CÓMO SER UN HÉROE Y NO MORIR EN EL INTENTO

CAPÍTULO 4

Entre hermanos y rencores, los héroes salen sobrando.

Había pasado dos días en absoluto reposo en el mejor hospital de su país. Todo, cortesía de una terrible infección cuyo origen terminó de ser clasificado como: "veneno de origen inglés, llamado comúnmente Marmite".

Dos días en los que tuvo a más de la mitad del continente, y de la manera más literal, preguntándose por su estado de salud; algunos más pendientes de que muriera a que se recuperase, claro, pero todos terminaron por enviarle tarjetas y regalos. Entre los más memorables estuvieron: Rusia con diez cajas de sus condones talla extra chica, Francia y unos cuantos "amiguitos" para acompañarlo en lo que él llamaba momentos de extrema soledad; y los padres de Tony, con una estrambótica tarjeta deseándole una pronta recuperación.

Pero de Inglaterra nada. No tarjeta. No llamada. ¡Nada!

Tuvo que pasar una semana entera para que le dejaran salir de su país en una visita diplomática, que de diplomática no tenía más que el nombre, dado que guardaba un montón de reproches de su parte por la falta de interés del anglosajón.

-Saben quién soy- masculló al personal de la entrada; y sin esperar respuesta entró, sólo para encontrarse con su despreocupado anfitrión tomando el té de la tarde.

-¿Alfred?

-¿Por qué?- le preguntó con un tono de voz tan serio que ninguno de los dos lo reconoció.

-¿De qué hablas?- el aludido se mantenía impasible pese a todo, mientras comenzaba a masticar uno de sus mortíferos bollos.

-Ni una sola visita, o una llamada; podía aceptar incluso un pedazo de papel con tus buenos deseos escritos en él. Pero nada. ¡¿Sabes que pude morir por culpa de tu maldita comida?!- le reprochó de una vez y sin detenerse siquiera a tomar aire.

-Permíteme que te contradiga- Arthur se tensó en su asiento, dando un largo trago a su hirviente bebida- porque la razón de que estuvieras en cama fue ciento por ciento culpa de tu idiotez e inmadurez al no hacerme caso; y por si no te diste cuenta yo…- se detuvo repentinamente como si se hubiera dado cuenta de que iba a comenzar a decir algo que no debía- en fin, esta semana tuve demasiado trabajo como para malgastarlo en alguien como tú…

-Eres un…

-Señor Kirkland, tiene visitas.

El pobre empleado recibió sobre sí una furibunda mirada del americano; una, que si bien no mataba, no le faltaba precisamente mucho para hacerlo.

-¿De quién se trata esta vez?- el inglés no se encontraba precisamente de un mejor humor gracias a la interrupción, y eso lo denotaba su agrio tono de voz.

-Su hermano Scott, señor.

Dicho esto, y tratando de evitar la mezquindad que irradiaba ese par, salió velozmente en cuanto terminó de dar su informe. Mientras tanto, el rostro de Inglaterra iba formando una mueca, mezcla de confusión y miedo.

-Vete-pronunció después de un largo silencio.

-¿Q-qué?

-¡Que te vayas! No quiero tenerte frente a mí ahora, así que hazle un favor al mundo y lárgate…

-Oh, gusano, déjalo. No querrás que el niño americano se pierda la diversión, después de todo.

Un joven de cabello pelirrojo; dueño de un par de enormes cejas, y con una mirada esmeralda tan penetrante y amenazadora como la de Arthur, los observaba con una sonrisa ladeada desde el marco de la puerta.

-Scott…

-¡Pero mira lo mucho que has crecido!- acechó alrededor de Alfred- recuerdo haber visto fotografías tuyas cuando apenas eras una colonia, el gusano te amaba tanto que tenía la casa llena de ellas. Puedo ver-continuó- que romperle el corazón te hizo crecer correctamente.

Siguió acercándose al menor con toda la intención de tocar su rostro hasta que un certero golpe en la palma de la mano se lo impidió.

-No lo toques- si bien el inglés había palidecido notablemente, seguía manteniendo el gesto decidido- ¿a qué has venido hoy?

-¿No puedo hacer una visita simplemente porque sí?- caminó con tranquilidad, tomando asiento frente a la mesa de té, comenzando a beber de la misma taza de la que Arthur lo hacía minutos antes.

-No, nunca lo haces, a menos claro que necesites algo.

El inglés tomó al otro rubio por la muñeca y lo guió hasta la sala, en donde lo obligó a sentarse en el sofá delante de él.

-Inglaterra, ¿quién es él?- preguntó Alfred, claramente irritado por la situación, y sin dejar del mirar al pelirrojo que ahora encendía un cigarrillo.

-Mi hermano. Escocia- fue su simple respuesta, mientras tampoco despegaba la vista del recién llegado.

-¿Escocia?

-Si lo que intentas es averiguar su ubicación, nunca la encontrarás en tu ridículo mapa con sólo tu país en él.

-¿Me sostienes esto?-aprovechando que estaba siendo ignorado, Scott depositó su taza de té en manos del americano, para luego deslizarse en el sofá, quedando extremadamente cerca de Inglaterra-necesito dinero.

-¿Me ves cara de banco?-aún cuando su respuesta fue cortante, su tono de voz cayó un par de decibeles, aunado a la sorpresa de estar siendo acorralado tan repentinamente.

Alfred observaba la escena incómodo, no le estaba gustando la manera en que el hermano del inglés estaba acortando distancias, y el hecho de que no pudiera hacer nada para evitarlo.

-No, yo diría que tienes cara de imbécil, pero- deslizó uno de sus largos y finos dedos por la mejilla de Arthur, cuya piel enrojeció de un instante a otro-estábamos hablando del dinero…

-No, ¡tú estabas hablando de dinero, uno que yo no te voy a…!-se había levantado con rapidez en un intento por alejarse de su hermano, cuando el sonido de la porcelana rompiéndose le impidió terminar su frase.

Los hermanos se giraron para encontrarse con la mirada vacía y el ceño fruncido del americano que aún sostenía la taza de té, ahora deshecha, mientras su hirviente contenido mojaba sus pantalones y los pedazos lastimaban sus manos sin que éste siquiera se inmutara.

-¡Alfred!- fue Inglaterra el primero en reaccionar, acercándose para retirar los restos de las palmas sangrantes de su ex colonia- ¡Sebastian, trae el botiquín de primeros auxilios y algo de ropa limpia! Y tú, idiota- bramó dirigiéndose al sorprendido escocés,- trae agua y toallas de la cocina, ¡ahora!

Más por la impresión que por ganas el pelirrojo entró a la cocina dispuesto a cumplir el encargo; su siempre cobarde hermano le había ordenado algo, incluso había tenido el valor de llamarlo idiota. Llenó una jarra y tomó las toallas dispuesto a salir cuando en una esquina su mirada se encontró con un montón de latas de café americano y cuyas etiquetas rezaban "¡El café del héroe!" escritas con una caligrafía digna de un niño de primaria.

En un impulso se acercó y tiró todas las latas al bote de basura que había a un costado.

Maldito americano.

NOTAS FINALES:

¡Celebremos! :3

Nah, no es cierto :'( soy una bastarda miserable. Si es que aún llega alguien que me lee, lo agradezco mucho. He tenido algo de tiempo libre y encontré las notas de mis fics que creía perdidos, así que he decidido continuar porque cada pequeño review en serio que me hace muy feliz

Noto que el fandom se está muriendo un poco y esa también es otra de las razones por las que me quiero poner las pilas con este pequeño fic. Hablando de él, ¡aha! Ha llegado Escocia… y aunque sospecho que según las imágenes oficiales que ha sacado Himaruya es más algo así como niño bonito (aunque mi corazón me dice que yandere) para mí siempre será el cabrón, bastardo y sensual ewe…

En fin, no me odien. ¡Se les quiere!