Aclaro que el summary no cupo antes, así que aquí está completo.
Summary; Bella es una bailarina en una agencia de ballet y enseña a niñas pequeñas cuando no está de gira. Edward es un músico que tocará para la agencia de Bella en su próxima gira. Bella ha alcanzado sus dos sueños, enseñar ballet y bailarlo profesionalmente, pero hay algo que no la deja ser féliz. ¿Podrá Edward ayudarla?
Disclaimer; Crepúsculo y sus personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. La trama ha salido de mi imaginación. (x
Canción: Should've said no-Taylor Swift.
Capítulo 5; Should've said no.
BPOV
Caminé satisfecha hacia el reproductor de música, y pulsé el botón de apagado. Hice una reverencia a mi clase antes de indicarles que relajaran su posición –segunda, en ballet- con un asentimiento de cabeza.
Me agradecieron haciendo una reverencia ellas mismas, y comenzaron a correr hacia los vestidores a los pocos minutos.
Solté una genuina carcajada por su cambio repentino. Eran mis elegantes bailarinas de ballet, pero seguían siendo niñas.
"Gracias." Comencé a decir a las niñas que se habían quedado atascadas fuera de la puerta de los vestidores, y aun no podían pasar por el alboroto que ocurría dentro. "Gracias."
Me di la vuelta cuando por fin todas habían conseguido entrar, y me dirige hacia la oficina principal en busca de mi mochila. Podría cambiarme de ropa ahí, ya que nadie me vería. Además, esta era una academia de señoritas. No era como si alguien fuera a espiarme para verme desnuda mientras me cambiaba.
Recorrí toda la habitación con la mirada, en busca de mi mochila; la encontré tirada junto a uno de los escritorios. Tomé de uno de sus tirantes, y la abrí con una mano, mientras buscaba algo que ponerme en el cajón del escritorio con la otra. Siempre tenía un cambio de ropa ahí, por si acaso.
Encontré unos pantalones de mezclilla ajustados, y una linda blusa negra de tirantes. La última vez que había guardado mi ropa ahí, había sido después de haber asistido a un evento familiar. Era el 70 cumpleaños de mi abuela paterna, y fuimos a cenar a Seattle. No podía entender como en lugar de haber cenado en el restaurante familiar de Forks, habíamos tenido que conducir hasta Seattle, sólo para cenar en un lugar peor. La música era horrible, y la comida muy sencilla. En fin, todo sea por nana.
Me cambié de ropa en un tiempo record, y abrí la puerta principal, para recibir a las madres de mis princesas, quienes esperaban impacientes al otro lado de la puerta.
"Tendré que comprar algunos muebles de patio para que puedan esperar sentadas la próxima vez." Dije animadamente, tratando de relajar el ambiente. Ya las había hecho esperar demasiado al principio de la clase. Esperaba que no estuvieran muy enfadadas.
Unas cuantas mamás me dirigieron miradas enfadadas. Obviamente no les pareció gracioso.
"No importa cariño." Respondió una mujer al fondo. Giré mi cabeza hacia ella, y me guiñó un ojo. Le devolví el guiño divertida. "Deja a estas amargadas, probablemente solo estén estresadas por su trabajo." Susurró mientras pasaba por mi lado antes de entrar a la oficina. "O tengan problemas amorosos." Cabeceó hacia una señora que se miraba molesta; era la tía soltera de una de mis alumnas. La pequeña varias veces me había contado sobre las citas que su mamá le arreglaba, y como todas y cada una de ellas, fracasaba.
Cubrí mi boca con una mano para sofocar una risa. Era la señora Cope. Había sido bailarina profesional, y cantante en sus años de juventud. Ahora se dedicaba a disfrutar de su vejes en compañía de sus nietos. Algunas veces venía a recoger a su "cariñito" Claire, y de paso me alegraba la noche.
Salí a la noche fresca cuando todas las mamás se habían ido con sus pequeñas. Me giré hacia la puerta para cerrar ambos cerrojos con llave, y eché un vistazo hacia el estudio para asegurarme de que todas las luces habían sido apagadas.
Comencé a caminar hacia mi camioneta, que estaba estacionada justo en la casa de al lado, cuando visualicé a un volvo plateado deteniéndose frente a mí. No le tomé importancia y seguí caminando, pero me sentí un poco asustada cuando la puerta del conductor se abrió, y un pie masculino pisó la acera.
Me giré completamente, y comencé a caminar apresuradamente hacia mi camioneta.
"¡Hey!" Exclamó una voz detrás de mí. Sonaba desesperada.
Mi estomago se retorció, y apresuré aún más mi caminar.
Abrí rápidamente la puerta del conductor de mi camioneta, y lancé mi bolsa al asiento del copiloto. Mi mano derecha seguía tomando la puerta. Jalé de ella para cerrarla, cuando sentí como algo la tiraba hacia el lado opuesto. Levanté la mirada asustada; y ahí, frente a mí, estaba Edward.
Suspiré de alivio, agradecida de que no fuera algún acosador quien estuviera en su lugar, pero cambié mi expresión rápidamente a una de enojo. "Casi me provocas un infarto." Le reproché. Mi tono de voz era un poco más alto de lo habitual. No lo suficiente para ser un grito, pero sí para que me tomara enserio.
"Lo-lo siento." Murmuró atónito. Tenía que dejar de comportarme de esa manera con él, a fin de cuentas me había ayudado hoy en el estudio. Pero era inevitable, por alguna extraña razón Edward y su actitud me irritaban, haciéndome sacar mi lado más grosero.
Suspiré de nuevo, con intención de calmarme, y tratar de comportarme de ahora en adelante.
"Lo siento." Me disculpé sincera. "Estos días han sido de alguna manera difíciles para mi, supongo que estoy desquitándome contigo."
Edward bufó, al mismo tiempo que rodaba los ojos. "¿Supones?" Su tono era sarcástico, y me sentí irritada por el hecho de que me hubiera disculpado con él, y en lugar de aceptar mi disculpa, hubiera aprovechado para burlarse de mí.
"¿No podías solo haber aceptado mi disculpa?" Pregunté irritada, desde mi asiento.
"Y ahí vas de nuevo…" Masculló asintiendo con la cabeza.
Cerré mis ojos con fuerza, y aspiré profundamente. "Son aproximadamente las diez de la noche, y tengo que estar mañana temprano en el estudio. Quiero dormir." Admití, aún con los ojos cerrados, para evitar lanzarle un puñetazo. "Así que apártate de la puerta, y déjame irme a casa."
Edward me miró con expresión neutra mientras soltaba el marco de la puerta, y se alejaba un paso de ella, dejando el espacio suficiente para que pudiera cerrarla.
"Sólo quería invitarte a cenar." Murmuró dolido, antes de empujar la puerta hacia mí con un pie, y dirigirse hacia su auto.
¿A cenar? ¿A qué se refería con eso? Abrí la puerta rápidamente, y asomé mi cabeza fuera de ella.
"¡Cullen!" Exclamé justo antes de que subiera a su volvo.
EPOV
"¡Cullen!" Exclamó justo antes de que subiera a mi volvo.
Me hice el sordo, y cerré la puerta mientras me acomodaba en el asiento.
Me había confundido la forma en la que había salido del estudio de ballet de Emmett sin siquiera despedirse, hacia unas horas.
Digo; habíamos compartido un momento muy íntimo…y luego sale corriendo del lugar, sin siquiera molestarse en dirigirme una última mirada.
Debo admitir que su personalidad me había intrigado. La forma en la que parecía ser la persona más dulce y frágil del mundo, y luego, la más fuerte y tenaz. Era un poco testaruda y grosera, si. Pero eso de alguna manera era atractivo. Lucía hermosa cuando se enfadaba, y su cara enrojecía de coraje. ¿Había algún momento en el que él rostro de esa mujer no estuviera sonrojado? Era lo más hermoso del mundo.
Emmett me convenció de tener una charla con ella para conocernos mejor. Accedí, y él me dio la dirección de su salón de ballet. Sólo me pidió que la llevara temprano a casa, para que pudiera descansar, y estuviera fresca para el ensayo de mañana. ¿Por qué habría de quedarme con ella hasta tarde? Incluso dudaba que duráramos unos cuantos segundos juntos, gracias a esa actitud explosiva que solía tener.
Escuché unos suaves golpes en la ventana izquierda de mi auto. Los ignoré, y accioné el motor. No planeaba irme, en realidad solo quería hacerla enojar.
Los golpes en la ventana se hicieron más fuertes, y bajé el vidrio, un poco temeroso de que pudiera romperlo.
"¿Si?" Pregunté, poniendo en mi rostro la más inocente mirada que me fue posible.
"¿A qué te referías con qué ibas a invitarme a cenar?" Preguntó con su dulce voz, llena de confusión e ira. No entendía por qué siempre tenía que estar tan a la defensiva. Sabía que esa partícula de ira en su tono era sólo para mantener su orgullo. En realidad sentía curiosidad…y ganas de salir conmigo.
Pensé en alguna respuesta para subir ese rubor a sus mejillas de nuevo. "Normalmente, salir a cenar, es cuando ingieres tu tercera comida del día en compañía de-"
"Sé lo que 'salir a cenar' significa." Me cortó, rodando los ojos. "Lo que quiero saber es… ¿por qué quieres invitarme a cenar?" La ira se había esfumado. Ahora sólo quedaba genuina curiosidad en su expresión.
"Para que podamos conocernos mejor." Respondí instantáneamente. Era mitad cierto. Sólo debía cambiar el 'conocernos' por 'conocerte'. "Parece que no tuvimos un buen comienzo, y estaremos trabajando juntos de ahora en adelante. Lo más conveniente sería que nos lleváramos bien."
BPOV
Lo miré fijamente cuando terminó de hablar. Luchando internamente por mantener mi expresión lo más neutra posible. No quería que notara lo mucho que su respuesta me había decepcionado. Por un momento creí queestaba interesado en mí. Pero no. Sólo estaba interesado en su trabajo. Siempre tan profesional…
"Bien." Murmuré.
"¿Bien qué?" Preguntó con una leve sonrisa jugando en sus labios. No entendía como podía ser tan serio, profesional, infantil, y molesto al mismo tiempo. Este chico tenía problemas de personalidad.
Suspiré derrotada. "Vamos a cenar."
"No te emociona mucho la idea, ¿oh sí?" Preguntó volviendo su mirada al frente. Creí haber escuchado un dejo de decepción en su voz. Debió haber sido mi imaginación.
"Todo sea por el trabajo." Mascullé antes de darme la vuelta, y entrar en mi camioneta.
EPOV
"Todo sea por el trabajo." Repetí sus palabras en mi mente, y solté todo el aire que había guardado en mi garganta durante la última parte de nuestra conversación.
No pude evitar sentirme decepcionado ante su respuesta. Tal vez hasta triste. Por alguna extraña razón esperaba que respondiera que la idea si le gustaba, y en realidad quería salir conmigo. Subí mis manos a ambos lados del volante, y lo apreté fuertemente. Espere hasta que mis nudillos comenzaron a ponerse blancos por la presión antes de soltarlo.
No me entendía en estos momentos. Lo único en lo que había pensado durante todo el día, era en ella. Y había sentido una decepción que no recordaba haber experimentado en años, ante su indiferencia. Bufé ante el recuerdo de la primera vez que tuve 'interacción' con ella. Había sido hoy en el estudio. A través de una puerta.
Incluso en ese momento había pensando en ella como en la más hermosa del mundo. Sólo con escuchar su voz. Isabella Swan era una maldición.
Salí de mi trance cuando escuché el sonido de pitidos detrás de mí. Giré mi cabeza, y miré a esa hermosa mujer frente al volante. Saqué mi mano fuera de la ventana, e hice un gesto, indicándole que me siguiera. La vi asentir por el espejo retrovisor, y pisé el acelerador.
BPOV
Conduje detrás de Edward cerca de 15 minutos, cuando llegamos a una amplia y hermosa casa blanca, no muy lejos de la mía.
La puerta del garaje se abrió derrepente, y Edward se estacionó dentro de él rápidamente. Luego salió del volvo, y me hizo un gesto, indicándome que me estacionara junto a él.
Lo miré confundida. ¿No se suponía que íbamos a cenar?
Me miró confundido también, al parecer por el hecho de que aún no me había estacionado, y me apuró con la mano. Me estacioné lo mejor que pude, y bajé de mi camioneta lentamente.
Cerré la puerta, y levanté la mirada, buscando a Edward en la habitación. La puerta del garaje comenzó a cerrarse lentamente, y todo quedó a oscuras. Retrocedí al instante, pegándome a la camioneta. Le tenía un serio pavor a la oscuridad.
"¡¿Edward?!" Pregunté asustada. Mi voz salió en un grito ahogado.
Nadie contestó, y contemplé seriamente la idea de subir a mi camioneta en ese momento, e irme a casa. Rompería la puerta del garaje de Edward si fuera necesario.
"¡Edward esto no es gracioso!" Grité. No podía ver absolutamente nada, y estaba comenzando a paniquearme.
Gemí al no escuchar ninguna respuesta. Iba a serme imposible estar con él si seguía con esa actitud. Tomé la manija de la puerta de mi camioneta con fuerza, y recordé algo abruptamente. ¡Pero qué tonta! -pensé- hay luz dentro de mi camioneta.
Me giré, decidida a meterme en ella, cuando sentí una presencia detrás de mí.
"Bu." Susurró una suave y aterciopelada voz en mi oído, al tiempo que ponía ambas manos sobre mi cintura.
Grité al instante, saltando y agitando los brazos desesperadamente alrededor de cada parte del garaje a la cual podía llegar.
Las luces se prendieron, y escuché una estridente risa sonar al frente. Edward estaba carcajeándose frente a mí.
Caminé rápidamente hacia él, y le di un manotazo en el brazo con toda la fuerza que pude. Sólo logré que se riera más de mí.
Le fruncí el ceño, y tomé vuelo antes de estampar la palma de mi mano contra su mejilla izquierda. Paró de reír abruptamente, y gritó de dolor, presionando su herida mejilla con ambas manos. Sacudí distraídamente la mano con la cual lo había golpeado, y sonreí con aire de suficiencia. Le había causado dolor a un chico. Estaba orgullosa de mí.
"¡Argg!" Gruñó. "¡¿Qué demonios te sucede?!" Comenzó a sobar su mejilla desesperadamente con una de sus manos.
"Tu comenzaste." Me limité a contestar, mientras cruzaba mis brazos frente a mi pecho.
"¿Yo?" Preguntó molesto. "¡¿Exactamente cómo?!"
"¡Apagaste las luces!" Respondí. Me miró atónito, y me ruboricé. Incluso para mí sonaba estúpido.
"¿Y?" Preguntó, soltándose la mejilla. Dejé salir un suave -ouch- cuando vi lo irritada que estaba.
"Tengo pavor a la oscuridad." Reconocí, bajando la mirada.
Rió sin humor.
"Tienes pavor a la oscuridad." Repitió sarcástico. No levanté la mirada. Ya no me sentía orgullosa de mi misma; me sentía apenada y culpable, y tonta. ¿Por qué diablos lo había golpeado tan fuerte?
Levanté la mirada, temerosa de verlo, y lo encontré con los ojos cerrados y pellizcando el puente de su nariz con sus dedos índice y pulgar. Como si estuviera luchando por calmarse. A pesar de tener los ojos cerrados, se veía muy irritado.
"Lo-lo siento." Balbuceé con sincero arrepentimiento.
Abrió los ojos, y retiró los dedos de su nariz. La ira en su expresión fue reemplazada por otra emoción que no supe reconocer, cuando me miró. Sentí el calor subir a mis mejillas por la intensidad de su mirada, y el rió.
Le sonreí nerviosamente, feliz de que ese momento incómodo hubiera pasado.
"Y… ¿A dónde iremos a cenar?" Pregunté después de un momento.
Me dirigió una sonrisa torcida –que hizo que mi corazón se saltará un latido- y abrió la puerta detrás de él, para luego poner su mano en la mitad de mi espalda, y empujarme hacia ella.
Traté de resistirme para pedirle una explicación, pero me distraje cuando entré de lleno a su casa. La puerta del garaje estaba conectada a un pasillo, que llevaba a la sala. Era impresionante. Los sillones eran de un hermoso color café, y su mesa de centro era de cristal. Había una pequeña alfombra debajo de ella que contenía un florero con un bambú dentro de él. Una televisión de pantalla plana estaba pegada a la pared de enfrente.
Había varios adornos y fotografías por todos lados, en especial en el mueble que había junto a la sala. Todo estaba decorado perfectamente.
"Mi madre es decoradora." Declaró orgulloso Edward, mientras cerraba la puerta detrás de él.
"Wow." Fue todo lo que pude decir. Todo se veía hermoso.
"Si." Reconoció. "Es muy buena."
Lo miré con una sonrisa. Se notaba en su expresión que amaba a su madre, aunque había un rastro de tristeza en su mirada. Le preguntaría por ella después. Él propósito de estar aquí era conocernos, ¿cierto?
"Bien." Exclamó derrepente, como si estuviera saliendo de un trance. "Vamos a cenar." Me tomó suavemente por el codo, y comenzó a llevarme junto con él.
Me dejé guiar, tratando de ignorar el placer que me provocaba la calidez de su mano junto a mi brazo.
Llegamos al final del pasillo, donde había una pequeña estancia llena de discos, sillones, y un pequeño estudio de grabación. Un piano se veía a lo lejos, en la oscuridad. Abrí los ojos como platos, y me detuve casi inconscientemente. Detuve a Edward junto conmigo, y miró al estudio.
"¡Tienes un estudio en tu casa!" Exclamé asombrada. Jamás había visto algo igual.
"Si." Se limitó a responder, mirando el estudio con aire orgulloso. "La mayoría de las veces grabo mis pistas aquí. Es más cómodo." Se encogió de hombros, restándole importancia.
Lo miré de verdad impresionada. "Edward Cullen tu eres un hombre sorprendente." ¿A cuántas personas que tuvieran un estudio profesional en su casa conocías? Y no era un pasatiempo, o algo así. Su música de verdad era buena.
Me sonrió ampliamente, y estiró su brazo para abrir la puerta que se encontraba frente a nosotros. Me acerqué a ella, y me di cuenta de que era un enorme balcón, que daba vista a su hermoso patio, por cierto.
¡Casi salté de la emoción! Amaba los balcones, y este era perfecto. Probablemente el más grande que jamás había visto. Era una combinación de verde y café –toda su casa lo era- y eso me agradaba, eran mis colores favoritos.
Me adentré al balcón, y paseé mi mirada a su alrededor. Había un conjunto de mesa y sillas frente a mí, y al lado, había un largo columpio acolchonado, de esos que se ven en las películas antiguas frente a la casa.
Vi como la mano de Edward pasaba lentamente a mi lado, y alcanzaba el borde de una de las sillas, para después arrastrarla hacia atrás.
"Gracias." Murmuré con una sonrisa, mientras me sentaba en ella.
Edward hizo una reverencia, regalándome una sonrisa torcida, y entró a la casa.
"Iré por algunas cosas." Anunció desde adentro.
"Bien."
Me distraje observando el paisaje a mí alrededor mientras Edward volvía. ¡Su casa era enorme! Y sumamente hermosa.
Me incliné un poco al frente, para observar su patio por encima de la reja café. Estaba lleno de pasto, y había una fuente justo en medio. Una sombrilla, en conjunto con unas sillas, se encontraban al lado derecho, y al izquierdo, había un lugar para hacer parrilladas. Más al frente, estaban unos columpios, y un tobogán. Tal vez tenía sobrinos, o primos pequeños.
Me estremecí cuando sentí a Edward pasar junto a mí. No lo había escuchado acercarse.
Le sonreí mientras lo veía poner un par de velas en medio de la mesa, y prenderlas con aire profesional mientras que colocaba una copa de cristal frente a mí con la otra mano.
Sopló ligeramente al cigarro con el cual había prendido las velas, y colocó la otra copa de su lado de la mesa.
"Qué hay de cenar." Pregunté casualmente, inclinándome a la mesa.
Rió musicalmente. "¿Quieres sopa instantánea, o papás fritas congeladas?"
Me uní a sus risas. "¿Qué tal los dos?"
"Los dos entonces." Respondió, tratando de sonar francés. No lo logró para nada.
Se inclinó para tomar una de mis manos, y la besó antes de volver adentro. Me ruboricé fuertemente cuando se fue.
Suspiré, y me relajé en mi silla. Me sentía tan agusto en ese momento. Como si conociera a Edward de toda la vida, y estar cenando papas fritas y sopa instantánea en el balcón de su casa fuera lo más normal del mundo. ¿Por qué no pudimos habernos llevado así desde el principio?
"Edward…" Llamé, inclinando mi cabeza hacia atrás.
"¿Si?" Preguntó desde adentro.
"¿Quieres ayuda?"
Escuché una leve risa venir de la cocina. "Estoy bien, gracias." Asentí en silencio. "Preparar sopa instantánea no es tan difícil como parece."
Reí genuinamente, y visualicé el envase de jugo de uva frente a mí. Reí de nuevo mientras lo tomaba, y vaciaba un poco en ambas copas de cristal.
Edward estuvo de vuelta en cuestión de minutos, y puso frente a mí el envase de sopa, y un plato con papás fritas en medio de la mesa, antes de sentarse.
Tomé un poco de sopa con mi tenedor, y la enrollé en el, para luego meterla en mi boca.
"Mmm…" murmuré después de tragarla. "Te quedó deliciosa." Sonreí.
Rió e hizo una reverencia con su cabeza. "Gracias." Tomó un sorbo de jugo de uva. "En realidad la sopa instantánea es mi especialidad." Me guiñó un ojo.
"Es bueno saberlo." Tomé un poco de jugo de uva también.
Terminamos de comer nuestra sopa, y comenzamos a tomar papás fritas del plato de en medio de la mesa.
"¿Por qué ballet?" Preguntó después de meterse una papa a la boca.
Su pregunta me tomó por sorpresa. "No lo sé. Me enamoré de él después de ver una película de bailarines de ballet." Admití. "Los movimientos de los bailarines y el poder que tenían sobre su cuerpo me intrigaron al instante."
"Buena respuesta." Asintió.
"¿Por qué música?"
Soltó unas risitas. "Alice y yo somos gemelos." Abrí los ojos por la sorpresa. ¿Qué? Preguntó alarmado.
"No lo sé…" admití apenada, encogiéndome de hombros. "No se parecen."
"En realidad somos mellizos, ¿sabes? Ella es mujer, y yo un hombre." Explicó sarcástico.
Le saqué la lengua infantilmente, y me gané unas risitas de su parte. "Lo sé. Me refiero a que, no se parecen en absolutamente nada. Personalidad, gustos, etc." Expliqué, alargando mi brazo hacia el centro de la mesa, para tomar una papa frita. "Además, pensaba que Alice sería más joven. Tú te ves….mayor."
"Si. Suelen decirme mucho eso." Admitió.
"¿Cuántos años tienes?" Pregunté curiosa.
"22."
Me atraganté con la papa, y tosí un par de veces antes de tomar el cartón de jugo y beberme lo que restaba de él.
Edward se paró rápidamente, y se apresuró a llegar a mi lado.
"¿Bella estás bien?" Preguntó preocupado, poniendo una de sus manos en mi espalda.
Cerré los ojos y respiré hondo para calmar mi respiración. Fracasé al darme cuenta de lo cerca que estaba Edward de mi. Podía sentir su respiración en mi mejilla, y uno de los mechones de su cabello me hacía cosquillas en la sien.
"E-e." Balbuceé. Incapaz de crear una oración coherente. "Creo que necesito usar el baño." Dije atropelladamente, mientras dejaba la silla, y me ponía lo más lejos de Edward.
El seguía inclinado sobre la mesa, en la misma posición que había estado unos minutos atrás.
"Claro." Murmuró, incorporándose. "Hay uno justo al lado del estudio."
"Gracias." Caminé rápidamente hacia adentro, ladeando mi cuerpo para que no tocara el suyo cuando pasé a su lado.
Me adentré en el baño, y cerré la puerta con seguro mientras tanteaba la pared a mí alrededor, buscando el interruptor de la luz. Lo encontré, y la habitación se iluminó al instante. No hace falta decir que su baño era igual de impresionante que toda su casa.
Abrí la llave del agua en el lavabo, y me incliné hacia él mientras hacia una cuna con mis manos, y las ponía bajo el agua. Contuve la respiración, y arrojé el agua hacia mi rostro.
Levanté mi cara, y me miré en el espejo.
Observé con atención como el rubor en mis mejillas desaparecía, y suspiré.
Esto se está saliendo de control –pensé mientras me sentaba en el borde de la tina-. Por alguna razón me había ordenado alejarme de él. No quería involucrarme con nadie en términos amorosos en este momento…o en ningún momento, en realidad.
Convertí mis manos en puños -frustrada- mientras pensaba en las múltiples emociones que Edward me hacía sentir a tan sólo unas pocas horas de conocerlo…y en lo inevitable que era.
Reí ante el pensamiento de estar actuando como una adolescente enamorada.
Froté mi cara con ambas manos antes de pararme. Bien. Vas a volver ahí a dentro, y hablaras con Edward. Asegúrate de mantenerte lo más lejos posible de él, y de ignorar todos los sentimientos que se agolpan dentro de ti cuando escuchas su aterciopelada y hermosa voz, o cuando vez esa sonrisa torcida adornar su rostro.
Tomé una bocanada de aire, y apagué la luz para volver afuera.
Caminé lentamente hacia el balcón, y fruncí el ceño cuando vi que no había nadie en la mesa.
"¿Edward?" Susurré, buscándolo con la mirada.
"Aquí." Respondió desde el columpio en el balcón.
Caminé cautelosamente hacia él, y me senté del lado opuesto al suyo, dejando la mayor distancia posible entre nosotros.
"¿Estás bien?" Preguntó distraídamente.
Su tono me incómodo. Ya no estaba bromeando o sonriendo, como hacía unos minutos. Estaba indiferente.
"Si, gracias." Subí ambas piernas, y las crucé sobre el columpio, para quedar sentada 'estilo indio'.
Edward suspiró y recargó su cabeza en el borde del asiento. Sus ojos estaban cerrados cuando lo miré.
"Es tarde…" Musité. No podría quedarme si él tenía esa actitud "Tal vez debería irme."
Edward no se movió. "Tal vez."
Lo miré a la espera de que mostrara señales de vida, pero nada sucedió. Me levanté, moviendo todo el columpio junto con migo. Ni siquiera eso movió a Edward.
"¿Podrías acompañarme a la puerta?" Pregunté incómoda, mientras retorcía mis manos. "Tengo que sacar mi camioneta, y no tengo la puerta del garaje." Terminé la última parte con una risita nerviosa, para relajar el ambiente.
Edward se limitó a ponerse de pie, y caminar hacia la entrada sin siquiera mirarme. Me preguntaba por qué estaba comportándose de esa manera. Se veía indiferente y molesto por alguna razón.
"Gracias." Susurré cuando llegamos al garaje, y el abrió la puerta para que pudiera irme.
"De nada." Devolvió. Su tono era seco.
Caminé dolida hacia mi camioneta, y salí rápidamente del lugar, sin mirar a Edward en ningún momento.
EPOV.
"22." Respondí.
Bella comenzó a atragantarse, y corrí a su lado preocupado.
"¿Bella?" Pregunté alarmado, poniendo una de mis manos sobre su espalda.
Vi como cerraba los ojos, y la sentí comenzar a respirar pausadamente para calmarse.
Me tensé en ese mismo instante. No me había dado cuenta de lo cerca que estaba de ella. Podía sentir el calor que su cuerpo emanaba, y oler su delicioso perfume a fresas. Cerré los ojos, disfrutando de la sensación de paz que me inundó en ese momento.
"E-e." Balbuceó derrepente, llevándose mi paz. "Creo que necesito usar el baño." Dijo atropelladamente, mientras aventaba la silla a un lado, y se acomodaba en el lado opuesto de la habitación.
Me quedé paralizado en mi lugar por su brusco movimiento.
"Claro." Murmuré incorporándome, un poco confundido. "Hay uno justo al lado del estudio."
"Gracias." Respondió antes de caminar rápidamente hacia la puerta, ladeando su cuerpo cuando pasó a mi lado, evitando tocarme.
Miré el lugar donde había desaparecido con el ceño fruncido. Claramente no le había agradado mi cercanía.
"¡Arrrg!" Gruñí, golpeando la mesa frente a mí. Era la primera vez que me sentía de esta manera por alguien en mucho tiempo, y era rechazado.
No podía evitar pensar en cómo quería estar con Bella. La urgencia que tenía de que fuera mía, a pesar de las pocas horas que tenía de conocerla. Pero no sería posible. Ella no quería estar conmigo. Se había encargado de dejármelo claro durante toda la noche.
Caminé dolido hacia el columpio al otro extremo del balcón, y me senté en él.
Lo mejor será alejarme de ella -pensé- no quiero que me hieran de nuevo. No creo poder soportarlo.
Escuché unas finas pisadas acercarse, y supe que Bella acababa de entrar al balcón.
"¿Edward?" Susurró, a mi lado derecho.
"Aquí." Me limité a responder, desde mi lugar.
Caminó lentamente hacia mí, y se sentó en el lado opuesto al mío. Cuidando dejar suficiente distancia entre nosotros. No pude evitar sentirme herido ante eso.
"¿Estás bien?" Pregunté indiferentemente, esforzándome en mantenerme neutro.
No respondió al instante. La vi mirarme confundida, y luego se compuso.
"Si, gracias." Subió ambas piernas, y las cruzó sobre el columpio, para quedar sentada 'estilo indio'.
Se veía adorable de esa manera. Sentí la decepción golpearme de nuevo, así que suspiré y recargué mi cabeza en el borde del asiento para relajarme. Cerré los ojos para no mirarla.
"Es tarde…" Musitó después de un momento. Era obvio que quisiera irse. "Tal vez debería irme."
Si... "Tal vez." Respondí, sin moverme de mi lugar. Había logrado mantenerme sereno todo este tiempo, y temía que si me movía en estos momentos, dijera algo estúpido, o le confesara mis sentimientos.
Sentí como se levantaba, moviendo el columpio con ella. Apreté aún más mis ojos.
"¿Podrías acompañarme a la puerta?" Preguntó, un tanto incómoda. "Tengo que sacar mi camioneta, y no tengo la puerta del garaje." Soltó una risita en la última parte, pero no me reí.
Me limité a ponerme de pie, y caminar hacia el garaje sin siquiera mirarla. Dolería demasiado.
"Gracias." Susurró cuando llegamos al garaje. Le dirigí un asentimiento de cabeza, y pulsé el botón para que la puerta se abriera, y pudiera salir.
"De nada." Respondí. Mi tono era seco e indiferente.
Me recargué en el marco de la puerta, y la miré perderse en la oscuridad. Me recargué en la pared, y la puerta del garaje se cerró cuando aplasté el botón con un lado de mi brazo. Solté un grito frustrado cuando terminó de cerrarse, y después caminé hacia mi piano.
BPOV
No pude evitar las lágrimas que salieron de mis ojos mientras me alejaba de casa de Edward.
No debí haber aceptado su invitación a cenar desde un principio…
N/A: ¿Qué les pareció? Me divertí bastante escribiendo la primera parte :P
-Gracias pqe ya son más de cien reviews! :D :D
Pero...en verdad están leyendo la historia? en verdad les está gustando? Me desanimo un poco al saber que he bajado muchisimo de reviews :S el primer capi tuve muchos más...entonces no sé, siento que las voy decepcionando con la historia. :S bueno...diganme que les parece en un review, si? (: Le tomá super poquito tiempo y esfuerzo dejar uno (x
-Bella no quiere involucrarse con alguien después de el "accidente" pero no puede evitar lo mucho que Edward le gusta. Edward quiere tener algo con Bella, pero no quiere salir
herido de nuevo. Luego sabran porque. (x
-Should've said no, significa: Debi haber dicho no. Y creo que cayó un poco con el capi xD La estaba escuchando cuando puse eso, y me gustó más que el titulo original.
-Gracias infinitas a todas aquellas que me han dejado reviews en esta historia; y a noemii, Allie Hale, y aridenere. Que me dejaron muchos reviews en varias de mis historias hoy (:
Y ya por ultimo...hacer una aclaración. En el ultimo capi, cuando puse esto:
-Sólo dire...gracias por sus reviews (: espero que este capi haya tenido coherencia Y les hayá gustado...y...para quienes leen mis trauducciones, explico que pasa con ellas en mi perfil. Justo abajo de todos mis links xD -pfff...si que estoy cansada en estos momentos-
Pudo haberse malinterpretado con que estaba cansada de la gente que no tenía paciencia con mis traducciones. Perdon. No era eso, era que estaba muy cansada en ese momento xD por eso mismo escribí tan poco :P
Unbesoo (K)
My time is running out (8)