Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a chels926, yo solo la traduzco.


BACK ACROSS THE POND

Epílogo

Las flores eran hermosas y la música evocaba un balance perfecto de tristeza y esperanza. La iglesia – la misma en la que Edward y yo nos casamos hace cincuenta y dos años – estaba llena de tantos amigos y familia que no tenía la esperanza de recordar el nombre de todos.

No era extraño que un nombre se me olvidara de vez en cuando, pero sabía que esto tenía el potencial de ser abrumador. Edward siempre había sido el que me había ayudado a recordar las pequeñas cosas.

Ya no tenía su ayuda.

La música, una de las canciones favoritas de Edward, cesó y nuestro hijo Carlisle – llamado así por su abuelo – se puso de pie en el podio.

Carlisle había heredado mi pelo y ojos oscuros pero, igual que su abuelo, poseía un temperamento calmado y compasivo y una afinidad por las ciencias. Nunca había entendido completamente su trabajo pero, trabajando en el campo de la endocrinología molecular, nos habíamos sentido orgullosos, especialmente su padre.

A la edad de cuarenta y ocho años, Carlisle tenía sus propios hijos e incluso un nieto. Vivían en Londres y no era extraño que sus hijos nos invitaran a mí y a Edward a sus cenas de domingo muy a menudo. Sospechaba que ellos se sentían obligados a invitar a sus viejos abuelos, pero siempre disfrutaba de esas noches sin importar su motivación.

"Gracias por uniros a nosotros en este hermoso día de primavera para conmemorar la vida de mi padre, Edward Anthony Cullen." Mi hijo se puso las gafas de leer y desdobló un trozo de papel que tenía en el bolsillo de su traje. "¿Qué títulos podrían usarse para describir a mi padre? Marido devoto. Padre cariñoso. Un abuelo que mimaba a mis hijos con demasiadas golosinas, juguetes y, cuando fueron mayores, dinero. También era un amigo fiel, un hombre de negocios de éxito y, como diría mi cuñado americano, un condenado buen tipo.

"Nos enseñó a mí y a mi hermana muchas cosas, como la importancia del trabajo duro y la fe. Nos enseñó a disfrutar de la vida en los buenos y malos momentos. Más importante, sin embargo, nos enseñó a darle prioridad a la familia sobre todo lo demás. También él disfrutó más cuando su familia estaba cerca. Recuerdo que cuando mi primer hija nació, mi esposa y yo la llevamos a la casa de mis padres de visita y ellos nos echaron inmediatamente, haciendo que nos fuéramos y dejáramos al bebé con ellos. Yo bromeaba con que querían más a sus nietos que a sus propios hijos, y tal vez eso no estuviera muy lejos de la verdad. Todavía recuerdo esas Navidades en que mi hermana traía a su familia y estábamos todos juntos de nuevo. Se podía saber solo por las miradas en las caras de mi madre y mi padre, cuanto disfrutaban al ser parte de ello.

"Aunque mi padre y yo tuvimos muy buena relación en los últimos treinta años, ese no fue siempre el caso. Cuando yo era un niño – y mi madre confirmará de buena gana esto – era horrible. Recuerdo una vez en que mi mejor amigo y yo nos escapamos de la escuela primaria e intentamos colarnos en un barco en el Támesis, viéndonos a nosotros mismos como piratas. Desafortunadamente, lo único que conseguimos fue que mi madre se preocupara y mi padre se enfadara.

"Pero no importa lo enfadado que estuviera, nunca me levantó la voz al hablarme. En su lugar, perfeccionó ese susurrado tono de decepción por mis acciones que inmediatamente me hacía pedir su perdón. Mi arrepentimiento no duraba mucho, por supuesto, ya que seguí metiéndome en líos durante mi adolescencia. Pero, cada vez, él me sentaba y me decía que un día entendería de dónde venía él. Cuando me casé con mi esposa y pensé en comenzar una familia propia, fue cuando lo entendí. Sin el ejemplo de mi padre, no sería el esposo y el padre que soy hoy.

"Mi padre, Edward, se ha ido de este mundo y nosotros tenemos todo el derecho de entristecernos por esa pérdida. Sin embargo, también podemos usar este momento como una oportunidad de regocijarnos en la buena fortuna de haberle tenido tanto tiempo en nuestra vida y por su espíritu, que seguirá viviendo a través de sus hijos y nietos durante los años venideros."

Carlisle volvió a doblar el trozo de papel y lo volvió a meter en su bolsillo. "Os doy las gracias una vez más por uniros hoy a nosotros. Tenemos algo de comida y refrigerios en el pasillo y sois bienvenidos de consumirlos con nosotros."

Bajó del púlpito y el sonido del crujir de los bancos mientras los invitados se levantaban, señaló que la ceremonia había terminado. Fue un servicio conmemorativo corto, pero era lo que Edward habría querido.

Mi hija, Elizabeth, me ayudó a ponerme de pie y frotó mis hombros. Sus ojos estaban rojos, pero supe que estaba intentando esconder sus emociones por mi bien. Ella y su familia habían volado ayer para asistir al servicio. Cuando Elizabeth tenía veintipocos, se mudó a la ciudad de Nueva York para probar suerte como actriz de Broadway. Nunca supe de dónde había sacado el talento – ni su padre ni yo teníamos muy buenos talentos musicales o de actuación – pero ella tuvo éxito. Ella y su marido todavía vivían allí y sus hijos estaban dispersados por Nueva Inglaterra. Todos excepto uno habían podido venir al servicio de hoy.

"¿Cómo te sientes?" preguntó Elizabeth con cautela.

"Estoy bien," le aseguré con un movimiento de mi arrugada mano. Tenía el corazón roto, pero lo superaría. Llevaba preparándome para este día desde que él había sido diagnosticado. Solo hacía unos meses desde que los médicos encontraron el tumor, pero al menos esta no era una pérdida completamente inesperada.

Además, no era como si fuéramos inmortales. Los dos sabíamos que un día pasaría.

Mientras mi hija me ayudaba con mi chaqueta, vi a mi cuñada acercarse a mí desde el otro lado de la iglesia. Su pelo blanco estaba corto y ella balanceaba su peso en su andador, dando pequeños pero firmes pasos.

"Siempre he odiado los funerales," se quejó Alice.

"Es un servicio conmemorativo," corregí.

Ella rodó los ojos. "Lo mismo."

Desafortunadamente, las dos habíamos atendido a una buena cantidad de funerales durante los años. Primero fueron los padres de Edward y Alice en los años treinta – Esme de bronquitis crónica y luego Carlisle varios años más tarde de un derrame cerebral. Mi propia madre y padre no habían durado mucho más después de un diagnóstico de cáncer y un trágico accidente de caza, respectivamente, pero solo Edward, Sophie y yo habíamos ido a esos servicios.

Luego todos luchamos cuando nuestra amiga, Rosalie, perdió su batalla contra el cáncer de pecho cuando solo tenía cuarenta y tres años. Su marido, Emmett, la siguió tres años después en un accidente de coche causado por el excesivo consumo de alcohol que comenzó después de la muerte de ella. Y fue hace solo diez años, cuando mi cuñado, Jasper, sucumbió a una enfermedad coronaria, dejando viuda a Alice.

Ahora yo estaba en sus zapatos.

Me mezclé con algunos miembros de la familia, amigos y viejos colegas durante media hora, hasta que le admití a Elizabeth que me estaba cansando. Me despedí finalmente de Alice, Carlisle y su esposa, y algunos de los nietos, y luego ella y su esposo, Mark, me acompañaron a nuestra casa – bueno, mi casa ahora – dónde ellos se quedaban en una de las habitaciones de invitados.

"Voy al piso de arriba a descansar," les informé cuando entramos en la casa unifamiliar – hogar mío y de Edward durante los pasados treinta años. Mark me agarró del codo para ayudarme a subir, pero yo le alejé. Era más que capaz de subir las escaleras yo sola... simplemente tomaba más tiempo.

"Bueno, ¿puedo llevarte algo?" ofreció Elizabeth. "No has comido mucho en la recepción. Puedo hacerte un poco de sopa."

"Gracias, cariño, pero no tengo hambre."

Mi hija asintió. "Vale. Entonces te veremos para la cena. Mark va a cocinar, ¿verdad cariño?"

Su marido se veía como si esa fuera la primera vez que oía la noticia, pero se recuperó rápidamente. "Cierto. Haré mi especialidad."

"Lo estaré deseando," les dije antes de girarme y empezar el viaje a la habitación del piso de arriba.

Una vez dentro de nuestra habitación, cerré la puerta detrás de mí, me quité los zapatos, me cambié el traje pantalón negro que había llevado al servicio conmemorativo y me senté en uno de los sillones que estaba al lado de la ventana. Era un día realmente hermoso. Flores rosas empezaban a brotar en las ramas de los árboles que se alineaban en la calle y nuestros vecinos de enfrente habían plantado flores nuevas en las jardineras de sus ventanas.

Mi atención fue a la mesilla en la que había numerosos álbumes de fotos. Normalmente estaban en la balda superior del armario, pero le había dado la oportunidad a mi nieta más pequeña de mirar las fotos y elegir las que aparecerían en el servicio esta tarde. Ella debía haber olvidado volver a ponerlos en su sitio, pero no me importaba, mucho menos ahora mismo.

Alcancé el álbum superior, coloqué el libro de cuero en mi regazo, y lo abrí.

Este era uno de los álbumes más recientes. Cubría algunos de nuestros viajes de los últimos veinte años – las Montañas rocosas canadienses, el norte de España, la Toscana, Australia y la Riviera Francesa. La mayoría de las fotos eran de lugares conocidos os vistas, pero había algunas de Edward y yo juntos – unas que les pedimos a algunos extraños que sacaran con nuestra cámara. Edward siempre llevaba lo que Carlisle llamaba de broma "su sombrero de hombre viejo". En realidad era solo una gorra de tweed de conductor que había tenido durante años. No creo que fuera una coincidencia que empezara a ponérsela a la vez que empezó a tener entradas.

El álbum de fotos siguiente era mucho más antiguo y su contenido mostraba las señales de haber sido capturado con una de esas viejas cámaras digitales de principios de siglo. Había fotos de nuestra luna de miel – paseando por la playa, haciendo snorkel, en románticas cascadas – y luego algunas de nuestra primera Navidad juntos con Alice, Jasper, Rosalie y Emmett. Nos veíamos tan jóvenes, felices e inocentes. Extrañaba esos años.

La tercera colección era el libro de bebé de Carlisle. Mientras pasaba las páginas, reviví los momentos de ese embarazo y el primer par de años de su vida. Edward estaba en casi todas las fotos. Sosteniendo a nuestro recién nacido, cambiando su primer pañal, mimándole en Navidad y ayudándole a dar sus primeros pasos.

En el siguiente libro, Elizabeth había nacido, y vi a mis hijos crecer de bebés a adolescentes en lo que pareció una cuestión de páginas. Había representaciones del colegio, vacaciones en Seattle con mis padres y la familia de mi hermana, vacaciones de verano, y fotos de familia en las que parecíamos la familia perfecta.

Suspiré y cerré el libro. Estaba cansada y llevaba tanto tiempo viendo álbumes de fotos, que se me estaba quedando dormida la mano derecha. Me froté las manos y cerré los ojos.

Las fotos eran prueba de los momentos felices de nuestras vidas. Sin embargo, no mostraban nada de los momentos más problemáticos del pasado. Tal vez esto era lo mejor, pero no contaban toda la historia.

No mostraban los meses de depresión que sufrí después del aborto después de solo dos años de matrimonio. Incluso sesenta años más tarde y afligida con las etapas iniciales del Alzheimer, recordaba nítidamente el dolor de la pérdida y el estrés que nos acompañó cuando intentamos concebir de nuevo.

Años más tarde, criar a nuestros hijos ciertamente no fue la tarea más fácil, especialmente cuando nuestro hijo mayor parecía ser el niño más rebelde del mundo. Edward y yo tuvimos muchas discusiones sobre soluciones que estaban entre la disciplina y el perdón. Los dieciocho años parecieron un sin fin de conferencias padres-profesor. Gracias a Dios, este problema solo se extendió a Carlisle; Elizabeth era un ángel en comparación.

Luego estaban los años en que todas nuestras preocupaciones y oraciones estaban centradas en el bienestar de Rosalie y Emmett McCarty y sus hijos. Esos años fueron los más duros para todos nosotros, especialmente desde que sus hijos todavía eran adolescentes en ese momento. Alice y Jasper en realidad se hicieron cargo del más pequeño durante un par de años hasta que fue a la universidad, y Edward y yo hicimos todo lo que pudimos para ayudar de cualquier forma que pudiéramos, física y financieramente.

Los pasados últimos meses, mientras nos preparábamos para la muerte de Edward, tampoco aparecían en los álbumes. Uno de los momentos más duros de mi vida fue cuando el médico nos dio el diagnostico, seguido de tener que informar a nuestros hijos de que su padre seguramente moriría en los próximos seis meses y que no había nada que hacer para pararlo.

Pero aunque no vivimos exactamente nuestro "felices para siempre", podía decir con confianza que Edward y yo tuvimos un matrimonio maravilloso. Los dos fuimos fieles al otro todo el tiempo, superamos juntos nuestros problemas y nos amamos el uno al otro con todo nuestro corazón.

Tenía el corazón roto porque mi esposo, mi compañero, mi mejor amigo, y mi amante se hubiera ido de este mundo, pero estaba segura de que no sería para siempre. Un día me uniría a él en la eternidad, pero hasta entonces, viviría el resto de mis años amándole, apoyando a nuestros hijos y nietos y honrando su memoria.

FIN


Hola!

Bueno, primero disculparme. La semana pasada no pude actualizar porque FanFiction no funcionaba bien. Pero aquí está el Epílogo.

Es algo diferente a lo que leemos normalmente en los epílogos pero espero que os haya gustado.

Es realmente triste que esta historia haya terminado y espero que hayáis disfrutado tanto leyéndola como yo traduciéndola para vosotros, y muchas gracias a chels926, por dejarme traducirla.

Muchas gracias a todos por haber leído, comentado y añadido esta historia a alertas y favoritos. Espero veros en el resto de mis traducciones.

-Bells, :)