Disclaimer: Todos los personajes de InuYasha pertenecen a Rumiko Takahashi.

Kohaku observó al youkai, el cual ahora tenía su atención puesta en Fuyuro… sus ojos habían enrojecido, y sus colmillos comenzaban a agrandarse. El aura que emanaba era poderosa y aterradora.

Ira, Sesshomaru sentía ira.

Fuyuro por su parte, no se había quedado atrás, comenzando también su transformación ante la inminente amenaza.

-Padre… no… - Se escuchó por lo bajo la voz de Tora, quien ayudaba a Kohaku a levantar a Rin.

…Estaba hecho, ambos habían perdido el control.

Contra corriente

Por Kuruma Chidori

Capítulo 20

Todo había sucedido muy rápido, una vez Sesshomaru y Fuyuro se hubiesen transformado y lanzado el uno contra el otro, Tora a su vez había hecho lo mismo interponiéndose entre ambos. Parte del techo se había destrozado ya con las transformaciones, por lo que la youkai cubrió con la cola a Kohaku y Rin, evitando así que partes de la construcción cayeran sobre ellos.

Tora era más pequeña que su padre y Sesshomaru en proporción, pero era lo suficientemente fuerte como para poder detenerlos al menos unos instantes, los cuales fueron aprovechados por Kohaku para salir de ahí con Rin en brazos y haciendo Kirara acto de presencia, pudieron escapar más rápido. Sesshomaru lanzó un rugido y alcanzó a hincar los colmillos en la pata delantera de Tora quien consiguió zafarse de las mandíbulas con cierta dificultad y antes de que Fuyuro arremetiera contra Sesshomaru, ella se abalanzó sobre su padre intentando hacerlo retroceder, a la vez que encaraba a Sesshomaru y le gruñía amenazadoramente, pese al sangrado profundo de la pata; sin embargo, Tora sabía perfectamente que en esa forma no podía comunicarse con Sesshomaru, por lo que una vez sintió a su padre un poco más controlado, volvió a transformarse.

-¡Sesshomaru! - Dijo con voz fuerte y firme, deteniendo la hemorragia de su brazo izquierdo con la mano que le quedaba libre – En vez de ocasionar una batalla absurda en nuestro palacio, deberías estar con Rin. Ha sido decisión suya y sabía cuáles podían ser las consecuencias – Pegó un salto para llegar a lo poco de techo que quedaba en esa habitación y así estar más a la altura del demonio blanco. – Termina con esta tontería, mi padre ha sido el único que le ha podido dar una posibilidad de vivir.

El demonio de forma canina encajó la mirada en ella, Tora no se intimidaba. Fuyuro al escuchar las palabras de su hija, volvió a su forma humana y se posicionó a lado de ella.

-¡Vete! – Presionó la youkai con determinación.

Sesshomaru mantuvo la mirada unos instantes más sobre ellos, y finalmente regresó a su forma usual como los otros dos demonios. Tora se sintió aliviada.

El lord no dijo más, no podía admitir en voz alta que Tora había dado en el punto exacto, tampoco podía siquiera sentir una gratitud silenciosa hacia ellos pues apenas y podía concebir la idea de que Rin estuviera enferma tan gravemente. Sentía que le dolía el cuerpo, que le dolía el pecho. La idea de perderla de ese modo le resultaba insoportable. Podía sentir en su lengua el sabor agrio de la sangre de Tora, pero nada se comparaba a la amargura de los sentimientos que lo embargaban.

Miró de reojo una vez más a Fuyuro y a Tora, y salió de ahí rápidamente, haciendo uso de su olfato para seguir el rastro de Rin.

-Padre ¿te encuentras bien? – Preguntó la youkai. Fuyuro le miró y sonrió levemente, estaba orgulloso de ella.

-Estoy bien… ¿tú? – Dijo observándole el brazo.

Tora le devolvió la sonrisa.

-Estaré bien.


Kohaku llevaba en brazos a Rin y sobrevolaban el bosque nevado en el lomo de Kirara, con Ah-Un siguiéndolos muy de cerca. La joven parecía que había dejado de sangrar pero se hallaba en mal estado, por lo que apenas vieron el humo en el cielo proveniente de una aldea, decidieron descender en ella.

-¡Ayuda por favor! ¡Necesito ayuda! – Dijo una vez entrando a la aldea, con Rin en brazos.

Algunos aldeanos se acercaron curiosos a mirar, pero enseguida la anciana sacerdotisa de la aldea se ofreció a brindar ayuda y Kohaku la llevó hasta el interior de su cabaña.

-Creo que con esto bastará por ahora – dijo la anciana una vez terminó de atender a Rin – Afortunadamente me he dedicado a tratar enfermos desde que era joven y esto no es nuevo para mi… Hasta cierto punto no es tan extraño que las madres primerizas sufran de abortos inesperados. En ocasiones, el cuerpo no logra adaptarse a la nueva vida en su interior.

-¿Quiere decir que Rin ha perdido al bebé? – Preguntó Kohaku y enseguida miró a la joven que se hallaba aún dormida sobre un futón. La anciana le había cambiado las ropas y había atendido la hemorragia, logrando controlarla.

-No, afortunadamente no… aunque realmente temo que no puedo saber qué ha ocurrido exactamente con ella… sea como sea, considérese un hombre afortunado, su esposa vivirá y probablemente su hijo también.

-Oh, no… ella no es mi…

La oración de Kohaku se vio interrumpida en el momento en que la anciana se puso de pie de pronto mirando hacia la entrada de la choza. El exterminador se volvió y se levantó de inmediato, Sesshomaru se hallaba ahí, lucía ligeramente agitado, parecía como si se hubiera esforzado más de lo usual en llegar rápidamente.

-Un demonio… Debe irse de aquí, esta aldea no es para… - Comenzó la anciana, pero Kohaku le hice un gesto con la mano para que se detuviera. La sacerdotisa lo miró con sorpresa.

Sesshomaru se adelantó hacia Rin, ignorando la presencia de la anciana y del exterminador y posó una rodilla sobre el suelo para estar más cerca de ella. El lord colocó una mano sobre su mejilla, descubriendo que Rin tenía fiebre, pero por lo menos, había dejado de sangrar.

-¿Cómo está? – Preguntó, dirigiéndose a la sacerdotisa, quien ahora lucía más sorprendida y miró a Kohaku, como pidiendo una explicación.

-Está bien -Dijo el exterminador con un tono tranquilizador- Él es su esposo… la criatura en su vientre es suya.

-Oh… ya veo – La sacerdotisa miró por un instante a Sesshomaru con cierto recelo antes de disponerse a explicar- He logrado controlar la hemorragia, la he lavado y he colocado junto a ella un incienso que debería mantenerla durmiendo un par de horas para que recupere fuerzas, sin embargo, es bastante evidente que está enferma y que lo que le ha sucedido pudo llegar a ser un aborto, su cuerpo está débil y le está dando mucho trabajo mantener a la criatura en su interior. Pero claro, llevar un hanyou en el vientre no es cosa fácil…

-Eso quiere decir que no lo ha perdido… - Dijo más para sí que para la anciana.

-Así es, al menos por ahora – Respondió y Sesshomaru y Kohaku la miraron- No me lo tomen a mal, simplemente digo lo que veo, esta muchacha está enferma y débil, pero ha respondido bien a todas las curaciones que le he hecho, sólo no se hagan muchas ilusiones respecto al bebé.

-¿Cuándo podré llevármela? – Preguntó Sesshomaru, no le agradaba mucho el tener que mantener una conversación con esa anciana, pero tenía que disipar sus dudas.

-¿Llevársela? – La anciana volvió a mirar a Kohaku, aquello molestaba de cierto modo a Sesshomaru pues era como si aquella vieja esperara la aprobación del exterminador antes de responderle directamente a él. Kohaku asintió a la sacerdotisa, dándole la confianza de responderle – En su estado no es muy buena idea, pero si tiene demasiada prisa, si esta noche no le vuelve el sangrado mañana temprano podría llevarla consigo… ¿está seguro que ella querría eso?

Sesshomaru fingió no escuchar aquellas palabras.

-Mañana será entonces. –Dijo y salió de la cabaña.

Kohaku suspiró.

-Gracias por todo.

La mujer negó con la cabeza.

-No es nada. Me pregunto qué habrá pasado por la cabeza de esta niña al desposar a un demonio.

Kohaku sonrió levemente nada más.


-Jaken – Llamó Sesshomaru una vez hubo salido de la aldea y hubiera llegado a donde Jaken esperaba junto con Ah-Un. -¿Qué ha pasado exactamente?

-¡A-amo Sesshomaru! – Exclamó con sorpresa al verlo, su nerviosismo era evidente – Pues verá, yo fui engañado para venir hasta estas tierras, yo no tenía idea de lo que la señora quería, jamás imagine que…

-He dicho ¿qué ha pasado? – Cortó de golpe su explicación, su tono era firme y amenazante. Jaken tragó saliva y enseguida comenzó a relatar lo ocurrido durante la ausencia del lord en el palacio para después contar al pie de la letra lo que había sucedido con Fuyuro y Tora.

Una vez hubiera terminado de hablar, Jaken soltó un suspiro prolongado. La expresión seria y pensativa de Sesshomaru le hacía sentir que su vida no corría peligro.

El lord caminó hacia uno de los árboles y pegó un salto hasta la rama más alta, sentándose en ella y fijando la mirada en el horizonte.

Jaken corrió hacia el árbol y miró hacia arriba, en donde sólo distinguía el cuerpo de Sesshomaru mas no su rostro, entonces el demonio verde, al sentirse con la seguridad de que el lord no tomaría represalias en su contra comenzó a percibir la preocupación y tristeza en su señor.

-Sesshomaru-sama…

Jaken se sentó al pie del árbol, con Ah-Un a su lado. Acompañarle aún tomando distancia, era lo menos que podían hacer.

Desde lo alto del árbol, Sesshomaru sólo podía esperar. Tenía una mezcla de sentimientos muy extraña, después de todo, era consciente que aún si él no hubiera marchado, Rin habría enfermado y eso jamás hubiera podido evitarlo, después de todo… ¿había modo en que él hubiera podido negarle a Rin querer auxiliar a una aldea humana destruida? No había sentido en ello, la muchacha no era su esclava ni mucho menos como para retenerla si algo quería hacer.

-Lo que no entiendo… es por qué la debo perder justo ahora. –Dijo para sí y sintió a Tenseiga palpitar.

El lord apretó el puño que yacía sobre la rama, se sentía tan impotente…

Y aunque el día era ligeramente soleado, la nieve había comenzado a caer con suavidad.


A la mañana siguiente, no bien los rayos del sol hubieran comenzado a salir, Sesshomaru ya se hallaba en la choza de la anciana sacerdotisa dispuesto a llevarse a Rin.

-Vaya, sí que madrugó – Comentó la mujer, levantándose de la cama improvisada que había hecho pues había dejado su futón a Rin.

Kohaku abrió los ojos, había pasado la noche en vela, cuidando de Rin.

-¿Se encuentra mejor? –Preguntó el youkai.

-Sesshomaru-sama… - Rin habría despertado.

-Rin – Sesshomaru colocó una rodilla en el suelo para quedar cerca de - ¿Cómo te sientes?

La muchacha sonrió levemente hasta que recordó de pronto lo que había sucedido.

-Mi... bebé… ¡Mi bebé! – Rin retiró de golpe la sábana que la cubría para verse. Descubrió que no llevaba el kimono con el que había llegado al palacio de Fuyuro, sino sólo una prenda interior, completamente pulcra.

-Tu sangrado fue controlado – Explicó la sacerdotisa- Tu bebé debería estar fuera de peligro… es fuerte, pero debes ser más cuidadosa con lo que haces. Me alegra que hayas despertado.

-G-gracias… ¿Cómo he llegado aquí?

-Te he traído yo – Se adelantó a decir el exterminador.

-Kohaku… entonces… ¿qué ha sucedido? ¿la semilla funcionó?

Sesshomaru arrugó ligeramente el ceño, claramente no aprobaba lo que Rin había hecho, por otro lado Kohaku lucía desanimado y la anciana confundida por lo que la joven preguntaba.

-Realmente… al menos yo, no noto ningún cambio en ti, Rin.

-¿Nada?... ¿Sesshomaru-sama?... – Rin apartó la mirada de Kohaku para saber la opinión de su marido- ¿usted no nota algo diferente?

Sesshomaru la miró de un modo que ella no conocía, era una especie de molestia, decepción y preocupación.

-No noto nada distinto, pero desconozco si habría algún efecto perceptible… En el mejor de los casos, funcionará… pero ignoro si tu enfermedad no arruinará las virtudes de la semilla.

Rin bajó la mirada, quizá sus esfuerzos no habían funcionado ni servido de nada mas que para poner en peligro su vida y la del bebé.

-¿Y qué ha pasado con Fuyuro-sama y Tora-sama?... Creo que me desmayé justo cuando…

-Nada pasó. – Cortó Sesshomaru, sin aparentes intenciones de desear mantener el rumbo que comenzaba a tomar la conversación.

-Ya veo – Rin se sintió tranquila, si algo les hubiese sucedido a raíz de su propia decisión, nunca se lo hubiera perdonado.

Seshomaru se puso de pie y miró a la anciana, ella le devolvió la mirada.

-Imagino que su pregunta es si ya puede llevarla consigo – Comenzó a decir y después miró a Rin- Ella será la que lo decida, si se siente mejor, adelante.

-Rin ¿estás bien para viajar? –Se adelantó a preguntarle Kohaku. La aludida bajó la mirada un momento, pensativa. Se había dado cuenta que no había rastros de sangre en el cuello de su ropa, ni sentía malestar reciente en la garganta, por lo que imaginaba que no había tosido y aquello se le hacía sumamente extraño.

-S-sí… me siento algo cansada, pero sí. – Sonrió para tranquilizar a los presentes.


Cerca de una hora después, Rin ya se hallaba sobre Ah-Un con Sesshomaru montado tras ella, después de todo, dado su estado, el youkai no la dejaría cabalgar sola, así como tampoco la dejaría más tiempo al cuidado de Kohaku.

El exterminador por su parte iba sobre Kirara con Jaken a lado.

-Iré con ustedes, como creo que podrá entender, no me sentiré tranquilo hasta saber que Rin se encuentra sana y salva en el palacio.

Sesshomaru no dijo nada y Rin sólo le agradeció, después de todo, el hombre se había tomado muchas molestias en viajar con ella e involucrarse en la situación.

Conforme volaban camino al palacio, Rin se sintió aliviada y reconfortada de tener a Sesshomaru nuevamente cerca, por lo que dejó su cabeza recargada en el pecho del demonio y aferrada con una mano en torno a su espalda, se quedó dormida en esa postura. Sesshomaru a su vez tenía que admitir que también se reconfortaba de tenerla ahí nuevamente, y posó una mano sobre la cabeza de la mujer, mientras que con la otra sujetaba las riendas de la bestia. Kohaku observó el gesto del lord de reojo.


Lo primero que notó Rin al ingresar al palacio en brazos de Sesshomaru fue la mirada conmovida de Sunako, feliz de verla sana y salva, aunque algo maltrecha. La anciana caminó rápidamente hacia ellos y Rin le sonrió levemente, y entonces los pasos de la youkai se detuvieron al comprender que lo que la joven había buscado, aparentemente no lo había conseguido.

-Oh… - Exclamó en voz baja.

-Sesshomaru-sama, ¿podría bajarme? Creo que puedo caminar – Dijo a su marido. El demonio blanco lo pensó un momento pero casi de inmediato la ayudó a ponerse de pie. Rin caminó hacia Sunako y ella colocó las manos sobre sus hombros.

-Mi señora…

-Está bien, Sunako. – Rin le sonrió de nuevo – Se hizo lo que se pudo, soy optimista al respecto.

La youkai no dijo nada y se limitó a acariciar su cabellera con cariño.

-Quisiera recostarme – Dijo Rin dirigiéndose a Sesshomaru quien caminó hacia ella. La muchacha de inmediato enredó su brazo en el de él y comenzaron a caminar.

Los presentes observaron cómo el lord desapareció entre uno de los pasillos junto con Rin. Jamás creyeron verle así de cuidadoso con ella de forma tan directa.

-Parece que se sorprendieron de que yo misma pidiera eso… - Comentó Rin, mientras observaba el semblante serio de Sesshomaru conforme caminaban a la habitación.

-No es común que pidas descansar – Dijo nada más. Sesshomaru tenía que admitir que después de semanas sin verla, había echado de menos su voz, aunque las condiciones y el tema que ella tocaba no resultaran agradables.

Una vez dentro de la habitación, Sesshomaru la recostó en el futón con cuidado y Rin le sonrió levemente.

-Lo siento… - Dijo casi en un susurro. –Debe pensar que de entre todas las cosas que he hecho sin consultarle, esta debe haber sido la mayor locura ¿no es así?- Rin estiró la mano y acarició la mejilla de su marido. El lord la miraba fijamente, con el rostro apacible. No sabía qué responder exactamente, era la primera vez que su personalidad sentía un choque a tal grado con sus emociones, no estaba seguro de cómo expresar la frustración, miedo y angustia que había sentido cuando había vuelto al palacio y se había enterado de lo que le sucedía a Rin y la decisión que había tomado, así como tampoco sabía expresar la desbordante desazón que sentía ante la idea de perderla para siempre.

-Lo que importa es que estás bien ahora. – Dijo atropelladamente. Rin se sorprendió. Si bien su respuesta se percibía algo forzada al ser pronunciada, sabía que era sincera.

-Voy a estarlo… No sé cómo, pero dentro de mi pienso que voy a estarlo, seré lo suficientemente fuerte para traer al mundo a nuestro hijo.

Sesshomaru la miró un instante y luego se puso de pie.

-Duerme – Dijo, y se dirigió a la salida de la habitación- Si necesitas algo llámame, sabes que te escucharé.

Rin asintió y cerró los ojos. El demonio blanco le echó un último vistazo antes de retirarse del cuarto.


Los días siguientes se suscitaron de forma peculiar, Rin parecía hallarse mejor de salud aún cuando pasaba mucho tiempo durmiendo y se le notaba cansada. A menudo le invadían fiebres durante el día que la mantenían en cama y por la noche se hallaba muy agotada; sin embargo, era un gran alivio para todos en el palacio el hecho de que la tos de Rin había parado, al igual que ya no encontraban rastros de sangre en su kimono. Los días dieron paso a las semanas, y las semanas a los meses. Las estaciones cambiaban y pronto llegarían las primeras nevadas en las tierras del oeste.

Sesshomaru se mantenía expectante y pendiente de Rin todo el tiempo, sobre todo dado que el día del parto se acercaba, por lo que se había negado a marchar del palacio ya que eso significaba apartarse de su lado.

Por otra parte, y pese al evidente desgaste en su cuerpo por las fiebres, el vientre de Rin ya era completamente notorio y el hecho de sentir el movimiento del bebé que llevaba dentro, le llenaba de ánimo y felicidad.

-Mire, toque. – Dijo esa mañana a Sesshomaru quien se hallaba sentado a lado suyo. La mujer tomó la mano del youkai y la posó sobre su vientre. La expresión de Sesshomaru no cambió aún cuando pudo sentir la suave patadita a través del kimono. Rin le sonrió - ¿Sintió?

-Sí. – Dijo nada más, y posó la vista en el jardín que tenían en frente.

Jaken, quien se hallaba cerca de ahí, suspiró al notar la escena. Definitivamente Sesshomaru no cambiaría jamás su forma de ser, aunque admiraba el hecho de que Rin jamás parecía desanimarse por la poca expresividad de su marido.

-Oh… vaya- Murmuró el pequeño demonio verde al sentir un copo de nieve posarse sobre su frente, sacándolo de sus pensamientos.

-¡Sesshomaru-sama! ¡Mire! – Exclamó alegremente Rin, poniéndose de pie y sonriendo ampliamente.

La mujer se dirigió al jardín para sentir la nieve sobre su rostro y comenzó a reír con alegría.

Sesshomaru llegó hasta ella con paso tranquilo y colocó sobre sus hombros una prenda de ropa para cubrirla. Rin le miró, aún sonriendo.

-Sé que no verá conveniente que permanezca fuera mucho tiempo, pero por favor permita que me quede un momento – Pidió.

-Está bien- Cedió el lord. Él era consciente que si bien Rin se mostraba la mayor parte del tiempo que permanecía fuera de cama de buen humor y en apariencia optimista, dentro suyo muy probablemente se hallaba llena del temor por no poder llevar a término su embarazo, por lo que permitirle esa distracción, que claramente le provocaba alegría, era lo menos y lo único que podía realmente hacer por ella.

-¡Sesshomaru-sama! ¿No deberíamos decirle a la señora que vuelva al palacio? Dada su condición no creo que… - Comenzó a hablar acaloradamente el pequeño demonio.

-Jaken – Le frenó Sesshomaru.

-¿Sí, amo?

-Déjala.

Jaken guardó silencio.

La joven parecía bailotear alegremente entre los árboles de cerezo que ahora se hallaban sin flor alguna, y cada vez más cubiertos de nieve. Sesshomaru la observó en silencio, no recordaba la última vez que había presenciado tanta alegría y felicidad de parte de Rin. Su cabello suelto y alborotado se mezclaba con los copos de nieve y su figura relucía por el kimono rojo que llevaba ese día.

Era como ver una flor roja danzando en la nieve.

Aquella mujer le había dado todo, lo sabía perfectamente, no podía estar menos que agradecido con ella y estaba determinado a brindarle todo lo que le pudiera causar bienestar y felicidad.

-Sesshomaru-sama …

El demonio blanco observó cómo Rin había parado de bailar entre la nieve y se acercaba con pasos tranquilos hasta él. La mujer tomó su mano y lo miró fijamente, con una sonrisa que no le había conocido hasta ese momento, Sesshomaru le devolvió la mirada.

-Rin

-…Debe saber que incluso si no lo logro, jamás me arrepentiré de nada.

-¿Qué dices? – Una sensación desagradable recorrió el cuerpo del demonio, si bien Rin lucía sumamente tranquila, un mal presentimiento le invadió al escuchar lo que decía.

-Le estoy diciendo que todo irá bien, incluso si yo no lo consigo. – La mujer se acercó más a él y posó una mano sobre su mejilla. Observó sus ojos dorados, su semblante serio, la luna en su frente y las franjas en sus mejillas. Rin se sentía complacida y tranquila en ese instante, estaba segura de que todo saldría conforme a sus planes. No tenía nada que temer. Volvió a sonreír al mismo tiempo que sentía que sus piernas se debilitaban y perdía la noción de lo que sucedía. Ya lo tenía claro, sabía que hasta ahí había llegado esta vez.

-Rin… ¿qué…?

-Sesshomaru-sama…

El lord no alcanzó a decir más, Rin acababa de caer muerta en sus brazos.


Las cigarras habían comenzado a cantar con sonoridad, comenzaba el atardecer y los rayos de sol anaranjados iluminaban aquella habitación cálida a la que Sesshomaru acababa de ingresar en silencio. Y es que si bien había nevado toda la mañana y el clima afuera helaba, se había encargado de que todo en esa habitación fuera perfecto.

Caminó hasta donde se hallaba una cuna e introdujo la mano en donde dormía su cachorro. Tocó su mejilla con los dedos muy suavemente y el bebé se removió un poco entre sus mantas, sin dejar de dormir apaciblemente. Sesshomaru le miró fijamente, recorriendo sus rasgos regordetes con los ojos: el cabello corto, plateado y alborotado, la pequeña luna que enmarcaba su frente, las mejillas gorditas y la pequeña nariz afilada… y entre todos esos rasgos, lo que más resaltaban eran las dos orejitas en su cabeza, idénticas a las de InuYasha. El bebé volvió a moverse un poco, y sin despertar, hizo una mueca semejante a una sonrisa. Sesshomaru parpadeó, el cachorro, pese a sus evidentes rasgos youkai, lucía gestos bastante humanos como los de su madre.

El lord no mostraba ninguna expresión en particular como era su costumbre, pero se le notaba relajado y complacido con lo que veía. La atmósfera de la habitación era tranquila y apacible y eso contribuía a estabilizar su humor.

Sesshomaru se alejó de la cuna y se acercó entonces al otro pequeño bulto que se hallaba en la otra cuna y que a diferencia del primero, estaba despierto. El demonio blanco lo tomó en brazos con cuidado. El cachorro lucía un cabello oscuro como el de Rin y los ojos dorados, expresión seria y las orejas alargadas como él, así como las marcas del rostro semejantes a las de su madre, Irasue. No poseía una luna en la frente como el otro cachorro y aún cuando tenía ese color de ojos, las franjas en su rostro y las orejas afiladas, su expresión era casi idéntica a la de Sesshomaru.

El bebé pareció fijar su mirada un instante en su padre y casi de inmediato se durmió, Sesshomaru entonces volvió a colocarlo con cuidado en su cuna.

-Creí que no lo lograría. – Sesshomaru se giró para mirar la figura femenina que se hallaba en el marco de la puerta.

-Lo has hecho bien, Rin. – Respondió. La mujer, que vestía un kimono verde y sencillo se acercó a su esposo y este acarició sus cabellos. Rin correspondió este gesto con una sonrisa.

-Imagino que no es lo que esperabas, lo siento. – Rin se inclinó a la cuna del cachorro de cabello plateado y lo tomó en brazos, caminó lentamente hacia la otra puerta de la habitación que tenía vista al jardín y se quedó observando la cara de su bebé, dándole la espalda al lord.

-Eso no es verdad – Dijo Sesshomaru, observándola fijamente. La escena le resultaba perfecta: La silueta de espaldas de Rin cargando a su cachorro recién nacido, los jardines de fondo cubiertos de nieve y escarcha y los rayos de sol perfilándola.

El sol pronto se ocultaría, había sido un parto algo largo y probablemente ella se hallaría muy cansada.

-¿Estás seguro? – Rin se volvió para mirarlo – Imagino que deseabas un varón… y bueno, fueron dos niñas.

-Ya tenemos un varón.

Rin sonrió levemente.

La mujer tenía el cabello mucho más largo, llegando poco arriba de sus rodillas. Aquella tarde lo llevaba suelto como ya era su costumbre.

-¡Padre, madre! – Se escuchó una voz cercana, ambos miraron hacia la entrada de la habitación y de inmediato apareció corriendo un niño de aparentes cinco años de edad.

-¡Joven amo! ¡Deje de correr así! ¡No grite! ¿qué no ve que Rin-sama quiere descansar y..? ¡Oh! Discúlpeme Sesshomaru-sama, Rin-sama - Se disculpó apresuradamente Jaken- El joven amo insistía en conocer a sus hermanas y…

-No te preocupes, Jaken, está bien. – Dijo Rin con una sonrisa amable. – Mira, ven… -La mujer se acercó al niño y se inclinó hacia él mostrándole a la pequeña hanyou que llevaba en brazos.

El niño abrió ampliamente los ojos y sonrió de oreja a oreja.

Sesshomaru observó la escena con el semblante serio.

Su primogénito definitivamente era demasiado efusivo, y de cierto modo, le recordaba a su padre en los pocos momentos que logró verle relajado y feliz; Tatsuo lucía el cabello plateado atado a una coleta que llegaba hasta su cintura, los ojos dorados y la luna en la frente que caracterizaba a Irasue, a él y ahora, a su hermana menor. En cuanto a su rostro, compartía con Inu no Taisho las franjas azules y desiguales de las mejillas y las cejas oscuras y pobladas.

-¿Ya saben cómo se va a llamar? – Preguntó con curiosidad.

-Aún no, pero pronto lo decidiremos – Respondió Rin. El hanyou corrió hacia la otra cuna y se paró en las puntas de sus pies para alcanzar a ver a su otra hermana. Rin aprovechó para dejar a la pequeña en su propia cuna y que siguiera durmiendo.

-¡Oh! Tiene el cabello como tú, madre. –Volvió a exclamar sonriente, mirándola con emoción.

-Así es, Tatsuo.

-Tatsuo-sama, es hora de que vaya a dormir- Sunako había llegado. - ¿Todo está bien con las niñas, mi señora?

-Sí Sunako, muchas gracias. Tatsuo, ve, es hora de dormir, mañana podrás seguir viéndolas.

-Está bien, buenas noches madre – Se despidió de Rin, y luego se dirigió a Sesshomaru quien le miró de reojo. El niño se cohibió levemente pero sonrió igualmente- Buenas noches padre.

El demonio blanco no dijo nada y Sunako se marchó con el niño y Jaken.

-Cuesta creer todo el tiempo que ha pasado y él sigue igual de pequeño – Dijo Rin, acercándose a Sesshomaru.– Me pregunto qué edad aparentarán los tres cuando yo parta de este mundo…

-Rin

-Sí, lo sé, lo sé – Se apresuró a decir con una sonrisa- Ya sé que no te gusta que hable de esas cosas, pero a veces es inevitable que me lo pregunte. Han pasado más de quince años y Tatsuo sigue aparentando no más de cinco. Afortunadamente es como si el tiempo casi no haya hecho mella en mi, no cabe duda que la semilla del árbol del tiempo es maravillosa.

El lord no dijo nada, sólo se dispuso a observar el rostro de su mujer: sus labios rojos y el maquillaje en sus párpados ya no la hacían ver como la muchacha que había desposado años atrás, se veía más madura en todo sentido, lucía un cuerpo esbelto con más curvas y poseía un aura de gentileza y tranquilidad al igual que el porte de quien es dueña y señora de un extenso territorio. Los años habían hecho cambios en ella, era claro, pero lucía tan jovial como siempre, después de todo el tiempo transcurría distinto en ella también.

-¿Sesshomaru?

-Sí, lo es… - Respondió finalmente.

Sesshomaru no había podido evitar recordar la mañana nevada de años atrás, la cual sin duda había sido el comienzo de cuatro días sumamente angustiantes para él. El cómo se habían dado las cosas, sin lugar a duda era algo que no le gustaba recordar a menudo, pues apenas Rin hubiese caído en sus brazos muerta, Sunako y otras youkai parteras se habían puesto a la tarea inmediata de traer al mundo a Tatsuo, mientras que él se había dedicado a estar a lado suyo todo el tiempo alejando con tenseiga a cualquier esbirro del infierno que intentase llevar su alma.


-Sesshomaru-sama… no quisiera decirlo, pero temo que por más que haga eso, la señora no volverá a despertar. – Había dicho Sunako.

Sesshomaru no respondió. Si bien sus primeros intentos habían sido un acto desesperado por revivirla, se había percatado de que por lo menos lograba evitar que se llevaran su alma, por lo que dentro suyo, albergaba con fuerza la esperanza de que la semilla que había ingerido Rin estaba dando una posibilidad, aunque fuese mínima, de que ella despertara.

-¡Lo hemos conseguido! –Exclamó con júbilo Sunako tras un par de horas, al tiempo que se escuchaba el llanto del recién nacido. – Sesshomaru-sama, es un varón…

La respiración de Sesshomaru se detuvo por un instante en el cual miró de reojo a su primogénito, antes de volver su atención a Rin y eliminar nuevamente a un espíritu del infierno.

-Llévenselo de aquí – Indicó a dos de las youkais que habían asistido a la anciana y luego se dirigió a ella- Sunako, evita por todos los medios que Rin se desangre.

-Señor… sé que es difícil de aceptar pero Rin-sama…

-Haz lo que te he dicho. – Sesshomaru la fulminó con la mirada y Sunako asintió con tristeza en la mirada, poniéndose a ello de inmediato, aún cuando sabía que no tenía mucho caso.

-Ella lo logrará, tiene que lograrlo… - Repitió en su mente. Sesshomaru no se detendría hasta agotar la última posibilidad, no se detendría hasta que quedara completamente claro que no había vuelta atrás…

No sabía que le esperaban cuatro días de entrega total a su labor.


-Jamás olvidaré aquella mañana… - Dijo Rin más para sí que para el demonio blanco –Lucías tan exhausto, jamás te había visto así.

Sesshomaru se sentó en el suelo de madera, recargándose en el marco de la puerta corrediza que se hallaba abierta, observando el jardín y cómo la luna comenzaba a alzarse en el cielo nocturno.

Era verdad, cuando Rin había despertado tras cuatro días en los que a cada segundo él sentía que luchaba una pelea que perdería, su aspecto agotado no había sido precisamente por el esfuerzo de estar pendiente de ella y de matar a los esbirros con tenseiga, sino por el desgaste en su interior ante la idea de no volver a verla con vida.

-Nunca me cansaré de pedirte disculpas por todo lo que te hice pasar- Dijo la mujer, sentándose a lado suyo.

-No seas tonta. –Dijo y Rin sonrió – Jamás me sentiré más aliviado que ese día en que volviste a abrir los ojos.

Rin posó su mano sobre la de él.

-Si bien fue la semilla la que me mantuvo existiendo durante esos días y la que ha hecho que el tiempo transcurra lentamente para mi, fuiste tú quien evitó que partiera de este mundo. Te lo agradezco.

Sesshomaru la miró de reojo.

-…Oh, vaya – Exclamó la mujer, una de las hanyou había comenzado a llorar. Rin se puso de pie con cuidado y se dirigió a la cuna. El demonio blanco observó cómo ella tomaba en brazos a la criatura y la arrullaba con cariño para después volver a fijar su mirada en la luna llena que enmarcaba el cielo.

Sin lugar a duda toda una historia increíble de contar se había formado desde el día en que la había conocido casi treinta años atrás. Del youkai que era en ese entonces al de ahora, los cambios eran casi imperceptibles a simple vista; sin embargo, él y ella eran conscientes de aquella transformación que se había dado poco a poco hasta llegar a donde ahora se encontraban.

-¿Quién te hizo eso en la cara?

Con aquella simple pregunta y la reacción de alegría de cuando Rin era una niña pequeña y muda, habían comenzado las cosas.

Sin duda alguna, más de lo que ella podía estarle agradecida a él, él le estaba agradecido a ella. Después de todo, sin importar lo pedregoso del camino, el azar de los años, el tiempo que estuvieron solos, el tiempo que ella le esperó, lo que ambos lucharon, lo que él tuvo que entender, perder y ganar para llegar hasta ese momento, era consciente que ambos siempre se movían contra la corriente. Y sin importar los años, los momentos felices o tristes, no soltarían sus manos. No había ya nada a lo que temer, ni siquiera al tiempo.

En ella y sus cachorros, yacía todo lo que nunca había soñado hasta ese instante.

-Rin – La llamó en voz alta.

-¿Sí? – La mujer le miró de reojo, sin soltar el bulto en sus brazos.

-Te amo.

Rin abrió mucho los ojos, sorprendida. Quizá podía contar con los dedos de una mano las veces que él había pronunciado esas palabras en voz alta, y aún así sobraban dedos. La mujer sonrió.

-Lo sé.

Sesshomaru bajó la mirada y cerró los ojos, un esbozo de sonrisa se formó en sus labios.

Fin

Hold me
Whatever lies beyond this morning
Is a little later on
Regardless of warnings
The future doesn't scare me at all
Nothing's like before

(Simple and Clean – Utada Hikaru)

N/A

Y finalmente llegamos al final de esta historia. Este es sin duda el fanfic que más he disfrutado en escribir, el más extenso y en el que he depositado más esfuerzo y dedicación.

De corazón espero que les haya gustado cómo terminé la historia.
Estoy infinitamente agradecida con todos los que se han tomado el tiempo y la paciencia de llegar hasta estas palabras finales, después de todo llegar hasta aquí me tomó cinco años y a ustedes seguramente varias horas, corajes e impaciencias en lo que demoraba en actualizar. Significa muchísimo para mi que se hayan tomado todas esas molestias para poder leer el final. De corazón, gracias infinitas.

¡Nos vemos en próximos proyectos que haga! Que aún seguiré molestando por estos lares y con esta parejita.

Un fuerte abrazo a cada uno de ustedes,

Kuruma Chidori