está bien, Sakura…- le dijo el peligris suavemente, abrazándola una vez más. –Todo va a estar bien…- le susurró para tranquilizarla.

-¿C-cómo?- preguntó sollozando la Haruno. –E-estoy sola, Kakashi…- musitó con dolor.

-Sos fuerte, Sakura. Sé que podes salir adelante…- dijo con sinceridad el Hatake. –Vas a ser una excelente madre… tu hijo va a estar muy orgulloso de vos…- contó suavemente, acariciando su espalda.

-N-no… no puedo hacerlo s-sin…- dijo débilmente, aferrándose al chaleco del peligris.

-Sí podes, Sakura.- afirmó con seguridad el jounin, abrazándola más fuerte. –Yo sé que vos podes… yo confío en vos.- dijo sin dudas, mirándola a los ojos.

Los pozos verdes de la pelirosa mirando el vago ojo de su exasperante ex sensei… y la sinceridad que vio en él le dio un tenue rayo de luz en su desolado corazón.

-Además, no estás sola.- dijo Kakashi, borrando las lágrimas que caían por los ojos de la pelirosa.

-Tsunade-sama, Naruto, Hinata, Ino, Shikamaru… todos tus amigos…- nombró con tranquilidad el Hatake.

-Y yo también…- agregó con una suave sonrisa bajo su máscara. –No estás sola, Sakura. Nunca vas a estarlo.- dijo con seguridad, sin dejar de mirar aquellos hermosos ojos verdes.

Las lágrimas seguían cayendo como una gran cascada, y él las borraba inútilmente. Pero los pozos verdes de la pelirosa sólo lo miraban a él.

Unos segundos de silencio pasaron, que a Kakashi le parecieron eternos, y entonces la escuchó suspirar.

-Kakashi…- lo llamó en voz baja, aferrándose más fuerte de su chaleco, si es que podía.

-¿Puedo… p-pedirte un favor?- preguntó débilmente la pelirosa.

El peligris asintió sin decir palabra, perdido en aquellos ojos que ya no tenían su brillo característico… pero que lo miraban… ¿suplicantes?

Una de las pequeñas manos de la pelirosa tomó la suya, y la posó sobre aquel delicado vientre donde se gestaba el pequeño bebé de su ex alumna.

Él la miró con sorpresa que no demostró, mas esperó a que ella prosiguiera.

-¿P-podrías… s-ser… el padre de mi bebé?- le preguntó con un gran sonrojo en su hermoso rostro.

Entonces su corazón latió con fuerza y con una calidez que no esperaba volver a sentir.

Una sonrisa de total satisfacción se dibujo bajo su máscara, estaba realmente feliz con aquella petición.

-¿Por qué yo, Sakura?- tenía que saberlo, necesitaba saberlo.

-P-porque…- tartamudeó ella, visiblemente nerviosa. –S-siempre vas a estar conmigo… ¿verdad?- preguntó suavemente, entrelazando sus dedos con la mano sobre su vientre.

Y Kakashi sonrió aún más. Claro que siempre iba a estar con ella.

-Ummm… por supuesto.- contestó con tranquilidad, mirándola a los ojos.

Entonces Sakura sintió una inmensa clama llenarla. Una inigualable sensación de que todo iba a estar bien… que jamás pensó sentir dada la situación.

Le regaló una dulce sonrisa a su exasperante ex sensei, y lo abrazó fuertemente una vez más… deleitándose con esa varonil fragancia que tanto le gustaba sentir en él.

-G-gracias… Kakashi…- susurró con vergüenza en el oído masculino.

El peligris sencillamente le correspondió el abrazo, dándole calidez a ese pequeño y frágil cuerpo que tanto necesitaba.

Pero ella se separó abruptamente de él, mirándolo fijamente.

-P-pero… ¿no tenes… a-alguien que te guste?- le preguntó de la nada.

Él la miro con tranquilidad, jamás le diría que era ella por quién desvivía.

-Ummm… la mujer que amo, nunca va a corresponderme…- comentó el peligris. –Así que no te preocupes, no estás 'arruinando' nada.- le dijo despreocupado, adivinando el pensamiento de la chica.

Sakura lo miro por algunos segundos sin decirle nada, y en el ojo vago de su ex sensei no vio ninguna mentira… entonces de verdad no le arruinaba la vida al pedirle aquello.

-Además, siempre quise tener un hijo…- dijo el Hatake, llamando su atención. –Y ahora voy a tener a alguien a quién enseñarle mis jutsu.- contó con su ojito arqueado, verdaderamente contento.

Entonces ella sonrió una vez más. ¿Por qué aquel gesto del exasperante shinobi siempre la llenaba de ternura? ¿Y por qué esas dulces palabras hicieron latir con emoción a su pobre corazón?

Misterio. Un completo misterio… que esperaba pronto poder develar.

-Ummm…- musitó Kakashi, embelesado por esa sonrisa con la cual siempre soñaba.

-Vamos, te voy a ayudar a preparar tu ropa.- dijo el peligris, levantándola de la camilla.

-¿Preparar?- preguntó ella confundida, limpiando los rastros de agua salada en su rostro.

-Ummm… claro. Vamos a vivir juntos, ¿no?- preguntó como si nada el Hatake.

Sakura parpadeó varias veces sin creérselo. ¿De verdad aquello estaba pasando?

-Ummm… a menos que no quieras…- comentó el peligris con voz baja.

-¡N-no es eso!- exclamó rápidamente la pelirosa. –E-es q-que…- musitó nerviosa.

Llevó sus manos hasta su pecho, uniéndolas.

-E-estoy feliz…- contó con una sonrisa, mirando al peligris.

Las lágrimas corrieron una vez más hasta sus ojos, pero ellas las contuvo. No quería volver a llorar.

-P-pensé que iba a estar sola… y q-que iba a vivir triste… que mi bebé iba a odiarme…- contó con un nudo en su garganta.

Vio como el Hatake se acercó un poco más a ella, acariciando su enrojecida mejilla con una de esas grandes pero suaves manos que él poseía.

-No pienses en eso, Sakura…- musitó con voz suave, pero serio Kakashi. – Yo voy a hacer hasta lo imposible por hacer feliz…- le dijo con una tranquila mirada.

Entonces ella lo abrazó una vez más, necesitando sentir aquel cuerpo que tanto calor le daba… sentir a aquel hombre que tanto la estaba ayudando.

Pero había algo raro… algo había cambiado… y lo había sentido al volver a verlo después de tanto tiempo.

Porque estaba segura que su corazón nunca había latido tan rápido estando con él.

Ni nunca había sentido esas incontrolables ganas de abrazar a alguien como sentía en ese preciso momento.

¿Qué era lo que había cambiado como para sentirse así con su exasperante ex sensei?

Pero sea lo que sea, la hacía sentir bien. Contenta y tranquila.

Y en aquellos fuertes brazos se sentía querida y protegida, como nunca antes sintió con otro hombre… pero que siempre había sentido con Kakashi.

Sonrió mientras lo abrazaba más fuerte e inhalaba aquel aroma tan característico del peligris.

Todo iba a estar bien… porque Kakashi estaba a su lado, y eso era todo lo que necesitaba.