Bueno, lo prometido es deuda... Después de tantísimo tiempo entenderé perfectamente que se os hayan quitado las ganas de dejarme un riviú :( soy una desastre, soy mala persona y me fustigaré a mí misma durante 10 días y 10 noches si vuelvo a dejaros sin nada durante tanto tiempo, pero ya sabéis que a veces la vida se interpone... En fin, tengo toda la intención de terminar esta historia, no le quedan demasiados capítulos y más o menos tengo la idea hecha :)

Espero que os guste y que hayáis tenido unas buenas Navidades, os deseo un feliz año nuevo! Aquí os dejo mi regalo adelantado de Reyes...


Disclaimer: Esto es inútil... Pero no, nada es mío, ni siquiera por Navidad...


CAPÍTULO 19

Deja que el amor te lleve, el amor es Navidad. Sara Bareilles

Estaba clarísimo que cuando eras feliz, el tiempo pasaba muy, muy deprisa. Tan deprisa llegaron para Katie las vacaciones de Navidad que casi ni se había dado cuenta de que tenía que hacer sus maletas para marcharse.

En el cuarto que compartía con Leanne todo era ropa tirada por el suelo, maletas abiertas y chicas intentando organizarse. Por suerte o por desgracia, Katie había coincidido con cuatro personas igual de desordenadas que ella.

Cuando tocaron a la puerta, supuso que serían Alicia y Angelina que venían a buscarlas para la salida a Hogsmeade.

—Mierda —murmuró —, ¿ya es la hora? —dijo más para sí misma que para nadie que pudiese escucharla.

Leanne apareció del baño perfectamente arreglada, de punta en blanco. Katie la miró asombrada y con los ojos como platos.

—¡Ahora vamos! —gritó a sus amigas —¡Oh, venga ya! ¿Cómo puedes estar preparada a la hora? ¡Tú nunca estás preparada a la hora! ¿Y la maleta? —preguntó entre irritada y sorprendida, ya que ella apenas había podido vestirse y arreglarse un poco.

Su amiga se encogió de hombros —Ya la haré mañana —respondió despreocupadamente.

Katie puso los ojos en blanco —Seguro que me toca ayudarte.

—Es una posibilidad, sí —dijo Leanne en el mismo tono.

La cazadora hizo un mohín y Leanne respondió dándole una palmada amistosa en el trasero y arrastrándola hacia la puerta después de coger su bolso.

—¡Au! —protestó Katie. Leanne le dio su bolso y la chica se lo puso en el hombro.

—Ya creíamos que no saldríais nunca —dijo Angelina, divertida ante la escena que se le presentaba.

—Katie estaba muy ocupada sermoneándome —explicó Leanne, que se llevó un golpe en el brazo por parte de la aludida —. ¡Au! —dijo esta vez Leanne.

—¿Podemos bajar, por favor? Gracias —Katie tomó la iniciativa y comenzó a bajar las escaleras hacia la Sala Común.

Entre risas y algún que otro comentario, consiguieron llegar hasta la Sala Común, donde les esperaba el resto del grupo para coger el tren que les llevaría hasta Hogsmeade en la última visita del año.

Las compras de los regalos navideños, de dulces y de artículos de broma ocuparon a la mayoría de la pandilla, así que, después de dar una vuelta por el pueblo que estaba precioso por Navidad, Oliver y Katie tuvieron la idea de irse a tomar algo a Las Tres Escobas, donde podrían estar un rato solos, una especie de "cita" fuera de Hogwarts.

—¿Qué quieres tomar? —preguntó Oliver, dispuesto a ir a la barra.

—Pues… Una cerveza de mantequilla —respondió ella, feliz de poder pasar un rato a solas con su novio.

—Bien, que sean dos.

—¡Eh! Espera, toma… —comenzó a decir Katie, sacando la cartera del bolso.

—De eso nada —le cortó Oliver —, ¿esto es una cita o no es una cita?

Katie levantó las manos —Es una cita, es una cita.

—Pues entonces pago yo —le dijo él, guiñándole un ojo.

Ella puso una falsa cara de impresionada, pero no le dio tiempo a hacer mucho más, ya que por la puerta llegaba una manada peor que Atila y su ejército de hunos: sus compañeros del equipo, que llegaban junto a Leanne.

—¿Pagas tú, Wood? ¡Qué amable! —dijo Fred Weasley —¿Qué queréis chicos? Yo una cerveza de mantequilla, ¿vosotros? —el grupo recibió la noticia con algarabía y alegría, y enseguida se pusieron a vociferar lo que quería cada uno.

Katie miró a Oliver con una mueca de resignación y él respondió poniendo los ojos en blanco pero aceptando lo inevitable: que le tocaba pagar 7 cervezas de mantequilla, unas cuantas raciones de patatas asadas y le habían fastidiado la tarde con su novia. Angelina, Alicia y Leanne miraron a Katie, claramente más apuradas que los Weasley.

—En reali… —intentó Oliver, sin éxito.

—Haznos sitio Katie —dijo George, empezando a empujarla para que se apartara.

A trompicones, la pobre Katie se hizo paso hasta la esquina de la mesa, donde, bastante apretujada, intentó mantener la compostura y respiró hondo. Por lo menos los gemelos tuvieron el detalle de ayudar a Oliver a traer todas las cervezas desde la barra, y le dejaron sentarse frente a Katie, y junto a la ventana.

—Chicos, podemos ir a otra mesa, ¿verdad? No queremos molestar —sugirió Angelina, cohibida.

—¿Molestar? ¡Molestar! ¿Por qué íbamos a molestar? ¡Cuantos más mejor! ¿Verdad, capi? —dijo Fred, dándole un codazo "juguetón" a Oliver en las costillas.

El guardián, con su mejor sonrisa falsa, no dijo nada y tomó un trago de su cerveza sin rechistar.

Katie se rió, al verle como un niño con una rabieta porque le habían quitado su juguete.

—¿Qué os contáis? ¿eh? Está bonito el pueblo, ¿verdad? Todo nevado, es muy romántico —comentó George Weasley, con tono de cachondeo, mirando a Angelina Johnson, que puso una mueca de asco.

—Hablando de romántico… —murmuró Katie, para que Oliver le oyera y riera con ella, lo cual no consiguió.

—¿Habéis comprado mucho? —preguntó Leanne.

—¡Oh, sí! —respondió Fred —, tenemos suficiente material para hacerle pasar a Percy una Navidad inolvidable.

Desde la mesa pudieron ver a varios profesores entrar al lugar y acercarse a hablar con Madame Rosmerta, que los atendió encantada. Katie veía cómo su novio se iba poniendo cada vez más rojo por momentos.

—Habríamos tenido más intimidad en el Gran Comedor —susurró Oliver, más bien lo gruñó, haciendo reír a Katie.

—¡Eh! ¿Habéis oído lo que le pasó a Seamus Finnigan el otro día? Dicen que se atragantó con una uva, se la tragó entera y le salió por la nariz. ¡Qué pena no haberlo visto! —explicó George Weasley, fascinado.

—¿Podemos no hablar de cosas escatológicas y desagradables? Gracias —protestó Alicia.

—¿Qué tiene eso de desagradable? Es pura naturaleza humana en funcionamiento para posibilitar la supervivencia y… —decía Fred.

—Aún así —dijo Leanne —, seguro que hay cosas más interesantes sobre las que hablar, ¡por ejemplo! ¿Quién va a dejarme copiar el trabajo de pociones que hay que entregar a la vuelta de vacaciones? —preguntó como si estuviese diciendo lo más interesante del mundo.

Katie frunció el ceño —A mí no me mires, todavía no lo he terminado.

Su amiga abrió los ojos por la sorpresa —¿Quién eres tú y qué has hecho con mi mejor amiga?

—Estaba demasiado ocupada ayer por la tarde recogiendo los trozos de revista rotos que ALGUIEN ha dejado tirados por toda la habitación —respondió Katie mirándola con reproche.

—¡Es que Jenny Hoobert ha dejado a Frank Mason de los Hipogrifos Desbocados! ¡Después de que la ayudase a superar su adicción a los escarabajos caramelizados! ¡Menuda buscona! —protestó Leanne genuinamente airada —, fue una reacción visceral, ¡no pude evitarlo!

—¿PERO QUÉ DICES? —preguntó Alicia que acaba de enterarse de la noticia.

Katie miró a Oliver, que se mordía el labio mientras miraba a sus compañeros de equipo con odio. La chica no pudo evitar sonreír al verse reflejada a sí misma hace no demasiado tiempo, cuando intentaba acaparar la atención de Oliver para ella sola y era incapaz, así que decidió darle un poco de su propia medicina.

—¡Eh! ¿Y cómo es que estabas recogiendo papeles ayer por la tarde? ¡Te tocaba limpiar el vestuario! —protestó Fred Weasley con la boca llena de las patatas asadas que habían traído de la barra.

La chica le sonrió con sorna —Lo he hecho esta mañana, ¡relájate!

—Eso sólo te lo permite el capitán porque estás saliendo con él —dijo George, en plena pelea por la última patata de la mesa.

—¿Y? —le respondió Katie —, ¡haz tú lo mismo!

Oliver la miró con asombro —¿Te importaría dejar de sugerir que me besen o salgan conmigo otros hombres? —protestó —, y hablando de salir con el capitán… —decía el chico en un desesperado intento por recuperar la intimidad con su novia.

—¿Te crees que no lo hemos intentado? ¡A ver si te piensas que nuestras camisetas de tirantes son para hacer feliz al calamar gigante! —interrumpió Fred.

—¡Oh! Eso explica muchas cosas —añadió Angelina.

—Sí, como el día en que aparecisteis vestidos con falda escocesa… Fue un entrenamiento interesante, eso hay que decirlo —dijo Katie, que fingió entusiasmo para irritar a Oliver un poquito más.

George asintió con la cabeza —Todo intentos para librarnos de las tonterías que a este mangarrán le daba por mandarnos, ¡Pero no funcionaron! Claro que nunca intentamos salir con Cedric Diggory… —dijo mirando a su gemelo —, ¡Cómo no se nos ocurrió probar eso!

—Nuestras mentes eran demasiado inocentes, hermano —respondió Fred Weasley en tono dramático.

—¡Inocentes! —dijo Alicia —, ¡Todavía recuerdo cuando cogisteis la dentadura de Filch y la dejasteis fuera de su alcance por tan poco! Esperasteis durante horas mientras veíais cómo el pobre diablo intentaba cogerla a saltos…

—Eso fue por el bien común —le dijo George —, ¡quería poner una norma para obligarnos a limpiarnos los zapatos de barro al volver de entrenar!

Katie miraba a Oliver de reojo y apenas podía contener la risa al verle rojo como un tomate —¡Qué ultraje! ¿Cómo se atreve? —dijo, echando un poco más de leña al fuego.

—¡Quién sabe! —respondió George, apasionado en su sermón sobre el conserje —. Yo cada vez estoy más convencido de que uno de sus antepasados no demasiado remotos fue un troll de las cavernas.

—¿Sois conscientes de que se suponía que esto era una cita? —estalló al final el capitán, furioso —. ¿Queréis dejar de hablar de tonterías sobre trolls y uvas y dejarme un poquito de intimidad con MI novia?

La mesa se quedó en silencio observando al capitán, pero sin demasiadas caras de sorpresa salvo las de las chicas.

Fred Weasley se sacó entonces 20 knuts y se los dio a su hermano —Tenías tú razón, ¡10 minutos ha aguantado el condenado!

—¡Te lo dije! Es demasiado educado —respondió George guardándose el dinero en el bolsillo de su chaqueta mientras Wood los miraba con los ojos como platos —, ya nos vamos, ¡ya nos vamos! Bastante has soportado ya —le dijo a Oliver entre risas —, ¡que paséis una buena tarde, pareja!

El resto del equipo se levantó para marcharse y dejarles solos. Angelina se giró hacia ellos con cara de lástima —Os juro que no tenía ni idea… —empezó a disculparse.

—Solo… vete —le recomendó Katie con dulzura, tras ver que Oliver seguía medio catatónico.

La chica asintió y se marchó con el resto de sus compañeros, dejándolos en paz por fin.

—¿Pero qué…? —fue capaz de articular Oliver, todavía atónito por la sorpresa.

—¿Qué esperabas? ¡Son los Weasley! —le dijo su novia entre risas —, y no es nada comparado con cómo me lo hacías pasar a mi cuando pensabas que era una escoba con tetas…

Oliver la miró con el mismo gesto horrorizado —¡Yo nunca pensé que eras una escoba con tetas! —le dijo alterado.

—¡Ya lo sé! —le contestó ella riéndose todavía más fuerte —, ¿quieres bajar la voz? Anda, vámonos a dar un paseo y comprar unos adornos que me ha pedido mi madre —dijo Katie levantándose para marcharse.

—¡Pero esto no puede quedar así! 80 flexiones antes de cada entrenamiento, ¡por Merlín! —le respondió Oliver, poniéndose su abrigo y avanzando hacia la puerta.

—Sí, sí… Sigue caminando —dijo Katie sin prestar demasiada atención ya que, conociendo a los Weasley, encontrarían la manera de escaquearse sin demasiados problemas.


—Estaremos en contacto, ¿verdad? —le preguntó Oliver en la estación de King's Cross de Londres justo al bajarse del Expreso de Hogwarts.

—¡Claro que sí! Es Nueva York, no el Sahara, hay vida inteligente y hasta un poco de cultura si sabes dónde encontrarla —le respondió Katie guiñándole el ojo.

Oliver volvió a abrazarla y tomó su cara entre sus manos —Te voy a echar de menos —le dijo antes de besarla con dulzura y colocar su frente contra la de ella.

—Y yo a ti —respondió Katie disfrutando enormemente de que Oliver estuviese tan apenado por separarse de ella durante las vacaciones. No era que ella no lo estuviese, pero después de tantos años detrás de él, era todo un placer sentir que era él el que estaba detrás de ella de aquella manera tan romántica.

—No se te ocurra enamorarte de un marchante de arte durante mi ausencia —le advirtió Wood, caminando hacia la salida donde les esperarían sus familiares.

—No prometo nada —respondió Katie —, pero dudo que ninguno de ellos tenga ninguna oportunidad, son casi todos mayores de 50 años…

—¡Oh! —dijo él, obviamente aliviado —, mucho mejor, intentaré usar el tele, telef…

—¿Teléfono? —terminó Katie por él, dándose cuenta de que no era capaz siquiera de pronunciar la palabra.

—¡Eso! Vaya nombrecito…

—Oh sí, porque 'Vociferador' es mucho mejor —dijo Katie.

—Por lo menos es más obvio, no puedes negarlo…

—Eso es verdad, cuando tienes razón, tienes razón.


—¡Kate! Coge el teléfono, ¿quieres? —escuchó a su padre decir desde la ducha.

—¡Voy! —respondió con la boca llena, levantándose del sofá del salón —. ¿Diga? —preguntó al descolgar el teléfono inalámbrico. —¡Ah! Hola Frank, ahora está en la ducha. Le diré que te llame luego. ¡Feliz Navidad! Adiós —le dijo a uno de los compañeros de trabajo de su padre en la galería de arte.

Enseguida colocó el teléfono en la base, volvió a taparse con la mantita y pulsó el botón de "play". Los personajes volvieron a la vida, ya faltaba poco para que Darth Vader le dijera a Luke Skywalker que era su padre. Le encantaba aquella parte.

El aroma de las palomitas inundaba el enorme salón, y ella se acurrucó aún más en el sofá, en aquella fría noche del diciembre neoyorquino. Era 22 de Diciembre, lo cual significaba que era su última noche de paz, ya que su ruidosa familia texana llegaría al día siguiente para celebrar las navidades en Nueva York, por el trabajo de su padre.

Ya tenía una parte de la cena preparada. Su abuela traería la mayor parte de las cosas que les harían falta, pero Katie hacía sus pinitos para las cosas que no podían ser transportadas durante las largas horas de viaje. Si tenían que confiar en las habilidades culinarias de su padre para sobrevivir, podían esperarse cualquier nivel de carbonización a la plancha. Sam no tenía término medio, las cosas le salían o crudas o quemadas.

Katie, sin embargo, había heredado la mano para la cocina de su abuela, así que había recibido el encargo de preparar algunas cosillas, incluido el postre, una deliciosa (y enorme) tarta de manzana para su numerosa familia.

Llegaba la parte triste de la película, la Princesa Leia lo estaba pasando mal al ver al pobre Han Solo transformado en carbonita. Sintió unas ligeras ganas de llorar. Quizá no había sido una buena idea ver El Imperio Contraataca, estaba en aquellos días del mes y extra sensible, y echaba terriblemente de menos a sus amigos de Hogwarts, pero sobre todo a Oliver. Le daba pena no pasar sus primeras Navidades como pareja juntos, pero asistir a la fiesta benéfica con temática hawaiana de su madre definitivamente no era una opción.

Le habría encantado llevarse a Oliver a Nueva York pero eso tampoco era una opción… Su familia también tenía derecho a disfrutar de él. Como las lechuzas trasatlánticas tardaban horrores, ya había mandado a su novio su regalo de Navidad con Mithras, una nueva edición de "Quidditch a Través de los Tiempos", que al parecer tenía 4 párrafos más que resultaban interesantísimos y no podía perderse. Llevaba una semana dándoles la vara en Hogwarts con el dichoso librito, lo cual le daba a Katie dos opciones: Regalárselo o matarlo. Como le quería un poquito, matarlo le parecía algo drástico, así que terminó comprándole el libro en su salida de compras junto a su padre, que se quedaba alucinado en cada escaparate cada vez que acompañaba a su hija al Nueva York mágico.

—¿Quién era, cielo? —le dijo su padre, recién salido de la ducha con el pijama puesto.

—Era Frank —respondió con la boca medio llena de palomitas —, quería decirte que mañana vendrá más tarde a trabajar, que le llames —dijo sin quitar los ojos de la televisión.

—¿Ya estás viendo otra vez esa dichosa película? ¡Si te la sabes de memoria! —le dijo sentándose a su lado.

—Lo sé —respondió Katie —, pero me encanta.

—Ya lo veo —dijo su padre.

La película terminó y comenzaron los créditos con aquella música que tanto entusiasmaba a Katie. Miró a su padre y se lo encontró con la mirada clavada en ella.

—¿Qué? —preguntó.

—Nada. Me alegra tenerte en casa —le dijo su padre, arrancándole una sonrisa.

—Y yo de que me tengas —respondió la chica —, aunque eso signifique tener que lidiar mañana con toda tu ruidosa y hambrienta familia —se levantó y sacó la cinta VHS de El Imperio Contraataca del vídeo y metió la de El Retorno del Jedi.

—No me lo recuerdes… —dijo Sam apoyándose contra el sofá —, la última vez tuve que reponer hasta las patas de la mesa en la que comimos, ¿te acuerdas?

—Les he puesto un acolchado —Katie, que había pensado en todo, había ido a la tienda esa misma tarde para prepararlo todo —, ahora, por mucho que a tus hermanos les dé por echar un pulso, la mesa aguantará, te lo aseguro.

—Siempre pensando por delante, ¿eh? —le respondió su padre, acariciándole el pelo con cariño —, qué haría yo sin ti…

—No tendrías muebles enteros, eso para empezar —dijo ella.

—Desde luego que no —Sam la miró pensativo.

Katie alzó una ceja esperando que dijese algo más —Qué…

—Oye Katie, ese novio tuyo… —empezó a decir su padre.

La chica puso los ojos en blanco y lo miró con un deje de desesperación —Ya hemos hablado de esto.

—Ya ya, lo sé, es solo que… —a su padre parecía resultarle difícil componer las frases que quería decirle —, él te quiere, ¿verdad? —le preguntó al final.

Katie se dio cuenta de que esa pregunta le había estado rondando desde hacía días por la manera en que se la había planteado. Eso y porque cada vez que salía a colación el tema de Oliver, siempre le había parecido que su padre se dejaba algo en el tintero.

—Sí —respondió ella —, sí que me quiere.

— ¿Y tú a él? —continuó su padre, mirándola fijamente.

Ella asintió con la cabeza —Muchísimo —confesó con sinceridad —, a veces creo que demasiado —siguió diciendo con una sonrisa de nostalgia.

Su padre le devolvió la sonrisa —Eso es lo que importa entonces —. Me voy ya a la cama, ¿vale? Mañana va a ser un día muy largo —Sam se levantó y bostezó.

—De acuerdo, que duermas bien —respondió ella. Observó cómo su padre se encaminaba hacia su dormitorio y cómo de repente se giraba y volvía a mirarla. Ella le miró con extrañeza.

—Una cosa antes de que se me olvide —le dijo —, dile que tanto yo como mis hermanos somos capaces de acertarle a una vaca en el culo a 80 metros de distancia —y, sin más dilación, se metió en su habitación y cerró la puerta.

Ella se quedó mirando al lugar en el que había estado su padre durante unos segundo más mientras procesaba la información. Se sentó en el sofá todavía en shock por lo que acababa de escuchar. Y entonces, más para sí misma que para nadie más, se dijo:

—Pobres vaquitas…


FELIZ NAVIDAD! Si quieres animarme un poquito, déjame un Review!