Capítulo 1: La Dinastía Li

"La Flor de Cerezo y la Campanita de Fresa"

Era un día soleado en la ciudad de Hong Kong. Los sonidos habituales fluían a través de los pasillos de la mansión Li. La urbana melodía de las actividades cotidianas tanto de los residentes como de los empleados llegaba hacia el estudio, donde una anciana admiraba los jardines a través de su ventanal. Se encuentra en un futuro lejano, la civilización y la tecnología han avanzado tanto que se han infiltrado sutilmente en la vida diaria de los habitantes. Casi todas las actividades se realizan en el cyberespacio o por medio de aparatos electrónicos. No obstante, la dinastía Li ha salvaguardado estoicamente sus tradiciones y conocimientos de la magia antigua.

- ¡Ya llegué!

Una voz cantarina se coló desde la entrada, haciendo sonreír a la anciana. A través de la puerta se asomó una jovencita vestida con un uniforme escolar entallado y un poco revelador. Llevaba el cabello azabache amarrado en dos chongos y los ojos color rubí destellando de alegría.

- Xiu Mei, ¿Cómo te fue en la escuela?

- ¡Excelente! Es mucho mejor ahora que Ying Fa regresó de Japón. Aunque preferiría que no tuviéramos que ir al edificio, el traslado es una total pérdida de tiempo, ¿por qué no podemos entregar y revisar las tareas siempre en línea?

- Bueno, sabes que siempre es bueno que salgan de casa. Estar todo el tiempo enclaustradas no les hace ningún bien.

Antes de que la chica pudiera refutar, otra jovencita apareció en el marco de la puerta. Era de la misma edad que Xiu Mei, de largo cabello castaño claro y ojos verde esmeralda. Vestía un conjunto chino color rosa. Sonrió reservadamente mientras Xiu Mei se despedía ruidosamente y salía corriendo del estudio.

- Estaba esperando poder hablar contigo, – anunció la anciana en cuanto estuvieron solas- Ya pasó una semana desde que volviste y no me has dicho si lograste tu cometido en Japón.

- La misión fue todo un éxito. - tomó asiento delicadamente- Pero... aunque el libro parece estar intacto... me da la sensación de que algo le falta. Es extraño, no puedo explicarlo bien.

- No te preocupes, estoy segura de que todo va a estar bien, Ying Fa.

La aludida parpadeó confundida, pero la sonrisa de su bisabuela le indicó que no recibiría más explicaciones al respecto. Siendo la heredera de una familia de ancestral historia mágica, muchas veces se esperaba que llegara a ciertas conclusiones por sí misma. Se excusó con una reverencia y salió del estudio en silenciosa cavilación. A veces envidiaba la despreocupada existencia de su prima Xiu Mei, pero entendía que la dinastía confiaba en ella y realmente no quería defraudarlos.

Esa misma tarde, en su habitación, Ying Fa centraba su atención en un libro que descansaba sobre su regazo. La luz anaranjada del ocaso se colaba por la ventana, tiñendo el ambiente de calidez. Se trataba de un libro mediano, color rosa con bordes metálicos dorados. Aunque normalmente una chica de su edad no tendría demasiado contacto con libros por considerarse arcaicos y ecológicamente irresponsables, Ying Fa no podía evitar sentir cierta fascinación por éste en particular.

La portada estaba cubierta por grabados ancestrales rodeando la imagen simplificada y abstracta de una bestia felina alada. Por otro lado, en la contraportada sólo había trazos geométricos que insinuaban una estrella y que de algún modo le daban la impresión de estar incompleta. No obstante, no era solamente el diseño exterior, sino su presencia mágica la que parecía estar comunicándose con ella.

De algún modo se parecía mucho al tipo de magia Lunar practicada por su familia, pero parecía estar mezclada con otras partes más que le eran completamente desconocidas.

Aunado a esto, estaba el misterio de por qué su bisabuela la hubiera enviado personalmente a buscarlo a Tomoeda, donde había estado custodiado por los descendientes de una familia de apellido Kinomoto. Lo más común en una situación como ésa habría sido que lo enviaran por teletransporte, o al menos por dron. Ying Fa cerró los ojos con un suspiro. El libro se lo había entregado un chico de ojos azules y cabello negro, con una sonrisa enigmática y una tierna mirada a través del cristal de sus anteojos.

- Toshi, – murmuró acariciando inconscientemente la pasta del libro- él me dijo que no intentara abrir el sello hasta que llegara el momento... ¿de qué estará hablando?

- ¡Ying! - exclamó su prima, asomándose por la puerta- Vamos a entrenar un rato, por favor.

Xiao Mei le lanzó un uniforme de artes marciales que la tomó desprevenida y se estrelló contra su cara.

- ¡Pero, Mei! Sabes que no soy tan buena como tú en el kung fu – hizo un puchero, quitándose la prenda de la cabeza.

- ¡Por favor, por favor! - se arrodilló en una parodia de súplica- ¡Es que no tengo a nadie más con quién practicar si no está Ma Liang! Prometo medir mis movimientos, ¿sí?

- Está bien, – suspiró resignada – pero sólo un poco. Acuérdate que hoy tengo práctica de meditación.

- ¡Siiiiiiiiií! ¡Gracias, gracias, gracias!

Xiao Mei salió de la habitación dando saltos de emoción, mientras su prima sonreía y movía la cabeza negativamente. Una vez que las dos estuvieron dentro del gimnasio, asumieron sus posiciones de ataque y comenzó el encuentro. Ying Fa era muy hábil, pero era superada por mucho por su prima, cuyos movimientos eran veloces, letales y precisos. Mientras la primera atacaba con todo su empeño, la otra se dedicaba a esquivarla juguetonamente y a marcar sus ataques sin llegar a hacer contacto. Finalmente, la ojiverde se cansó y desistió de su intento por alcanzar a su oponente. Cayó sentada sobre el piso de madera y secándose el sudor de la frente con la manga del traje de pelea. Xiao Mei se acercó a ella con una sonrisa triunfal y se sentó a su lado dándole un codazo de complicidad.

- Tengo que irme, Mei. - anunció después de recuperar el aliento- Tengo que estar lista para la lección de esta noche. Voy a bañarme, ¿vienes?

- Sí, en un momento te alcanzo. - en su mirada rubí había un pequeño destello de envidia- Quiero practicar un rato más.

Ying Fa asintió sin notar la sombra que se esparció sobre el semblante de su prima y se retiró del gimnasio, deshaciéndose la cola de caballo en la que se había atado el largo cabello. Una vez fuera de su vista, Xiao Mei frunció el ceño y se giró hacia el tótem tradicional de Kung Fu. No era que le sirviera de gran cosa si no había nadie más para manipularlo, pero necesitaba algo sobre el cual descargar su frustración. Lo golpeó un par de veces con más fuerza de la necesaria, hasta que se dio cuenta de que podía romperlo. Exhaló derrotada y apoyó la frente sobre la superficie de madera.

- ¡Ugh! ¡Estúpidos poderes mágicos! ¿Quién los necesita?

Ying Fa estaba recostada dentro de una bañera cubierta de espuma. La cascada de agua perfumada hacía un sonido relajante y le arrancó un largo suspiro de comodidad. No supo cuánto tiempo permaneció así, simplemente abrió los ojos cuando escuchó a Xiao Mei abrir la puerta del baño y giró la cabeza para cerciorarse de que fuera ella.

- Creí que ya te habías ido al templo de la casa. - señaló Xiao Mei mientras se desvestía casualmente- Todos ya deben estar ahí desde hace como cinco minutos.

- ¡¿QUEEEEEEEEEEEEÉ?!

La chica de cabello castaño salió disparada de la tina y se enfundó el traje ceremonial como pudo, sin siquiera pensar en secarse primero. Tras asegurarse de que ninguna parte comprometedora estuviera descubierta, arrancó a correr hacia el templo mientras en el camino intentaba acomodarse mejor la ropa.

Xiao Mei la observó con una sonrisa divertida. En realidad le causaba mucha gracia que su prima fuese tan distraída, a pesar de que casi a diario tenía que presenciar escenas como ésa.

Después de un ajetreado recorrido por la mansión, esquivando personas, muebles y vegetación, Ying Fa llegó a su destino. Antes de entrar al edificio, se pasó una mano por el cabello para tratar de desenredarlo un poco. En la boca llevaba los listones para hacerse los chonguitos.

- Siento mucho llegar tarde.- se disculpó mientras se terminaba de acomodar los mechones rebeldes- No volverá a suceder.

La sacerdotisa asintió casi imperceptiblemente. A sabiendas de que la chica era prácticamente incapaz de llegar a tiempo a sus sesiones, realmente no había mucho que pudiera hacer para cambiarla. Ying Fa se apresuró a tomar su lugar torpemente, en medio de sus dos compañeros y asumió su postura de meditación. Desde afuera se podían apreciar los destellos de luz que emanaban los tres adolescentes, invisibles a los ojos carentes de poderes Mágicos de Xiao Mei, quien bajó la vista al suelo y caminó tristemente a la habitación de su bisabuela.

- Abuelita, ¡estoy aburrida! - hizo un puchero, lanzándose a la cama al lado de la anciana- ¿Por qué no me cuentas una historia?

- ¿No crees que ya estás un poco mayor para esas cosas? - le dedicó una pícara sonrisa.

- ¡Abuelitaaaaaaaaaaaa! - su puchero se intensificó- ¡Por favoooor!

- ¡Qué va! Soy vieja, y mi memoria es muy mala... ya no recuerdo nada interesante. ¿No preferirías conectarte a la red?

- Cuéntame acerca de la flor de cerezo.

- ¡Ah, la legendaria Flor de Cerezo! ¿qué quieres saber de ella?

- ¿Cómo era? ¿Cómo descubrió sus poderes?

- No se conoce mucho sobre sus orígenes, pero sí sabemos que durante su primera infancia fue una niña completamente ordinaria.

- ¿Y después?

- Después se transformó en la hechicera más poderosa que ha existido. Una estrella que emitía su propio brillo, creadora de un nuevo estilo de magia y poseedora de un poder capaz de cambiar el mundo... los mundos.

- Algún día, yo también encontraré mi propia estrella... - murmuró mientras se quedaba dormida.

- Así será, mi niña.

La anciana la observó tristemente, acariciándole la cabeza con ternura. Conocía muy bien las dificultades de su bisnieta al ser la única de la familia que no poseía poderes mágicos y cómo se esforzaba continuamente por compensar esa carencia con otras habilidades. Como se enfrentaba constantemente a la exclusión y a sus propias inseguridades. Sin embargo, no tenía idea de que lo más difícil estaba aún por venir.

Al día siguiente, las dos jovencitas bajaron las escaleras, listas para la escuela. La nave flotante encargada de llevarlas, ya estaba esperando y lo abordaron con un poco de desgano matutino. Durante el trayecto, Xiao Mei intentó iniciar una conversación con su prima pero después de hablar sin conseguir respuesta, se percató de que Ying Fa se había quedado dormida con el rostro apoyado sobre el cristal de la ventanilla. Una gota de sudor resbaló por su frente y desvió la mirada hacia los edificios que pasaban frente a sus ojos a medida que el vehículo iba avanzando. Observaba aburrida la jungla de cristal y luces en la que se había transformado Hong Kong.

A diferencia de la mayoría de las veces que tenían que presentarse personalmente al edificio, llegaron con suficiente tiempo para los escaneos de huellas y microchips que les garantizaba el acceso. Se trataba de una especie de colmena metálica a la que los alumnos tenían que acceder dos veces a la semana para reportar los avances de sus clases en línea y consultar dudas con sus instructores, además de la sección para las clases de educación física en la que tenían que ejercitarse durante los días que les correspondía asistir.

Uno de los estudiantes le dirigió una mirada lasciva a Xiao Mei, quien lo fulminó con la mirada a la vez que se acomodaba la falda en un intento por cubrirse mejor los expuestos muslos. No era como que su cuerpo le hubiese pedido su opinión en el momento en el que decidió desarrollar las pronunciadas curvas a las que su antiguo uniforme se entallaba con irritante obstinación. Normalmente no le daba importancia y hasta cierto punto disfrutaba la atención, pero muchas veces también deseaba que simplemente la dejaran ser.

- Debería anunciar que tengo un prometido o algo... - se quejó sin dejar de lanzarle miradas de desprecio al sujeto.

- ¿Qué pasa, Mei? ¿Alguien te hizo algo malo?

Ying Fa aún adormilada, se frotaba un ojo con la mano derecha. Xiao Mei alzó una ceja y luego encogió los hombros moviendo negativamente la cabeza. Afortunadamente para su prima, era demasiado inocente para darse cuenta incluso cuando las miradas iban dirigidas hacia ella. Definitivamente la joven de cabello azabache no quería ser quien le informara acerca de la existencia de ese indeseable aspecto de la humanidad.

Una vez en el aula, Ying Fa aprovechó mientras el instructor revisaba las tareas de sus compañeros, para encender su computadora y proseguir con su investigación del misterioso libro que había traído de Japón. Lo realmente difícil era que no sabía nada acerca de su origen, así que a pesar de tener toda la información accesible, no tenía idea de qué debía escribir en el buscador. Decidió iniciar por los registros familiares del linaje de los Kinomoto y después por los de la dinastía Li. Estaba deslizando distraídamente las fotografías de un texto antiguo escrito con caligrafía china cuando sintió una presencia mágica.

Levantó la cabeza de un sobresalto y miró a sus alrededores. La presencia mágica le resultaba familiar y a la vez completamente desconocida. No obstante, lo único que veía era a sus compañeros, con toda la atención fija en sus propias pantallas, algunos de ellos viendo videos mientras enviaban mensajes de texto y emoticones a los amigos que estaban sentados al lado de ellos. Xiao Mei era la única que estaba teniendo una conversación "tradicional" con su mejor amiga, Yang Kuei Fei. Ying Fa encogió los hombros y regresó a su investigación, restándole importancia a la magia que había sentido.

Un par de horas después, llegó el periodo del descanso y las dos primas se dirigieron a los jardines del edificio para comer sus almuerzos. Al cabo de un rato se acercó una chica de largo cabello rojizo atado en una cola de caballo que le llegaba a las pantorrillas. Era Kuei Fei y estaba tan emocionada que apenas podía mantenerse quieta.

- Traigo noticias, Mei.- sus palmas se juntaron haciendo una suave pantomima de aplauso- Su nombre es Hiiragizawa Ökami y parece que viene de Inglaterra. -espetó atropelladamente.

- Joven Hiiragizawa, -suspiró Xiao Mei- ¡su nombre es música para mis oídos!

La chica de ojos rubí se levantó, dio un par de piruetas y luego apoyó la mejilla en sus dos manos entrelazadas.

- ¿Me estoy perdiendo de algo? - masculló Ying Fa, con comida en la boca.

- Ying, se trata del chico más endemoniadamente guapo que te puedas imaginar.- respondió Kuei Fei mientras su amiga bailaba en las nubes y no saldría del trance por un buen rato- Me costó mucho trabajo averiguar su nombre porque parece que es muy reservado y nadie ha hablado con él.

- ¿En serio? - Ying Fa arqueó una ceja con incredulidad- En fin, las dejo, voy al laboratorio de lectura antes de que empiecen las clases.

Se apresuró a terminar sus últimos dumplings y se levantó, dejando a las otras chicas en su limerencia. Kuei Fei y Xiao Mei se despidieron sin darle importancia y continuaron con la conversación que las traía locas por el momento.

Ying fa ingresó al edificio, con la cabeza llena de preguntas y posibilidades acerca del misterioso libro que seguía en su habitación. Vagamente sabía que tenía que ver con el antiguo mago Clow y las cartas que éste había creado, pero algo no encajaba del todo. Había estudiado su magia, combinando magia oriental y occidental, fuerzas del sol y de la luna, pero en el libro percibía mucho más que eso, además de que el sello parecía ser imposible de abrir.

Toshi Kinomoto se lo había entregado en cuanto llegó a Tomoeda y a pesar de eso, la familia Kinomoto insistió en que se quedara de visita unos días. Durante ese tiempo se pudo dar cuenta de que el chico de ojos azules sabía más de lo que estaba dispuesto a admitir. Algo que, aparentemente, toda la dinastía estaba intentando mantener oculto.

La ojiverde se recargó en el respaldo de la silla y cerró los ojos, percibiendo el silencio del laboratorio con todos sus sentidos. Las reglas eran muy estrictas en ese espacio y no se permitía que ningún estudiante alterara la paz del ambiente de estudio. El técnico del laboratorio se acercó a la estación electrónica en la que ella estaba instalada, con el pretexto de regular el termostato, pero en realidad estaba vigilando que no utilizara las computadoras con fines de entretenimiento. Al no encontrar ninguna razón para reprenderla, se retiró sigilosamente.

- ¿Por qué no hay más información acerca del amo Clow, incluso en la biblioteca familiar de sus propios descendientes? - se preguntó en un susurro mientras leía el nombre del autor de los escritos, reconociéndolo como uno de sus ancestros.

Por segunda vez, sintió la presencia mágica que había percibido en el aula, pero después de analizarla con toda su concentración, no lograba identificarla. Por si esto, no fuera suficientemente difícil, la presencia desapareció tan súbitamente que no le dio tiempo de analizarla apropiadamente. Recorrió el lugar con la vista, en busca de algún indicio de la magia, pero el sitio parecía estar casi vacío en esos momentos.

Su mirada esmeralda se encontró con el único estudiante que estaba ahí, conectado a una estación en el lado opuesto del laboratorio. Él pareció sentir su mirada, a pesar de tener audífonos puestos y haber estado concentrado en la lectura. Por unos segundos, sus ojos se cruzaron con los de ella. Eran profundos e intimidantes pozos de color terracota, que la obligaron a volver la vista a su regazo, abochornada. Una extraña sensación la invadió y, abrumada, se apresuró a salir del edificio, impulsada por una fuerza que no podía explicar. Aún estaba sobresaltada por la impresión cuando se dio cuenta de que hacía diez minutos que tenía que haber regresado a su salón de clases.

Empezó a correr torpemente, las piernas no le respondían bien por el reciente susto y la confusión. No entendía qué se había apoderado de ella para hacerla huir de esa manera. Volteó a ver hacia el edificio sin saber bien por qué lo hacía o qué era lo que esperaba ver, pero rápidamente volvió la vista hacia su camino cuando sintió que se tropezaba y tuvo que maniobrar para mantenerse de pie. Sintió como sus mejillas se ruborizaban y en su mente estaba firmemente grabada la imagen del chico del laboratorio.

Al finalizar el día, Ying Fa se había olvidado por completo del chico y del incidente del laboratorio. Cuando llegó la hora de la salida, la chica de cabello castaño ya había recuperado su alegría infantil y se dirigía con sus dos amigas a una máquina expendedora de raspados que estaba cerca de la escuela.

- ¡Esos ejercicios de matemáticas estaban muy difíciles!- se quejó Ying Fa mientras presionaba los botones de la máquina para elegir su raspado.

- ¿De verdad?- rió Kuei Fei- A mí me parecieron muy sencillos, ¿verdad, Mei?

- Mmmm... -Xiao Mei succionaba su raspado- No estaban tan mal, no pueden ser peores que las horribles investigaciones de geografía.

- ¡Oh, rayos!, - Ying Fa dio un brinco que casi causó que su raspado se le cayera al piso- ¡dejé mi sesión abierta en la máquina del laboratorio!

Las otras dos chicas la observaron alejarse sin expresión alguna. Típico de Ying Fa. Al ingresar al colegio, un grupo de chicas se cruzó con ella rumbo a donde estaban Xiao Mei y Kuei Fei. De entre ellas destacaba una joven de mirada frívola que clavó una mirada de desprecio en la joven de mirada rubí. Xiao Mei frunció el ceño y apretó el raspado que tenía en la mano. Ninguna de las dos interrumpió el contacto visual hasta que la chica que iba con su escolta abordó la nave que acababa de llegar por ella.

- ¡Zetian es tan desagradable! - masculló Xiao Mei volviendo a llenarse la boca de raspado.

- ¿En realidad te cae tan mal o sólo es porque viene de la dinastía T'sing?

- ¡Su familia no tiene nada que ver con esto! ¡Es una engreída, se cree que puede pisotear a quien sea, sólo por sus mugrosos poderes mágicos, ¡ja! ¡Pues no es así!

- Pero...

Kuei Fei se preguntaba si era el mejor momento para mencionar que toda la familia Li también usaba magia, pero a sabiendas de que ser la única que no tenía poderes era un tema delicado para su amiga, decidió cerrar la boca. La llegada del vehículo encargado de ir a recogerla, la salvó del aprieto de buscar una respuesta adecuada y se despidió de su amiga apresuradamente. A los pocos minutos, la ojiverde apareció de nuevo por la salida de la escuela y se acercó corriendo junto a su prima.

- ¿Encontraste algo durante el receso, Ying?

- ¿Ah... algo? - se sonrojó al recordar al muchacho y preguntándose cómo demonios se enteró Xiao Mei.

- Sí, de lo que sea que fuiste a investigar.

- Ah, eso... - recuperó la compostura- No mucho, en realidad. Hay mucha información acerca de las cartas Clow, pero no mucho acerca del sello y los guardianes. En especial de Yue, sólo se menciona su nombre y que tiene los poderes de la Luna.

- Tal vez pueda convencer a la abuela de que me diga si sabe algo.

- Sí, es una buena idea. Llegando a casa le preguntaremos- respondió Ying Fa sin mucha convicción.

Notas de la autora

¡Hola! Esto es un pequeño experimento. Este fic fue originalmente escrito hace algunos años, por ende al releerlo me encuentro con ganas de cambiar muchas cosas, solo por el hecho de que le tengo un inmenso cariño.

No sé qué va a pasar al editarlo, pero si les llega notificación, no duden en pasar a saludar y compartir el entusiasmo por el nuevo arco de las Clear Card.

Un abrazo,

LunaGitana