Casi todos los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son de la escritora Stephanie Meyer, a mí sólo me pertenece la historia.

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Segundo Epílogo: Solo una noche

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Here we are,
And you're too drunk to hear a word I say,
Start the car and take me home,

Just tonight I will stay, And well throw it all away,
When the light hits your eyes,
It's telling me I'm right,
And if I,
I am through,
Then it's all because of you,
Just tonight

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Just Tonight.- The Pretty Reckless
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¿Cómo decirlo en simples palabras? No estaba enojada, no estaba triste, tampoco estaba feliz. No, nada de eso. No estaba nerviosa, no estaba nada. Sencillamente, no sentía nada en especial.

Sentía como todos estaban en la casa expectantes a ver que sucedía conmigo. Estoy segura que habían tomado todas las medidas de precaución posibles: llaves del auto encima de ellos, autos cargados con nafta, esconder las llaves de mi camioneta, llenar el freezer de helado, comprar chocolates. Todos estaban esperando que estuviera deprimida, pero no lo estaba.

En pocas horas me graduaría del Instituto de Forks.

Hace unos días, la consejera del Instituto había llamado a los Cullen para alarmarlos que sería una fecha complicada para mi debido a que la graduación era una celebración familiar y, claramente, para mí no lo seria porque mis padres no estarían presentes.

Hacía tiempo que había dejado el drama atrás. Desde el concurso de talentos que había cambiado mi forma de ser. Y, a pesar de haber demostrado que no iba a huir más, todos estaban esperando que volviera a reaccionar como lo hacía antes.

No iba a negar que los echara de menos, siempre lo hacía. Pero en esta ocasión los extrañaba como un día cualquiera. Quizá esto se debía a como Esme me había malcriado desde que habían tenido la charla, o como Alice y Emmett habían intentado que llorara sobre ellos y me descargaba, o como Carlisle me ofrecía su ayuda con cualquier cosa que se le ocurriera, o como Edward intentaba sacarme a pasear. Rose y Jasper habían hecho lo suyo también en esta situación. Suponía que con tanto movimiento a mi alrededor me habían ayudado a superar el momento y hacer que no los extrañara tanto, o quizá porque realmente no me importaba tanto este día.

Al fin y al cabo era un día más como cualquiera.

A pesar de que todos estaban preocupados, había cosas que no había podido evadir; como por ejemplo, el hecho de que Alice me obligo a pasar todo un día con ella y Rose en un shopping buscando el vestido perfecto. Sinceramente, no le encontraba sentido ya que usaríamos túnicas negras todos por igual y el vestido quedaría completamente cubierto. Pero, cuando manifesté mi opinión me gane un largo discurso por parte de las dos y preferí ir a comprar que seguir escuchándolas.

La rutina del día seria casi como una cualquiera. Comenzaría mi día duchándome y a partir de allí seria presa del torbellino de emociones de Alice. Soportaría el largo acto de graduación, recibiría mi diploma y me tomaría fotografías como si fuera realmente parte de la familia Cullen. Iríamos a Portland o Seattle a festejar con un almuerzo en algún restaurante digno de los Cullen y de allí me dejarían en casa de Jacob para que pasara un tiempo con él y luego me traería a casa.

Si, con Jacob. Durante este tiempo habíamos vuelto a restablecer nuestra relación. Me hacía bien pasar tiempo con él y sus amigos. Era como cambiar un poco de aires. No habíamos vuelto a pelear, no tuve que volver a elegir. Las cosas estaban claras y así era como podía disfrutar de nuestra amistad.

Suspiré. Iba a ser un día largo.

No puedo negar que durante la ceremonia desee ver entre la multitud a mis padres, pero súper reprimir mis lágrimas e intente sonreír cuando recibí el diploma lo más convincente posible. Menos a Edward, que tuvo el gesto de acercarse a mí y sostener mi mano dándole un ligero apretón de apoyo, estoy segura de que me las arregle para engañar a todos.

Las cosas con Edward habían sido un tanto confusas durante este tiempo. Ninguno había salido con otro, pero tampoco estábamos juntos. No podíamos hablar como lo hacíamos antes, porque tampoco éramos amigos. Simplemente estábamos. Convivíamos lo mejor posible, me ayudo a estudiar varias materias, salía pasar a recogerme los días que iba a La Push sin la camioneta o cuando llovía y no me permitían conducir. A veces se turnaba con Emmett para buscarme a la salida del estudio de danzas.

Pero algo que amaba de nosotros, es que a pesar de que no pudimos reconstruir nuestra relación como amigos ni como pareja, era que siempre estábamos cuando el otro nos necesitaba. Cada vez que me pasaba algo, él estaba ahí para calmarme, para darme su apoyo y no dejarme sola. Y yo, lo estaba para el cuándo me necesitaba. No necesitábamos hablar, a veces simplemente era el hecho de compartir la misma sala en silencio.

No voy a negar que extrañaba muchas cosas de como éramos antes, pero tampoco me disgustaba como estábamos ahora. Era un intermedio, estábamos en el gris de nuestra relación. No éramos nada, pero lo éramos todo. No compartíamos nada, pero sabíamos todo. No hablábamos en voz alta, pero teníamos conversaciones. ¿Podría ser mejor la relación? Sí. Pero también podía ser peor, como antes.

Perdida en mis pensamientos como estaba, no me di cuenta que debía apurarme. Me seque lo más rápido posible y cuando estaba en plena lucha con el vestido para poder cerrarlo…

─ ¡Supuse que necesitarías ayuda!

Desde mi posición un tanto vergonzosa en el medio de la habitación, vi a Alice con una sonrisa de ojo a ojo sosteniendo una caja que fácilmente podría ser más grande que ella. Era la misma caja monstruosa que subía siempre a mi cuarto cuando tenía que arreglarme. Se notaba como había tomado todo en un torbellino, porque todas las cosas estaban mal acomodadas y encimadas.

Suspire.

Alice dejo las cosas frente al espejo y acudió a mi ayuda.

Nada bueno vino después de eso. Alice intento por todos los medios que hablara con ella sobre la falta de mis padres al mismo tiempo que tironeaba de mi cabello y maldecía por los nudos de este. Hablo sobre lo maravilloso que era mi vestido y el de ella, lo importante de este día y lo que había comprado para la vista que entrada la noche se haría en casa de Ángela. Me pego un par de veces en la cabeza por no quedarme quieta. El broche de oro fue cuando estornude mientras ella me maquillaba los ojos y un poco de polvo cayo en mi nariz, nunca la escuche gritarme tanto por tener que volver a comenzar.

Bufe. De lejos se oían las risas de todos los miembros de la casa, aunque ninguno se animó a venir en mi ayuda. Estaba sola, y con el repentino cambio de humor de Alice estaba segura de que seguiríamos solas un tiempo más.

Para mi fueron horas, incluso un día entero cuando por Emmett grito para que bajáramos porque se nos hacía tarde. Alice salió maldiciendo en voz baja y yo me tome mi tiempo para no ir cerca de ella. Recogí todos los maquillajes del piso, el rizador y el secador de pelo.

─ Después ordenas, Bella. Es hora de irnos.

Me quede estática. Ese terciopelo claramente era de Edward. Gire sobre mis talones para comprobar mi hipótesis y claramente allí estaba sosteniendo mis zapatos en su mano derecha y recostado sobre el marco de la puerta con expresión casual- aunque de casual no tenía nada. Estaba impecable con su traje negro, la camisa abrochada hasta el cuello y la corbata perfectamente anudada, su cabello lucia como siempre y sus zapatos tenían un brillo digno de ser nuevos para la ocasión.

Deje mi trabajo y pase al lado de él.

─ Es injusto que siempre me haga lo mismo. Odio que me maquillaje y juegue a Barbie Bella y de regalo me deja el cuarto como si hubiese pasado un torbellino.

Edward se rio y me empujo con ternura por la espalda en dirección a las escaleras. Me tense. Puede que nuestra relación estuviese en tierra de nadie, pero hacia mucho que no me tocaba y la sensación me oprimió el pecho.

El acto fue como cualquier acto de graduación aunque con más miradas fijas en mí. Tanto Esme y Carlisle como Rose y Emmett quisieron demostrarme que no estaba sola y se pasaron casi todo el acto mirándome, saludándome y sonriéndome. Obviamente, mis padres hacían falta, pero lo hubiese llevado mejor el tema de no ser por ellos. Sabían que sus intenciones eran más que buenas y que solo querían hacerme sentir acompañada, pero lo único que lograban de esa forma era recordarme que mis padres allí no estaban. Me sentía más sola que nunca.

Entre la multitud note como un enorme cuerpo se iba acercando a los Cullen. Sonreí felizmente, era Jacob. Al menos sabía que él estaba allí para acompañarme como siempre y no para recordarme que mis padres no estaban y que por ello había asistido.

Para cuando el acto llego a su fin, todos se acercaron a nosotros para felicitarnos como era la costumbre. Agradecí las flores, me saque la foto, abrace a todos y acepte sus cumplidos. Estuve el tiempo suficiente para no ser maleducada, hasta que decidí que ya era tiempo de ir con Jacob.

Durante mi camino hacia él no perdí la sonrisa. Me acobijo entre sus brazos apenas llegue y me sentí en casa. Era agradable poder contar con el siempre sin más tensiones. Era realmente un amigo fiel que deseaba tener en mi vida eternamente.

─ Estoy seguro que el chupasangre está pensando en cómo descuartizarme en este momento. ─ Susurro con diversión en mi oído.

Me solté de su abrazo y enarque una ceja, sin saber a qué se refería. Movió su barbilla indicándome que mirara tras de mí. Hice lo que me indico, efectivamente Edward estaba observándonos con el ceño fruncido recostado con brazos cruzados sobre la pared. Me encogí de hombros quitándole importancia, y me volví a mi amigo sonriendo.

─ Anda a saber que le pasa─ Jacob soltó una sonora carcajada. ─ Gracias por haber venido─ Dije sinceramente y Jacob volvia a abrazarme.

El calor de su cuerpo se impregnaba por sobre mi ropa, amaba su olor y el sentirme protegida entre tantos músculos. Me encantaba poder contar con él, saber que ya no teníamos diferencias y que nuestra amistad era pura.

Sus carcajadas me hicieron fruncir el ceño y volver a separarme de él. Sabía que se reía de Edward y que disfrutaba de su molestia. Suspire cansada por su guerra, me recosté sobre el cantero que teníamos al lado y cruzando los brazos lo mire reprochando su actitud.

─ ¡Lo siento, Bella! ─ Seguía divertido. No era cierto, él lo estaba pasando de maravilla. ─ Es que tu amiguito simplemente me pone las cosas muy sencillas.

Enarque aún más mi ceja. No sabía a lo que se refería exactamente, pero tampoco me importaba demasiado. Rodé los ojos haciéndole notar mi molestia aún más y que parara. Finalmente, Jacob dejo de mirar tras de mí y nos pusimos a hablar. Él se dedicó a ponerme al tanto de las novedades de La Push y yo le narre el incidente con Alice de esta mañana.

Me estaba riendo descontroladamente, ya no sabía de qué tema, cuando escuche alguien a mi lado carraspear la garganta. Me concentre en relajarme y cuando me calme, mire para saber quién era.

Sonreí ampliamente a Emmett y él a mí.

─ Siento interrumpir, Bella. Pero ya es hora de irnos si no queremos perder la reservación─ Asentí tranquilamente. Luego su rostro se puso más tenso y se dirigió a Jacob─ ¡Eh, pulgoso! Si quieres también puedes venir…

Me sorprendí su invitación y le sonreí agradecida. Emmett pasó un brazo por mi cintura y me acerco a él. Aunque pensé que Jacob se comportaría como el crio que era, también me impresiono su respuesta.

─ Agradezco la invitación, pero no creo que sea lo mas conveniente. ─ Y señalo con la vista a Edward. Emmett asintió comprendiendo y se fue dejándonos solos para despedirnos.

─ ¿De verdad no quieres venir? ─ Indague aun en shock por su maduro comportamiento.

─ Aunque me encantaría seguir molestando a ese, creo que no es lo mejor. Hoy es tu día y debes disfrutarlo tranquila. ─ Y con una sonrisa maliciosa, agrego. ─ En otra ocasión, no lo dudare.

Observe como Jacob se alejaba en su moto y me dirigí al auto de Emmett que, junto a Rosalie, me esperaban para alcanzar a los demás al restaurante. Durante el camino, ninguno nombro a Jacob pero me llenaron en felicitaciones por haber entrado a la Universidad y haber terminado el instituto. Rosalie alabo mi aspecto y Emmett se rio diciendo que seguramente Alice me había torturado para que terminara así.

Durante la comida Edward no dijo nada, simplemente asentía si se le halaba y trataba de no despegar la vista de su plato. Alice conto sus planes para las vacaciones y Esme nos informó que nos iríamos todos quince días a una isla en Brasil como festejo de que todos sus hijos ya eran adultos.

La situación era incomoda, es decir ¿Qué diablos le sucedía a Edward? Antes de Jacob su actitud era completamente diferente. Y aunque la relación entre ellos no era ni de lejos la mejor, tampoco era para ponerse de esa forma. Al fin y al cabo, Jacob había ido a mostrarme su apoyo como mi amigo y el no debería interferir. ¡Vamos! Ni siquiera se había acercado como para haberlo molestado. El simple hecho de pensar que Edward estaba así por Jacob me irritaba.

Tal vez, era por otra cosa. Aunque sinceramente no podía imaginar que había sucedido en tan poco tiempo que yo no me hubiese enterado y que lo haya puesto a él de esa forma. La impotencia se apoderaba de mí y tenía ganas de gritarle que mierda le sucedida y que cambiara su actitud si no quería arruinar toda la velada.

Claramente, no lo hice, pero ganas no me faltaban.

Me relaje cuando Carlisle pidió la cuenta con la intención de terminar ya la velada. Había sido una comida por demás incomoda y solo quería llegar a la protección de mi cuarto. Más tarde había una gran fiesta en casa de alguna compañera y estaba segura que Alice me obligaría a ir, por lo que deseaba descansar un poco antes de tener que pasar la noche en vela en una fiesta en donde seguramente me sentiría como sapo de otro poso.

Volví en el auto de Emmett con Rose como a la ida, pero esta vez viajamos en silencio. No era incomodo, era un silencio de cansancio.

Ni bien llegamos me encerré en mi cuarto. Estaba cabreada con Edward por su actitud durante la comida. No sabía porque me ponía así, pero realmente me había fastidiado. Quizá solo eran ideas mías, pero me ponía de muy mal humor pensar que después de todo lo que habíamos pasado él se creyera con el derecho de comportarse así por ver a Jacob junto a mí. Tras la última pelea, creí que había aprendido la lección.

Me equivoque.

Me desquite con el desorden de mi cuarto. Junte todas las cosas de Alice dentro de una caja y las deje en la puerta fuera de mi habitación. Recogí la ropa tirada, arme la cama y me puse el pijama. Cuando finalmente estuve lista, me acosté sobre la cama y deje que mis parpados cayeran.

No sé cuanto tiempo dormí, lo que supe es que no había sido suficiente. Alice saltaba al pie de mi cama emocionada. Como había predicho había una fiesta y debíamos ir.

Me levante cuando me di cuenta que si no lo hacía pronto se pondría violenta. Aun así, lo hice con pasividad. Me desperece y cuando por fin salí de la cama, sin mirarla, me dirigí al cuarto de baño.

Escuchaba como Alice revolvía mi placard. Suspire. Tendría que haber esperado hasta mañana para ordenar mi cuarto.

Salí con la cara lavada al igual que los dientes y me recosté sobre la puerta del baño con los brazos cruzados.

─ Vamos a hacer un trato, Alice. ─ dije con un claro tono de voz molesto. Ella dejo de lanzar la ropa que no le gustara y me miro sorprendida. ─ Dejare que escojas mi ropa, me arregles y seguiré tu juego acompañándote a la fiesta. ─ Alice estaba a punto de saltar para festejar, pero la ataje antes estirando una mano dándole la señal de que ahí no había terminado. ─ Pero, si quieres que eso suceda, ordenaras todo mi cuarto antes de irnos. Es muy injusto que me obligues a hacer cosas que no quiero y que encima me dejes todo desordenando.

Aunque mis palabras fueron tranquilas, mi voz era amenazante. Alice hizo un mohín, y tras pensárselo un momento sonrió y asintió.

─ ¡Ven, Bella, que ya no hay tiempo!

Suspire cansada.

Alice ya estaba vestida con una falda corta negra pegada al cuerpo y un top de colores que dejaba ver su vientre plano. Llevaba unas plataformas que la hacían ver como de unas veinte centímetros más alta, estaba maquillada y su cabello corto lo llevaba como siempre. Estaba increíble, aunque ese atuendo combinaba más con la gran ciudad que con Forks. En Londres todas vestían así para salir a bailar o a las grandes fiestas que se hacían en las casas. Acá era más común llevar un vestido o jeans.

En menos de media hora, ya era otra persona. Habíamos tenido un percance por la ropa en el medio, donde finalmente yo había ganado, pero con los zapatos había perdido atrozmente. Me sentía cómoda con mi atuendo, lo cual era nuevo dado que Alice había sido la que me había vestido. Llevaba unos jeans negros ajustados chupines con unos apliques de tachas en las rodillas, un top como el de Alice color negro y encima una camisa del mismo color traslucida, lo que ayudaba para tapar mi vientre y en los pies unas enormes plataformas de color blanco. Aunque estaba muy oscura, el blanco de los zapatos hacia que todo estuviera en armonía. Alice había planchado mi cabello y lo llevaba suelto sobre mis hombros.

Casual, pero atrevida. Así había denominado mi outfit Alice, satisfecha por su trabajo.

La agarre antes de irse y enarque una ceja. Pequeña arpía, se estaba yendo sin ordenar mi cuarto y por su expresión, lo estaba haciendo apropósito. Volvió resignada y comenzó a ordenar. Me quede allí inspeccionando su labor para que no tratara de volver a escapar.

Se quejó un par de veces por la hora y que lo haría a la vuelta, pero la detuve: un trato era un trato.

Disfrute de su tortura lo suficiente para olvidarme de Edward y su actitud en la comida. Cuando termino estaba con un terrible humor y a mí se me antojaba reírme aún más de ella así.

Pero la risita se me borro rápidamente cuando salimos y me entere que Edward nos llevaría. Se veía increíble con su cabello despeinado y apoyado de forma casual sobre su flamante Volvo. Todo en el combinaba, desde sus zapatos hasta su auto.

Quitando de lado su apariencia, no tenía ningún interés de viajar con él.

Al parecer Alice se dio cuenta de mi descontento, porque se colocó a mi lado con una sonrisa.

─ ¿Quién se ríe ahora, Bella? Si me hubieses hecho caso y haberme dejado ordenar después, ahora ya estaríamos en la fiesta y nos hubiese llevado Emmett o Jasper.

Bufe y la ignore. No le daría la razón. Pase por al lado de Edward como si tal cosa y me metí en la parte trasera del auto sin siquiera dirigirla una mirada. Alice se quejó, pero ni de pelos yo iría de copiloto.

Edward y Alice intentaron sacarme tema pero yo estaba que echaba humo, por lo que pase todo el viaje con el ceño fruncido, los brazos cruzados y con la vista fija en la ventanilla. Cuando llegamos cerré la puerta de un portazo furiosa y entre a la fiesta sin esperarlos.

Sinceramente no sabía porque me comportaba de esa forma. Parecía una nena caprichosa sin ningún motivo. Es decir, me había enojado con Edward por su actitud pero él no me lo había hecho solo a mí, sino a todos. Y de eso ya habían pasado horas como para seguir enojada.

Pase por al lado de muchas personas que podría haber saludado, pero ni les dirigí una mirada. Camina decidida hasta la mesa con bebidas y me serví un gran vaso de cerveza. Si tenía que quedarme en la fiesta, necesitaba una ayuda para sacarme el mal humor.

Cuando me servía el segundo vaso, Jasper y Emmett se acercaron y me llevaron cerca de la pileta donde nos esperaba Rose con Alice. De Edward, nadie sabía nada.

Con el mal humor olvidado y con una gran cantidad de alcohol en sangre, logre soltarme y reírme de los chistes tontos. Cada tanto se unía alguna persona más a nuestra ronda. Sin darme cuenta, lo estaba pasando de maravilla. El alcohol me convertía en una nueva persona más agradable (al menos a lo que socialmente se refería). La música invadía el ambiente, y por primera vez en mi vida disfrute de una fiesta nocturna como toda una adolescente de preparatoria.

Era curioso, pero todo era risas y no existían problemas. Bromee con los chicos, charle con todo el mundo, y no deje que mi mano jamás estuviera sin un vaso lleno de alcohol.

Estaba feliz. Felizmente ebria. Pero feliz, al fin.

Me estaba quedando sin cerveza y decidí dirigirme a terminar con ese problema. Las veces anteriores siempre me había ido a servir alguien, pero esta vez tenía ganas de caminar.

No fue mi mejor idea, claramente. Entre las risas, las luces, la multitud, y mi estado de no poder ver el suelo derecho, se complicaba llegar a la mesa de las bebidas.

No supe muy bien cómo fue la secuencia. Todo sucedió muy rápido y a la vez en cámara lenta. Mi tacón se trabo con el césped, el vaso salió disparado de mi mano y solté un fuerte gritito patético. Sé que el mundo se paró a mí alrededor. Cerré los ojos esperando el impacto con el agua de la pileta, pero nunca paso. Espere unos minutos, quizás el alcohol no me hacía sentir el agua.

Exacto. Al abrir los ojos me estaban sosteniendo por la cintura. Mi héroe. Siempre estaba ahí para rescatarme de mis torpezas. Y en un momento cursi de película que solo en mi mente se formó el ambiente, me lance a su cuello y bese sus labios.

Sonreí.

Oscuridad.

El dolor de cabeza era algo que nunca había experimentado, no de esta forma. Tenía miedo de abrir los ojos y caerme, porque aun con los ojos cerrados todo daba vueltas. Intente acomodarme en la cama, pero mi cuerpo no respondía.

Escuche una risita masculina, pero no le hice caso. Aun no sabía que era verdad y que mentira. Los recuerdos de la noche anterior eran un torbellino, solo podía traer a mi mente pequeños fragmentos que no me decían nada más que me había pasado con la bebida.

Ni siquiera recordaba cuando había llegado a mi cuarto. ¿Por qué si estaba en mi cuarto no?

Salte de la cama asustada. ¿No podía haberme mandado ninguna no? Es decir, estaban los chicos ahí no podrían haber dejado que me fuese con nadie.

Mis ojos y mi cabeza tardaron un rato en hacer la conexión y poder comprender en donde me encontraba. Solté todo el aire de golpe cuando reconocí mi recamara. Listo, no había más errores.

─ El hechizo se rompió, Bella Durmiente. ─ Como dije antes: no más errores. Quise chillar por la irónica situación de haber llegado a pensar por un segundo que no había cometido ningún error.

Trague aire, trate de llenar mi cerebro con el suficiente oxigeno como para poder pensar todo correctamente a partir de ese momento. Aunque, obviamente, hubieses sido una tarea mucho más sencilla si todo el maldito cuarto dejara de girar y retumbar.

─ Ja ja ja. ─ Fue lo único que pude responder, y me arrepentí rápidamente al entender el tono con el que lo dije. ─ Lo siento, ─ me apresure a justificarme─ no está siendo fácil esto de despertar.

Abrí los ojos para mirarlo. Por primera vez, podía decir que Edward no se veía perfecto. Tenía su cabello revuelto y grasoso, los ojos cansados y debajo unas grandes ojeras, su ropa estaba sucia. Simplemente no era el. Y por alguna razón me sentí bien al verlo así. Sé que no suena bien, pero por una vez sentí que estábamos a la par y que no me era inalcanzable.

Edward me tendió un vaso de agua y en la otra mano una pastilla blanca. No proteste ni pregunte, la tome con ansias y me la trague. Edward no me drogaría, y de hacerlo no podía sentirme peor, por lo que no había nada que perder.

─ Parece que tampoco tuviste una buena noche. ─ solté como quien no quiere la cosa.

Edward sonrió por compromiso, porque claramente el comentario no le hizo ningún chiste. Me quito el vasos de mis manos y lo sostuvo entre las suyas, le agradecí internamente el gesto porque me permitió volver a acostarme enteramente sobre mi cama y cerrar los ojos tranquila. Estaba demasiado agotada y confundida como para aturdirme por el hecho de que estaba con él en mi cuarto en este estado patético y que no recordaba nada de la noche pasada.

─ Fue una noche especial. ─ Me corrigió y sentí que me acobijaba mejor. Sonreí ante el gesto. ─ ¿Cómo te sientes, Bella? ─ En respuesta me encogí de hombros; lo cierto es que no tenía una respuesta porque me sentía mucho peor de lo que significaba la palabra mal. ─ ¿Qué tanto recuerdas de anoche?

Suspire. El tono de Edward había cambiado. No me atreví a abrir los ojos y enfrentarlo.

Listo, no había más errores. ¡JA! Sigo sin entender como pude llegar a pensar eso.

─ Recuerdo que me gusta mucho el alcohol, ─ trate de sonar divertida pero no tuve ninguna respuesta por su parte; por lo que me vi obligada a responder más seria ─ Me acuerdo de entrar a la fiesta, de que bebí demasiado y después unos cuantos flashes confusos que no sabría explicar.

Edward suspiro a mi lado, abatido. Algo le molestaba y estaba segura que no solo había sido mi actitud irresponsable de anoche. Es decir ¡Vamos que él no era mi padre para enojarse por una borrachera! Encima, mi primera borrachera y ya legal porque había terminado el instituto. Por lo que me llevaba a tratar de recordar que había sucedido en la fiesta como para que él estuviera con esa actitud.

─ Supongo que era lo esperable ─ dijo sin más, pero sin poder ocultar su molestia. Enarque una ceja pero Edward no me estaba prestando atención, su vista estaba perdida en un punto sobre mi cabeza. ─ Te traeré un vaso de leche para la resaca y una aspirina.

Y sin esperar una respuesta salió huyendo de mi recamara. Me encogí entre las sabanas y trate de hundirme en la cama con la esperanza de desaparecer. Los mareos me daban vértigos y la actitud de Edward no ayudaba a que me calmara.

Es decir, ahora sabía que algo había pasado y no tenía forma de poder recordar ¿Cómo se suponía entonces que me iba a sentir mejor?

Para colmo, fue Emmett quien me trajo el vaso con leche y la aspirina. Soporte su riña por mi descuido con el alcohol y luego sus bromas sin fin. Me las merecía, asique no me queje.

No es en qué momento volví a dormirme, pero cuando desperté ya no entraba la luz por la ventana y estaba sola. Decidí que lo mejor era ducharme y salir de la cama. El agua relajo mis músculos y borro la suciedad que sentía, pero los mareos no desaparecieron y mucho menos el sentimiento de culpa.

Sin saber que me impulso, en bata y aun mojada entre al cuarto de Edward. No pensé, no analice la situación, no nada. Simplemente actué.

Edward se sobresaltó, dejo el libro que tenía en sus manos y se sentó de un salto en la cama.

─ ¿Necesitas algo, Bella? ¿Te sientes bien? ¿Qué sucede? ─ Escucharlo tan alarmado me hizo sentir peor. Negué con la cabeza tratando de que se relajara y me quede de pie frente a èl abrazando mi cuarto por el frío que ya comenzaba a sentir al seguir mojada.

─ No sucede nada, al menos nada grave. ─ Explique e instantáneamente sus músculos se relajaron aunque su ceño continuo fruncido mostrando su confusión. ─ Necesito saber qué es lo que sucedió anoche, porque sé que con algo la cague.

Note como iba a negar, pero lo ataje a tiempo y no permití que lo hiciera. Suspiro y dejo de mirarme.

─ No es la gran cosa, Bella. Estas haciendo un escándalo en donde no lo hay.

─ No es cierto. ─ Me irrito que me tomara de tonta. ─ Se que algo sucedió por tu actitud y necesito saber que es. Prefiero saberlo de ti antes de tener que acudir a alguien más, y sé que tarde o temprano lo sabré.

─ Si, yo también lo sé. ─ Lo mire interrogante, no escaparía. ─ Es una tontería, te reirás cuando te lo cuente.

─ De ser una tontería tu no actuarias así y ya me lo habrías dicho.

No era tonta, lo conocía bien. No lo dejaría ganarme, él debía decirme. Y necesitaba que fuera lo más pronto posible porque el frio me estaba calando los huesos y los mareos estaban haciendo difícil que me mantuviera en pie.

─ Me besaste, Bella, pero no es nada.

Deje de respirar. Le creía, no sabía porque pero lo hacía aunque los recuerdos siguieran sin aparecer.

Edward hablo como si me estuviera contando que había cenado pizza. Me dolió, me dolió muchísimo que lo dijera como un hecho menor.

─ Eso no es una tontería, Edward. ─ A pesar del esfuerzo, mi voz se quebró. Edward siguió sin mirarme y se dejó caer en la cama de espaldas.

─ Si, lo es, Bella. No le des tantas vueltas. Estabas borracha y ni siquiera sabemos que pasó por tu mente.

Su tono logro que el dolor se dejara de lado y el enojo me invadiera ¿Quién se creía para hablarme así?

─ ¡Si tanto asco te doy, no entiendo porque tu actitud de mierda!. ─ Exclame sin darme cuenta de que estaba armando un escándalo y que me podrían escuchar todos en la casa. ─ ¿No era mejor que no actuaras como un estúpido y yo no me enteraba? ¿O querías que lo supiera así me dejabas ver que ya entre nosotros no existe más que odio?

Edward salto furioso, me tomo del brazo del que intente soltarme y me adentro más a la habitación. Tras de mi escuche como empujaba la puerta para que se cerrara de un golpe.

Estaba furiosa. Si realmente tanto asco le daba que lo haya besado mejor hubiese sido que no actuara como si algo mas importante hubiese sucedido. Y no entendía que mierda había pasado por mi cabeza cuando lo bese, después de estar controlándome tanto para mantenerlo lejos de mí y con dos copas de más iba y lo besaba.

No era su culpa, la cagada me la había mandado yo. Aun así, eso no le daba derecho a hablarme como lo hacía.

─ ¡Eres tonta! ─ No lo pregunto, lo afirmo. Insultada, intente soltarme de su agarre pero Edward ejerció más fuerza y me empujo contra su pecho inmovilizándome. ─ ¿Asco? ¡¿Asco, Bella?! ¡No entiendes una mierda! Me he portado como el caballero que tanto querías, me aleje y no te volví a molestar porque esa era tu jodida decisión. ¿Sabes lo difícil que es vivir bajo el mismo techo con la persona que amas y que ella no te corresponda? ¿Sabes lo que se siente verla todos los jodidos días y que te ignore? ¿Sabes lo que es no poder dormir en las noches por no tenerla entre tus brazos? ¿Sabes, Bella, maldita sea, lo que es soñar con sus labios y cuando por fin se hace realidad es porque esta borracha y al otro día no recuerda nada? ¡Una mierda, asco! ¡Yo te sigo amando!

Mi ritmo cardiaco iba a mil, mi respiración era entrecortada y por mis mejillas las lágrimas corrían como canillas abiertas. En mi cabeza, su discurso se repetía una y otra vez.

Y de la misma forma como había actuado al ir a su cuarto, decidí actuar en ese momento. Ya estaba suficientemente lastimada, no tenía nada que perder, por lo que decidí por primera vez en mi vida dejar el drama de lado y actuar con el corazón sin pensar en las consecuencias.

Enrolle mis brazos en su cuello y de puntillas de pie me ayude para llegar a sus labios y besarlo.

Había extrañado tanto sus labios como sus caricias. Al principio Edward no respondió y casi me había rendido cuando me sujeto con más fuerza y correspondió. Fue lento pero con urgencia y de un momento a otro caímos en la cama sin pensar en nada más que recuperar el tiempo perdido.

Yo lo amaba y el también a mí, ya no había más dramas.

Solo una noche.

Solo una noche necesite para terminar con mi dolor y ser feliz para siempre.

Solo una noche para entender que no siempre era malo jugar con fuego.

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Bueno, dado recibí muchos RRs disconformes con el final decidí después de un año que podría darle un mejor cierre.

Ahora si, finalmente me despido de esta historia y de FF. Espero que lo disfruten y sea de su agrado.

Hasta el crepúsculo…

Luchyrct

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