Aquí viene el capítulo 10, adentrándonos en el final. Gracias por la espera, por la paciencia y por seguir todavía ahí.

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Advertencia: Lenguaje

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Kishimoto-sensei. Son todos suyos para hacerlos felices o desgraciados, yo simplemente les doy vidas paralelas, a veces mejores y a veces más puñeteras.

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"¿Yo? ¡Tengo miedo de todo! Tengo miedo de lo que ví, de lo que hice y de lo que soy, y de lo que más tengo miedo es de salir de esta sala y nunca más en la vida sentir lo que siento cuando estoy contigo."

Dirty Dancing

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Estar uno al lado del otro fue siempre una pequeña utopía que no podían cumplir. Lo suyo es el frente a frente, cada uno en el lado opuesto pudiendo verse claramente. Inalcanzablemente.

Es cruel, pero posee cierta hermosura que solo ellos son capaces de ver. Es la ironía del ver pero no tocar, del querer pero no poder, del odiar pero no amar.

Es como tener tu mayor deseo cumplido al alcance de la mano, estirar el brazo para cogerlo y solo ser capaz de rozarlo con la punta de los dedos.

Estar uno al lado del otro fue siempre una pequeña utopía que no podían cumplir. Lo suyo es el frente a frente, parece que ahora más que nunca.

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Shikamaru no tenía cara de buenos amigos aquella mañana. Levantarse temprano para acudir a una reunión que Neji tenía con un posible cliente ya era bastante malo como plan por sí mismo, pero si añadía el encargo del hombre – que Neji se empeñaba en aceptar, en contra de toda reacción lógica – aquel era un auténtico jueves de mierda.

—Borra esa cara Shikamaru, hemos hecho cosas más complicadas—ordenó Neji.

—Claro que sí y generalmente eras tú el que no estaba de acuerdo—chasqueó la lengua.

—Necesitamos el dinero.

—Y necesitamos seguir jodidamente vivos. Esto es mucho más problemático de lo que parece, me lo huelo Neji y sé que tú también—las voces amortiguadas de Ino e Hinata le llegaron desde el piso de arriba—por no hablar de la poca gracia que va a hacerle a ella.

—Hinata no va a quejarse.

—Por supuesto que no, lo que no hace que vaya a ser feliz.

—¿Quién no va a ser feliz?—preguntó Kiba dejándose caer en el sofá acompañado de Shino.

—Ninguno de nosotros como el nuevo y problemático trabajo que Neji acaba de aceptar no salga bien—Shikamaru no podía dejar de quejarse, aquello era una auténtica locura.

—¿De qué trata?—Ino e Hinata llegaron juntas.

La rubia se sentó al lado del Nara mientras que Hinata se quedó en pie lo más lejos posible de Kiba que, como llevaba sucediendo los últimos meses, fruncía el ceño ante la presencia de la Hyûga.

—Un encargo de asesinato.

Cuando Neji soltó aquella frase el silencio se hizo largamente perturbador. Allí estaba Hyûga Neji anunciando una muerte premeditada que ellos iban a llevar a cabo. Matar, esa cosa por la que algunos tildaban de blando a Neji, matar, la única cosa que el Hyûga no hacía ni ordenaba a no ser que fuese algo totalmente necesario.

—¿Quién?

Fue sumamente irónico para Shikamaru que aquella pregunta la hiciese precisamente Hinata. Neji dejó caer unas cuantas fotos sobre la mesa como respuesta.

—Se llama Deidara y trabajaba hasta hace poco en un club de la Zona Neutral.

Shikamaru ya había visto aquellas fotos esa mañana por lo que no dejó de observar a la pelinegra para obtener su reacción.

—Yo lo conozco—anunció Kiba.

—Todos lo hacemos—Ino resopló, Shikamaru quería saber si por obviedad o porque sabía exactamente lo que matarlo significaba para ellos.

—Él tiene la protección de Sharingan—la voz de Hinata fue plana sin apartar la vista de la mesa donde las fotos descansaban—Toda la ciudad lo sabe. La sombra de Uchiha Itachi lo cobija.

—Lo sé—Neji miró a su prima y mantuvieron un intenso duelo de miradas durante lo que parecieron minutos—alguien nos ha ofrecido mucho dinero por su cadáver, protección o no, vamos a matarlo.

Hinata sonrió, fue una sonrisa sarcástica y furiosa.

—Muy bien, ni-san. Pero sabes lo que eso va a significar ¿verdad?

—¿Tienes algún problema Hinata?

—Claro que no—comenzó a salir del salón—hagámoslo Neji-nisan. Vayamos a por ese hombre y dejemos que suceda.

Salió sin mirar atrás. Kiba suspiró, Ino apoyó la mano sobre la rodilla de Shikamaru mientras Shino permanecía en silencio viendo salir a Neji también.

—Vamos a hacerlo entonces ¿no?—anunció Kiba—Lo que significa que…

—Que, indirectamente, le estamos declarando una guerra a Sharingan.

Aunque Shikamaru sabía aquello desde que Neji había aceptado el trabajo en la reunión de hacía un par de horas, decirlo en voz alta lo hizo mucho más real. Allí estaban ellos, planeando el jodido asesinato que les iba a llevar a enfrentarse cara a cara con el grupo más temido de la ciudad y con el hombre que más sangre fría tenía a la hora de quitar una vida: Uchiha Itachi.

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—¡Va a matarme, bastardo!

—¿Cómo lo sabes? No es la primera vez que os amenazáis y punto. Eres demasiado visceral, Deidara, y dramático.

—Uchiha, bastardo—el rubio lo miró con todo el odio que pudo reunir, para encontrarse con la calmada expresión de Itachi—digamos que esta vez es diferente.

—¿Por qué?

—¡Qué más da! ¡Es diferente y punto!

—Si quieres que cuide tu cuello vas a tener que darme más información.

Deidara quería matar a su amigo – o lo que fuese – allí mismo, pero sabía que entonces perdería su única oportunidad de vivir.

—Le robé mucho dinero de su club y monté el mío propio—Itachi alzó la ceja instándolo a continuar—digamos que también me aseguré de que todos sus clientes pasaran a mi local y no al suyo ¿de acuerdo?

Itachi no quiso saber más. Deidara era así desde que lo conocía, metiéndose en tantos problemas como podía encontrar. Ya en el instituto – cuando sus padres aún vivían y su vida era la de un adolescente relativamente normal – se dedicaba a sacar al rubio de todas en cuantas peleas se metían, así que cuando la vida se volvió oscura y fundó Sharingan, proteger a Deidara parecía algo intrínseco con ser quien era.

Que su antiguo jefe – y casualmente viejo senpai en tiempos de escuela – Akasuna No Sasori quisiera matar a Deidara parecía solo una rabieta más entre ambos, pero por muy exagerado que fuera el rubio Itachi podía ver verdadero miedo en sus ojos esta vez.

—Vale, asumamos que quiera matarte. ¿Cómo va a hacerlo? Sasori puede ser un hijo de puta cruel pero no lo veo asesinando a nadie.

—Hay rumores…

—¿Cuáles?—la mirada huidiza de Deidara no amparaba nada bueno para él.

—Ha contratado a alguien.

—¿Quién?

—Yo puedo responder a eso—Sasuke entró en el lugar con la información que Itachi le había enviado a descubrir cuando Deidara había llegado con su historia unas horas antes, y no parecía muy feliz, todo había que decirlo— ¡Hyûga! El muy jodido ha aceptado el trato aún sabiendo que podíamos intervenir.

—¿Byakugan ha puesto precio a tu cabeza, Deidara?—preguntó furioso Itachi, mitad por que le ocultaran esa valiosa información, mitad por la osadía de Neji.

—¿Precio?—rió Sasuke—si solo fuera eso. Podríamos con los lacayos de Neji sin pestañear. Ha enviado a las tropas: Nara, Yamanaka, Inuzuka… ¡todos! ¡todos están trabajando para conseguir su cabeza!

Conseguir información sobre Byakugan siempre era difícil, pero cuando los miembros más importantes trabajaban para algo – fuere de la banda que fuere – era como un secreto a voces.

Itachi no pasó por alto que Sasuke no mencionó a la prima de Neji, pero no había ninguna duda para él que también estaba en el lío.

—Muy bien—Itachi se levantó—Nadie puede tocar un solo pelo de Deidara, haz correr la voz, Sasuke.

—Eso no va a acojonar a Hyûga—chasqueó Sasuke.

—Claro que no, Neji es mucho mejor que eso. Irá a por todas y nosotros estaremos allí cuando llegue.

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—Neji está jodido de la cabeza—gruñó Kiba—¡Nos envía a una jodida misión suicida!

—Que hasta tú estés asustado hace que se me pongan los pelos de punta—suspiró Ino.

—¡No estoy asustado!

—¡Pues deja jodidamente de quejarte, maldición!—Shikamaru alzó la voz haciendo que los presentes le miraran asombrados, sus amigos lucían sorpresa en la cara y los miembros más jóvenes de la banda parecían algo asustados. Se frotó las sientes y suspiró—Vais acabar haciendo que me explote la cabeza. Todos sabemos lo problemático que es esto, no hace falta ponernos más nerviosos refunfuñando. ¿Y dónde está Hinata?

—Aquí.

Shikamaru la observó entrar. Si él no la conociera pensaría que el asunto no estaba afectándola lo más mínimo, pero no era así. El semblante tranquilo de Hinata no hacía más que aumentar su nerviosismo.

—Tenemos que hablar. Ino, ven tú también.

La rubia asintió mirándolo y los siguió. Entraron juntos en la cocina cerrando la puerta tras ellos. A Shikamaru no se le daban bien las conversaciones trascendentales, pero si su vida dependía de mantener ésta iba a tragarse el problemático momento y tirar hacia adelante.

Hinata cogió una manzana y la mordió, más para calmar la ansiedad que el hambre.

—¿Te ha dicho Neji que me des un sermón?

—No. Él no tiene ni idea de que esta conversación está teniendo lugar y vamos a dejarlo así.

Ino se subió sobre la mesa y suspiró.

—¿Podemos ir al grano?

—Está bien —Shikamaru se apoyó contra la mesa al lado de Ino, quedando ambos enfrentando a Hinata—¿Cómo estás?

Hinata sonrió mordiendo la manzana de nuevo.

—Bien, gracias.

Ino gruñó.

—¡Por favor! Lo que Shikamaru quiere saber es si llegado el momento vas a proteger nuestras espaldas o pegarnos una patada.

—¡Ino! —la mencionada lo descartó con un movimiento de mano.

Hinata los miró fijamente en silencio. Quizá aquella debería ser una pregunta difícil, como ponerla en un cruce de caminos sin la más mínima idea de cual sería el correcto, por eso tuvo que realmente esforzarse en no sonreír al responder. La respuesta era tan clara, tan sincera que no le produjo ningún dolor decirla.

—Yo voy a estar entre vosotros y cualquier bala que vaya en vuestra dirección.

—¿Dispare quien dispare?

—Sí.

—¿Y si…?

La Hyûga suspiró.

—Voy a ponértelo fácil, Shikamaru. Si la persona que te dispara es Sasuke yo voy a devolverle el tiro al maldito pecho ¿de acuerdo?

—Hinata—Ino tenía la vista perdida al hablar—¿Estás segura? Si esto es difícil para ti…

—Esto no es más difícil que otras cosas que haya vivido Ino, no es muy diferente si quiera. Sé quien soy y quienes son mi familia y al margen de lo que pueda o no sentir en el momento en que me vea obligada a disparar a alguien a quien no quiero hacerlo, apretaré el gatillo sin dudar si alguno de vosotros está en peligro.

Dicho aquello abandonó la cocina dejando a dos amigos con el corazón dolido.

Hinata los elegía a ellos, a ellos frente al hombre que – aunque lo negara rotundamente – era todo para ella; a ellos que – deseándolo o no – podían ser los causantes de la muerte de ese hombre si se daba el caso.

Hinata los elegía a ellos, antes que a su corazón, que al amor que aún no conocía, que a la libertad de querer, que al deseo. Que a Uchiha Sasuke.

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Lanzó una mirada hacia el club desde el cristal de una sola dirección del despacho. Itachi y Kakashi hablaban con algunas personas mientras observaban el local minuciosamente.

—Por lo menos tuviste la suficiente inteligencia de abrir el local en uno de nuestros territorios—escupió Sasuke.

—¡Hnm! Tu hermano dejó bastante claro que protegerme en otro lugar sería demasiado complicado en caso de problemas, por supuesto al bastardo le importa un comino que yo esté perdiendo pasta. Zona Neutral es mucho más lucrativa, maldición.

—Estamos aquí para salvarte el culo, así que deja de quejarte.

—¡Tú! ¡Mini-Itachi! —Deidara refunfuñó sin achicarse ni un pelo por la mirada asesina de Sasuke— ¡No me toques los huevos!

—Listo—Sakura habló desde la punta del despacho donde en una pared había colocado fotos de la gente de Byakugan. Todos los miembros principales tenían un imagen en solitario cada uno y su nombre bajo él —avisaré a los demás.

Salió hacia el club dejando a Sasuke y Deidara observando el elaborado organigrama de la chica. En la cabeza sobresalía Neji , a su derecha e izquierda ligeramente más abajo estaban Hinata y Shikamaru y más debajo de ellos – tan solo un par de centímetros— Kiba, Ino y Shino.

—Cuando los ves así no es que acojonen demasiado—Comentó el rubio.

Sasuke no se molestó en mirarlo.

—Por eso son tan peligrosos. He visto a mucha gente subestimar a Hyûga y los suyos y muy pocos pueden contarlo a día de hoy.

La puerta sonó a sus espaldas y todos entraron tomando lugares. Naruto se apoyó sobre el escritorio despreocupadamente, Sakura ocupó un sillón y los demás permanecieron en pie, incluido Kakashi que se colocó al lado de las imágenes.

—Bien—Habló—Todos hemos visto estas caras muchas veces y la mayoría tenemos más que cicatrices para probarlo pero la cuestión de esta reunión es intentar hacernos una idea de cómo van a actuar para llegar a su víctima.

—¡Hnm! ¡Me llamo Deidara! Cuando dices víctima me siento con un pie en la tumba.

—Tienes medio jodido cuerpo en ella desde que Hyûga quiere tu cabeza, así que deja de quejarte—gruñó Sasuke.

Deidara le lanzó una mirada desagradable pero permaneció en silencio.

—Sigo—Kakashi retomó—nuestros dos principales problemas son ellos—señaló dos fotografías—Nara Shikamaru y Hyûga Neji. El primero porque es capaz de predecir todas y cada una de nuestras estrategias y montar otras para atacar. Dicen de él que es un genio desaprovechado pero todos sabemos que a la hora de cargarse a alguien, si Nara ha planeado tu muerte tienes muy pocas posibilidades—en ese punto Deidara gimió pero todos los ignoraron— Nuestro segundo problema es el propio Hyûga, es invisible. Un depredador. Como esas aves que vuelan alrededor de una presa lo suficientemente lejos para que no podamos verlas, pero que siempre está ahí. Estoy seguro de que nos cruzaremos con decenas de miembros de Byakugan estos días, pero en ningún momento veremos a Neji. Es importante no olvidar que, aunque así sea, él estará ahí. Siempre.

—¿Qué hay de los demás? Sinceramente, veo difícil que entren en nuestra zona sin ser vistos y mucho menos que sean capaces de llegar aquí sin interceptarlos antes—comentó Naruto.

Sasuke tenía que darle al idiota un punto. Para llegar al club había que cruzar casi medio territorio Sharingan, lo cual en condiciones normales ya sería bastante difícil para un miembro de una banda enemiga, pero ahora – con todo el jodido grupo pendiente de cada movimiento de Byakugan – le parecía una misión imposible. Mirando hacia el organigrama fijó su vista en Hinata, no sabía de dónde había sacado Sakura la imagen pero la Hyûga lucía una sonrisa irónica en los labios – desenfocada como el resto de la fotografía –. Sasuke casi podía oírla decirle ¿misión imposible Uchiha? Estoy justo pisándote los talones.

—Esta es Hyûga Hinata—Kakashi hizo una pausa dramática y aunque Sasuke no lo estaba mirando sabía que, el muy cabró,n solo lo hacía por joderle— con toda probabilidad ha sido la avanzadilla.

—¿Ha sido…? ¡Espera! ¡Estás hablando en pasado! ¡¿Quieres decir que ella ha estado aquí?!—Deidara se transformó en un ente pálido.

—Me jugaría la mano derecha a que así es. Es lista, pasa desapercibida cuando quiere y es un poco suicida.

Sasuke sonrió ante eso. Jodida Hyûga.

—Ella estará compartiendo cada mínima información con Nara para elaborar su plan y…

—Será quien te encare, Deidara.

Todos giraron la cabeza hacia Sasuke sorprendidos de oírlo hablar.

—¿Qué quieres decir?—preguntó Naruto.

—No puedo explicarlo racionalmente pero sé que será ella la que llegue primero a él—Sasuke movió la cabeza para señalar al rubio—planeado así o no.

—De acuerdo—Itachi interrumpió—tendremos eso muy en cuenta.

—Ahora mis jueguecitos te gustan más ¿no es así, hermano mayor?

Itachi ignoró el sarcasmo de Sasuke y pidió a Kakashi que continuara.

—Yamanaka Ino, Inuzuka Kiba y Aburame Shino. Serán un bloque pero cada uno tendrá su papel bien diferenciado.

—Ino logrará llegar al club, sabe disfrazarse hasta parecer otra y solo tiene que pestañear para que un tío caliente la traiga del brazo hasta aquí dentro— aportó Sakura — ella va a ser los ojos del equipo, estoy segura.

—Inuzuka hará ruido, mucho—Sasuke habló de nuevo—querrá ser el centro de atención, normalmente lo hace porque es un idiota pero ahora será para alejar los ojos de sus amigos.

—El señuelo—asintió Kakashi.

—El que tiene más papeletas para ser el primero en morir—Naruto dijo aquello sin su típica sonrisa—admitamos que tiene huevos.

—No—anunció Sai con su típica voz monocorde—está enamorado.

Y aunque todos miraron a Sasuke, nadie dijo nada. Ni si quiera él. Ahí, aunque nadie lo viera, había otro problema. Kiba iba a ser un señuelo pero iba a buscar a Sasuke con todas sus fuerzas, lo que significaba que Hinata no andaría demasiado lejos y aquello podría acabar en una masacre y Deidara ni siquiera tenía porque estar cerca.

—¿Y Aburame?—Sakura rompió el silencio.

—Por libre, pero siempre listo para proteger a sus compañeros. Es pragmático, listo y leal.

—Bien—Itachi miró a todos—ya tenemos una idea general de cómo será esto. La norma más importante es no dejar nunca solo a Deidara y no actuar por libre—miró a Sasuke directamente en ese instante—ahora tened cuidado y hacedlo bien.

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Hinata suspiró subida al viejo tejado del garaje que quedaba frente al moderno club del hombre al que debía matar. Era de noche e iba vestida toda de negro para no destacar sobre el lugar. Agradeció la escasa iluminación de la calle mientras continuaba prestando atención al sitio.

Hacía diez minutos que Ino había logrado entrar. Pelirroja de ojos verdes y pelo corto, si no hubiese visto el disfraz antes de salir de casa le hubiera costado reconocerla cuando hasta su forma de caminar se veía totalmente diferente.

Se acomodó cuanto pudo y esperó. Pasaron cuarenta minutos hasta que la voz de Ino resonó por el intercomunicador que tenía en la oreja.

—Esto es un caos.

—Ve al grano problemática, esta no es una conversación informal—Hinata tuvo que sonreír ante el resoplido de Shikamaru.

—Todo Sharingan está aquí dentro. Sakura vigila desde su puesto de camarera, Kakashi parece un cliente más en uno de esos sofás fingiendo beber despreocupadamente, aunque las cuatro copas de champán hayan ido a parar a la planta que tiene al lado.

—¿Y Uchiha?—le pregunta vino de Neji

—Ninguno de los dos está a la vista. Me juego un brazo a que Itachi está en el despacho.

—¿Y Sasuke?—esta vez fue Kiba el interesado.

—Ni rastro de él.

—Está en el apartamento que hay en el piso superior del club—acotó Hinata—con nuestra presa y Naruto. Del que no hay ni un rastro es de Sai.

—Lo tengo cubierto—fue la primera vez que Hinata oyó a Shino y sonrió.

—Bien. No hagáis ninguna tontería. No quiero ni un solo error y sobra decir que ni un herido. Ateneos al plan—la orden de Neji sonó inapelable.

—El problema vendrá si el plan no se atañe a nosotros, Neji-nisan .

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Naruto jugaba despreocupadamente con un mechero, encendiéndolo y apagándolo de forma automática sin si quiera prestarle demasiada atención. Y a Deidara estaba poniéndolo de los nervios, francamente.

—¿Puedes dejar eso? Si Byakugan no me mata lo harás tú, incendiando el maldito local ¡y ha sido un local muy caro!—refunfuñó.

—Esto está demasiado tranquilo—comentó el Uzumaki guardando en su bolsillo el encendedor—no me gusta.

Y esa información no hizo más que corroborar el mal augurio que Sasuke sentía. Si hasta el idiota de su amigo podía notar la mierda cayéndoles encima es que estaban en grandes problemas.

—¡No digas eso! ¡Hnm! Haces que sienta ya una jodida bala atravesándome.

—Cállate—gruñó Sasuke—eres tan molesto. Naruto ¿tenemos alguna noticia del bar?

—Sakura-chan dice que no ve a nadie sospechoso y los guardias que vigilan las calles no han visto a ninguno de los chicos de Hyûga.

—Ya están aquí—Sasuke se asomó a la ventana.

—¿No me acabas de oír? No han vis…—Naruto se quedó en silencio—nos la han jugado ¿verdad? ¿Crees que hay alguien dentro del club?

—Uno de ellos al menos.

—Avisaré a Sakura. ¡Joder! Si es cierto que ya están aquí ¿cómo cojones lo han logrado?

—Nara. Él los ha traído hasta aquí. Justo delante de nuestras narices—Sasuke seguía observando a la oscuridad de la noche. Naruto se preguntó si buscaba algo en particular, si creía que de repente vería una señal en aquel callejón de mala muerte sin iluminación.

—¡Eh, vosotros dos! ¿Qué cojones queréis decir con que pueden estar dentro? ¿Y dónde está Itachi? ¡Se supone que vais a protegerme! Salid de aquí y matad a esos inútiles—la voz de Deidara estaba empezando a crispar los nervios de Sasuke.

—Naruto, ve al club y vigila minuciosamente a cada persona en él.

Sasuke se dio cuenta de la tensión que todo esto acumulaba cuando el rubio se fue sin protestar ni hacer un solo comentario.

—Muy buena idea, bastardo. ¿Ahora qué? Si entran aquí más de uno, estoy muerto.

Sasuke gruñó.

—¿Sabes qué? Itachi no va a decírtelo porque eres su amigo, así que lo haré yo—no se inmutó ante la mirada furibunda que el mayor le regaló—ya estás muerto. Llevas jodidamente muerto desde que Hyûga quiso tu cabeza y la única estúpida razón por la que estamos haciendo esta mierda es porque no podemos dejar que digan que Byakugan ha pasado por encima de nosotros sin que hayamos movido un dedo.

—¡Tú…!

—¿Qué? Es jodido ¿verdad? Saber que Itachi no está haciendo todo esto para salvar tu pellejo. Todo lo que mi hermano está haciendo es para proteger su puto orgullo así que, ahora, cállate y déjame pensar en como conseguir que los demás no acabemos en la misma tumba que tú.

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—Naruto está en el bar—Ino informó—es posible que en unos minutos todo esto nos estalle en la cara, chicos.

Hinata tomó aire y observó la ventana donde segundos antes Sasuke observaba el exterior. Todo lo que veía ahora era su espalda y la cara del hombre que debían matar pasar del rojo furia al blanco miedo.

—Entro.

Tras su anuncio hubo varias distorsiones por que varios de sus amigos debieron de intentar la comunicación a la vez. Finalmente, la voz de Shikamaru prevaleció.

—Sin mierdas, Hinata—y no podía estar más sorprendida de que aquella frase viniera de él—ya tenemos suficiente en nuestras manos—cuando ella no respondió, insistió—¿me has oído?

—Alto y claro—sonrió irónica y desconectó la comunicación.

Alto y claro, pensó. Ahí voy Sasuke, por favor, cumple tu promesa.

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Deidara estaba a punto de pegarle un puñetazo al engreído hermano de Itachi cuando vio movimiento en la ventana.

—¿Q-qué cojones…?—el tartamudeo alertó a Sasuke que giró la vista justo a tiempo para ver la parte inferior de un cuerpo humano introducirse por la ventana.

Reconoció la forma de moverse inmediatamente, aún así alzó la pistola y apuntó directamente.

Hinata cayó sobre sus pies, toda vestida de negro, y con su melena suelta. Iba armada. La visión de la chica con una pistola en la mano no era nueva para Sasuke, pero nunca dejaba de sorprenderlo.

—Te esperaba.

—Lo sé.

Deidara observó el intercambio entre la pareja.

—¡Es ella! Maldita sea ¡es ella!—chilló—dispara, idiota. Dijiste que ella sería la que me mataría. ¿Por qué mierda estás hablando con esa psicópata como si nada?

Hinata ladeó la cabeza señalando al rubio.

—Es ruidoso.

—Demasiado—gruñó Sasuke, provocando una sonrisa en Hinata que movió la mano cargada hacia su objetivo—pero, aunque me encantaría que se callase para siempre, no puedo dejarte que lo mates, Hyûga.

Él apuntó su arma directa hacia Hinata que no se inmutó.

—Aparta, Sasuke. Hoy tiene que morir él, no tú.

—Tendrás que dispararme primero—sonrió—pero si lo haces seguirás con vida para dispararle a él y eso no te gustaría ¿verdad?

Hinata apretó la mandíbula.

—He hecho cosas que no me gustaban antes, esto no es nada diferente.

Y disparó. Deidara escapó de la bala por unos centímetros y echó a correr fuera del apartamento directo hacia el bar.

—¡Joder, no! —gritó Sasuke—¡No bajes al puto bar, te matarán!

Hinata sonrió bajando el brazo. Sasuke dio unos pasos hacia ella, furioso, y la agarró con una mano del cuello, apretando. No dejó de mirarlo fijamente sin miedo en sus ojos, a pesar de la dificultad que le entrañaba respirar.

—Ese era el jodido plan ¿no es así? Vienes aquí, te aprovechas de mi, asustas al imbécil y logras que vaya al bar donde es una jodida víctima más fácil—la zarandeó. Hinata agarró la muñeca de Sasuke con fuerza y este disminuyó la presión sobre su cuello sin soltarla, para facilitarle hablar.

—No, mi plan era matarlo yo—la voz sonó estrangulada—pero si eso fallaba, como es el caso, Shikamaru tiene todo un abecedario de planes en su privilegiada cabeza.

—Joder—la empujó contra la pared soltándola, ella se llevó la mano a la garganta—me la has jugado bien, Hyûga.

—Déjalo, él va a morir. Tú lo sabes, yo lo sé. Dejemos que sea rápido y acabemos con esto.

—Que Deidara muera será el menor de nuestros jodidos problemas—gruñó Sasuke.

—Lo sé—Hinata ya tenía un pie en la ventana—él mayor de mis problemas siempre has sido tú, Uchiha. Lo peor es que soy como esas moscas estúpidas que van una y otra vez hacia la luz aún sabiendo que acabarán quemándose.

—¿Quieres quemarte, Hinata?

Ya tenía todo el cuerpo fuera, así que inclinó la cabeza creando un velo con el pelo que impidió a Sasuke ver nada más allá del rostro de la chica.

—Sólo contigo.

Y aunque Sasuke no supo cómo ni se acercó a comprobarlo, ella despareció de la ventana en la oscuridad nocturna.

Tomó aire y se encaminó hacia el club por el camino que antes había tomado Deidara pensando en las palabras de Hinata. Había sido lo más parecido a una declaración de amor que se habían hecho. Y Sasuke deseaba oírlas otra vez, aunque sabía lo que seguramente aquello significaría. Morir, pensó, y no importa una jodida mierda.

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No es demasiado largo, pero tampoco corto. Tomadlo como el preludio al gran final.

¡Nos vemos!

Espero vuestros reviews, gracias.