Epílogo

Los blancos azulejos de la fría sala, daban incluso más escalofríos que la propia temperatura. Sus pasos, temblorosos, lentos y torpes, la encaminaron hasta esa camilla recubierta por una lustrosa y reluciente sábana blanca.

Se tumbó como la ordenaron, el sonido del tic-Tac del gran reloj que coronaba la pared que estaba tras ella, aceleró a un ritmo inhumano su frenético corazón.

Las aspiraciones, cada vez eran más cortas, dolorosas y frecuentes.

No quiso mirar lo que tenía sobre su cabeza. No sucumbió a la morbosa necesidad de hacerlo. Si miró, sin embargo, el reluciente teléfono negro que se encontraba en la pared de enfrente. No albergaba esperanza alguna de que sonase. Los últimos siete años no hubo cambio alguno. Nadie movió hilos para siquiera intentarlo. Ni siquiera ella…

Oía las voces de las dos personas que la acompañaban amortiguadas entre sus nervios y los locos latidos de su corazón.

-¿Señora?- Uno de los hombres inclinó sobre ella. Le miró -¿Le aprietan?- Señaló sus muñecas y sus tobillos.

Negó con la cabeza.

-Hija Te encuentras en el umbral de la muerte. ¿No crees que va siendo hora que sueltes lastre?- El sacerdote esperaba pacientemente frente a ella.

Era un hombre avejentado. Sus arrugas decían claramente, que por sus ojos habían pasado muchas almas condenadas a una muerte sin gloria. Sus palabras exactas, sus gestos y ademanes claramente trillados y usados, mostraban la evidencia de quien se ha visto en la tesitura de utilizar repetidas veces el mismo discurso, esperando a su vez, la misma contrita confesión del condenado a muerte.

-¿Entregar mi vida a la causa no es suficiente lastre, padre?- Se mostraba fría, neutra, indescifrable e inquebrantable.

-Deja esa máscara de indiferencia. Las pocas horas que te quedan en éste Mundo, deberían ser suficientes para intentar remediar en lo posible tus pecados- Aconsejó sabiamente.

-¿Qué me va a reportar arrepentirme?- Preguntó desafiante.

-Irte en paz.

Calló unos instantes, sopesando las palabras.

Irse en paz ¿Acaso conocía ella la paz? No. Jamás la había conocido. Su mente había estado constantemente en conflicto. Ni siquiera la soledad que atenazó durante los últimos siete años en ese penal, le brindaron la paz de la que ese hombre la hablaba.

-Jamás la he poseído. No veo por qué iba a llevarme a la tumba algo de lo que carezco- desafió mordaz.

-La paz, la otorga el alma vacía de cualquier peso que nos ahoga- Volvió a insistir.

-Yo no tengo alma- Siseó con ira.

-La tienes. Hasta el más sanguinario, frío y vil de los asesinos la posee. Tan sólo hay que sacar la herrumbre y el hollín. Y ahí está.

-¿Y para qué me serviría el alma allá donde voy?- Espetó cansinamente. Claramente aburrida de la conversación.

-La cuestión no es para qué sirve. La cuestión es sentirla limpia. No hay más uso que ese. El ser portador de un alma pura.

-Demasiado tarde para mí padre. Demasiado tarde

-Puede que lo sea para el resto del mundo, pero no tiene que serlo para ti. Eres tú quien tiene que tener la necesidad de limpiarse. No de mostrárselo a los demás. Hazlo por ti misma.

Tanya le miró unos instantes antes de bajar la mirada al suelo. ¿Realmente necesitaba eso? Unas tímidas lágrimas aparecieron por sus ojos. Le quedaban unas horas. Su mirada vagó hasta una de las altas y pequeñas ventanas enrejadas, que escupían algunos tímidos rayos de Sol.

El Sol

Sonrió con tristeza al darse cuenta de que jamás le gustó tomarlo, de lo ridículos que le parecían aquellos que se tostaban sin más, y ahora Ahora ansiaba dar un paseo bajo su influencia, casi tanto como respirar Durante más tiempo.

-¿Tiene Usted algo para escribir?

El hombre se levantó hasta la puerta. Tras hablar unos momentos con uno de los vigilantes, entró acompañado de éste. Esposaron las manos de Tanya, y le acercaron un diminuto lápiz y un folio.

Tras escribir lo que pareció una carta. Se la entregó al capellán.

-Haga que les llegue a mis padres- El hombre asintió guardándose el trozo de papel en el bolsillo.

-Espero que les sirva- Ella le miró con los ojos rojos.

-Yo también lo espero- El hombre se levantó, se colocó la estola y tomó la pequeña Biblia en sus manos.

Tanya se arrodillo y el capellán puso la mano sobre su cabeza mientras pronunciaba las palabras oportunas. Una vez hubo terminado, se despidió de ella haciéndole el símbolo de la cruz.

-Suerte hija, y que Dios te acoja en su seno.

Tanya no dijo nada, se sentó de nuevo en la silla y esperó a que llegasen por ella.

- Es la hora- La fría voz la devolvió al presente de manera súbita.

Oyó descorrer las cortinas del lado derecho de la pared. Miró a través del cristal, pero la oscuridad de la sala tras él, le impedía distinguir nada.

Por el rabillo del ojo veía a los hombres moverse a sus costados. Uno de ellos, la miró fijamente. Tanya dejó caer dos lágrimas que resbalaron lentamente por las sienes, al mismo tiempo que el tiopental sódico la sumía en el sopor. Pronto no sintió nada. No notó sus pulmones paralizarse cuando el bromuro de pancuronio entró en su organísmo, ni su corazón sufrir un paro cardiaco provocado por el cloruro de potásio.

En la sala contigua, dos personas entrelazaban sus manos y lloraban en silencio. Una de ellas, sostenía un arrugado pedazo de papel. Cuando la cortina volvió a echarse, la sala comenzó a vaciarse. Ellos permanecieron sentados. No hablaron, no hacía falta.

El Director del Penal apareció tan sólo unos minutos después. Les entregó un papel.

Tanya Denali Myers.

Hora de la Muerte: 19:15

Lugar: Lansing Correctional Facility. Kansas

Causa: Inyección Letal.

Laurence Wallas McCarthye. Director Of. Lansing Correctional Facility. Est. Kansas. US.

26/05/2016

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A miles de kilómetros de allí, un teléfono sonó. Tras una breve charla, salió para envolverla de nuevo entre sus brazos.

-¿Ya?

-Sí.

-Bien

-¿Qué sientes?

-En realidad, nada.

La besó el cuello. Sus brazos firmemente abrazando su cintura, ciñendo su espalda contra su pecho.

-Voy a echar esto de menos- Suspiró.

-¿El qué?- Aspiró el aroma de su larga cabellera.

-Compartir esto nuestro- Afianzó su agarre sobre ella- Mostrarme… Mostrarnos de esta manera frente a las chicas, exponer nuestro amor y desnudar nuestros cuerpos y nuestra alma a nuestras fieles y agradecidas lectoras….- Suspiró inhalando un deje de tristeza.

-Pero esto funciona así- Respondió ella con calma- Todo lo que un día empieza, tiene que acabar- Arrugó los labios en una mueca graciosa mientras despacio se giraba ante su hombre y le clavaba su mirada- Al menos… Para ellas, claro-Añadió con una sonrisita intencionada. Edward ronroneó en su cuello.

-Bueno…- Mordió su labio inferior- Saluda entonces y despídete de ellas- Susurró ronco mientras Bella hacía lo que él le había pedido.

La arrastró lentamente sin dejar de besarla, y justo antes de cerrar la puerta, se giró y guiñó uno de sus espectaculares ojos mientras nos regalaba la más jodida de sus sonrisas…

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FIN

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Pues aquí estamos chicas. Supongo que muchas no esperabais este final. Aunque las que me han intuido, si que han sabido en todo momento, que yo nunca dejo nada al azar o por concluir.

No voy a enredarme, solo os voy a dar las gracias por vuestra respuesta, por vuestra constancia y compañía.

No voy a caer de nuevo en mis quejas, bastante claras las he dejado ya. Y no. No creo ( nunca se puede dar nada por seguro en esta vida ) que vuelva a publicar ni aquí ni en ningún otro lado. Si leéis alguna de mis dos historias es porque habré dado el permiso para que las publiquen, pero nada más.

He llegado a mi límite de tolerancia y comprensión hacia ciertos comportamientos sibilinos e infantiles. Yo suelo estar por encima de muchas cosas, pero otras, simplemente consiguen hacerme hervir la sangre. Así que, hago lo que siempre tiendo a hacer.

Sacarlas de mi sistema, y por ende, de mis pensamientos.

Querer compartir tu "talento" con otras personas, lejos de ser un ejercicio libre y sosegado, a veces se convierte en un grano en el culo. No solo no te compensa, sino que te amarga. Y yo no estoy por la labor de soportar a personajes ajenos a mi vida, querer siquiera soliviantarla en cierto modo. No me interesa.

Esto se ha convertido en una plataforma para los egos, para las descaradas muestras de peloteo que muchas veces van más allá de lo éticamente soportable. No se trata de comparar valías o calidad, se trata de tener las mejores madrinas para ser "alguien" en éste mundillo. Más allá de una buena carta de presentación, necesitas de referencias para aglutinar seguidoras.

Yo. No. Necesito. De. Eso.

Si alguien tiene que valorar mi calidad, desde luego no van a ser los sectarios "afectos" de alguien que a nivel literario no ha demostrado ser más que nadie.

Si alguien tiene que medir mi calidad será el público leal y en busca de lectura de calidad, y no el dedo de aquellas que se han instalado en las alturas aún ofreciendo un más que discreto, e incluso a veces mediocre trabajo. Creando para compensar, un mundo paralelo inaccesible al resto del "populacho" . Un reino de supuesta calidad donde se encuentras las más… ¿Grandes?

No señor.

No voy a alimentar más egos. No he nacido para lamer culos.

Un placer sincero y mi enorme gratitud para aquellas que tienen opinión propia.

Un beso y hasta cuando sea…

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Raquel