53 centímetros.
.
.
Resumen: —¿Quién te embarazó? —formuló de golpe. —No lo vas a creer, pero tú lo hiciste. —¿Qué? —gritó— ¿Por qué demonios no lo recuerdo bien? Respiré muy profundo —Porque, técnicamente, te violé.
Autora: risita.
Notas: Estoy libre de escuela y por fin puedo pensar claramente xD
Naruto® es propiedad de Kishi. Este Fic es sólo mío.
.
Sí, claro… ¡¿Qué?
.
Respirar es algo que hacemos inconscientemente; cuando algo nos obstruye este proceso, automáticamente buscamos algo que nos devuelva el aliento. Incluso si morimos, jamás dejamos de luchar por volver a respirar. Justo eso deberíamos hacer con los problemas.
Si es extremadamente difícil, si duele horriblemente, si se cierran todas las puertas, es preciso buscar otras alternativas para solucionar nuestros problemas.
El verdadero conflicto de todos nosotros es que nuestra mente se bloquea ante la alerta de algún disturbio que pueda frenar nuestros sueños.
Justo eso fue lo que sucedió conmigo.
Al principio, después de aquella dolorosa ruptura emocional, me fue muy difícil no culparme a mí misma por todas las mierdas que estaban cayendo del cielo.
Cuando Kenshi se atragantó con un dulce que traía en la boca, sentí cómo el mundo realmente se me caía encima y me aplastaba, luché por quitarle la obstrucción de su garganta y justo cuando él volvió a respirar, sentí de nuevo una gran felicidad dentro de mí.
Finalmente me di cuenta que no valía la pena seguir sufriendo por algo que nunca —ni hoy, ni mañana, ni pasado mañana— tendría un buen final.
Mi relación con Sasuke Uchiha sólo me hizo perder mi autoestima y depender de lo que sus hermosos ojos me ordenaban.
Entonces decidí dejar por la paz todo aquello que me atormentaba y procedí a rehacer mi vida de una manera más tranquila.
Independientemente de mi constante odio hacia la arpía y hacia el cabrón ilusionista, el tiempo pasó casi sin que me diera cuenta. Las personas a mi alrededor, justo como yo, siguieron adelante con sus vidas.
Y así, poco a poco, ese sentimiento de rencor fue desapareciendo. Ya no odiaba a nadie y eso fue en gran parte por el proceso de madurez que inconscientemente atravesé.
Sasuke también cambió; muy poco ante la vista de los ajenos, mucho ante mí. Con mucha accesibilidad, que era poco característica de su persona, me dejó criar nuevamente, como al principio, a nuestro hijo.
Ya no tendría que ir yo todos los días a su casa; ahora el venía de vez en cuando, si sus apretadas misiones se lo permitían.
También nos visitaba el inmaduro e idiota de mi mejor amigo, quién nunca perdía una oportunidad para hacerme sonreír o sacarme de quicio.
—Naruto, ya te dije que cuando vengas a comer te traigas tu comida aparte porque siempre te acabas todo —expresé con fatiga.
—No seas tacaña, Sakura, después de todo, tienes un gran trabajo gracias a mí —se mofó.
—¿Qué carajo acabas de pronunciar? —sentencié encolerizada.
—Que eres la mejor médico ninja del mundo y es por eso que estamos muy orgullosos de tenerte de nuestro lado —se excusó.
—¡Cabrón! —grité mientras intentaba estrangularlo.
Probablemente eso sea lo que más me gusta de él, su habilidad para hacerme olvidar mis problemas existenciales y para hacerme sentir que no importa qué tan difíciles estén los tiempos, siempre va a salir el sol.
Hinata es realmente una chica muy afortunada por tenerlo a su lado, seguramente él será un excelente padre, un magnífico esposo, un ser humano hermoso.
A veces me gustaría tener a alguien así a mi lado, pero no coincidiría con mi personalidad mezquina e insoportable. Creo que mi tipo de hombre se asemeja a lo que representa Sasuke Uchiha.
Siento lástima por mí.
Salí de mi ensimismamiento cuando escuché a Naruto hablar como idiota frente a Kenshi.
Mi bebé sólo lo miraba con cara de "eres gracioso".
—Tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiio —repetía una y otra vez.
—Es inútil que hagas eso, te ves tan tonto —reí.
—Ya tiene diez meses, debería por lo menos decir mamá —recriminó.
—Recuerda que los varones son más lentos que las nenas, así que no le exijas mucho que todavía es un pequeño —consentí.
—Tiiiiiiiiiiiiiiiiiiio —comenzó a marcar mucho sus movimientos bucales frente a Kenshi.
Mientras lavaba los trastes sucios, escuché la frase más hermosa del mundo:
—Ma-má.
Salí como bala a abrazar a mi bebé ante la mirada feliz de Naruto. Le hicimos fiestas y gracias durante un buen rato, mientras el pequeño repetía una y otra vez la misma palabra.
Fue realmente maravilloso sentir que todos mis esfuerzos habían valido la pena. Esa noche dormí feliz y la siguiente, y la siguiente también, y toda la semana, y todo el mes.
Cuando Kenshi pronunció por primera vez "papá" frente a Sasuke, este casi rompía en llanto de la emoción. Claro que no fue muy notorio, pero el simple brillo que mostraban sus ojos fue suficiente para decirme que era feliz, que estaba completo.
Nuestra relación mejoró considerablemente después de eso. Algunas veces yo le curaba sus heridas o comíamos juntos. También fueron paulatinas nuestras pláticas sobre el bebé o cosas de trabajo.
Lo cierto es que nos convertimos en amigos, si así se puede llamar a nuestros nexos tan extraños que hemos estado compartiendo desde hace muchos años.
—Oye —me dijo un día—. No acostumbro dar explicaciones, pero tienes que saber que Karin y yo no somos ni fuimos nada.
—No hacía falta que lo dijeras, el pasado es el pasado.
—Hn —pronunció—, no me gustan los malentendidos.
Fue entonces cuando comencé a percatarme del maldito sentimiento que de nuevo amenazaba con florecer en mi interior. No podía permitirle a mi corazón volver a tener esas ilusiones tontas e irreales.
Sasuke es el padre de mi hijo y nada más.
Un domingo, como era costumbre, el Uchiha se llevó al bebé a pasear. Cuando regresaron, el menor yacía completamente dormido en los brazos de su padre, quién estaba parado en la puerta con una cara de pocos amigos.
Le abrí la puerta e inmediatamente, apresurado, acostó al niño en su cuna. Volvió a mí y me miró con el ceño fruncido. Sasuke en ese estado es muy preocupante.
—Estuve hablando con Kenshi —dijo.
—Sasuke, Kenshi apenas y dice papá —sonreí.
—Déjame terminar —sentenció—. Después de un buen rato llegamos a la conclusión de que él necesita una familia y entonces tú y yo debemos casarnos.
—Sí, claro —pronuncié ante su comentario, sin digerirlo completamente—… ¡¿Qué? —grité cuando recordé la última palabra que sus labios habían expedido.
—No pienso volver a repetirlo.
Ok, seguí sin entender. Es insólito, ¿acaso Sasuke Uchiha me estaba pidiendo matrimonio o es que tengo los oídos llenos de cerilla?