Querida Fiorella, ¡feliz cumpleaños!, como ves amiga lo prometido es deuda y aquí esta tu regalo, realmente espero que te guste y que veas que lo que hablamos el otro día no se me olvida, de asta manera en tu décimo séptimo cúmplenos te regalo un pedacito de mi corazón, te deseo todas las felicidades del mundo amiga, y aun así pienso que seria poco, un beso enorme y un gran abrasó, espero que te guste este pequeño obsequio, feliz cumpleaños.

N.A: Hola a todos los que lean esta historia, espero que les guste y la verdad es que es mía, basada en un historia real pero algunos nombres y lugares han sido cambiados para pretejer la identidad de los protagonistas, jejeje, y ¿ que mejor que hacerla un royai? Ciao.

Capitulo 1: El castigo.

El mundo avanza y la ciencia lo hace con el. Cada día nuevos descubrimientos y nuevos inventos hacen que nuestra vida mejore, facilitándonos las cosas, pero en algunos casos, solo, en algunos casos las complican.

Yo soy uno de esos casos.

Yo creo firmemente en el avance del mundo y por ende de la ciencia, el problema radica en que al parecer, yo no avanzo a la misma velocidad que ellos. Y en ese momento, es donde mi vida se complica y se vuelve del revés.

La forma mas sencilla de explicarlo es que la computación y la informática no son i fuerte, tampoco quiere decir que sea una completa inútil pero estoy lejos de llegar a ser un genio en esa área, quizás mi problema se ha incrementado con el temor de cometer un error irreparable.

Por ese motivo, mi abuelo decidió que lo mejor era ponerla una solución al problema.

¿La manera?

Tomando clases particulares, es así como comienza mi historia…

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7:45 a.m.

Soy una muy responsable estudiante universitaria, tranquila, estudiosa, lo que se podría llamar la niña modelo pero con los típicos problemas de las chicas de mi edad y esta mañana se me ha presentado uno de esos problemas.

Miro el reloj por décima vez en la mañana. ¡No puede ser!, en media hora entro a clases y aun no he terminado el informe que debo entregar hoy.

Mi abuelo vuelve a llamarme pero esta ves me amenaza que si no bajo en cinco minutos se ira solo al cuartel y no me llevara a clases.

Milagrosamente, alcanzo a terminar.

¡Aleluya!, solo guardó el trabajo y podremos irnos…

No se en que momento la pantalla quedo completamente azul. ¿Azul? Si, azul.

No se que acabo de hacerle a la computadora, pero una vocecita en mi interior me dice que no es nada bueno, lo peor; mi trabajo esta muriendo junto con ella.

Siento como las lagrimas se me agolpan en los ojos, mezcla de pena y rabia, pero creo que es mas la rabia que nada.

Un grito de frustración le comunica a mi abuelo que no me iré con el.

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Durante la cena todo parecía tranquilo, mi abuelo, el general Grumman, me hacia. Algunas preguntas que yo respondía de la mejor manera posible.

La verdad es que estaba exhausta. Durante toda la mañana tuve que ocuparme nuevamente del informe que entregue a última hora y no hablar de lo que tuve que rogarle al maestro para que me lo recibiera. Gracias a unas cuantas sonrisas y a una "gran" ayuda divina, lo hizo.

-Mande a reparar la computadora- me dijo en un tono que intentaba ser despreocupado, sin embargo notaba en sus ojos que aun no entendía como fui capas de dejarla inservible en apenas cinco minutos, la verdad es que yo también me preguntaba lo mismo.

-Gracias, pero no era necesario- le respondí en un susurro, el me miraba de reojo, se aclaro la garganta y supe que me hablaría de algo serio: Prohibido salidas, sin dinero por lo menos en un año para pagar los gastos de la computadora, cualquier cosa que me hiciera sufrir por mi descuido…

-He tomado una decisión- sus ojos se clavaron en los míos y espere la sentencia- Creo que lo mejor será que tomes clases particulares.

Clases particulares, eso sonaba menos terrible que un castigo, pero no podía ser ¿clases particulares? Si ya no era una niña.

-Realmente no creo que sea la solución, podemos buscar otra forma, seré más responsable. Te lo prometo.

-Ya he contratado a un maestro, mañana vendrá en la tarde para que se pongan de acuerdo en el horario, espero que lo aproveches.

Hasta ahí duro mi cena, perdí completamente el apetito por lo que espere un momento y me fue a dormir pensando en mi famoso maestro.

Suspire resignada, lo mas probable es que seria viejo y aburrido, además terminaría teniendo aun mas trabajo como si lo de la universidad ni fuera ya suficiente, ¿por que Dios no permitía que me tragara la tierra?.

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17:30 p.m.

Camino a mi casa como si me dirigiera la patíbulo, estoy cansada y no me hace una gran ilusión tener que recibir a mi nuevo maestro de computación, cuando ya estoy llegando veo aun chico que espera fuera de al puerta de mi casa. Decido acercarme a ver que es lo que desea, quizás perdió lago o busca a alguna persona.

-Buenas tardes- le digo sonriéndole- ¿busca a alguien?

-La verdad e que si, necesito hablar con el general Grumman- me mira detenida mente pero no me sonríe, presiento que no le agrado.

-El no se encuentra, quizás, puede volver mas tarde.

-Me dijo que viniera a esta hora, soy el maestro de computación de su pequeña nieta.

"Pequeña nieta" esa simples palabras se grabaron en mi cabeza, nuevamente le sonreí aunque deseaba estrangularlo.

-Vaya, un gusto- le dije mientras le tendía la mano- Soy Riza Hawkeye, la pequeña nieta del general Grumman.

Su cara de incredulidad y el leve rubor que se asomo en su rostro me valieron como premio por el insulto.

-Lo lamento, el no me especificó la edad que tenias y di por hecho que era una niña.

-Y yo que tu eras un anciano, y no un crió- la mirada de odio que me lanzó me dejo clarísimo que yo le gustaba tanto como una serpiente pitón.

-¿Podríamos pasar o prefieres que te de la clase aquí?- esta ves si me sonrió, pero su tono de voz me demostraba claramente que el pensaba que la cría era yo y no el, mataría a mi abuelo cuando llegara, realmente prefería que me quitara el dinero por un año.

Entramos a la casa y le indique que se sentara en uno de los sillones, por primera ves lo observé detenidamente, y con algo de molestia me di cuanta de que realmente era muy guapo, iba vestido de manera informal como si huebra salido recién de clases. Tenia el cabello negro, del mismo color que sus ojos y resaltaban sobre su piel clara, parecía terriblemente aburrido, en un segundo clavo sus ojos en mi y note que me sonrojaba.

-Roy- me dijo sin mucho ánimo- me llamo Roy Mustang.

-Riza Hawkeye. Le dije algo nerviosa.

-Ya me lo habías dicho, ¿Qué edad tienes; Riza?

-Diecinueve, los cumplo dentro de un mes.- no entendí por que me ponía tan nerviosa, yo era segura de mi misma y además sabía manejar perfectamente a los chicos.

-Pareces menor- me dijo observándome con la cabeza ladeada- no mas de diecisiete.

Note que sonreía levemente y se me acelero el pulso. Traté de recuperar mi autocontrol y me senté frente a el.

-¿Qué edad tienes tu? ¿No pareces muy mayor?

-Tengo veintiuno, y si, aun voy a la universidad, pero tu abuelo pensó que seria mas factible que aprendieras con alguien de tu edad que con alguien mucho mayor.

-Yo no he dicho nada sobre eso- le dije molesta por que sabia lo que estaba pasando en es momento por mi mente, ¿Cómo era posible que mi abuelo no contratara a alguien que se hubiera recibido y no a un muchacho que debía saber apenas un poco mas que yo?

-Pero lo estas pensado. Bueno Riza, necesito que nos pongamos recuerdo en el horario de clases y la cantidad de horas, no quiero interferir en tu horario y por supuesto tampoco quiero que tú lo hagas en el mió.

¿Mi abuelo se habría dado cuenta de lo insufrible que era?, seguro que no. Tenía el aspecto de alguien que sabe jugar muy bien sus cartas, pero me las pagaría y le borraría de su lindo rostro esa sonrisa.

-Esta bien- le conteste en forma candida- le entregare mi horario para que usted decida que es lo mejor.

Enseguida se dio cuanta de la ironía en mi vos y mi trato, pero me paso por alto. Detestaba el trato de inferioridad que me estaba dando, como diciéndome "tú eres la niña pequeña y yo el adulto" Lo que mas deseaba en ese momento era mandarlo de paseo, pero mi abuelo lo tomaría muy mal.

-Como gustes, Hawkeye- se puso de pie y me entrego una tarjeta donde supuse estaría su dirección y numero telefónico- Nos vemos pronto y espero que no vuelvas a quemar la computadora, recuerda que la necesitaremos.

Me demore un par de segundos en comprender la broma de mal gusto que acababa de hacerme, salio de la casa riendo y dejándome sola, confundida y furiosa, sin duda, era el peor castigo que mi abuelo podría haberme dado.