Ranma despertó al sentir los rayos del sol en su bello rostro, haciendo una mueca de disgusto se incorporó sobre su cama. Suspiró con frustración, sabiendo que no podría volver a conciliar el sueño por lo que se levantó y salió de la habitación, encontrando el resto de la casa en un inmenso silencio, como de costumbre.

Hace un año se había ido a vivir solo a un departamento, cansado de los reclamos de su madre por ser más ordenado, de las peleas con su padre por tonterías, todo aquello fue cansándolo hasta el punto de empacar sus cosas y tomar el dinero que a escondidas de su padre había ahorrado en sus veinte, en ese entonces, años de vida y se marchó.

Por supuesto Genma continuó pagándole la universidad y ayudándolo con pequeñas cosas, puesto que no se había escapado de la casa, sólo se había ido de ella como cualquier persona lo hace o lo hará alguna vez en su vida. Sólo que Nodoka lamentaba que fuese tan pronto, pero gracias a los años de entrenamiento que había vivido con su padre, entre los cinco y los diez años, su hijo había aprendido a valerse por sí solo.

Después de bañarse y vestirse, como hacía cada mañana se paró frente al espejo del baño y se sonrió a sí mismo dispuesto a empezar hacerse su acostumbrada trenza, con gran habilidad y destreza producto de años de práctica.

-"Qué bueno que es domingo, no tendré que ir a esa odiosa universidad"- pensó, mirando a sus ojos grises reflejados en el espejo- Si tan sólo tuviera algún incentivo…- suspiró- Si tan sólo… Akane estudiara ahí conmigo, ese sería un estupendo incentivo para ir, pero qué diablos, Akane debe estar al otro lado del mundo, quizás ni siquiera me recuerde- finalizó su monologo con una amarga sonrisa.

Dicho esto dio la vuelta y salió del baño. Bajó a prepararse el desayuno y luego llevó el plato al sillón para recostarse sobre él y comer ahí, con la televisión encendida, pero tras buscar un programa que le gustase, cosa bastante difícil teniendo en cuenta que era domingo, lo encontró y sonó el teléfono para su mala suerte.

Suspiró con frustración.- "Deben ser mis padres"- pensó y dejó el plato sobre la mesa de centro, si eran sus padres seguro no sería una conversación muy larga.

-¿Sí?

-Ranma, soy Ukyo- dijo la voz del otro lado.

-Ah hola- sonrió forzadamente, consciente de que no lo vería.

Había tenido una "relación" con Ukyo hace dos años, cuando tenían diecinueve, la conoció en la universidad puesto que asistía a su clase. Había ocurrido con ella lo mismo que con Shampoo y con varias otras mujeres en la vida del joven Saotome, sólo que ella a diferencia del resto no se alejó de él, siguió a su lado siempre recordándole que algún él terminaría enamorándose de ella y que haría todo lo posible porque lo "suyo" con él surgiera nuevamente. Éste al principio del "rompimiento" le fue indiferente, pero después entendió que Ukyo no se comportaría como el resto y que estaba dispuesta a seguir siendo su amiga a pesar de todo, aunque era consciente de lo que ella sentía por él, simplemente tenía cuidado de no crearle falsas esperanza, aún cuándo ella lo hacía sola.

-¿Cómo estás, cariño?- preguntó.

Ranma entrecerró los ojos cansancio, ¿Hasta cuándo dejaría llamarle como cuándo tenían una "relación"?

-… Bien, Ukyo. Sabes que me encanta conversar contigo, pero justo iba a desayunar y…

-Y nada- lo interrumpió con voz molesta- Descuida, no tardo. Me enteré que terminaste con Shampoo.

-¿Cómo te enteraste?- frunció el ceño.

-Ella llegó anoche a mi casa llorando, la estuve consolando un rato y luego se quedó dormida, aún no despierta. ¿Hasta cuándo seguirás jugando con los sentimientos de las mujeres, Ranma? ¡Lo mismo hiciste conmigo y sé lo doloroso que es!- exclamó dolida.

-¿Me vas a seguir sacando eso en cara? Tú quisiste terminar con todo cuando me propusiste formalizar un poco la relación, pensé que tú pensabas igual que yo.

-¿A qué te refieres?

-Que buscabas lo mismo, a eso me refiero- dijo irritándose- No tienes nada que reclamarme, ahora somos amigos, ¿recuerdas?

-Me gustaría que fuésemos más que amigos- insistió- Sabes que yo te amo, que nunca te dejaría.

-Pues, pareciera que quisieras que me alejara lo más posible de ti, no paras de sacar el pasado cuándo sabes que para mí lo nuestro está más que enterrado.

-A veces como ahora ni siquiera me tratas como a una amiga.

-Es porque tu sola te empeñas en no serlo cada vez que sacas lo que hubo entre nosotros y me lo refregas en la cara- contestó molesto- si no tienes nada más que decirme…

-Lo siento- interrumpió casi en un susurro- No quiero perderte.

-Siempre que termino con alguien es igual contigo.

-Lo siento, es sólo que no he conseguido olvidarte.

-Inténtalo, no creo que sea tan difícil, pero teniéndome a mí como amigo no creo que ayude. Lo mejor será que nos distanciemos, al menos hasta que de verdad sientas que no sientes nada por mí.

-Pero, Ranma…

-Es lo mejor, Ukyo, sabes que te aprecio mucho, pero como a una amiga y el que intentes otra vez ser más que eso me frustra. Ya no es cómo antes, que yo no te conocía y nos acostábamos, era diferente, ahora te he aprendido a conocer y lo último que quiero es dañarte- dijo sincero.

Ukyo soltó un suspiro de resignación- ¿Es un adiós?

-Por un tiempo, sí- dijo serio.

-¿No me dirigirás la palabra en la universidad tampoco?

-No.

-A… Adiós, entonces.

-Adiós- dijo antes de cortar, no soportaba oír llorar a una mujer y conocía bastante a Ukyo como para saber que si seguía hablando con ella, terminaría oyendo un sollozo del otro lado- Lo siento, pero es lo mejor para los dos- dijo antes de darse vuelta y caminar hasta el sillón para seguir viendo la programación.

Ukyo se quedó mirando el teléfono por un rato después de que finalizó la llamada, mientras una lágrima rodaba solitaria por su mejilla.

-¿Ukyo, qué pasa?- preguntó Shampoo tras ella.

La joven se dio vuelta para quedar frente a la chica de cabellos púrpuras, quién la miraba confusa con los ojos irritados debido al llanto de la noche anterior y en un pijama que ella le había prestado.

-Nada, es sólo que me di cuenta que el hombre al que amo no me corresponde- sonrió con amargura, no podía decirle que había llamado al hombre que la hizo tanto sufrir para intentar volver con él.

-Oh amiga, es un tonto que no sabe ver cuánto vales- sonrió con tristeza.

-No eres mi mejor ejemplo- sonrió mirándola con nostalgia- Llorando casi toda la noche porque Ranma no te sabe valorar.

Shampoo bajó la cabeza derrotada, no quería recordarlo.

-¿Ya te sientes mejor?- preguntó Ukyo con un hilo en la voz.

Shampoo levantó la cabeza encontrándose los ojos azules de la joven vidriosos.

-Ukyo- sonrió y la abrazó con fuerza, mientras ella rompía en llanto en su hombro correspondiendo el abrazo- Las dos pasando por lo mismo, pero tú nunca me has dicho quién es el tonto que te trae tan enamorada y que a la vez te hace tanto sufrir.

-No quiero hablar de eso ahora- sollozó, sabía que Shampoo la mataría ahí mismo si se lo confesaba.

-Te entiendo- sonrió con tristeza separándose- Ya aparecerá ese hombre que te moverá el piso, tal vez ése no era el indicado.

-Lo mismo para ti- rió ligeramente, secándose las lágrimas- Tú no lloras.

-No, lo lloré todo anoche creo- suspiró, y luego añadió- Esto… Ukyo, ¿puedo preguntarte algo?

-Lo que quieras.

-Tú… ¿Conociste a Akane Tendo?

-¿Tú no?- preguntó frunciendo ligeramente el ceño.

-Antes, sólo de vista, siempre la veía con Ranma- recordó molesta- Pero, nunca la saludé, ni fui amiga de ella, la verdad es que me daba algo de envidia.

-Sé a lo que te refieres, Ranma llegó a quererla mucho, quizás demasiado- dijo finalizando la oración en un susurro, que llegó claramente a los oídos de Shampoo.

-Entiendo, ¿Fue tu amiga?

-No, nunca, recuerda que llegué aquí hace dos años, Shampoo- le recordó.

-¡Claro!- exclamó golpeándose la frente- Qué tonta soy.

-Aunque, Ranma no dejaba de hablar de ella así que es como si la conociera- dijo alzando los hombros- Fueron amigos cuando eran niños, en parte es normal.

-Ranma una vez cuándo teniamos doce nos quiso presentar, pero yo me negué. Desde ese tiempo me gustaba y no me gustaba que se acercara a esa chica, así que prefería no relacionarme con ella.

-¡¿Desde ese tiempo te gustaba?!- exclamó sorprendida.

-Sí, fue por eso que me caíste mal cuando me dijiste que tú y él tenían relaciones hace tiempo ¿recuerdas?- dijo serena.

-Pero, ya no te caigo mal ¿verdad?- sonrió.

-Claro que no, eres mi amiga- le devolvió la sonrisa- Pero, ¿Sabes? Me encantaría que esa chica apareciera por aquí de nuevo.

-¿Por qué?- preguntó mirándola como si estuviera loca.

-Para vengarme, por culpa de ella Ranma no me ama- dijo triste.

-"… No NOS ama"-corrigió en su pensamiento y luego, le sonrió.- Y yo te ayudaría por ser la culpable de tu sufrimiento- mintió, era más bien por el sufrimiento de ella misma, por lo cuál le prestaba su ayuda.

-¡Al fin aquí!- exclamó Akane nada más llegar a la casa en la que hace cinco años no estaba.

-Es idea mía o se ve más grande que antes- comentó Nabiki distraídamente mirando el lugar, completamente vacío.

-Está exactamente igual que antes Nabiki, es sólo que no la recordabas y ahora no tiene nada- sonrió Kasumi, en dirección a la cocina.

-Esa mujer no puede estar lejos de una cocina por un día- le comentó Nabiki a su hermana menor al oído, quién sonrió al escucharla.

-Bien, vayan a acomodar sus pertenencias a sus habitaciones mientras yo me encargo de esto- dijo dejando una pesada caja sobre el suelo.

-Papá, yo puedo ayudarte a traer las cajas del camión- dijo observando el camión de mudanza que estaba frente a la casa, y de dónde su padre extraía los muebles en el interior de cajas de cartón.

-No Akane, éstas son cosas de hombres con fuerza, no de jovencitas delicadas como tú- sonrió y se dirigió nuevamente al camión por otra caja.

-Mejor hazle caso- susurró Nabiki, mirando a su padre sacar apenas una inmensa caja y luego llevarla arrastrando a la casa.

-Odio que me trate como a una niña- bufó la joven molesta- Ya tengo veintiún años y no soy nada delicada.

-Créeme, lo sé, pero él no- rió su hermana dirigiéndose a las escaleras- Anda, vamos ¿No me digas que no estás ansiosa por volver a tu cuarto? Cuando estábamos aquí te encantaba, eso sí lo recuerdo.

Akane sonrió y se dirigió corriendo a su habitación, dejando atrás a su hermana. Al entrar no pudo evitar hace un gesto de sorpresa en su rostro.

-La regalona de papá, siempre se queda con la habitación más grande- gruñó Nabiki al pasar frente a la habitación, Akane sonrió al escucharla. A pesar de ser mayores de edad y todas unas mujeres de veintiún y veintidós años respectivamente, se comportaban como unas autenticas niñas en ocasiones.

Dejó su maleta sobre la cama y miró al escritorio que se había negado a llevar, todo estaba intacto a cómo lo había dejado, tampoco quiso llevarse la cama, ni el armario, de hecho se llevó apenas un velador y una pequeña mesa de su habitación el día que se fueron.

Si bien la casa era arrendada, la propietaria de ella no la ocupaba por lo cual permitió dejar cosas ahí diciendo que sólo entraría su empleada a esa casa a hacer el aseo, fuera de ello nadie más por lo cual las pertenencias estarían a salvo de cualquier ladrón.

Abrió la ventana y se asomó, estaba todo tal cual lo había dejado.

Había un sol radiante, como dándoles la bienvenida a la ciudad.

-Ranma…-suspiró.

-¿Por qué no vas a verlo?- sonrió Nabiki detrás de ella, oyéndola suspirar el nombre del joven.

-No lo sé… ¿Qué tal si no me reconoce?- preguntó preocupada, volteando a dónde su hermana.

-¡Vamos! De seguro te reconocerá- sonrió dándole ánimos.

-Voy a guardar mi ropa y luego iré a dar una vuelta, ¡No sabes cuánto eché de menos las calles de Nerima cuando estábamos en China!- sonrió.

-Sí y también es bueno saber dos idiomas- sonrió Nabiki orgullosa de sí, mirándola sacar la ropa de su maleta para guardarla cuidadosamente en el armario.

-Tú fuiste a la que más le costó aprender el chino así que no hables- rió recordando lo frustrada que había estado su hermana al no saber pronunciar bien las palabras.

-Jeje es verdad- sonrió de medio lado, sentándose en la silla giratoria frente al escritorio- ¿Por qué no quisiste llevarte la cama, el escritorio y el armario?

-Sabía que volvería, algo me decía que volvería- sonrió.

-Papá jamás me hubiera dejado hacer eso- frunció el ceño- ¿Por qué tienes que ser tú la favorita de él en todo?

-¿Por qué tienes que ser tan envidiosa?- sonrió burlonamente, terminando de guadar las últimas prendas, antes de cerrar el cajón- Me voy, ¿quieres acompañarme?

-No, aún me faltan cosas que hacer en mi cuarto- sonrió- ¿Vas al centro comercial?

-No compraré nada, sólo recorreré las calles- dijo antes de salir de su cuarto.

Bajó las escaleras encontrando a su padre, sacando los muebles de la casa ante la mirada atenta de Kasumi quién, cuidaba de que los muebles no salieses lastimados.

-"Siempre tan dueña de casa"- pensó Akane con una sonrisa, y dijo.- Iré a dar una vuelta.

-Cuídate mucho- sonrió Kasumi.

Soun ni se molestó en despedirse, estaba demasiado concentrado en lo que estaba haciendo.

La joven salió de la casa y el sol impactó contra su rostro, sin importarle sonrió y comenzó a andar por las calles que en su adolescencia y niñez conocía tan bien, pero con el tiempo son parte de un borroso recuerdo.

Continuará…