Tema: #12.
Título: Peter Pan.
Resumen: Solo una mirada azul que miraba sin juzgar y una sonrisa dulce: sin calorías, ni segundas intenciones.
Pairing: Renge/Tamaki. O algo así (?)
Advertencias: Pueden notar que la pareja es un poquitín crack. Y a lo mejor Renge está OOC. Y esto es más bien anime!verse.
Todas las cosas buenas de la vida son ilegales, inmorales o hacen engordar.
La cosa era más o menos así. Renge había llegado a Ouran con la firme intención de encontrar a su hombre ideal de carne y hueso, y lo que encontró fue a un grupo de chicos con diversos y profundos conflictos emocionales –no sólo individualmente, sino que dentro de la relación entre ellos también se encontraban cosas bastante interesantes-. Aún más, el chico que era casi idéntico físicamente a su amor virtual era la persona más espeluznante que ella jamás había conocido. Renge se sintió devastada. Fuera de los mangas shoujo o sus amados videojuegos, todo lo que parecía "bueno" se convertía en cosas malas. O tristes.
Entonces decidió quedarse en ese colegio y meter sus narices de vez en cuando en las actividades de dicho grupo de chicos. A pesar del dolor de enfrentarse a una realidad que ella no podía modificar –porque la vida no viene con control remoto ni opciones de juego, Renge-kun- la joven encontró su forma de llevar su vida de manera placentera, hasta que tuviera que volverse una adulta de manera forzada. Y el Host Club le hacía sentir a Renge que no estaba tan mal sufrir o que le rompieran el corazón, si existía un lugar que hacía de un Nunca Jamás provisional.
"Solo que tú eres un Peter Pan bastante estúpido, ¿sabes?"
"¿Eh?"
Tamaki la miró, sin entender. Era la mirada más limpia que ella había conocido jamás. Siempre le dejaba una especie de escozor en el interior por tratarlo de forma tan ruda.
"¿Renge-kun, acaso eres fan de Peter Pan? ¡Me halaga que me compares con un personaje tan admirable, es muy amable de tu parte!" dijo, con una enorme sonrisa y una pose de modelo. Ella comenzó a gritarle que dejara de decir tonterías en voz alta y él, como de costumbre, sólo se rió.
Y aunque ella le criticaba y le molestaba y le pateaba –lo último sólo a veces- por ser tan él, el rubio regresaba a su lado para pedirle consejos o su ayuda. Siempre con esa sonrisa, que a Renge se le antojaba una de esas cosas bonitas, buenas de la vida que no venían con truco o tragedia detrás. Solo una mirada azul que miraba sin juzgar y una sonrisa dulce: sin calorías, ni segundas intenciones.
A este paso voy a completar los treinta vicios cuando me gradúe de la carrera...espero que haya sido de su agrado, comentarios, críticas y Tamakis en chocolate son gratamente recibidos ;) ¡muchas gracias por leer!
