In a war there are many moments for compassion and tender action. There are many moments for ruthless action, for is often called ruthless, what may in many circumstances be only clarity; seeing clearly what there is to be done and doing it directly, quickly, aware … looking at it.

(En una guerra hay muchos momentos para la compasión y acción misericorde. Y hay muchos momentos para la acción despiadada, porque frecuentemente se le llama despiadado a lo que solamente es claridad; ver claramente lo que se necesita hacer y hacerlo directamente, rápidamente, conscientemente… mirándolo.)

Apocalypse now

Junio de 1997

Había esperado todo el año por este momento, meses de planear, observar, actuar y disimular, todo desde las sombras del castillo de Hogwarts, en espera del momento adecuado para poner el plan en acción, la primera parte sería la más difícil, requería de mucha astucia y cautela.

- ¿Y bien?- preguntó la fría voz de Lord Voldemort.

- Como bien sabe, Dumbledore dejó de ser un problema hace tiempo, sin embargo todavía no es posible exterminar al niño, sigue estando bajo la protección de sangre, pude haberlo traído pero de nada le hubiera servido mientras el hechizo de su madre no termine, afortunadamente, ya sólo falta poco tiempo para que el niño cumpla la mayoría de edad, entonces el hechizo se romperá y no será más que el mediocre mago que siempre debió haber sido- respondió Tom viendo a su interlocutor a la cara pero no a los ojos.

El crucio con que respondió Lord Voldemort no lo tomó por sorpresa, de hecho estaba contemplado dentro del plan pero aun así le costó bastante trabajo controlar su ira, la maldición no duró mucho y Tom sabía que era porque el otro mago podía sentir la reminiscencia del dolor, seguían siendo la misma persona, pero no por mucho tiempo más.

- ¿Y Snape?- preguntó Lord Voldemort esperando una buena explicación sobre la muerte de uno de sus mejores mortífagos.

Tom sonrió de lado y hundió los hombros en señal de indiferencia.

- Si era culpable obtuvo lo que merecía; si no lo era, lástima. Preferí errar en su contra y a nuestro favor; su muerte no afecta nuestra causa, su posible traición sí- explicó Tom.

El dolor no se hizo esperar y Tom se vio forzado a jugar el papel de mortífago, un poco de retorcijones y siseos de dolor, rodillas dobladas y cabeza gacha, era siempre lo mismo, el mismo acto al que Lord Voldemort estaba acostumbrado, años de locura y poder lo habían convertido en un megalómano sin remedio, cegado por su propio ego y obsesionado con un niño de dieciséis años, no se daba cuenta de que los años y Harry Potter lo habían convertido en una parodia de lo que había sido, de lo que habría podido ser, y por lo mismo Voldemort ya no recordaba al joven que alguna vez fue: calculador, frío, indiferente, racional, astuto, mente clara y sagaz, afortunadamente Tom todavía era eso y más, tenía la ventaja de noodiar a Harry Potter.

… y eso hacía toda la diferencia.

- No pretendas decirme cómo lidiar con mis mortífagos, niño. Retírate- ordenó la dura voz del Señor Oscuro.

Tom fingió la acostumbrada reverencia y se retiró del lugar, llevaba una sonrisa burlona en el rostro provocada por la certeza de que Lord Voldemort no existiría por mucho tiempo más, tendría que morir a manos del famoso Harry Potter.

Era una lástima que sólo Potter fuera "El único capaz de vencer al Señor Tenebroso...", todo el asunto sería en extremo patético, Tom estaba seguro de que el estúpido niño ni siquiera sería capaz de producir la maldición Avada Kedavra, Lord Voldemort tendría que sufrir la humillación de ser aniquilado por un mero "Expelliarmus" o algún otro hechizo igual de infantil, Potter en cambio tendría el honor de irse a la nada por medio de un dignificante Avada Kedavra o tal vez alguno otra maldición igual de honrosa y mortal.

Había sido decepcionantemente fácil ganarse la confianza de Potter, el niño estaba tan dispuesto a creer lo peor de Severus Snape que le habría creído al mismo Lord Voldemort si éste le hubiera dicho que su maestro era en realidad un vampiro transexual que todas las noches tomaba vigorizantes baños de pociones venenosas, así que no fue difícil para Tom convencerlo de que Snape era el responsable de la muerte de Dumbledore, y después de una conmovedora escena en que Tom jugó el papel de héroe, Potter depositó absoluta confianza y lealtad en Thomas de Mort, incluso el pelirrojo opuso más resistencia pero Tom estaba seguro de que se debía más a sus celos irracionales que a verdaderas sospechas.

Durante todo el año Tom se había esforzado en aparecer, si no bueno, al menos neutral ante los ojos de todo el colegio mientras observaba por el rabillo del ojo hasta los detalles más insignificantes de Harry Potter, resultó ser innecesario ya que la primera impresión que tuvo del chico resultó ser la correcta, Harry Potter era solamente un niño.

Estudiar al niño-que-vivió había sido aburrido pero también productivo, Tom reconoció los errores de Lord Voldemort, había aprendido la lección y en el futuro se cuidaría de no tropezar con los mismos problemas, Lord Voldemort había resultado defectuoso e incapaz de llevar a cabo sus planes, su trayectoria estaba repleta de errores y problemas mal resueltos, pero Tom Ryddle haría un trabajo mejor, empezando por otorgar a Harry Potter solamente la atención necesaria, el error más grande del Señor Oscuro había sido ir a buscar al bebé Potter aquella noche, no sólo porque debió haber sabido que la forma más segura de encontrar el propio destino es tratar de evitarlo, sino porque el mero acto de ir a Godric's Hollow era una admisión de debilidad y miedo, era aceptar ante todos sus súbditos que el niño y la profecía eran una verdadera amenaza, Lord Voldmort debió haber estado por sobre cualquier bebé indefenso y por sobre cualquier forma de adivinanza profética, pero no lo estuvo, ¿por qué?

Tom había pasado varios minutos meditando en la respuesta pero ninguna era satisfactoria, la más inmediata era que simplemente Lord Voldemort se había vuelto estúpido, pero ¿cómo fue que llegó a tal grado de deterioro mental?

Una posible respuesta era la de los Horcruxes, nadie sabe bien a bien qué diablos es el alma ni mucho menos en dónde carajo está situada, los más místicos y espirituales aseguran que se trata de algo subjetivo, ese soplo de vida único e inherente, pero ahora Tom sabía que no es cierto, al menos no del todo, cuando empezó a fragmentar su alma no había hecho demasiada investigación al respecto, lo único que le interesó al momento fueron las ventajas y la magia oscura que el hechizo requería, para aquel niño la ecuación había sido fácil, Horcruxes: inmortalidad, eso había sido otro error.

Lord Voldemort jamás supo que el alma y la psique son una y la misma cosa, la continua fragmentación de su alma había dañado irreparablemente su cerebro, su mente era un huevo estrellado, había alcanzado la inmortalidad pero no de la forma que él creyó hacerlo, no había superado a la muerte, la muerte y la vida lo habían superado a él, Lord Voldemort había muerto hace años y por eso mismo era inmortal, las cosas que sobreviven a pesar de estar muertas lo son, para el orden natural eso era un error y la naturaleza había encontrado la forma de lidiar con la mutación, ese era el papel de Harry Potter, no el de salvador del mundo mágico, no el de héroe, simplemente el de balance del ecosistema, a cada fuerza hay otra que se le opone.

La otra alternativa era que sencillamente, en la cúspide de su poder, Voldemort se había vuelto un megalómano paranoico, Tom estaba seguro de que convertirse en un sádico y patético villano no había sido parte del plan original, del plan pensado en los años de Hogwarts.

Tom recordaba perfectamente que en ese entonces el verdadero objetivo tampoco era pelear por la causa de los sangre-pura, jamás pensó en luchar por una sociedad sin magos de sangre-sucia, ese tipo de cuestiones sociales le tenían sin cuidado, era absurdo perder el tiempo ocupándose de las quejas del pequeño-burgués promedio como Lucius Malfoy, no, lo que el Tom Ryddle de Hogwarts había querido era poder, no poder político-económico ni social, sino Poder, poder mágico, la manifestación más extrema de ese poder habría sido la consecución de la Inmortalidad, pero en algún momento del camino Voldemort disfrazó sus objetivos de proyecto político reformista o tal vez simplemente se tropezó con su propio delirio de grandeza, decidió que la forma más segura de hacerse el mago más poderoso era ser reconocido como tal por los más débiles y patéticos.

Visto de esa forma era fácil ver en dónde había salido mal el asunto, todo se remitía a las cicatrices de la infancia, Tom se conocía lo suficiente para saber que todos los traumas y complejos que había superado en su juventud, habían reaparecido con intensidad en Lord Voldemort, miedo a la muerte, ansia de reconocimiento, odio por el padre muggle proyectado hacía el resto de su grupo social, cada vez que Lord Voldemort asesinaba a otro muggle revivía el rostro de su propio padre, vulnerabilidad ante lo desconocido, resentimiento hacia Merope, pobreza, orfandad, etc, etc, la lista era larga, pero la conclusión era breve: en el fondo, Lord Voldemort no era más que un niño aterrado. Patético.

Tom salió finalmente de la mansión Malfoy en donde Voldemort había tomado residencia, con una última mirada a sus espaldas para comprobar que efectivamente estaba siendo observado por Lucius Malfoy -era obvio que el Señor Oscuro le había ordenado vigilar a Thomas- se concentró en desaparecer del lugar.

Marzo de 1998

La tranquilidad del día contrastaba violentamente con la atmosfera que se vivía en una cabaña escondida en medio de las Tierras Altas de Escocia, el lugar servía de barricada y de centro de control para la resistencia, o en palabras más aptas y menos técnicas era un simple cuarto en donde Harry Potter y compañía podían pasar la noche sin preocuparse por la peste mortífaga.

- Despierten, es hora de irnos- desafortunadamente para Harry Potter, dicha compañía era la molesta sabelotodo y sus slytherins.

- Cinco horas más- pidió la cansada voz de Terence Higgs al tiempo que se metía debajo de las pesadas cobijas.

- No, tenemos cosas que hacer- dijo la castaña mientras comenzaba a recoger apresuradamente ropa y maletas.

- Granger tiene razón, tenemos que irnos lo antes posible, entre más nos quedemos aquí, más posibilidades hay de que los mortífagos nos ganen- dijo Harry Potter.

- Potter, tú cállate- ordenó Terence todavía desde debajo de las cobijas.

- Tengo hambre- dijo una nueva voz, Ronald Weasley.

- ¿Y eso es noticia?- preguntó Adrian Pucey mientras se ponía sus zapatos.

- Por favor, cállense los cuatro, tenemos cosas que hacer- dijo Hermione. – Tenemos que ir a la casa de los Gaunt, Thomas dijo que ahí encontraríamos el anillo- concluyó la chica.

- Aún no sé por qué habíamos de creerle, todo esto podría ser una trampa- refunfuñó Ron mientras olía sus calcetines, todavía aguantaban otro día.

- Ron, gracias a él sigo vivo, si no me hubiera sacado de casa de los Durlsey cuando lo hizo, Quien-tú-sabes me habría matado, además, yo tengo razones para confiar en él- dijo Harry con un tono que no aceptaba refutaciones, Thomas de Mort había sido lo mejor que le pudiera haber pasado en su sexto año; cuando Snape asesinó a Dumbledore a mitad del año escolar, fue Thomas el único que realmente había estado ahí para Harry, además, había sido Thomas el que le confirmó a Harry las sospechas que Dumbledore nunca pudo comprobar: Lord Voldemort era inmortal gracias a sus horcruxes, desde entonces, Thomas arriesgaba su vida día a día para llevarle información a Harry, había sido forzado a tomar la marca y ahora trabajaba como espía.

El pelirrojo guardó silencio pero sus refutaciones no habían desaparecido. Había algo raro con Thomas de Mort y él iba a averiguar qué era.

- Bien, pero no entiendo por qué debemos ir con ellos- se quejó Ron señalando hacia Terence, Hermione y Adrian.

- Weasley ya cállate, juro que de todas las veces que te he escuchado hablar, ni una sola de ellas has dicho algo medianamente inteligente. Dime, hay algo que sepas y entiendas, porque siempre que abres la boca tus primeras palabras son: "no sé…"- dijo Terence poniéndose de pie para enfrentar al pelirrojo.

- Niños, ya basta. Teresa no le hagas caso, y tú Frodo, vuelve a explicarle a tu Sam por qué estamos haciendo esto juntos, tal vez esta vez sí lo comprenda- ordenó Adrian tratando de ser paciente.

Ron comenzó a caminar hacía Adrian con la intención de maldecirlo pero Harry lo tomó del brazo y la sacó de la cabaña para hablar con él.

- Ron, ya te lo he explicado. Si queremos encontrar los horcruxes lo antes posible necesitamos ayuda, y Dumbledore me dijo en su última carta que necesitaríamos la ayuda de Granger- dijo Harry.

- Exacto, en Granger, no en su novio- argumentó Ron.

- Weasley, serías un completo imbécil si confiaras en mí. Y sabes qué, si por mi fuera, te habría entregado a los mortífagos hace tiempo, yo no te debo lealtad ni a ti, ni a Potter, ni al "lado correcto", pero por circunstancias más allá de tu comprensión estamos aquí, en esta situación, no es lo que yo hubiera querido, pero ya que estoy aquí voy a hacer lo que vine hacer, asegurarme de que ustedes dos imbéciles no pongan en riesgo a mi novia, si para eso tengo que vivir con ustedes entonces voy a ser un hombre al respecto, no un perfecto inútil cuyo único papel es quejarse- le dijo Adrian que acababa de salir de la cabaña y escuchó las palabras del pelirrojo.

- Weasley, en caso de que no hayas entendido el insulto no tan sutil de Adrian, déjame aclarártelo, te dijo que eres un perfecto inútil. Yo, sin embargo, debo contradecirlo, no diría que perfecto, pero sí haces un buen trabajo- aclaró Terence con seriedad, la verdad era que él y Adrian tenían razones más privadas y personales para estar ahí, no era sólo por Hermione, era por Jason Harper, asesinado hacía casi un año por Lord Voldemort.

- Terence, ya déjalo en paz- ordenó la castaña.

- Bien, ninguno de nosotros sabe en dónde es el lugar, así que he creado un traslador usando las direcciones que Thomas me dio, dudo que lleguemos al lugar exacto así que en cuanto estemos ahí, nos dividiremos en grupos para buscar alrededor- explicó la castaña mientras les mostraba un pañuelo que había convertido en traslador.

Los cuatro chicos asintieron y tocaron el pañuelo, inmediatamente desaparecieron del lugar.

- ¿Están todos bien?- preguntó Hermione en cuanto aterrizaron en su destino.

Los dos slytherins asintieron, los dos gryffindors la ignoraron, estaban ocupados levantándose del suelo.

- Nos dividimos en dos grupos, uno de tres y uno de dos- dijo Adrian tomando la mano de Hermione.- Ustedes llévense a Terence, nos vemos aquí en media hora, si encuentran el lugar, Terence nos contacta, si lo encontramos nosotros, yo le digo a él- explicó Adrian sin esperarse a que los dos gryffindors se negaran.

- Adrian, deberíamos llevarnos a Terence- susurró Hermione viendo con desconfianza al slytherin en cuestión, que en ese momento le estaba sonriendo ampliamente a Ron y a Harry.

- No, todo va a estar bien, es Potter, él entiende de sufrimiento y martirio, ha enfrentado a los malotes de la historia, la compañía de Terence no es nada- dijo Adrian.

- ¿Y Weasley?- preguntó Hermione todavía insegura.

- Lo más grave que puede pasar es que se peleen- aseguró Adrian, eso era cosa de todos los días así que no veía el problema.

La pareja continuó caminando en busca del lugar en dónde Lord Voldmeort habría escondido el anillo de Slytherin cuando era joven, si lo encontraban ya sólo les faltarían tres horcruxes más.

Hermione suspiró, todavía estaba insegura sobre la división de equipos pero los otros tres ya habían comenzado a caminar en dirección opuesta, estaba casi segura de que cuando los volviera a ver sería para deshacer maleficios, curar heridas y ser la mediadora entre Terence y Weasley.

- Terence no se ve bien Adrian- comentó Hermione después de varios minutos de silencio.

Adrian asintió, de los dos amigos, había sido Terence el que peor había tomado la noticia de la muerte de Jason, a diferencia de Adrian, que había entrado en contacto con ellos hasta el primer año de Hogwarts, Terence y Jason habían sido amigos desde que jugaban con escobas de juguete, de hecho Terence era un año más grande pero había ingresado a Hogwarts a los doce años para estar con Jason, para Adrian no parecía probable que Terence pudiera superar la muerte de Jason, aunque disimulaba bien su dolor.

- Encontré pociones ilegales entre sus cosas- admitió Adrian estrechando la mano de la castaña con ansiedad, francamente no sabía cómo ayudar a su amigo, Terence siempre había tenido cierta tendencia a la vida… dionisiaca, pero apenas tenía veinte años y el chico parecía intento en llevar una vida de permanente intoxicación; Adrian no podía sermonearlo respecto a lo deplorable de su conducta, no sólo sería algo anti-slytherin sino hipócrita, ¿cómo decirle a Terence que está prohibido abusar de pociones extáticas y visionarias pero no está prohibido pelear una guerra y matar a los que algunas vez fueron sus compañeros de casa? Sólo un Gryffindor podría hacer eso, lo mejor que Adrian podría hacer, como un amigo Slytherin, era embriagarse con él y cuando hubieren acabado con esta parodia de guerra que les serviría para vengarse, embriagarse un poco más y llevarlo todo hasta las últimas consecuencias, porque muchos podrán decir que los slytherins no sabían ser amigos, sí sabían, sólo que concebían esa amistad de distinta forma: si Terence decidiera que no quería vivir sin Jason, Adrian no lo detendría, un Gryffindor acusaría a Adrian de insensibilidad y egoísmo, los gryffindors simplemente nunca entenderían.

- ¿Qué vamos a hacer?- preguntó Hermione preocupada, había aprendido que sermonear, gritar y moralizar no sólo no funcionaba con los slytherins sino que era contraproductivo, no toleraban los aproches a la Gryffindor.

- Él sabe lo que hace- dijo Adrian, y sí, seguramente Terence sabía qué es lo que hacía exactamente.

Caminaron en silencio por al menos veinte minutos buscando señales de magia oscura y hechizos de vallas antimuggles, finalmente llegaron a una pequeña casa deshabitada, el aura mágica podía sentirse con facilidad.

- Es aquí- anunció Hermione.

Adrian asintió y con un movimiento de su varita llamó a Terence, mientras tanto Hermione había comenzado a deshacer los maleficios que protegían la vieja casa.

- Tengo un nuevo plan, es el Plan D- dijo Adrian acercándose a Hermione para ayudarla con los hechizos.

- No-. La castaña se negaba rotundamente a escuchar los planes de Adrian, eran escabrosos.

- Es uno bueno, lo prometo- aseguró Adrian.

- ¿Cuál es?- preguntó la castaña muy a su propio pesar, sabía que se arrepentiría.

- Mi padre y mi hermano son mortífagos, imagina que yo regresara a la Mansión Pucey como el hijo pródigo, les hago creer que he recapacitado, que ya no quiero ser la oveja blanca de la familia; ellos me aceptan después del obligado castigo y me uno a ellos, poco a poco voy mejorando mi posición; mientras tanto, tú sigues peleando para la inservible y caduca Orden del Fénix, la reconstruyes y te conviertes rápidamente en la líder; tú y yo vamos a estar en contacto, obviamente, comparando nuestra información y manipulando a nuestros respectivos bandos, les tendemos emboscadas continuamente, se van a matar entre ellos, y al final de la batalla, después de que Potter mate a La Cosa, yo me deshago de Potter; y como tú y yo vamos a ser los únicos sobrevivientes importantes, lo obvio sería tomar el poder y hacernos los dueños del mundo, así vamos a unir finalmente a todas las sangres, un representante de cada bando, y cuando nazca nuestro heredero, va a ser el rey perfecto. Todo esto por el bien final, porque, como ya te habrás dado cuenta, lo que el mundo mágico necesita son dos seres superiores como nosotros. ¿Qué te parece?- propuso Adrian.

Asombrada, Hermione volteó a ver a su novio.

- Lo peor de todo es que lo dices en serio- lo regañó la castaña, estaba segura de que si no fuera por ella, Adrian se habría comprado una isla en territorio muggle para tiranizar a gusto.

Adrian sonrió inocentemente y asintió esperanzado.

- ¡Adrian!- exclamó Hermione indignada con su Slytherin.

- ¡Es un buen plan! Tu hombre es inteligente - se defendió Adrian, era un excelente plan, muy Slytherin, como deben ser todos los planes.

- Mi hombre sí pero y ¿tú?- se burló Hermione, Adrian le envió una mirada de reproche y ella sólo sonrió.

- Lo consideraría si no incluyera tantas muertes- admitió la castaña, todo sea por el bien final.

- Supongo que podemos prescindir de algunas muertes si eso te molesta, pero tendríamos que deshacernos de los más problemáticos- advirtió Adrian, y con eso se refería a tipos como Ron Weasley y Thomas de Mort, en especial ese último.

Antes de que Hermione pudiera regañar a Adrian por su ambigua moral, llegaron al lugar Terence en compañía de Harry Potter y Ron Weasley.

- ¿Están seguros de que es aquí?- preguntó Harry Potter observando el lugar.

Ni Hermione ni Adrian se tomaron la molestia de responder la pregunta tan insultante de Potter.

- El lugar está rodeado de magia, creo que deberían entrar sólo uno o dos de nosotros- opinó la castaña.

- Yo voy- declaró nuestro héroe Potter.

- No- negó Adrian, el niño Potter sólo entraría a lastimarse y de alguna forma encontraría la manera de avisarle psíquicamente a La Cosa que estaban tratando de robar su pedazo de alma.

- Es mi deber, Pucey- argumentó Harry molesto con la actitud del Slytherin.

Adrian inhaló y exhaló tratando de calmar la ira que Potter le provocaba continuamente, la maldita guerra lo iba a dejar con una úlcera.

- Terence, ve con él- ordenó Adrian finalmente.

- Como diga, jefe- acató Terence llevándose la mano a la frente, todo él era sarcasmo pero Adrian sabía que de todas formas obedecería.

- No necesito…-intentó negarse el niño-que-vivió

- Voy yo- se ofreció Ron Weasley.

Pero Terence ya estaba en la entrada de la derruida casa con su varita al frente y su maleta de pociones esenciales a su espalda, sabía que Hermione llevaba todo lo necesario en su bolsa pero Terence nunca iba a ningún lado sin sus brebajes "espirituosos" ni sin su "Especial Higgs"; para ser justos, hay que decir que también llevaba algunas pociones curativas, pero para ser honestos hay que decir que las llevaba porque eran un buen aditamento para el "Especial Higgs".

- Terence, no creo que tu maleta sea necesaria- sugirió Hermione.

- Corazón, podríamos estar ahí años. Potter me va a rogar por una barra de chocolate- se justificó Terence, sí, también llevaba dulces y botanas, lo básico para sobrevivir: alcohol y comida chatarra.

- Puedo hacerlo yo solo- insistió la única esperanza del mundo mágico.

- ¡Potter, camina!- gritó Terence desapareciendo del umbral de la puerta.

El niño de la cicatriz no tuvo otro remedio más que seguir detrás del Slytherin.

A pesar de que no quería, Terence estaba esperando a Potter a no muchos pasos de distancia, continuaron caminando y pronto se encontraron en lo que parecía ser la estancia principal de la pequeña casa, había algunos sofás enfrente de una chimenea, en cuanto se encontraron dentro del perímetro aparecieron varios espejos que rodearon la estancia.

- Que inteligente fue La Cosa- murmuró Terence acercándose a inspeccionar los espejos.

- ¿De qué hablas, Higgs?- preguntó el niño estrella de Dumbledore viendo su propio reflejo.

- Por eso Dumbledore no debió dejarte crecer en Mugglelandia, eres un completo ignorante- se quejó Terence. – Bueno, supongo que aunque hubieras crecido en Magilandia seguirías siendo igual de ignorante- enmendó Terence al recordar que Hermione era de mugglelandia y seguía siendo más inteligente y culta que todos los slytherins, a excepción de él mismo, por supuesto.

- Higgs, si sabes qué es esto, dime qué debemos hacer- ordenó Potter.

Terence se acomodó en unos de los viejos sillones y sacó su cajetilla de cigarros, con tranquilidad encendió unos y se relajó.

- Bueno Potter, no sé tú pero yo me voy a embriagar- respondió con descaro Terence sacando de su maleta una cerveza muggle que se mantenía fría gracias a los admirables hechizos de su maleta, también encantada para proteger las botellas de vidrio y ser ligera.

- ¡Higgs!- exclamó el irritado Gryffindor.

Terence abrió la botella con sus dientes y después de un profundo trago se dignó a explicarle el asunto al chico Potter.

- ¿Qué quieres que te diga Potter? Estamos jodidos- dijo Terence erutando al final de su gran explicación.

Harry Potter no estaba dispuesto a seguir perdiendo el tiempo, sacó su varita para intentar su famoso "Expelliarmus" pero antes de que pudiera lograr su empresa, Terence lo desarmó.

- Si atacas a los espejos, nos van a empezar a duplicar, ¿entiendes?- dijo Terence, por primera vez su tono era serio.- Y aunque estoy seguro de que muchos Terence Higgs sueltos por ahí sería algo beneficioso para el mundo, lo más seguro es que nuestros dobles traten de matarnos… y lo logren- el tono serio de Terence nunca duraba más de tres oraciones.

- ¿Entonces qué sugieres?- preguntó el-niño-que vivió.

Terence alzó su cerveza para brindar a la salud del ingenuo Pottter, era obvio, lo único que podían hacer en una situación así, era embriagarse.

Harry se acercó a Terence para recuperar su varita y continuar él solo, el Slytherin no era nada más que un estorbo.

Terence terminó su cerveza y sacó otra.- El anillo debe estar en uno de esos espejos pero es imposible saber en cuál y en cada uno de ellos … bueno no sé exactamente qué hay, todo depende de que tan sádico e imaginativo haya sido La Cosa, pero normalmente quedas atrapado en tu peor pesadilla, sería lo contrario a un Espejo de Oesed, no sólo te muestra lo que más temes, te obliga a vivirlo una y otra vez- explicó Terence, había en el lugar siete espejos, Terence sabía que sería imposible probar uno por uno, por eso La Cosa había seleccionado ese sistema, confiaba en que al igual que él mismo, nadie se sometería voluntariamente a la tortura mental que había en cada espejo.

- Entonces tenemos que probar uno por uno- solucionó Harry Potter.

- ¿Qué nunca has tenido una de esas pesadillas en donde por mas que trates nunca puedes despertar, y sabes que estás soñando pero es imposible acabar, sientes que la desesperación te consume desde adentro y entonces te empiezas a preguntar si de casualidad la maldita pesadilla está pasando realmente, y comienzas a temer que sea cierto, que de hecho sí esté pasando, y sí debe ser real porque puedes sentir el dolor y la impotencia con tanta claridad como nunca habías sentido nada antes… y finalmente ya no sabes la verdad de la mentira, y la desesperación ya no es por lo que está pasando sino por no saber si estás despierto o dormido, y sabes que harías lo que fuera con tal de tener siquiera un atisbo de certidumbre, sientes que serías capaz de partir tu alma en Horcruxes si tan sólo se terminara… pero nunca termina- dijo Terence observando su reflejo en los espejos y viendo sólo a Jason.

Pero Harry no podía entender completamente porque lo más drástico que él llegaba a sufrir eran los ocasionales vistazos en la mente de Lord Voldemort y siempre había podido distinguirlos, él nunca se había quedado atrapado en pesadillas.

Al ver el rostro confundido de Harry Potter, Terence agitó su cabeza con incredulidad.

- ¿No?- preguntó sorprendido el Slytherin. -Con razón los gryffindors son un maldito rayo de luz todos los putos días.

El niño-que-vivió se dejó caer en un sillón sucio y procedió a observar los espejos con detenimiento.

- ¿Podemos romperlos?- preguntó Harry pensando en que nada le gustaría más que hacer los espejos explotar.

- Podemos pero entonces quedaríamos atrapados aquí, detrás de esos espejos no hay nada, nuestra actual "realidad" se reduce a este espacio, el mundo es esto y si quiebras los espejos lo único que va a quedar es el vacío.

- Quedarnos aquí a tomar tus bebidas no es una opción, Higgs- censuró Harry.

- Lo es para mí- respondió Terence enseñándole su botella y su cigarro, es lo único que necesitaba.

- Voy a intentarlo- declaró el elegido por Voldemort.

- Como quieras, pero si entras y mueres, ya nunca vas a poder salir- advirtió Terence.

- Si no regreso…- indicó Harry.

Pero a Terence nunca le había gustado escuchar esa clase de estupideces –Potter, no soy Weasley. Por muy difícil que te sea creerlo, yo sí puedo vivir sin ti- dijo Terence con sarcasmo.

Harry Potter no se molestó en recriminarle su actitud al Slytherin, tocó uno de los espejos e inmediatamente pasó del otro lado.

- En tres minutos- se dijo Terence en voz alta sacando otro cigarro, en tres minutos entraría a sacar a Potter.

- Bueno, en cinco- enmendó Terence una vez que hubieron pasado los tres minutos y Potter no salía.

- Potter pendejo- murmuró Terence cuando pasaron los cinco minutos y se vio obligado a entrar al espejo después de beberse una poción extática.

- ¡Potter!- gritó Terence viendo a su alrededor, así que ese era el mayor temor de Potter, ¿ver a Hogwarts en ruinas? Que materialista.

El Slytherin siguió caminando en busca de Potter, por lo que podía observar, una batalla se había librado en el lugar hacía poco tiempo, había sangre fresca y los cuerpos tirados arbitrariamente por todo el lugar todavía no apestaban el ambiente con su putrefacción.

-Ya nada más falta que esté muerto ese imbécil lame culos seniles- se dijo Terence buscando entre los cuerpos el rostro de Harry Potter.

Cuando creyó ver el cuerpo de Jason, Terence desvió rápidamente la mirada y emprendió una carrera rumbo al Gran Comedor, esperaba encontrar pronto a Potter porque era evidente que el lugar se estaba preparando para incluir los miedos de Terence en el escenario de Potter.

Entró al Gran Comedor y encontró al que buscaba, excepto que estaba siendo torturado por Lord Voldemort, alrededor podía ver el cuerpo Ron Weasley y varios otros pelirrojos que debían ser su familia, también estaba una pareja que Terence supuso, eran los padres de Potter, lo que le sorprendió fue que también estaban Hermione Granger y Thomas de Mort.

Aprovechando que Potter estaba distrayendo a La Cosa, Terence buscó alrededor tratando de localizar el famoso anillo, lo encontró en el lugar obvio: en el dedo de La Cosa, genial.

- ¡Avada Kedavra!- gritó Terence apuntando su varita hacía La Cosa.

Pero la maldición no funcionó, La Cosa era tan inmortal como en la vida real.

- ¡Potter, hazlo desaparecer!- gritó Terence evadiendo las maldiciones de La Cosa.

Sin embargo Harry estaba demasiado inmerso en la perversa fantasía como para prestarle atención a Terence.

- ¡Potter!- volvió a gritar Terence logrando eludir el mortal rayo verde de Voldemort.

Finalmente Harry logró convencerse de que los cuerpos de su familia y amigos no eran reales. –¡Expelliarmus!- gritó Harry.

Con una risa perversa, La Cosa regresó su atención hacia Harry Potter y levantó su varita para iniciar el duelo, Terence aprovechó esa oportunidad para cortarle la mano con un hechizo oscuro que solía ser la especialidad de Jason.

- Accio mano- llamó Terence apuntando con su varita a la mano que había caído al suelo.

- ¡Vámonos, Potter!- gritó Terence por encima de los gritos iracundos de La Cosa.

Harry reaccionó y salió corriendo detrás del Slytherin, al tropezar con el cuerpo de Thomas de Mort Harry perdió el poco terreno mental que había ganado, la pesadilla era otra vez real.

- ¡Maldita sea, Potter!-. Terence había tenido que regresar por el Gryffindor. –Si no salimos, nos vamos a quedar encerrados en esta lugar- le advirtió Terence tomándolo del brazo para obligarlo a correr.

Ambos chicos lograron regresar a la sala antes de que los espejos terminaran de desaparecer.

Terence se sentó en su anterior sillón y con un gesto de asco, sacó el anillo del dedo y aventó la mano tan lejos como pudo.

- Cuando entré todo parecía normal, estaba en Howarts, en clase de Herbología, estaba con Ron y Hermione, y éramos amigos… todo parecía tan real, creí que lo era… se me olvidó por qué estaba ahí, fue como si estuviera viviendo una realidad alterna, pasaron meses… y después, Lord Voldemort…-

- ¡Imbécil!- gritó Terence interrumpiendo las naderías de Potter y escupiendo su bebida.

Sólo entonces Harry reparó en su error, había dicho en voz alta el nombre tabú del Señor Tenebroso.

Ambos salieron corriendo de la pequeña casa pero los carroñeros ya habían llegado, Terence no perdió el tiempo, había entre ellos uno que le debía cierta deuda.

- ¡Avada Kedavra!- gritó Terence, y así de fácil había acabado con el sádico Fenrir Greyback, y no era suficiente, nunca sería suficiente. Terence sabía que debería estar sintiendo algo más que obnubilación pero no podía.

Mientras tanto, Adrian y Hermione se habían encargado de los otros dos mortífagos que acompañaban al licántropo.

- Lo mataste- farfulló Ron Weasley mirando a Terence con horror.

- Era él o nosotros, Weasley- defendió Adrian a su amigo viendo al pelirrojo con dureza, no le iba a permitir al Gryffindor juzgar a Terence, Ronald Weasley nunca podría entender, para él todo se remitía a una estricta noción de lo que es bueno y lo que es malo, y eso era también hipócrita porque es fácil juzgar lo bueno de lo malo, lo moral de lo inmoral, cuando no se está en conflicto interno.

En el tiempo que llevaban juntos, Adrian había comprendido que el pelirrojo eventualmente se convertiría en un estorbo, Weasley era de esa clase de hombres ingenuos que se rehusaban a ser seguidores pero no tienen lo que se necesita para ser líderes, mientras eran solamente él y Harry Potter todo iba bien porque entonces eran sólo dos amigos enfrentando monstruos invencibles pero eso había sido una ilusión, ahora estaban en guerra y había que hacer lo necesario para sobrevivir.

- Pero lo atacó sin darle la oportunidad de defenderse- insistió Ron repugnado con los slytherins, ¿cómo podían caer tan bajo?

- ¿Preferías que él nos atacara primero?- preguntó la castaña viendo al chico a los ojos, hasta hacía un año ella también habría reprobado lo que hizo Terence, pero eso había sido antes de que viera los horrores de la guerra, antes de descubrir el cuerpo descuartizado de Jason, Fenrir Greyback les había dejado para honrar tan sólo sobras.

La castaña podía entender por qué Ron era tan ingenuo, él era un niño que había crecido protegido, era una mezcla de Charlie Bucket con Heidi, criado en La Madriguera bajo el amparo de toda su cálida familia, él no podía comenzar a imaginarse lo que era la guerra.

- ¿Harry?- llamó Ron, al menos Harry tendría que entender que matar era malo.

Pero Harry había visto demasiado detrás de los espejos como para seguir siendo el inocente niño que Ron quería, además tarde o temprano Harry también tendría que matar a Lord Voldemort, ¿qué pensaría Ron entonces? ¿Que está bien que Harry mate a Lord Voldemort pero no que Terence mate a Fenrir? ¿Cómo se supone que funciona ese código ético?

- Weasley, cuando todo esto acabe, puedes denunciarme a "la justicia", pero hasta entonces, si no vas a ayudar no estorbes- dijo Terence, entre él, Adrian y Hermione, se estaban encargando de los cuerpos.

- ¿Qué van a hacer con los otros dos?- preguntó Ron, dos de los tres mortífagos no estaban muertos, sólo inconscientes.

- No podemos dejar que le avisen a… esa cosa, lo qué pasó aquí ni en dónde nos encontraron. Vamos a aplicarles un hechizo desmemorizante y los vamos a enviar por traslador a… a ver a donde- explicó la castaña.

- Musa, cuántas veces te lo tengo que decir, no es "esa cosa", es "La Cosa"- corrigió Terence la mala expresión de Hermione.

- Potter, busca en mi bolsa una caja con fichas enumeradas, tráela- indicó Hermione al tiempo que transformaba la túnica de un mortífgao en ropa muggle.

Harry y Ron se habían estado mirando a los ojos como esperando a que uno de los dos recapacitara, alguno tendría que ceder, Harry ya no podía retroceder y Ron no estaba listo para avanzar.

Harry se dirigió a buscar lo que Hermione necesitaba y Ron se fue en el sentido contrario.

Julio de 1997

Jason Harper tuvo que hacer acopio de todo su control para evitar temblar de miedo y pánico, en tan sólo unos momentos se arrodillaría frente a Lord Voldemort para jurar lealtad y recibir la marca.

- ¿Jason?- lo llamó una voz.

- ¿Flint?- preguntó Jason, recordaba perfectamente la voz del antiguo capitán de Slytherin.

- ¿Tú también?- era una pregunta retórica así que Jason no vio la necesidad de responder, pero sí, él también.

- Dicen que mató a Nott la semana pasada por no presentarse- comentó Marcus tratando de llenar el silencio.

Jason sólo asintió, sí, él también había escuchado los rumores.

- ¿Has sabido de Malfoy?- preguntó Marcus

- Va a tomar la marca con nosotros pero el idiota se desmayó antes de que tú llegaras, su tía lo debe estar castigando- contestó Jason.

- ¿Y qué has sabido de Adrian y Terence?- preguntó una nueva voz, era Warrington.

- Adrian fue borrado del árbol familiar por fugarse con Granger, lo último que supe fue que iban a esconderse en el mundo muggle hasta que terminara la guerra, y supongo que Terence debe estar con sus padres, donde sea que estén- mintió Jason, sabía en donde estaban sus amigos y qué es lo que planeaban pero por supuesto no iba a hablar de eso mientras esperaban a que llegara el Señor Oscuro.

- Dicen que te pide torturar y matar a un muggle- comentó otro aspirante a mortífago, era Jonathan Bradley un ravenclaw, había anticipación y entusiasmo en su voz.

- Y dicen que nosotros somos los sádicos- murmuró Marcus Flint al oído de Jason.

- ¡Maldita sea! Ya que llegue- exclamó Warrington hundiéndose en su asiento.

Jason pensaba igual que el otro Slytherin, sí ya que llegue; que llegue para que todo acabe.

- Ahí viene Malfoy- susurró Montague con una sonrisa perversa de lado.

El rubio caminaba acompañado de su padre, se veía más pálido de lo normal.

- No me hagas venir por ti otra vez, Draco- sentenció Lucius Malfoy sentando a su hijo junto a los demás reclutas.

- ¿Draquito tiene miedo?- se burló Warrington del chico.

- Déjalo en paz, War, la última vez me salpicó su vomito- dijo Jason con apatía, no se burlaba por placer sino porque Terence se escandalizaría si supiera que dejó pasar la oportunidad de reírse del rubio.

Draco se limitó a verlos furiosamente, todavía estaba tratando de calmar su miedo, él no quería estar ahí.

- ¡Ya llegó!- les anunció Rodolphus Lestrange.- ¡Prepárense!

Todos los neófitos se pusieron de pie y se acomodaron sus túnicas, aun no tenían máscaras, primero tendrían que tomar la marca.

Jason fue el tercero en pasar, había visto a Marcus Flint y a Draco Malfoy usar las tres maldiciones imperdonables en sus víctimas, ambos tomaron la marca y ahora eran oficialmente Mortífagos.

- ¡Jason Harper!- siseó Lord Voldemort observando a su nuevo recluta, el padre del chico había sido difícil de "convencer" pero había sido una buena adquisición, esperaba que su hijo fuera igual, necesitaba buenos mortífagos para contrarrestar a los mediocres magos que había en sus filas.

- Comienza- ordenó Lord Voldemort.

Jason sacó su varita y la apuntó hacia el hombre muggle que había sido traído para la demostración, el hombre tenía la mirada perdida y murmuraba incoherencias.

- ¡Avada Kedavra!- gritó Jason matando inmediatamente al hombre.

Lord Voldemort esbozó una media sonrisa.

- Debías ponerlo bajo las maldiciones Imperius y Cruciatus primero- siseó el Señor Oscuro, no sonaba molesto sino divertido, los nuevos siempre tenían problemas para ejecutar la última maldición, Draco Malfoy tuvo que cerrar los ojos para hacerlo, evidentemente Jason Harper era otra cosa, era directo y no perdía el tiempo.

- Acércate- ordenó Lord Voldemort.

Jason avanzó hacia su verdugo.

- Híncate y descúbrete el brazo.

- No-. El corazón de Jason se volvió un vórtice de miedo y excitación, no podía creer lo que había dicho pero por primera vez en su vida se había atrevido a algo importante y estaba eufórico, con razón los malditos gryffindors suicidas lo hacían todo el tiempo, es ese maldito momento que lo decide todo, es ese segundo en que impulsivamente te avientas a hacer algo sin pensar en las consecuencias; un estúpido momento efímero, fugaz y mortífero, pero que lo vale todo.

- ¿Qué?-. Más que molesto, Lord Voldemort estaba sorprendido.

Pero Jason había roto las cadenas de la cordura y el miedo, ya estaba más allá de alcance de ese estúpido mago.

- No- lo repitió con fuerza y seguridad sabiendo a lo que se enfrentaba y apretando los puños.

Voldemort permaneció en silencio largo tiempo, la excitación de Jason comenzó a disminuir y se juró que si salía vivo de esta, nunca en su vida volvería a hacer algo tan estúpido.

- Avada Kedavra-

Rápido y conciso.

- Fenrir- llamó Lord Voldemort.

El licántropo dio un paso un paso al frente, su mirada ansiosa y excitada clavada en el cuerpo de Jason.

- Es tuyo- obsequió Lord Voldemort a su caníbal mirando con disgusto el cuerpo de Jason, que desperdicio.

- Lucius, encárgate de toda su familia- siseó el perverso mago viendo por el rabillo de su ojo al padre de Jason que parecía estar a punto de quebrar las maldiciones que lo mantenían en esclavitud.

Agosto de 1998

- Yo me encargo de Nagini- declaró Thomas de Mort, era el único Horcrux que les faltaba, él mismo había destruido todos los demás y al hacerlo había recuperado para sí el pedazo de alma que Lord Voldemort creía a salvo, cada día se iba haciendo más fuerte.

- ¿Cómo conseguiste la diadema de Ravenclaw?- le preguntó Harry Potter mirándolo con admiracióny sosteniendo la diadema ahora libre del alma de Voldemort.

- Con Lucius como director, tengo pase libre al castillo- respondió Tom.

- Entonces ya sólo falta matar a La Cosa, ¿creer poder hacerlo Potter?- dijo Terence viendo al Gryffindor dubitativamente.

- Tengo que- dijo Harry, como si tuviera opciones.

- Aunque no pueda hacerlo, si La Cosa mata a Potter entonces la profecía de todas formas se habrá cumplido, y sin horcruxes, La Cosa es como cualquier otro mago, sólo tendríamos que matarlo antes de que comience a gritar victoria; ése es el Plan C: matar a La Cosa por la espalda si Potter muere- solucionó Adrian, era imprescindible tener planes de respaldo, actualmente estaban trabajando según el Plan B, si fallaba había uno C y uno D (el cual evidentemente Hermione había desechado), y uno E… de hecho a Adrian siempre le faltaban letras del abecedario para nombrar a todos sus planes.

- Me gusta más ese plan- respaldó Terence, así no tenía que poner sus esperanzas en un Gryffindor.

- ¡Niños!- regañó la castaña, aunque tenía que admitir que era un buen plan, así nadie perdía la cabeza si esa cosa triunfaba sobre Potter.

- No los escuches, son unos idiotas- le dijo Tom a Potter, -aunque tienes que admitir que es un buen plan- agregó con una sonrisa de lado que hizo reír a Harry.

- Por cierto, tu amigo el pelirrojo… - comenzó Tom adquiriendo una expresión seria en su rostro.

- Ron- farfulló Harry esperando escuchar malas noticias.

- Sí, él. La semana pasada fue capturado junto con otro estudiante de Hogwarts, fueron llevados a la Mansión Malfoy, pensaba convencer a Lucius de enviarlo a las mazmorras y después ayudarlo a escapar pero antes Bellatrix lo puso bajo la cruciatus y él me señaló como traidor, les dijo que yo te estaba ayudando; tuve que maldecir a Lucius y Bellatrix para que olvidaran sus palabras, logré sacarlo de ahí pero cuando intenté traerlo contigo se negó rotundamente… Harry, me parece que Ron ya no tiene interés en ayudarnos- mintió Tom, no es que Ron no quisiera sino que no podía, el pelirrojo estaba muerto.

Harry asintió en señal de haber escuchado pero no dijo nada, en vez de eso salió de la habitación en donde habían estado discutiendo sus planes de guerra.

Hermione se levantó para ir tras el chico, no tenía idea de lo que el pobre debía estar sintiendo porque ella nunca había sido traicionada por Neville ni por sus slytherins, pero alguien debía intentar ayudarlo y obviamente Terence y Adrian no eran una opción., Terence sólo sabría burlarse del pelirrojo y le ofrecería a Harry un "Especial Higgs", y Adrian seguramente diseñaría un plan para vengarse de Weasley cuando la guerra hubiera terminado.

- Yo voy- se ofreció Tom pasando su brazo por la cintura de Hermione para detenerla.

Adrian entornó sus ojos sospechosamente al ver el brazo de Thomas alrededor de su novia pero antes de que pudiera sacar su varita Hermione ya se había desasido del tipo.

La castaña regresó a sentarse al lado de Adrian, sabía que su novio detestaba a Thomas de Mort, no era sólo porque se le hacía sospechoso sino porque Hermione había pasado demasiado tiempo con él en séptimo año cuando Adrian y ella habían roto su relación, la separación duro pocas semanas pero durante esas semanas, por azares del destino, Hermione se había visto envuelta en demasiados accidentes con Thomas.

- Entonces, todos estamos de acuerdo en que algo sobre Thomas de Mort huele a mierda ¿verdad?- preguntó Terence sólo para aclarar las cosas y verificar que todos estuvieran en la misma página.

- Todo él huele a mierda, tiene una agenda aparte- concordó Adrian abrazando a Hermione y besándola en la frente, había algo en la mirada de Thomas de Mort cada vez que miraba a la castaña y que Adrian conocía muy bien porque era el mismo brillo de locura y sadismo que había en la mirada de Parzival Pucey, su hermano mayor.

- Harry confía en él- comentó Hermione, había un aura oscura alrededor de Thomas de Mort que difería de las de Terence o Adrian, era la perversidad de su media sonrisa, pero Harry no podía ver eso, para él, Thomas era un modelo a seguir, hasta el momento le había sido útil pero Hermione sabía que no podían confiarse de él.

- Bueno, ya sabemos que Potter es un idiota cuando se trata de escoger amigos, primero Weasley y ahora Mort, quién sigue ¿La Cosa?- preguntó Terence sacando su cajetilla de cigarros.

- Pobre Harry, ¿no les da pena?- preguntó Hermione sintiendo lástima por el niño-que-vivió, por primera vez se arrepentía de no haber intentado hacerse su amiga durante todos esos años de Hogwarts.

Terence y Adrian la miraron con incredulidad pero no se molestaron en contestar lo obvio.

Mientras tanto Tom ya había encontrado a Harry Potter afuera de la tienda en donde se estaban quedando, últimamente habían tenido que cambiar continuamente de locación, los mortífagos los estaban encontrando.

- ¿No es extraño que Hermione y los dos slytherins te muestren más lealtad de lo que te mostró el que se suponía debía ser tu mejor amigo?- preguntó Tom sentándose junto al chico y suprimiendo una sonrisa de perversidad.

- Creí que iba a regresar- admitió Harry, honestamente había estado seguro de que Ron regresaría después de algunas semanas.

- ¿Por qué se fue?

- Porque Higgs mató a Fenrir Greyback

- ¿Y qué? ¿Quería matarlo él mismo o algo así?

- No, no estuvo de acuerdo, supuso que era innecesario y cobarde

Tom rió burlonamente.

- Ustedes gryffindors operan en un nivel que nunca voy a entender.

- Tal vez Ron tenía la razón, él nunca se rebajaría a matar…

- Ya, es de esos hombres que están contra la pena de muerte por ser algo "incivilizado", pero siempre y cuando ni él ni su familia hayan sido víctimas del criminal. Todo hombre es capaz de "rebajarse" a matar, sólo necesita el incentivo adecuado.

Harry permaneció en silencio varios minutos hasta que Tom decidió hablar otra vez.

- Encontré la forma de manipular a todos los mortífagos por medio de la marca, cuando estés listo dejamos que el Señor Oscuro te encuentre, yo retengo a los mortífagos, sería un duelo entre él y tú solamente- informó Tom, era su plan para deshacerse de los dos estorbos al mismo tiempo.

- Me gustaría hablar antes con Ron- pidió Harry.

- Harry…- comenzó Tom fingiendo suavidad en su tono, el maldito niño ya lo tenía harto pero no podía matarlo antes de tiempo así que sólo le quedaba manipularlo – no puedes preocuparte por eso ahora, tenemos cosas más importantes que hacer, el Señor Oscuro piensa autorizar a los dementores para besar a los presos de "sangre sucia", varios de tus compañeros de Hogwarts y cientos de personas más van a ser muertos en vida si no actuamos rápido- mintió Tom, los "sangre sucia" habían sido besados hacía tiempo, Azkaban era una prisión de cuerpos sin alma.

Sólo entonces a Harry se le ocurrió pensaren cuántas personas dependían de él, comprendió que tenía un deber, y por injusto que fuera el haber sido "el elegido" no había tiempo de lamentos ni quejas, era tiempo de tomar una decisión: hacer lo que tenía que hacer, o ser el niño quejumbroso de siempre.

- Tienes razón Tom, que sea en Hogwarts, los niños están de vacaciones, en cuanto entre al castillo, Lucius Malfoy le va a avisar a Lord… e él - indicó Harry Potter.

Tom asintió, una media sonrisa de maldad desfiguraba su rostro, su plan estaba a punto de consumarse.

- Gracias por todo lo que has hecho por mi, Thomas- dijo Harry viendo a su amigo a los ojos.

Tom asintió, sabía que el niño Potter creía tener sentimientos profundos por Thomas, pero Tom sabía que eso era porque había estado usando la fuerza mágica que robo de Ginny Weasley para ganarse la confianza de Potter; y ya que la pelirroja había estado fascinada por Potter, no fue difícil para Tom ofrecerle al Gryffindor "cariño genuino"; durante los primeros años de haber adquirido vida corpórea, Tom había tenido que mantener consigo la "esencia" de Ginny Weasley para formar una identidad separada de Lord Voldemort, aun conservaba rastros de la niña pero cada vez se hacían más innecesarios gracias a los horcruxes de los que se había apoderado, ya sólo le faltaba deshacerse de Voldemort y Potter.

- Piensas ir sólo, o con Hermione y los otros dos- preguntó Tom.

- No creo que me dejen ir solo; ya los escuchaste, tienen un plan B- dijo Harry, tal vez era masoquista pero de hecho se legraba del Plan B, de alguna forma sentía que no todo dependía de él y aunque fallara, no todo estaría perdido, podía contar con Hermione y los slytherins para remediar su fracaso.

- Trata de convencerlos de dejar a Hermione aquí, ya has visto como se pone Pucey cuando la ve en medio de mortífagos- ordenó Tom, en los últimos meses les había tendido emboscadas para que Potter se fuera acostumbrando a la batalla, para que viera que para sobrevivir, hay que matar.

- Dudo que ella quiera- comentó Harry.

- Tal vez si cae enferma, Pucey la convenza de quedarse- sugirió Tom.

- ¿Quieres que la envenene?- preguntó Harry incrédulo.

- Veneno no, una simple gota de esto…- mostrándole un pequeño frasco de líquido rojo –la va a hacer débil y delirante durante algunos días, no es peligroso- aseguró el perverso Tom.

- ¿Por qué?- preguntó Harry confundido.

- Porque a pesar de que todo se va a decidir en tu duelo contra el Señor Oscuro, no voy a poder controlar a los mortífagos que se encuentren dentro del castillo, necesitamos que Pucey y Higgs me ayuden a cuidarte la espalda, si Hermione está ahí, los dos se van a distraer, si debieran escoger entre protegerte a ti o a ella, los dos sabemos quién ganaría- mintió Tom, le tenía sin cuidado lo que los dos slytherins hicieran, si los quería en el castillo era porque también ellos debían morir para que nadie se interpusiera en sus planes, a Hermione Granger la dejaría vivir un poco más, quería jugar con ella, quería quebrarla y poseerla, era inocencia que debía ser corrompida, era un una página blanca que él quería manchar de tinta negra y roja.

Harry no lucía convencido pero de todas formas aceptó el frasco que su amigo Thomas le ofrecía.

Tom le dio al chico una palmada en la espalda, era un gesto falso de camaradería, era increíblemente fácil manipular a Harry Potter, con razón Dumbledore solía hacerlo todo el tiempo.

- Me voy- anunció Tom poniéndose de pie – Los veo cuando decidas entrar al castillo.

- Pronto- aseguró Harry, sentía que primero debía habarlo con los demás.

Tom asintió y desapareció del bosque para parecer en la entrada de la Mansión Malfoy, Voldemort lo esperaba.

- Mi señor- saludó Tom respetosamente inclinándose ante lo que Terence Higgs había bautizado como La Cosa.

- ¿Si?- siseó Lord Voldemort.

- En esta semana va a entrar a Hogwarts para sacar la espada de Gyrffindor- informó Tom viendo a La Cosa a los ojos para que pudiera ver las escenas que había creado sólo para él.

Después de que Lord Voldemort fallara en atrapar a Potter en casa de los Dursley, Tom se había ofrecido a rastrear al mocoso.

- Retírate- ordenó Lord Voldemort.

Tom se inclinó respetuosamente y salió del lugar, parecía que en los últimos meses La Cosa se había convencido de que Thomas de Mort no era Tom Ryddle, o tal vez simplemente se le había olvidado, así era de iluso.

Abril de 1996

- Tengo un plan, es el Plan A- susurró Adrian al oído de Hermione y abrazándola por detrás.

- Pero apenas ibas en el Plan M- le recordó la castaña volteándose sobre la cama para ver a Adrian.

- Pero esos planes son para pasar los ÉXTASIS, este nuevo plan es un plan de vida, este es más importante- explicó Adrian, sus labios apenas rozaban los labios de Hermione, dulce tortura.

- ¿Más importante que los ÉXTASIS?- preguntó Hermione incrédula, ¿qué podía ser más importante que los ÉXTASIS?

- Mucho más, este plan es el éxtasis- aseguró Adrian.

- ¿En serio?- preguntó la castaña sospechosamente, los planes de Adrian eran demasiado slytherins para su gusto.

Adrian asintió silenciosamente y prosiguió a explicar su plan maestro.

- Nos casamos, viajamos unos años, después nos instalamos a Francia en donde un equipo de quidditch me ofrecerá un contrato, tú puedes seguir estudiando medimagia, pociones o artimancia, todo lo que quieras, después te buscas un buen trabajo para que puedas mantenerme cuando el idiota entrenador me obligue a retirarme.

Al ver que la castaña no respondía, Adrian trago saliva y prosiguió.

- Seguramente tendríamos que adoptar a Terence pero no da muchos problemas si lo mantenemos ocupado, Jas nos puede ayudar a cuidarlo- concluyó Adrian.

- Yo también tengo un plan- dijo Hermione con lágrimas en los ojos.

- No Hermione, tus planes nunca son divertidos, son insanos y suicidas, y a veces hasta hay que estudiar para llevarlos a cabo- se quejó Adrian, sabía lo que su novia iba a decir.

- Adrian, ya tomé una decisión- declaró Hermione dejando caer las primeras lágrimas, antes de que Dumbledore muriera ella ya había entrado en contacto con él, sabía qué es lo que tenía que hacer en la guerra.

Adrian adoptó una expresión neutra y salió de la cama, paseó un rato por la habitación y finalmente comenzó a vestirse, Hermione había tomado una decisión sin antes consultarlo mientras él siempre la había incluido en sus planes y decisiones, obviamente su relación no había sido tan genial como él creía.

La castaña lo observó en silencio, su novio era un hedonista, no tenía problemas con su desnudez, pareciera que detestaba la ropa.

- ¿Adrian?- llamó la castaña al ver que su novio pensaba salir sin siquiera voltear a verla.

- ¿Qué?- preguntó el slyherin sin voltear a enfrentarla.

Hermione no encontró nada que decir ni cómo explicarse, Adrian se fue.

Las siguientes semanas, la castaña las pasó en compañía de Harry Potter y Thomas de Mort, se estaban poniendo de acuerdo en lo que harían una vez que salieran de la escuela.

Thomas había insistido en que entrenaran para que Harry estuviera mejor preparado, las sesiones eran en la sala menesteres y en varias ocasiones Hermione se había tenido que ver a solas con Thomas, la castaña no era ingenua, sabía que Thomas quería algo de ella, o tal vez "deseaba" era una palabra más precisa, pero era un deseo oscuro, la deseaba de la misma forma que un sádico desea a su víctima.

Adrian, por su parte, había pasado el tiempo encerrado en las mazmorras en compañía de Jason, Terence y el "Especial Higgs".

- Maldito Pucey, me deprimes- se quejó Terence en una de las tantas ocasiones en que Adrian dejaba brillar su patetismo.

- Adrian, detesto estar de acuerdo con Tere, pero es verdad, eres contagioso; das vergüenza, si de todas formas no tienes dignidad por qué no vas a rogarle que te acepte otra vez- comentó Jason.

- No entiendo, si Hermione está igual de triste que tú, ¿quién es el que está enojado?- preguntó Neville que en esa ocasión había logrado entrar de contrabando a las mazmorras, la castaña lo había enviado a ver qué hacían los slyherins.

- Gato, no hables, no creas que no sabemos que la-que-no-debe-ser-nombrada te mandó de espía- acusó Terence.

Mientras tanto Adrian parecía ausente.

- Puta madre, Pucey, es suficiente. Gato, Jas, llévenlo por el pasaje secreto al salón viejo de pociones, yo voy por mi maleta- indicó Terence, ya todos sabemos lo qué contiene su maleta así que no hay necesidad de narrar lo que aconteció después.

Finalmente, la relación se compuso cuando Hermione tuvo que pasar varios días en la enfermería a raíz de un vicioso duelo de práctica contra Thomas de Mort, Adrian había comprendido que la castaña lo necesitaba a su lado, tenía una tendencia a meterse a problemas y sus planes nunca eran tan buenos como los de él, ya la convencería de aceptar el Plan A, por lo pronto podrían trabajar con el Plan B.

Agosto de 1998

- Algo no me cuadra- comentó Terence, estaban preparándose para ir a Hogwarts.

- A mí tampoco pero tengo un Plan E- aseguró Adrian.

- ¿Por qué no llamamos a los aurores?- preguntó Neville que había llegado el día anterior, había pasado los últimos meses ayudando a los alumnos mestizos y de "sangre sucia" a huir del castillo, los mortífgos le habían puesto un precio a su cabeza.

- Porque están bajo el control de Lor... de La Cosa- se corrigió Harry justo a tiempo, no había nadie en el Ministerio que estuviera en posición de ayudarlos, Kingsley había sido asesinado para que Lucius Malfoy pudiera ser el director de Hogwarts.

- Entonces entramos al castillo como Terence por su mansión- concluyó Terence con tono dubitativo, él no estaba convencido.

- Thomas va a asegurarse de que no entren los demás mortífagos- informó Harry.

- Eso es lo que no me cuadra- dijo Terence, sabía que había algo sospechoso.

- Potter, ese maldito castillo va a ser nuestra tumba, no va a haber forma de huir aunque tú logres matar a La Cosa- informó Adrian al niño-que-estaba-a-punto-de-morir.

- No si ustedes logran vencer a los mortífagos- señaló Harry.

- O sea que ahora somos tus mercenarios- dijo Terence, claro, que se ensucien las manos los slytherins, ellos de todas formas no tienen alma.

- Sí hay forma de salir del castillo, por la sala de menesteres- anunció Neville.

- ¿Estás seguro?- preguntó Adrian dubitativamente, Hermione lo había obligado a leer "La historia de Hogwarts" y en ningún lugar decía nada sobre una salida secreta.

Neville asintió.

- Vámonos- ordenó Harry.

Terence y Neville salieron de la tienda de campaña seguidos de Harry, Adrian se dirigió a una de las habitaciones en donde estaba Hermione.

- Quiero ir- declaró la castaña, se había levantado de la cama pero apenas podía mantenerse en pie, tenía un mal presentimiento y se sentía impotente.

- No- se negó Adrian cargándola y llevándola de regreso a la cama, le preocupaba verla enferma pero estaba aliviado al no tener que llevarla a la batalla, así los dos sobrevivirían.

- Pero… no es justo, tú ni siquiera querías estar aquí, y ahora vas a tener que pelear en mi lugar…

- Yo estoy aquí por que quise y voy a pelear por Jas, no te des tanta importancia- dijo Adrian.

- Y si les pasa algo, cómo voy a saber…

- No sé los demás, pero yo voy a regresar- aseguró Adrian.

- Pero…

- Hazme un favor- la interrumpió Adrian, Hermione asintió.

- En cuanto nos vayamos, sal de aquí- indicó Adrian entregándole a Hermione un traslador.

- ¿Por qué?

- Vas a ir con mi hermana, ella te va cuidar, y cuando esto acabe yo voy a ir a traerte- explicó Adrian.

- Pero…

- Hermione- pidió el Slytherin con su expresión seria, rara vez usaba ese tono voz, Hermione asintió.

- Bien, te veo en unas horas- aseguró el Slytherin.

- Adrian…- susurró la castaña, quería decir tantas cosas que debían ser obvias pero no sabía por dónde empezar.

El slytherin la besó para callar sus palabras.

- Te veo en unas horas- reafirmó. – Y más te vale aceptar el Plan A porque ya se me acabaron los demás- amenazó Adrian, y sí, esa era su rara forma de proponerle matrimonio.

Hermione asintió con una radiante sonrisa.

- ¡Órale, maldito Pucey!- gritó Terence desde afuera.

Adrian volvió a besar a Hermione y salió de la habitación.

- ¿Ya fuiste a orinar Teresa? ¡No quiero que a mitad de una maldición me digas que tienes ganas de ir al baño!- gritó Adrian desde la tienda de campaña.

- ¿Qué crees que estoy haciendo?- dijo Terence.

En efecto, al salir, Adrian descubrió a Terence regando el pasto.

- Al menos ya no te haces en los pantalones- murmuró Adrian.

Terence se limitó a hacerle una señal obscena a su amigo.

Mayo de 1998

- Pues este R.A.B se habrá creído la gran caca, pero estarán de acuerdo que en vez de joder a La Cosa como quería, lo único que logró fue chingarnos a nosotros, sus anacrónicos aliados- dijo Terence al salir de cueva en donde Adrian y Potter habían ido a recobrar el falso medallón de Slytherin.

Antes de que alguno de sus acompañantes pudiera comentar al respecto se vieron rodeados de cuatro mortífagos a la salida de la cueva; Terence, Hermione y Harry lograron reaccionar rápidamente pero Adrian se quedó congelado, entre los mortífagos estaba su hermano, Parzival Pucey, el único que no se había tomado la molestia de ponerse una máscara.

- Hola, hermanito- saludó Parzival con una sonrisa al tiempo que alzaba su mano para aventar a Adrian de regreso a la cueva.

Adrian apenas se estaba poniendo de pie cuando la Crucistus de su hermano lo volvió a tumbar al suelo entre espasmo de insoportable dolor.

- ¿No quieres jugar, Adi?- preguntó Parzival haciendo un gesto infantil característico de su demencia.

- ¡Expelliarmus!- gritó Hermione desde la entrada de la cueva.

Pero Parzival fue más rápido, logró esquivar el hechizo con tiempo de sobra.

- Mira quién está aquí, Adi- dijo Parzival sonriendo como niño perverso.

- Hermione, sal- ordenó Adrian logrando ponerse de pie.

- Sí Hermione, sal- concordó Parzival señalando a la castaña como si fuera una hija desobediente.

La castaña simplemente agitó su cabeza de un lado a otro.

- Mírala Adi, no quiere, ¿quieres que la saque?- se ofreció Parzival con un gesto de desagrado.

- ¡Desmaius!- gritó Adrian tratando de tomar desprevenido a su hermano.

Una vez más Parzival esquivó el hechizo, esta vez comenzó a reír maniáticamente.

- Adi, mira esto- indicó Parzival la tiempo que Hermione caía al suelo bajo la silenciosa Cruciatus del mortífago.

- ¡Impedimenta!- atacó Adrian, si fuera cualquier otro mortífago habría usado verdaderas maldiciones pero nunca había podido pelear contra Parzival.

- ¡Adi!- se quejó Parzival, no se estaba divirtiendo.

Hermione le lanzó un nuevo hechizo pero Parzival se lo sacudió sin problemas.

- Ya me cansó la sangre sucia, Adi, la voy a matar y después jugamos ¿si?

- ¡Avada…

Antes de que Parzival pudiera terminar, Adrian lo maldijo silenciosamente, Parzival cayó de espaldas al lago de inferis.

Adrian volteó la mirada y se rehusó a intentar ayudar a su hermano, finalmente era libre, y extrañamente se sentía más atado que nunca.

Hermione y Adrian salieron de la cueva en silencio, Terence y Harry ya se había desembarazado de los otros mortífagos.

Al ver el rostro de su amigo, Terence comprendió lo que había pasado y guardó silencio, el cuarteto llegó a su nueva guarida y sin decir nada, Adrian se encerró en la habitación que compartía con Hermione.

- ¿Quién era?- preguntó Harry, ya estaba harto del suspenso.

- Su hermano- respondió Terence recostándose en un sofá, cerró sus párpados con cansancio, en ese momento odió a Jason, el muy Slytherin se había zafado de la vida antes de que se volviera dramática, Terence quería cambiar lugares con él, entre Adrian y Potter habían vuelto de la guerra una tragedia griega, y Terence no había nacido para tomarse las cosas en serio.

- Voy a hablar con él- declaró Hermione dirigiéndose a su habitación.

A semejanza de Terence, Adrian estaba recostado en la cama son sus ojos cerrados, Hermione se acostó a su lado y abrazó su cintura.

Pasaron varios minutos hasta que varios tremores comenzaron a recorrer el cuerpo de Adrian, era la primera vez que lo veía llorar y Hermione no sabía qué hacer excepto abrazarlo más fuerte, Adrian se volteó sobre su costado y hundió su rostro en el cuello de Hermione.

Hermione creyó que Adrian se había quedado dormido hasta que sintió sus besos subir por su cuello hasta su boca.

Era un beso intenso y desesperado, urgente.

Hermione respondió de igual forma, ofrecía libremente lo que Adrian necesitara.

Adrian no supo en que momento lo hizo, había sido algo inconsciente, en su búsqueda de consuelo había encontrado la oportunidad de redención, y la tomó, era Hermione.

No recordaba haber dicho el hechizo, pero si recordaba haberlo pensado.

No fue un acto de maldad, fue de amor.

No fue una búsqueda de inmortalidad, fue una búsqueda de redención.

No fue egoísmo, fue un regalo.

Agosto de 1998

- Avada Kedavra-

La maldición le había llegado a Harry por detrás.

Tom sonrió perversamente al sentir el pedazo de alma reunirse con el resto, había logrado lo imposible, había logrado reconstruir su alma sin necesidad de arrepentimiento, había hecho de Lord Voldemort sólo un horcrux más, había usurpado su posición como dueño del alma.

Terence, Neville y Adrian vieron caer a Harry pero sólo Neville se acercó a examinarlo mientras los slytherins trataban de acabar con el grupo de mortífagos que habían acudido a pelear junto a su amo.

Las puertas laterales del Gran Comedor se abrieron y entró un nuevo grupo de mortífagos, cuando todos se fijaron en el cuerpo de Lord Voldemort las confusiones y las murmuraciones comenzaron, pero Thomas tomó el control.

- ¡Yo soy Lord Voldemort!- gritó Tom y acto seguido hizo que las marcas de todos los mortífagos les comenzaran a doler, supieran que era cierto, seguían teniendo un amo.

Sólo Bellatrix se negó al nuevo ajuste de poder, su poderoso Avada Kedavra se estrelló contra el pecho de Tom, pero nada pasó, Lord Voldemort seguía igual de inmortal que siempre, se había convertido en su propio horcrux, despedazó su alma y después la guardó dentro de sí mismo, era inmortal porque ya estaba muerto y sin embargo insistía en permanecer.

Mientras Tom se aseguraba el lugar de líder entre los lacayos, el grupo de gryffindors y slytherins se habían dirigido a la puerta de salida.

- Avada Kedavra- murmuró Tom dirigiendo su maldición a Adrian Pucey.

Adrian no se molestó en esquivarla, si lo hacía corría el peligro de que la recibiera Terence o Neville que estaban a su lado.

La maldición no funcionó.

- Nos vemos pronto, Thomas- se despidió Adrian viendo a su enemigo con una mirada retadora.

- Corran- murmuró Terence, habían visto el intento fallido de Bellatrix, no derrotarían a Thomas tan fácil.

Neville los guió hasta la sala de menesteres, el cuerpo de Harry iba flotando a su lado.

Adrian les iba cubriendo la espalda, no sólo parecía estar protegido contra la maldición Avada Kedavra sino contra todas las demás maldiciones que los mortífagos intentaron usar.

Finalmente llegaron al salón y la puerta se cerró a sus espaldas.

- ¿Qué diablos fue eso Adrian?- gritó Terence, por primera vez estaba realmente molesto.

Adrian desvió la mirada y se rehusó a contestar, nadie lo entendería.

- Voy a decirle- amenazó Terence, le diría a Hermione todo lo que había visto en esos minutos.

Eso atrajo la atención de Adrian, no, ella menos que nadie entendería, tan sólo leer los libros le había causado vomito, lo detestaría.

- Harry está vivo- llamó Neville la atención de los slytherins. – Tenemos que irnos de aquí.

- ¿Por dónde?- preguntó Terence.

Neville les mostró el cuadro.

- Ve tú con Potter, nosotros te seguimos- indicó Terence.

Neville asintió y levitó el cuerpo de su amigo por el túnel, en seguida él se introdujo también.

- ¡Pucey!- insistió Terence en cuanto Neville hubo salido.

- Encontré un hechizo que…

- Hiciste un horcrux, ¿por qué?- interrumpió Terence antes de que Adrian terminara su mentira.

- No fue mi intención- se defendió Adrian.

- ¿Se hizo solito?- preguntó Terence sarcástico.

- Sí- exclamó Adrian, sabía que sonaba a excusa, y tal vez lo era, pero era la verdad.

- Fue el mismo día que maté a Parzival, no estaba pensando claramente… simplemente pasó- dijo Adrian, un pobre intento de explicación.

- Esas cosas no pasan Pucey. ¿Qué objeto usaste?- preguntó Terence, todavía estaba molesto.

Adrian bajó la mirada.

- ¿Qué usaste Pucey?- gritó Terence desesperado y con miedo.

Adrian lo miró con la respuesta en sus ojos.

- No jodas, Pucey, no ella… no te atreverías- susurró Terence.

- Fue esa noche, le estaba haciendo el amor, y pensé que si pudiera guardar mi alma junto a la de ella, tal vez entonces no dolería tanto, y pensé que sólo ella podría curar la oscuridad de la que se había impregnado en esta maldita guerra, sentí que matar a mi propio hermano me había partido el alma en dos y jamás podría recomponerla pero ella sí, le regalé mi alma no para hacerme inmortal, no quiero una vida eterna, sólo quiero una vida con ella- explicó Adrian desesperadamente, necesitaba que alguien lo comprendiera.

Terence estaba confundido, no podía creer que Adrian fuera capaz de hacer un horcrux, se suponía que era teóricamente imposible porque Terence sabía que su amigo siempre viviría arrepentido de la muerte de su hermano, aunque por otro lado, Parzival no había sido el único mortífago muerto a manos de Adrian.

- No tiene sentido, Pucey… ¿quién eres?- le preguntó Terence a Adrian, de repente sentía que no lo conocía.

- Soy el mismo de siempre, Terence- respondió Adrian.- Mírame, ninguna de sus maldiciones me pudo tocar.

Terence sólo agitó su cabeza en señal de decepción y se dirigió a reunirse con Neville y Harry, había algo raro con todo el asunto.

Adrian siguió a su amigo sintiendo igual decepción, esperaba que Terence pudiera entenderlo; Adrian había partido su alma para que Hermione siempre llevara un trozo con ella, quería que su trozo de alma se uniera al de Hermione para que de alguna forma estuvieran siempre juntos y al menos una parte de él permaneciera tan inocente como el alma de ella, cuando Hermione muriera también lo haría Adrian, no quería ser inmortal, sólo quería vivir mientras Hermione viviera.

En un momento de éxtasis Adrian le obsequió a Hermione su alma para que ella supiera cuanto lamentaba haber matado a Parzival, para que supiera que su arrepentimiento era sincero, para que Hermione lo perdonara, necesitaba que alguien lo perdonara porque él nunca podría perdonarse.

¿Podía un horcrux, magia diabólica en su origen, ser un acto de amor?

¿Podía el horcrux ser redención?

¿Podía?

No andaremos de rodillas,

el alma no tiene la culpa.

-Caifanes

Diciembre de 1998

- Tengo un plan- declaró Adrian Pucey abrazando a su esposa con afección.

- No- dijo Hermione sin poder evitar su sonrisa.

- Es muy bueno, muy slytherin- se defendió Adrian.

- Esos me gustan- concordó Harry, había llegado a apreciar esa clase de planes.

- Potter, todavía tienes remedio- comentó Terence su tono era burlesco y parecía estar viendo a Harry pero en realidad tenía su mirada puesta en Adrian.

- El plan- pidió Neville.

- Muy bien, es este: tú Potter eres el dueño de un pedazo de alma de La Cosa, no importa que ya no lo tengas o que haya sido un solo fragmento, en lo que a mi respecta, Thomas te lo robó y debes pedirlo de regreso- comenzó Adrian, Harry intentó interrumpir pero Adrian no había acabado.

- ¿Y como vas a hacer eso, Potter? Fácil, convocamos magia negra, bueno no negra, gris, se trata de hacer negocios, y para eso estamos Terence y yo, más yo que Terence pero se molesta si no lo tomo en cuenta, en fin, para recobrar el pedazo de alma que La Cosa te regaló cuando eras un mocosito, tienes que pedir la ayuda de los profesionales

"¿Y quiénes son los profesionales? Son un grupo infrahumano que los muggles conocen como demonios, ángeles negros, necesitamos un Mefistófeles, a ellos les gustan las almas, si tú les vendes la que te robaron ellos la van a ir a buscar, y ya que Thomas pegó esa alma, nuestro amigo profesional en el negocio de almas no va tener más remedio que llevarse toda el alma; y el cuerpo de Thomas, obviamente se va a volver inconsecuente, un cuerpo no puede vivir sin al menos un pedacito de alma- concluyó Adrian.

- ¿Así de fácil?- preguntó Harry sorprendido.

- Somos slytherins Potter, ¿qué esperabas? ¿Que te mandáramos a pelear otra vez?- preguntó Adrian, él ya estaba harto de que todo dependiera de Potter.

- Pero suena tan… fácil- insistió Harry, ¿por qué no habían hecho eso la primera vez?

- ¿Prefieres que te enrollemos en aventuras suicidas y locas búsquedas por Las Reliquias de la Muerte? Porque también podemos- dijo Terence.

- A mi no me suena inteligente negociar con demonios- comentó Hermione.

- Somos slytherins- dijeron Adrian y Terence al mismo tiempo, eso era garantía suficiente.

- No sé…- dijo Neville dubitativo.

- Todo Slytherin hace negocios con alguna criatura, demonio o cosa alguna vez en su vida, sólo se trata de ser precisos en nuestras palabras y no dejarnos enganchar por los posibles compradores- explicó Adrian.

- Yo digo que lo hagamos- apoyó Harry, estaba harto de andarse escondiendo, además quería vengarse del traidor de Thomas, o más bien, Tom Ryddle.

- Bien, voy a conseguir las cosas, mi abuela debe tener todo lo necesario- aseguró Terence.

- Voy contigo, mi abuela también sabe de esto- declaró Neville, su abuelita había estado casada con un slytherin, ella le diría si el plan funcionaría o no.

- Potter, ven con nosotros, si no hablas mucho te convido de mi "Especial Higgs"- ofreció Terence, en los últimos meses él y Harry habían alcanzado una especie de amistad, incluso Terence había dejado de resentirlo por haberle ganado la snitch en el primer año de Harry como buscador.

- Adrian…- comenzó la castaña.

- Va a funcionar- aseguró el Slytherin, no podía creer que después de tanto tiempo Hermione siguiera dudando de sus planes.

- Pero…

- Shh…- Adrian la besó suavemente tal vez era su imaginación pero hacía unas semanas había comenzado a sentir una presencia cerca, dentro, se sentía como Hermione, como si llevara el un pedazo del alma de la castaña para llenar el hueco que había quedado. Era increíble.

Te pondré en un altar de veladoras

y en cada una pondré tu nombre

y cuidaré de tu alma

-Caifanes

FIN