Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a sus OC (Evolet/Alyss, Cedric, Leia y Dastan).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
30
El tic-tac de la vida
—¡Muévete, Yoh! —Anna negó con la cabeza, viendo a su prometido—. A este paso llegaremos mañana.
El Asakura siempre creyó que su novia era dura con sus entrenamientos porque no tenía la capacidad de hacerlos ella misma, pero se equivocó. Había decidido pasar el fin de semana en el Monte Fuji, alegando que se merecían un descanso antes de los exámenes finales del último semestre. En los planes de Yoh estaba escalar dicho volcán, pero no contaba con que terminaría exhausto.
—Vamos, no me obligues a pensar que tengo un debilucho por prometido —Yoh quizá no lo vio, pero Anna sonreía levemente de lado—. Siete años entrenándote y sigues igual de flojo… Supongo que no puedo cambiar eso.
El joven alzó la mirada cuando finalmente llegó a su lado. Anna se había dejado crecer el cabello hasta la cintura. Esto le hacía recordar con cariño aquellos días de infancia, donde juraba con inocencia que, algún día, sería dueño de su dorada melena. Esa era la característica física con la que identificaban a su novia en la universidad: la bella rubia que estudiaba ciencias jurídicas. Era algo ridículo que, a estas alturas, eso lo pusiera celoso. Sin embargo, tenía la ilusión de cambiarlo muy pronto.
Una pequeña exclamación lo sacó de su ensimismamiento. Volteó a ver a Anna, notando su repentina sorpresa.
—Es hermoso —musitó, sin poder apartar la vista del bonito paisaje.
Parecía que alguien le hubiera dado unas intensas pinceladas naranjas al cielo. Los rayos del sol caían sobre la punta del Monte Fuji, del cual habían descendido un par de minutos atrás. Un amplio lago se extendía a los pies del mismo, y los árboles que crecían a su alrededor se reflejaban en él. A su izquierda, se hallaba una casa flotante de dos pisos. Las paredes de madera le daban un aspecto muy acogedor. Tres grandes ventanales se situaban a los lados, y uno de ellos estaba al lado de la terraza.
—¿Te gusta? —preguntó él, tomando delicadamente uno de sus mechones para colocarlo detrás de su oreja—. Me alegra oírlo, porque la alquilé para nosotros.
—¿Nos quedaremos aquí?
Yoh asintió.
—Es nuestra por esta noche —sonrió de manera relajada al verla preocupada—. Tranquila, sé que los chicos regresaron a la pensión estos días, pero no pasará nada en nuestra ausencia… Alyss me aseguró que todo estaría bien.
Le daba algo de consuelo saber que su cuñada era muy sensata, ya que sus dos hermanos eran capaces de sumarse al desastre sólo por molestar a Anna. Creyó haber convencido a su prometida, por lo que ambos se dirigieron a la camioneta del castaño para buscar sus cosas e instalarse en la casa. Incluso el interior de la misma era muy bonito. Una vez que terminaron de acomodar todo, decidieron que tomarían un baño antes de cenar. Anna no quería admitirlo, pero el recorrido al monte también la había dejado agotada.
—Mira, estas son las mejores sales marinas que pude encontrar en la tienda —ofreció el shaman a su novia, tendiéndole un frasco cuyo contenido era de color rosa—. Relájate y disfruta el baño. Yo me haré cargo de la cena.
Yoh siempre había tenido lindos detalles con ella, por lo que no era una sorpresa que quisiera consentirla esta vez. Igualmente, Anna no pudo evitar sentir que él ocultaba algo… Su sonrisa era diferente, pero decidió no decir nada al respecto. Tomó las sales y se dirigió al cuarto de baño.
—…Maldición —susurró el Asakura, al borde del colapso—. ¡Sólo me queda una hora!
Logró darse una ducha rápida, puesto que tenía que preparar la cena y verse un poco más presentable. Temía que sus cálculos pudieran fallarle y Anna saliera antes del baño. No quería que arruinara la sorpresa que le tenía preparada. Por ello, decidió preparar un platillo simple, pero delicioso: salmón a la plancha junto con una ensalada césar. Por suerte, terminó a tiempo y pudo subir al cuarto para vestirse.
—Se ve muy bien, amo Yoh —lo halagó Amidamaru, viendo con orgullo a aquel que apenas era un muchacho cuando lo conoció y ahora era todo un hombre.
El castaño se acercó al espejo para comprobarlo. Había tenido que comprar más prendas de vestir para ese día tan especial. Al final, terminó armando más de un conjunto y le costó mucho decidirse por uno. Estuvo de acuerdo con el samurái cuando vio su reflejo. Su cabello se veía muy bien cuidado, y probablemente se debía gracias a los tratamientos que su hermano le había sugerido. Se lo había dejado crecer, y eso sólo empeoraba su parecido con Hao. Su cuerpo también había cambiado a través de los años: ahora estaba muy bien tonificado y no tenía nada que envidiarle a su gemelo. En cuanto a su estatura, había alcanzado aquel temido metro noventa, heredado de su familia paterna. Le causaba cierta gracia que Anna estuviera disconforme con medir veinte centímetros menos que él, por más tacones que pudiera utilizar.
—Amidamaru tiene razón —coincidió el Espíritu de la Tierra, acercándose para entregarle lo que tenía entre las manos—. Todo saldrá muy bien esta noche.
Quería creer en sus palabras, pero su cuerpo se negaba rotundamente. Hizo un gran esfuerzo por controlar sus torpes movimientos, mientras colocaba los platos y copas de vidrio. Cuando vio que todo estaba en orden, buscó a la Kyoyama en la habitación que compartían. Quedó anonadado al verla en ese hermoso vestido coral. Anna lo trajo de vuelta a la realidad cuando tomó su mano dulcemente.
—¿Yoh?
—…La cena está lista —murmuró, saliendo de su trance.
Guio a su prometida hacia la terraza, rogando mentalmente que a ella le gustara su pequeño detalle. Algunos creían que la itako era una mujer con el corazón tan duro como una piedra, pues era fría y seria con los demás. Sin embargo, con él era totalmente distinto. Una tierna sonrisa se había dibujado en su rostro al notar los pétalos de rosa esparcidos por la mesa, sobre la cual yacía un candelabro en el centro. Como buen caballero, Yoh le ayudó a sentarse. Tomó asiento frente a ella y comenzó a servir aquel vino francés que tenía tan buena pinta.
—…Muy bien, tengo que admitir que me dejaste sin palabras —bromeó ella, en tanto lo veía cortar el salmón en finos trozos—. ¿Se puede saber a qué se debe? ¿Estamos celebrando algo y lo olvidé?
—Me ofendes, ¿No puedo tener un detalle contigo sin motivo alguno? —regresó la provocación, rogando internamente que su tono de voz no lo delatara.
La conversación se desvió poco a poco. Hablaron sobre la universidad, su futuro como profesionales, sus relaciones amistosas con los demás, entre otras cosas. Yoh supo entonces que no podía aplazar el momento por más tiempo. Tocaron el tema de su futuro como pareja. El nerviosismo quiso hacerle una mala jugada, pero no lo permitió. Necesitaba estar tranquilo… y, sobre todo, necesitaba saber la respuesta de Anna.
—He estado pensando mucho en nosotros últimamente —confesó, dejando a un lado su copa. Ella lo miró, confundida, pero no tardó en imitar su acción—. Creo que es increíble que nos hayamos conocido a tan corta edad, que termináramos comprometidos y que realmente nos hayamos enamorado.
—Pienso igual, no es muy común que eso pase… Al menos, no en ese orden.
Yoh sonrió al sentir que Anna tomaba su mano sobre la mesa.
—Lo sé, y perdóname si a veces me comportaba como un tonto y te hacía llorar, pero es que me confundías. Te enojabas con todo el mundo por nada y, además, era difícil hablar contigo si fusilabas con la mirada a todo el que se te cruzaba en frente —soltó una leve risa cuando sintió un manotazo de su parte.
—Estás arruinando el momento, Yoh —intentó defender su casi antigua actitud. Cruzó los brazos y desvió la mirada hacia el lago Kawaguchi.
—Lo siento… Estoy muy nervioso —admitió por lo bajo.
Anna volteó a verlo, extrañada.
—¿Por qué?
—…Porque estoy abriendo mi corazón hacia ti —le explicó—. Como nunca antes lo había hecho.
Acercó su mano para acariciar una de sus mejillas, notando cómo ella se dejaba tocar por él con tanta facilidad.
—Soy consciente de que tuvimos algunos problemas en el pasado, pero hemos podido salir adelante a pesar de los celos y malos entendidos. Sin que importara la cantidad de chicas que conocí en mi vida, tú siempre fuiste y serás la única y la más importante en ella… si tú me lo permites. Quiero que estemos juntos hoy y siempre. Quiero trabajar duro para llenarte de tantos lujos como siempre lo has soñado. Vivir a tu lado y hacerte feliz… pero sólo si tú lo deseas. Si aceptas ser mi esposa.
Sin permitir que Anna dijera nada, se levantó y se hincó frente a ella. Sacó algo de su bolsillo y, sin dejar de ver la expresión de su novia, abrió la pequeña cajita de terciopelo rojo vino. La rubia no esperaba ver un anillo de compromiso ahí.
—¿Quisieras casarte conmigo, Anna?
La aludida no tardó en sonreír, sintiéndose la mujer más feliz del mundo.
—Claro que sí, tonto —confirmó, transmitiéndole su alegría a su pareja—. Pensé que nunca me lo pedirías.
Yoh terminó por colocar el anillo en su dedo anular con delicadeza. Ninguno pudo con la emoción y se sonrieron, sintiendo que el momento no acabaría nunca. El castaño acortó la distancia entre ellos, besando dulcemente a su futura esposa. Ninguno de los dos se percató de los ridículos sollozos de Amidamaru, ni vieron al Espíritu de la Tierra colocar un pequeño cartel con letras intercambiables sobre la mesa. En él, rezaba una frase muy significativa: "She said yes". Dicho espíritu acató la última orden de su dueño al presionar el botón de la cámara que estaba escondida en un rincón para inmortalizar el momento, para después dejarlos en su propio mundo.
•❈•
Una maldición se escapó de sus labios por tercera vez ese día. Si Hao creyó que todo esto sería pan comido, claramente se equivocó. Esperó a que todos los que estarían involucrados llegaran al estacionamiento de la universidad, donde él los estaba esperando apoyado contra su auto. Poco a poco fueron llegando los otros y ahí notaron los nervios del gemelo mayor.
—De todos los lugares que hay en Japón… ¿Tenías que escoger este? —el Tao se mostró en desacuerdo con su elección.
—¿Qué tiene de malo? —preguntó el Asakura, como si nada.
Si aún fuera adolescente, lo habría tomado como una provocación. No obstante, el ahora renovado joven adulto era otra persona gracias a la ayuda de la que fue la psicóloga de su hermano, Maya. Ahora su paciencia era notablemente mayor, por lo que ya no era tan fácil hacer que se enfadara. También era alguien mucho más seguro de sí mismo e intentaba, todos los días, comprender a los seres humanos. Su progreso fue tan sorprendente que hasta hizo que Redseb tomara la decisión de estudiar Psicología, para ayudar a las personas como ella.
—¿Es una broma? —soltó Horo-Horo—. Hay lugares mucho más románticos, no sé… Tal vez el parque, un restaurante, el lago…
—¡El metro! —exclamó Chocolove.
—Cualquier lugar, menos el metro —Manta negó con la cabeza, avergonzado.
—No fue tan malo, lo que importa es la intención —murmuró Rutherfor, tomando de la mano al moreno, con quien celebraría su primer aniversario de bodas muy pronto.
¿Quién lo diría?
—Di la verdad, Hao. ¿Por qué la cafetería de la universidad? —cuestionó Lyserg.
El susodicho se mantuvo en silencio por unos segundos, meditando si era buena idea revelar el verdadero motivo de su elección.
—Porque así todos sabrán que va a ser mi esposa y nadie más se le acercará.
Todos se fueron de espaldas al escuchar tal confesión.
—Primero espera a que ella acepte y luego podrás fanfarronear —bromeó su fiel mejor amigo, Nichrom.
El apache soltó un quejido cuando su novia le golpeó el brazo.
—¿Crees que no aceptará? —musitó Hao, preocupándose.
Kaoru sonrió y puso una mano en su hombro, tranquilizándolo.
—No le hagas caso, hermano. Todo saldrá justo como lo planeaste —le aseguró, guiñándole un ojo—. Recuerda que Alyss respondió la encuesta de mercado que cree falsamente. Todo lo has hecho en base a su respuesta, así que tranquilo.
—Espera un momento —la interrumpió Anna—. ¿Estás diciendo que tu dichosa encuesta sobre el matrimonio era una trampa?
Kaoru soltó una risita nerviosa al recordar que su otra cuñada había realizado la misma encuesta y lo acababa de descubrir. Sólo esperaba que no le guardara ni un poquito de rencor por el favor que le habían pedido sus hermanos. Miró a Yoh para que la defendiera, pero este se encontraba más preocupado por Hao.
—Mira, no tenemos mucho tiempo, así que empecemos —propuso el más joven de los gemelos, sacando a todos de sus pensamientos—. ¿Hay alguien que esté distrayendo a Alyss?
Vio a Hao hacer un gesto de molestia.
—…Tuve que pedirle el favor a Pascal.
Yoh se aguantó una risa para no molestarlo. Cuando habían iniciado sus carreras en la universidad, habían conocido a un sinfín de personas nuevas… algunas no en las mejores situaciones, y uno de ellos fue Pascal Avaf, compañero de Alyss en la carrera de Diseño de Modas e Indumentaria. Ella y Anna congeniaron casi al instante con él, y sucedió en medio de una pelea con sus respectivas parejas a causa de Sati Saigan, amiga y compañera de Yoh y Hao, a quien las chicas no le tenían ningún aprecio por los celos que esta les causaba… Larga historia.
El grupo se apresuró para ayudar a Hao a bajar varias cosas de su auto. Llevaron todo hasta la cafetería –la cual por cierto era muy bonita– y empezaron a decorar, esperando que quedara lo mejor posible. Una vez finalizado todo, Hao agradeció a sus amigos, pues había quedado fantástico. Una cortina de cristales caía sobre el ventanal más amplio del lugar, que daba justo al patio. Había un gran número de flores color pastel en floreros de vidrio sobre cada una de las mesas que iban alrededor y pétalos en el camino, además de unas velas aromáticas. Estaba muy satisfecho, pero no sabía si su novia opinaría lo mismo.
—Cálmate, Hao. Quedó hermoso —Matilda intentó animarlo—. Verás que Alyss caerá rendida a tus pies.
—No lo sé… —vaciló él, mordiéndose ligeramente el labio inferior.
—Le diré a Pascal que se apresure —advirtió Anna.
La itako sacó su teléfono de su bolso, pero el Asakura la detuvo. La sorpresa fue general, pues no esperaban ver a Hao tan… asustado.
—Aún no… No me siento preparado —admitió, preso del nerviosismo.
Había olvidado lo que era sentir un ataque de pánico y le recordó a los primeros días de terapia con Maya, donde tuvo la difícil tarea de enfrentar su pasado y así mantener su mal carácter bajo control. La mayoría creía que se estaba ahogando en un vaso con agua, pues ya llevaba un buen tiempo con Alyss y era casi seguro que iba a aceptar casarse con él. Incluso les recordó a aquellos días de antaño, cuando el castaño ni siquiera se animaba confesarle sus sentimientos. En medio de toda la situación, Anna ladeó la cabeza.
—Ponte los pantalones de una vez, porque ahí viene —declaró la rubia.
El hecho de que todos se hicieran a un lado para dejarlo solo, lo alarmó aún más. Hao volteó para notar que su novia ingresaba al lugar con un rostro de sorpresa, con Pascal pisándole los talones. Este se apartó cuando ella se acercó a él.
—¿…Qué es todo esto? —preguntó Alyss, entre confundida y maravillada.
El Asakura mayor sintió que todo el nerviosismo salía de su cuerpo al oír ese dulce tono de voz que tanto le gustaba. Tomó una de sus manos, para atraerla hacia él. Los demás no se apartaron tanto, al menos podían verlo todo desde las mesas. Igual que todo aquel que se encontraba almorzando ahí. Una parte de él se alegró, ya que así presenciarían la pedida de mano de su futura esposa.
—Es para ti —respondió, acariciando su mejilla con dulzura—. Todos me dieron una mano, incluso Pascal.
La chica sonrió con cariño cuando el mencionado hizo un símbolo de victoria con los dedos como respuesta. Realmente encontraba lindo el hecho de que dejaran sus diferencias de lado por ella… Al menos, esta vez.
—Es hermoso, Hao —aseguró, encantada. En respuesta, recibió una sonrisa de parte de su novio. Sin embargo, casi al instante, la joven cambió su expresión a una de pánico—. Espera… No me digas que olvidé nuestro aniversario.
—Tranquila, no es nada de eso —soltó una leve risa al verla suspirar—. Quería… Quiero hablar contigo sobre mis sentimientos… Sobre nuestra relación.
Alyss no pudo disimular que aquello no la había tomado por sorpresa.
—Llevamos siete años juntos… Siete largos años que has tenido que soportarme —bromeó él, sonriendo de lado. Alyss soltó una risita, negando con la cabeza—. Hablo en serio, estuviste a mi lado con la gran cantidad de problemas que tenía y siempre me diste ánimos cuando sentía que ya no podía más. Me apoyaste en las decisiones que tomé, aunque resultaran un desastre… y me perdonaste esa vez en que casi nos separamos por mis inseguridades. Sucedieron tantas cosas que terminaron por unirnos más. Quiero creer que lo nuestro es indestructible.
—Estoy segura de que lo es —afirmó ella, acariciando su brazo con calma.
—Puede parecerte exagerado, pero fue ahí que me di cuenta de que no soy nada sin ti —confesó, conectando su mirada con la de su compañera—. Te amo tanto, que no podría vivir sin ti a mi lado. Nunca me cansaré de repetírtelo: eres el amor de mi vida… y como te lo dije hace años, cuando te pedí que fueras mi novia, yo sólo tengo ojos para ti —notó que ella se emocionó al oír la misma promesa que su versión joven le hizo cuando se le confesó.
Tanteó su bolsillo, en busca del objeto más preciado que tenía en ese momento.
—Fuiste la primera y única a la que le abrí mi corazón. Fui sincero contigo y, por ello, te mostré cada una de mis facetas. Gracias por quedarte a mi lado siempre. Si así lo quieres, espero que lo sigas haciendo por el resto de nuestras vidas.
Dobló una de sus rodillas, hincándose ante ella. La chica se llevó las manos a la boca en un gesto de sorpresa, al mismo tiempo en que su compañero abría una pequeña cajita que había sacado de su bolsillo, dejando ver un anillo de plata.
—Podría seguir diciéndote lo mucho que significas para mí por horas, pero quiero escucharte también. Quisiera saber si quieres continuar recorriendo este camino a mi lado… Tú… —sintió que el Espíritu del Fuego le dio una patada en el trasero y lo dijo—. ¿Quieres casarte conmigo?
Su corazón dio un vuelco cuando la vio lagrimear y soltar una risa llorosa.
—Sí quiero casarme contigo, Hao.
Las exclamaciones de alegría de la gran mayoría fueron como un susurro lejano para Hao. Sonrió con verdadero sentimiento, antes de tomar su mano derecha y deslizar el anillo en su dedo con orgullo. Se levantó de su posición para quedar a su altura y poder besarla por fin. Ella respondió con la misma intensidad, entre silbidos y vítores de parte de su público y amigos. Una vez que se separaron, no había nada que pudiera distraerlos de verse como si fuera la primera vez.
—Me alegra que hayas aceptado, porque… la verdad, ya está todo listo.
—¿Eh? ¿De qué estás hablando?
Vio que su novio sonrió de manera traviesa. Este buscó algo en su mochila y se lo mostró. Era un papel color crema con una textura muy fina… parecía una…
—¿Asakura-Kyoyama… Asakura-Blair? —leyó lo que claramente era una de las invitaciones.
Miró a Anna, exigiendo una explicación. La rubia alzó su mano para que pudiera ver su anillo de compromiso. Entonces, lo entendió todo.
—¡¿Una boda doble?! —la joven Blair se obligó a bajar su tono de voz, debido a la sorpresa que le causaba la noticia.
—Así es, y será dentro de tres semanas —informó, riendo internamente al notar su desesperación por la falta de tiempo—. No te preocupes, todo está preparado. Hemos estado organizando la boda desde hace seis meses —señaló a Yoh con la cabeza, quien le guiñó un ojo en complicidad—, pero no he visto tu vestido, lo juro.
—¿Mi vestido? —inquirió ella, casi indignada por pensar que no lo diseñó.
—Tu madre me comentó que tenías un boceto guardado por ahí y… ya sabes lo demás. Ella se encargó —se justificó el muchacho—. En cuanto a todo lo demás, será una sorpresa para ti.
—¿No puedo saber dónde será? ¿Estás jugando conmigo?
El Asakura negó con la cabeza, se encogió de hombros y la retó con una sonrisa ladina.
—Eres malvado.
No pudo evitar darle un beso en la mejilla al verla roja de la rabia.
—No intentes preguntar porque nadie te dirá nada. Los he amenazado a todos.
—¡Hao! —exclamó ella, haciendo un mohín—. Eso está mal… y no es justo.
—La vida no es justa, cariño —la abrazó por detrás, intentando contentarla. Notó que más de uno se le quedó viendo con cierta molestia y eso lo puso de un buen humor. Sabía que el rumor se esparciría por todo el campus y ninguno pensaría en volver a acercarse a su futura mujer—. Vamos a almorzar afuera, alguien me comentó que abrieron un restaurante italiano muy cerca de aquí.
—Tienes clases dentro de una hora —le recordó una divertida Alyss.
—Tú también, y no veo que te estés quejando —le encantaba replicarle de cierta forma, pues ambos jugaban a retarse de esa manera—. Anda, sólo será una vez.
—Será con la condición de que pongamos eso en nuestro cuarto —entendió que ella se refería a la cortina en cascada de cristales—. ¡Es bellísimo! Imagínate ver algo así al despertar.
—Todo lo que mi princesa quiera —aceptó Hao, dándole otro beso en la mejilla.
Nada más importaba si Alyss había aceptado formar una familia definitiva con él. Sería su compañera de vida y, quizás, la madre de sus hijos. Aunque aún era un futuro distante. Ya tendrían tiempo para todo, ahora sólo quería disfrutar este día con ella… y, quién sabe, tal vez no volverían a la universidad en un buen rato.
•❈•
Volteó por millonésima vez sobre sí mismo en la cama y se cabreó cuando aquel molesto mechón de pelo se pegó a su cara. Se lo quitó con rabia y suspiró. Sabía que mañana se casaría y era lógico que estuviera nervioso, pero quería tener al menos unas horas de sueño decente. Clavó su mirada en el techo un momento, deseando más que nunca ver a Anna. Quiso maldecir sus tradiciones familiares.
—¿No puedes dormir?
El gemelo menor viró la cabeza hacia su derecha para encontrarse de frente con su otra mitad. Como ambos compartían el mismo sufrimiento en soledad, habían optado por instalarse en la misma habitación del hotel. Al final, era mucho mejor estar juntos… lo estimaba tanto que no le molestaba siquiera compartir su boda con él. Agradecía a su Uranai por haberle dado esa visión seis meses atrás.
—Por lo visto, no soy el único —susurró Yoh.
Hao sonrió de lado, acomodándose en su cama.
—Sigo sin creer que me casaré mañana —exteriorizó el mayor, riendo suave—. ¿Quién lo diría? Durante un tiempo, ni siquiera imaginé que podría llegar a tener novia. Mi relación con Alyss se dio tan rápido que hasta me asustó un poco.
—Es verdad. Todo sucedió de forma espontánea… Me alegro mucho por ambos —su hermano sonrió sinceramente, gesto que fue devuelto por el mayor.
—Al igual que yo por ustedes. Es un tanto extraño que te complementes con una chica con el carácter de los mil demonios, pero si crees que ella te hace tan bien como Alyss a mí, entonces es perfecto y siempre tendrás mi apoyo.
—¿Tú me hablas de un mal carácter? —preguntó Yoh, haciendo una mueca de burla—. ¿No te recuerda a alguien?
—Oye, ahora soy un hombre nuevo. Nada parecido al mocoso de hace años.
—Te oyes igual a Cedric con eso de "mocoso" —molestó el shaman.
Hao puso cara de pánico.
—Hazme un favor y no me compares con él, eso sí da miedo.
Ambos rieron juntos, disfrutando de ese momento fraternal que compartían. Era verdad que la paciencia de Hao abarcaba mucho más, pero eso no quería decir que no explotaría en un momento crítico. Todo se debía al carácter de su madre. Al menos, Maya había logrado aplacar una gran parte de su antiguo ser.
—Muy bien, señor hombre nuevo, creo que deberíamos intentar dormir.
—Sí, mañana será un gran día —concordó, sonriendo.
Sintieron que acababan de cerrar sus ojos cuando el despertador sonó, haciendo que recordaran su ajetreada agenda del día. Soltaron un quejido casi al unísono, sin poderlo evitar… Apenas fue una maldita hora de sueño. Luego de recuperar las fuerzas, el equipo de planificación del hotel se encargó de mostrarles el lugar, para que confirmaran que todo estuviera en orden. Pensaron que era una suerte que el paquete de bodas incluyera un tratamiento de spa para ambas parejas.
El lugar era hermoso. Definitivamente tomaron una excelente decisión al escoger las Islas Cook como lugar de celebración de su unión matrimonial. Sobre la arena blanquecina se situaban muchas sillas ceremoniales, las cuales iban cubiertas con fundas blancas y tenían enormes listones de color azul. Los invitados tenían una espectacular vista al hermoso mar turquesa. El arco frente al cual estarían las parejas tenía dos arreglos florales que desprendían pétalos rojos y blancos, formando así un precioso camino. El cielo estaba teñido en colores del atardecer.
Los gemelos ya estaban en sus respectivas posiciones frente al arco, muriendo de los nervios. Hao vestía un traje color beige, una corbata roja y un ramillete del mismo color. Su larga cabellera caía sobre su espalda, impecable igual que casi siempre. Yoh también lucía muy guapo con su traje gris claro. Llevaba puesta su corbata azul marino, y se había amarrado su cabello con un listón que combinaba con tal prenda, en una coleta baja.
—Se están tardando demasiado —murmuró el mayor.
Yoh tuvo que darle la razón. Intentó despejar su mente, aunque no le resultó. Él creyó que era típico que las novias se tomaran su tiempo para arreglarse y llegar elegantemente tarde a sus propios eventos nupciales. Pensó en mil escenarios, pero había uno que tenía más peso que el resto. ¿Y si ella se arrepintió y lo dejó plantado en el altar? …No, Anna no le haría eso. Lo más seguro era que Yohmei y Kino estuvieran dándoles su bendición. Era algo que les tomaría tiempo.
—Creo que ella huyó de ti —le sorprendió que Nichrom dijera en voz alta lo que él pensaba, sólo que se lo dijo más bien a Hao—. Sinceramente, no la culpo.
—¿Qué tan lejos crees que habrá llegado? —Redseb le siguió la broma, ya que tanto él como Nichrom estaban junto a Hao, así como Len y Manta estaban junto a él—. A estas alturas, seguro llegó a la Antártida.
Algunos invitados se aguantaron la risa ante la curiosa escena.
—Un comentario más y los voy a echar de mi boda.
Los amigos de Hao sonrieron de lado.
—No puedes echarnos, ya estamos aquí.
—Claro que puedo —el castaño hizo una seña con la cabeza—. Sólo es cuestión de llamar a los sujetos de seguridad.
Todos guardaron silencio cuando oyeron la marcha nupcial. Voltearon para ver a las novias y se llevaron una gran sorpresa al ver a cada una brillar a su manera. Anna usaba un vestido de encaje, escotado y de mangas cortas, además de una cola corta. Pequeñas florecillas de encaje cubrían la parte frontal de la prenda. Un moño muy elegante recogía su larga cabellera, la cual estaba adornada con un tocado de hojas plateadas. El vestido de Alyss era de satín, escotado y tenía un corte tipo sirena que se amoldaba a sus caderas. Su cabello caía en una larga y elegante trenza en cascada, portando un tocado de perlas marinas que recorría todo el peinado. La joven Blair había diseñado los vestidos muchos meses atrás, pero como los gemelos querían que la boda entera fuera una sorpresa, Leia se encargó de "robar" esos bocetos para mandarlos a confeccionar. Mizu llevaba la cola del vestido de su dueña, mientras que Yami lo hacía con el de Anna. Ambos muy contentos por lo que estaba a punto de pasar. Cedric se acercó a las novias y ofreció sus manos, pues era quien las iba a encaminar al altar. Ellas aceptaron gustosas. Una vez que llegaron hasta donde estaban los gemelos, el actual rey de los vampiros sonrió con verdadera paz y entregó la mano de cada chica a su respectiva pareja. Luego de eso, tomó su lugar junto a su mujer.
—Te ves preciosa —le susurró Yoh a su prometida.
—…Soy la casi-esposa del rey shaman. Debo verme espectacular, Yoh.
El joven rio levemente por el comentario.
—…Gracias —susurró la rubia, sonrojada.
Los cuatro se acercaron al altar, donde el buen Silver los estaba esperando. Los gemelos creyeron que, como ellos eran shamanes, sería ideal que su unión fuera dada por algún apache. De esa forma, podrían llevar a cabo una tradición antigua que consideraban que sería perfecta para la ocasión.
—Esta tarde nos encontramos aquí reunidos para ser testigos de un gran evento. La unión de estas jóvenes parejas en sagrado matrimonio —el mayor soltó una suave sonrisa—. Estoy seguro de que los Grandes Espíritus derramarán su gran bendición sobre ellos, teniendo así una vida próspera y llena de alegría.
El discurso continuó, pero ninguno de los cuatro prestó la debida atención. Cada uno estaba en su propio mundo, compartiendo el mismo nerviosismo. No sabían cuánto tiempo había pasado desde que inició la ceremonia, pero Silver los sacó de su ensoñación al llamar a la persona que les traería las alianzas de boda. Un pequeñín salió de entre las faldas de Leia, cargando dos cajitas entre sus manos. Ninguno de los presentes se aguantó una sonrisita de ternura, pues el niñito de cabellos tan oscuros como los de Leia y ojos tan dorados como los de Cedric era en exceso adorable, tal y como su hermana mayor. Años pasaron antes de que Ascantha encontrara una forma de que los inmortales tuvieran a sus propios hijos sin tener que usar un vientre solidario humano. Fue así que, a sus veinte años, Alyss conoció a su hermano menor, Dastan.
—La nuestra es la morada —susurró Hao al pequeño, al verlo confundido.
Dastan mostró una gran sonrisa cuando le dio la caja morada a su casi cuñado, y luego le dio la cajita verde a Yoh. Salió corriendo con vergüenza para volver a esconderse entre las piernas de su madre y su padre. Cedric y Leia sonrieron.
—En este momento, los novios harán sus votos matrimoniales.
Yoh abrió la cajita, dejando ver los anillos de oro. Tomó la mano de su prometida, quien hacía un esfuerzo por contener el aliento.
—Yo, Yoh Asakura, prometo serte fiel hoy y siempre, tanto a ti como a nuestros sentimientos. Quiero cuidarte como la reina que eres y protegerte de quien quiera hacerte daño. Prometo abrirte mi corazón y enamorarte todos los días un poquito más, como si fuera la primera vez. Pondré de mi parte para que lo nuestro dure hasta que llegue ese día donde uno de los dos tenga que partir… —le sonrió a su novia, acariciando su mano con lentitud—. Aunque tengo este presentimiento de que estaremos juntos aún dentro de los Grandes Espíritus.
Colocó el anillo en el dedo anular de Anna. No obstante, algo asombroso ocurrió mientras la joya se deslizaba por su piel. La fina línea que rodeaba al metal tomó una tonalidad blanco-azulada, imitando de alguna manera el furyoku del Asakura menor. El público se mostró sorprendido por este hecho… Ni siquiera Anna tenía fuerzas para hablar luego de presenciar algo tan bello y sincero. De alguna forma tuvo que arreglárselas para continuar, pues había llegado su momento.
—¿Señorita Kyoyama? —Silver la instó a hablar.
La rubia soltó un suspiro antes de tomar la alianza que le correspondía a Yoh.
—Yo, Anna Kyoyama, prometo amarte el resto de mi vida. Acompañarte en cada decisión que tomes, mostrándote el gran apoyo y la confianza que siempre te he tenido. Sabes que confío ciegamente en ti y quiero estar a tu lado cuando así me necesites. Sé de sobra que tú sólo buscas el bien de los demás, es una cualidad muy bella y, por eso, quiero hacer lo mismo por ti. Quiero formar una familia junto a ti y disfrutar cada momento que vayamos a vivir… y ni creas que sólo por eso no habrá orden en nuestra casa.
—Esperaba que dijeras eso —bromeó él, soltando una risa.
Anna le sonrió con ternura.
—Si ocurriera algo que nos separara en algún momento, prometo buscarte en el cielo y la tierra. No importa que tan lejos estemos del otro, tú me has enseñado que siempre volveremos al lugar al que pertenecemos… a nuestro hogar.
Imitó la acción del castaño, colocando el anillo en su mano derecha. Al igual que con ella, la delgada línea de la alianza se tornó de un color totalmente blanco, ya que ese era el color de su propio poder. Yoh sonrió complacido y tomó su mano para besársela. Luego de verse un momento, voltearon para darle toda atención a la pareja restante.
—Es su turno, señor Asakura.
El mayor de los gemelos optó por centrar su atención en su prometida para que el público no lo pusiera nervioso. Tomó la alianza que le pertenecía a Alyss y le sonrió.
—Yo, Hao Asakura, prometo ser el mejor esposo que pudiste tener en cualquiera de tus otras vidas —presumió, ganándose una risa de su pareja y también de los demás en general—. Prometo que cuidaré nuestra relación para que sea fuerte y duradera, porque tú eres lo más importante en mi vida. Quiero llenarte de todos los mimos que mereces y quiero que seas feliz. Quiero que tengamos una familia muy grande, y los cuidaré tanto como a ti. Juro que permaneceré a tu lado incluso en los peores momentos, porque es lo que tú hiciste por mí y quisiera devolverte todo ese cariño —hizo que ella desviara su mirada hacia el mar—. Lo nuestro es como el oleaje: si alguna vez nuestros sentimientos se debilitaran, estos volverán con mayor intensidad… así como las olas regresan al mar. Me aseguraré de eso.
Deslizó el anillo de oro blanco en su dedo anular, permitiendo observar el cambio de color en la alianza. En el metal, estaba grabada una pequeña letra H junto al diamante dorado. La letra se tornó de un color rojizo, como el furyoku del joven. Alyss tomó el anillo restante, preparándose para abrir su corazón.
—Yo, Alyss Blair, prometo estar siempre a tu lado, apoyándote o aconsejándote cuando más lo necesites. Además de ser tu esposa, me entrego a ti como amiga, amante, y la futura madre de tus hijos. Quiero darte fuerzas cuando se te acaben. Recordarte a diario lo especial que eres, por si llegas a olvidarlo. Te demostraré que todo tiene una solución… y sí, sé que serás el mejor esposo que la vida pudo haberme dado —él rio por esto—. Sé que te lo he dicho mil veces, pero me gusta repetírtelo: estoy muy orgullosa de los cambios que has logrado en estos últimos años y aún no acabas, porque continuarás haciéndolo como el gran rey que eres. Cada vez que me necesites, estaré ahí como tu fiel compañera de vida.
Insertó la alianza del gemelo mayor en su dedo, notando que la pequeña letra A adquirió una tonalidad color rosa claro. Sonrió con dulzura al ver que Hao sonreía de la misma manera. Supo que todo estaría bien, porque a partir de ese día, sus vidas estarían más conectadas que nunca.
—Por el poder que me han concedido los Grandes Espíritus, los declaro marido y mujer —anunció Silver—. Pueden besar a sus novias.
Ni siquiera esperaron a que dicha frase terminara, pues ya se habían adelantado a ella. Unieron sus labios en ese gesto tan significativo, sintiéndose más felices que nunca. Se separaron luego de un rato, escuchando los aplausos del público y el llanto de sus madres. Al verse directamente a los ojos, entendieron que todo era simplemente perfecto.
•❈•
El salón donde se llevaría a cabo la recepción era bien amplio, así los doscientos invitados cabrían perfectamente. Todo estaba elegantemente decorado, tal cual lo ordenaron los hermanos Asakura. No se arrepentían de haber elegido el Muri Beach Club Hotel para realizar la fiesta luego de la boda. Incluso fue duro aceptar que Cedric les ayudara a financiar el evento… Les dio mucha vergüenza, ya que fue demasiado dinero. Lo bueno fue que Mikihisa y Keiko no los dejaron solos y ayudaron a pagar la otra mitad. Fue realmente frustrante, pues ellos mismos se habían buscado un trabajo de medio tiempo como modelos masculinos para una marca de perfumes y no habían reunido ni un cuarto del dinero.
Yoh y Anna se encontraban en medio de la pista de baile. Tal vez el castaño no era el mejor bailarín de todos, pero hacía lo posible por guiar a su ahora esposa. Se movían con una elegancia que no pasó desapercibida para Alyss. Esta veía la escena con ternura. Siempre pensó que su amiga sería su madrina de bodas y viceversa, pero los gemelos habían cambiado sus planes. Claro que eso no le molestaba, más bien hacía que el momento fuera aún más especial. Estaba tan absorta en sus pensamientos que su marido tuvo que susurrarle al oído, para así traerla de vuelta.
—¿Nos unimos? —lo vio tenderle dulcemente la mano.
Alyss sonrió y la aceptó con gusto. Dejó que Hao la llevara hacia la pista de baile y, una vez ahí, él la sujetó de la cintura, mientras que ella ponía una mano en su hombro. A diferencia de su hermano menor, Hao y Alyss siempre disfrutaron los bailes lentos. Ambos comenzaron con su lenta danza, siguiendo los movimientos del otro.
I found a love for me
Darling just dive right in
And follow my lead
Well I found a girl beautiful and sweet
I never knew you were the someone waiting for me
'Cause we were just kids when we fell in love…
—¿Por qué tan callada? —inquirió el joven, divertido.
—…Es que no tengo palabras —murmuró ella, colmada de alegría—. Hao… todo es tan bello. No sé cómo agradecértelo, en verdad.
El castaño suavizó la mirada, enternecido por sus palabras.
—No tienes nada que agradecerme, te lo mereces.
Plantó un beso en su coronilla, haciendo que Alyss sonría con los ojos cerrados. Los dos estaban seguros que su amor sólo se acrecentaría con los años.
—¿Qué fue eso de los anillos? —curioseó ella.
—Oh, sólo una vieja tradición apache que me pareció linda —explicó, pues sabía que también le parecería algo ideal—. Chrom fabricó los anillos, forjándolos con una aleación de ciertos metales y agregándoles la magia antigua de los Grandes Espíritus… por eso pueden cambiar según el poder espiritual de la persona.
—…Es perfecto.
Well I found a woman, stronger than anyone I know
She shares my dreams, I hope that someday I'll share her home
I found a love, to carry more than just my secrets
To carry love, to carry children of our own
We are still kids, but we're so in love…
Continuaron bailando al compás de la música, viéndose el uno al otro. No existía nadie más en ese lapsus; estaban en su propio mundo. Hao no pudo resistir por más tiempo al verla tan bella y se acercó para robarle un beso. Ella sintió que se derretía en sus brazos y le correspondió con la misma delicadeza. Los Grandes Espíritus eran sabios y su encuentro con él nunca fue casualidad, ahora lo sabía. Cuando se separaron, notaron esa sonrisa de media naranja que ninguno podía dejar de poner. El aplauso general del público se oyó al terminar la canción.
Siguiendo con el protocolo, los cuatro protagonistas tuvieron que ir a cada mesa para saludar a los invitados, además de tomarse una gran cantidad de fotos. No pudieron evitar lamentarse por esta parte, ya que era tedioso por la cantidad de personas. Sin embargo, lo cierto era que cada uno ahí había marcado sus vidas de alguna manera: familia, amigos, ex miembros de la Rebelión, compañeros de escuela y universidad, y uno que otro profesor. Al momento de brindar, los recién casados agradecieron la presencia y el apoyo de todos. No era una sorpresa que sus padres quisieran participar de dicho discurso, pero ninguno esperó que fuera Cedric quien quisiera hablar.
—En primer lugar, me gustaría agradecer la presencia de todos ustedes en este día tan especial —comenzó, apartándose con elegancia el plateado cabello que le caía sobre un hombro—. Sé que la mayoría viajó desde muy lejos para llegar, me incluyo. Debo admitir que, aunque no he asistido a tantos eventos parecidos, es la boda más bonita en la que me ha tocado estar… después de la mía, claro —añadió al ver que su esposa alzaba levemente una ceja. Ninguno se aguantó una risa con esto. Luego, miró a su yerno—. Sólo tú sabes lo difícil que es para mí admitirlo, pero eres el indicado para cuidar de mi hija. Estoy tranquilo al saber que está en buenas manos —miró a Yoh y Anna—. De igual forma, les deseo la mayor felicidad en su matrimonio. Han demostrado que una relación puede darse a pesar de las diferencias, cosa con la que me identifico. Estoy muy orgulloso de haber sido mentor de los cuatro y de ver lo que han logrado hasta ahora. Espero que tengan una vida próspera como se la merecen… ¡Por los novios!
—¡Por los novios!
Todos levantaron sus copas, celebrando esa unión ejemplar. Los recién casados hicieron lo mismo, entrechocándolas para luego beber el champagne. La noche continuó con el banquete, bailes y mucha diversión. Había alguien que se había detenido para observar a los demás presentes. Opacho había dejado de ser una niña para dar paso a una tierna y dulce jovencita que estaba siendo criada en la nación de los vampiros por Cedric y Leia. La chica aún conservaba su humanidad por consejo de sus padres, pero no descartaba transformarse si su vida coincidía con la de alguien que la amara tanto como Hao amaba a su hermana adoptiva. Sonrió al verlos partir el pastel, el cual supo que se había pedido de dos sabores para que tanto su hermana como su cuñado lo disfrutaran. No aguantó una risa al notar que el pedazo de chocolate le había tocado a Alyss y el de vainilla a Hao. Los dos se miraron algo disconformes, pero luego rieron.
Un par de horas después, se despidieron de los invitados. Las dos parejas fueron trasladadas hasta el aeropuerto, donde esperarían a sus jets privados –cortesía de Cedric Blair–. Estaban tan agotados que durmieron durante casi todo el viaje. Hao apenas se percató cuando llegaron a su destino. Sonrió y se adelantó para despertar a su esposa, indicándole que viera por la ventanilla.
—No puedo creerlo… —murmuró Alyss, sin dejar de contemplar los edificios que se alzaban a su alrededor—. ¿Santorini?
—Te dije que te tenía reservado lo mejor —repitió él, levantándose y ayudándola a cargar su maleta—. Yoh ya me avisó que llegaron bien a Dubái.
Tomaron uno de los lujosos taxis que había en el aeropuerto para llegar hasta el hotel que Hao había reservado. Una vez ahí, le entregaron las llaves de su suite matrimonial; habitación que disfrutarían durante un mes de descanso. Alyss veía maravillada la vista que tenían desde el cuarto que compartirían.
—¿Podemos quedarnos aquí para siempre? —pidió la joven, dejándose caer en la cama.
Obtuvo una risa de su esposo como respuesta.
—No tenemos tanto dinero, amor —se acostó a su lado, abrazándola—, pero te prometo que disfrutaremos lo máximo que podamos.
—Te tomo la palabra.
Ella lo volteó a ver para robarle un beso en los labios, mientras intentaba quitarle la corbata que llevaba. Santorini podía esperar; después de todo, tendrían el mes entero para recorrer ese hermoso lugar.
•❈•
La familia Asakura se había reunido en casa de Yoh y Anna, la cual estaba justo al lado de la pensión. Como Anna quería que el lugar fuera un hotel en el futuro, Yoh pensó que sería buena idea mudarse cerca. Fue una suerte para ellos que el vecino decidiera mudarse a causa de 'presencias extrañas'. No dudaron ni un momento en comprarla. Aunque había pasado un buen tiempo, era difícil asimilar la idea de que su hermano gemelo ya no vivía con él. Hao y Alyss residían en otra zona de Tokio, como a diez minutos. Igualmente, se visitaban casi siempre.
Sin embargo, los últimos meses habían sido diferentes: los meses de embarazo. El pequeño Hana había nacido un par de meses atrás, y Anna se encontraba en recuperación, mientras que Alyss ya estaba en su séptimo mes de gestación. El clan no podía estar más feliz con la llegada de los primeros descendientes.
—¿Esto es polvo? —inquirió Anna, pasando un dedo sobre la superficie de aquel mueble de madera—. No estás haciendo bien tu trabajo, Mizu.
Vio que el gatito le siseó, así que le devolvió una mirada amenazante. Debido a que ninguna de las mujeres podía moverse mucho, los espíritus acompañantes fueron puestos a hacer la limpieza de la casa. El malhumor de la rubia sólo había aumentado tras el embarazo… pero él no era la única víctima.
—Él tiene razón, se están aprovechando de nosotros.
El Espíritu de la Tierra buscaba que su dueño lo defendiera, pero Yoh se encogió de hombros, dándole a entender que no era más fuerte que él en este caso. Los espíritus elementales fueron obligados a preparar los alimentos para las madres. Alyss intentaba apaciguar el malhumor de su amiga, pero tampoco podía hacer gran cosa.
—El Espíritu del Fuego opina igual —exteriorizó Hao—. Dice que, si no lo ayudas a ser libre, no te convidará sus muffins.
—¡Oye! —se quejó el Asakura menor, riendo un poco—. Bueno, no importa. Creo que Hana ya debe estar despierto. Iré a traerlo, así que suéltate el cabello.
—¿Por qué debe tenerlo suelto? —preguntó Nichrom, curioso.
Kaoru, con quien se había casado recientemente, tampoco tenía la menor idea.
—Digamos que es un pequeño experimento.
Dicho esto, el gemelo menor fue a buscar a su hijo. No pudo evitar recordar ese momento en que su esposa le confesó que estaban esperando un bebé. Esperó con ansias su nacimiento para tenerlo en brazos y darle todo su amor. También sintió gran preocupación, pues ni siquiera habían terminado la tesis. Por suerte, se graduaron poco antes de que él llegara al mundo. Anna fue la única en dicha promoción que terminó con cinco meses de embarazo.
Salió de su trance cuando llegó al cuarto de Hana. Abrió con cuidado la puerta y se acercó a la cuna. El pequeño era una copia exacta de ambos. Heredó el rostro y el cabello rebelde que él tenía, mientras que el color de cabello, piel y ojos los había sacado de su esposa. Notó que Hana entreabrió levemente los ojitos.
—Vamos, Hana. Es hora de conocer al tío Hao —susurró.
Lo cargó suavemente en brazos y bajaron a la sala de estar, donde su hermano lo estaba esperando. Apretó sus labios, conteniendo la risa cuando notó que su pobre hijo no sabía si mirarlo a él o a su tío. El mayor sólo había podido observar a su sobrino cuando este dormía, o cuando Yoh estaba en otro cuarto. Evitaban estar juntos en una misma habitación, para que todo saliera perfecto. Lo habían planeado mucho antes de concebir a sus hijos.
—¿Qué rayos harán? —preguntó Kaoru, juzgándolos con la mirada.
—Ya verás, hermanita.
Yoh acomodó mejor al pequeño, quien aún no dejaba de ver a su gemelo. Hana lo inspeccionaba con cuidado. Luego, volteó a ver a su padre, confundido. Estuvo así unos segundos, mirando a los dos cada tanto.
—Hola, Hana —saludó Hao, aguantando la risa—. Ven aquí. Deja a ese impostor y ven con tu padre.
El niño extendió sus brazos, queriendo ir con el que decía ser su papá. El mayor lo cargó con cuidado, intentando no reír tan fuerte para no asustarlo.
—Oye, ¡me has robado a mi hijo! —reclamó Yoh, entre risas—. No le hagas caso, Hana, él es el impostor. Ven con tu verdadero papá.
El bebé reconoció el tono de voz de su padre… o eso creyó, pues en realidad se parecía mucho al de su tío. Estiró sus manitas para que su papá lo sostuviera, pero no dejaba de ver al otro adulto que se parecía tanto a su progenitor.
—¿Cómo pueden engañar así al pobre Hana? —los regañó Keiko, frunciendo un poco el ceño—. ¡Sólo es un inocente bebé!
—No es para tanto, mamá —respondió Hao de manera despreocupada—. Tenía curiosidad por saber si nuestros hijos podrían diferenciarnos.
—Hao tiene razón —lo defendió Yoh, mientras volvían a pasar a Hana. Este aún no entendía lo que sucedía, y quería estar en brazos de su tío—. Como tenemos el cabello igual de largo, somos idénticos… Vamos, sólo es una broma.
—Son unos tontos —habló Anna, cruzándose de brazos—. El pobre podría creer que Hao es su verdadero padre. ¿Eso es lo que quieren?
—Eso no pasará —replicó su esposo, aunque fue silenciado por una mirada muy intimidante de parte de la rubia.
—Amor, ayúdanos —pidió Hao.
No obstante, no tardó en darse cuenta que aquello fue en vano. Su pobre esposa se había quedado dormida en el sofá hace ya media hora. El mayor suspiró muy preocupado. La situación era algo alarmante, pues su mujer no sólo llevaba dos niños en su interior, sino que estos no eran del todo mortales. Una pequeña parte de ellos sería vampiro… Además, ya estaba en su último trimestre y el vientre ni siquiera parecía que llevara dos bebés, era muy pequeño. La energía que ambos consumían era lo que hacía que Alyss se durmiera a todas horas.
—Creo que ni el estrés de la tesis se compara al de estos meses —admitió Hao, por lo bajo—. No puedo dejar de pensar en lo que le ocurrió a Leia. Intento que esté lo más cómoda posible, que se alimente bien y que esté tranquila… y parece que el estresado soy yo, incluso se me está cayendo el cabello.
—No exageres, hijo —soltó Mikihisa, negando con la cabeza.
Hao arqueó una ceja y pasó la mano por su pelo, para mostrarle a su padre que estaba equivocado. Unos cuantos mechones se habían desprendido.
—Es normal que eso pase. Estás estresado —le explicó Kino.
—Como sea, me trataré mañana mismo. No quiero quedarme calvo —tarde notó que lo dijo en voz alta y luego miró a Yohmei—. Sin ofender, abuelo.
Todos rieron, incluso él terminó uniéndose. El ruido acabó por despertar a Alyss. Esta le sonrió a su marido en cuanto lo vio.
—Ya deja de estresarte, Hao —susurró, cansada—. Estoy bien.
—Parece que no sólo vas a terminar neurótico, sino que también calvo —recordó Kaoru, haciendo que todos vuelvan a reír.
El Espíritu del Fuego terminó por acercarle un muffin a Alyss, cuyos antojos eran frecuentes. Ella agradeció y comenzó a comérselo, apaciguando su hambre. Hao notó que el espíritu sagrado se sentó en el regazo de ella, acercándose a abrazar su vientre como si intentara protegerlo. Fifi había adoptado esta nueva actitud el día en que se supo que Alyss estaba embarazada, y no dejaba de pensar que él siempre lo supo. La custodiaba todo el tiempo, como si algo malo le fuera a pasar y se ponía bravo si cualquiera se le acercaba de repente. El Asakura sabía que podía estar tranquilo, pues no era el único que velaba por el bien de sus hijos.
•❈•
—¿Qué haces?
Hao atrapó a su esposa justo antes de que fuera a salir de la cama. Alyss lo miró con el ceño fruncido.
—Ya no quiero estar encerrada —protestó ella, lloriqueando—. Quiero salir a ver el sol, quiero ir a la playa, quiero ir a comer a un restaurante… Hace meses estoy así, Hao.
El Asakura se sintió mal por ella. Tenía razón, pues hacía como un mes que ella entró en la etapa crítica de su embarazo y cualquier paso en falso podría herirla. Se acercó y se sentó a su lado en la cama. Le acarició la mejilla con dulzura.
—Lo sé, pero ya oíste a Fausto… Tienes que descansar por el bien de los niños —le recordó, acariciándole el ceño para que dejara de fruncirlo—. Ten paciencia, ya pronto estarán con nosotros. Hasta entonces, voy a cuidarte… así tenga que ponerle seguro a la puerta para que no salgas a la calle.
Alyss abrió la boca con indignación, pero luego la cerró porque no podía replicar. Él tenía razón, su prioridad eran los gemelos. Sin embargo, luego de un tiempo, no era tan fácil con lo activa y enérgica que solía ser. Quizá tenía suerte de tener esa reserva de energía para ellos. Cualquier otra en su lugar habría enloquecido, tal vez. Volteó a ver sobre su hombro y notó que las cosas de los bebés estaban esparcidas por la cama: ropa, pañales, algunos juguetes. Ya ni siquiera su cama estaba ordenada.
—Está bien, tú ganas —se acomodó y volvió a acostarse, mientras su marido se encargaba de quitar las cosas de ahí—. Intentaré descansar.
—Buena chica, por eso te traeré chocolate caliente —soltó una risa cuando Alyss viró los ojos, en señal de que no la compraría con eso—. Está haciendo frío.
Luego de abrigarla con cuidado, bajó las escaleras y entró a la cocina a paso un poco apresurado. No podía dejar de tener ese mal presentimiento que se había cumplido en muchas ocasiones. Pensó que no tenía nada que temer, pues Mizu estaba arriba cuidando a su dueña.
—Apresúrate —escuchó una voz en su mente, por lo que volteó para encontrarse con el Espíritu del Fuego—. Tus hijos son demasiado inquietos y, aunque no sea su intención, la están lastimando por dentro desde que dijiste 'chocolate', así que muévete… No puedo creer que esos niños sigan tu mal ejemplo desde el vientre.
—¿Qué demonios haces aquí? Sabes que ella necesita de tu calor —lo reprendió y, al mismo tiempo, viró los ojos—. Olvídalo, me apresuraré.
Su mente iba a mil por hora, mientras sacaba todo lo necesario para el chocolate. Intentó calmarse, pero estaba muy estresado con el embarazo de su esposa. Su espíritu tenía razón, era demasiado controlador. El pánico intentaba apoderarse poco a poco de él. ¿Por qué sentía tanto miedo al nacimiento de sus hijos? Sólo eran un cuarto inmortales. Probablemente no le harían daño a Alyss en el parto.
—Cálmate, todo se solucionará —susurró para sí mismo.
Repetía la típica frase de su hermano, esperando que tuviera razón. Amaba tanto a sus hijos como a Alyss, y quería lo mejor para los tres. Se había comprometido a cuidarlos en todo momento, sin importar lo que sucediera. Eso era lo que haría. Vertió el chocolate líquido en una taza, decorándolo con malvaviscos y la canela en polvo. Se veía tan apetitoso que se arrepintió de no preparar uno para él.
—Ya vienen… —susurró el Espíritu del Fuego, sorprendido.
—¿Qué…?
Un grito ahogado impidió que terminara con esa pregunta. Soltó la taza que tenía en la mano al reconocer la voz de su esposa, y corrió escaleras arriba. Entró sin delicadeza, encontrándose con la dolorosa imagen de su mujer sufriendo aquello que creía eran sus primeras contracciones. La ayudó a levantarse y notó la cama mojada, lo que confirmaba que la fuente se había roto. Una vez que bajaron y la subió a la camioneta, Hao condujo como alma que llevaba el diablo para llegar y que atendieran a Alyss en el hospital. Fue un caos cuando llegaron y el hombre pidió que lo ayudaran. Fue cuando llevaron a Alyss a la sala de partos que llamó a su familia para avisarles. No pasaron ni quince minutos cuando fueron llegando poco a poco. Cedric estaba tan muerto de nervios como él y ninguno podía decir nada que mejorara la situación. Estuvieron esperando unos minutos en silencio, hasta que una enfermera salió de la sala y se acercó al grupo a toda prisa.
—¿Algún familiar de la señorita Alyss Asakura?
—Yo soy su esposo —se apresuró a decir Hao, intentando ocultar su temor.
La mujer se mordió levemente el labio, como si estuviera ordenando las palabras que iba a utilizar.
—El doctor Fausto me ha enviado a hablar con usted. La situación de la señorita es muy delicada. Él hará todo lo posible para que el parto sea un éxito, y con mi equipo de enfermeras le ayudaremos en lo que sea posible —intentó calmarlo—, pero, como sabrá, la naturaleza de sus hijos lo está complicando un poco.
Hao agradeció estar sentado, porque sentía que desfallecería al escuchar lo que la ayudante de Fausto estaba por decirle.
—…Necesito que me diga a quién salvaremos si el parto se complica.
Nadie pudo creer lo que escuchaban. Era cruel pedirle a un hombre que eligiera entre el amor de su vida y sus hijos. ¿Cómo podría tomar semejante decisión?
—¿Cómo puedes preguntarme eso…? —le enfermera le dio a entender que ella tampoco estaba contenta haciéndole esa pregunta, mas era necesaria. El joven se tomó un tiempo antes de hablar, dolorosamente—. Salven a mi esposa.
La mujer asintió, antes de retirarse del lugar. Hao cubrió su rostro con sus manos, sintiéndose terriblemente mal. Sintió que les había arrebatado la oportunidad de vivir a sus hijos, a esos pequeños que amó desde que supo que sería padre por ellos. Creyó que era egoísta, pues pensaba que su mujer era más importante, y no se trataba de eso. La realidad era que sentía que moriría sin Alyss, no había forma de que soportara perderla. Si ella sobrevivía, podrían superar esta pérdida juntos… y, tal vez, podría volver a quedar encinta en el futuro.
—Lo siento… —su disculpa iba más bien a la persona que estaba sufriendo tanto o más que él por el miedo de perder a su hija o a sus nietos—. No quería, yo no quería asesinarlos…
—Tú no has asesinado a nadie —respondió Cedric.
No pasó mucho tiempo antes de que la alarma de la sala de partos sonara. Las familias notaron que las enfermeras corrían de un lado a otro por el desfibrilador. Entre tanto pánico, Hao ni siquiera notó que el Espíritu del Fuego no estaba con él. Sólo podía escuchar las exclamaciones que lo ponían cada vez más nervioso. Todos estaban demasiado angustiados, esperando lo peor. Pasaron los minutos y se hicieron una eternidad, hasta que se oyó el llanto de un bebé. Eso quizá era un alivio para cualquier otra persona… pero Hao sintió que su corazón se detuvo.
—…Por favor, no —susurró, preso del pánico.
No podía pensar en nada más, él simplemente creía que ella había muerto. Toda su familia lo veía con muchísima lástima, cosa que hizo que se molestara. Kaoru quiso acercarse a él, pero este no la dejó y la hizo a un lado para salir de la sala de espera. Necesitaba estar solo para lidiar con todo lo que cargaba su corazón. Cuando estuvo lo suficientemente alejado, se dejó caer al piso, sin tener control de su respiración.
—Hao…
No era necesario voltear a ver, sabía quién era el único que se había atrevido a buscarlo. Yoh se sentó a su lado, abrazándolo con fuerza. No pudo más. Se echó a llorar con amargura al estar en los brazos de su otra mitad. Le dolía demasiado haber perdido a la mujer que amaba.
—Lo siento mucho, hermano. Sé que es doloroso perder a alguien… —trató de consolarlo, acariciando su larga cabellera—. Alyss te amó con toda su alma, y le dolería verte así. Entiendo que es difícil, pero tienes que ser fuerte por ella… por tus hijos. Ellos también te aman, y necesitan a su papá.
Hao sabía que tenía razón, pero sus fuerzas lo habían abandonado. No sabía si podría regresar a la sala principal, donde su familia estaba esperando. Tener que ver a su mujer para despedirse de ella, aunque era lo correcto. Estuvieron así por un rato hasta que logró calmarse. Secó las lágrimas de su rostro, mientras intentaba normalizar el ritmo de su respiración.
—No me siento capaz de verla… pero tienes razón. Aunque duela mucho, debo ser fuerte por mis hijos —habló, con la voz un poco ronca por haber llorado—. Alyss hubiera querido que saliera adelante por ellos.
Yoh asintió, sintiéndose triste por ver a su hermano en ese estado. Lo ayudó a levantarse, acompañándolo hasta la sala de espera. Hao no tenía valor para ver a los padres de su difunta esposa. Agradecía que sus largos cabellos le cubrieran la cara, de modo que nadie podía ver la profunda tristeza que se había plasmado en su rostro. Los gemelos vieron a una de las ayudantes de Fausto acercársele al mayor. Era la misma que lo buscó anteriormente.
—¿Puedo verlos? —preguntó Hao.
La mujer asintió, dejándolo pasar. El castaño avanzó con paso temeroso. La sala era bastante grande, con todo el equipo necesario para atender un parto. Hacia el fondo, yacía Alyss en la camilla principal. Se veía tan débil, tan pálida, sin su típica energía… se veía muerta. Soltó un suspiro mientras se sentaba en la silla que estaba al lado. Tomó una de sus manos entre las suyas, temblando un poco al sentirla fría.
—Gracias por ser la mejor esposa del mundo —empezó, tragando un poco para que su voz no se entrecortara—. Sé que estuvimos casados por poco tiempo, pero fue el mejor año de mi vida. Disfruté cada uno de los días junto a ti y espero que tú también lo hayas hecho… Te prometo que velaré por Demian y Reagan. Los amaré tanto como llegué a amarte y siempre los protegeré. Los educaré tan bien que te sentirás orgullosa de ellos. Te recordaremos como la mejor esposa y madre de todas, y algún día nos reuniremos contigo, dentro de los Grandes Espíritus… Espero que me recibas con una de esas dulces sonrisas que tanto amaba —susurró, sin poder contener su llanto—, y que me aguantes, porque no te dejaré ir…
Calló abruptamente al sentir que su mano se cerraba con fuerza en la de él. Alzó la mirada y la vio mover ligeramente la cabeza de lado. Abrió los ojos con mucha dificultad y lo miró.
—Eres tan exagerado.
El Asakura no podía creerlo. Lentamente fue mostrando una sonrisa de alivio, y sus ojos derramaron más lágrimas. ¿Cómo era eso posible?
—Eso fue hermoso. Créeme que yo tampoco te dejaré ir nunca.
Sintió que su helada mano le acarició la mejilla y sonrió.
—¿…Cómo? —Hao sintió pasos detrás de él y vio a Fausto asomarse—. Fausto, no tienes idea de lo mucho que te agradezco…
—Espera un momento, no fui yo —sonrió un poco—. Fueron ellos.
Ni Hao ni Alyss entendían por qué el médico señalaba a la muchacha. Al mirarla bien, el shaman entendió que estaba tan triste y concentrado en despedirse, que no notó el poder espiritual que rodeaba a su esposa. Estaba fusionada.
—Le pedí a Mizu que se fusionara con ella antes de iniciar el parto. La estábamos perdiendo cuando el Espíritu del Fuego entró e hizo la fusión también.
—¡¿Qué?! —exclamó el hombre—. ¿Está fusionada con ambos? ¿Es posible?
El rubio se encogió de hombros, divertido.
—Supongo que es el poder que necesitábamos para mantenerla con vida hasta que todo pasara. Realmente es un milagro.
Hao volteó a verla, sonriendo lentamente.
Gracias, Espíritu del Fuego, soltó en su mente.
De nada, chico, oyó que le respondía.
Un carraspeo los sacó del momento. Fausto y su asistente traían dos pequeños bultos en sus brazos. El shaman alemán sonrió al ver a la joven pareja.
—Supongo que querrán conocer a sus hijos… Son preciosos.
Se acercó a ellos, entregándoles un bebé a cada uno. El doctor tenía razón, eran hermosos. Tenían las mismas facciones que su padre, pero la tez de su madre. Notaron que Demian –el mayor de ellos–, tenía sus ojos ligeramente abiertos, permitiéndoles observar la tonalidad azulada. Se parecían tanto a los de…
—…Darkar —susurró Hao, sorprendido.
Alyss lo miró, un poco preocupada por su reacción. Sin embargo, Hao la vio para darle a entender que todo estaría bien.
—Son los ojos de nuestros hijos, y son perfectos.
Ella sonrió al escucharlo, abrazando con cuidado a su hijo menor. Hao se acercó, depositando un beso en la coronilla de la mujer. Ese día pasó el susto de su vida, pero también ocurrió ese suceso que ambos esperaban con ansias. Finalmente tenían a sus bebés. Ahora podrían darles todo el amor y cariño que se merecían. Sabían que todo estaría bien a partir de ese día.
•❈•
—¡Hasta que llegas! —lo regañó Hao, apenas abrió la puerta para que pasaran—. Este lugar parece una guardería… ¡Estos niños destruirán la casa!
Yoh sonrió cuando vio a Hana correr hacia el interior de la residencia, buscando a sus primos. Él y Anna siguieron al mayor hacia la sala de estar, mientras veían el desastre que habían armado los pequeños. Las elegantes paredes de la casa estaban manchadas con témperas, el piso tenía marcas de pisadas y se habían roto algunos adornos de cerámica. Por primera vez en su vida, Hao lamentó que su casa de verano en Yokohama fuera la sede de reunión anual.
—La próxima vez, será en una de las mansiones de Len —murmuró Hao—. Los pequeños monstruos tienen prohibido volver aquí, al menos hasta que tengan la madurez suficiente para cuidar los bienes ajenos.
—En serio, no puedo creer que no seas capaz de poner orden en mi casa —una malhumorada Anna veía a su alrededor casi con indignación.
—¿Tu casa? Pff —replicó él, haciendo que la rubia se enfadara aún más—. Este lugar me pertenece y tú no eres nadie aquí.
—¿Disculpa? Yoh también es dueño de este lugar —recordó la abogada—. Por lo tanto, eso me convierte en propietaria de igual manera.
—¿Podrían callarse? —Alyss bajó a uno de los niños que intentaba colgarse de las cortinas y luego se dirigió a los recién llegados—. Dejen de discutir por cosas sin importancia y vengan. Todos los están esperando.
—Gracias… —murmuró el gemelo menor, viendo hacia arriba en alivio. Hasta él estaba harto de las peleas de su esposa y hermano.
Cuando comenzaron la universidad, los shamanes ya no se veían con la misma frecuencia que cuando estaban en la escuela, dado que la mayoría se buscó un departamento propio o incluso vivían en el campus de la universidad. Los únicos que se quedaron en la pensión –porque la casa les pertenecía, de hecho– fueron Yoh, Hao y Kaoru, y con ellos también vivían Anna y Alyss; pero claro que cambió la situación cuando se casaron y acabaron sus carreras. Decidieron que lo mejor sería realizar las reuniones de vez en cuando para ponerse al tanto de sus vidas y demás. En ese preciso instante, todos se encontraban en el comedor, hablando sobre lo que había pasado últimamente.
La edad promedio del grupo era de treinta y tantos años, y la gran mayoría había hecho su vida con su pareja. Len optó por seguir la carrera de Administración de Empresas para fundar su propia compañía que fabricaba varios tipos de piezas electrónicas. Pilika, con quien se había casado y ahora eran la cabeza de la familia Tao, trabajaba en una veterinaria, aunque tenía el sueño de abrir su propio local. Ambos tenían un hijo llamado Zen, cuyo cabello oscuro y con la particular forma de pincho fue heredado de su padre, mientras que sus bellos ojos azules fueron de parte de su madre. Apenas tenía cuatro años.
Horo-Horo seguía fiel a su idea de construir un gran campo de plantas alrededor del mundo, y por esa razón se convirtió en ingeniero agrónomo. Por su parte, la dulce Tamao también siguió su propio sueño. Se graduó de Gastronomía y Artes Culinarias, para volverse chef principal del Funbari Onsen. Tuvieron a una única y hermosa niña con un cabello púrpura claro –combinación de ambos– y ojos tan oscuros como los de Horokeu. Su nombre era Damaris y tenía dos años.
Desde que era un niño, Lyserg tenía muy en claro que quería ser igual a su padre y ser un excelente detective. Esa pasión lo llevó a estudiar Criminalística. Como era de esperarse, terminó casándose con Matilda. Matisse era apasionada de lo referente al teatro, por eso estudió Artes Escénicas. Ya tenían una niña llamada Layla de seis años, cabello verde claro y ojos morados. Además, Matilda estaba embarazada de nuevo. Quisieron hacer una apuesta al respecto, por lo cual Yoh tuvo que decirles que tendrían un niño de cabellos tan naranjas como ella y ojos tan verdes como los de Lyserg, al que llamarían Leigh. El inglés tuvo que pagarle tres mil trescientos yenes a su esposa.
Rutherfor trabajaba en el Observatorio Astronómico Nacional de Japón. Realizó diversas investigaciones sobre el universo y sus componentes y, en ocasiones, daba conferencias para el público en general. ¿Chocolove? Pues fue compañero de Matilda en la universidad, convirtiéndose en actor de cine al graduarse. De hecho, le iba tan bien que lo contrataron para formar parte del elenco de unas cuantas películas de Hollywood. Tuvieron un hijo de cuatro años llamado Jordan, quien era muy parecido a Chocolove, sólo tenía la alocada melena de Rutherfor.
—Hasta que Mari te prestó atención, Red —bromeó Horo, bebiéndose un jugo.
—Es asombroso, ¿verdad? —Nichrom le siguió el juego—. Ya se habían tardado en casarse. ¿Quién diría que una mujer tan linda te diría que sí, amigo?
—Hey, me estoy poniendo celosa —lo cortó Kaoru, con su usual tono juguetón.
Todos rieron al ver las mejillas coloradas del Munzer.
—No sé de qué hablan… El Redseb inmaduro ya no existe —aseguró el aludido, sintiéndose orgulloso—. Un psicólogo tiene que ser alguien centrado. Tengo que tomarme mi trabajo muy en serio si quiero ayudar a los demás.
—Tu colección de muñecos dice lo contrario, querido —bromeó Marion, quien le siguió las risas a los demás cuando su esposo reclamó que revelaba su 'oscuro secreto'—. Sería genial que existiera un personaje literario con tu personalidad… Es una lástima que sólo escriba libros de terror.
—Amor, sabes que amo tus libros… pero no me incluyas en ellos —musitó él—. No quiero ser devorado por seres malignos.
—¿Y qué hay de ustedes? —inquirió Chocolove, dirigiéndose a los restantes—. Tenía meses de no comunicarme con todos. El rodaje de mi nueva película con Adam Sandler me alejó de la sociedad, pue'.
—Nichrom trabaja como ingeniero aeronáutico en el Aeropuerto de Narita —dijo Kaos, orgullosa de los logros de su esposo—. Yo tengo a cargo la jefatura de la parte del Departamento de Marketing de la empresa de papá. Me va muy bien a pesar de que tuve diferencias con los empleados al comienzo.
—Tranquila, mantén la cabeza en alto —opinó Anna—. Los hijos de los dueños siempre tendrán diferencias con los empleados, sólo hay que saber tratarlos… y sabes que, si alguno se pasa, házmelo saber y le daré una lección judicial.
Una gotita de sudor apareció en la nuca de los presentes. Anna era una abogada excelente. Gracias a su carácter, ganaba cada uno de sus casos. Todos sabían que tenía un don innato para la abogacía. No fue ninguna sorpresa que uno de los bufetes jurídicos más importantes de Japón la contratara cuando se graduó.
—No has pasado por el centro de modas, Chocolove —le recordó Alyss, divertida porque lo olvidó—. Tengo tu traje listo desde hace una semana. Tienes que ir si quieres llegar a la alfombra roja con él… Además, viajaré la próxima semana al Desfile Internacional en Milán y no estaré por aquí.
—Tienes razón, ahí te lo pagaré —rio el moreno—. Es el mejor traje que me han hecho, pue' —se recostó y volteó a ver a Manta, quien seguía como único soltero del grupo—. ¿Y tú, chiquitín? ¿Qué cuentas?
—Papá me dio la dirección del Departamento de Contabilidad recientemente —informó Manta, mirando con nerviosismo la escena—. Mencionó algo de jubilarse pronto… Quiere que aprenda todo sobre la corporación familiar antes de dejarme como el nuevo CEO.
—Eso es grandioso, Manta —felicitó Yoh, sonriendo—. Hao y yo dejamos de ser programadores hace unos meses. Por fin se inauguró el Departamento del Área de Videojuegos en la empresa de papá.
—¡Sí! ¡Ya era hora! —exclamó Hao, contento—. Estaba casi convencido de que habíamos estudiado para nada.
Al tener su padre una empresa que se dedicaba al desarrollo de software, ambos consideraron que sería conveniente estudiar una carrera relacionada a ello. Sin embargo, sentían que no era algo que los apasionaba. Ellos querían desarrollar videojuegos porque lo encontraban genial. Mikihisa no dudó en expandir la gran cartera de productos de la compañía cuando supo lo que sus hijos querían. Les ofreció la dirección completa del departamento, no obstante, los gemelos aún no se sentían preparados. Permitió que desempeñaran las actividades que querían: Hao estaba a cargo de realizar las animaciones, mientras que Yoh diseñaba los distintos personajes y escenografías.
—Es bueno saber que todos estamos donde queremos —declaró el ainu, feliz—. Esto merece un brindis…
Se levantó de su asiento para dirigirse a la cocina. Luego de un momento, volvió con una bandeja que tenía varias copas de piña colada. La bebida se veía súper, pero había un problema.
—Espero que estés bromeando, nuestros hijos están al lado —Horo viró los ojos al oír la voz de su ahora cuñado, Len—. No podemos emborracharnos.
—Oye, no soy tan irresponsable… Tengo que conducir a casa —declaró el ainu, haciendo un gesto de desafío—. Tiene muy poco alcohol, no pasará nada.
Aunque estaban un poco inseguros, todos tomaron una copa cada uno. Matilda no lo hizo por su embarazo, y cuando Alyss estuvo a punto de hacerlo, el gemelo menor casi se precipitó sobre ella para quitárselo, asustando a todos.
—Lo siento, no quería asustarte —se disculpó Yoh, dejando la copa a un lado—, pero tú no puedes beber alcohol.
—¿Por qué no? —inquirió su cuñada, aún sorprendida.
Tanto Anna como Hao lo miraban como si se hubiera vuelto loco. El gemelo más joven suspiró y pidió disculpas a su hermano con la mirada.
—No quería darles la noticia de esta manera, pero tengo que cuidar a mi sobrina que ya está en camino —Yoh sonrió al percibir la confusión en su gemelo—. Tú estás embarazada de nuevo, Alyss.
—¡¿Qué?! —la exclamación fue tanto de Hao como de Alyss.
El Asakura mayor recapituló lo que dijo su hermano, palideciendo al comprender que iba a ser una niña. Alyss, por el contrario, casi llora de la felicidad, pues Hao sabía que siempre quiso una niña. Rayos… sabía que su princesa le traería unos problemas de lo peor, iba a contradecirse a sí mismo porque se enamoraría tan perdidamente de ella que querría darle todo, aunque no fuera lo ideal. Recibieron gran cantidad de felicitaciones, incluso los niños habían escuchado la noticia.
—¿Te comiste a un bebé, tía Alyss? —la pequeña Keiko veía el vientre de su tía con confusión.
Nichrom y Kaoru también tenían una única hija, quien era la copia exacta de su madre, sólo que tenía el cabello desbaratado de su padre. Tenía dos años.
—No seas mensa —declaró Pietro, el hijo único de Redseb y Marion, el cual era como el niño bonito del grupo con ese cabello rubio y ojos aguamarina. También tenía cuatro años—. Papá dice que los Grandes Espíritus dejan una semillita del papá en la mamá, así crece y se vuelve un bebé.
—Ah, ¿sí? —rio Nichrom, viendo de rojo a su amigo, quien estaba abochornado.
—No es justo, nosotros queríamos otro hermano con quien jugar —Reagan dejó ver su inconformidad, siendo secundado por su hermano—. ¿Qué haremos con una niña?
—¡Celebrarlo con una caipiriña! —exclamó Jordan.
El niño no sólo había heredado los rasgos de su padre, sino que también el gusto por las malas bromas. Vestía un traje de bartender, junto a Mic quien era uno de los cócteles brasileños. Ni siquiera lo niños entendieron la broma. Los hombres miraron mal al McDonell. ¿Le había hablado de bebidas alcohólicas a esa edad?
—Definitivamente es tu hijo, moreno… —susurró Horo-Horo, negando.
—¡Lo sé! —exclamó él, lloriqueando—. Estoy tan orgulloso, mi chavo.
Era una reunión bastante extraña, pero amena. Era agradable saber que, a pesar de que ya no se veían con tanta frecuencia, ninguno había cambiado. Su amistad no cambiaría por nada del mundo. Siempre se apoyarían entre ellos cuando más lo necesitaran. Los niños se criarían juntos, creciendo como hermanos. No había nada de qué preocuparse, serían un grupo unido… tal y como lo eran sus padres.
•❈•
Había llegado la época del año más temida por los gemelos y sus familias. Como ellos pidieron regresar a la Tierra para continuar con sus vidas, tenían que llevar a cabo sus tareas como reyes desde ahí. Por esa razón, viajaban por el mundo durante un mes cada año. Esta vez visitarían varios países de Europa, y aunque sonara emocionante, estar fuera siempre era doloroso. Especialmente debido a que sus vidas peligraban.
—Recuerden que llamaré todos los días —Yoh miraba a su esposa e hijo, como pidiendo disculpas y sonriendo de manera forzada—. Pórtate bien, Hana. Ayuda a tu madre siempre, ¿entendido?
El pequeño rubio quiso desviar la mirada, pues siempre sintió ese abandono por parte de su padre, pero lo cierto era que lo amaba y mucho. Avanzó para abrazar sus piernas, avergonzado. Yoh sintió mucho su dolor y se hincó para devolverle el abrazo.
—Te traeré el chocolate que tanto te gusta. ¿De acuerdo?
—Sí, papá —murmuró el niño.
Una vez que se separaron, Yoh miró a Anna y esta avanzó para juntar sus frentes en un gesto muy propio de ellos.
—Vuelve a mí, por favor… No te lo estoy pidiendo, te lo ordeno —declaró ella.
El castaño sonrió de lado, sabía que era su manera de amarlo y así la quería.
—Siempre volveré a ti, Anna.
El Asakura le sonrió y la besó dulcemente. Cuando se separaron, tomó su maleta y volteó para esperar a su hermano. Hao intentaba consolar a Demian y Reagan, quienes tenían una reacción muy parecida a la de Hana: intentaban ser fuertes. Por el contrario, Karone, la hija menor que era tan parecida a Alyss en su cabello bucleado, ojos dorados y tez clara, salvo por el castaño propio de Hao, ya estaba lloriqueando porque no quería que su papá se fuera de nuevo. El mayor le pasó a su gatito, Matamune, para consolarla y le sonrió.
—Cuídate mucho —oyó que Alyss le decía a Hao.
Este la miró, sonrió débilmente y se acercó a besarla.
—Te amo, nunca lo olvides —respondió él, cuando se separaron.
—Yo también te amo.
Notó que Hao vio a su familia por última vez, para luego acercarse a él.
—Nunca dejará de ser difícil, ¿verdad? —inquirió el menor.
—Jamás —respondió Hao—. Por eso, tenemos que cuidarnos. Nuestras familias siempre estarán esperándonos.
Él asintió, pensando en la felicidad tan grande que sentían al volver. Sonrió poco, sintiéndose agradecido por tener a Hao a su lado. Sus deberes como reyes eran más llevaderos estando juntos. Si querían cambiar al mundo, dicho viaje siempre sería necesario. Confiaban en que sus charlas con comunidades, organizaciones y jefes de Estado ayudarían a transformar sus ideologías. El mundo en que vivían se volvería un lugar pacífico, donde ya no existiría discriminación de ningún tipo y la naturaleza sería respetada. Eso era seguro.
FIN
•❈•
Bueno, finalmente esta historia ha llegado a su fin. Sigo sin poder creer que luego de diez largos años, logré darle un final al fic.
Pido disculpas a los que me leían desde hace mucho y acompañaron los terribles hiatus. Como algunos sabrán, la universidad me impedía escribir y concentrarme y, si no era por eso, tenía falta de inspiración y motivación. Fue difícil escribir un fic donde no tenía la trama armada. Luego de planificarlo, fue más fácil.
Gracias a Sabr1 por creer en mí xD Por ayudarme a editar los capítulos que ya habían sido subidos, además de las ideas que me dio para avanzar. Sin ella no hubiera terminado este año, sino en el 2030… o aún estaría en hiatus. Gracias, nee :3
También quiero agradecer a quienes me leyeron desde el inicio y a los que fueron sumándose cuando avanzaba: chizuru elric asakura, Ritzud Alid, PromNight, BubblesRowdy, MDLM, umiko akemi, chaaaa xD, Mayu Miname, Dark Asakura, CuttingEdge19, VampireMirella, Saiyufan, aLeex, R0c10Man50n, Sabr1, Edy Asakura, MeloAsakura, DjPuMa13g, Guest, C.S Alvarez, TsukihimePrincess, WhiteDelirium, Guest, Corina, Niju, Zian, Nati, Aranza, Reikiavik, Guest, Liili, Penurias Chan, Guest, Ozuna, Guest.
Gracias por haberme leído. Espero que les haya gustado el último capítulo. Fue un poco difícil escribir algunas partes, pero quería mostrarles cómo sería el futuro de los gemelos y sus amigos. Merecían tener un final feliz :3 Ya saben que cualquier comentario, duda o crítica, son bienvenidos/as.
¡Nos vemos!