¡Hola a todo el mundo! ¡Por fin subo un capítulo a tiempo! Ya iba siendo hora eh…

Bueno, agradecer por supuesto los reviews, que me animan y me ayudan un montón.

He hecho el capítulo algo más largo porque no podré subir el próximo hasta finales de Agosto (estaré sin internet todos estos días u.u) asique así os lo compenso =)

Disclaimer; los personajes pertenecen a "Jo" (es que ya somos amigas y todo) Aunque no me hizo caso cuando le propuse sacar a Draco sin camiseta… "That's suspicious"

Espero que os guste el capítulo. En mi opinión… creo que es aceptable ^.^

Capítulo 8; Seducción:

Astoria corrió escaleras abajo y abrió la pesada puerta de entrada a la mansión con dificultad, todavía intentando recobrar la respiración después de la carrera.

El gran camino de graba bordeado por los arbustos que vallaban los jardines laterales se presentó ante sus ojos tan extenso y abrumador como la primera vez que lo recorrió, acompañada de Snape, con los nervios a flor de piel y aterrorizada por lo que pudiera pasarle en aquel lugar.

Una silueta se recortaba con la luz del mediodía al final de la senda. El brillo de su pelo al reflejarse con el sol le delató.

Con pasos largos pero lentos, como quien desea averiguar algo pero le da miedo lo que pueda ser, Astoria se acercó a Draco.

Estaba de espaldas, con la cabeza levantada, intentando coger aire para relajarse, con las manos en jarra sobre su traje negro impoluto y la chaqueta tirada sin ningún cuidado en el suelo.

Cuando estuvo a un metro de distancia de él Astoria se asomó para intentar verle la cara.

-¿Mal… Malfoy?

Silencio.

-¿Malfoy?

Nada.

-Lo… Lo siento. –tartamudeó la chica, retrocediendo enseguida cuando vio que Draco se daba la vuelta y la miraba.

Sus ojos grises, todavía con ese tono de oscuridad que habían adquirido en la discusión, la atravesaban, la quemaban, y ella no podía hacer más que bajar la cabeza y evitarlos.

-¿Qué es lo que sientes? –preguntó con lentitud, pronunciando en exceso cada sílaba, como si el hecho de no contestar a esa pregunta significara la muerte inmediata.

-No… no debería haber visto eso sin tu permiso. Perdóname.

-Pues fíjate Greengrass, no me apetece perdonarte. –menos mal que Astoria no estaba mirando, y no pudo ver la sonrisa maquiavélica, y bastante falsa, que se formo en la boca de Draco al decir esas palabras.

-Pues eso no me parece nada justo. –y levantó un poco la cabeza, solo un poco, lo justo para poder vislumbrar los relucientes zapatos del rubio y parte de los oscuros pantalones de su traje.

-¿Y se puede saber por qué no te parece justo?

-Porque tú también te has metido en mi mente sin preguntarme. –Su corbata negra- Has visto algo que yo no quería que vieras. –Su cuello y su boca, tan apetecibles para ella, aunque no en ese momento- ¡Joder Malfoy! ¡Has visto mi primer beso! –y sus ojos, esos en los que no podía evitar perderse. Esos que la atemorizaban y la atraían, todo al mismo tiempo. Esos que ahora titilaban con una mezcla de odio y algo más, algo que Astoria no acertó a averiguar porque nunca lo había visto en él- ¡Eso no se hace!

-No me hables de lo que se debe o no se debe hacer Greengrass… No estás ni en el lugar ni en la situación adecuada para decir esas cosas.

Y era cierto. Por mucho que ella supiera la verdadera razón por la que estaba allí para él no era más que una mortífaga demasiado joven de la que Voldemort quería algo y, por lo tanto, que compartía la misma ideología que el mago tenebroso.

-Hola tortolitos ¿No sois muy jóvenes para estar aquí? –Scabior hizo su aparición en los terrenos de la mansión con una sonrisa pérfida y su pelo enmarañado, dándole un aspecto salvaje y algo aterrador.

Iba seguido de sus secuaces, y uno de ellos agarraba fuertemente por el cuello a un chico bajito y de pelo castaño que Astoria reconoció enseguida.

Draco se dio cuenta del gesto de preocupación de la chica y, con el mayor disimulo que pudo, se acercó a su oreja y preguntó en un susurró;

-¿Le conoces? ¿Quién es?

-Colin Creevey. –y, aprovechando que los carroñeros miraban a otro lado, continuó- Es un curso mayor que yo. Gryffindor. Le gustaba la fotografía.

-¡Eh tú! –Le gritó el rubio al que agarraba a Colin- ¿Qué ha hecho el chico?

El hombre miró a Scabior y levantó los hombros, claramente no estaba en el grupo por su inteligencia, se limitaba a cumplir órdenes.

-Le pillamos en un bosque cercano con esto. –El carroñero le lanzó la fiel cámara de Colin a Astoria, quien la cogió al vuelo y la miró con nostalgia- Descubrimos que estaba aliado con Potter en algo de un tal Dumbledore o algo así…

-El ejército de Dumbledore. –contestó Astoria en un acto reflejo.

-Sí, eso era, el ejército de Dumbledore. El caso, que como tiene que ver con el chico Potter nos han mandado traerlo hasta aquí.

-¿Y qué vais a hacer con él? –volvió a preguntar Draco, con ese tono autoritario y esa pose erguida que ponía cada vez que hablaba con alguien de la mansión.

-Ahora lo veremos… -contestó otro de los carroñeros, con una risa que más bien parecía un rebuzno, mientras miraba hacia el camino, por el que se acercaba Bellatrix dando saltos.

-¡Oh! ¡Esto es perfecto! Mi querido sobrino y la más joven de los Greengrass están por aquí. ¿Habéis venido a recibir a nuestro nuevo invitado? –La risa trastornada de Bellatrix llenó el lugar y a Astoria le dio un escalofrío- Venid por aquí todos.

Bellatrix condujo al grupo de carroñeros, a Draco y a Astoria a través de los arbustos hacia uno de los jardines laterales.

Una vez allí el carroñero que sujetaba a Colin le soltó en mitad del lugar y el chico cayó desplomado al suelo. Tenía heridas por toda la cara, parecía como si le hubieran dado una paliza, y ni siquiera podía abrir los ojos de lo hinchados que los tenía. A Astoria se le encogía el corazón solo de verle, pero tenía que mantener la compostura, si la descubrían sería peor.

-Le íbamos a atar pero no lo vimos necesario. Ni siquiera puede mantenerse en pie. –dijo el carroñero mientras se reía cruelmente mirando al pobre chico.

-No pasa nada, es mejor así. De esa forma podremos disfrutar mucho más torturándole. –Más risotadas turbadas- Querida, ven, acércate. –Astoria tragó saliva. Bellatrix la miraba, quería que fuera a donde estaba ella, quería que hiciera algo, no podía haber otra explicación. Sus pies se movieron instintivamente, pero ella solo quería desaparecer- Este es un momento perfecto para que practiques las maldiciones.

-Mal… Maldiciones. ¿Qué maldiciones? –preguntó tontamente, cada vez más agobiada.

-¡Las imperdonables! ¿Cuáles si no? –Astoria estaba a punto de vomitar. Sentía una bola en su garganta. Todo eso la repugnaba. Maltratar a un pobre chico indefenso, ¡no era capaz! Y, aun así, debía hacerlo, o ella también acabaría como él. –Empecemos por mi favorita…- La mujer se giró hacia Colin, con una sonrisa vil, mostrando sus roñosos y desarreglados dientes- ¡Cruccio!

Astoria no pudo evitar apartar la mirada automáticamente, pero los gritos de su antiguo compañero de Hogwarts eran desgarradores.

-¿Ves querida? ¡Es fácil! Vamos, inténtalo tú. –Bellatrix giró a la pequeña Greengrass y la colocó frente al castaño, que todavía se quejaba por la maldición anterior.

Astoria estaba paralizada. Sus músculos no respondían a sus órdenes, estaban agarrotados, no era capaz ni de respirar.

No quería hacerlo, no quería torturar a ese chico con el que tantas veces se había cruzado por los pasillos de Hogwarts. No quería ver su gesto de dolor, ni escuchar sus gemidos, porque sabía que sería por su culpa.

Draco, al darse cuenta de que la chica no era capaz de reaccionar, decidió echarla un cable, más por camaradería que por otra cosa.

Él sabía lo que se sentía al torturar por primera vez a alguien, conocía la sensación, ese nudo en la garganta, ese tembleque de piernas… No era fácil, y menos si la persona era conocida.

-Tía, deja que la ayude. La chica no es que sea una experta en este tipo de cosas, tú misma lo has comprobado… Seguramente no sabrá qué movimiento de varita tiene que hacer.

Bellatrix se alejó un poco de la escena indicándole que podía acercarse, y se quedó observando atentamente lo que pasaba desde uno de los laterales.

Draco se acercó a Astoria y la rodeó por detrás. Colocó su mano derecha encima de la izquierda de ella, que era con la que sujetaba la varita. Con la otra la agarró suavemente por la cadera para evitar que se cayera, si seguían temblándole las piernas como lo estaban haciendo no duraría mucho tiempo de pie.

-Tienes que moverla así. –Movió la mano de Astoria en la manera correcta para la ejecución de la maldición- Aunque en realidad eso no es importante, lo importante es la actitud. –le susurró suavemente al oído- ¿Te acuerdas de lo qué te dije hace un tiempo? Debes tener la actitud apropiada. –la chica asintió, aunque bastante insegura- Es difícil, lo sé, pero el nudo acaba pasando y el sentimiento de culpa se acaba yendo, ya lo verás. No te guardes rencor a ti misma –Astoria empezó a relajarse y a respirar con normalidad- Tú piensa en alguien a quien odies mucho y te saldrá solo.

Poco a poco Draco se fue alejando de la chica y ella se quedó sola ante el peligro.

Cogió aire tres veces y levantó la varita. Evitó en todo momento mirar a Colin, ya se sentía bastante mal sin tener que aguantar esos ojos marrones suplicantes clavados en ella.

Movió la varita y recordó lo de pensar en alguien a quien odiase con todas sus fuerzas, y el único nombre que se le vino a la cabeza fue el de Lucius Malfoy.

Cruccio! –el hechizo salió disparado hacia Colin y éste empezó a retorcerse de dolor en el suelo.

Era poderosa, muy poderosa. Todos los que estaban allí presentes se quedaron atónitos, no creían que Astoria fuera capaz de conjurar un Cruciatus tan potente.

Solo fue capaz de aguantarlo unos segundos. En cuanto escuchó los gritos de dolor de Colin, rogándole porque se detuviera, tuvo que parar, era demasiado para ella. Casi podía sentir el dolor que estaba sintiendo el chico a través de la varita. Era insoportable.

Además se estaba cansando en exceso, empezaba a marearse. Todo le daba vueltas y tenía sudores fríos.

La varita se le cayó de las manos y las piernas le fallaron. Veía el suelo cada vez más cerca.

Notó como alguien la agarraba. Era Draco, lo supo enseguida, era capaz de reconocer su olor a menta fresca en cualquier situación.

Sintió calor. Un calor que iba desde la zona donde la sujetaba y se extendía por todo su cuerpo, abrasando todo a su paso. Y entonces su cerebro volvió a reaccionar. Las cosas dejaron de moverse a su alrededor, el sudor frío desapareció y fue capaz de fijar la vista.

Se dio la vuelta y pudo ver a Draco mirándola con cara de desconcierto y, un poco más atrás, a los cuatro carroñeros boquiabiertos. No entendía que había pasado ni porque todos la observaban con esas caras de confusión.

-¿Qué ha pasado? –preguntó, aunque lo hizo en voz tan bajita que nadie la escuchó.

-Creo que se ha mareado. –contestó sin saberlo Draco, mirando a su tía con seriedad.

-Normal. ¡Qué Cruciatus más potente! Quién lo diría al verla tan inocentona… -comentó el carroñero que había traído sujeto a Colin, quien, por cierto, se había desmayado por el dolor.

-No pasa nada ¡No pasa nada! –Repetía una y otra vez Bellatrix mientras se acercaba a los dos más jóvenes del grupo- Cissy, mi hermana, está ahora en el porche. Ve y dile que te ayude a subir a tu habitación. Será mejor que descanses… -los separó y empujó a Astoria hacía fuera del jardín- ¡Vamos! ¡Ve! Draco y yo terminaremos el trabajo.

Astoria miró con preocupación al rubio pero, tras el asentimiento de éste, se encamino de vuelta a la mansión.

Al salir se dio cuenta de que Draco había dejado su chaqueta en el suelo, asique la recogió, ya se la daría luego.

Iba despacio, intentando así ganar tiempo para pensar. Pensar en porqué había sentido ese calor cuando Draco la había cogido, cómo ese simple gesto había hecho que todo su malestar se hubiera ido… Pensar en esa fuerza que la había llenado por dentro al pronunciar la tortuosa maldición… Pensar en todo lo que le había sucedido en apenas unos minutos.

Se encontró con Narcissa en el porche, tal como había vaticinado Bellatrix, y ésta le acompaño hasta su habitación.

La ayudó a sentarse en la cama y la arropó con una manta tiernamente. Astoria nunca imaginó que una mujer tan apática como ella pudiera comportarse tan maternalmente con ella.

-Gra… Gracias. –tartamudeó Astoria antes de que la mujer dejara la habitación.

Narcissa se dio la vuelta y se volvió a acercar a la joven. Se agachó hasta quedar a la altura de la morena y miró a ambos lados.

-No le dejes Astoria, ¡por favor! Ayúdale a elegir el bando correcto. –dijo atropelladamente y, antes de que la de los ojos verdes pudiera reaccionar, Narcissa ya había abandonado la estancia.

¿Se refería a Draco? ¿Y qué quería decir con lo de ayudarle a escoger el bando correcto? ¿Acaso sabía algo de la misión?

Una bandeja con comida apareció encima de la cama y Astoria prefirió comer, no fuera a ser que se marearse otra vez de tanto pensar. Bastante tenía ya con la misión, la legeremancia, las maldiciones y los magos oscuros como para preocuparse también por la madre de Draco.

-Mi… Mi Lord ¿me llamaba? –la sala estaba más oscura que de costumbre, o tal vez fuera solo su subconsciente, que de esa manera le advertía del peligro que corría allí dentro.

-Sí, claro que te llamaba. Toma asiento. –dijo Voldemort lentamente, con actitud relajada, señalando con su mano derecha el sillón que estaba enfrente de él.

Lucius Malfoy se acercó dubitativo, intentaba que no se le notase lo aterrorizado que estaba pero las piernas le temblaban. Se sentó con dificultad en el sillón, apoyándose siempre en su fiel bastón.

-¿Para qué me requería mi Lord?

-Ha llegado a mis oídos que has tenido ciertas… desavenencias con la joven Astoria Greengrass ¿no es así? –El hombre de cabellera rubia asintió de mala gana y con un gesto de asco muy mal disimulado- Explícame, Lucius ¿qué es lo que te ocurre con la joven?

-Nada, mi Lord, es solo que… -dudó por unos segundos- no me terminan de convencer sus intenciones. –Voldemort tensó la mandíbula y Lucius tragó saliva. Se apresuró a explicar lo dicho anteriormente- No me malinterprete mi Lord, nunca me atrevería a cuestionar sus decisiones, si cree que es importante para la causa será porque es verdad…

-Entonces… ¿qué es lo que no te convence? –le interrumpió el mago oscuro, cada vez más impacientado.

-Creo que intenta aprovecharse de… -Lucius respiró hondo antes de continuar- de mi hijo, de Draco. De su posición social y nuestras posesiones.

Voldemort soltó una risotada escalofriante y se levantó de su asiento.

-¿De veras crees que ella esta aquí por tu hijo? ¿Qué busca algo de él? –Otra risotada, esta vez más fría, cruel, despectiva- ¡Levántate! –Lucius hizo lo propio y su gesto de preocupación se acentuó al ver que Voldemort había sacado su varita- No vas a acercarte a la joven Greengrass, vas a dejar que Draco haga lo que quiera, y tú no vas a hacer nada, que es lo que llevas haciendo todo este tiempo. ¿Lo has entendido?

Hablaba tranquilamente, pero más como la calma que precede a la tempestad. Era aterrador, y estaba claro que no admitiría ninguna réplica. Debía obedecer todas las órdenes de Voldemort si quería seguir con vida.

Astoria salió corriendo al jardín, hacia el lugar donde todo había pasado.

Nubes negras cubrían el cielo, se avecinaba tormenta, y le daba al sitio un aspecto tétrico y espeluznante.

Todo estaba gris y había una especie de neblina que la impedía ver las cosas nítidas, agobiándola aun más.

Entró a través de los arbustos y le vio allí, tumbado en el suelo, tal y como le había dejado la última vez.

Al oír sus pasos Colin levantó la cabeza. Sus ojos, antaño marrones, estaban vacíos, oscuros como la misma noche, sin expresión alguna. Su piel era muy pálida, casi tranparente, como la de un fantasma. La imagen era horripilante.

Se acercó a ella con los brazos hacia adelante, como si intentara cogerla, y Astoria se hecho automáticamente para atrás.

-¿Por qué me has hecho esto? ¿En qué te has convertido? –Decía con voz espectral- Tú eres la responsable de que yo este así.

Y, justo cuando estaba a punto de cogerla…

Draco terminó de comer y entró al baño para echarse un poco de agua, necesitaba despejarse.

Estaba muy cansado, su tía le exasperaba, y tener que aguantarla durante una tortura se le hacía siempre interminable, además no encontraba su maldita chaqueta ¿dónde la habría dejado?

Cuando ya estuvo algo más despierto y relajado decidió subir a ver a Greengrass.

No era muy propio de él preocuparse por alguien que no fuera él mismo, pero ella había sido capaz de pedirle perdón por lo ocurrido en la clase de Legeremancia, que menos que preguntarle si se encontraba bien después de lo ocurrido con el chico de Hogwarts.

Astoria se despertó sobresaltada y empapada en sudor. El sueño había sido tan real que tuvo que escudriñar toda la habitación para asegurarse de que Colin no estaba en ella.

Entró al baño y se lavó la cara para serenarse un poco, tenía los nervios a flor de piel.

Se miró al espejo, su imagen había cambiado mucho desde que entró a la mansión.

Al principio sus ojos verdes brillaban como el sol aun estando a oscuras, ahora estaban apagados, sin alegría, parecían incluso más oscuros. Las ondas de su larga cabellera iban perdiendo definición conforme iban llegando a las puntas, quedando estas totalmente lisas y, aunque mantenía la suavidad y el brillo de antaño, ahora tenía reflejos más azulados que le daban un aspecto muy artificial. Había adelgazado un montón por la presión y los disgustos de estar allí, y su piel estaba mucho más blanca, le recordaba al Colin de su pesadilla. Y recordar otra vez el sueño la hizo derrumbarse.

Se apoyó en la pared y se dejó resbalar hasta quedar sentada en el suelo. Las lágrimas pronto empezaron a correr por sus mejillas, mojándolo todo a su paso y cayendo en pequeñas gotitas saladas sobre sus manos.

Era un llanto desconsolado, le daba igual que la pudieran escuchar o el aspecto que tuviera en esos momentos, solo quería desahogarse, con la esperanza de que todo lo que sentía se fuera con esas lagrimas y dejara de atormentarla.

Ni siquiera escuchó la puerta abrirse, ni los pasos recorriendo la habitación, acercándose poco a poco al baño. De lo que sí se percató fue de la suave tos que alguien muy conocido para ella hizo en un intento de llamar su atención.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Astoria sin ni siquiera levantar la cabeza, no lo necesitaba para saber que quien había entrado era Draco.

-Le torturé un poco más y…

-¿Está…? –el llanto le interrumpió a mitad de la pregunta.

-¿Muerto? Sí. –Contestó él impasible, sin darle ninguna importancia a lo que estaba diciendo- Y, sinceramente, no sé qué esperabas que pasara.

Astoria se levantó como si fuera un resorte y se secó las lágrimas con ira.

-Claro ¿no? Es un sangresucia, a ti lo que le pase te da igual. –al ver el gesto de confusión de Draco se dio cuenta de que se estaba exponiendo demasiado, debía disimular, aunque estuviera indignada por la actitud del chico- Tu les odias. -terminó, con gesto abatido, afirmando ese hecho como si fuera una sentencia.

-Que les odie no significa que me guste verlos muertos. –Astoria levantó las cejas en tremenda sorpresa, no se esperaba que alguien como Malfoy dijera eso- Era un compañero de Hogwarts. ¡Más pequeño que yo! Tampoco es fácil para mí.

Draco salió airado del baño hacia la terraza, donde se quedo observando los jardines mientras la suave brisa le acariciaba el rostro, relajándole.

-El Lord debe de estar muy orgulloso de ti, muy pocos son capaces de conjurar un Cruciatus tan poderoso siendo la primera vez. –comentó el chico, dándose la vuelta y volviendo, ya menos cabreado, a la habitación.

-Él puede estar todo lo orgulloso que quiera de mí, pero eso no hace que me sienta mejor. –rebatió Astoria con la cabeza gacha.

Ya no había rastro de llanto en su cara pero seguía sintiendo esa congoja en su interior. Se sentía responsable por la muerte de Colín, y sabía que ese sentimiento de culpa la acompañaría de por vida. ¿Cómo podía soportarlo Malfoy?

-¿Le mataste tú? –sentía mucha curiosidad y, tal vez por eso, no se dio cuenta de la gravedad de la pregunta, prácticamente le estaba pidiendo que confesara un asesinato.

-No Greengrass, claro que no. –Y Astoria suspiro aliviada, como si hubiera estado aguantando la respiración durante todo ese tiempo y por fin pudiera soltar todo el aire- Yo solo les torturo. Del resto se ocupa mi tía.

-¡Ah, bueno! Mucho mejor, dónde va a parar… -comentó sarcásticamente.

-¿Qué esperabas? ¿Qué le regalara flores? –La morena lanzó un bufido- Claro que prefiero lanzarle un Cruciatus a Rowle o a cualquiera de los que rondan por mi casa en estos momentos, pero si me obligan a torturar a un ex-compañero de Hogwarts también lo voy a hacer. Prefiero salvar mi culo antes que el de cualquier otro.

-Típico de ti… egoísmo puro y duro.

-Pues si Greengrass, soy egoísta. Y mentiroso, y ambicioso, y, si me apuras, algo cabrón. Porque soy un Slytherin mortífago. ¡Lo tengo todo para ser mala persona! Y tú, aunque no lo quieras aceptar, eres igual que yo. –dijo casi de carrerilla, con un desprecio hacia sí mismo inimaginable en alguien tan orgulloso como él.

-¡Eso no es cierto! –gritó Astoria iracunda, dando un paso hacia el rubio.

Su pelo tenía una apariencia salvaje de la de veces que se lo había echado hacia atrás por los nervios, y tenía las mejillas rojas por el enfado. La verdad es que Draco la encontraba bastante sexy con ese aspecto, aunque se reprendió mentalmente por ello.

-¿Ah no? ¿Y porque no es cierto? –dijo provocándola, dando otro paso hacia ella, quedando ambos a muy poca distancia.

Astoria se estaba poniendo cada vez más nerviosa, no podía pensar con claridad, la cercanía de Draco la inquietaba.

-Dime Greengrass ¿Por qué? –la apremió Draco, con una sonrisa de suficiencia en los labios.

Solo quería que se apartara, que la dejara sola para poder seguir lamentándose por lo dura que estaba siendo la vida con ella. Por eso soltó lo primero que se le paso por la cabeza sin pensar en las consecuencias que pudiera tener.

-¡Por qué yo no soy mortífaga!

Se arrepintió al instante y se tapó la boca con ambas manos nada más decirlo, pero lo había confesado, no había vuelta a atrás. Deseó con todas sus fuerzas tener un giratiempo en esos malditos momentos.

Miró a Draco aterrorizada, pero él solo atinaba a observarla con los ojos muy abiertos, boqueando como un pez fuera del agua de vez en cuando.

Toda la casa de Slytherin estaría orgullosa de ella en esos momentos, ya que prefirió salir corriendo cobardemente antes que enfrentar la posible reacción del rubio. El cual, por cierto, tardo lo suyo en darse cuenta de la repentina huida de la chica.

Corrió escaleras abajo sin un destino fijo. Solo quería esconderse de Draco, o, mejor dicho, de cualquier persona que pudiera rondar por aquella mansión. Nadie resultaba de su agrado en ese lugar.

Y entonces se acordó. Un sitio en el que nadie la podría encontrar y en el que estaría a gusto durante las largas horas que planeaba esconderse. La sala de juegos.

Entró y, al instante, la tonalidad de las paredes cambió al morado y la moqueta se volvió de color azul eléctrico.

Colores oscuros y aturdidores que expresaban perfectamente cómo se encontraba en su interior. Triste, nerviosa y abatida por los últimos acontecimientos.

Buscó con anhelo el mini bar, aunque no solía beber en exceso. Desde pequeña la habían enseñado que emborracharse no era nada elegante y que siempre debía guardar la compostura cuando de beber se trataba, pero en esos momentos le daba exactamente igual su educación, el protocolo y hasta lo que pudiera opinar su mismísima madre si supiera lo que iba a hacer.

Cogió una de las botellas que había en la vitrina de whisky de fuego, la cual fue repuesta mágicamente al instante, y se la bebió casi de un trago, sin ni siquiera tener la delicadeza de usar un vaso.

Hacía horas que había comido, de hecho, había pasado un buen rato desde la hora de cenar, y tenía el estómago totalmente vacío, pero no le importó cuando cogió la segunda botella y empezó a vaciarla en su estómago, aunque esta vez sí, usando un vaso.

Eran solo las once de la noche, demasiado pronto para él, pero estaba muy cansado y tenía bastante sueño asique, después de estar un rato contemplando el fuego en la chimenea de su habitación, relajándose y pensando en lo que le acababa de confesar Astoria, se dispuso a irse a la cama.

Entró al baño para lavarse los dientes y cambiarse de ropa. Tenía la manía, desde que estaba en Hogwarts, de ponerse el pijama en el baño, si es que a un simple pantalón de seda negro cómo única prenda de vestir se le podía llamar pijama.

No hacía excesivo calor y desde luego no había chicas alrededor para alabar su tan trabajado cuerpo, pero él tenía que lucirse, no podía evitarlo.

Se acomodó entre las sabanas oscuras de su cama, dejó la varita en la mesita de noche de su lado izquierdo, no sin antes haber corrido los doseles, e intentó dormirse.

No habían pasado ni cinco minutos cuando la puerta de la habitación se abrió ligeramente, dejando entrar por el resquicio un poco de luz. Draco descorrió los doseles y fue a coger la varita, pero se detuvo al descubrir quién había entrado.

La puerta se cerró tras la chica y ésta se acercó. Entró por el lado derecho de la cama y se tumbó de costado, mirando directamente a Draco, quien la observaba estupefacto.

-¿Qué haces aquí Greengrass? –preguntó por fin el rubio, incorporándose y mirándola desde arriba.

La chica apoyó el codo derecho en el colchón y acomodó su cabeza en la palma de su mano, mirándole con picardía y con una sonrisa burlona en los labios.

-Eso mismo podría preguntarte yo a ti. –aunque en realidad sonó mucho más ininteligible, algo así como; "Eezo mizzmo puodrrría prrreguntartei yyo a zti". Pero, por la salud de los lectores, pondré la traducción.

-¡Genial! Estás borracha. ¡Lo que me faltaba! –Draco puso los ojos en blanco- Pues no creas que te voy a dejar dormir la mona aquí… tú te vas a tu hab…

-¡Ssshhh! –le calló la morena, poniéndole el dedo índice en la boca- Sabes que no estoy borracha, no intentes disimular, sé lo que pretendes. ¡Te he pillado!

Draco enarcó una ceja, empezaba a encontrar muy divertida a la nueva Astoria ebria.

-Cierto, me has pillado. –Dijo sarcásticamente, acomodándose mejor en la cama- ¿Y qué se supone que pretendo?

-Tú quieres seducirme.

Casi se atraganta de la sorpresa al escuchar lo que acaba de decir Astoria. Tuvo que aguantarse la risa que le entró para poder seguir con su papel y que pareciera que se estaba tomando en serio todo lo que decía la chica.

-¿En serio? Vaya Greengrass. ¡Qué gran perspicacia tienes! ¿Cómo lo has notado?

-Es evidente. –Contestó Astoria con la seriedad de una niña pequeña que intenta que la hagan caso- Has venido a mi cama, medio desnudo, –y señaló el pecho de Draco, completamente al descubierto- para que caiga rendida a tus encantos.

-¿Y ha funcionado? –preguntó, tapándose disimuladamente la boca para que la morena no se diera cuenta de que casi se estaba riendo a carcajadas.

Astoria se acercó sensualmente al chico, aunque con la borrachera que llevaba y la inocencia propia de la chica, se hacía más jocoso que excitante, y acarició con su pie derecho, por debajo de las sábanas, la pierna de Draco.

-La verdad es que sí. -y con esa simple frase el rubio empezó a encontrar interesante la conversación- No necesitas seducirme, –Malfoy bajó la cabeza hasta quedar a unos milímetros de la de Astoria- ya lo has hecho. –Greengrass levantó la cabeza hasta que su frente chocó con la de Draco- Quiero pasar la noche contigo, y no precisamente durmiendo… -Draco puso una sonrisa lujuriosa- ¡No quiero parar en toda la noche!

Ambos se acercaron aun más y, justo cuando Draco iba a besarla, Astoria… se quedó dormida.

-¡Greengrass! ¡Greengrass! –La zarandeó, pero la chica seguía profundamente dormida- ¡No me jodas!

Para colmo Astoria, en sueños y con la mayor inocencia del mundo, deslizó su mano derecha hasta la parte baja de la tripa de Draco, muy cerca de su, probablemente, más preciada zona.

-¡Genial Greengrass! ¡Genial! ¡Hasta en sueños tienes que joderme! –se quejó, mientras retiraba la mano de Astoria y se tumbaba en la cama, acomodándose muy cerca de la chica- Aunque no literalmente, claro.

…..

Eran ya más de las dos de la madrugada y Draco seguía sin conseguir dormirse.

No podía negar que estaba a gusto teniendo a Astoria durmiendo a su lado, aunque, por supuesto, nunca lo confesaría, pero no era capaz de coger el sueño.

De repente la morena empezó a moverse bruscamente en la cama. Draco pensó que estaba teniendo una pesadilla asique intentó despertarla.

Astoria abrió los ojos como platos súbitamente.

-¡Weasley! Tengo que encontrar a Weasley. –dijo en voz muy alta. Después se volvió a dormir, dejando a Draco estupefacto.

Al día siguiente Astoria despertó con un dolor de cabeza impresionante, el peor que había tenido en toda su vida, de eso estaba segura.

Después de restregarse los ojos con las manos e intentar fijar la vista unas cuantas veces se dio cuenta de que no estaba en su habitación. La decoración era totalmente distinta.

Las paredes eran de un color caoba muy oscuro, aunque la luz de la mañana se reflejaba en ellas y le daban un aspecto algo más acogedor al lugar. Alcanzó a ver una chimenea encendida de piedra caliza justo enfrente de la cama. También había una estantería con, lo que parecían, todos los libros de Hogwarts y algunos objetos de decoración que no atinó a ver, y un armario gigantesco.

Intentó asomarse para ver como era el otro lado de la habitación, y fue entonces cuando descubrió que no estaba sola. No entendía como no se había dado cuenta antes. Un brazo fuerte y pálido rodeaba su cintura, y pegaba su espalda contra el cuerpo caliente de alguien cuyo aliento chocaba en su nuca y la estremecía.

El olor a menta fresca que desprendía el susodicho le delató, y Astoria no necesitó darse la vuelta para saber que era Malfoy.

No quería admitirlo, pero estaba muy a gusto, incluso el dolor de cabeza parecía menos fuerte estando entre sus brazos.

De repente unos recuerdos borrosos golpearon su mente y la aceleraron como un huracán. Ella muy cerca de Malfoy, a punto de besarle, con su pierna rodeándole, tocándole…

Su respiración empezó a agitarse, se estaba agobiando y tenía sudores fríos ¿y si había hecho algo más con él? ¿Y sí había "cruzado la línea"?

Consiguió apartar el brazo de Malfoy y levantó un poco las sábanas. Vale, bien, estaba vestida, eso reducía las posibilidades de que hubiera pasado algo… indecente entre ellos.

Con mucho cuidado termino de destaparse y se levantó de la cama, pero un fuerte mareo provocado por la resaca la hizo volver a sentarse.

En ese momento Draco se movió, y Astoria se quedó paralizada en el sitio, rezando para que no se despertara. Por suerte lo único que hizo fue darse la vuelta, quedando tumbado de costado hacia el lado contrario.

Cuando por fin consiguió levantarse Astoria pudo comprobar que el cuarto de Draco no era mucho más grande que el suyo. Se esperaba objetos de magia oscura, muebles horteras, opulentas y recargadas decoraciones en oro… en definitiva, un estilo muy rococó, complicado y fastuoso, tal y como era Draco.

Cuál fue su sorpresa cuando comprobó que el resto de la habitación se parecía bastante a la suya. Un gran ventanal, levemente tapado por unas gruesas cortinas en verde esmeralda que apenas dejaban entrar la luz menos por un pequeño resquicio al descubierto. Un sofá de cuero negro bastante grande pegado al piecero de la cama y un pequeño escritorio colocado al lado de la estantería.

El suelo era de tablas de madera en un color pardo algo más claro. En frente de la chimenea estaba cubierto por una suave alfombra blanca, contrastando con la oscuridad del resto de la habitación, que tenía pinta de ser muy cómoda.

Escuchó un leve graznido proveniente de donde estaba Draco y decidió que lo mejor sería salir cuanto antes de aquel lugar. Ya le pediría explicaciones más tarde, ahora lo único que le apetecía era tumbarse en la cama e inflarse a pociones contra el dolor de cabeza.

Abrió la puerta con mucho cuidado, procurando no hacer ruido, y se asomó con cautela. Miró a ambos lados y salió de puntillas, dando pasos cortos en dirección a su habitación, que tampoco le pillaba muy lejos.

De lo que no se dio cuenta es que alguien la había estado observando en todo momento. Severus Snape, agazapado en una esquina del fondo del pasillo, contemplaba a la chica preguntándose por qué salía de la habitación de su ahijado a esas horas de la mañana y con la misma ropa del día anterior.

-¿Por qué has cambiado de opinión tan repentinamente? –preguntó Narcissa Malfoy, con cara de preocupación, a su marido, que paseaba junto a ella por los terrenos de la mansión, disfrutando del aire fresco, casi helado, propio de esa época del año.

Estaba cada vez más delgada y, aunque seguía siendo una mujer bellísima, los años no pasaban en balde para ella, y la ansiedad por su familia y la guerra hacían mella en su aspecto, demacrándola.

Tampoco Lucius gozaba de su mejor época. Su largo y lacio pelo rubio estaba cada vez más enmarañado y greñudo, cada vez más a menudo tenía que atárselo para que pareciera algo más decente. Estaba mucho más pálido y tenía unas bolsas violáceas bajo los ojos debido a la falta de sueño.

La familia Malfoy caía en picado y el único que podía salvarlos se encontraba desayunando despreocupadamente en esos momentos.

-Eso no tiene importancia ahora Narcissa… -la mujer le miró ceñuda- Es cierto que Greengrass no me gusta nada para Draco, pero puede que nos resulte incluso útil.

-No te veo muy convencido querido.

-Eso es porque no lo estoy, pero así debe ser, no intervendré más entre ellos dos.

Narcissa no entendía nada. Lucius últimamente había estado muy misterioso pero ese día se llevaba la palma.

-Pues deberías ir convenciéndote pronto cuñadito. -una voz aguda que se clavaba en los oídos- Esa chica es muy valiosa, estoy segura de que hará grandes cosas… -Bellatrix Lestrange.

…...

Eran ya más de las cinco de la tarde y Astoria había conseguido, a base de las más variadas pociones, que su dolor de cabeza se disipara hasta prácticamente desaparecer.

Ahora estaba sentada cómodamente en su sofá, deleitándose del sonido del crepitar del fuego en la chimenea.

Podría vivir sin cama, sin magia e incluso sin ducha, pero estaba segura de que moriría si le quitaran el placer de sentarse a los pies de una chimenea y disfrutar del calor que desprende o de las virutas que saltan de vez en cuando a causa de la alta temperatura.

En ese momento la puerta se abrió y un rubio de ojos grises entró sin decir nada, como si esa fuera su habitación.

-Malfoy ¿se puede saber qué narices haces aquí? –preguntó Astoria bruscamente, intentando así que no se notara lo nerviosa que estaba al ver de nuevo al chico después de lo que había pasado la noche anterior.

No había conseguido acordarse de mucho más, pero para haber acabado durmiendo a su lado algo tendría que haber pasado.

Mientras Astoria hacia sus cavilaciones Draco seguía merodeando por la habitación, abriendo de vez en cuando los cajones o mirando bajo la cama.

-¡Malfoy! –gritó más fuerte, pero el chico seguía sin hacerla caso- ¡Contéstame!

Astoria, harta de que la ignorara, se levantó del sofá y fue directa hacia él. Justo cuando estaba a unos centímetros de su espalda, con la mano levantada, dispuesta a darle una buena colleja, el rubio de dio la vuelta y, con un rápido movimiento, aprisionó la muñeca de Astoria detrás de la espalda de la misma.

Estaban muy cerca, y el contacto de la mano de Draco en su muñeca la quemaba. Era una sensación muy extraña, nunca antes se había sentido así, como si una bola de fuego entrara por esa zona y la fuera abrasando poco a poco, subiendo su temperatura a una velocidad vertiginosa.

-¿Qué estás haciendo? –le preguntó apretando los dientes, mostrando a las claras los enfadada que estaba.

-Nada. –Contestó inocentemente- Solo comprobaba que no hubiera botellas de whiskey de fuego por aquí. No quiero que se repita lo de anoche durante la clase. –y la sonrisa de suficiencia de Draco hizo que a Astoria le dieran escalofríos.

Era sabido por todo Hogwarts que cuando Draco había tenido una "noche ajetreada" con alguna alumna solía pasearse por los pasillos con una sonrisa muy parecida a la que estaba poniendo en esos momentos. ¿Podría ser que ellos dos…?

A Astoria le cambió el gesto de la cara enseguida y se juró y perjuró mentalmente que no volvería a beber ni aun estando bajo un Imperius.

-Anoche no paso nada Malfoy. –si hacía como que se acordaba de lo que había pasado tal vez Draco se lo contara sin darse cuenta.

-Cierto, no se puede catalogar lo que pasó como algo reseñable.

"¡Maldito imbécil! ¿Es qué siempre tiene que darse esos aires de misterioso? ¿Qué habré hecho yo para merecer esto? ¡Es insufrible!" –pensó melodramáticamente Astoria.

-Por supuesto, lo de ayer no significó absolutamente nada. –disimuló como pudo la morena.

Por fin Draco la liberó de su prisión y pudo alejarse de él y de ese maldito aroma que desprendía y que hacía que sus hormonas bailasen revolucionadas.

Fue muy chocante, en cuanto Draco deshizo el contacto, el calor que sentía Astoria despareció. Tal y como vino, se fue.

-Empecemos con la clase. –sentenció Draco, tumbándose en la cama como el día anterior.

-Sí, será lo mejor. –Astoria hizo lo propio, solo que ella se puso de costado.

-Esta vez te dejaré entrar en mi mente, aunque, por supuesto, solo te mostraré lo que yo quiero que veas. –Astoria puso los ojos en blanco. Ya sabía de antemano que no la dejaría ver sus recuerdos, no hacía falta que lo aclarara- No quiero que se repita lo de ayer.

-Desde luego ayer debió de ser un día para olvidar en tu vida, no quieres que se repita nada de lo que paso… -comentó Astoria socarrona.

-¡Anda! Saca la varita y deja de hablar que hay poco tiempo. –le ordenó severamente, aunque el comentario le había hecho gracia.

Escuchó la palabra Legeremens y notó como Astoria entraba tímidamente en su cabeza.

Ella pudo ver la primera clase de encantamientos de Draco con el profesor Flitwick, y a una muy pequeña Hermione corregir a Ron sobre como pronunciar la palabra Leviosa. Un recuerdo muy curioso si contamos que Draco odiaba a la sangre sucia Granger, ¿cómo es entonces que se fijo en ella durante esa primera clase?

De repente una idea se le pasó por la cabeza, mejor dicho, una pregunta.

-¿Quién era? –Draco frunció el ceño- El sangre sucia con el que hablaste y por el que tu padre te castigo. ¿Quién era?

-Ya te lo he dicho antes, no quiero que menciones nada de lo que paso ayer. ¿Por qué sacas ese tema ahora? –preguntó molesto el rubio. Ya bastante tenía con que ella conociera esa parte de su pasado como para que encima lo tuviera que estar mencionando a todas horas.

-¡Venga Malfoy! ¿Qué te cuesta decírmelo? Total, ya lo he visto.

-Mira, con tal de que te calles… -Astoria sonrió sabiéndose ganadora de esa mini pelea que acababan de tener- Digamos que… Granger y yo nos conocimos unos meses antes de entrar a Hogwarts.

Astoria asintió solemnemente.

-Por eso la odias tanto ¿no? Porque tu padre te castigó por su culpa.

-No Greengrass. Odio a Granger porque es una sangre sucia ¡me da asco! Encima es amiga de San Potter y de la comadreja. ¡Sería imposible no odiarla! –contestó con el mayor desprecio del que fue capaz.

-Entiendo... ¿Y no será que estas celoso? –preguntó ella picarona, incorporándose para poder ver mejor las expresiones del rubio.

-¿Y no será que estas metiendo las narices donde no te llaman? –preguntó él en el mismo tono que Astoria- ¡Por Merlín Greengrass! ¡Es Granger! Me repugna el simple hecho de mirarla. –fue ver la cara de aversión de Draco y comprender que lo que había insinuado sobre Hermione era una completa estupidez- Y deja ya este tema si no quieres que empiece yo a hablar de la confesión que me hiciste ayer.

-Confesión… ¿Qué confesión? –por un momento a Astoria se le paso por la cabeza una imagen de ella completamente borracha y diciéndole a Malfoy que le gustaba de la manera más patética.

-Hola, me llamo Greengrass y voy diciendo por ahí que no soy mortífaga. –dijo Draco, poniendo una voz muy aguda, supuestamente imitando a la de Astoria, y haciendo gestos con las manos.

-Muy gracioso Malfoy –dijo ella con, lo que pretendía, fuera un tono sarcástico, aunque sonó muy resentido- ¡Ah! ¡Por cierto! Me llamo Astoria, ya lo sabes. Aunque prefiero que ni lo mentes, es más, no me dirijas la palabra a no ser que sea de vital importancia.

-Por mi perfecto. –replicó con una sonrisa muy falsa.

Hubo un silencio bastante incómodo entre los dos. Astoria le miraba a él con una mezcla entre diversión y vergüenza, y Draco le devolvía la mirada algo intrigado por qué le resultaría tan chistoso a la chica.

-¿Qué es lo que te hace tanta gracia Greengrass?

-¿Sabes Malfoy? Deberías tener más cuidado con las cosas que guardas en tus bolsillos. –Draco la miró ceñudo y empezó a rebuscar en sus bolsillos. Al darse cuenta de que algo le faltaba miró a Astoria, quien jugaba con una varita que no era suya entre los dedos- Se te cayó mientras abrías uno de mis cajones. Es curioso que no te dieras cuenta antes. Eres muy descuidado Draco… -comentó burlona, intentando aguantarse la risa.

De lo que no se dio cuenta fue que a Draco no le había hecho ni pizca de gracia la "broma".

-¡Dámela! –ordenó, en un tono que no admitía réplica.

Astoria negó con la cabeza enérgicamente, como si fuera una niña pequeña.

-Greengrass dámela… -esta vez el tono era de advertencia, empezaba a perder la poca paciencia que tenía.

Pero la morena no iba a claudicar tan fácilmente. Se lo estaba pasando realmente bien viendo a Malfoy tan nervioso. Quería hacerle de rabiar un poco más, vengarse por todo lo que él le había hecho.

-Muy bien, tú lo has querido. –Draco agarró a Astoria por el tobillo y tiró de ella hasta que quedó tumbada en la cama. De la sorpresa por la inesperada acción se le cayó la varita, momento que aprovechó Malfoy para recuperarla.

Alargó su mano hasta donde estaba el objeto, no sin antes rozar, supuestamente sin querer, la pierna de Astoria.

Fue entonces cuando lo sintió. El mismo calor abrasador solo que multiplicado por mil y una corriente eléctrica que podría haber iluminado todo el Londres Muggle. Su mente se nubló y sintió como si ya no fuera dueña de sus actos, como si alguien la controlara.

Levantó la cabeza y la espalda de una manera tan sensual que a Draco se le secó la boca, hasta que quedó sentada de rodillas encima de la cama.

Lentamente, y mirándole a los ojos con picardía y… ¿lujuria? Draco nunca pensó que pudiera usar ese adjetivo con Greengrass, no al menos con la Astoria sobria, se acercó a él.

-Siento haberte cogido la… - Astoria deslizó sus dedos por la pierna de Draco hasta detenerse a unos centímetros de la entrepierna de éste- …varita.

Al rubio se le oscurecieron los ojos y su voz sonó más grave que nunca.

-No… No pasa nada.

-No seas tan bueno conmigo… -y se acercó un poco más- No debería haberlo hecho… -la mano derecha de Astoria en la almohada, la izquierda en el brazo derecho de Draco, ambas rodeándole- He sido mala…

-Bueno… Todos aquí somos malos… –dijo seductoramente, poniendo una media sonrisa y echándose hacia delante para estar más cerca de Astoria.

-Cierto, y deberíamos ser castigados por ello… -pasó su pierna izquierda por encima de Draco, quedando sentada a horcajadas encima de él- Somos muy malos. –completó con una sonrisa traviesa.

Ambos se fundieron en un apasionado y frenético beso. Sus lenguas peleaban por ver quien tenía el control, pero parecía como si siguieran un compás, como si encajaran la una con la otra en un baile húmedo y excitante.

Astoria se sentía desatada, como si una fuerza mayor actuara por ella. Se sentía fuera de sí, otra persona totalmente distinta, mucho más sexy, atrevida, poderosa…

Draco, por su parte, estaba disfrutando como nunca con esa nueva faceta de la Greengrass. Estaba demasiado agitado como para pensar en lo que realmente estaba pasando o en las consecuencias que pudiera tener. Prefería concentrarse en ese movimiento de caderas ascendente y descendente de Astoria que lo estaba volviendo loco.

La morena tenía el control y lo sabía, por eso no dudó en arrancarle literalmente la camisa a Draco. Los botoncitos negros quedaron esparcidos por toda la cama y la camisa olvidada en algún rincón de la habitación.

La joven disfrutó paseando sus manos por el torso desnudo y tan bien formado de Draco, quien no se quedó atrás y coló sus manos por debajo de la falda de tablas de la chica, deleitándose con la suavidad de su piel y la tersura de sus muslos.

Pero, de repente, la "niebla" que cubría la mente de Astoria se disipó y, aunque ese calor abrasador seguía ahí, fue como si volviera a ser dueña de su cuerpo y de sus actos de nuevo.

La realidad le golpeó como una pelota y cortó el beso bruscamente.

Draco se quejó pero siguió besando el cuello de la chica, pensando que ella tenía planeado dedicarse a otras zonas. Sin embargo ella le apartó de golpe y se levantó de la cama.

-¡¿Qué me has hecho? –Le espetó alterada, intentando colocarse bien la falda- Me has echado un filtro ¿verdad? ¡Un filtro amoroso!

Draco se levantó hecho una furia y se paso la mano por el pelo, echándoselo hacia atrás.

No entendía que narices le pasaba a esa chica, pero estaba empezando a hartarse de ese jueguecito que se traía de calentarle para luego no hacer nada.

-¿Un filtro amoroso? –Preguntó incrédulo- En primer lugar; no existen filtros para enrollarte con alguien y que te deje a medias, cosa que, por cierto, está empezando a convertirse en algo muy habitual en ti. –La frase le salió con una animadversión inusitada, aunque gracias a eso Astoria se dio cuenta de lo que pasó cuando estaba borracha la noche anterior- Y en segundo lugar; si existiera nunca lo usaría contigo. –Puro rencor es lo que inspiraba esa frase- De hecho, no lo utilizaría con nadie, no lo necesito. –completo vanidoso con una sonrisa pedante.

-Pues no parecías resistirte mucho… -comentó ella. No se iba a quedar atrás, él también había participado en ese beso tan… desenfrenado, y no dudaría en recordárselo las veces que hicieran falta.

-Se te veía tan entregada… -rebatió ácidamente- Pareces muy experta en eso de seducir a la gente… -insinuó- Ya sabemos cómo te has ganado el puesto. ¿Con cuántos chicos de Hogwarts practicaste para que se te de tan bien? ¿Es qué pretendías quitarle el puesto a la chica Weasley?

Pero Astoria había dejado de escuchar hace un buen rato y ahora en su cabeza solo se oía una palabra: seducción.

Bueno ¿qué os ha parecido?

Lo he subido un poco de tono por que el poder de Astoria no es que sea precisamente muy inocentón jeje…

Espero que os haya gustado y que lo hayáis disfrutado.

Acepto críticas, por supuesto constructivas, y también reviews bonitos, claro. Aunque sois muy majos, siempre me los dejáis bonitos =D

MUCHAS GRACIAS POR TODO =)

Besos.

Audrey HMA n.n