Los personajes no me pertenecen, la historia sí.


Capítulo 10: ¿Cómo no había pensado antes en ello?

¡¿Cómo no había pensado antes en ello?

Se reicriminó Leah, totalmente asustada, encerrada en uno de los cubículos del baño de chicas del instituto. Las manos le temblaban exageradamente y el corazón le latía con tanta rapidez que parecía que se le saldría del pecho.

Lágrimas causadas por el miedo se escaparon de sus ojos, y una rabia infinita la recorría. Estaba enfadada consigo misma pero también por el causante, en parte, de que se encontrara en esa situación.

No se quitaba de la cabeza la conversación que había oído en clase a penas unos minutos antes. El profesor de literatura tuvo que irse media hora antes ya que tenía que ir a algún sitio, así que les dejó el resto de la hora libre.

Los alumnos se unieron en grupos y se pusieron a hablar de trivialidades o simplemente a contarse algún que otro cotilleo. Ella no tenía ganas de meterse en ninguno de esos grupos y fingir que le interesaba lo que hablaban, cuando no era cierto.

Buscó su Ipod en la mochila y lo encendió, cuando se iba a colocar el auricular en la oreja, oyó algo en la conversación que mantenían sus compañeras a su lado que la dejó helada.

-...sí, hay que ser tonta. Mira que quedarse embarazada a los 17. ¿No entienden que hay muchos métodos anticonceptivos hoy en día?

Dejó de escuchar todo a su alrededor y notó como la clase se le venía encima.

Salió corriendo de allí y se encerró en el baño, tremendamente asustada.

¿Cómo podía haber sido tan idiota? Se limpió las lágrimas, dando paso a otras más. Claro, era muy divertido pelearse con Jacob y después acabar haciéndolo en medio del bosque, sí, muy divertido.

¿Condones? ¿Para qué?

-Jodeeeeer.- quiso gritarlo, pero no quería que nadie la oyera.

El timbre sonó, indicando la hora del almuerzo. Se le revolvió el estómago al pensar en comida o en cualquier otra cosa.

Tenía que tranquilizarse, o eso se repetía constantemente. Habia un 50% de probabilidades de que sí pudiese estar... estar... embarazada. Pero siguiendo esa regla, había otro 50% de que hubiese tenido suerte, a pesar de no haber usado un maldito condón, y que estuviese pasando un mal rato para nada.

Limpiando definitivamente las lágrimas salió del cubículo y se mojó la cara con agua fría. Miró su reflejo en el espejo; tenía los ojos hinchados y rojos. Se notaba a kilómetros que había llorado.

Algo más tranquila salió del baño. Con el caos que era la hora del almuerzo, nadie se daría cuenta de que salía del instituto, o eso creyó.

Jacob estaba apoyado en el muro del instituto, por la parte de fuera. Ese día había acabado su semana de expulsión y ya estaba planteándose irse de allí.

Todos le tenían más miedo incluso que antes, se apartaban de su camino en los pasillos y nadie sabía cómo hablarle.

No había visto a Leah en una semana, parecía que estaba escondida del mundo desde que pasó lo que pasó en el bosque. Habia deseado verla hoy, aunque sólo fuese mirarla de lejos. Necesitaba saber que estaba bien, necesitaba tan sólo verla para calmarse.

Parecía que sus deseos se hicieron realidad cuando la vio salir por la puerta principal. Caminaba rápido, escapándose del instituto a la vista de todos.

-¡Leah!- La llamó. No pudo evitarlo. Las palabras salieron solas, sin la orden previa de su cerebro.

Leah se congeló en un segundo. Al principio porque alguien la había pillado escapándose del instituto, pero después reconoció la voz de él.

-¿Por qué él? ¿Por qué no cualquier otro?- se susurró a sí misma, procurando que él no se enterara.

Suspiró sonoramente y se dio la vuelta, enfrentándolo. Odió a sus hormonas por revolucionarse al verlo allí, tan sexy, apoyado en el muro del instituto mirándola de esa manera.

Cuando empezó a excitarse con tan sólo una mirada de él, la realidad la golpeó. Reocordó que se dirigía a una farmacia, para comprar una prueba de embarazo por culpa, en parte, del hombre que tenía delante.

-¿Qué?- Fue desagradable, pero quería irse lo más rápido que pudiese, antes de que le soltara lo que le pasaba en un momento de enfado.

Jacob no contestó y se acercó a ella. Con cada paso que él daba hacia delante, ella daba dos hacia atrás.

-¿Qué te pasa?- Preguntó, al cabo de unos minutos de "jugar al gato y al ratón".

-No me pasa nada, ¿por qué iba a pasarme algo?- Habló demasiado rápido, señal de que estaba nerviosa. No podía decirle precisamente a él sus dudas respecto a su estado.

Aunque por un momento se dijo que él debería saberlo, para que se rayara de la misma manera, o más, de lo que ella se estaba rayando.

-Has llorado.- ¿Desde cuando era tan... observador?

-Mira, Jake, no tengo tiempo para discutir contigo. Tengo que irme.- Se dio la vuelta, marchándose y dejándolo allí.

Necesitaba quitarse la incertidumbre de encima. Cuando vio el cartel de la farmacia le entraron ganas de vomitar. Tenía un nudo en el estómago y las manos y piernas le temblaban descontroladas. Casi sin poder dar un paso abrió las puertas de cristal y entró.

Por suerte estaba vacía. Un pitido se escuchó por toda la farmacia, indicando que ella había entrado.

-Buenos días, querida- una señora regordeta salió de una habitación y se puse detrás del mostrador.- Oh, tu eres la hija de los Clearwater, ¿no?

Quiso morirse en ese momento. ¿Por qué tenía que vivir en un lugar tan pequeño donde todo el mundo se conocía?

-Eh... sí- susurró agachando la mirada. En ese momento no tenía ninguna valentía.

-¿Qué deseas?- Preguntó, tan tranquila. Se oyó el pitido indicando que alguien más había entrado al lugar. No quiso mirar quien era. Compraría lo suyo y saldría corriendo, sin mirar a nadie. Estaba muerta de miedo y vergüenza. Lo que le faltaba es que sus padres se enteraran de que estaba...

-Una... una prueba de embarazo- Ya estaba dicho. Lo soltó rápidamente. La señora no hizo ningún comentario y se metió en la habitación de la que había salido antes.

-¡¿Estás embarazada!- Se oyó un grito. Congelada, Leah se dio la vuelta para encontrarse con un muy sorprendido Jacob. ¿Por qué tenia que gritarlo? Se preguntó.

-Aún no lo sé, Jacob, por eso estoy aquí.

-¿Y cuando pensabas decírmelo?- Cuando Jacob la había seguido nunca se imaginó que acabaría entrando en una farmacia para comprar una prueba de embarazo. Lo que le llevó a pensar en la estupidez que había cometido, tres veces, al no usar ni un sólo condón.

Siempre que había estado con una chica se había cuidado, no quería sorpresas, pero con Leah todo pasaba tan rápido y estaba tan cegado por el deseo que ni siquiera lo pensó.

La farmacéutica volvió con la caja entre las manos y Leah se dio la vuelta, mirándola.

-Esta es una de las más sencillas- explicó- Sólo tienes que esperar cinco minutos, si sale una línea rosa no estás embarazada. Si te sale dos líneas sí lo estás. Te aconsejo que esperes un poco más porque a veces la segunda línea tarda en aparecer.

Tras pagarlo y con un débil "gracias" salieron de la farmacia.

-Puedes irte. Te llamaré cuando tenga el resultado.-Comunicó Leah aún nerviosa. No podía negar que se sentía más tranquila con Jacob a su lado, pero no quería que nadie, mas que ella misma, supiese el resultado. Por ahora.

-No.- Fue lo único que dijo, siguiéndola. Leah se paró en seco.

-Jacob vete.

-No voy a dejarte sola en esto.- El corazón de ella se saltó un latido tras esas palabras.- También es mi culpa.

La agarró del brazo y siguió caminando sin soltarla.

Jacob estaba deseando sin parar, en su interior, que diera negativo. No se había parado a pensar en la posibilidad de tener un hijo, pero sabía que no lo quería. No en ese momento. Era una locura. Las manos empezaron a humedecérseles, pero no soltó el brazo de Leah.

La llevó, tras muchas quejas de parte de ella, a su casa. Allí nadie los molestaría y podría hacerse la prueba tranquila.

Leah se dirigió directamente al baño, sin esperar que Jacob la siguiera.

-No pretenderás quedarte, ¿verdad?- Preguntó, sacando el aparato de la caja, y mirando las instrucciones.

-Sí- aclaró Jacob, apoyándose en el lavabo.

-Y una mierda, Jake. Vete fuera. ¡Ahora!- Gritó, hastiada. Podría poner ese día como el peor de su vida. Le miró desafiante, con una mano en la cadera y la otra sujetando la prueba.

-No voy a irme a ninguna parte.

-No jodas Jacob Black. ¡No pienso dejar que mires como meo en un palo!- Gritó. Estaba muy cabreada, cada segundo más. Jacob empezó a reírse a carcajadas.

-Eres una bestia. Tranquila, me daré la vuelta. No te miraré mear en un palo.

-Pero lo escucharás. ¡Fuera!

Él no se movió. Siguió mirándola con esa sonrisa divertida y la burla reflejada en sus ojos marrones. Leah lo maldijo con todas las palabras que se conocía y suspiró, intentando tranquilizarse, varias veces. Viendo que los gritos y la furia no servían con él, intentaría probar otra técnica.

Un poco más relajada se acercó a él. Alzó la mirada, suavizándola y mordiéndose la lengua fuertemente notó cómo se le humedecían los ojos. Se había echo sangre, pero era la única manera.

-Por favor... Me da mucha vergüenza- Sus mejillas se colorearon sin proponérselo.

Jacob se derritió al verla así. Sabía que era un truco de ella, pero igualmente nunca imaginó verla así. Se veía frágil, mordiéndose el labio, con las mejillas rojas y los ojos aguados.

Decidió seguirle el juego.

-Está bien. Esperaré fuera.- Se rindió, dándose la vuelta y cerrando la puerta tras de sí.

Se dejó caer en ésta, con el corazón latiéndole demasiado rápido. Estaba acojonado, y no le importaba admitirlo.

Si realmente Leah estuviese embarazada... ¿qué harían? Se suponía que ellos debían estar juntos por eso mismo, para tener hijos lobos y que la raza no se extinguiera. Pero era demasiado pronto. Además, ni siquiera estaban juntos.

Leah le odiaba, a pesar de que él se estuviese enamorando de ella.

Sí, enamorando.

Nunca pensó que le pasaría eso, y mucho menos con Leah. No era instinto, por ese maldito instinto animal en ese momento estaba esperando conocer el resultado que cambiaría sus vidas para siempre o lo dejaría todo tal y como estaba.

El instinto era el que le obligaba a cogerla y tirársela en medio del bosque, pero eso no era lo que creaba ese sentimiento que tenía de verla, de saber que estaba ahí, de protegerla y sobre todo de... quererla.

Se sacudió esas ideas de la cabeza. No tenía ni idea de qué le estaba pasando.

-¿Jake?- Oyó la voz de Leah, al otro lado de la puerta.

-¿Has terminado?- Preguntó, ansioso.

-Estoy esperando el resultado.

-¿Quieres que entre?

-No. Sólo quiero hablar.- Se le notaba la voz rota, como si fuese a echarse a llorar en cualquier momento.- Tengo miedo, Jake.

El corazón de Jacob se saltó un latido. No conocía esa parte de Leah, y dudaba que ella misma la conociese. Siempre se veía tan segura de sí mismaa, tan fuerte...

-Va a ser negativo, Leah- quiso tranquilizarla con esas palabras y tranquilizarse a sí mismo.

-¿Y si sale positivo?

-Pues, me pondré un condón la próxima vez- A Leah se le escapó una lágrima cuando él dijo eso.

-Capullo-susurró. Jacob sonrió.

Se apartó de la puerta cuando la escuchó abrirse. Leah salió del baño con la cabeza gacha y la prueba en la mano.

No le miró. No habló.

-Leah...- No pudo seguir hablando ya que ella levantó la cabeza y vio las lágrimas surcando su cara. Se asustó. Se le encogió el corazón y le temblaron las piernas.

Una sonrisa se extendió por la cara de Leah.

-¡No estoy embarazada!- Gritó.

Jacob nunca negaría el alivio que sintió al oír esas palabras. Abrazó a Leah fuertemente e incluso la levantó del suelo, dando vueltas con ella. La dejó en el suelo y no pudo resistirse a agarrarle la cara y besarla profundamente.

Leah no se lo impidió. Lo necesitaba. Correspondió a su beso e incluso lo intensificó, enredando su lengua contra la de él.

Cuando empezó a sentir el deseo en su vientre, le apartó.

-¿Qué pasa?- Preguntó él, contrariado.

-Esto no cambia nada, Jacob. Es más, me hace alejarme de ti aún más.

-¿De qué hablas?

-No puedo arriesgarme a que nos den otra vez esos ataques de... lujuria y acabemos como hoy.

-No volverá a pasar. Haré lo que sea para que no pase...- Leah pudo notar la duda en su voz.

-No hagas promesas que no puedes cumplir.

Leah se alejó y caminó hacia la puerta, abriéndola.

-Leah, espera. No te vayas.

Ella no le hizo caso, cerrando la puerta y marchandose de allí.

En su interior quería que él saliese a buscarla. Si iba tras ella, quizás intentaría hacerle caso a todo lo que estaba sintiendo por él. Quizás escuchase todo lo que su cabeza intentaba ocultar.

Pero eso sólo si él salía antes de que cruzase la verja que la sacaría de allí. Inconscientemente aminoró el paso, deseando con cada fibra de su cuerpo oir la puerta a su espalda abrirse.


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