A pesar de las horas, aquí estoy una semana más ^_^

Veréis que este capítulo es un pelín más corto que los anteriores, pero espero que lo encontréis interesante de igual modo, ya que de los publicados este es sin duda mi favorito (recuerdo que me divertí un montón escribiéndolo xDDD).

Así que, a leer y disfrutar ^_^


Capítulo 6: Divagación

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La tarde había resultado mucho más larga aún que la mañana, debido principalmente al hecho de que Pansy se había presentado en su casa completamente furiosa exigiéndole una explicación sobre lo que estaba pasando en San Mungo... y pidiéndole por favor que le asegurara que toda esa patraña del periódico no era verdad.

Cuando Draco, completamente hastiado del tema, le había respondido que era totalmente cierto, Pansy se había enzarzado en un oscura diatriba acerca de lo mucho que había descendido en la escala social de los magos por haberse empeñado en esa idiotez de trabajar.

Luego había pasado a la perjudicial imagen que daba relacionándose con estúpidos Gryffindor sin ningún tipo de sentido estético, lo cuál había socavado la personalidad de Draco hasta límites insospechados.

Y por último, en cuanto su intensa irritación estuvo en su punto álgido, lo acusó de someterse a tal ignominia sólo para hacer que el heroico Harry Potter siguiera teniendo sus ínfulas de poder intactas, sintiendo que podía manejar a un Malfoy con la punta de su dedo meñique.

Draco la había dejado hablar a gusto, sin interrumpirla en ningún momento para objetar algo. La conocía demasiado bien como para no ser consciente de que, si hacía eso, el discurso duraría el doble. Pansy había paseado de un lado a otro frente a él, gesticulando grandilocuentemente como si se estuviese dirigiendo a una sala llena de espectadores, y Draco la había contemplado con un gesto de completo aburrimiento en la cara.

Por fin, cuando su amiga se había cansado —o quizás estaba simplemente cogiendo aire —, Draco se había levantado del sofá para quedar a su altura y le había dicho clara y concisamente que, estuviese en la circunstancia que estuviese en su trabajo, ni le incumbía ni tenía por qué preocuparse de que llegara a afectarla.

Ah sí, y que Potter era por completo asunto suyo y a nadie más le interesaba la clase de tratos a los que llegaba con él.

Pansy, terriblemente ofendida por la actitud condescendiente de Draco al principio, y su breve confrontamiento posterior, le había asegurado que no iba a permitir que siguiera en ese camino decadente, que ella iba a hacer lo mejor para todos, incluyéndole a él, y que algún día Draco le daría las gracias por hacer lo correcto cuando él estaba tan obviamente perturbado que no discernía entre lo adecuado y la total aberración.

Y Draco había sentido un breve escalofrío ante lo que fuera que Pansy tuviese en mente. Su pensamiento inmediatamente posterior había sido para Harry, a quien ya había decidido avisar ante la eventualidad de que Pansy se presentara en San Mungo para hacer alguna de sus típicas locuras...

Pero luego había recordado que se suponía que estaban peleados por la tontería de turno, y que él no iba a dar su brazo a torcer tan fácilmente.

Un pensamiento había llevado a otro y al final había terminado rememorando su breve conversación con Blaise en la cafetería del hospital, acerca de las absurdas suposiciones de este sobre su conducta. Por alguna razón no había podido dejar de darle vueltas a los motivos que su amigo habría visto en él para afirmar semejante cosa, puesto que rara vez hablaba con Blaise —o con cualquiera de sus amigos —sobre Harry. Y tampoco los había visto interactuar demasiadas veces...

Bien era cierto que las Navidades anteriores, sin ir más lejos, había sustituido a Brian Pekurovsky cuando este se recuperaba de un accidente algo grave, coincidiendo en el turno con Harry y con él, con lo que habían pasado una considerable cantidad de tiempo los tres juntos. Y, para sorpresa del propio Draco, Blaise y Potter habían congeniado bastante bien —aunque no al punto de hacerse grandes amigos —, pero... hacer suposiciones tan absurdas basándose en tan poco...

No era propio de Blaise.

Sin embargo, lo que más había inquietado a Draco era la frase de despedida de su amigo, especialmente diseñada —lo sabía muy bien —para mantenerlo despierto toda la noche intentando averiguar lo que quería decir. La simple sugerencia de que Blaise pudiera conocer algo de Potter que él no conocía era absurda, pero... a pesar de sus continuas risas y la evidente diversión de sus ojos, Blaise no había bromeado. Había estado convencido de cada una de sus palabras —incluidas las que se referían a él y su motivación para quedarse en el hospital, aun cuando eran completamente descabelladas —, e incluso había usado una cantidad considerable de condescendencia en la voz, como si estuviese diciendo cosas totalmente obvias para cualquier mortal, excepto para él.

¿Realmente habría querido decirle que Potter no era del todo indiferente al género masculino?

Sus palabras sugerían eso sin lugar a dudas, sobre todo teniendo en cuenta que había alegado a una inexistente represión por parte de Draco en sus intenciones hacia Harry. Quizás Blaise se había dado cuenta del interés tan poco sutil que Michael Corner sentía por Potter, y había interpretado la situación en su ilógica cabeza como si Potter realmente le hubiese dado pie a Corner para comportarse así...

Claro que... también estaba el hecho de que Harry sabía lo que Michael sentía por él, aun cuando en ningún momento Draco vio indicios de que Potter se hubiese dado cuenta. La confesión en el apartamento de Potter lo había sorprendido en gran medida, hasta el punto de hacerle olvidar durante unos minutos la hostilidad con que se había presentado allí. Inconscientemente había dado por hecho que Potter no podía saberlo, puesto que no tenía relaciones de ese tipo con hombres.

Pero... realmente nunca habían comentado nada al respecto. Sus conversaciones giraban en torno a temas neutros, al menos la mayor parte de las veces, y dado que todas se daban en el lugar de trabajo habría estado fuera de lugar hablar sobre las relaciones personales de cada uno. La sola idea a Draco le parecía irrisoria. Sería como hablar de sus casos en el hospital con Pansy y los demás, completamente ilógico.

Aunque... las veces que había tenido algún caso particularmente interesante —o tan ridículo que resultaba hasta patético —, sí que lo había comentado, al menos de pasada, en alguna de las reuniones vespertinas con sus amigos, o en alguna salida nocturna después de tomar algunos tragos...

Sin embargo era una situación completamente distinta. Además, no necesitaba —ni quería, por supuesto —comentar la vida privada de Potter con él. Bueno, ni con él ni con nadie. De hecho, si Draco sintiese la absurda inclinación de enterarse de con qué tipo de personas salía Harry —que no era el caso —, todo lo que tendría que hacer sería abrir una revista como Corazón de Bruja o alguna basura por el estilo, y buscar la sección mensual que sin duda tendrían dedicada a su héroe favorito.

Y, por descontado, una noticia como que Potter hubiese tenido alguna relación homosexual sería portada en toda la prensa del mundo mágico, no sólo la inglesa. Y sería comentado en cada pasillo, consulta o despacho de San Mungo.

No, no había manera de que Draco no se hubiese enterado...

Tal afirmación había zanjado cualquier otra especulación en la mente de Draco. Se dijo a sí mismo, mientras se metía en la cama después de haber cenado escasamente, que Blaise debía de haberse referido a otra cosa. O quizás había tratado de confundirlo de un modo absolutamente rebuscado para que terminara pensando en Potter más de lo necesario. En cuyo caso, que dedicara un solo pensamiento más a esas absurdas ideas sería concederle a Blaise un crédito que en absoluto se merecía...

Estaba completamente decidido a olvidar el tema y dormir larga y plácidamente hasta que sonara su despertador a las siete menos cinco de la mañana.

Pero en cuanto se metió en cama y cerró los ojos, su mente voló al encuentro no precisamente fortuito que había tenido con Harry la noche anterior. Cuando había salido el tema de Corner, de manera completamente inocente, Draco había bromeado con el objeto de reírse de Harry y su situación en San Mungo con el otro sanador. Entonces Potter había descubierto no sólo que estaba enterado del asunto, sino que había tratado de evitar al Ravenclaw deliberadamente. No es que lo hubiese dicho de forma literal, pero Draco sabía bien que, si él mismo no se había dado cuenta de que Harry lo sabía, era porque este había hecho un esfuerzo consciente por ignorar los intentos de Corner.

Y eso sólo podía significar que, como él había supuesto desde siempre, Potter no era homosexual. Ni siquiera bisexual.

Claro que, la cara de consternación que había puesto Potter ante la sugerencia de Draco —acerca de la capacidad de distracción que tenía Corner sobre él —, le había parecido algo confusa, incluso en aquél momento. No parecía disgustado ni asqueado por que un hombre pensara en él en esos términos, sino por el hecho de que fuese Michael quien lo hiciera. De hecho, su naturalidad para hablar del tema sin ruborizarse siquiera —cuando Draco sabía que no era difícil, ni mucho menos, hacer que se pusiese colorado cual Bola de Fuego Chino —, indicaba claramente que no era un tema tabú para él...

Sin embargo, podía estar equivocado. Y en cualquier caso, ¿a quién le importaba?

Sacudió la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos, mientras se tapaba con la manta hasta la nariz y giraba hasta quedar apoyado sobre su costado derecho.

No obstante, su mente divagó en círculos, repasando de arriba abajo esa visita, tratando de aclarar el supuesto misterio al que Blaise se refería. Pero no podía recordar nada, ni en la actitud ni en el apartamento de Harry, que le diese una pista clara...

De hecho, había estado demasiado furioso para fijarse demasiado en nada de lo que había a su alrededor. En nada excepto en el propio Harry...

Cuando había entrado en el desastroso apartamento de Potter —tan ordenado como su oficina en San Mungo, es decir, una ilustración gráfica del término 'caos' —, no había podido evitar recorrerlo con la mirada. No era que Potter le pareciese atractivo en algún sentido —por favor, eso se lo dejaba a idiotas como Corner —, pero hubiese sido impropio de él desaprovechar la oportunidad de evaluar objetivamente el cuerpo de Harry. Es decir, estaba a la vista, completamente expuesto en su mayor parte...

Y, de forma completamente objetiva, tenía que reconocer que lo que había visto no estaba tan mal. Harry no era musculoso, ni tenía un cuerpo escultural que quitara el aliento, pero era fibroso. Su piel parecía lisa y suave, y apenas tenía vello más allá de la estrecha línea bajo su ombligo que se perdía más allá de donde los ojos de Draco habían podido seguir mirando...

Draco sacudió nuevamente la cabeza en la oscuridad, abriendo los ojos.

Señor, estaba pensando estupideces por culpa de Blaise. Lo mejor sería que se pusiera a contar thestrals antes de acabar pensando algún disparate tal como que Potter era realmente deseable.

~o0o~

Por segunda vez en menos de cuarenta y ocho horas, Harry fue despertado por un insistente ruido mucho antes de que sonara su despertador. Abrió los ojos en la oscuridad, maldiciendo contra la conjunción astral que se había producido para que el mundo se hubiese puesto de acuerdo para no dejarlo descansar tranquilo. ¿Es que acaso no tenía derecho a dormir por las noches como una persona normal?

Miró su despertador con cara de pocos amigos sólo para constatar que, en efecto, apenas pasaban de las tres de la mañana. Definitivamente esa semana se le iba a hacer muy, muy larga si continuaba sin poder descansar apropiadamente.

Se levantó a desgana, sin calzarse siquiera, y se dirigió hacia el salón, donde sonaba el constante repiqueteo contra el cristal que lo había despertado. Como imaginaba, una lechuza golpeaba la ventana con su pico, de una manera insistente y a la vez resignada, como si tuviese tan pocas ganas de estar ahí como Harry de recibirla. O quizás Harry simplemente se lo estaba imaginando, porque no podía entender que alguien —quien fuera —, tuviese tanta necesidad de contactar con él como para despertarlo a esas horas.

Se aproximó a la ventana, sin molestarse en encender la luz, y abrió el cristal para que la lechuza entrase. Sus ojos brillaron en la oscuridad mientras se adentraba en su salón, huyendo del invernal frío, y se posaba sobre el respaldo de su sofá favorito, extendiendo majestuosamente la pata hacia él. Cuando Harry se acercó, la lechuza lo miró casi desafiante, como si le exigiera que la librara de su carga, y Harry no pudo evitar reírse ante la actitud tan pomposa del animal. ¿A quién diablos pertenecía?

Todavía sonriendo desprendió la carta, sin poder leer siquiera el remitente debido a la oscuridad reinante, y se aproximó al interruptor que había junto a la puerta por la que había entrado para encender la luz. Y en cuanto lo hubo hecho, su ceño se frunció, entre curioso y desconcertado por la misiva.

No tenía remitente, pero no tardaría mucho en saber quien le había escrito, puesto que el escarlata brillante de la carta indicaba que, sin lugar a dudas, se trataba de un vociferador.

Conociendo las consecuencias desastrosas de no abrir la carta inmediatamente tras haberla recibido, Harry lanzó un encantamiento insonorizador a la casa y despegó la solapa.

Al instante, una voz de mujer, evidentemente furiosa, comenzó a gritar:

"Has significado una espina en mi costado a lo largo de los años por interferir en mi entorno de un modo que jamás debería de haber permitido. Tu constante presencia a su lado, afianzando con el tiempo una aberración inimaginable en mis años de escuela, ha sido una constante fuente de discordia entre él y yo. Pero con esto has colmado completamente mi paciencia, por lo que no voy a continuar tolerando esta situación ni un solo momento más. Me da igual cómo lo hagas, pero vas a solucionarlo por el simple motivo de que todo este enredo es enteramente culpa tuya. Así que te lo advierto, Potter, mantente lejos de Draco Malfoy y olvida toda esa idiotez de ser su mentor, o te aseguro que vas a lamentarlo. Y puedes estar convencido de que Pansy Parkinson no habla en vano."

El sobre se hizo cenizas ante los ojos más que sorprendidos de Harry.

Durante un instante no pudo reaccionar de manera alguna, simplemente se quedó mirando el pequeño montón de cenizas que se había formado en el suelo, a sus pies, con una expresión que reflejaba su completo asombro.

¿Qué coño se supone que significaba eso?

No sabía si enfurecerse porque lo hubiesen despertado para semejante idiotez, o reírse ante lo surrealista de la situación. Pansy "escribiéndole" a él para que dejara en paz a Draco, como si fuese una madre sobre protectora o una novia celosa...

Bufó ante la simple idea, dándole una patada al montón de cenizas, mientras se acercaba a la lechuza que seguía encaramada al respaldo del sofá, siguiendo sus movimientos con sus ojillos brillantes. Si Pansy realmente esperaba ese tipo de atenciones de Draco, bien podía esperar sentada, porque tendría que hacerlo por toda una vida. Y ni siquiera estaba seguro de que en la siguiente reencarnación fuese a ser bendecida con una mejor suerte.

Por todos era sabido que a Draco le gustaban tanto las mujeres como le gustaban las babosas carnívoras. No era que se le conociera alguna relación —Harry sospechaba fervientemente que ni siquiera entendía el significado de la palabra —, pero era algo que todos daban por hecho, y que Harry sabía que era cierto. No era la primera vez que había oído a Blaise bromear sobre ese tema con Draco, preguntándole por tal o cual chico, y este jamás se había sentido molesto en absoluto, ni había hecho siquiera el intento de negarlo.

Y su condición sexual era algo que seguramente Parkinson sabía, así que tenía que tratarse de otra cosa.

Nunca había tratado demasiado con la chica, ni en Hogwarts —por obvias razones —, ni una vez hubo abandonado la escuela, porque simplemente se movían en niveles sociales diferentes. Pero por lo poco que había podido apreciar, Pansy valoraba mucho las apariencias, lo que era correcto a su modo de ver, y lo que no, y hacía extensible sus preciados valores a aquellos que consideraba sus amigos. En cuya lista Draco resaltaba en subrayado y en negrita.

Harry sonrió, acariciando a la lechuza inconscientemente. Que Draco y él tuviesen una relación más o menos cordial debía de haberla molestado sobremanera.

Que ese pequeño inconveniente en la perfecta vida de su amigo se hubiese vuelto más y más profundo con los años, al mejorar tan visiblemente su relación, tenía que haberla aguijoneado hasta lo más hondo.

Que ahora fuese el mentor de Draco, estando a todos los efectos por encima de él, y que Draco no hubiese renunciado debía de parecerle una completa humillación, al nivel de sentirla como propia...

Harry sonrió más abiertamente, imaginándose a un pequeño diablillo sobre su hombro izquierdo —su parte más traviesa —regodeándose mientras tomaba una decisión.

Se acercó al mueble que había junto a la puerta de entrada de la casa y sacó un papel blanco y un bolígrafo deliberadamente muggle. En letra tosca y dispareja, mucho más horrorosa y vulgar de la que hacía normalmente —lo que sabía que pondría aún más furiosa a su destinataria —, garabateó:

"Gracias por tus cálidas recomendaciones, Parkinson. Te alegrará saber que pienso ignorarlas completamente, y que estoy encantado con toda la atención que me has dispensado a lo largo de los años. Es grato saber que has pensado tanto en mi.

Atentamente,

La espina en tu costado"

Todavía con la perversa sonrisa en la cara, se acercó a la lechuza y le ató la carta de vuelta, murmurando quedamente:

—Entrégaselo a tu dueña.

La lechuza salió volando por la misma ventana, sin volver siquiera la vista atrás, y Harry tuvo el infantil deseo de que fuese ya de día para poder contarle a Draco la clase de amables amigos que tenía.

Absurdamente complacido por su pequeña travesura al responderle de esa forma a Pansy Parkinson, se fue para la cama sin recordar ni siquiera por un instante que se suponía que estaba enfadado con Draco. Y que por ello el Slytherin esperaría de todo menos que bromeara con él.

~o0o~

Al final no había pegado ojo en toda la noche.

Las absurdas ideas que el idiota de Blaise le había metido en la cabeza habían dado vueltas y vueltas en su mente, haciéndole llegar a las conclusiones más absurdas para desmentirlas fervientemente apenas unos minutos después.

Y Draco seguía sin entender por qué algo tan irrelevante lo había preocupado hasta ese punto. Estaba completamente fuera de lugar. Es decir, Potter podía acostarse con quien le diera la gana, exactamente igual que hasta ese momento. Y a Draco no tenía por qué importarle saber cómo ni con quién. No era asunto suyo.

Se había hecho el firme propósito de desterrar de su mente cualquier pensamiento al respecto, recordándose que debía centrarse en el día que tenía por delante. Ya iba a ser bastante duro de por sí al tener que atender a los insulsos pacientes de siempre —y aguantar sus preguntas y bromas sobre su condición de estudiante —, para rematar la jornada con la visita que había prometido a sus padres, donde sin duda Lucius iba a continuar de un humor terrible por todo el asunto, especialmente cuando estaba seguro de que todos sus conocidos ya estarían al corriente, y habrían tratado de averiguar las razones por el método que fuese.

Se vistió meticulosamente y se apareció en el vestíbulo de San Mungo, dirigiéndose de manera inmediata hacia el mostrador de la recepcionista para comprobar si había recibido correo desde el día anterior. Mas antes de que hubiese sido atendido, Harry se apareció a pocos metros de él. Y al verlo parado junto al mostrador, sus cejas se elevaron con sorpresa y una radiante sonrisa se extendió por su cara.

En respuesta, Draco frunció el entrecejo, completamente confundido. ¿No se suponía que Harry estaba todavía enfadado con él por su estúpida disputa el día anterior? A veces tenía la sensación de que nunca terminaría de entender por completo a Harry. Sensación que se había incrementado varios millares de veces desde la noche anterior...

Draco sacudió la cabeza, desterrando pensamientos inadecuados, mientras Potter se acercaba a él rápidamente, todavía sonriendo de ese modo tan alegre, como si la mañana fuese completamente perfecta. Y sin embargo, Draco pudo apreciar en sus ojos que su noche había sido prácticamente igual de mala que la suya, al menos a juzgar por las evidentes ojeras que las gafas no lograban esconder.

—Buenos días, Malfoy —dijo con un tono mucho más jovial del que solía tener por las mañanas.

En respuesta, Draco elevó una ceja, antes de preguntar quedamente:

—¿Qué te tiene de tan buen humor?

Harry se rió ante su pregunta y su evidente desconcierto, y se apoyó descuidadamente sobre el mostrador, completamente girado hacia él, para responderle.

—Tengo que contarte algo —dijo, como si realmente se estuviese muriendo por hacerlo —. No te lo vas a creer, Malfoy, es tan ridículo...

El desconcierto de Draco creció todavía más ante sus palabras, y su curiosidad se hizo casi palpable. Mas antes de que hubiese podido preguntar al respecto, la recepcionista se adelantó con su sonrisa pobremente fingida, para acercarle las dos cartas que había a su nombre.

Y de paso le entregó un fajo algo más amplio a Harry —que ni siquiera se las había pedido —, y entonces su sonrisa se volvió radiante y completamente auténtica, como si el hecho de atender hasta los más mínimos deseos de Potter fuese su más anhelada ambición.

Draco puso los ojos en blanco ante el espectáculo, y se alejó del mostrador meneando la cabeza negativamente, sin necesidad de voltearse para saber que Harry lo seguiría. Sabía por experiencia propia que Potter nunca se podía contener demasiado tiempo cuando se moría por decir algo, era superior a sus fuerzas.

Efectivamente, a los pocos minutos Harry lo alcanzó, a punto para subir al ascensor, con el fajo de cartas completamente olvidado en su mano derecha. Sus ojos y su boca sonreían todavía, y Draco se encontró contemplando el gesto de un modo completamente evaluativo.

—Potter, ¿piensas iniciar una batalla sin tregua en el hospital por la obtención de tus favores? —preguntó sarcástico, incapaz de detener el impulso de meterse un rato con él ahora que parecían volver a estar en buenos términos.

Harry frunció el entrecejo, ante su pregunta, a todas luces desconcertado.

—¿Perdón? —preguntó, seguramente pensando más en lo que quiera que tuviese en mente decirle que en lo que estaba escuchando.

Esta vez fue Draco el que sonrió, mientras le daba al botón que llevaba al tercer piso.

—Mejor será que no encierres en una misma habitación a Corner y Blake, los resultados podrían ser desastrosos —amplió su sonrisa al darse cuenta de que Harry por fin parecía haber comprendido, y en un impulso añadió —. Ya hay que tener mal gusto.

En contra de lo que había esperado con su pulla, Harry se rió, evidenciando nuevamente su buen humor. Al parecer, estaba decidido a que nada estropease su día, mucho menos personas a las que consideraba tan insignificantes en esos momentos.

—Eso díselo a ellos —respondió Harry divertido. Y luego se giró por completo hacia él, de nuevo con toda su ansiedad por exponer lo que daba vueltas en su mente desde que había llegado al hospital pintada en la cara —. En serio, debo decirte lo que me ha pasado, con eso sí que vas a reírte.

Hizo una pausa, al parecer eligiendo las palabras precisas, y Draco casi cogió su varita para hacerle un legeremens y salir de dudas de una buena vez. Casi. Luego recordó que Harry era demasiado bueno en oclumancia, y que, en cualquier caso, seguramente no tendría que esperar demasiado.

Sin embargo, la curiosidad se estaba volviendo más y más molesta a cada segundo que pasaba en silencio, aumentada por el hecho de que probablemente quería contarle algo que le había pasado fuera del hospital. Estaba seguro de que el día anterior se había ido de San Mungo en cuanto se había cumplido su turno, impelido por el enfado absurdo que habían tenido; y él mismo lo había visto llegar por la mañana, por lo que, por fuerza, tenía que tratarse de algo que no estaba relacionado con el hospital.

Y Harry rara vez le hablaba sobre su vida privada fuera del trabajo. Al igual que Draco hacía lo propio.

Por fin, Harry pareció encontrar las palabras precisas, porque levantó los ojos hacia él con la evidente intención de no perderse ni un detalle de sus reacciones en cuanto se lo contara.

—Tu amiga Pansy me escribió anoche una bonita carta —soltó de pronto, todavía con esa deslumbrante sonrisa pintada en la cara.

Draco, sin poder evitarlo, abrió completamente los ojos por la sorpresa.

—¿Qué? —musitó, olvidándose por unos segundos de mantener el tono indiferente.

—Lo que has oído —respondió Harry, evidentemente complacido por su reacción —. Aunque lo de escribir es puro eufemismo, mejor debería decir que me gritó hasta el cansancio a través de de un magnífico vociferador.

Draco maldijo en silencio, frunciendo el ceño ferozmente, mientras planeaba de forma cuidadosa unas cuantas maneras de tortura que aplicar a su querida amiga.

Por supuesto no se había hecho esperanzas respecto a que Pansy olvidara sus siniestros planes, fuesen los que fueran —al fin y al cabo se lo podía calificar de muchas cosas, pero jamás de iluso —, mas ciertamente no había esperado que fuese tan pronto. Y que en lugar de centrarse en la relación que Potter y él mantenían en su lugar de trabajo —que era lo que más la molestaba de lejos —, hubiese trasladado sus pobres intentos a la parte privada de la vida de Potter, esquivando así cualquier interferencia directa del propio Draco.

Esa maniobra indicaba claramente dos cosas: la primera, que Pansy no se iba a detener ante nada, y que ni siquiera iba a tener demasiado en cuenta la legalidad de sus acciones; si molestaba a Harry en un sitio en el que ella suponía que Draco nunca había estado, era porque no le importaba en realidad que él se llevara o no bien con Potter, sino que simplemente le molestaba Potter.

La segunda, que esa no era una advertencia para Harry, sino para él mismo. Ella había comprendido muy bien su amistad con Potter, mucho mejor de lo que Draco esperaba, y había dado por hecho que el Gryffindor se lo contaría sin dudarlo ni un solo instante. Había contado con ello.

Y el mensaje era más que claro "Si de verdad te importa Potter, aléjate de él, puesto que no tengo ningún reparo en hacerle daño".

—Joder —exclamó Draco, sin poder contenerse.

Su reacción pareció divertir aún más a Harry, que por supuesto no había visto más que lo obvio en la acción de Pansy. Seguramente estaría pensando que su amiga estaba simplemente loca, y que esa sería una magnífica broma con la que mortificar a Draco.

Desgraciadamente él sabía que, aun cuando lo hubiese deseado, Pansy no estaba loca.

—Me decía en términos muy claros que me alejara completamente de su Draco si no quería tener que vérmelas con ella —continuó divertido Harry, completamente ajeno a sus lúgubres pensamientos.

—Joder —repitió Draco, más en respuesta a su propia voz mental que a las palabras de Harry.

Este pareció reaccionar por fin, disminuyendo su sonrisa, mientras una mueca de desconcierto se instalaba en su cara. Probablemente estaría preguntándose por qué no había estallado en carcajadas junto con él, como si fuese un chiste de lo más gracioso. Pero lo cierto es que no tenía las más mínimas ganas de bromear sobre ese asunto.

—Te veo sorprendido —comentó Harry, como quien no quiere la cosa —, pero también... enfadado.

Su especulación estaba destinada a hacerlo hablar, a que le contara lo que en verdad estaba pensando, y Draco lo sabía.

Suspiró, volviendo su mirada a Harry, que había dejado de sonreír completamente, y ahora lo miraba con un semblante calmado y serio. Pensó brevemente en la posibilidad de contarle todo, pero de inmediato se dio cuenta de que eso sería una completa locura. Potter tenía tendencia a la exageración, y era demasiado impulsivo para su propio bien, al menos en temas que no atañían a su trabajo. Si le contaba toda esa absurda idea de los 'proyectos' de Pansy iba a querer resolverlo cuanto antes, probablemente presentándose en la casa de la susodicha para exigirle que se metiera sus sugerencias por donde mejor le sentaran, y que dejara de meterse en su vida.

Y eso sólo aumentaría las ganas de Pansy de librarse de él cuanto antes.

Draco apenas negó con la cabeza, en un gesto de deliberada condescendencia, tratando de parecer divertido ante la sola idea. Y en el proceso borró de su semblante cualquier vestigio de preocupación o duda, al tiempo que contestaba escuetamente:

—Le dan arranques así de vez en cuando —dijo, empleando su mejor tono de 'no está pasando nada raro' —. Afortunadamente suelen pasársele muy pronto. Probablemente ya lo habrá olvidado...

Por un segundo Harry pareció no estar convencido, como si pudiese ver más allá de sus palabras, de su perfecto tono condescendiente y de su semblante imperturbable. Pero al instante pareció pensarlo mejor, como si no hubiese encontrado una respuesta más convincente en su cabeza, y su sonrisa volvió a aflorar en todo su esplendor mientras respondía:

—Tienes amigos muy raros, Draco.

Ahora sí sonrió abiertamente, divertido ante la afirmación tajante de Harry, compartiendo su broma implícita mientras el ascensor se abría por fin en la tercera planta. Se giró hacia él antes de salir, mirándolo en silencio por un par de segundos. Y luego, ampliando su sonrisa, contestó:

—Recuerda que lo has dicho tú, no yo.

Y sin decir nada más se dio la vuelta y salió del ascensor, con su sonrisa sarcástica todavía en la cara. Harry había pretendido meterse con él con su último comentario, y sin darse cuenta se había insultado a sí mismo. Y Draco no iba a perder oportunidad de recordárselo...

En cuanto a Pansy, ya se encargaría a su manera de dejarle las cosas claras. Era su amiga, y no dudaba de que continuara siéndolo durante muchos años más, pero como le había dicho ya más de una vez, eso no le daba derecho a meterse en su vida. Simplemente iba a tener que recordárselo en términos que ella comprendiese.

Como ella, él también había ido a Slytherin: Sabía jugar sucio.

Continuará...


Espero que os haya gustado ^_^

Como siempre, millones y millones de gracias para gata89, arya-ellesmera, Amidala Granger, Shanty y Aromohola por sus reviews. Y a emi (Me alegro de que te guste Blaise xDD), ginna (leer tanto de golpe no es bueno xDDD Aunque obviamente estoy encantada) y Shadow Lestrange (Efectivamente, los proyectos de Pansy son un gran, gran problema para Draco. Y eso que aun no has visto nada xDD) por dejar comentarios, aunque sea de forma anónima. Os deseo a todos un muy Feliz 2010! ^_^

Dudas, comentarios y sugerencias a un sólo click.

Besos,

Missi