Canción: "Flow" de Sign

EPÍLOGO

Aquel era el gran día.

Se dirigió hasta el ventanal en su despacho que le daba una amplia vista de toda la aldea bajo el gran edificio. Tomo aire hasta llenarse los pulmones de aquel aroma a arena caliente por el fuerte sol de verano y luego se volteó para observar su escritorio ordenado y libre de papeles. Había dejado todo en orden para poder marcharse ese día. La luz del sol que entraba por el gran ventanal rebotaba en el vidrio de un portarretrato a un lado del escritorio. Su corazón se acongojó al verlo: en él se encontraba la fotografía que había traído consigo el día de la muerte de su hermano, en ella estaban ellos tres de niños. Se sorprendió al percatarse de que la estaba sujetando con ambas manos con fuerza, el recuerdo de su hermano todavía le dolía en el alma.

I realize the screaming pain (vivo con el dolor)
Hearing loud in my brain (resonando en mi cabeza)

La reposó nuevamente en el lugar cuando escuchó que unos pasos acelerados retumbaban en el pasillo que daba a su puerta. Sonrió apenas y se giró hacia esta para darle la bienvenida a aquella personita que a la misma hora de la mañana lo visitaba para desearle los buenos días.

Tocaron a la puerta y otorgó el pase de entrada, igual que siempre.

-¡Buenos días!

But I'm going straight ahead with the scar (pero seguiré adelante con esta cicatriz)

El niño de unos 5 años lo observó con sus grandes ojos y una sonrisa de igual tamaño. El Kazekague de Suna le devolvió la sonrisa, rodeó su escritorio y se acercó a él para peinar un poco su cabello, rebelde para variar.

-Buenos días, pequeño ¿Dónde está tu madre hoy?

Can you hear me (¿puedes oírme?)

El niño se mantuvo pensativo por un momento, luego negó con la cabeza con violencia; sus cabellos negros se despeinaron más que antes. No tenían remedio.

Gaara suspiró y observó el reloj de pared. Ya se estaba haciendo tarde, no llegarían a tiempo a la Aldea de la Hoja si es que aquella mujer no se ponía en marcha.

-Pero esta mañana me dijo que te diera esto—dijo el niño sacándolo de sus pensamientos y le entregó su túnica de Kague recién lavada y planchada. Gaara asintió y la tomó en sus manos.

-Gracias.

-¿Quieres que vaya a buscar a mamá?

Can you hear me (¿puedes oírme?)

-Por favor –rogó el hombre y se dispuso a vestirse –sino no llegaremos a tiempo.

El niño asintió y salió corriendo de la habitación.

-Nos vemos luego, tío –lo despidió mientras corría por el pasillo, alejándose de él.

Can you hear me(¿puedes oírme?)
So am I (yo también)

El hombre observó su figura marcharse hasta que se convirtió en una sombra y desapareció en una esquina. Incluso siguió observando un punto en la nada cuando el pequeño ya no estaba allí.

Cuando veía a Shikadai no podía evitar sentir tantas cosas. Por un lado, se sentía irremediablemente feliz de tener un sobrino; el niño, cuando visitaba Suna, llenaba no solo el edificio de luz y de gritos de alegría mientras jugaba, sino también su soledad. En aquel entonces, Temari se había mudado a Konoha con su esposo y él no podía evitar sentirse solo. Y, por otro lado, el niño lo hacía recordar a otro ser que no conocía y que rondaba su edad… otro niño que no había visto nunca, pero del que sabía tantas cosas por medio de Temari…

Pensaba en su propio hijo, el que nunca había visto.

Wasurete shimaeba iiyo, kanjinakunacchaeba ii (resguardé mi corazón herido, pronto comenzará a sanar)
Surimuita kokoro no futa shitanda (no te preocupes por lastimarme, ya no hay más dolor)

Y al recordarlo nuevamente sentía aquella herida en el pecho escarbándole como una pala que se hunde en la endurecida tierra para plantar una semilla, solo que en él no había nada que plantar. Su tierra era tan infértil que nada crecería allí. Observó nuevamente el horizonte donde sabía que se encontraba Konoha al otro lado. No había vuelto a pisar la aldea después de lo ocurrido. Ella tampoco había vuelto. Habían firmado un pacto en silencio, habían perdido todo contacto por propio consenso. Ella jamás le prohibió ir, pero él nunca tuvo las agallas para hacerlo ¿Con qué cara volvería? ¿Qué diría? ¿Y qué si volvía a lastimarlos?

Kizutsuitatte heiki dayo mou itami wa nai kare ne (aunque me hagas sentir dolor, yo nunca te dejaré)
Sono ashi wo hikizuri nagara mo (aunque me rompieras el corazón en el intento)

Cuántas lágrimas amargas había derramado por él, por ella, por la familia que no tenía. Por todos los momentos que se había perdido: el embarazo de su amada, el nacimiento de su pequeño, el verlo dar sus primeros pasos, el estar junto a él durante sus cumpleaños, el verlo entrar por primera vez a la academia… tantas cosas que se había perdido, y tantas otras que se perdería.

Golpeó la madera de su escritorio con rencor. Maldijo también.

Temari en aquel momento abrió la puerta y lo observó en silencio. Sabía que su hermano volvía a pasar por uno de esos momentos y entornó la mirada con tristeza: lo lamentaba tanto por él, tantas veces lo había intentado convencer para que volviera a Konoha a recuperar lo que era suyo. Pero el temperamento de Gaara era más fuerte y su deseo de no volver a herirlos era más fuerte aún.

Miushinatta, jibun jishin ga (Este dolor que siento, no puedo contenerlo)
Oto wo tatete kuzureteitta (si sigo así, explotaré de rabia)
Kizukeba, kaze no oto dake ga (y ya no deseo dañarte más)

El pelirrojo alzó la mirada hacia ella, luego recuperó la compostura y carraspeó.

-¿Estás lista? -dijo, como si nada hubiera sucedido, como si careciera de sentimientos.

Ella asintió apenas, preocupada aún, pero no se atrevió a decir nada. Ya habían hablado demasiado del tema como para retomarlo.


El viaje no duró tanto como había pensado, tal vez porque las ansias de poner un pie en la aldea eran mínimas y por eso sentía que el tiempo, queriéndole hacer una jugarreta, pasaba más rápido de lo usual.

Cuando sus ojos se posaron en la entrada de la aldea tragó saliva. Sentía sus manos sudar. Miró a Temari y a Shikadai que sonreían ampliamente cuando observaron a Shikamaru esperándolos allí. Sintió una sensación punzante en el pecho al ver correr al niño hacia los brazos abiertos de su padre, cómo Shikamaru lo alzaba y besaba su frente para recibirlo y, cuando Temari ya se encontraba frente a él, la besaba con ternura sobre los labios. Gaara bajó la vista, no podía seguir observando eso. No se sentía envidioso por su hermana, pero le dolía profundamente saber que él podría haber disfrutado de lo mismo que Shikamaru, pero había sido irresponsable e inmaduro, demasiado como para poder merecer una familia propiamente dicha.

Tsutaeni kitayo, kizuato tadotte (vengo a decirte que yo con la cicatriz seguiré)
Sekai ni oshitsubusarete simau mae ni (quiero decirlo antes de que el mundo se derrumbe a mis pies)

-Bienvenido, Gaara—dijo Shikamaru con una pequeña sonrisa.

Él asintió intentando ocultarse bajo el sobrero de Kague.

-¿Aún es temprano, verdad?
-Si, pero me preocupa no haber visto rastros de Naruto en toda la mañana.

-Debe sentirse muy feliz—murmuró Gaara—Uzumaki finalmente va a obtener su tan deseado nombramiento.

Shikamaru asintió con la cabeza, luego señaló con ella hacia el corazón de la aldea.

-Ya están comenzando a congregarse frente al edificio central, así que deberíamos marchar hacia allá.

Todos asintieron menos el Kazekague. Temari lo observó por un instante, sabía que Gaara se encontraba nervioso ¿cómo no estarlo? Antes de marcharse tras su esposo y su hijo, ella posó una mano sobre el hombro de su hermano y le sonrió.

Oboeteru kana? Namida no Sora wo (Y si te vas de aquí, yo nunca te olvidaré)
Ano itami ga kimi no koto wo mamottekureta (son las lágrimas de dolor las que solo me quedan)

-Yo estoy aquí para apoyarte—anunció la kunoiichi.

-Creo que preferiría estar solo un momento—murmuró él—los alcanzaré luego.

Ya no se sentía capaz de pasar un segundo más junto a la feliz familia. Se sentía un cero a la izquierda, un cero alejado y gris junto a ellos.

Temari asintió y luego de suspirar se marchó.

Sono itami ga itsumo kimi wo mamotterunda (ya pasada la tormenta aún seguirán cayendo)
Can you hear me (¿Puedes oírme?)
So am I (yo también)

Gaara comenzó a caminar también, solo que se desvió por entre las calles de Konoha sin seguir un rumbo en particular, solo iba a donde sus pies lo guiaban. Por supuesto que contaba con la suerte de que la mayoría de los puestos estaban cerrados y las calles se encontraban desoladas; todos estaban reunidos esperando por el nombramiento de Naruto como el nuevo Hokague. Por lo que podía caminar sin cuidado de encontrarse con ningún rostro conocido que lo saludara o lo incomodara. Mucho menos en aquel momento en el que su estado de ánimo no era el mejor.

Qué ironía, estaba de regreso en aquella bendita aldea, después de tantos años de no poner un pie allí, volvía a caminar solo por aquel lugar como la última vez, solo que, en aquel momento, no venía en busca de una esposa, sino para cumplir con su deber como Kague y amigo, y lo que menos deseaba era cruzarse con esa misma persona que buscaba aquel día de lluvia.

Kizutsukanai tsuyosa yori mo, Kizutsukanai yasashisa wo (ya no hay nada que pueda dañarme puesto que sellé mi corazón)
Sono koe wa dokoka kanashisoude (pero a veces oigo dentro mi voz que grita)

Su suerte no fue tanta, puesta que se cruzó con un grupo de niños que corrían hacia su dirección pero que parecieron hacerle caso omiso a su presencia. Reían y se empujaban entre ellos como si acabaran de cometer una travesura. Los observó por sobre su hombro cuando ya lo habían pasado: no parecían tener más de seis años, la edad de Shikadai. Volvió la vista al frente y observó a otro niño que iba mucho mas atrás que los otros, solo que este andaba con la cabeza gacha.

Siguió caminando hacia el niño que parecía estar llorando puesto que cuando se acercó lo suficiente pudo oír sus sollozos, puesto que su rostro estaba ensombrecido y oculto bajo una mata de cabello despeinado de color sangre.

Su corazón se detuvo de súbito, también sus pies.

Kakechigaeta botan mitai ni, kokoro karada hanareteitta (tan fácil como presionar un botón muy distanciado nuestro destino quedó)
Mou ichido, kokoro wo tsukande (y ya no se hacia dónde huir)

Volvió a girarse y a clavar los ojos en el niño. Tendría la misma edad que los demás.

La misma edad que Shikadai.

La misma edad que…

Separó los labios para hablarle, para llamarlo, decir algo. Pero no salió sonido de ellos, su garganta se había hecho un nudo y sentía que se estaba ahogando. Alzó un poco la mano como para detenerlo sujetándolo por el hombro, pero sus dedos estaban congelados.

El niño se percató de la presencia de aquel hombre que lo miraba y se detuvo también, se giró un poco: unos ojos perlados rodeados de unas gruesas ojeras negros lo traspasaron como una lanza.

Su mundo se derrumbó por completo.

Era él.

Ese era su hijo.

Tsutaeni kitayo, kizuato tadotte (vengo a decirte que yo con la cicatriz seguiré)

Era una viva imagen de él a su edad: el mismo cabello, los mismos rasgos, las mismas ojeras negras, incluso esa mirada de un pequeño niño confundido que se encuentra sumido en la pena y la desesperación. Eso era lo que los ojos de su hijo le estaban trasmitiendo en aquel momento. Lo único diferente a él era que no poseía ningún kanji en la frente, aunque por más que lo tuviera estaría oculto bajo las vendas que rodeaban su cabeza, y aquellos bellos ojos que lo volvían irreconociblemente del clan Hyuuga.

Sekai ni oshitsubusarete simau mae ni (quiero decirlo antes de que el mundo se derrumbe a mis pies)

-¿Qué quiere?

La voz del niño estaba cargada de resentimiento. Sus ojos brillaban de lágrimas que apenas podía seguir conteniendo.

Gaara parpadeó atónito y dio un paso hacia él.

-¿Qu-qué te sudece?—dijo el hombre cuando finalmente pudo articular algo coherente.

-No es de su incumbencia—respondió con sequedad y desvió la mirada.

-Si, si es de mi incumbencia.

-¿Por qué?

No se dignó a responder. No podia.

El niño frunció el ceño.

-Váyase, no puede ayudarme.

-Si puedo—se apresuró a responder el Kague y se arrodilló a su lado para estar a su altura—por favor, confía en mí, yo podría ayudarte.

Oboeteru kana? Namida no Sora wo (Y si te vas de aquí, yo nunca te olvidaré)
Ano itami ga kimi no koto wo mamottekureta (son las lágrimas de dolor las que solo me quedan)

Sus palabras parecieron convencerlo un poco, puesto que la mirada del niño se suavizó y se refregó sus ojos con el dorso de la mano antes de hablar:

-Es… es que… es todo tan injusto…

-¿Qué es injusto?—preguntó Gaara sintiendo casi el mismo dolor que el niño.

-Todo—repitió él—no soy como los demás.

-¿En qué sentido?

-No… no tengo una familia cómo l-los demás—murmuró apenas, casi de forma inaudible—y… y la poca familia que t-tengo nos odia.

-¿Los odia?

-S-sí, a-a mamá y a mí—el niño comenzó a hipar.

Sono itami ga itsumo kimi wo mamotterunda (ya pasada la tormenta aún seguirán cayendo)

Gaara entornó la mirada y observó los vendajes que el niño tenía en la frente.

En aquel momento lo comprendió.

-¿Te han convertido en un miembro de la familia secundaria?

Can you hear me (¿puedes oírme?)

El pequeño asintió y llevó ambos puños a sus ojos y comenzó a llorar amargamente.

Gaara quería hacer lo mismo, el dolor de su hijo lo sentía propio, tal vez tanto o más. Se mordió el labio y alzó la vista al cielo para contener las lágrimas rebeldes que asomaban a sus ojos. Era obvio que eso sucedería, pero albergaba esperanzas de que HIashi no hiciera eso, que no fuera capaz de condenar a su hija y a su nieto a convertirse en miembros de la familia secundaria, a que tuvieran que servirle eternamente a la primaria y renunciar incluso a sus propias aspiraciones, todo por el simple hecho de… que él, Gaara, hubiera entrado en la vida de su hija.

Can you hear me (¿puedes oírme?)

-M-Mi abuelo nos odia—lloró el niño—él… él me dijo que fui un error, q-qué nunca d-debí haber existido.

Can you hear me (¿puedes oírme?)

-NO—respondió él tajante y posó ambas manos en las mejillas del niño que había bajado la cabeza y lo observó con aquellos ojos blancos llenos de dolor. Su sangre comenzó a hervir dentro de su cuerpo hasta que sintió un arrebato por correr hacia la mansión Hyuga y gritarle a Hiashi—. No es así, tú no eres un error.

-¿E-entonces p-por qué mi papá nos abandonó?

Can you hear me (¿puedes oírme?)

El agarre del hombre se alivianó hasta que sus manos cayeron a los lados del niño, de repente la rabia que sentía se disipó y sintió un vacío interior.

Tragó saliva y negó con la cabeza. Se había vuelto a quedar sin palabras, no podía expresarle cuánto lo sentía, cuan culpable era de todo aquel dolor que su hijo estaba sintiendo: de que los hubieran maltratado y lanzado a la rama secundaria… Y de que su hijo creyera que los había abandonado solo por no haber sido deseado.

-Tu… tu padre no te abandonó—murmuró.

Can you hear me (¿puedes oírme?)

-Sí, sí lo hizo—respondió el niño poniéndose rojo de rabia—nos abandonó p-porque me odia ¿cómo puede saberlo? Ni siquiera lo conoce, ni siquiera sabe quién es, nadie quiere decirme quien es, es como si nunca hubiera existido ¡Y todos se burlan de mi por eso, p-porque saben lo mucho que los envidio por tener u-un padre con ellos!

El tono de voz del pequeño había comenzado a elevarse cada vez más y más, temblaba de rabia, tanta, que lentamente la arena que se encontraba dispersa alrededor del camino comenzó a arremolinarse a su alrededor formando una espiral danzante como una serpiente que espera una orden lista para atacar. Gaara no pudo evitar sonreír apenas, no podía negar que sentía un orgullo inmenso en aquel momento, incluso cuando su hijo se separó de él e intentó atacarlo con aquel hilo de arena como una lanza, sin éxito, puesto que la propia arena del Kazekague la detuvo en el aire. Ambos jutsus cayeron al suelo ya disueltos. La arena de padre e hijo se mezcló en una sola.

Can you hear me (¿puedes oírme?)

El niño lo observó atónito y retrocedió un par de pasos, tropezó con sus propios pies y cayó al suelo todavía observándolo sin poder creer lo que sus ojos veían.
-¿C-cómo…?-tartamudeó, luego apretó los labios como comprendiéndolo. Palideció de golpe.

-Yo soy tu padre—admitió Gaara con una sonrisa amarga.

Can you hear me (¿puedes oírme?)
So am I (yo también)

El hombre le extendió una mano para ayudarlo a levantarse. Su pequeño yo de ojos perlados pareció dudarlo un momento, luego estiró su pequeña mano temblorosa y sujetó la suya. Gaara tiró de ella con suavidad con lo que reincorporó al niño y lo rodeó con sus brazos hasta traerlo contra su pecho.

Su hijo comenzó a llorar en su hombro. Su llanto le rompía el corazón cada vez más, por lo que lo abrazó con más fuerza y hundió la nariz entre los cabellos rojo sangre del niño que poseían un aroma tan familiar. Olían a su madre, a Hinata.

-Lo hice para protegerlos, a ambos, no quería que sufrieran… pero… pero de todas formas puedo ver que la han pasado muy mal—admitió su padre con un nudo en la garganta—pero aquí estoy, aquí me tienes... no te odio en lo más mínimo, ni a ti ni a tu madre.

El niño lo rodeó con sus brazos y asintió, todavía hipando.

Gaara se puso de pie todavía con su pequeño en brazos, no pesaba nada, tal vez pesaba aún menos que Shikadai. Pero la sensación de tenerlo entre sus brazos era muchísimo más fuerte que cuando sostenía a su sobrino: el lazo era más fuerte, el ser era uno solo. Lo acercó más y besó la mejilla mojada del niño y este le devolvió una sonrisa triste.

-¡Saharu!

Mitsukekita, ano nakigoe wa machi gainaku sou, jibun no data (por fín aquí está, la acabo de encontrar, la duda terminó, era tu hermosa voz)
Subete wa kono toki no tame ni (Y aún no entiendo como todo terminó así)

Padre e hijo se voltearon para observar a la persona que había llamado al niño. Era una mujer de unos veinticinco años, bien proporcionada y femenina, su cabello entre negro y azulado terminaba a la altura de los hombros, sus ojos, del mismo color que los del niño, viajaban de su hijo al hombre que lo tenía en brazos una y otra vez, sus labios rozados se entreabrieron por la sorpresa. Era su madre.

-H-Hola, Hinata.

Eso fue todo lo que el Kazekague pudo decir ante aquella situación, lo primero que se le había cruzado por la cabeza. Un estúpido saludo casual, como si nada, como si se acabaran de ver hacía un par de días.

Hinata no cabía en su asombro, había palidecido al punto de que parecía un fantasma andante. Estaba a punto de desfallecer, de eso no había duda, pero intentó mantener la compostura. Tragó saliva con dificultad y frunció un poco el ceño.

-H-hola, Gaara.

Kitto hajime kara, wakattetanda (Seguro tu ya sabrás que no volverá a pasar,)

-¡Mami, mami! ¿Es verdad? ¡Él es mi papá! ¿Verdad? -Saharu sonrió con emoción, todavía en brazos de Gaara, sus mejillas se habían sonrosado y sus ojos perlados habían dejado de brillar de amargura.

Hinata observó a su hijo con sorpresa, nunca había visto al niño con esa expresión, irradiando tanta emoción y sonriendo tan ampliamente como en aquel momento. Apretó los labios con emoción y, luego de cruzar la mirada con los esperanzados ojos del Kazekague, asintió levemente.

Mou ni do to jibun dake wa hanasanaide (que nunca te volveré a dejar)

El niño sonrió aún más, Gaara le devolvió la sonrisa y luego dio un par de pasos hacia Hinata que no se atrevía a mirarlo nuevamente a los ojos. Gaara estiró su mano y sujetó la de la mujer con suavidad, ella se ruborizó al instante, aún sin mirarlo. Se le había puesto la piel de gallina bajo la ropa, había soñado con aquella otra piel tocándola por tanto tiempo, jamás se imaginó que volvería a suceder.

-¿Cuántos años… te he esperado? -murmuró ella cerrando los ojos, sintiendo por primera vez en mucho tiempo, una paz inquebrantable.

-Pensé que… no querías volver a verme jamás.

Kizuite kureta, kimi he no aizu (ahora te das cuenta, todo esto era por ti)

-Todo ha sido mucho peor desde que regresé—dijo con amargura—fue un error volver, no lo digo por mí, Saharu es quien la ha pasado peor, pero… -abrió sus ojos y observó a su hijo que le devolvió la mirada con atención—es la primera vez que lo veo tan… tan feliz.

Le sonrió a su pequeño y le acarició la despeinada cabellera color sangre. Gaara observó que debajo del flequillo de Hinata se ocultaba una marca verdosa. Entornó la mirada y se acercó más a ella, a una distancia un tanto íntima, lo que la incomodó bastante, pero ella no se alejó, sino que lo miró a los ojos con cierto nerviosismo.

Ano itami ga kimi no koto wo mamottekureta (son las lágrimas de dolor las que solo me quedan)

-Lamento no haber sido el mejor candidato para… esposo o para padre—se disculpó y observó a su hijo que le sujetaba la túnica blanca como queriendo aferrarse a lo que por tanto tiempo había deseado tener esperando que así no se fuera nunca—pero creo que ninguno de nosotros se merece seguir estando separados cuando necesitamos estar más juntos que nunca.

Hinata asintió demostrando que estaba de acuerdo y se ruborizó otra vez.

-Significa eso que y-ya no te irás ¿verdad?-preguntó Saharu esperanzado.

-Si, me iré, soy el Kazekague de Suna y no puedo permanecer lejos de mi aldea—respondió con una sonrisa ante los ojos como platos de su hijo—. Pero ustedes vendrán conmigo.

Lentamente se empezó a formar otra sonrisa en el pequeño Gaara y volvió a abrazarlo con emoción. Era un niño con mucho potencial y mucho amor para dar, igual a su madre, tan igual a ella.

Tsutaeni kitayo, kizuato tadotte (vengo a decirte que yo con la cicatriz seguiré)
Sore nara mou osoreru mono wa naindatto (ya todo pasó, no hay nada de lo que temer)


Naruto saludaba con nerviosismo sobre el mirador del gran edificio una vez que se lo había sido nombrado Hokague de Konoha, era tanto su nerviosismo que incluso levantó ciertas sospechas entre los presentes, a excepción de la recién reunida familia que observaba desde lo más alejado de la tribuna puesto que recién habían llegado. El pequeño Saharu jugaba con su propia arena un poco alejado de sus padres mientras ellos poco a poco se iban acercando en lo que intentaba conformarse como el reinicio de su relación. Gaara rodeó la cintura de Hinata con delicadeza, como si se tratara de fina porcelana que temía romper, y la acercó a su cuerpo un poco más, ella exhaló una risita nerviosa y lo imitó.

-Sabes… Jamás te he dejado de amar a pesar… de todo lo que sucedió—murmuró la joven.

-Tampoco yo—respondió el Kazekague con una pequeña sonrisa y terminó de acortar la distancia entre ellos plantando un corto pero firme beso en sus labios.

-Ha sido tan duro verlos a todos conformar una familia—dijo ella una vez que se separaron, acariciando la mejilla de Gaara con la punta de sus dedos como si le costara comprender que él se encontraba ahí y que no se trataba de otro sueño de los tantos que había tenido desde que ella se había marchado de Suna—todos ellos me han ofrecido su apoyo incondicional, pero de todos, al que más necesitaba era a ti, y Saharu necesitaba a su padre más que a nadie.

Wasurenaidene, Egao no Wake wo (espero que sepas que me gustaría ser feliz tu lado)

-Temía que no fuera así, me alegra tanto de haber vuelto por ustedes, mis días también han sido un calvario desde que te marchaste, pero… pero no deseaba regresar y saber que corrían el riesgo de volver a ser lastimados por mis errores, no lo soportaría…

Hinata sonrió, luego posó el dedo índice sobre los labios del Kazekague para calmar sus inseguridades y se fundió con él nuevamente en un cálido abrazo.

Ano itami ga kimi no koto wo mamottekureta (son las lágrimas de dolor las que ahora quedan)

Una vez saldada la acalorada discusión con Hiashi, la familia se encaminó hacia la salida de Konoha. Tanto el Kazekague como el nuevo Hokague habían hecho entrar a razón al viejo cabecilla del clan para que redimiera a Hinata y a Saharu del sello maldito que les había grabado en la frente. Ahora el hijo del Kazekague correteaba felizmente con su frente limpia al descubierto y sacándole la lengua a los niños que lo habían molestado ese día por ser un perdedor. Naruto con su pequeño hijo Boruto a su lado, marchaban junto a Sakura, Gaara y Hinata hacia la salida.

-De verdad te lo agradezco, Naruto, fuiste de mucha ayuda para convencer a Hiashi—dijo Gaara con una pequeña sonrisa.

-Sí, ese viejo es más duro que una piedra—comentó poniendo los ojos en blanco, su rebelde hijo le hizo burla. Sakura lo reprendió.

Ano itami ga kimi no koto wo mamottekureta (son las lágrimas de dolor las que ahora quedan)

Hinata sonrió apenas y dirigió la vista al frente, allí estaban todos los que amaba, su equipo: Kiba y Shino y Kurenai. Los abrazó uno a uno con emoción mientras ellos le brindaban palabras de aliento. No podía creer que al fin, y de una vez por todas, ya todo terminaba. Temari también abrazó a su hermano entre lágrimas y lo felicitó por finalmente haber conseguido su tan merecida felicidad después de tanto tiempo.

Llegaron a los límites de la aldea donde a lo lejos comenzaba a verse el desierto de Suna y la pareja se giró para despedir a la aldea. Saharu también los despidió con la mano cuando Gaara lo alzó en brazos.

Sono itami ga itsumo kimi wo mamotterunda (ya pasada la tormenta aún seguirán cayendo)

Ya estaba, solo quedaba regresar a su futuro hogar, el hogar que compartirían como una familia. La noche de sus vidas, en la que la luna había brillado tan resplandeciente sobre sus cabezas por años, llegaba a su fin y podían ver el sol asomándose a lo lejos en el horizonte de la vida, a donde se dirigían en aquel entonces, hacia el amanecer, juntos, puesto que ya la soledad no volvería a acecharlos, a ninguno de los tres.

Can you hear me (¿Puedes oírme?)
Can you hear me (¿Puedes oírme?)
Can you hear me (¿Puedes oírme?)
So am I (Yo también)

El FIN


¡Al fin! Aquí les presento el desenlace de esta historia que por tantos años dejé en el aire y que finalmente tomó forma. Espero que a todos los que la siguieron por años, y a los que se acaban de sumar, les haya gustado este final feliz. Este final lo tenía planeado hace años cuando me encontraba a punto de terminar la historia, y aún sigo insistiendo en que no soy partidaria de los finales tristes (aunque una que otra escena dramática no lastima a nadie). Hubo mucho sufrimiento en el medio, pero no hay mal que dure cien años y mucho menos para este dúo que después de tanto dolor se merecía ser feliz.

Con respecto al nombre de su hijo, Sa significa "arena" (por Gaara) y Haru significa "luz" o "sol", (lo mismo que significa el nombre de Hinata).

Una vez más quiero agradecer profundamente a Poison girl 29, MitcheLove, SakurA-VioletA, Bailarina de fuego, mirimih y Valerie Hyuga Senju por sus reviews que me han alentado tanto al retomar la historia. Me encantaría saber qué piensan del final, sobre todo los que nunca han comentado nada, un escritor siembre desea saber lo que piensas sus lectores al respecto, es una forma de paga por todo el esfuerzo puesto en el fic, y este fic me ha llevado bastante tiempo (en total 46 capítulos, conociéndome es una barbaridad jaja).

¡Hasta pronto a todos! No sé si escribiré otra historia o no, eso lo sabrá el tiempo. Fue un placer compartir todos estos años juntos.

Hasta siempre desde Argentina.

Aiko Hitomi