Capítulo 31: "Después de la Tormenta"

Sesshoumaru clavó sus ojos dorados e intensos en la figura de ese petulante ayudante del inspector Matsuoka. Esperó lo prudente, pero el otro seguía conversando con su superior y parecía no terminar nunca... o tal vez lo evitaba, porque lo miraba de vez en cuando con bastante reticencia. El mayor de los Taisho finalmente respiró con fuerza perdiendo toda la paciencia y avanzó con pasos grandes y decididos hasta Kouga. El de ojos azules se sorprendió de tenerlo ya a su lado, se movía muy rápido y sintió cierta incomodidad tenerlo cerca puesto que su estampa robusta y musculosa, con ese rostro temible y endurecido, a cualquiera atemorizaba. Aunque por supuesto Kouga arrugó la frente no demostrando el leve temor que ese hombre le causaba.

- ¿Si?- Le preguntó en cambio, con desdén y frialdad.

Los ojos dorados se clavaron como fuego en sus pupilas azules.

- Necesito hablar con ambos.- Respondió, seco, pero tenía la vista fija en el joven ayudante.

Los hombres no pudieron evitar estudiarlo con rapidez, debido a su profesión, ambos fruncieron el entrecejo y aunque el anciano parecía tranquilo pero inconforme, el más joven lucía irritado y nervioso.

- Usted dirá, señor- Dijo el anciano Matsuoka. Sólo en ese segundo Sesshoumaru se dignó a mirarle.

- Quiero saber si es 100 por ciento seguro que mi hermano es culpable, señores, la vida de una persona no es un juego.

- Sabemos que no es un juego...- Respondió con sarcasmo Kouga.

El mayor de los Taisho levantó una ceja reprobatoria. Tragó saliva y alzó más la barbilla con desdén.

- Y si lo sabe ¿cómo es posible que se condene a un hombre tan fácilmente con pruebas tan poco fidedignas?

El anciano, quien usaba gafas por su miopía, se las acomodó en las narices con incomodidad.

- Verá señor, nosotros presentamos a la corte lo que encontramos, es el juez quien determina si se es culpable o no...

- A mi me parece que este juicio ya estaba decidido, mi hermano iba a ser llevado a la horca por la mañana, culpable o no- Respondió brutal.

Los hombres se miraron con los rostros tensos e intercambiaron miradas cómplices. Fue el anciano Matsuoka quien finalmente apartó la vista de la de su ayudante y suspiró, desviándola hacia el frío Taisho. Lo cogió de una manga con suavidad y se acercó a su oído.

- Es preferible que hablemos en otro lugar...

Sesshoumaru comprendió. Volteó hacia atrás y vio a Sango esperándolo sentada en un banco de madera, un poco más lejos. Bien, ella estaba ahí, Kagome con Inuyasha... y él hablaría ahora claro con estos hombres que parecían querer decirle algo. Siguió al anciano hacia el exterior, estaba atardeciendo, caminaron por el antiguo edificio de piedra y lo rodearon bastante hasta casi llegar a la parte trasera. Allí no había nadie y era el lugar propicio para hablar de asuntos "complicados".

- Diga de una vez qué es lo que sucede- Increpó el mayor de los Taisho perdiendo por completo la paciencia ante tanto misterio. Un segundo más tarde vio a Kouga que se posaba junto al anciano.

- Lo que sucede es que a nosotros también nos parece que el veredicto fue algo...- El ayudante se relamió los labios como si buscara la palabra adecuada pero finalmente dijo la que ya tenía en la punta de la lengua-... precipitado - Vio a Sesshoumaru removerse inquieto en frente suyo, pero el hombre no dijo nada, así que prosiguió con su explicación - Es cierto, nosotros mostramos las pruebas que habían en contra de su hermano, aun así siempre pensamos que no eran del todo definitorias... hay algo que me molesta, algo de lo cual no estoy...- Miró de reojo a su superior y se corrigió rápidamente-... no estamos satisfechos... creemos que es una trampa.

Sesshoumaru esbozó una sonrisa tan satánica que Kouga experimentó escalofríos.

- ¡Bravo!- Respondió, dando dos aplausos sonoros- Los felicito, al fin abrieron los ojos, bien por ustedes.

- No sea sarcástico, jovencito- Interrumpió el anciano- Mejor díganos quien podría haberles hecho esta mala pasada.

- Los Himura, nuestros vecinos.- Respondió rápidamente.

Kouga levantó una ceja.

- Él fue quien empleó a Houyo... ¿porqué habría de matarlo?- Preguntó.

- Nuestras tierras... nuestras familias han tenido problemas con el mismo asunto desde siglos...

El joven ayudante del inspector afirmó la espalda en la pared.

- Veamos... – Su mente comenzaba a trabajar a una velocidad increíble-... Houyo era el primer prometido de la señorita Higurashi, perdón señora Taisho, el sujeto la buscó pero la dama se comprometió con su hermano... despechado se hizo trabajador de aquellas tierras, tal vez para estar cerca de ella... no lo culpo, la dama es bastante hermosa...- Alzó la mirada a Sesshoumaru que lo observaba fríamente y se sonrojó apenas-... el despechado fue a la fiesta de la boda, ocurrió el altercado que conocemos y... de eso se aprovechó alguien de la familia Himura para cometer el delito... ¿y el arma? Definitivamente es de su hermano.

- Pudo conseguirla de cualquier forma- Respondió Sesshoumaru, impaciente- Su teoría es bastante buena y es lo mismo que Inuyasha pensaba... ¿y eso es suficiente para liberarlo?

- Por supuesto que no, porque todo eso es pura conjetura- Respondió el anciano Matsuoka.

Sesshoumaru hizo una mueca de exasperación, incluso el blanco níveo de su rostro se volvió levemente enrojecido de la rabia contenida.

- Bien...- Musitó al fin, intentando contenerse-... ¿se puede saber qué diablos necesitan hacer para inculpar a los bastardos Himura?

Kouga suspiró agobiado.

- Hay dos opciones. La primera es que ellos declaren... – Miró al anciano-... no creo que admitan el asesinato a menos que estén acorralados... y dos...- Miró a Sesshoumaru-... probar que fueron ellos los asesinos a través del propio Houyo.

Comenzaba a sonar escalofriante eso, pensó el mayor de los Taisho.

- Houyo esta muerto.- Indicó, irónico.- Él ya nada puede aportar...

Se dibujó una leve sonrisa en Kouga, sus ojos de pronto brillaron demasiado.

- He escuchado por ahí... que no existe el crimen perfecto... y si antes no sabíamos porque dábamos por seguro que su hermano era el asesino... seguro que si buscamos, encontraremos...

- ¿Desenterrará el cadáver de Houyo?- Preguntó Sesshoumaru, levemente impresionado.

El joven inspector apartó la espalda de la pared y alzó el rostro con convicción.

- No queda de otra, el tiempo esta en nuestra contra...- Miró al anciano-... sería bueno... averiguar si existe... algún tipo de lazo entre los Himura y... el juez...

Matsuoka apareció entender. Cierto, si existía un lazo entre ese hombre y los Himura entonces se podría explicar el porqué del veredicto tan precipitado del juicio.

- Muy bien, en marcha entonces.

El anciano caminó deprisa y lo siguió Sesshoumaru sintiendo el corazón latir aprisa de emoción y nerviosismo. De pronto sintió que posaban una mano en su hombro, volteó frunciendo el ceño, no estaba acostumbrado a que lo tocaran sin su consentimiento, encontraba que era una falta de respeto intolerable, pero se mordió el labio cuando Kouga habló con seriedad, interrumpiendo el reproche.

- Si usted quiere puede acompañarme esta noche al cementerio, pediré a alguien más para que cave la fosa y... buscaremos lo que debemos encontrar- Lo miró fijamente esbozando una sonrisa burlona-... no le da miedo los cementerios ¿verdad?

- Por supuesto que no- Respondió como el hielo.

El otro sonrió feliz y ambos siguieron caminando hasta que Sesshoumaru dijo que primero debía ir a dejar a su cuñada y amiga a casa y luego volver con él.

Kouga se quedó esperando y miró rápidamente el reloj. Muy tarde... el sol ya se había ido y nevaba suavemente desde hacía un rato. Comenzó a sobarse las manos impaciente debido a que el tiempo estaba en su contra para poder averiguar la verdad de todo. Tenía que descubrir este caso, no importaba lo irritante que le causaban los Taisho, por orgullo, por honor, debía descubrir la verdad de la muerte de Houyo, estaba seguro que esto era una gran oportunidad para su carrera.

Entonces vio a Sesshoumaru salir del cuartel increíblemente pálido y... ¿asustado? El hombre venía a grandes zancadas, las manos en puño, la mirada dorada e intensa mirando a su alrededor, algo buscaba o... a alguien.

- ¿Le pasa algo?

Sesshoumaru se quedó estático con la nieve cayendo suavemente en su cabeza, no dijo nada, pero tenía el rostro endurecido, la garganta se agitaba una y otra vez, luego ladeó el rostro y miró a Kouga.

- Mi cuñada... no esta... y su hermana tampoco...

- Tal vez ya se fueron a casa... ¿es malo eso?

Sesshoumaru comenzó a negar con la cabeza.

- Más que malo... fatal... escuche...- Por primera vez Kouga vio que Sesshoumaru no estaba muy seguro de qué hacer-... no podré acompañarlo... juré protegerla a ella... usted no conoce la clase de hermana que tiene... debo encontrarlas... ¿podría enviar un policía con la señora Sango? Esta sola y embarazada, custódienla al castillo, es lo único que pido.

Kouga arrugó el ceño, pensó por un momento que tal vez ese hombre exageraba ¿cómo que la propia hermana de la señora Taisho era peligrosa? Era absurdo... ¿o no? Bien, admitía que debido a su profesión, no debía de extrañarse de nadie. Asintió consintiendo el pedido y enseguida Sesshoumaru subió a un caballo e instó al animal a galopar tan rápido como podía.

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Kagome ladeó el rostro rápidamente cerrando los ojos con fuerza y apretando los labios para no llorar, sin embargo la espantosa imagen la tenía ya clavada en la retina. Su hermana estaba muerta... muerta...

- ¿Pero qué hacían en nuestras tierras solas y a esta hora?

¡Oh! Cierto, Inuyasha... ¡oh! Qué cruel la vida... Kikyou... muerta e Inuyasha... ladeó nuevamente el rostro mientras sentía escalofríos de saber que un par de metros más allá el cadáver de su hermana la observaba en su horrendo silencio.

- A Inuyasha lo ahorcarán... lo matarán... he venido...- Sentía un nudo horroroso en la garganta, intentó incorporarse, le dolió horriblemente el cuerpo, pero más el estómago porque le punzó e hizo una mueca de dolor, el afeminado la ayudó hasta que ella quedó sentada, cuando sus ojos vieron la sangre entre sus piernas no pudo más y ocultó el rostro con sus manos echándose a llorar desconsoladamente.

Todo había salido mal, todo... ni siquiera concebía pensar en lo que le hubiera pasado a su bebé, no, pero aun así tanto dolor, tanta muerte en segundos la abrumó haciéndola casi desfallecer. Jakotsu la sostuvo de la espalda impidiendo que ella cayera al suelo, en ese momento escuchó un galope, el galope se fue haciendo cada vez más sonoro, miró a su alrededor, de pronto, entre los árboles, apareció la imagen del hombre más hermoso que jamás había visto... sobre un caballo blanco con el cabello largo y claro al viento, la nieve cayendo lentamente sobre él, su mirada tan... tan igual a la de... ahhh... el hermano de su Inuyasha... jamás lo había visto tan cerca.

El hombre bajó de un salto y le dio una mirada temible a Jakotsu, el afeminado tragó con fuerza sintiéndose amenazado. Sesshoumaru pasó junto al cadáver de Kikyou, el cual apenas miró y luego con pasos presurosos se acercó a él y se inclinó, quitándole a Kagome de las manos. Fue él ahora quien la sostuvo desde la espalda.

- Kagome... Kagome...- La llamó, asustado.

- Se acaba de desmayar...- Musitó Jakotsu, apenas.

- ¡¡Maldición!!- Clamó Sesshoumaru al notar la sangre entre sus piernas, la tomó en sus brazos y caminó de prisa hasta su caballo, Jakotsu lo siguió.- ¿Qué ha pasado?- Preguntó con voz como el trueno y observando el pálido rostro de la muchacha.

- No sé, yo las vi a las dos ahí en el suelo... la otra mujer ya estaba muerta... por ahí vi un caballo con el lomo lastimado... la señora Taisho despertó y seguro se impresionó por... ¿es cierto que cuelgan a Inuyasha al amanecer? Dígame por favor ¡se lo suplico!

Sesshoumaru ya había subido a su caballo con Kagome en su regazo, miró por primera vez al afeminado, le turbó levemente su naturaleza, arrugó el ceño.

- ¿Quién es usted?

- Vivo aquí, soy Jakotsu Himura... oh por favor, no se enfade conmigo, sé que nuestras familias son rivales pero...- Tragó algo avergonzado-... no puede ser cierto... no...

Sesshoumaru lo observó un instante sin entender sus emociones, volteó al caballo, el equino cabalgó un poco, luego lo hizo voltear otra vez acercándose a Jakotsu.

- Ella vino por ayuda... ahora se la pido yo... por la vida de mi hermano, señor Himura... venga al castillo... por favor...

El "por favor" salió forzado, obviamente no estaba acostumbrado a decirlo.

- ¿Para qué?- Preguntó cruzándose de brazos, aunque se regocijó por dentro. Estar en el castillo Taisho... simplemente ni en sus mejores sueños.

- Necesito hablar con usted... por favor... algo referente a mi hermano.- Agregó, sospechando ya lo que ese afeminado sentía por Inuyasha.

No tuvo que rogar más y realmente estaba a punto de apuntarlo con su pistola para obligarlo a seguirlo, cuando Jakotsu aceptó sin mayor problema. Entonces Sesshoumaru cabalgó rápidamente al castillo y el otro caminó entre la nieve con pasos rápidos, ansioso por estar pronto en el hogar de "su" Inuyasha.

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La tormenta era más fuerte ahora, la ventisca apenas lo dejaba ver con claridad, moverse era demasiado dificultoso, pero no se iba a dar por vencido hasta descubrir toda la verdad.

Una palada más de nieve y luego un ruido sonoro de madera. El ataúd, pensó alentándose, se inclinó asomando más el farol al agujero que dos hombres habían cavado para extraer al muerto.

- ¡Rápido, la tormenta parece que empeorará!- Les gritó a los hombres, que cavaron con fuerzas renovadas el borde del ataúd para extraerlo con mayor facilidad.

Kouga observaba la escena ansioso, sus ayudantes podrían creer que era un insano loco por interrumpir el reposo de un muerto, "sacrilegio", tal vez. Pero él sabía que de alguna forma, los muertos "hablaban", sólo había que ser muy cuidadoso... si tan solo él no se hubiera cegado por el deseo de ver a ese "rico aristócrata" culpable de asesinato... no es que fuera clasista ni nada, sino porque sabía que culpar a alguien así de influyente en la sociedad era un gran logro... sin embargo no podía primar eso cuando lo que estaba en juego era la vida de alguien... debía primar por sobre todas las cosas la verdad... y la verdad era lo que iba a descubrir esa noche, sin duda, por su honor.

Ayudó con la soga y los tres hicieron fuerza hasta que el ataúd salió de foso y quedó a un lado. Los ayudantes juntaron las manos e hicieron una inclinación con la cabeza a modo de respeto. Kouga miró el ataúd de modesta madera de pino. Nadie había reclamado el cuerpo de ese pobre muchacho, tal vez por eso no se tomaron las medidas necesarias a la hora de sepultarlo... seguro que ni siquiera le habían cambiado de ropa...

- ¿Lo verá aquí mismo?- Preguntó un hombre, pálido, pero debido al miedo que le provocaba ver al muerto que al frío que había.

- Por supuesto que no- Masculló inclinando la cabeza- Súbanlo al carruaje que lo llevaremos a la morgue.

Los ayudantes suspiraron aliviados e hicieron lo encomendado con rapidez. Estar en un cementerio, bajo una horrible tormenta de nieve, de noche y más encima asaltando tumbas... seguro que pasarían varias noches sin dormir de puro miedo...

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Cuando abrió los ojos, arrugó la frente porque sentía la cabeza pesada, adolorida. Y entonces pensó, que todo había sido un sueño, no, una pesadilla, porque ahora estaba en su alcoba, la reconocía, pero al querer moverse sintió que el cuerpo casi no le respondía, el dolor en el era intenso, como si la hubieran golpeado en todas partes. Aun así, se sentó en la cama y entonces vio a un anciano que se limpiaba las manos con una tolla, era el médico de la otra vez y entonces palideció, dándose cuenta que no, no era un sueño, se quitó la manta que cubría sus piernas y vio con horror la sangre en su vestido y las piernas, negruzca y seca. La punzada que le dio en el estómago fue tan dolorosa como terrible.

- Mi... mi bebé...- Gimió, mirando con pavor al anciano que se acercaba a la joven, pero Kagome desvió la vista al cuenco de agua que estaba sobre una silla, el agua era completamente roja... roja que ella comprendió era de su sangre.- No...- Sollozó y el cuerpo le comenzó a temblar involuntaria y descontroladamente.- No...

- Tranquilícese, señora- Dijo el médico, posando una mano en su hombro y obligándola a recostarse. – No ha pasado nada... – Kagome lo miró con los ojos llenos de lágrimas, el rostro desencajado, su respiración era forzosa y estaba a punto de entrar en un estado de shock-... la hemorragia... ya pasó... el bebé... no sabemos a ciencia cierta si lo perdió o no... tendremos que esperar un par de días para saberlo...

- No...- Ella ladeó el rostro, esperanzada-... ¿no sabe aun?

- La hemorragia fue breve...- Respondió el anciano-... lo que significa algo... – La joven suspiró y rogó al cielo por la vida de su niño no nato, se mentalizó que sí, que él estaba bien, que aun estaba en su vientre vivo-... además...- Deslizó una mano por sobre su frente y sonrió tenuemente-... no tiene fiebre... lo mejor es que descanse y ni se atreva a levantarse por un par de días... relájese y duerma, es muy tarde ya...

Kagome se volvió a sentar en la cama, se llevó las manos al vientre y sollozó.

- ¡Cómo quiere que me relaje! Mi esposo... ¡mi esposo va a ser colgado al amanecer! – Las lágrimas cayeron abundantemente por sus mejillas. Se sentía tan desdichada ahora, ni siquiera podía levantarse y despedirse de su amado Inuyasha... no, no podía despedirse... él no iba a morir... ¿y qué iba a hacer ahora? Se sentía tan impotente... angustiada, aterrada, nerviosa... Ocultó el rostro con sus manos y lloró con amargura- Qué puedo hacer... qué puedo hacer... Inuyasha... Inuyasha...

El anciano no sabía qué hacer... pedir a esa mujer que se relajara era imposible. Sintió mucha compasión por ella... no auguraba un buen término de embarazo, en caso que esta vez no hubiera perdido al bebé, pues estaba seguro que la tristeza y el dolor de su viudez serían culpable de que ella tal vez nunca fuera madre.

Sesshoumaru entró sin siquiera golpear, exasperado ya de tanto esperar. Cuando vio a la joven llorando tensó el rostro por completo y por primera vez sintió tristeza. Tragó y el nudo en su garganta fue doloroso, desvió el rostro al médico rápidamente, esta vez con aflicción y el hombre negó con la cabeza para disipar dudas.

- Debe descansar mucho, por favor, que no se levante... aun no sabemos si su bebé... – Entonces vio al hombre suspirar aliviado-... lo sabremos en un par de días...

- Gracias, señor- Respondió, agradecido. Y luego volteó el rostro a Kagome, hizo una mueca, volvió la cabeza hacia el anciano.

- Es inevitable, lo sé, que llore por... por su esposo pero... si sigue así esa criatura jamás verá la luz del sol...

- No se preocupe, nos encargaremos de ella para que descanse, ese niño es el futuro de nuestra familia.

El anciano se arregló las mangas de su camisa y asintió.

- Entiendo eso, perfectamente... – Agregó, esta vez colocándose la chaqueta y tomando el maletín- No se preocupe, sé el camino. Cualquier cosa avíseme.

- Nuestro cochero lo devolverá a su casa- Agregó el mayor de los Taisho.

- Gracias.

El médico se marchó dejándolos solos en la alcoba. Sesshoumaru permanecía cerca de la puerta, observando a Kagome llorar desconsoladamente. Por momentos sentía algo extraño en el corazón... aquel sentimiento doloroso que experimentó cuando supo de la muerte de su padre. Sentía mucha compasión por ella. En su estado... no debía sufrir de esa forma... el antiguo prometido... la hermana... y ahora... Inuyasha...

- No llores- Dijo de pronto, como una orden.

El sollozo cesó levemente, Kagome apartó con lentitud la mano del rostro y lo miró. El hombre lucía glacial, como siempre.

- Debo... tengo que ir donde Inuyasha...- Gimió con dolor.

- No puedes- Le respondió brutal.

La joven volvió a llorar, no por la forma en que se lo había dicho, casi una orden, sino porque en verdad no podía. Era como... como poner en una balanza y ver qué valía más: La vida de su hijo... o la de Inuyasha.

- No... no quiero estar así... necesito verlo... ¿por qué?... ¿por qué pasa esto?- Alzó el rostro bañado en lagrimas al cielo y gimió con desgarrador dolor- ¿¿¿Por qué???

De pronto Sesshoumaru se acercó a ella y la tomó de los hombros, Kagome lo miró asustada.

- ¡Tranquilízate!... ¡Basta ya de llorar!... ¡Tu tonto Inuyasha no va a morir!- La fuerza de sus palabras se fue perdiendo, él se tranquilizó, la miró directo a los ojos suavizando el tono de su profunda voz- Te... te lo prometo.

La joven hipeó y lo miró esperanzada, el hombre la obligó a recostarse nuevamente.

- Sesshoumaru...- Dijo de pronto la muchacha, llamando su atención ¿por qué cada vez que ella lo nombraba sentía escalofríos en el cuerpo?-... de... ¿de verdad? Un hermano... de los Himura estaba conmigo... él... ¿cooperará?

- Eso espero, pero de todas formas hay otras cosas que lo pueden delatar. – Miró su reloj y tensó el rostro nuevamente, el amanecer estaba muy cerca, debía ir donde ese ayudante y... rogaba a todos los dioses porque ocurriese un milagro... sino el milagro lo iba a hacer él sacando a Inuyasha a la fuerza de la cárcel... escapar era la segunda opción, aunque su testarudo hermano menor no quisiera. No permitiría que esa muchacha se quedara viuda y llorara para siempre la muerte de ese mal nacido afortunado.

- Gracias... ruego al cielo... que vaya contigo...- Agregó al joven, aun sollozando.

El joven hombre asintió y volteó, reprimiendo aquel sentimiento que sabía no era correcto. No podía sentir eso por esa mujer... por ella no... pero... por primera vez supo que... ¡al corazón no se manda! Sango lo esperaba afuera, preocupada, él agradeció que estuviera ahí, permitió y rogó que cuidara de Kagome, le dijo que tenía asuntos que resolver, Sango asintió gustosa.

Entró en la biblioteca y Jakotsu se puso inmediatamente de pie. Sesshoumaru hizo una mueca. La presencia y actitud de ese... hombre, le resultaba simplemente repulsiva e incómoda. Aun así se acercó un poco y lo miró con su natural actitud del hielo.

- Estará bien... pero mejor estaría si Inuyasha vive.

- ¡Yo también quiero que viva!

El hombre lo miró fijamente.

- Iré al punto, señor Himura, le confesaré que mi hermano esta siendo culpado por un crimen que no cometió... Kagome... mi cuñada...- Se rectificó-... iba a su casa porque... pensaba tal vez que de alguna forma la ayudarían... tal vez usted señor Jakotsu sabe quien mató a ese pobre hombre... lo conocía ¿verdad?

- Cla... claro- Tartamudeó y desvió el rostro para no enfrentarlo.

Sesshoumaru se acercó un poco más a él.

- Tengo una teoría... sé que nuestras familias se han odiado por siempre... las tierras... siempre es por las tierras... yo podría ofrecerle parte de nuestras tierras si usted me dice quien mató a Houyo.

- ¿Cómo cree que yo sé?- Clamó sorprendido.

La sonrisa de Sesshoumaru lo pasmó, simplemente era cruel.

- Sólo un ciego no se daría cuenta. Ustedes tal vez... enviaron a alguien para que matara a Houyo... robaron el arma de esta casa... y así inculparon a mi hermano... ¿me equivoco?

- ¡¡Es mentira!!... ¡¡Claro que se equivoca!!

- Dígame... y le puedo salvar la vida porque una vez que ahorquen a mi hermano ninguno de ustedes estará vivo al anochecer... – Sentenció, malvado y siniestro como el mismísimo demonio. Jakotsu palideció de terror.

- Pe... pero... yo no... no sé...

La paciencia tenía límites y Sesshoumaru en todo caso, no la tenía. Se acercó y lo tomó del cuello aprisionándolo contra el sillón, tomó el abrecartas que estaba en la mesita del lado y lo amenazó con ella situándola cerca de sus partes bajas, el otro se horrorizó.

- Si no me dice la verdad juro que lo mutilaré... y comenzaré por la parte más inservible de todas para usted...

Jakotsu jadeó, pataleó, intentó gritar, se movió con fuerza y eso que la tenía, pero no era nada en comparación con el musculoso cuerpo de Sesshoumaru.

- ¿No?... ¿no me dirá nada?- Preguntó sarcástico, y entonces acercó la navaja más, provocando que al otro casi se le salieran los ojos de sus cuencas.

- Ba... basta... se lo diré... yo no... no fui... fue Bankotsu... fue él...

Lo soltó al fin esbozando una sonrisa amplia de satisfacción. Jakotsu se incorporó y tosió fuertemente sintiendo la tráquea adolorida y recuperando el aire perdido, su rostro estaba casi amoratado y aun sentía las garras de ese bruto en su cuello adolorido.

- Levántese y acompáñame, no hay tiempo qué perder- Agregó Sesshoumaru, tomándolo de un hombro y el otro se incorporó tan dócil como una muñeca de trapo, sin oponer más resistencia.

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Suspiró y alzó la mirada hacia la única y pequeña ventanilla con barrotes. Con resignación y a la vez miedo vio el cielo aclarar, poco a poco, lentamente. Entonces suspiró otra vez. Tal vez hubiera sido mejor escapar, pensó, tragando apenas. ¿Y Kagome?... ¿En donde estaba? Temía que algo le hubiera pasado, se había marchado tan impetuosamente, como siempre... Kagome... y la tormenta de anoche... esperaba que su hermano al menos la hubiese cuidado... al menos sabía que la dejaba en buenas manos. Siempre se habían llevado mal, ser hermanastros era como ser desconocidos. Se odiaban por todo, hasta por la más minúscula cosa. Inuyasha alguna vez pensó que su hermano era un amargado... aunque él también lo envidiaba, la fuerza que denotaba Sesshoumaru sólo de presencia le hubiera gustado tener... sin saber que la testarudez de él era la envidia del otro.

De pronto pensó en su futuro hijo ¿cómo sería?... ¿niño o niña? Qué importaba... deseó que fuera como ella, exactamente como ella, sonrió. ¿Y qué le diría Kagome de él? Se dio cuenta que jamás vería su rostro, que nunca iba a escuchar una pequeña vocecita llamándolo papá, que no vería a su dulce Kagome con una barriga enorme... oh, Kagome... ¿cómo iba a cuidar sola de ese niño? Si ella le temía al embarazo... hubiera querido tenerla entre sus brazos y mecerla, tranquilizándola, diciéndole que siempre estaría ahí... pero no sería... era tan grande el amor y tan corto vivirlo... ¡qué cruel!

Entonces sollozó, sollozó y luego lloró de rabia y pena. Tal vez si imploraba por su vida... si rogaba por... por tan solo ver a su hijo nacer... si pedía que aplazaran su muerte... sólo eso... sólo eso y moriría luego en paz...

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- No sé como tiene estómago para eso...- Musitó un policía, haciendo una mueca mientras Kouga tocaba con sus dedos el cuerpo congelado del muerto.

Gracias a la estación, el cadáver de Houyo se había conservado intacto. Ahí estaban los dos agujeros de balas, aplicando sus conocimientos de una nueva materia que llamaban "forense" que había aprendido en la escuela, dedujo que el disparo había sido a boca jarro, es decir, a muy corta distancia, pues los agujeros eran devastadores. Tal vez con uno había muerto, pero seguro el disparo en la cabeza había sido para asegurar la muerte.

Bajó la vista mirando minuciosamente el cuerpo enfundado en un traje negro, arrugado, con la punta de un lápiz fue moviendo algunas capas de tela, para mirar mejor, revisó la camisa, las mangas, bajo la chaqueta de su traje arrugado... muy arrugado... el pobre difunto tenía ramilladuras y hematomas en las mejillas, en el cuello, en los nudillos de sus delicadas manos... dedujo que había peleado con su asesino... miró las manos en puño, eso le había llamado desde el principio la atención, el que el otro se hubiera quedado con las manos en puño. Intentó abrirla con el lápiz, imposible, no pudo. Exasperado tomó un par de guantes de goma y esta vez acercó sus manos e intentó abrir el puño directamente. Un policía ladeó el rostro y estuvo a punto de vomitar cuando esta crujió y Kouga se quedó con un trozo de carne congelada en su mano. Pero no era lo único que allí había... entre la carne muerta, bajo los dedos, algo brillante y pequeño desprendía casi luz propia... la acercó a sus ojos y aunque la luz era escasa o tal vez el sueño lo estaba venciendo, vio lo que ahí estaba... y entonces sonrió.

- ¡Bingo!

Introdujo la mano y el objeto en un recipiente pequeño, se apartó la mascarilla y corrió hacia el exterior. La comisaría estaba cerca, lo mejor era hablar con el alcalde esta vez... no podía recurrir al juez de antes, aun tenía leves sospechas.

Cuando salió de la morgue se paralizó, pues ya había amanecido.

&&&&&&&&

Vivo al borde de un abismo
sólo por tu boca
voy siguiéndote los pasos
como un perro tras tus huellas
me llevas
soy la sombra de mi mismo
soy lo que no era
solo por tenerte cerca
se que haría lo que fuera, si pudiera
Y aunque yo viva en la mentira
sé que sin ti no tengo vida...

Lo llevaban con las manos atadas a la espalda, custodiado por dos soldados, había poca gente en la plaza, él sólo buscó el rostro de su Kagome. Aunque en parte le alivió, mejor que no lo viera morir... no quería tener como ultimo recuerdo su dolor... jamás...

Mientras caminaba lentamente hasta la tarima en donde pendía la soga, recordó como se conocieron, sonrió ante aquel primer encuentro... lo había salvado, de la muerte y de la otra, sin saberlo... y él tampoco lo supo, hasta tiempo después...

¿Cómo se había enamorado de Kagome? Tal vez poco a poco... o desde el principio, aun no lo tenía muy claro, el caso es que cuando fue consciente que la amaba deseó estar a su lado a toda costa... tal vez inconscientemente la había culpado de todo, su plan para vengarse de ella había sido descabellado, pero sólo era el loco plan de un loco hombre deseando amor verdadero... y ella se lo dio... a pesar de todo...

Quisiera ser la tierra sosteniéndote
la seda que toca tu piel
quisiera ser el agua que calma tu sed
quisiera ser el sol iluminándote
la brisa del otoño el tiempo que
no pasa cuando estoy mirándote

Ahora estaba ahí, sin ella, su corazón se oprimía de dolor al saber que jamás la volvería a ver... esto no podía estar pasando...

- Kagome, mi princesa... te amaré hasta más allá de la muerte... - Musitó con dolor desgarrador, alzando el rostro al cielo.

Siento el frio de la noche dentro de mi alma
solo el roce de tus labios
me traería la calma, la calma
soy un naufrago en un mar
de puro sentimiento
tus ojos son las estrellas
que me guiarán a puerto, a puerto
y aunque yo viva en la mentira
se que sin ti no tengo vida...

&&&&&&&&

Ya había salido el sol, Kagome estaba sentada en la cama, lloraba en silencio, pero tenía la vista fija en la ventana. No nevaba, el día era luminoso, pero ni siquiera los pajarillos trinaron anunciando el nuevo día.

Sango tragó apenas observando tensa a la joven. Ella misma quiso llorar, porque sabía ya que en ese momento colgarían a Inuyasha. Era ya, demasiado tarde para cualquier cosa.

Se acercó lentamente a la joven sentándose en la cama y entonces la abrazó. Kagome recibió su abrazo y lloró. Esto era una pesadilla, la más horrible de las pesadillas... su hermana muerta y ahora... sentía que el dolor era tan insoportable que moriría ella también... pero se recuperó con infinito dolor. No debía ser egoísta y pensar sólo en ella... si su niño había sobrevivido a tan peligrosa caída la noche anterior entonces debía cuidarlo con todas sus fuerzas, eso hubiera querido Inuyasha... Inuyasha... no, él no podía estar muerto, no, el corazón se negaba a aceptarlo, no podía ser... no podía ser... él estaba vivo... sentía un tenue calorcito en el corazón que parecía querer reconfortarla, a pesar de su infinito dolor... él estaba cerca... cerca...

Se escucharon voces allá abajo, las mujeres se apartaron y se miraron impresionadas, sin decir nada, escuchando las voces, expectantes y ansiando en secreto un milagro. Se escucharon pasos rápidos, risas masculinas, la puerta se abrió intempestivamente, apareciendo en el umbral un andrajoso y sucio Inuyasha, que miró a Kagome con una amplia sonrisa y luego corrió hasta ella para arrodillarse junto a la cama y darle de besos en sus manos.

La muchacha se quedó estática ¿era un sueño otra vez? No pudo reaccionar, Inuyasha alzó el rostro y la besó, sólo al sentir el calor de sus entrañables labios en los suyos, las lagrimas volvieron a caer de sus ojos, esta vez de felicidad, lo abrazó con fuerza al cuello mientras respondía a sus impetuosos besos, luego rieron ambos como niños, felices del encuentro, cuando el hombre se separó volvió a tomar sus manos entre las suyas y se las besó con devoción.

- Pero... qué... qué ha pasado...- Tartamudeó la muchacha, aun sintiendo el cuerpo temblar por tanta emoción.

Inuyasha le secó las lágrimas de sus mejillas y sonrió.

- Ya todo esta aclarado.

Sesshoumaru observó la escena y luego volteó, decidido que pronto se marcharía para buscar sus propia vida. No podía vivir allí, no ahora con lo que sentía.

- El juez era un pariente lejano de los Himura, por eso mi juicio fue tan... irregular...

- ¿Por eso te salvaste?- Preguntó, abriendo más los ojos e Inuyasha pensó que aunque Kagome los tenía enrojecidos, ver su propio reflejo en ellos era la cosa más hermosa en la vida.

- No princesa...- Sonrió, esta vez sentándose a su lado en la cama y deslizando el brazo tras su espalda, la muchacha recostó la cabeza en su hombro.- No fue eso... debo decir que estoy vivo gracias a un par de personas... el señor Matsuoka, por averiguar lo del juez... a Sesshoumaru, por llevar a Jakotsu y obligarlo a que declarase la verdad... y a... ese detestable Kouga Koizumi, que gracias a su ambición por ser ascendido y su orgullo, averiguó con métodos pocos ortodoxos que quien había matado a Houyo había sido Bankotsu...

Kagome ladeó el rostro y lo miró.

- ¿Cómo lo averiguó?

Inuyasha suspiró y posó la punta de sus dedos en la barbilla de la muchacha, para retener su mirada.

- Porque los hermanos Himura llevan cada uno un colgante de plata con el símbolo de la familia... una espada grande que ellos llaman "Banryu"... cuando fueron a su casa él no la tenía... y era obvio... porque Houyo la tenía en su mano...

La muchacha se llevó la mano a la boca, consternada.

- En... entonces... todo esta... ¿acabado?... ¿Solucionado?... ¿cómo sacaron tu arma de aquí?

- Debe haber sido el día de nuestra boda, si preguntamos estoy seguro que alguien dirá que lo vio, por eso supo de mi amenaza, se aprovechó de eso, planeó todo desde ese momento... maldito desgraciado... pero ahora será el quien irá a la horca... y sus hermanos por cómplices estarán encarcelados por bastante tiempo...

- No, no digas eso... ese hombre, Jakotsu... él me salvó la vida...

Inuyasha la miró serio.

- Es cierto... oh, Inuyasha...- Se echó a sus brazos otra vez-... a pesar de toda esta felicidad... ocurrió una desgracia...

&&&&&&&&

Eran flores blancas y pequeñas. Como su nombre. Palpó la fría loza de piedra y oró una vez más por su alma. Esperaba que su alma hubiera encontrado el reposo que necesitaba ya que una muerte violenta e imprevista seguro no la dejaría descansar en paz.

Inuyasha observó a Kagome orar frente a la lápida de Kikyou. Jamás le contó que aquella mujer había querido matarla... que incluso esa había sido su intención, aquella noche. No podía ser cruel y ensuciar su nombre ¿para que? Estaba seguro que eso aumentaría el dolor de ella. Y que su esposa sufriera por alguien como Kikyou era inconcebible. Aunque él también deseó que su alma descansara en paz.

Cuando la joven volteó él sonrió.

- ¿Lista? Recuerda que hoy vienen a cenar Miroku, Sango y sus revoltosas gemelas.

Ella de pronto dejó de sonreír, miró a su alrededor.

- ¿En donde esta?

Inuyasha volteó asustado y comenzó a caminar, tras un árbol vio al pequeño Inu que se escondía de él riendo traviesamente, tenía la misma sonrisa de Kagome, las mismas carcajadas que tanto amaba. Lo tomó en sus brazos y frunció el ceño aparentando disgusto.

- Pequeño travieso ¿porqué te escondías de tu padre?

Kagome suspiró y caminó a ellos rápidamente.

- Nunca esta quieto ¿eras igual de pequeño, Inuyasha?- Le reprendió ella a su esposo. Inuyasha puso su mejor cara de cachorro desvalido, luego rió y caminó un par de pasos con el niño, al cual dejó luego en el pasto.

- Preguntémosle al anciano Taisho...

- Lelo... lelo...- Dijo la criatura, tocando con su pequeña manita regordeta la lápida del viejo Inu Taisho.

- A- Bue- lo- Corrigió Kagome, arrodillándose a su lado.

Inuyasha se puso de rodillas y la tomó de la cintura.

- Déjalo que lo llame como quiera, no creo que el viejo se enoje.

Kagome le dio una mirada glacial, pero luego sonrió. Tonto Inuyasha. Siempre el mismo. La joven tomó al niño en sus brazos y se puso de pie, el muchacho la imitó pero esta vez él le quitó al niño de los brazos y lo sentó en sus hombros, el pequeño rió otra vez feliz, admirando la altura.

Ella sonrió y luego volvió el rostro hacia la lápida y se inclinó para dejar una rosa blanca.

- Lo visitaremos nuevamente... puede estar tranquilo...- Murmuró, sabiendo que fuera en el lugar que estuviera, ese bondadoso hombre los observaba satisfecho.

Inuyasha volteó con el niño aun sentado en sus hombros y observó a Kagome. Su corazón sintió nuevamente aquella satisfactoria calidez que lo invadía cada vez que la miraba en algo que lo impresionaba profundamente. En verdad no se había equivocado en elegirla como su esposa... todo había comenzado tan mal entre ellos y aun así él... sonrió... aun así, a pesar de todo, quería tenerla a su lado... había querido vengarse de ella por la traición de Kikyou, pero al contrario de eso, jamás pudo lastimarla... la amaba profundamente desde el inicio... culpable o no.

FIN.


N/A: Muchísimas gracias por leer hasta aquí, por todos sus mensajes de apoyo y ánimos, por ser fieles e incondicionales, por hacer de esta historia una de sus favoritas, por aceptar mis fallos, en verdad se los agradezco de todo corazón, por los casi 1300 reviews, leí cada uno de ellos, siempre lo hago, son mi incentivo para seguir escribiendo y creando historias lindas y llenas de esperanza de esta pareja que es hermosa: Inuyasha y Kagome. No soy escritora, hago esto porque me gusta simplemente, nada más.

La canción de este capítulo y que me inspiró desde que imaginé este fic, es de Chayanne y se llama "Quisiera ser", no quería terminar la historia sin tener que colocar una canción que inspirara.

Gracias por permitirme ser de alguna forma su amiga, sé que no soy muy buena por el msn, no hablo mucho en realidad, me expreso mejor con las palabras, gracias a quienes me entienden y aceptan tal como soy.

Bueno, ideas, como siempre, hay muchas en mente, tiempo y disponibilidad no mucho, ese es el problema... ahora de todas formas me voy a dar un merecido descanso porque quedé realmente agotada, agotada pero muy satisfecha por una historia más terminada y por saber que cada vez hay más gente por ahí que gusta de ellas.

Cualquier avance de nuevo fic, comentario personal, alguna noticia que quieran saber, vayan a mi profile que ahí dejé la dirección de mi space n.n

Por favor, evitemos el plagio, pueden dar el link del fic, nada más ¡¿si?

Gracias por todo nuevamente y espero poder saber de ustedes en una próxima ocasión.

¡Que viva la pareja Inuyasha & Kagome!

Lady Sakura Lee.-

26 de Febrero de 2008.