NdA: Mil disculpas por la tardanza. He estado con neumonía en la UCI un mes y claro, ahí las musas poco tienen que hacer. Espero ponerme con el resto de fics en breve. En cuanto a este, el último capítulo está servido. No os atragantéis .

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3. El Reino de las Herederas

—¡Oh, Merlín! —se lamentaba un hombre bajito, guardián de la sección de Profecías—. No sé cómo pudo pasar, la Profecía escoge a su elegido y ella la cogió en la mano… ¡Oh, Merlín!

—¿Qué ocurre aquí? —preguntó la imponente voz de Albus Dumbledore—. Me han hecho venir casi corriendo y yo no tengo edad para montar en escoba. Encima el carruaje de theastrals perdió una rueda ayer y…

—¡Dumbledore!

El anciano pegó un bote y se volvió hacia el Ministro.

—Espero que haya una buena razón para tenerme aquí a estas horas. Mañana es el cumpleaños de mi hija y…

—Heredará todos los poderes que le correspondan —finalizó un inefable desesperado.

—Así es —asintió Dumbledore orgulloso—. Mi hija será la legítima Heredera de Circe. Pensé que jamás llegaría el día en que la encontráramos y resulta que es mi niña.

Al anciano poco le faltaba para saltar de alegría cuando el Inefable nº 1 se acercó a él con gesto serio y su arrugado rostro lleno de preocupación.

—Entonces debemos hacer algo antes de mañana.

— Ehhh… ¿A qué se refiere?. ¿Qué hay de malo en que mi niña obtenga lo que es suyo?

— El problema, Albus, es que hubo un error entre las Profecías. Ahora me doy cuenta —cabeceó frustrado el Inefable nº 1—. Ahora comprendo que pudiera coger esa profecía sin ser suya. ¡Podía coger cualquiera!

—¿Sin ser suya? —balbuceó Dumbledore perplejo—. ¿Cómo pudo pasar?

—Porque su poder le permite elegir su destino. Vio la de Circe, le gustó y la cogió. Todos pensamos que por eso le pertenecía, no se nos ocurrió que esto pudiera llegar a ocurrir. ¡Por Morgana, qué error!

—¿Y qué clase de bruja extraordinaria es entonces mi niña? —quiso saber el anciano, impresionado porque alguien pudiera elegir cualquier profecía y quedársela.

El Inefable nº 1 respiró hondo varias veces para serenarse.

—Sólo hay un tipo de ser capaz de elegir cualquier profecía y adueñarse de ella. Pero creímos que nunca… que lo hicimos bien, que nunca ocurriría.

—¿Quién es mi hija? —exigió saber el director, harto de balbuceos que no le decían nada.

—Albus —comenzó el Inefable con suavidad—. ¿Conoce usted la leyenda de las Mary Sues? —El anciano negó, esperando una aclaración—. Las Mary Sues eran brujas terribles que robaban poderes a otros magos y les arrebataban su esencia. Se encarnaban en Profecías que más les gustaban, elegían su destino, desplazando así a los verdaderos Elegidos. Tenían el poder de elegir a sus antepasados, incluso a sus padres y sus poderes. Y finalmente, cuando eran demasiadas para ser combatidas, pues se reproducían por puro contacto entre ellas, dirigían el curso de la historia hacia las más horribles catástrofes.

Albus Dumbledore permaneció estupefacto ante tal escalofriante narración.

—¿Y qué pasó con ellas?

—Conseguimos encerrarlas en un mundo paralelo sin que se dieran cuenta. Verás, no son muy listas. Todos sus conocimientos pertenecen a otros y son peligrosas, pero tontas. Así que pudimos hacer el engaño y encerrarlas por el bien de nuestro mundo.

—¿Y cuál es el problema, mi amigo? Mientras todas estén…

—¡Tu hija, Albus! Es una de ellas. Es una Mary Sue.

—¡No te atrevas a insultar a mi niña! Además, ella es la Heredera de Circe, pude leerlo en su mente.

—Olvídate de eso, las Mary Sues no saben que lo son. Ella de verdad cree que es la heredera de Circe. Pero eso no importa. Lo importante es que al cumplir los 17 años, las Mary Sues obtienen los poderes de la Profecía que eligieron. Pero tu hija no es la heredera de nadie, es una Mary Sue y hay que devolverla al mundo paralelo antes de que cumpla la edad límite.

—¿Quieres quitarme a mi hija? —se lamentó el anciano, afectado.

—Ella no es tu hija. No es nada de lo que dijo ser. Ni fue hija de Sirius tampoco. Son pasados que ellas se inventan y los crean. ¿No te das cuenta del poder que tienen? No sólo roban poderes ajenos, es que crean al mundo a su gusto. Si a tu hijita dejara de gustarle que su padre fuera un anciano, podría reemplazarte por otra persona y tú dejarías de existir o te convertirías en sabe Merlín qué. ¡Y ni siquiera lo sabrías, porque ellas son las que escriben la historia!

Cuando salió del Ministerio, Dumbledore lamentó su nula capacidad para buscar aprendices y ahijados. Por fin pensó haber encontrado a una niña importante a la que enseñar sus conocimientos y resultaba ser una especie de virus del mundo mágico. Con pesar regresó al colegio, donde las chicas estaban revolucionadas y medio locas, pintándose las uñas en clase, hechizando chicos por los pasillos, vertiendo pociones de amor en los cafés de los jugadores de quidditch… El anciano no pudo sino comprobar que la historia narrada por el Inefable nº 1 era cierta.

Llamó con una sonrisa falsa a su hija, quien se presentó apareciéndose delante de él hecha una reina. De gala, con la uñas largas pintadas de rojo pasión y un vestido ajustado y con mucho vuelo, el escote exagerado y los volantes enseñando las piernas con cada paso que daba. Dumbledore quería a su hija, pero tenía una misión. Salvar al mundo. Pensó que Voldemort era la peor amenaza, menudo error. Tenía que parar aquello y la única forma era devolver a ese espécimen donde correspondía.

—Mi princesa, sabes lo cerca que estamos del gran momento ¿verdad?

Ella asintió, radiante de alegría.

—No todos los días nos encontramos con Herederas tan importantes y con tanto poder que heredar, así que el Ministro desea felicitarte personalmente.

—¿En serio? El Ministro. Bueno, es justo recibir las mercedes que merezco —dijo con una sonrisita tonta—. Llévame a ver a ese hombre, pero que no tarde mucho, las chicas me esperan para una sesión de maquillaje que no me puedo perder.

—Claro, mi niña, claro —murmuraba Dumbledore adolorido pero también empezando a sentir alivio por no tener que convivir con semejante ser durante mucho más tiempo. De niña era mucho más normal.

Apenas tardaron en llegar al Ministerio, Liz tenía un nuevo poder de teletransporte express. Dijo que simplemente se le ocurrió y en seguida podía hacerlo. Manipulan el mundo y sus reglas como quieren, recordó Dumbledore las palabras del Inefable.

Descendieron hasta la sala circular del Departamento de Misterios en silencio, aunque Liz mostraba aburrimiento. Al cruzar el pasillo que llevaba a la sala de Profecías, exclamó feliz:

—Ahí descubrí mi verdadero destino.

Y Albus pensó que, si bien es verdad que hay que aislarlas por el bien de la humanidad, las Mary Sues tenían un aire infantil. O simplemente eran tontas y punto. Como fuera, llegaron al lugar de encuentro. Se hallaban ahí el Ministro, el Inefable nº 1 y varios inefables más.

—Querida —hablo el Inefable Jefe, viendo que el Ministro se intentaba poner lo más lejos posible de la muchacha—. Como antesala al momento en que recibas todos tus poderes, hay algo que hemos decidido mostrarte. Apenas dos o tres magos lo han visto en la vida, no tenían el poder suficiente. Pero tú eres una elegida y no sufrirás peligro alguno.

—¿De qué se trata? —preguntó la vocecilla chirriante con arrogancia. Cuanto más tiempo pasaba, más Mary Sue se volvía Liz. Había que darse prisa y actuar ya.

—¿Ves este velo negro? Tras él se esconden los conocimientos más peligrosos de la historia de la magia. ¿Crees que puedas enfrentarte a eso? —provocó voluntariamente el Inefable, sabiendo lo orgullosas que eran estas criaturas.

—Por supuesto —respondió ella con desdén—. Supongo que ustedes no pueden acompañarme —añadió arrogante antes de acercase al velo negro, dejando clara la diferencia: ella tenía grandes poderes y aquellos magos mediocres no.

Los hombres sacudieron la cabeza pesarosos y vieron cómo la guapa joven se echaba el pelo hacia atrás antes de cruzar el velo de la Muerte.

—¿La habéis matado? —inquirió dubitativo el Ministro.

—Nada de eso. Está con las suyas y será muy feliz. El nombre de este velo lo pusimos después de encerrarlas allí. Para que ningún pobre incauto lo cruzara. "Velo de la Muerte" suena peligroso y nadie se acerca. Es un nombre que salva de la locura, creedme. Debe ser la tortura eterna compartir mundo con ellas, la peor de las torturas.

Con la misión cumplida, Dumbledore regresó a su escuela. Qué había hecho mal para tener tal suerte maldita con sus predilectos. Cruzó el jardín de entrada donde un trío estudiaba Trasformaciones y suspiró. En fin, en la vida hay lo que hay.

—¡Eh, Harry!. ¿Te apetece un té en mi despacho?

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NdA: Ay, pobre Sirius. Espero que también se haya entendido el sub-texto de esta pequeña historia. Juro por Circe, de quien, tranquilos, NO soy heredera, no volver a hacer un badfic ni como experimento didáctico. Ahora debo ir a purificarme, con vuestro permiso.

Agradezco reviews, estoy malita y bajo grave peligro de convertirme en Sue.