Disclaimer: Inuyasha y compañía son propiedad de Rumiko Takahashi.
N/A: ¡Vaya! El tiempo sí que pasa rápido.
Ya que no hago nada en estos días, mas que dar vueltas en mi cama, jugar Cityville, Farmville y leer tres libros por día, decidí ponerme a escribir. Ya tenía bastante de otro capítulo, pero era muy malo, así que comencé de nuevo.
"Su sonrisa no era amistosa. Era una sonrisa que anunciaba problemas. Como una promesa."
Fragmento de "Hush-Hush"; Autora: Becca Fitzpatrick.
Capítulo 9
"Los pantalones nuevos de InuYasha"
Por
Dianattz
Las compras eran divertidas.
Relajantes.
Excitantes.
Las compras abrían un mundo nuevo a las chicas. Y eran eso….
Para chicas.
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Su día se pudo haber catalogado como bueno hasta que Kagome había anunciado felizmente que él necesitaba ropa nueva. Tal vez algo de eso tenía que ver con que el había destrozado gran parte de su vestuario (Por no decir todo) dos días atrás. Aunque no era su culpa que la nueva empleada haya decidido literalmente bañar su ropa en suavizante. Al que era alérgico.
Kagome había dicho que simplemente se estaba comportando como una Diva, y que el suavizante de "Flores de campo" no era tan malo. Pero su nariz era sensible y eso era algo que al parecer ninguno de sus empleados tomaba en cuenta.
Así que simplemente había destrozado su ropa con la podadora de césped. Había sido divertido, hasta que Kagome apareció. Le quitó las llaves de la podadora y lo obligó a permanecer quieto el resto del día. No era que Kagome ejerciera mucho miedo sobre él, era simplemente PRECAUCIÓN.
Ahora Kagome insistía en que debían de comprar ropa nueva. Aunque él sabía que no era por su buen corazón. Sabía que a Kagome le encantaba ir a comprar lo que fuera; Insecticida, jabón, fruta, y todas las pequeñas cosas que se cruzaran en su camino.
Inuyasha sintió su nariz cosquilleante y se preparó para un nuevo estornudo…
Estaba cerca, lo sentía…
—¡SALUD!—
¡Genial! ¡AHÍ HABÍA QUEDADO SU ESTORNUDO!
InuYasha lanzó una mirada envenenada a Kagome que lo miraba con una sonrisita desde la camioneta.
Ella realmente le disgustaba, más veces de lo que le agradaba.
—¡Buenos días solecito!— Saludó ella con una sonrisa deslumbrante. Realmente le gustaban las compras.
Inuyasha le hizo un frunce y la observó en su asiento. Nadie se sentaba en su asiento.
—Muévete— Ladró él mientras abría la puerta para arrastrarla fuera.
Kagome puso carita de borrego mojado, pero Inuyasha simplemente le lanzó una fea cara de regreso.
—Yo podría manejar— Sugirió ella mientras se sentaba en el asiento copiloto y se ajustaba el cinturón.
—No hasta que aprendas a manejar
Inuyasha encendió la camioneta, y atravesaron la puerta de entrada rápidamente.
—Yo ya manejo— Medio gruñó y encendió la radio para disgusto de Inuyasha.
—Me refería a manejar decentemente— Le sonrió él, y cambió la estación. No iba a escuchar los "Back Street Boys" todo el camino.
Kagome se revolvió incomoda en su asiento. Las sonrisas de Inuyasha (Que eran pocas) solían tener un efecto extraño en ella.
—¡Podrías enseñarme!— Se movió para cambiar la radio, pero Inuyasha fue más rápido y apartó su mano de un manotazo.
—¡Oh! Pero ya te enseñé. Solo que eres un caso perdido.— Y realmente le había enseñado. Varías veces había puesto su pellejo en riesgo tratándole de enseñar a esa loca del volante. No seguía reglas, no seguí indicaciones y no tenía consideración por ningún otro ser vivo al volante o en la banqueta. No iba a cometer nuevamente el error de tratar de "enseñarle".
—Eres un mal maestro.– Le indicó, sin levantar la voz.
—Eres una mala alumna— Le sonrió, mientras con una mano estabilizaba el volante, y la otra se deslizaba al bolsillo de sus pantalones sacando así un cigarro. —Deberías de contratar un profesional. No creo que mis nervios puedan con tu manejo de la palanca. Y no estoy hablando en doble sentido.
Él se movió para encender su cigarrillo, mientras que por el rabillo del ojo vio a Kagome hacerle una mueca.
—¿Te molesta?— Le preguntó cínico.
—¿Por qué iba a molestarme que te mates y me mates en el proceso?
Kagome vio a Inuyasha murmurar "Dramática" y apagó su cigarrillo en el cenicero del tablero.
—Llegamos.— Anunció él, mientras se deslizaba suavemente entre dos lujosos autos.
Inuyasha no había detenido la camioneta aún, cuando Kagome ya se las había arreglado para escurrirse fuera de esta. Y literalmente iba a empezar a correr a la puerta de entrada.
—¡No tan rápido Speedy González! — Antes de que Kagome hubiera podido preguntar algo, Inuyasha estaba entrelazando sus dedos con los de ella. Haciendo que las mejillas de Kagome se encendieran como pequeños hornillos.
—¿Qué estas haciendo?— Preguntón incrédula. No sabía exactamente lo que ese para de manos entrelazadas significaran.
—Relájate— Le sonrió él. Y vaya que habían sido varias sonrisas por un día. —Estoy siendo práctico.
Kagome no sabía como eso era ser práctico. No podía evitar mirar sus manos como si fueran dos serpientes venenosas.
Inuyasha soltó un suspiro. —La última vez te mezclaste entre la gente tan rápido que te perdiste de vista. No quiero que eso pase de nuevo. ¿Nos vamos?
Antes de que ella pudiera decir que el que se había perdido la vez pasada había sido él, él la estaba, literalmente, jalando hacia la puerta de entrada. Y ahí estaban. Agarrados de la mano como su fueran una pareja de noviecitos. Y sabía que la gente que los veía al pasar, pensaba exactamente lo mismo. Pero a Inuyasha no parecía importarle en lo más mínimo, así que ella se relajó rápidamente.
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Las compras con una chica, era una experiencia que todo chico debería de evitar en su vida. Eran directas, crueles, tardadas, quisquillosas y pesimistas. Inuyasha había recorrido más de la mitad de las tiendas del centro comercial. Las empleadas de las tiendas lo habían catalogado de gordo y esquelético en un mismo día. Llevaban más de cuatro horas y a penas habían comprado un par de playeras para él. Claro que Kagome había acabado con todo el departamento de zapatos en tres segundos.
Solo esperaba poder salir vivo de esto.
—Lista o no ¡Aquí voy!— Inuyasha salió al pequeño pasillo de los cambiadores, donde Kagome lo esperaba sentada en un taburete leyendo "Cosmopolitan"
Ella le lanzó un breve mirada a un Inuyasha enfundado en un para de pantalones de mezclilla deslavados.
—Gay— Dijo ella simple.
Inuyasha reprimió un grito y le lanzó los pantalones al rostro en cuanto se los hubo quitado. Gesto que Kagome respondió con un ¡Hey! y una pequeña carcajada.
—¿Qué te parecen estos?— Preguntó ansiosamente, mientras se paraba frente a ella.
Kagome a penas levanto la vista de la revista y le lanzo una mirada perezosa al par de pantalones.
—Tu trasero se ve gordo— Le sonrió ella, volviendo la vista hacia su artículo "127 Looks debajo del agua" (N/A: Por muy increíble que parezca, es un artículo real.)
—Eres una perra criticona ¿Lo sabías?— Bromeó él, empujándola suavemente cuando pasó de regreso al vestidor.
—El que sea una perra no hará lucir tu trasero más delgado—.Kagome lanzó una risita de satisfacción cuando escuchó un leve ¡Keh! desde el vestidor.
Kagome sonrió cuando Inuyasha salió del vestidor con una simple playera blanca y un par de vaqueros holgados negros.
—Muy bien. Compremos todo y larguémonos de aquí. Estoy hambrienta.
—Pero acabas de decir que me veo gordo y gay.
—Y me divertí haciéndotelo creer— Rió ella.
Para el final del día el agarre de manos se había roto, ya que ambos estaban cargando bolsas. Y las manos de ambos sudaban mucho para el gusto de cualquiera. Pero caminaban lo suficientemente cerca como para que Inuyasha no perdiera de vista a la pequeña Kagome, y como para que Kagome estuviera lo suficientemente nerviosa.
Kagome pegó un gran mordisco a su helado de chocolate ante la mirada sorprendida de Inuyasha.
—Realmente te gusta el helado de chocolate ¿Uh?
Kagome le lanzón una mirada de satisfacción, y continuó devorando su helado.
—Lo que realmente me gusta es que haya sido gratis.
Inuyasha sonrió. —Las ventajas de salir de compras con un millonario— Bromeó él.
Caminaron tranquilamente hasta el estacionamiento, en donde Inuyasha pudo finalmente arrojar sus bolsas en la cajuela de la camioneta.
—Saldré más seguido contigo si me compras helado…
—Y zapatos, y blusas, y perfumes, y maquillaje.— Interrumpió él.
—¿No te estarás quejando? Soy una chica cara.—Bromeó mientras Inuyasha la abría la puerta permitiéndole entrar y sentarse.
—No me quejo— Se defendió con una sonrisa. — No era como si hubieras dejado que nos fueramos si no obtenías eso.
Kagome le lanzó su mejor cara de indignación.
—Además me sentía generoso— Continuó, mientras encendía la camioneta.
Todo el camino hacia la Villa fueron cantando canciones de Madonna, que Inuyasha aseguraba no saber como se las aprendió. Kagome por otro lado le seguía la corriente, pero él realmente sabía como hacer los agudos de varias canciones.
—Me divertí mucho hoy— Comentó Kagome con una sonrisa, cuando la camioneta se detuvo frente a la entrada de la casa.
—Yo también— Le sonrio él de vuelta.
Y por un momento, mientras decidían bajarse de la camioneta, el ambiente se llenó de algo eléctrico y embriagante. Ambos se miraron a los ojos y vieron algo que no estaba ahí antes. Estaban sonriendo, como nunca antes lo habían hecho el uno con el otro. Había algo diferente en la forma que se veían. Algo incomodo, algo nuevo, algo completamente mágico, algo que deseaban.
Y pasó…
Tan rápido y sin creer que realmente sucedería. No se supo quien dio el primer paso, pero sus rostros estaban a milímetros el uno del otro. La respiración de ambos era acelerada, al igual que el latido de sus corazones. Sus ojos cerrados y sus labios ansiosos de esa primer caricia.
Y tan rápido como llegó, se fue.
—Creo que es hora de entrar— Murmuró él en voz baja y lo suficientemente cerca como para no romper el momento aún.
Kagome asintió con la cabeza, sin poder decir ni una sola palabra. Entraron a la villa despacio y en silencio. Kagome jugando con el botón de su suéter, e Inuyasha con una expresión en el rostro que Kagome no había visto antes en él. Nerviosismo y confusión.
—Kagome— Llamó él, cuando ella comenzó a subir las escaleras. Pero antes de que alguno de los dos pudiera decir o hacer algo un movimiento en la sala continua los alertó.
Una mujer joven. Mayor que ambos, pero aún así joven, de cabello largo y negro, piel blanca y ojos igual de negros que su cabello.
—Kikyou.
Continuará…
"Los ojos de Patch eran esferas negras. Absorbiéndolo todo y no ofreciendo nada."
Fragmento de "Hush-Hush"; Autora: Becca Fitzpatrick
N/A: ¡Terminé! Realmente no creí que lo terminaría. Espero que les haya gustado. Aún no sé como se llamará el próximo capítulo, pero espero no tardarme dos años en actualizar.
Dejen review.
Les recomiendo ampliamente la Saga de Hush- Hush.
Besos, Dianattz.
11 de Mayo de 2011. Puerto Vallarta, Jalisco; México. 3:45 P.M.